La Sombra de Las Diez Luces: El camino de la Bestia_Capítulo 10 -La caída de un dios – Editado
Capítulo 10: La caída de un dios.
En medio de esta triste y frustrante escena se escuchaban las risas del anciano, quien hizo desaparecer a Hide y Jak, y a su alrededor la ira, rabia y desolación del grupo.
El volcán temblaba con gran fuerza, una tal que emociona hasta hacer llorar al que queda de pie junto a su cetro.
-Mi vida…por fin puede volver a empezar. Por fin podré vivir como me merezco. AL FIN. –Eleva sus brazos junto con el báculo y la espada y, con ellos, a su espalda erupciona la montaña dejando ver un terrorífico torrente de lava que ilumina más que el sol; y pese a ello no parecía desprender calor- Vamos, pajarito… Ven con tu dueño…
Aquella columna de material fundido se detuvo, casi como si se hubiera solidificado en mitad del acto, pero sus paredes colapsaron sobre sí mismas para crear una nueva y elevada explosión. Las rocas líquidas se precipitaban como una contundente lluvia, amenazando a todos los presentes. El temor les hacía cerrar los ojos y esperar una muerte dolorosa y rápida, pero la espera les hizo observar hacia arriba tal como al villano.
-Cuanta majestuosidad… -Dice elevando su bastón, mirando esas brillantes e hipnóticas plumas de fuego que rodean el cuerpo de la gigantesca ave flamígera- Cuanto poder…
Esas alas se abrieron con una fuerza que, de no haber sido por el deseo del adversario, el viento levantado los habría lanzado más lejos del horizonte. El ave quedó intercambiando una inquieta mirada con su invocador, girando la cabeza para verle con ambos ojos.
Todos miraban a este enorme y espléndido animal, y por alguna causa la calma les invadía. Pudieron ser sus cálidas y placenteras llamas, o la grácil melena de plumas de su cresta o cola, o incluso ese fino y delicado trinar; aunque toda esa belleza se esfumó, tal como Jak, con un gesto del anciano. La agresividad del fénix llegó a su cenit, haciendo que la entrante tarde pareciera medio día, y se abalanzó hacia su invocador con un estridente graznido y unas abiertas y amenazantes plumas llameantes.
-Sí… -Pone frente a él, tal como atacando con una lanza, su báculo con el cristal. El atacante se vio frenado por alguna razón y, cuando parecía ir a detenerse por completo, empezó a ser absorbido por el cristal que obtenía el color y la energía del fénix- Sí… -Dice emocionado mientras las llamas entran en su cristal y danzan a su alrededor- SÍ, SÍ.
Una vez el ave se encontraba encerrada en esa rojiza gema, el anciano rió con todo el aire que tenía en sus pulmones. Una gracia que hería a todos, haciendo llorar a las dos chicas, haciendo que Yami perdiera las ganas de luchar y haciendo arrodillar a Ryu. Shizen seguía mirando a aquel señor mayor con ojos enrojecidos y llenos de lágrimas que intenta contener.
-Supongo… que podría divertirme un poco más antes de que os use para conseguir más poder incluso. Je, je, je… Os quitaré los grilletes para, que así, intentéis hacer algo contra mi poder. El poder de un verdadero y auténtico dios. Adelante. –Deja caer la espada robada, tan solo para enervar un poco más a todos-
Sus palabras fueron verdad, pues con un golpe de su báculo en el suelo los grilletes y cuerdas desaparecieron de todos, y Yami quedó libre de su prisión, aunque sin ánimo de pelear. Ninguno de los presentes quiso moverse de sus posiciones, por lo que fue él mismo el que fue a buscar las peleas y empezó por la maga de viento, podía sentir esa leve vibración a su alrededor.
-Parece que he matado a tu hombre, ¿no? ¿No estás enfada conmigo? ¿No quieres matarme? Inténtalo… -Su voz es provocativa cuanto menos, pero el ver como aquellos dos aguerridos y poderosos luchadores cayeron sin más ante él… No tienen fortaleza suficiente para continuar- ¿Qué sucede? ¿A caso no eres una mujer de verdad?
Una daga aparece frente su rostro, detenida, inmóvil casi entre sus ojos. Fue Kai quien, con más lágrimas que cualquiera, lanzó su arma sin bacilar ni un segundo; un movimiento inútil pero lleno de sentimientos.
-Tú… Tú nunca has perdido a alguien… ¿Sí? –Le mira a los ojos, unos que intentan comprender lo que está diciendo- Tú… No sabes ni lo que significa ser un… verdadero hombre.
-¿Qué no lo sé, mocosa? –Dice airado, que con un movimiento de dedo transporta esa daga hasta lo más hondo del hombro de Kai- Un verdadero hombre es uno que puede sobreponerse a cualquier enemigo, aquel que tiene el poder de hacer lo que quiere. ESO es un hombre. –Una explosión sacude su espalda y le tira al suelo-
Una errática luz salpica el lugar, dando lugar a extrañas sombras que juegan al escondite. Una potente voz, con la potencia de los truenos, retumba por el mismo aire.
-Tú… no eres… NADA. –Un nuevo fogonazo cegó a todos por un momento, un golpe que cayó del mismo cielo para envolver las capas del enemigo en polvo-
-Buen intento, chico luz. Pero ninguno de vosotros es rival para mi poder.
-Mi madre decía: “Corazón puro e ideales nobles, eso hace a un hombre”. Tú… No eres nada.
El mago de la luz se levantó de forma torpe, sin fuerza ni en las piernas ni en los brazos, se giró para mirarle, e incluida Yami todos quedaron helados en contra del calor que desprendía el lugar. El rostro de Ryu, ese apacible y agradable muchacho dispuesto a todo por sacar una sonrisa a Shizen, estaba desfigurado por la más profunda cólera y odio: su nariz arrugada, sus labios dejan ver esos agresivos dientes afilados y centelleantes, sus prendas se quemaban poco a poco por el poder que no podía controlar y sus ojos; sus ojos estaban completamente blancos, y con un tic desquiciado en su derecho al igual que en el labio superior.
Con cada paso que le acercaba a su enemigo el poder de un rayo impactaba contra el suelo mientras la electricidad entraba y salía de su cuerpo.
-Impresionante, muchacho. Pero déjame “iluminarte” con algo de verdad. Tu madre no era más que una-. –Su voz se enmudece ante el estruendo del rayo que fue Ryu para ponerse frente a él. Su mirada le asustó en verdad, y más todavía que le levantase por el cuello- ¿Cómo?
-Mi madre… es la única luz que ilumina mi camino… -Un nuevo estallido señala un nuevo golpe, esta vez un puñetazo al vientre que hace nacer un descomunal rayo de la espalda del anciano-Mi brazo… Arde… -Dice con dolor, pues todo su cuerpo comienza a recubrirse de dolorosas quemaduras, y su brazo había quedado negro-
-Impresionante, pero… tus ataques no me hacen nada. –Los ojos de entre los rayos brillaron con duda y una sensación de amenaza- Atrás.
Inmediatamente Ryu estaba al borde del cráter, de rodillas, aunque su poder seguía desbordando de su cuerpo.
–Ni… ni mis rayos pueden hacerle nada… Mi poder hizo frente a Jak por un instante. Yo… soy fuerte… Yo… Yo soy un verdadero hombre. –Dice mientras se levanta con confianza, confundiendo a su adversario. Su silueta es confusa, parece vibrar en todas direcciones, pero su porte infunde temor y tranquilidad al mismo tiempo- Yo… soy un verdadero hombre… y tú… no eres nada. –Sus ojos brillan con el más puro azul que el cielo pudiera dar, calmando el corazón de todos sus compañeros-
-Por una bobada como los ojos no creas que eres más fuerte. –Dice señalándole con su cristal-
-Ahí te equivocas. Los ojos son el espejo del alma, y tú eres tuerto.
Sin señal de ningún tipo Ryu se paró al lado del anciano, haciendo que sus ropas se incendiaran al instante. Con una sacudida del aire el fuego se apagó, pero nuevas llamas salieron del cristal.
-Fénix, acaba con esta molestia. -Y del cristal emergieron las llamas que conformaron al ave, que rauda fue a atacar al hombre-
El anciano dejó a Ryu de lado para retomar la conversación con Kai, la que había quitado su chaleco del cuerpo para atarlo sobre su hombro con intención de evitar un poco el sangrado. La mirada del enemigo era clara y descarada.
El fénix lanzaba furiosas llamaradas al aire, allí donde Ryu intentaba posicionarse para asestar un devastador impacto para terminar, pero el ave se lo impedía.
-Shiro… no dejaré que te haga nada. Te lo prometo. Aunque me cueste el brazo entero.
Los rayos caían a la roca, sin lograr su objetivo, pero sorprendentemente no hacían más ruido que el romper la piedra.
-Ya no me importa… Hide no está. Era el mejor… amigo que he tenido jamás. Y todo por tu culpa. –Con repentina emoción levanta su brazo, tal como si fuera una espada, creando una cuchilla de aire. El anciano hace un pequeño círculo con su dedo, casi sin mover la mano, y el ataque impactó en Shiro rasgándole del todo el torso-
-No pensé que me atacaría tan de repente. Supongo que de ella no podré sacar nada de poder.
Mientras la sangre caía del cuerpo de Shiro, tirada sobre la roca frente al horror de Kai, el fénix seguía siendo una molestia para Ryu. Una azulada llama saltó en sus ojos, deteniendo por algún motivo el movimiento de los rayos, y el cese del ruido llamó la atención del asesino.
-¿Ya has acabado con ese chico? –Mira al cielo, un cielo negro donde la única luz es aquella ave gigante que le mira de frente y, sobre su cresta, Ryu, dando una imagen de divinidad con aquella blanca luz-
El único ápice de luz provenía de aquellos cuerpos que miraban con desprecio al anciano, una luz fría, helada y, más que todo, inquietante.
-Insolencia… -Resuena con el eco de los truenos antes de que tanto Ryu como el fénix se lanzaran en picado para golpear con todo-
La piel de Ryu empezaba a deshacerse por el insufrible calor que soporta, y sus brazos se ennegrecen, pues intenta canalizar todo en ellos. La silueta y estela que deja parecen un alargado dragón ansioso de devorarle.
El fénix se lanza como una jabalina, escondiendo sus alas y juntando sus llamas frente su puntiagudo pico.
La colisión de ambos sobre su enemigo levantó una extraña polvareda en vertical.
-He fallado. Mierda… -Una voz ronca y rasgada se escucha entre el polvo, a rebosar de odio y sangre-
-Esa voz… -Dice Kai, sin fuerzas en su hablar- ¿Jak?
El polvo se retira en segundos dejando la figura de un enorme Jak portando aquel espadón de metal, al rojo vivo y goteando, usado como escudo contra el ataque combinado.
-Matar a Hide… y a Shiro… Mi familia…
Sus lágrimas caían sobre esa espada, evaporándose casi al salir de sus ojos. El grito que desgarra su garganta una vez más llena a todos de un extraño ánimo para la pelea. El calor que el mismo Jak desprendía derretía la roca, pues lleva sobre su piel el brazo derecho y pierna izquierda completamente fundidos, pero haciendo su función.
Su mirada no se advertía entre el torbellino que le rodea y que deja vacío al empezar su carrera.
–Juro que te destruiré, juro que te haré llorar, juro… juro…
La mente le abandonó por completo convirtiéndose en una bestia colérica, cubierta de metal fundido y con un espadón de lava. Sus golpes eran indiscriminados, buscando sin cesar a su enemigo, que se movía de un lado a otro sin ser detectado.
-“Y cayó del cielo para salvarnos, meros mortales”– Pensaron Ryu y Yami, pues vieron la sombra de Jak descender de los cielo para salvar a su compañera de aquel ataque fallido-
El anciano parecía ya cansado, y la bestia vio una clara oportunidad para partir en dos a ese desgraciado. La espada, tal como quería, lo atravesó sin resistencia alguna y, tan pronto como el espadón se clava en la tierra, aquella ardiente mano, empuñó de nuevo la lava para lanzarla como un proyectil contra su pequeño compañero Shizen.
-¿Cómo lo ha sabido? –Dice atemorizado el anciano cuya imagen todavía estaba frente a Jak, pero que se ve hacer fuerza con sus brazos a la par que la espada se detenía frente a Shizen- ¿A caso puede ver mi distorsión?
Jak saltó, reventando de nuevo el suelo, para empuñar el arma con ambas manos y forzar que cayera sobre el invisible enemigo junto con la ayuda de su pierna izquierda.
-Corre, Shizen. No dejaré que hagan más daño a mi familia.
Los ojos de Shizen, lagrimosos, vieron a un Jak extraño. Un Jak familiar, alguien bárbaro pero cercano, un verdadero guerrero, un verdadero protector; e hizo caso a su hermano mayor.
La piel de su mano izquierda ardía con una brillante llamarada que se reflejaba en sus ojos, unos claros ojos cuyo color era indefinido, pero de mirada clara.
-“La Arena quiere su tributo” –Suena sin que Jak moviera la boca, y la espada cede ante la fuerza que quiebra la montaña-
El charco de material fundido salpica su piel, la que no parece muy afectada.
El anciano se resentía de las muñecas, arrodillado sobre su derecha y al borde del cráter una vez más. Él seguía pensando que tenía le ventaja.
-Fénix, ho, ave legendaria. Haz caso de tu liberador y entra de nuevo en tu nido.
Así, sin posibilidad de objeción, las llamas regresaban al cristal y se levantó con renovada esperanza mientras Jak suspiraba un vaho más ardiente que el aire a su alrededor y ponía su celestial mirada sobre él.
La sonrisa de su enemigo les irritaba a todos, a Ryu, Yami y a Jak más que a cualquiera, pues eran ellos lo que más ansiaban matarle. Ellos tres caminaban con un aura más que intimidante, opresora, hacia él, que solo reía.
-Desapareced ante el poder del dios del fuego.
Golpea el suelo con su báculo. Al contacto se escucha como el cristal se agrieta y el suspiro dudoso de su portador. Las llamas escaparon de esas grietas consumiendo todo lo que tocaban, liberándose el poder del dios rápidamente hasta que la gigantesca ave se formó a su espalda, sobre la boca del volcán con sus alas extendidas y mirándole fijamente.
Viéndose rodeado, y casi desnudo, exclamó su venganza y desapareció de la vista, pero Jak siguió caminando hacia Shiro y mira a Kai con ese extraño brillo en los ojos.
-Lárgate. –Blande su mandoble hacia la cabeza de la chica pasando, por poco, por encima de ella. La lava se dividió, o más bien desapareció la mitad- ¿Estás bien? –Su espada se derritió por completo y sus extremidades se enfriaron poco antes de que su mirada regresara a ese oscuro verde-
-Pero… pero Shiro… -Su tristeza le sacude la cabeza, y el llanto su pecho-
-Me alegro… -Dice Jak tambaleándose. El exhausto batallador se desplomó de espalda, siendo recogido por Ryu y Yami-
Los destrozados brazos del muchacho parecieron sanar a la velocidad de la luz, y se aferraron a los de la chica para que sus fuerzas sostuvieran al pesado compañero.
-Me alegro de que estés vivo… Tenía tanto miedo. –Solloza Yami-
-No hay duda alguna.
“Eres nuestro dios”, suspiran ambos jóvenes al dejar a Jak descansar un poco sobre la tierra devastada.
El fénix, enorme y grandioso, desciende poco a poco a la vez que mengua su tamaño expulsando llamas y, con el tamaño de un gorrión, se posa sobre el cuerpo de Shiro, ya a penas con calor propio.
-¿Dios del fuego? –Mira Kai a este diminuto pájaro rojo- Haz algo… te lo ruego.
El ave parecía picotear el cuerpo de la chica sin miramientos y de forma incesante, pero no pizcaba con el pico. Un pequeño trino se escuchó, seguido de otro más fuerte, al que siguió otro más rápido y con más fuerza. La sucesión llegó a ser tan triste y apesadumbrada que pasó de ser golpes de voz a ser un chillido constante. Cesó de golpe, a la vez que las llamas del animal se pusieron azules, y una gota de fuego se filtró por la herida que casi partía su pecho.
La llama azul creció hasta inundar toda la hendidura de su cuerpo haciendo que, cuando el fuego desaparecía, la carne ocupase su lugar.
Todos estaban impresionados, pues no conocían esto de las leyendas del ave. La más impresionada es Kai, la que ama las leyendas, y ama más ver como el calor y el color regresan a su compañera.
-Shiro… ¿Shiro? –Y con el primer suspiro de los pulmones de la maga de viento estos quedaron privados de respirar por el fortísimo abrazo que le dio- Gracias a los dioses… Gracias al dios del fuego…
Kai dejó tomar aire a la reincorporada Shiro, mirando a esa diminuta ave de gran poder y pone sus manos como si fueran un cuenco. El fénix se posó en ellas y, dejándola sobre una de ellas, usa su otra para acariciarle con cuidado la cabeza y el cuello, volviendo a agradecerle.
-Supongo que deberíamos volver para el bosque, ¿no? –Dice Ryu, muy nervioso-
-Sí. Supongo… -Menciona Shiro completamente decaída, a lo que el trinar del pájaro suena- Gracias, pajarito. Aunque eso no me alivia en lo más mínimo. –Disimula con una trabajada sonrisa, de la que Kai se percata con facilidad, pero engaña al resto-
-Jak está completamente ido. Tendremos que llevarlo. –Dice Yami, bastante más fría que cualquier otro en la escena-
-¿Se pondrá bien? Él es muy fuerte. ¿Está bien? –La sonrisa de Ryu le calma, y sus palabras de, una buen comida todos juntos, le hace más feliz pese a que la pérdida de Hide todavía sigue muy presente-
Bajaron la ladera con cuidado, la arena que cubría gran parte de esta era muy afilada y abrasiva. El más perjudicado fue Ryu, quien cargaba con el pesado cuerpo de Jak sobre sus hombros sin ayuda; su cuerpo estaba completamente rojo por el esfuerzo además de casi denudo por quemar sus ropas sin querer.
Llegaron a la base de la montaña y quedaron pensativos, pues no tenían el coche, y aun de tenerlo no sabrían conducirlo a tal velocidad. Ante la duda, Ryu se puso frente al grupo.
-Esto me suele cansar mucho, pero supongo que no hay otra opción. –Sonríe, aunque él querría llorar, las piedras habían atravesado su piel y sus pies sangraban, además de la pesada carga que porta-
La luz que emanó de su espalda les cegó, les rodeó, les tragó, y tan pronto como se frotaron los ojos y los abrieron ya estaban en el bosque; en algún lugar.
-Vale. Es por aquí. –Dice el pequeño con seguridad y diligencia, atravesando la maleza sin dudar-
Todos le siguieron, pero Ryu retuvo un poco a Yami para hablar, saben que no se pueden perder por las habilidades de sus Taoks.
-Gracias. –Yami no comprende el agradecimiento- Por intentar ayudar con tanta fuerza, intentar salvar a alguien que no conocías, por estar a nuestro lado. Y… -Sale a relucir esa torpe sonrisa que se nota que tiene algo que pedir- ¿Puedes ayudarme con Jak? Pesa mucho…
Con una expresión nula, Yami aceptó, aunque solo quiere ayudar a Jak, pero eso no hace que la ayuda a su compañero desaparezca.
***
Llegaron al taller, allí Kai sacó la carne y Shizen preparó el fuego dejando a la más afectada descansar junto con el pájaro. El trío luchador llegó algo después, ya para hincarle el diente a la comida, una no tan buena como la de Jak, pero sigue siendo una delicia.
Tanto a Sona, que no hizo otra cosa que mirar desde el borde de la ladera, como el ave, comían con ánimo del mismo trozo de carne. Esta cercanía no gustó a la gata, que intentó cazarle hasta que desistió por las ganas de seguir comiendo. Shiro, con su poco ánimo, dio un diminuto trozo propio al ave, que dio un suave sonido como agradecimiento.
Jak despertó con más calma de la que se esperaría, se resintió de la cabeza y se incorporó despacio. Sin decir palabra empezó a comer, y, aunque le preguntaban sobre aquella apariencia o extraño poder, él solo siguió comiendo. Una vez finalizó, entre crujidos y chirridos, provenientes de su brazo y pierna, se adentró en el bosque.
Ryu dio una buena posibilidad sobre esta actitud, el dolor de la pérdida le hace querer estar solo, y también que quisiera reparar sus partes afectadas. Y mostró su sorpresa de ver que tenía un brazo y pierna metálica.
-¿Dónde…? –Habla Jak cojeando por el bosque- ¿Dónde estás, Shizen? De cualquier forma… debo ir a ver a Dax para reparar mis prótesis. Odio que conecte los nervios, es tan escalofriante… -Suspira con dolor, tanto físico como emocional- Hide… supongo que todavía no te caía muy bien. Te molestaba con la fuerza que te quedaba para alcanzarme, nunca fui muy amable contigo, pero tú eres un buen amigo, el primero que siento lástima de perder. Ahora… -El chirrido resuena por entre los árboles- Pienso en Rass y Aisha y también me da lástima cómo les traté. Me doy asco. Era alguien despreciable, tan poco… humano. Supongo que sí tenemos algo de especial, aunque sea solo una cosa. –Sonríe antes de desaparecer en un grácil torbellino que siquiera perturba el ambiente-
El silencio se hacía pesado, tan solo levantado para que Ryu evitara a Yami ir detrás de Jak.
-Él no dijo nada, así que no creo que sea bueno que le sigas. Además… pude sentir en él que no tiene mucha confianza en ti. –Y junto con la sorpresa desagradable de Yami, una pequeña sonrisa se puso en el rostro de Kai-
La chica de pelo castaño se marchó a descansar, pues la herida de su hombro no estaba mejorando, pero por lo menos las hojas lograron tapar la herida siendo presionadas por la ropa.
-Jak… -Susurra la chica ya sobre el sofá, mirando al techo- Me pregunto si puedo hacer algo para que te sientas mejor cuando vuelvas. Yo también quiero poder descansar un poco de esta pesada sensación… Pobre Shiro. Estaba muy unida a Hide, y… No puedo ni imaginarlo.
La joven se aferra a uno de los dos cojines que hay sobre los reposabrazos, abrazándolo como si fuera un peluche, con su único brazo bueno, el izquierdo.
-Hide está vivo. Eso creo. –Rompe Ryu el silencio agitando a Shiro- Al menos una parte de él… Sigue vivo en el interior de ese pájaro. Eso siento. –Su seriedad entusiasma a la afligida, aunque Yami sigue tan fría como acostumbra-
-Le conociste hace menos de un día. Es imposible que puedas sentir el alma de alguien tan poco cercano a ti. No mientras, ni la oscuridad puede identificar un alma tan pronto; ni mi padre podría. –Se da aires de grandeza sin apreciar la mirada desolada de Shiro, de cuyo pelo se desprendían cabellos por la fuerte ráfaga que la sacude de todos los lados-
Por la contra parte, Ryu sí la ve y, pensando para sus adentros, cree que es su propio dolor el que maneja el Taok y la golpea con él. El hombre comienza a tener miedo, bastante, dado que él mismo no controla bien sus rayos, y si además llagara a una situación como la de la joven… Piensa que podría llegar a morir.
-¡Es por eso que no le gustas a nadie! ¡Jak te odia! –Grita el pequeño, mirándola con decisión, enfado y lágrimas. Una vez dicho, corre hacia los árboles seguido por Sona-
-Sí. Supongo que sí. Pero no pienso marcharme de su lado, no hasta que consiga lo que quiero. –Dice la mujer con una cara desquiciada, lujuriosa y una expresión de superioridad. Aunque Ryu nota algo más allá de todo ello, algo que reclama su atención-
Yami se marchó con paso lento ante la mirada de Ryu, pues Shiro observaba el poco fuego que todavía queda entre los palos y el fénix que no se separaba de ella, intentando reconfortarla con sus tenues llamas y apacible calor.
–¿Que ha sido eso? ¿“Miedo”? –El muchacho la sigue, perdiéndola al instante en que se mueve entre las sombras- Tal vez sea imposible enlazarse a un alma nueva, pero puedo rastrear la oscuridad de los corazones con bastante facilidad. –Con un poco de concentración, un manto de luz sólida le envuelve para dejarle a la espalda de la chica, quien no se sorprende-
-¿Vienes para pelear? Creo que ya sabes que no tienes oportunidad.
-Supongo que no. Cuando Jak cayó del cielo te sentías ansiosa y asustada, supongo que tu poder no puede concentrarse como para no haberlo dañino. Sé que aún queda luz en tu corazón, y la haré salir. –La risa, bastante desagradable por su tono y manera, desconcierta al chico-
-Parece que después de todo sí eres un idiota de luz, creyendo que todos tenemos una parte buena. Me pareciste diferente cuando peleaste en el volcán, parecías un verdadero… “Hombre”. ¿No ves que solo me interesa lo que quiero? –Se gira para mirarle con ojos abiertos, unos que parecen llegar a su alma- Por mí podrías haber muerto y me daría igual, solo quiero a Jak. Solo él puede ayudarme, solo le quiero a él. ¿Crees que hay luz en mi alma? Entonces búscala. Pero en el fondo sabes que no hay nada, sabes que no encontrarás siquiera un alma que rozar. Yo soy oscuridad, no tengo nada más que vacío. Es ahí donde reside mi poder, en la oscuridad-
-Entonces… ¿Me permites una pregunta? –Ella asiente- ¿Por qué te has marchado de la hoguera? –La mirada de Yami intenta esconder la sorpresa- Si se supone que no te importa porque no tienes alma. Sé que tienes alma… -Se acerca más con cada paso, con cada palabra- Sé que tienes luz, y te lo demostraré. –Queda mirándola a los ojos, cosa que ella parece despreciar-
-Y, ¿Por qué lo harías? ¿Porque eres un patético idiota usuario de luz? ¿O tal vez porque te han enamorado estos grandes pechos y esta sensual cadera? –Dice mientras resalta con sus manos las partes dichas-
-No. –Con calma y sosiego, y con una mirada que la hace temblar, la sujeta por los hombros- Es tan solo porque soy un verdadero “Hombre”.
-Un hombre idiota. ¿Quieres comprobar si tengo alma, o no?
Con la afirmación de Ryu, Yami extiende sus brazos y se da la vuelta para mostrar su espalda. La mano izquierda del chico se posó en el hombro de Yami y su derecha, convertida en luz pura, se adentra en el interior de la chica. En esa cálida y etérea mano solo sentía frío. El joven intentó recorrer cada rincón del cuerpo de Yami, pues ella no opuso resistencia cuando él bajó hacia las piernas en busca de “aquello que no había” con aquella única mano etérea.
–No puede ser… yo lo sentí. Aquella vez, cuando nos golpeamos y nuestras mentes se cruzaron… Lo vi, sé que lo vi, pero… no hay nada. Solo siento frío y miedo. –Su mano, la única que se podría decir que la tocaba, sale del cuerpo todavía como luz- Vale… tú ganas. No he encontrado nada. Pero igual haré lo que dije. Si no tienes luz, te la daré. Nadie puede ser feliz sin luz. –Esa mano, ya en forma tangible, le señala acompañándola de una intensa mirada-
-Te demostraré que te equivocas. –Emprende otra marcha, de nuevo a la espesura del bosque- Tal como ahora mismo.
Yami desaparece ante la dolida mirada de Ryu, apesadumbrado por tantas cosas. No pudo salvar a un compañero, no pudo vengarle, no logró hacer sonreír a una compañera y, ahora, no logra cumplir la promesa que porta en su corazón desde que tiene memoria.
-“Demuestra que me equivoco, muchacho”. Te lo demostraré… Te encontraré… -Sus rayos se descontrolan una vez más, haciendo brillar esas cicatrices y poniendo sus ojos blancos como la luz que somete la electricidad- Y te derrotaré. Yo someteré la oscuridad, te lo demostraré.
Y Ryu mira una última vez el camino que Yami hizo para regresar a la hoguera.
***
Allí, con un nuevo fuego en los palos, Shiro esbozaba una tierna y leve sonrisa al ver danzar al pájaro rojo sobre las llamas.
-Gracias. –Dice ella antes de darle un poco más de carne, que una vez roza el suelo el ave se arroja sobre ella sin pensar- Eres un pajarito muy listo, ¿he? Me da igual si solo quiere comida, me alegro que pueda hacerme sonreír un poco. Me pregunto si en verdad estará Hide dentro de él. Ryu es un buen chico, al menos me ha intentado animar, pero… Yami. ¿Qué le pasa a esa chica?
Ryu podía escuchar esas palabras que rondaban su cabeza y, decidiendo no entrometerse, se marchó a los márgenes del desierto para meditar.
-Las palabras de mi madre… del viejo… de ese asesino… Todas me dicen lo mismo, pero no puedo cumplirlo solo; por eso necesito la ayuda de Jak. No tengo ni idea de lo que quiere Yami, pero si solo él puede ayudarla… No, no se me ocurre nada serio. –Mira al cielo con una sonrisa- Supongo que sí sigo siendo un niño. Supongo que debería cambiar un poco. Debería ser algo más duro y más maduro. –Respira hondo, pensando en cómo hacerlo, cómo ser a partir de ahora- Creo que debería centrarme en mi objetivo, como Yami, e ir a por él de frente.
-No.
Las palabras no venían de ningún sitio, por lo que Ryu quedó como un idiota mirando hacia todos los lados.
-No hace falta que cambies para madurar. –Vuelve a escucharse esa extraña voz, que no se parecía en nada a ninguna que hubiera escuchado- Tan solo debes aprender a valorar todo lo que tienes, e incluso lo que no. Debes ser capaz de ver la verdad a través de las mentiras y, sí, debes ganarle a la oscuridad.
-¿Quién diantres está hablando? Que dé la cara, cobarde. –Sus palabras quedaron sin ser respondidas-
Ya confundido, pensó en ir a hablar con Kai, quería ayudarla un poco más con esa herida. Llegó sin ser visto, pues no dejó a la luz llegar a los ojos de Shiro. Al subir las escaleras escuchó la voz de Jak, y ahí supo que no tenía nada que hacer, aunque se quedó a escuchar.
-La herida está mejor. Perdona por no poder cubrirte como tú lo hiciste.
-¿Yo cuándo…? –Al principio no lo recordó, pero una risa se le escapa cuando le pasa por la cabeza- Eso no es nada. Además, eres tú el que siempre cuida de mí. Yo de momento nunca he sido de ayuda. ¿? –Su cabeza pesó más de golpe; la mano de Jak estaba sobre ella-
-Eso no es verdad. Todos vosotros me habéis ayudado de una forma que no puedo expresar, y mucho menos agradecer. Ahora comprendo mejor mis sentimientos, mejor mi interior. –Su cálida sonrisa funciona mejor que las plantas que ha usado para la herida, el dolor había desaparecido por completo-
-Me alegro de oírlo, pero yo sigo siendo una inútil en batalla. No sé ni por qué me ayudaste al principio. –Una pausa en la que Jak rezaba para que no lo recordara, pero lo hizo- Es cierto, en el fondo querías acostarte conmigo. –Su tranquilidad hace vibrar una extraña sensación en el compañero- Pero ahora que ya has cumplido tu objetivo, y tienes a gente tan poderosa en tu grupo como a Ryu, Yami, o incluso el fénix, no sé por qué querrías tenerme todavía. Y no digo a Shiro porque ahora no podría hacer mucho.
-¿“Tenerte”? –Dice con segundas- ¿Te consideras mía? –El color de Kai subió, y su negativa resultó adorable para Jak- Ya lo sé, no te pongas así. Pero, quiero que te imagines algo. ¿Cómo crees que estaría si te pasara algo? ¿Qué crees que pasaría si os pasara algo a alguno del grupo?
-Te enfadarías tanto… como en el volcán.
-No. Me enfadaría mucho más, porque no dejaré que ninguno de mis seres queridos pierda a un compañero. Ahora sí que no. –Su sonrisa sigue apreciándose aún debajo de esa enfadada expresión- Seré un buen líder, seré alguien de quien mi madre se sienta orgullosa.
Los ojos de Ryu, detrás de la puerta, se abren como platos.
-Ahora… -Sigue Kai- Si quieres… Me gustaría hablar un poco de nuestras familias, un poco más a fondo. ¿Te importa?
-Supongo… -Su sonrisa regresa, con una apariencia triste- Que debería dejar que mi carga se comparta. Te contaré mi niñez, no es muy larga la historia, pero valdrá para que entiendas por qué me hizo llorar la otra vez.
–Jak… ¿Llorando? –Piensa Ryu-
“Era una mina, la más grande de la que he conocido, y allí vivía Irina, una hermosa mujer de un cabello tan dorado como el sol, que dio a luz a un tímido muchacho llamado Jak.”
-No hace falta que lo cuentes así, no soy una niña.
-¿Quieres que lo cuente o no? –Dice tendiéndole una manta para que se pusiera cómoda. Ella acepta, aunque sabe que le hace ver más infantil-
“Este chico se metía en muchos problemas, pero su madre siempre acudía para ayudarle, siempre estaba para sacarle de los agujeros en los que se metía escapando de los que le querían pegar, siempre para curarle las heridas de sus rodillas y manos. Ella era lo único que recuerda que le hacía sonreír, ella le daba las únicas caricias que no le daban dolor, ella le daba la única comida que no le hacía vomitar; al menos hasta que conoció a otra persona que le quiso ayudar. Pero un día, sin saber el motivo, la madre enfermó, no podía respirar bien y su garganta se cerraba poco a poco. El padre del chico no hacía nada para ayudarla, siendo el pequeño la única persona que trataba de alegrar a la mujer. El agua del pozo parecía aplacar un poco la tos que tenía, la comida que el pequeño hacía era mala, pero se podía comer”. En realidad, estaba bien quemada por fuera y cruda por dentro. –Jak ríe, saliéndose de la historia para quitar un poco del dolor que sentía- “Por esa comida se ganaba los golpes de su padre, amargado, que también golpeaba a la madre por no cocinar ella. La mujer jamás echó las culpas a su hijo, sino que le miraba con una sonrisa y le daba ánimos para cocinar mejor. Además, pocos días antes de morir, le entregó un colgante de cuarzo”. Este.
De su bolsillo sacó el colgante, un pedazo alargado de cuarzo de un color blanquecino sin ser homogéneo por todo quedando lugares transparentes. Esta punta de cuarzo es atravesada por una cuerda de cuero resistente y desgastada.
-¿Y no has cambiado la cuerda nunca? –Jak niega con una sonrisa- No hace falta que sigas, ya conozco el resto. -Un suspiro de descanso se escapó de sus tristes labios- Y yo… en verdad nunca conocí a mi madre, siempre he llevado el anillo en mi dedo y todos decían que era de mi madre. Sin querer le cogí tanto cariño, aun sin haberla conocido… Tú debes tener muchísimo aprecio al tuyo, ahora no puedo ni imaginarlo. –El gesto de Jak pide que continúe y que no se preocupara por ello- No tengo mucho que contar, tampoco se me ocurre una historia como la tuya, no sabría cómo contarlo.
–Tan solo sigue la tibia luz de tu corazón, Kai. Ella te guiará. –Piensa Ryu, cuya luz se acentúa en el pecho sobre el corazón-
-Mi padre, como ya te conté, me forzaba más que a los chicos. Mis músculos siempre dolían al terminar cada día. Además de eso, al ser de las pocas chicas en la casa, todas las tareas pesadas caían sobre mí. Eso también tenía algo bueno, hacía más ejercicio todavía que los chicos, tal vez por eso fuera la mejor. –Una pequeña risita aparece, sorprendiendo y encandilando a Jak- Él siempre me decía que no podía dejar a una chica seguir los pasos de esa casa, me daba igual que fuera de asesinos, yo sabía que no iba a hacer encargos rojos, se lo dije, pero a él le daba igual. Le demostré cuan fuerte era, podía derrotar a todos mis compañeros, y como el honor de su casa era tan fuerte solo iba una persona por encargo. Los duelos de uno contra uno son mi especialidad, nadie normal puede contra mí. Él, supongo que solo quería protegerme, pero eso no le daba derecho a despreciar mi trabajo en la casa, ¿no? –Que Jak concordase con ella la alivia, la hace sonreír una vez más-Gracias. Y… hace unos días, una casa que tenía cuentas con mi padre atacó y robaron la casa. Mataron a algunos, noquearon a todos los demás y robaron lo que quisieron, y entre ello mi anillo. Me enteré de donde estaba su casa, me introduje y recuperé mi anillo. Me encontraron escapando, y eché a correr al desierto esperando poder encontrar algún agujero de araña o un hoyo de perforador, pero nada. Y ahí fue cuando nos encontramos. Gracias por salvarme y seguir haciéndolo.
El abrazo sorprendió a Jak, pero sus brazos la apretaron con una cálida fuerza, dándole una curiosa tranquilidad que contrasta con los pensamientos que se agitan en el interior de su alma. La bestia solo se centraba en el cuerpo de la joven, que presiona el rostro del muchacho en un abrazo, dándole problemas al chico en controlarse; pero la contraparte fue la calidez y paz que sentía todo el ser de Jak. Esa sensación no se podía comparar con algo tal como el simple tacto de sus pechos contra el rostro, aunque el espíritu de la máscara tenía en verdad miedo de que se descontrolase.
Kai dejó el abrazo cuando se dio cuenta tanto de la mala postura de su compañero, con la espalda encorvada y el cuello estirado, como el mero hecho que cometía.
-Perdón… No sé en qué estaba pensando. –Al aparentemente indiferente y pobre Jak le cuesta recuperar la respiración, aunque no deja ver la rara felicidad que experimenta-
-No te preocupes. Puedo controlarme, pero preferiría que no hicieras este tipo de cosas muy seguido. Tal vez una vez me descontrole y te arranque la ropa, ¿“Sí”? –Dice con una coqueta sonrisa, una que desorienta por completo a Kai-
Ryu no podía contener la risa, y tras serenarse entró saludando a todos.
-¿Qué tal está tu herida? ¿Puedo echarle un vistazo? –Jak se niega, pues acaba de aplicarle un poco de ungüento para sanarla- No niego de tu habilidad con las plantas, pero yo puedo sanar a otras personas. La luz pura puede curar heridas no muy mortales. –Dice con tontería y una torcida sonrisa-
Jak asiente y Kai, que no se oponía en un principio, se quita la prenda del torso quedando en aquella tela que cubre sus pechos y parte de su espalda. Ryu, con una mirada clavada en sus ojos, junta sus manos frente a la herida y ambas partes empiezan a brillar.
El dolor de Kai desaparecía con rapidez, el poco que todavía sentía, y la herida desaparecía conforme la luz perdía fuerza. La herida desapareció sin dejar marca alguna. Kai le agradeció con tiernas palabras y halagos junto con un apretón de manos.
-No hay de qué. Estoy aquí para ayudar además de para mejorar. El mero hecho de quedarme junto a vosotros ya me ayuda a pensar un poco más allá de donde estaba antes. Y estar con Yami… es un suplicio, pero me ayuda a mantener el equilibrio dentro de mí. Hablando de ello… -Toma interés en Jak con aquella mirada decidida- Ella, por algún motivo, cree que eres el único que puedes ayudarla y me gustaría que me ayudaras en que pudiera confiar más en mí. Yo soy luz, y como tal debo luchar contra las sombras de su corazón.
-Eso es muy bonito, pero es imposible. –Dice sin dudar, directo y sin miramientos. Cierto dolor llega a percibirse en el usuario de luz, pero Jak no ha terminado de hablar- La oscuridad de un corazón solo se puede disipar por el propio corazón. Primero, ella misma tiene que querer cambiar; y segundo, ella, y aunque diga lo contrario, necesitará ayuda. Pero tú solo nunca lograrás nada, y tampoco será fácil. Yo he tardad demasiado en cambiar, o al menos en intentarlo. Así que, ten por seguro que intentaré ayudarte. –Sellaron el trato con una sonrisa, mientras la que Kai aprovechaba para ponerse de nuevo la ropa-
-Me alegro que seas tan buen amigo. Has cambiado bastante, Jak. Me alegro mucho. –La sonrisa tierna y relajada de Kai, junto con estas dulces palabras, casi hacen despertar a la bestia; y de nuevo ese extraño calor aplacó el instinto- Pero no te acerques mucho a Yami, no me da mucha confianza.
-Lo sé Kai, por eso quiero ser yo, Ryu, el que se acerque más a Yami y pueda ayudarla con lo que sea que la persigue. Necesito ser más fuerte, tanto para que ella acepte mi ayuda. Por eso quisiera entrenar un poco con Jak. ¿Puedo?
A los dos les sorprendió que se refiriera a él en tercera persona, pero aceptaron el tema de entrenamiento. Kai les despidió, sorprendida y poniendo a prueba su sanado brazo. Los dos hombres salieron del taller y vieron a Shiro tumbada en el suelo, acurrucada sobre ella misma junto con el ave carmesí que la acompañaba en el sueño.
-Shizen se marchó con Sona, así que no sé dónde estará. Supongo que intentando tranquilizarse.
-Sí. Es solo un niño, y ya ha presenciado la muerte de un ser preciado. Me siento escoria por no haber podido hacer nada. Supongo que es igual para ti. –Su compañero asiente con tristeza- Por eso debemos entrenar, para salvar a todos lo que quedan y los que vendrán. ¿No es así? –Ryu le pregunta sobre el tema al que se refiere- Una futura familia, claro. Alguien que no sea fuerte no podría proteger a un bebé en este arenero. Por eso quiero hacerme fuerte.
El silencio se hace increíblemente pesado para Ryu, quien no puede contener su duda.
-¿Ese es tu motivo de mejorar? ¿Niños, familia? Yo siempre pensé que era para no tener que preocuparse por nada. Al fin y al cabo, eres un gladiador y alguien buscado por los SIZAN.
-Eso es verdad, pero encontré cosas por las que vale la pena preocuparse. –Su sonrisa es exactamente igual a la de Shizen cuando le agradeció por la mariposa- Vamos a entrenar de una vez.
***
Su combate de práctica fue marcado por el cansancio y dar todo desde el principio, todo lo que ellos podían controlar sin resultar demasiado destructivos. Los rayos casi no tenían presencia, pues los ojos de Ryu reflejaban el miedo cuando los usaba en ataques sorpresa. La luz, por otro lado, se desprendía por entre su piel y lo envolvía haciendo daño a Jak cada vez que intentaba mirarlo. El chico de luz resultó ser más inteligente que alegre, y conseguía golpearle tanto como quería.
Parecía como si cada uno practicara aquello en que se cree más seguro, pues la luz va al ataque y la roca a la defensa; y solo una palabra bastó para que las tornas dieran media vuelta: Cambio; así Ryu quedó estático y con real miedo mientras los puños de Jak se aproximaban con fuertes silbidos. Las explosiones de aire que daban los pequeños rayos de sus palmas lograban bloquearle, pero con cada bloqueo sus palmas se ennegrecían en diferentes partes.
-Materializa tu luz, I – DIO… -Y, mientras carga el último golpe, las palmas de Ryu se recubren de una viscosa luz- TA!
Con este golpe Jak tenía seguridad de que iba a fallarlo de alguna forma, pero no imaginaba que fuera de esta. La luz hizo resbalar su puño, amortiguó el impacto y lo desvió dejando el camino abierto para un golpe que hizo un chasquido sordo con los dientes de Jak.
Él quedó con la barbilla mirando al cielo, y Ryu con su puño arriba, ambos muy cansados. Sus elementos se relajaban conforme ellos, y recuperar la respiración les costó algún tiempo.
-Estoy seguro… de que cuando controles los rayos serás un hombre imparable. –La sorpresa de Ryu es clara, pues él nunca dijo de su segundo elemento- Lo noté en la pelea del volcán, y has estado usando la presión de los truenos para bloquear mis golpes. Impresionante. Esa es la verdad. Hemos peleado dentro de nuestros límites, pero la verdad es que las verdaderas batallas no se pueden reflejar en los entrenamientos.
-Un hombre es el que rompe su límite más que el enemigo. –Su apretón de manos vino seguido por un choque de hombros-
-En ese momento… dudo que hubiera podido ganarte. Tus rayos eran demasiado potentes como para que mis rocas hubieran sido siquiera un obstáculo. Espero que encuentres tu felicidad algún día, al igual que todos en mi grupo.
Una pequeña tristeza aflora en Jak, bajando su rostro. Ryu quedó inquieto y curioso, relacionando esto con la conversación con Kai.
-Ninguno de nosotros te abandonaremos cuando cumplamos nuestro objetivo. De eso puedes estar seguro. Por lo menos yo, cuando encuentre al que mató a mis padres y consiga respuestas, pienso volver a encontrarte y retarte a un combate. No pienso perder, eso te lo aseguro. –Un nuevo abrazo, que en verdad parecería más un golpe de combate, reafirma la seguridad para ambos-
En las sombras observan los ojos de luz y oscuridad, negro y amarillo, curiosos y alegres. Yami parece no poder dejar a Jak a solas, siempre tras él, siempre buscando un poco de su compañía; y Jak sabía eso muy bien.
***
El tiempo no tardó en dejar la noche a la percepción de todos, ya fuera por el sueño tal como los casos de Shizen, Sona, Kai y Shiro, o por el entrenamiento como a los tres restantes.
A la hora de la cena todos estaban allí, en torno a la hoguera, todos despiertos y algo más calmados.
-Yo… -Comienza Yami, rompiendo el silencio y bajo las miradas afiladas de Shizen y Shiro- Lo siento… Lo que dije estuvo mal, pero en verdad es imposible que alguien notarse un alma con tan poco tiempo. Solo quería decir eso, no que Hide estuviese muerto. Sé que sonó mal.
Y tal como dijo se calló, como si nada. No dejó lugar a que alguien hablara, tan solo sonrieron de ver este pequeño gesto de familiaridad, de humanidad. La conversación siguió al tiempo en que ya habían terminado con el primer trozo de carne y Kai elogió la cocina, a partir de ese momento hasta el final de la cena hablaron con Shizen sobre lo que hizo, por parte de Ryu, y sobre el entrenamiento de los dos chicos. También hablaron un poco sobre el motivo de por qué los chicos no se peinan, ya que hasta el pequeño amigo de Sona tiene el pelo alborotado y arremolinado. Todos rieron, incluso los dos animales que escuchan a sus amigas.
El ambiente se relajó un poco, aunque ahora vendrá un tema algo más serio, o por lo menos lo es para Jak: La organización de los cuartos.
-Veamos… -Habla con Kai y Ryu, alejados del grupo, detrás del taller- Shiro debe dormir en una cama, eso está claro. Shizen también. Los animales supongo que pueden dormir donde quieran. Solo tengo dos camas y el sofá. Creo que sería bueno que, Kai, tú usases la cama donde despertaste, y Shiro duerma con Shizen en la mía. Es bastante grande la cama. Yami y tú, Ryu, ¿podíais dormir en el bosque? Yo estaré en el sofá.
-Supongo que eso está bien. Pero… Jak. –Dice Kai- Tengo que hablar una cosa con él, ¿puedes dejarnos a solas?
Jak asiente y regresa hacia la hoguera para contarles al resto el acuerdo al que han llegado, siendo la única queja Yami.
-¿De qué quieres hablar, Kai? ¿Es sobre la organización? Entonces, ¿Por qué no se lo dices?
-Porque… Yo también quiero dormir en el sofá. Con él. Él se negaría, seguro. Por eso quiero hacerlo mientras duerme. Tú o Yami, una vez me vaya al sofá, podéis usar mi cama. ¿Sí?
-¿Dormir con él? –Kai le pide silencio de manera exaltada, casi haciendo más ruido ella que él- ¿Por qué?
-Yo… bueno. En verdad no es como si me gustara él. –Es franca con sus sentimientos, pues Ryu no nota variación alguna en ella, lo cual le sorprende- Pero es que cuando duermo con él consigo dormir de maravilla. Me despierto como nueva, y creo que a él le pasa lo mismo. No suelo dormir bien, la verdad. –Ríe, pues sabe que su motivo es algo tonto-
-Es un motivo extraño, sí. Yo creía que te gustaba Jak. La impresión que das es algo así. Aunque… también se diría que le admiras. Le miras mucho, y también es como si le celases de Yami. Eso sí que es gracioso. –La mirada de la chica pasa, de ese divertido y agradable rostro, a una mirada más afilada que sus dagas y un aura siniestra- Vale, perdón. Lo pillo. Es tu héroe y no quieres que nadie le haga daño. Aunque yo diría que eso se puede llamar amor.
Con todo el tema ya hablado, pues Yami finalmente aceptó que dormiría en el bosque a cambio de más entrenamientos con él, se marcharon a la cama.
La noche empezó con un viento frío. La habitación de Shiro era la mejor para aquella noche, donde habitaban Sona, el fénix, Shizen y ella, todos en la cama. El bosque era gélido si no sabías dónde esconderte, y por ello Ryu le dijo a Yami que fuera ella a la cama pasada la media noche, cuando él suponía que Kai se movería.
–Espero que esté ya dormido. Esto es muy vergonzoso, pero prefiero esto a dormir tan mal como el resto de días. –Se levantó de su cama, con tanto cuidado que ni sus pisadas se escuchaban, y así entró entre la fina manta que tapaba a Jak, quien no se había quitado ni los pantalones ni el chaleco y que la esperaba con los ojos abiertos- Maldición.
-Sabía que lo harías. –Se sienta en una de las partes del sofá, dejando a Kai sentarse en otra que, por vergüenza, está algo separada de él- Sé que duermes mejor conmigo. Tu tensión muscular se reduce mucho. Pero ¿Por qué no lo pides?
-Jak, chico. Es algo curioso que digas eso mientras hago que tu erección no se note. Piensas mucho eso de sus pechos contra tu cara, ¿he? –El viejo amigo de Jak, por supuesto, no hace nada más que molestarle ganándose los gritos mentales de su compañero-
-Es que… pedir a alguien que duerma conmigo cuando ya soy adulta… Me hace ver como una niña, o como si estuviera enamorada de ti.
De nuevo, en la cabeza de Jak, él y Shizen discuten sobre dicho tema, haciendo al espíritu su trabajo un poco más difícil.
-Kai. Si me lo pides lo haría sin preguntar. Es para que descanses mejor, ¿no? ¿Entonces qué tiene de malo que dos buenos amigos duerman juntos? Amigos… Duele un poco decirlo cuando lo que quiero es algo más.
-Tú… tú no eres solo un amigo. –La mirada de Jak se abre, esperando una clara respuesta- Tú eres mi héroe, mi caballero. Suena tan infantil… Me arrepiento de haber venido.
-¿Y quieres que tenga armadura o no? –Dice con una risa y una linda sonrisa, una que no se burla de ella ,sino que continúa jugando- Durmamos un poco. Mañana entrenaremos todos, y veremos si conseguimos animar un poco a Shiro, ¿vale?
Y cuando Kai se disponía a coger la manta para arroparse junto con Jak, él vuelve a hablar.
-¿Vas a dormir con esa “ropa”? –Tan solo dos pedazos de tela, de un tono similar a su bufanda, que tapan tan solo sus pechos y toda su cadera tal como haría una falda relativamente corta-
-Jak… Es muy extraño notar el pene de otro hombre. Por favor, relájate.
-Dices eso porque tú no tienes pene que se ponga duro.
-Exacto, y por eso lo digo. Ahora que me fijo, tienes un gran gusto por las mujeres, lo siento por decir todas esas cosas.
-Pe… Perdón. Voy ahora a cambiarme. –Corre hacia la habitación, pero en medio del intento su cuerpo deja de moverse- ¿?
-Kai. No voy a hacerte nada. Además, ya he notado cómo son tus pechos, tú me lo pediste. No veo lo malo de dormir con esas ropas. Si tú estás cómoda está bien. –Dice mientras camina con gran calma hacia ella, poniendo su mano en el hombro de Kai-
-Jak… Esto empieza a ser algo difícil. Además de tu erección tengo que controlar un poco a esa bestia, aunque ahora no está muy fuerte, no te hagas ilusiones.
-Pero… aunque seas tú, Jak. Dormir así… es… Me siento desprotegida. Además… así tengo algo de… miedo de que me hagas algo. Sé que eres tú, pero… de la forma que me has mirado ahora… No creo que se buena idea. Lo siento.
Jak dejó ir a Kai, dado que era él quien inmovilizaba sus huesos. Jak, por una parte, aliviado y, por otra, apenado, piensa en qué había sido mejor. Él sin duda habría deseado poder dormir con ella de esa forma, con esa silueta tan marcada debido a las livianas telas, aunque sin duda no lo habría aprovechado para tocar; y por el otro lado tenía miedo de que la bestia tomase más fuerza y despertase. Llegó a la conclusión de que esto fue lo mejor que podría haber pasado, pues habrá más oportunidades siempre y cuando cumpla sus promesas; o eso es lo que espera con toda su alma.
Ella regresó con sus ropas, aquellas de cuero que dejan ver un poco de su cintura cuando se sienta o al estirar sus perezosos músculos.
-Lo siento. Supongo que no habría peligro tratándose de ti, pero así me siento más cómoda si es de dormir con alguien.
-No te disculpes y duerme.
Ella se tumbó la primera, quedando de nuevo entre el sofá y Jak, abrazada por su brazo izquierdo. La cabeza de la chica se recostaba sobre el hombro de Jak mientras su mano acariciaba el suave y desierto pecho de su héroe como si eso la relajase.
-Tus manos también se sintieron bien… Gracias. –Dice Kai justo antes de dormirse, dejando a Jak desconcertado y excitado-
-Ah, no. Ya desisto. Arréglatelas con tu maldita erección. Ojalá te duela y no duermas. No pienso ayudarte con este tema nunca más. –Y las sábanas se levantaron notablemente en la ingle del hombre-
-Espera… eso quiere decir que cuando dijo eso… era porque fue mejor de lo que esperaba… yo… -Su ojo se descontrola, su respiración se acelera y los músculos de su pecho y brazos se aprietan- Si a ella le gusta que lo haga… No creo que le importe que vuelva a hacerlo.
La mano izquierda de Jak quedaba perfectamente sobre la cadera de la chica, tan solo debía subir un poco más para llegar al pecho; pero nunca llegó. Fue la mano de la dormida Kai la que acarició primero a Jak, tanto por el pecho y vientre como por el cuello, calmando a la bestia tal como si fuera un animal nervioso; y esa mano solo acarició su espalda, presionándola más en un abrazo. Jak no tardó mucho en conciliar el sueño, una vez su miembro regresó a la normalidad dejando de doler.
Una vez por fin no se escuchaba ajetreo alguno en el lugar, Yami se escabulló hasta el cuarto de Kai. Con un gran frío en su piel se arropa con rapidez en esas cálidas pieles, pero no logra dormir tan rápido como acostumbra.
-Maldita sea… Él me ha ayudado y yo ahora… Maldito código de conducta.
La apática y distante muchacha recoge dos de las tres pieles que están sobre su cama y sale con ellas al salón. Observó con envidia a Kai, plácidamente dormida con Jak; pero al ver esa paz en sus rostros no pudo hacer nada más que arroparlos con una manta mejor.
Salió con sigilo hacia el bosque, encontrando a Ryu algo cerca del claro sostenido en una hamaca hecha con ramas tiernas de árbol. La comodidad y poco frío que parece tener el chico molestan un poco a Yami, la que parecía preocupada por él debido a la temperatura. Ella tira la piel sobre él, con fuerza, sin intención de estirarla o taparle tal como con Jak.
-Gracias, Yami. Sabía que tenías alma por algún sitio. –Dice Ryu mientras sonríe, aunque ella ya había desaparecido-
La chica estaba ya en la cama, y ahora sí logró dormir en cuestión de pocos minutos.
La noche fue rápida para todos, siendo el primero en levantarse Jak. El usuario de roca quedó impactado por la cercanía del rostro de Kai al suyo, aunque tampoco hizo brusquedad al alejarse. Se intrigó por la manta que estaba sobre ellos, pues sabía que ninguno la puso ahí, pero se levantó con tranquilidad y se fue para el bosque con intención de hacer el desayuno.
En el intento de la caza encontró a Ryu, también despierto y de caza propia. No hablaron más que para darse los buenos días y continuar sus caminos. Los dos llegaron rápidos al fuego donde cocinaron sus presas, roedores de gran tamaño, siendo estos desayunos individuales. Los dos sabían que el resto tardaría lo suyo para despertar; todavía no estaba ni el sol sobre los árboles.
-¿Fuiste tú el que me dio la manta? –Con la negación de Ryu tan solo quedaba una persona- Que raro…
-Ella es una buena persona, sino no estaría contigo. Eso creo. Mmmmh… ¿Tú has pensado en convertirte en dios? –La pregunta sorprende a Jak, aunque él se ha nombrado alguna vez ya como uno- Quiero decir… tú puedes llenar de esperanza a la gente. Cuando apareciste cayendo del cielo, envuelto en esa aura y fuego… Nunca sentí tanta energía dentro de mí. Inspiras confianza y fuerza. Si logras hacer algo digno de contar, sin dudas, la gente pensará en ti como un dios. ¿Qué me dices? ¿Quieres hacerlo?
-Si eso pasara, no me importaría serlo. –Dice Jak con calma, como si le diera completamente igual- Solo quiero ayudar, solo quiero arreglar este mundo. Solo quiero proteger a las personas buenas. Arreglar las cosas… -Su mirada decae con cada frase, con cada pensamiento de culpa- ¿Soy alguien bueno? Di la verdad. Me conoces de un día, sí, pero… ¿Tú que dirías?
-Si una chica tan tímida como Kai está a tu lado y te admira… Digo yo que bueno se queda corto. –Su risa infantil contagia algo de esa felicidad a Jak, haciéndole sonreír ligeramente-
-Gracias. Tú sí que sabes animar. ¿Te importaría darme algunos consejos para eso?
Al joven no le importó y hablaron de ello hasta que a Ryu no se le ocurrieron más temas de los que hablar, tiempo para el cual ya se habían despertado todos y bajaban para la hoguera.
Jak se marchó para coger un poco de carne del almacén, situado bajo las escaleras tras una puerta, y las puso al fuego. Shiro habló mientras el desayuno se hacía sobre lo divertido que fue dormir con todos; aunque avergonzó un poco a Shizen sobre el no parar de dar vueltas y patadas.
El desayuno pasó sin pena ni gloria, y solo el trinar del fénix alegraba el lugar más que las sonrisas de todos.
-Creo… -Piensa la decaída Shiro, aunque su rostro y cuerpo no lo expresasen- Que lo mejor es no deprimir al resto. Debo parecer lo más alegre posible y lidiar con esto por mí misma.
El canto del gorrión rojo se volvía más desagradable con el tiempo hasta resultar en chirridos tan medidos que parecía una alarma mecánica. Ninguno comprendía el motivo, al menos no hasta que el temblor en la tierra les sacudió los sentidos junto con el crujir de los árboles.
-La venganza de ese anciano. Mierda.
El traqueteo mecánico fue revelador para Jak, el que sin dudar apaga el fuego y obliga al resto a retirarse al bosque. Su porte es calmado y decidido, tal como el de un dios enfrentando a sus rivales.
-Pero… ¡Jak! –Protesta Ryu, diciendo que ellos pueden ayudar-
-Eso. Nosotros también podemos hacer algo. –Le reprende Yami-
-Lo sé. –Calmado y tranquilo- Por eso quiero que llevéis al resto a este sitio. –Lanza su comunicador de mano a Ryu, el que lo coge al vuelo y observa- Eres listo, supongo que sabes dónde es. Nos veremos pronto.
-Pero podemos detenerles aquí y ahora. No tenemos por qué huir. –Grita Yami, ansiosa de ser de ayuda esta vez-
-Si luchamos aquí destrozaremos el bosque más de lo que ya lo hacen ellos. Marchaos, ellos no pueden hacerme nada.
Aquellas máquinas acorazadas partían los árboles como si fueran ramas secas, llegando al claro antes de que el grupo se decidiera a marchar.
El miedo les hizo acelerar, pero quedaron rodeados antes de emprender la huida.
-¿Por qué están aquí? –Dice atemorizado el pequeño Shizen-
-La gente mala… Siempre quiere hacer daño a los que no pueden controlar. –Dice Ryu, cubriendo al grupo mientras Jak camina hacia el centro del claro-
-Vosotros… Todos… -La máscara se agarra al cráneo de Jak, resonando su voz por todo el lugar- ¡Marchaos de MI bosque! ¡Ahora!
La luz y la oscuridad devoraron al grupo, excluyendo al alejado Jak, para desaparecer de la escena
Solo quedó él, en el centro de todos, rodeado por grandes vehículos blindados y armados con gruesos cañones, resguardados por una intimidante artillería. Los árboles quedaban por los suelos, partidos y deshechos por doquier; una trágica escena que no hace nada más que enervar aún más tanto a Jak como al espíritu.
-Mi bosque… mi regalo… mi hogar…
La máscara cayó de su cabeza, se soltó, y el rostro de Jak no podía reconocerse. Grandes colmillos, puntiagudos y largos, gruesas protuberancias bajo sus cejas, y un cuerpo tal como el de una bestia salvaje. Con una mirada perdida en la rabia, solo un ojo hacía fe de ella; su derecho, rojo como el mismo fuego, pues el izquierdo estaba cerrado, tal parecía que sus párpados se hubieran sellado. Un solo gesto, un solo bramido, barrió el área de toda sensación de seguridad.
La tierra se escuchaba crujir aun cuando sus pies no se movían.
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