La Eterna Cacería Capitulo 9 La nueva aprendiz

Modo noche

El anciano miró calladamente, mientras Emily bebía el contenido de la botella. Una vez vacía suspiró y miró fijamente al anciano.
El anciano sonrió y preguntó «¿Qué es lo que más deseas pequeña niña?»

Emily tenía rubor en su rostro y obviamente el alcohol estaba haciendo efecto, pero también se sentía segura y respondió firmemente, «quiero ser fuerte, quiero ser libre. Solo el fuerte puede ser libre. El fuerte decide, El fuerte elige y El fuerte vive.»

Hizó una pausa e intentó continuar, pero en este punto su firme voz empezó a resquebrajarse, «tengo miedo, siempre lo he tenido, desde que tuve conciencia de que existía algo más que la villa donde crecí he deseado explorar el mundo. Cuando recibí la noticia de que mi padre el rey del reino de Lutet me llamaba, mi corazón se inundó de esperanza. Con mi padre respaldándome podría ser libre, nadie me podría hacer nada. Pero todo era una ficción, una simple fantasía, yo carecía de fuerza y cuando lo conocí a usted lo entendí, no era nada, mi estatus de princesa valía en ese momento menos que cualquiera de los presentes.
No quiero vivir así, no quiero morir así.»

Al decir esto, lágrimas caían de los ojos de Emily y tras secarlas con su manga, se arrodillo y suplicó, «por favor, ayúdeme.»

El anciano la miró un rato y se levantó de su asiento, se acercó a ella y exclamó solemnemente , «solo hay dos personas en el mundo a las que voluntariamente podemos arrodillarnos. Primero nuestros padres, quienes nos dieron la vida y nos criaron, y segundo a nuestro maestro, quien es nuestro segunda familia y marca el comienzo de una nueva vida. Levanta la cabeza Emily Langley, ya has pagado tus respetos a tu nuevo maestro. Mi nombre es Orion, Heraldo de la muerte y Cazador Eterno. Desde el día de hoy, tu nueva vida comienza. El camino que te depará el destino estará plagado de horrores y tristezas, debes ser fuerte. Pero tranquila, porque yo, Orion, estoy acá y desde este momento tú y yo somos familia.»

«Gracias», murmuró Emily quien aún se encontraba abrumada por la respuesta.

«Ya no es necesario agradecer, ve a dormir que mañana será otro día», dijo amablemente Orion.

Emily volvió a agachar la cabeza en señal de respeto y procedió a retirarse a su tienda.

Cuando la muchacha desapareció de su vista el anciano preguntó relajadamente, «¿Lo conseguiste?

De la oscuridad Emyr avanzó, en sus  manos se podía observar un cubo dorado reluciente con diferentes runas grabadas en el y que a la par emitía un polvo dorado al moverse.

«Su excelencia, aquí está el cubo de Gondric como lo solicitó, demoré más de lo que esperaba al retirar los sellos que pusimos cuando me lo encargó la primera vez,» dijo Emyr con cautela.

Orion sostuvó el cubo y lo observó unos segundos para que luego desapareciera de la nada.

Emyr no pudo aguantar su curiosidad y preguntó, «su excelencia, si ha venido por el cubo ¿significa eso que irá por el resto? ¿ha llegado el momento?».

«Sabe que este humilde servidor y los ancianos TonS nos encontramos a su disposición», dijo lentamente Emyr.

Cuando la compañía llegó a la villa y observaron a los TonS del pueblo y la percepción que se generó era la de una tranquila villa cuyos habitantes eran seres simples. Sin embargo dicha perfección no podía ser más errada. De igual manera, que un viajero llega a una ciudad y lo primero que ve son los ciudadanos, esto de ninguna manera representa el poder o a todas las personas que la ciudad ostenta.

La pequeña villa de los TonS había generado por innumerables generaciones el preciado Dyton, sería extraño que nadie hubiese intentado obtenerlo o conquistar la pequeña villa. De hecho, así había sido en antaño.

Pero el poderoso imperio olvidado que hace incontables años lo intentó, se encontró con una inesperada sorpresa. Los ancianos TonS, como se hacían llamar eran los aprendices directos de Emyr, magos y guerreros cuya fuerza superaba con margen a la de archimagos o rangos Adamantita e increíblemente, eran más cien.

La comparación podría dejar a cualquier persona común con serios daños cerebrales. El reino de Lutet contaba con tres archimagos, lo que le daba de por sí un increíble poder militar. Si las personas comunes pudiesen imaginar que en esta villa se escondían más de cien magos y guerreros todos con ese nivel de poder, el mundo enloquecería.

El resultado fue obvio, el imperio fue aniquilado y actualmente olvidado.

Sin embargo, Orion respondíó genitlmente, «Emyr, no hay necesidad de teñir una raza tan pura e inocente como la que gobiernas con el horrible color rojo que el futuro depara. Los TonS son una raza pacifica por naturaleza, te ayudaron cuando más lo necesitase y ahora han alcanzado lo que tiene gracias a ti. No seré yo quien los manche. No permitiré que se unan a la cacería.»

Emyr meditó las palabras de Orion y tratando de persuadir a su señor dijo, «Entonces permite me unirme a solo a mi, yo no soy un Ton, soy humano y mis manos ya están manchadas. Llegue a ser rey por cuestiones del destino, se me tendió la mano en mis peores y he pagado con creces la amabilidad que me mostraron ese día, ahora los TonS son fuertes, pueden defenderse solos, no me necesitan».

Orion meditó la petición de Emyr y finalmente aceptó, «Tu propuesta es aceptada Emyr, ya no eres ese mocoso que corría desesperado por los bosques aquella noche, tienes el poder suficiente para unirte, recibirás el llamado cuando el momento llegue, prepárate y despídete».

Emyr agachó la cabeza y dijo sonriendo incómodamente, «Era joven e idiota su excelencia, tuve la suerte de toparme con usted en mi huida, gracias a usted pude conocer a los TonS y pude tener un futuro. Es para mi un honor estar a su servicio, mi vida es suya.»

Orion ríó y exclamó, «dejemos las charlas que aún no llegan para el futuro, saca un poco más de Dyton sigamos bebiendo».

Emyr contestó mientras sacaba de su manga diez botellas más, «Es para mi un placer su excelencia».

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