La Sombra de Las Diez Luces: El camino de la Bestia_Capítulo 9 – El mundo no es seguro -Editado
Capítulo 9: El mundo no es seguro.
Aquellos que seguían en la hoguera, comiendo la carne, pensaban y hablaban sobre sus temas, a cerca de aquello que comparten; o al menos aquellos dos que hablan, pues Jak, Kai y Ryu observan las tímidas, pero amenazantes tinieblas que brotan de entre las plantas del claro.
–Ella también es increíblemente fuerte… Me pregunto a qué vinieron esas palabras. ¿Yo soy el único que la puede ayudar? ¿Qué podría darle yo? –Piensa Jak sin darse cuenta de la distante mirada que Kai tenía sobre él-
-Jak… -Resuena en la cabeza de la chica- Parece que te molesta mucho que se marche. No sé si es porque te sientes culpable o porque no quieres perderla… por otro motivo.
-Ella… -Dice el dolorido Ryu, apenas pudiendo sostener su cuerpo con las piernas- Tiene oscuridad en su corazón… -Parece lástima o compasión lo que flota sobre su voz, su gesto es de querer seguir los pasos de la chica oscura- Debo… eliminarla… es peligrosa.
-Descansa, chico. Tienes que descansar más tiempo. No te esfuerces tanto. –Interviene Hide, recostándole sobre la tierra del claro-
-Debes relajarte, Ryu. Más tarde podrás hablar con ella. –Dice Shiro mientras rodea al magullado con una brisa que calma sus músculos y mente, permitiéndole hablar un poco más-
-Hablar no sirve de nada con alguien así… debo actuar antes de que sea tarde. Esa oscuridad… debe desaparecer. –Dice con frialdad, pese que su elemento es la cálida luz que da vida a todo, y todos quedan perplejos con el cambio en su tono, antes relajado y cercano; ahora frió y amenazante- Debo… rescatarla de esa oscuridad…
Su mente abandona la cabeza, pues el dolor en su corazón sigue resintiendo todo su cuerpo y alma. Hide y Shiro iban a encargarse del Taok de luz, pero Jak les pidió que le dejaran eso a él y que ellos fueran a entrenar un poco. La pareja aceptó, y marcharon contentos hacia el claro menor. Las sombras se disiparon al momento que Ryu perdió la consciencia, dejando la ignorancia de estas personas intacta.
-¿Quieres seguir por donde lo dejamos? –Pregunta el espadachín con una sonrisa pícara una vez ya en la intimidad del bosque-
-Creo que sería mejor entrenar un poco antes y… ¿Quién sabe? Si me ganas, tal vez, te dé un premio.
Shiro arrimó su hombro, junto con todo su cuerpo, a Hide, que le acaricia el pelo con energía. Ambos tenían una calmada y apacible expresión en sus rostros, ansiosos de un momento como este.
Por otro lado y con actitudes totalmente opuestas, en la hoguera, Jak miraba con curiosidad a Ryu.
-Jak… ¿Por qué ponías esa cara cuando se marchaba? –Pregunta con Kai sin dar esfuerzo por ocultar su intención-
-Ella creía que era el único que la podía ayudar, y he fallado. Nunca antes me habían molestado estas situaciones.
-Ahora eres un verdadero humano, con una bestia en su interior, no una bestia con apariencia humana. Este dolor es el precio de la felicidad de vivir en familia, Jak. Gracias por darme la oportunidad de rectificar mis palabras.
La máscara sobre el hombro de Jak seguía vacía, pero la voz de las almas no proviene de objetos, era el bosque quien agradecía; el espíritu del bosque.
-Pero… ella no parecía querer ayuda. Ella parecía que solo te quería a ti, para ella.
-¿Tú no quieres algo similar? –Kai se bloqueó sin poder responder, aunque no hizo falta – Todos queremos algo por alguna razón. Felicidad, comodidad, curiosidad, añoranza, esperanzas… protección… -Su mirada no se separa del hombre que reposa frente a él-
-Yo… no te quiero a mi lado por nada de eso. –Dice tímida y vergonzosa, cosa que en este momento le es indiferente a Jak-
-¿Estás segura? ¿A caso piensas que no es uno de esos motivos lo que me ata a ti?
El silencio se apoderó nuevamente del lugar, dando tiempo a ambos para que pensasen aquello a decir, pero no hubo más palabras, solos pensamientos.
Al momento en que el silencio se hacía tan pesado que les costó incluso moverse apareció Shizen, con Sona sobre el hombro, corriendo hacia Jak, cuya actitud cambió por completo de esa distante expresión a esa preciosa sonrisa que Kai no puede evitar disfrutar.
-¿Te lo has pasado bien? ¿Te has hecho daño con el arma? –El pequeño niega con una sonrisa- Muy bien.
-Quiero recoger flores. –Sorprende a sus dos compañeros, quienes ahora tan solo quieren que esa sonrisa no decaiga- Quiero darle una corona de flores cuando vaya con Naomi, para enseñarle cómo he mejorado. ¿Me ayudas a buscar unas bonitas?
-¿Puedo acompañaros? –Pide Kai con un tono curioso y ansioso, pero el muchacho niega con una mirada seria-
-Es un regalo de hombres. Ejem. –Resopla Shizen con el pecho alzado y puños en la cintura- Lo siento, pero hoy no puedo aceptar tu ayuda. –Niega a Kai con un intento burlesco de parecer adulto-
Kai se resigna a aceptar lo dicho, y ve como Jak se marcha con el pequeño a recoger flores mientras ella cuida de Ryu.
-¿Un regalo de hombres? –Ella también observa a su compañero con curiosidad- No entiendo ese tonto orgullo en ser hombres. Vale que sean más fuertes, vale que tengan más poder, vale que sean mejores en las peleas, pero… ¿También en hacer regalos? ¿Por qué tenéis que ser tan idiotas?
-No es estupidez… Kai. –Sonríe Ryu, pese al ardor que hay en su pecho y que le impide incluso abrir sus párpados. La siempre enérgica y valiente compañera se asustó con esta inesperada interrupción, saltándole una dolorosa sonrisa al chico- No es orgullo. Bueno, en verdad sí, pero no uno arrogante. Tan solo… ellos tan solo quieren hacer feliz a una amiga, ¿Qué hay de malo en eso? Ellos quieren demostrar que, aunque sean los mismos hombres brutos e insensibles, ellos también pueden ser agradables y saber lo que les gusta a las mujeres. ¿Qué tiene de malo?
-Lo siento. Es que… -La tos de su compañero hace que su preocupación le interrumpa- ¿Estás bien?
-Sí, no te preocupes por mí. Sanaré pronto, y no lo sientas. Tú pasado es tuyo, pero también será de tu familia. Una familia se ayuda, se perdona, se entiende, se defienden… -Su voz temblaba, y en sus ojos se veía como una gota atravesaba sus párpados- A la familia no le importa el pasado, solo le importa que ese pasado no duela junto a ellos. Jak te quiere, no lo dudes, aunque tal vez no como a ti te gustaría.
-¿Puedes contarme tu pasado?
Ambos hablaron todo lo que creyeron conveniente contar en este momento, y Ryu parecía sanar un poco con cada frase que Kai soltaba, pudiendo mirarla a los ojos cuando terminó su historia. Él contó lo general de su historia, aquello mismo que contó a Jak, con otras palabras.
Mientras los compañeros contaban sus penurias y alegrías, Jak y Shizen miraban por todos los recovecos del bosque en busca de flores coloridas y de una bonita forma, pero no encontraban nada.
-Jooo… Pero si antes había visto un montón. ¿Dónde se habrán metido?
–Las has hecho crecer tú, ¿verdad?
-Estaba triste porque no mejoraba con la cadena. Yo también tengo mi corazoncito, ¿vale, “señor corazón de hierro”?
-Es “sonrisa de acero”, ¿entendido? –Reía junto con el espíritu del bosque, diciéndole al niño que recordó algo gracioso, pero que no lo podía escuchar un jovencito como él. Shizen se molestó, le miró con agudeza, pero él quería seguir buscando flores-
-No encontraremos nada aquí… estoy seguro. –Dice el pequeño con desánimo-
–Jak, ¿quieres que haga crecer unas muy lindas? Seguro que le encantan. –Jak negó, pues argumentó que solo el esfuerzo y la elección crítica de Shizen agradaría de verdad a Naomi- Parece que empiezas a entender lo que les gusta a las mujeres… ¿Por qué será? –Dice con “rintintín”-
-Shizen, ¿quieres que vayamos a otro bosque cercano a ver si hay alguna? –El chiquillo aceptó sin pensarlo demasiado, y se encaminaron a algún claro de la multitud que hay repartidos por todo el bosque-
Montados en la moto, Shizen admiraba con asombro todo el vehículo y también el paisaje deformado por la velocidad. Llegaron a un bosque vecino en pocos minutos, y allí no tardaron en encontrar multitud de flores silvestres de una infinidad de colores, formas y tamaños.
–Por lo menos me has dejado enseñarte un sitio con flores. Supongo que no podrías haber hecho esto sin mi ayuda, ¿he? –Dándose aires de grandeza, Jak debe aceptar que su ayuda ha sido imprescindible para que Shizen lograse encontrar las flores-
El muchacho salió presto a recoger las flores que ya tenía en la mente. Fue directo a aquellas con pétalos poco diferenciados y de colores rojos, violetas o anaranjados.
-Parece que de poco servirá mi ayuda. –Le ríe Jak para llamar la atención del pequeño- Parece que tenías todo pensado, ¿no?
-Es que… -Da una pausa en su tarea para mirarle con vergüenza, juntando todas las flores que tenía ya en un puñado que sujetaba con mucho cuidado- Yo había pensado que estas flores quedarían bien en su pelo. Como ella lo tiene rubio, pues que las flores resalten. ¿No? Así estará más guapa, ¿no?
-Seguro. –Sus sonrisas tranquilizan a ambos- Me alegra que te esfuerces tanto por hacer un buen regalo. Seguro que ella lo guardará hasta cuando se pudran las flores.
-¿Se pudrirán? –Observa las plantas de entre sus manos- No quiero… -Su rostro feliz y brillante se entristece mientras las mira- No quiero que mi regalo se pierda. No quiero que las flores se pierdan. No quiero hacer daño a las plantas por nada. ¿Soy alguien malo por hacer esto?
Jak queda completamente sorprendido por las palabras del muchacho, que sobrepasan por completo las expectativas de la pureza del chico. Él se acerca para mostrarle una nueva sonrisa y aplacar esa negatividad con unas buenas palabras.
-Si lo único que quieres es hacer feliz a una amiga, si lo que quieres es algo bueno, el bosque estará gustoso de dejarte las flores. No te preocupes tanto, eres un buen chico. Por cierto, ¿Qué tal llevas el dominio del arma?
-Yo creo que bien. Aunque se me da bastante mal usar las dos manos a la vez. Girar la cadena es más difícil de lo que pensaba. –Su ánimo se nota de vuelta-
-No tienes que hacerlo tal y como crees que se haría, tienes que hacerlo de forma que te resulte fácil. Vamos, sigamos buscando flores bonitas para Naomi. Yo también quiero ver la cara que pone. –Sus rostros demuestran la felicidad y la cercanía que comparten sus corazones, una cercanía que solo se podría definir como de una familia-
–Jak… De verdad, me impresiona lo bueno que eres con el chiquillo. Pareces un hermano mayor que no quiere que nadie hiera a su hermanito. Cada vez que actúas así… echo mucho de menos a mis hermanos, a mi familia, a mis amigos… Espero poder encontrarme con alguno un día de estos.
Jak y Shizen, ambos, no podían aguantar las sonrisas ni el hablar de cualquier cosa que se le pasara por la cabeza. Una apacible atmósfera que se vio enturbiada por el comunicador.
//Supongo que recuerdas el tema de los taoks artificiales, ¿no? Parece que habrá una reunión cerca de tu posición. Claro que lo de cerca es relativo, lo digo por tu velocidad. Te mando las coordenadas exactas, está hacia el suroeste. Cerca de la frontera entre el octavo, segundo y quinto país. No sé de qué tratará el encuentro, pero ten cuidado. //
Jak pensó que tratándose de una reunión no tendría que ir de inmediato, así que decidió terminar primero con la corona floral de su compañero para dársela a Naomi, luego dejar a Shizen en casa e ir a ver qué sucedía, pero, al decirle a Shizen acerca de que iría a un trabajo después de hacer el regalo, el pequeño reaccionó.
-Quiero acompañarte. –Dijo con gran determinación- Quiero demostrarte que soy bueno con el arma rara. Te lo enseñaré. –Jak le decía que sería peligroso, que no podía venir, pero a él le daba igual. Él quería ir sí, o también-
-Vale. Pero no hagas tonterías. La misión es ir a ver si hay gente mala, no tendrás que enseñarme cómo usas el arma. Eso será en casa, después. Y cuida bien la corona para tu princesa, ¿de acuerdo? –El pequeño respondió con un tímido “sí” mientras miraba con ojos abiertos a la minuciosa obra de Jak-
El vehículo se puso en marcha rumbo a la misión, pues Shizen dejó clara su impaciencia por hacerlo.
-Chico… me sorprende que supieras cómo hacer una corona de flores. ¿Quién te enseñó?
-Me enseñó Sora. Muchas noches, cuando no podía dormir por las pesadillas, ella recogía un poco de la paja de nuestras camas, la humedecía con algo de saliva u orina; ahora no sé si eran las dos o la que tenía más a uso. –Jak ríe mientras que al espíritu de la máscara le entraban arcadas- Ella me hacía una corona, me decía que era mágica porque contenía la esencia de un amigo, que alejaba los malos pensamientos que hacían las pesadillas. Así aprendí, y hacerlo con flores es casi lo mismo. –La tristeza asaltó la mente del luchador, y su amigo no podía dejarlo así-
-Sé que los días en “La Arena” debieron ser duros, pero céntrate en lo bonito que tienes y tuviste, ¿vale? –Y, así, Shizen trajo a su cabeza los mejores momentos de su vida, tales como al primer animal que se dejó acariciar, la primera sonrisa que vio de Sora, la calidez que ella desprendía, el encuentro con Kai, la diversión que tenía en su interior mezclado con el miedo cada vez que estaba con ella los primeros días…-
-Gracias, Shizen. –Dice en voz alta, ganando la atención de su pasajero- Gracias por no dejarme solo en esta misión.
-No hay de qué, Jak. Eso hace la familia. –Le abraza con fuerza, con toda la que tiene- Eres como un hermano mayor, o eso creo. Me gustaría saber si de verdad tener un hermano se siente así. Gracias a ti por cuidarme, gracias por salvarme la vida.
Estaban ya cerca de la frontera, iban ya pasada la mitad del octavo país, cuando el comunicador volvió a sonar.
//Las comunicaciones en la zona han caído. Supongo que, para que nadie como yo les espíe, han usado inhibidores. Debes asegurarte de lo que está pasando allí, tengo curiosidad, y un mal presentimiento //
Conforme se acercaban a la ciudad indicada, el humo se veía ascender por el horizonte, un humo grisáceo.
El vehículo en que montaban atravesó las destrozadas y devastadas calles hasta una plaza, allí bajaron y vieron aquella desolada escena.
Los edificios, altos como montañas, quebrados y colapsados sobre las demás viviendas. Calles intransitables por gigantescas columnas de lo que parece algún metal, y golpes vibrantes que sonaban al ritmo constante de pisadas; unas que se acercaban.
-Shizen… ten mucho cuidado. Parece que hemos llegado tarde para encontrar a los malos. –El pequeño apresa su corona de flores entre sus brazos, con cuidado de no romperla, y mira hacia todos los lados- Parece que tendré que salvar otra ciudad. –Los susurros de la gente que estaba entre las ruinas le cogen por sorpresa-
/Mierda, y ahora “Puño de Roca” / Joder, ahora sí que moriremos todos/ Después de un puto taok tenía que venir este asesino… /
Todas las palabras eran de desprecio, y todas callaron cuando los pasos sonaron más fuertes. Alguien se acercaba y por el temor de la gente se intuía que será su rival.
-Vaya, vaya, vaya… No sabía que me traerían a “Roca” para mi debut. Supongo que los SIZAN saben que no tienes nada que hacer contra el poder que me han dado, y quieren quitarte del medio. Yo también lo haría si fuera ellos. –Un hombre de gran tamaño y fuerza, con un pelo corto y gris y una mirada desquiciada- Nunca me imaginaba que el poder se sintiera tan bien…
-Yo he venido a salvar esta ciudad y a las personas que pueda, y un sucio taok artificial como tú no podrá impedírmelo. –Dice con fuerza hacia su rival, susurrando después para Shizen- Chico, coge la corona y escóndete lejos. Después te buscaré.
Su enemigo también poseía un prodigioso oído y le escuchó, riendo, y con un nuevo giro de muñeca el polvo de hierro le obedeció. Esa nube gris le arrebató las flores antes de que ninguno de los dos pudiera reaccionar, dejándola sobre su mano.
-¿A caso eres una niña, chico? Los hombres no juegan con estas tonterías.
-Devélamela. Es mía. –Grita Shizen saliendo al descubierto, abandonando la seguridad de la espalda de Jak-
-Chico… -Dice con tono de dar una lección- Las flores… no son para los hombres.
Destrozó los tallos que se entrelazaban para formar ese verde círculo del que brotaban todos los colores de las flores, lo aplastó con su mano derecha y cuando ya no podía hacer más con ella la tiró al suelo y allí la pisoteó, la desgarró contra el áspero terreno.
Shizen vio todo su esfuerzo perdido, pero no fue eso lo que le hizo llorar, aunque intentó contenerse con todas sus fuerzas.
-Jak… Mi corona… Naomi… -Su gimoteo le impedía hablar, pero la forma en que abraza la cadera de su compañero dice ya mucho-
La figura de un hermano, reflejada en él, se agacha para consolarle acariciando su cabeza y hablándole con tranquilidad.
-Vamos, Shizen. Podemos hacer otra corona, no te preocupes por eso.
-Pero… Pero… -Intenta quitarse las lágrimas porque no quiere parecer un niño asustado e inútil, pero sus ojos no dejaban de expulsarlas- Era la corona de Naomi… era mi regalo… Quería… quería verla puesta… quería hacerla feliz… -Jak le abraza con fuerza y, aunque el pequeño no deja de llorar, el dolor sobre su cuerpo se sintió menor-
-¿Qué es lo que diría Naomi si te viera ahora? –Dice con una sonrisa logrando que Shizen dejase de llorar, aunque su respiración siguiera entrecortada-
-“Deja de ser una lagartija. Sal ahí otra vez y hazme un regalo mejor. Sé que puedes” –Dice el muchacho intentando poner el alegre tono y expresión de su pequeña amiga- Eso diría Naomi, pero… No puedo dejar de ser una lagartija… JAK. –Shizen se amarró de nuevo al cuello de su familiar, el que le recibe con calma y consuelo-
-Después de esto volveremos a hacer una corona mucho mejor. Vamos a darle una gran sorpresa a Naomi. Seguro que le dará un beso a su valiente príncipe cuando sepa de esta aventura. ¿Vale? No llores… -Le remueve el pelo de forma juguetona y animada- Todo tiene una solución, no tienes que llorar por algo así.
-Vale… -Su respiración empieza a calmarse, pero sigue agitada- Después haremos otro regalo, ¿lo prometes? –Le mira con ojos vidriosos y enrojecidos, a los que Jak responde con una deslumbrante sonrisa-
-Pero ahora… -Se levanta y le tiende la máscara a su pequeño compañero- Tienes que esconderte de esta persona mala, toma mi máscara. Es mágica y te protegerá, luego iré a buscarte.
Shizen cogió la madera y se marchó por entre las ruinas, resguardándose en una pequeña oquedad desde la que puede ver la inminente pelea. El niño se colocó la máscara, pues tenía tanto miedo que no podía evitar usar esa magia de protección, y pese a que la máscara es opaca él podía ver a través de ella como si no hubiera nada; ni siquiera notaba el peso.
-Qué momento más enternecedor… No quería interrumpir a “la niñera de las arenas”. –Dice el que ha destruido la ciudad con tono burlesco e infantil, a la vez que hace gestos ridículos-
-Tú. Sí, tú. –Habla Jak mientras no deja de mirar en donde se esconde Shizen- Nadie, y digo NADIE, hace llorar a mi hermano pequeño.
El silencio enmudeció todo a su alrededor, no se escuchaba ni el viento, ni su enemigo escuchaba el latido de su corazón. Él pensó haber muerto antes de poder darse cuenta, pero no, tan solo es el terror que el aura de Jak infunde.
Jak dirigía lentamente su mirada hacia su presa, donde su ojo rojo fue el primero en ser visto por ella, seguido de su izquierdo, negro como la noche. Su enemigo casi no podía mantener el equilibrio, pero la seguridad de su poder le reconforta, aunque ver como el brazo derecho de su contrincante se transforma en una gran zarpa con cinco enromes garras y un potente brazo le resta cierta confianza.
-Yo tengo un poder que nadie más posee. ¿Crees que te tengo miedo? YO controlo el metal. –Su piel se volvió completamente férrea al posicionarse para la defensa- Tú, estúpido asesino de La Arena, no tienes nada que hacer contra un poderoso Taok como yo.
-Yo… -Este enemigo se ve atraído hasta la garra de Jak sin que pudiera hacer nada para oponerse- Controlo la tierra. –Le dice sin más de un centímetro entre sus rostros, echándole su aliento viciado con adrenalina y furia-
Su impacto de izquierda no tardó para lanzarle hacia la pared de un edificio pequeño, pero su cuerpo se detenía en el aire para regresar hacia el depredador. Jak extendió su derecha, sus garras, y cuando el enemigo pasó de largo le rasgó su férrea piel. La sangre manchaba y oxidaba ese reluciente metal.
-En ese caso… -Su recubrimiento desaparece- Sin defensa. Veamos qué haces sin tus hilos. –Al momento en que se volteaba, Jak estaba ya sobre él, mirándole desde arriba pues su estatura se lo permite-
-Puedo hacer mucho… mucho másss… -Se acerca a él, sonriendo de aquella estridente manera, resoplándole en la cara-
Las cuchillas de su mano derecha, las cuatro principales, se clavaron y atravesaron su vientre por completo, levantándole del suelo, y todo a la vista del pequeño y aterrado Shizen.
-¿Qué… eres? –Dice la presa intentando que su cuerpo no se ensartase más en aquellos sables-
-Yo soy una bestia… Y te voy a devorar. –Le enseña sus fauces, mucho más grandes de lo que sería normal en un humano, con enromes y pronunciados colmillos-
-No lo creo yo tanto… -Un puñetazo sorprende a Jak, además del escape de este hombre. Se convierte en polvo y se reconstruye a su espalda golpeándole en la columna- ¿Qué te parece?
No es respondido con palabras, tan solo un gutural rugido sin apenas potencia.
Su doblada espalda no tardó en volver a su normalidad anterior, encorvada hacia delante. Los ojos de Jak, fijos sobre los de su presa, hacen temblar al enemigo, pese que este no parece ir a retroceder.
–Mi poder no tiene relevancia contra él. Puede anular cualquier ataque que le haga con el hierro. Supongo que los SIZAN lo han enviado para probar que no soy solo músculo.
La tierra bajo los pies de Jak desapareció, pero esos pies no se movieron, quedaron flotando sobre el aire tal como si el suelo siguiera allí.
-¿Quieres jugar? –Dice antes de hundirle el pecho con un devastador golpe de izquierda- Porque no estoy para tonterías. –En la oscuridad de su ojo se ve nacer un destello rojo, una franja vertical que dura un mísero instante-
-¿No puedo hacer nada? ¿A caso el poder que me han dado no sirve? –Su visión se posó sobre esa tétrica máscara entre las ruinas, y sabiendo que su palabrería no le ganaría tiempo, se apresuró a hacer sus planes-
Su metálico cuerpo se desmontó con el viento, tal como si fuera una montaña de arena en una tormenta, y fue raudo hacia las ruinas. Jak no pudo hacer nada, su ira retrasaba su agilidad mental y para cuando pudo darse cuenta Shizen estaba apresado, por el cuello, por este adversario.
-Suéltame… Ahora… Me haces daño. –Patalea y forcejea, pero los brazos de su enemigo son demasiado fuertes. La máscara se cayó al suelo dejando su rostro visible, haciendo que Jak recuperase la cordura por unos momentos- Eres malo. Te odio. –Dice mientras pierde aire poco a poco-
-Oh… Qué pena. El enano me odia. –Un mordisco de su rehén le hace soltar el prieto agarre y el muchacho cae al suelo- ¿Cómo ha podido atravesar mi piel de hierro?
-Te odio. –Mientras él corre hacia un escondite, la máscara sobre el suelo expulsa penetrantes raíces que atraviesan sus hombros y muslos-
-Nadie… y digo nadie… hiere a mi hermanito. –La máscara crea un nuevo cuerpo, tan grande y agresivo como el de Jak- No sé si he actuado por instinto, o algo, pero pienso partirte los huesos. –El rostro estático de la máscara se deforma, moviendo la madera sobre la que están esos adornos, formando una mirada ardiente y una hilera de dientes rojos-
-Espíritu… Ve a proteger a Shizen. –Dice con los ojos cerrados. La máscara le mira y él sigue firme en su decisión- Yo me encargo de este cobarde. –Su mirada es de ojos verdes, pero su cuerpo cada vez parece más el de una bestia-
-Está bien, Jak. Por un momento tenía terror de que no pudieras controlar a esa bestia.
-¿Qué clase de ser eres tú? –Dice inmóvil su presa, la que queda parcialmente libre una vez la máscara se marcha con el niño-
El dolor que siente en sus extremidades le aprisiona sin poder moverse.
-Tú… no te basta con hacer llorar a un niño. –Mirándole por encima del hombro le señala, y junto con ese gesto los huesos de su hombro derecho le atraviesan la piel- Que además le usas como escudo. –Abre sus ojos todo lo que puede, haciendo una mirada tétrica y ennegrecida por las sombras de su cara- He conocido escoria, pero ninguna como tú.
El desprecio era lo único que se notaba, ni justicia ni rabia. Jak extendió su brazo derecho hacia el exterior y la arena se empezó a reunir en su mano. Él cerró una vez más los ojos a la vez que la arena empezaba a formar la figura de un descomunal mandoble casi tan grande y ancho como su actual cuerpo.
-Dicen que hay honor en la muerte, dicen. Dicen que las penas pasan, dicen. Dicen… Que le venganza no sirve, DICEN. Pero… Todo el mundo dice cosas. –Su mirada se desvela con paciencia, una mirada de ojos completamente negros que dan una extraña sensación de calma- Pero… los que hablan nunca hacen nada. –Su mano suelta la espada, que se dirige a empalar al que no puede ni pararse derecho-
Con una mirada del enemigo, esta espada se deshace en el viento pues era de metal. El adversario sonríe como si hubiera logrado algo, pero la patada que desprende su mandíbula de su rostro le dice lo contrario. La mano izquierda de Jak le agarra por el cuello y levanta. La sangre de su enemigo le baña el antebrazo al elevarlo todo lo que puede.
La lengua de su enemigo, sin la cubierta de la mandíbula inferior, se agita y salpica todavía más sangre, moviéndose de forma brusca y frenética tal como hace el resto de su cuerpo. Pese a esos fuertes movimientos, Jak no deja de apretar su mano.
-Tú… rompiste la corona de mi hermano. Yo… te romperé otras cosas. –El brazo de su enemigo se extendió ante el miedo y la duda de su dueño, antes de que las garras de Jak lo desmembrasen- Siempre he odiado que alguien desperdiciase una presa… -Observa al suelo con lástima- Pero no me importa romper un juguete. –Le mira con diversión, de nuevo esa sonrisa afilada y amplia, junto con su ojo rojo y su otro ojo normal- Tal vez no te coma… Pero desearás que lo haga. –Le acerca a su rostro, lamiendo la sangre que mancha su brazo con regocijo- Destrozaste el trabajo de mi hermano… yo destrozaré el de tu madre.
Su mano derecha, una más normalizada, se adentra por sus costillas con lentitud, una tal que hace arder el pecho de su juguete y hace que su lengua se agitara con más ímpetu. Con un rápido movimiento de brazo, Jak, parte todas las costillas izquierdas y adentra un poco más su mano, que rasga la piel con tan solo tocarla.
Shizen, la máscara, tapaba la vista y el oído del pequeño para protegerle de esta macabra imagen.
Cuando Jak rozó el corazón de su enemigo el cuerpo de este se tensó por completo, haciéndole ver como una estatua y, al momento en que Jak aplastó ese imprescindible músculo, esa estatua se convirtió en una de metal. Su mano derecha chirrió de manera agónica cuando la extrajo del interior de esa masa de hierro.
Jak se separó de este enemigo, mirándole y queriendo jugar más, ansiando una mayor batalla, una mayor emoción. Con unos ojos bien abiertos, Jak, daba vueltas en torno a esta figura, arañando la dura piel con las cuchillas que porta en los dedos.
-Tanto poder… y no pudiste ni darme juego. Me he aburrido mucho…
Sobre el aterrado rostro del muchacho, Shizen no comprendía la rápida pérdida de Jak contra su bestia. Parecía tan cuerdo en sus anteriores palabras que confió sin dudas, y ahora se arrepiente. Sabiendo cuánto se esforzaron, y aun así perdieron, por la emoción que tocar un pecho le produjo, no quería ni imaginar cuan dura sería la batalla por devolverle la cordura tras toda esa emoción de rabia y sangre.
Con la idea de enfrentar a su mejor y único amigo, el espíritu decide abandonar al pequeño chico, todavía ciego y sordo para el exterior, para traerle de vuelta.
-¿? –El pequeño Shizen nota algo, algo en su rostro, es el viento que sopla de nuevo-
El cuerpo de raíces se acercaba hacia Jak, quien le observa y sonríe listo y ansioso para una cruenta lucha de la que sabe será el perdedor, pero no le importa pues la lucha es lo único que le interesa.
-¿Puedo abrir ya los ojos, Jak? –Teniéndolos tapados por sus manos debido al miedo, pregunta al que piensa que le ha quitado la máscara-
–¿Qué sucede? El aura de Jak ha cambiado instantáneamente.
Los ojos de la bestia regresaron a su mirada casi infantil de ojos verde apagado, y tanto su postura como su tamaño regresaron a la normalidad. Caminó con tranquilidad frente a su amigo para detenerse frente a Shizen y sonreírle.
-Claro, pequeñín. Ya no hay peligro. Le di tanto miedo al hombre malo que se convirtió en estatua. Mira. –Cuando su compañero recupera la mirada, una temerosa y tímida, ve al que tiene por su hermano mayor, mirándole animado y tranquilo-
Ese extraño temor desapareció en cuestión de instantes, y así siguió las indicaciones del mayor. Fue a contemplar a su enemigo, una escultura que poseía la mandíbula entera y su pecho intacto, y Shizen quedó fascinado al ver que la supuesta historia de Jak era cierta.
–Has jugado bien el factor de la muerte de Taoks.
-No creía que funcionase al ser artificial, pero he tenido suerte. Vamos, Shizen. Tenemos que hacer una nueva corona. –Le da un toque en la espalda indicando el comienzo de su partida-
El comunicador estuvo todo el tiempo abierto, de forma que Dax obtuvo toda la información que podía conseguir mientras Jak y Shizen disfrutaban de otro agradable tiempo en el bosque de las flores.
La sangre que manchaba el cuerpo de Jak había sido absorbida por su propia piel, de modo que el pequeño no vio gota alguna sobre su compañero, y el tiempo que se tardaron en hacer la segunda corona fue relajado y lleno de halagos para el guerrero. El niño no podía callar la admiración y la sorpresa, además de la emoción de que el poder de su amigo llegara a petrificar a una persona. Todas esas palabras desencadenaban las risas tímidas y agradecidas de Jak. La corona que resultó fue hecha por Shizen, quien aprendió con los consejos de su compañero, siendo una con menos flores, aunque de mayor tamaño, y de colores más vivos.
– ¿Cómo conseguiste controlarte tan fácilmente? –Dice el espíritu-
-Cuando me di cuenta de que Shizen me llamaba… simplemente me calmé. Me calmé al saber que ya no había peligro para él, y que pidiera mi permiso… Eso me relajó mucho más. Me hizo sentir que de verdad tengo una familia.
-Por cierto, ¿ese espadón? ¿Para qué hacerlo si no ibas a matarle con él?
-Solo quería darle vanas esperanzas. Pero me alegra poder volver a crearlo. Cuando lo intenté y no pude… sentí que parte de mí mismo se había perdido. No poder crear la espada que vengó la muerte de Sora… Me taladraba.
-Ahora tienes que pensar en cosas bonitas, ¿no?
-Has sido tú el que ha empezado esto. –Ríen ambos, aunque por fuera solo se viera a Jak sonreír con cierta nostalgia mientras entrelazaba dos grandes tallos de plantas muy resistentes-
Una vez todo estuvo terminado se dirigieron para la herrería de Naomi, cerca de la frontera del octavo país, donde ellos se encontraban, con el primero y segundo. El sol estaba en lo más alto para cuando estos dos entraron por la plaza del pueblo, cubiertos los dos por grandes pedazos de vieja tela que impedían que les reconocieran.
Jak encontró al herrero por la zona de la última vez, en el mercado, esta vez sin su animada hija.
-¿Recuerdas el camino a la casa de Naomi desde aquí? –Shizen asintió y se marchó, dejando a Jak solo con el mayor- ¿Alguna novedad?
El herrero se sorprendió de verle de nuevo, aunque parece empezar a acostumbrarse. El hombre no desatendió su tarea principal, comprar una buena comida para la pequeña.
-¿Qué es lo que te trae esta vez, chaval? La última fue para un collar, ¿esta? –Pregunta mientras miraba la zona de los tubérculos, donde todos parecían casi podridos-
-He venido por Naomi, más bien por Shizen. ¿Le recuerdas? –El señor asiente después de comparar la pieza que peor pinta tenía del repertorio, incluso escuchó al tendero hacerle un descuento por lo mismo- El chiquillo quería hacerle un regalo a Naomi, no podía negarme.
-Lo entiendo perfectamente, ser una figura a seguir es una tarea muy difícil. Volvamos.
Emprendieron la marcha, aunque Jak casi no se dio cuenta de sus pasos pues estaba ensimismado es esas palabras de su amigo.
Llegaron a la casa, en donde Naomi recibió a ambos con una larga y holgada blusa blanca, prenda que parece usar para dormir por la multitud de arrugas que tenía, junto con su corona de flores. Su sonrisa encandiló tanto a su padre como a su amigo, a ambos amigos, su pelo parecía flotar mientras daba vueltas como una peonza.
-¿Me queda bien? ¿Me veo guapa? –Su padre la levanta por los brazos y la sienta en su hombro. Su cabeza le daba vueltas y vueltas, casi se le desprende la corona, pero la sujeta con gran cariño-
-Estás radiante, joyita. Claro que estás guapa. ¿Cómo no podrías estarlo?
-Gracias, Shizen. Me gusta muchísimo. –Salta de su padre y corre a darle un abrazo, uno que el pequeño no se esperaba y hace ver a todos, excepto a Naomi, como sus colores suben de tono-
-Son tan adorables… -Dice el padre- ¿Y solo para esto has venido? Me sorprende que alguien que dijo acabar con Las Luces se tome tiempo para saludar.
-El mundo ha sobrevivido mucho con ellas, supongo que yo también quiero vivir. Pero la verdad… yo nunca pude disfrutar de la infancia y no quiero que Shizen se arrepienta por madurar demasiado pronto, aunque algún día tendrá que hacerlo.
Los pequeños empezaron a armar jaleo tras la puerta. Ellos no se dieron cuenta mientras hablaban, de que sus pequeños se habían metido en el cuarto de herrería.
-Que chulo… Así que Jak te dio el arma a ti. Me alegro, te queda tan bien. –Su risita, junto con la mirada tierna y cariñosa de la pequeña, alegran a Shizen ante la mentira de Jak, pues dijo que esto fue un regalo de Naomi; de cualquier manera, ambos estaban muy contentos-
El mayor de la casa iba a regañar sin dudar a Shizen, pues aquella arma era muy peligrosa en manos inexpertas como podrían ser las del pequeño, pero Jak se interpone. Él le dijo al herrero, en privado, que no había peligro pues podía controlarla a voluntad de modo que el arma no resultaría peligrosa en lo más mínimo. Aunque el herrero queda preocupado y algo molesto, accede a no levantar el tono contra los pequeños.
Jak dijo que ya se hacía tarde, porque además podía escuchar el estómago de Naomi rugir, pero antes de eso quiso hablar con Naomi a solas. Shizen se fue, por las palabras de Jak, a hablar con el herrero quien le habló sobre lo peligroso de las armas.
-¿No llevas el collar? –Pregunta a la pequeña porque le molesta en cierta manera que no lo porte-
-Es un regalo muy importante, no quiero romperlo sin querer. No quiero perderlo mientras juego. Lo tengo bien guardado en mi habitación. ¿Eso está bien?
-Te lo regalé para que lo usases. ¿O es que te molesta que sean escamas de escorpión? –La chica retira la mirada- Sé que son muy valiosas, pero puedes decir que son de lagarto. Así está bien. Además… -Se acerca a su oído con una divertida sonrisa- Lancé un hechizo de protección sobre él. Si te lo pones serás mucho más fuerte. –Se separa viendo la emoción en los ojos de la pequeña- Y recuerda, es solo tuyo. No se lo des a nadie más, ¿entendido?
Todos se despidieron. Shizen regresó a Jak con cierta molestia, seguramente por las palabras bruscas del herrero. Justo para cuando iban a abrir la puerta, el hombre les detiene.
-Una última cosa. –Capta toda la atención de Jak- Por las calles se escuchan buenas palabras sobre ti. Parece que perdieron el miedo hacia “Puño de Roca” después de que salvaras el lugar y la voz se extendiese. Creo que, aunque sea arriesgado, deberías mostrar mucho más tu rostro, por donde quieras que vayas. Algunos te odiarán, pero aquellos que te conozcan un poco desearán ayudarte. Ahora ya sí, te dejo que vayas a comer con tu familia.
Todos se despidieron con una gran sonrisa, y antes de cerrar la puerta Naomi dio un nuevo abrazo sorpresa a Shizen para agradecerle con un beso en la mejilla. Tras este agradable contratiempo, cada pareja volvió a su hogar.
***
El bosque parecía mucho más tranquilo para ser la hora de la comida; por lo menos que Sona volviera corriendo les parecía algo normal, pues la gata comía casi como una persona humana, normal que tuviera mucha hambre.
Sona comenzó a maullar y a moverse de forma alterada, sus sonidos eran chirriantes e insufribles; sonidos que se calmaron cuando las sombras de Yami entraron en escena. Un gran fuego negro emergió del suelo para dejar sobre él a la muchacha, que mira con deseo a Jak.
-¿Qué ha pasado con el resto? No es normal que se salten una comida.
-Es solo que… -Dice ella, acercándose mientras bamboleaba sus encantos- Quería estar a solas contigo… Nada más.
-Los ocultas de mi percepción, tal como haces con ellos para que no nos vean. Deshazlo ahora mismo, Yami. –Su tranquilidad es similar a la que alguien tendría con una mascota cuando hace algo malo por primera vez, no quiere ser demasiado brusco por algo que le molesta por ser la primera vez-
-No puedo hacerlo, Jak. Solo estorbarían. –La mirada de Jak, ni gestos ni sonidos, la obliga a hacerlo- De acuerdo, pero es que no hay nadie. Se los han llevado a todos.
-¿QUÉ? –Dice con temor y exaltación, acorralando a Yami contra los árboles cercanos con pasos rápidos e intimidantes- ¿Qué quieres decir con que se los han llevado?
-Un grupo extraño se escabulló entre los árboles y durmió a todos con dardos, después se los llevaron. –La mirada de Jak hablaba por sí misma- Yo no intervine porque… así estaríamos tú y yo a solas… -Intenta ser coqueta, pero el ojo de Jak la intimida sobremanera-
-Tal vez lleguemos a estar solos, créeme… -Apresa el cuello de Yami con su izquierda, presionando contra la áspera corteza del árbol a su espalda- Solo yo… y tus cenizas sobre mi piel… -Su ojo derecho ardía en un vivaz rojo mientras Yami forcejeaba por soltarse- No me importan una mierda tus juegos, me da igual si me quieres por capricho o por amor, PERO, lo que no pienso tolerarte… nunca… -Sus dedos parecían seguir la intención de su penetrante mirada, dejándola sin respiración, haciéndola atender tan solo a esa mirada abierta y amenazante- Es que por tus caprichos hieran a mi familia, que hieran a las personas que me importan. Y ahora… ¿DÓNDE. ESTÁN?
Sus fuertes gritos y amenazas aterran a Shizen, haciéndole llorar en silencio mientras la chica señalaba hacia el taller.
-Han dejado una nota… -Dice con su último aliento antes de que Jak la soltase, lanzándola hacia su lado, tratándola como basura- ¿Por qué no podía usar mis sombras para escapar? ¿Era por el miedo? Pero el miedo es la fuente de mí poder… ¿Respeto?
Los pasos de Jak eran pesados, cargados de rabia y frustración, dirigidos hacia aquel papel clavado con una fuerte daga. Él la arrancó y la leyó.
“Sabíamos desde hace mucho de tu ubicación, y ahora que posees compañeros creo que será más fácil cumplir mi objetivo tan solo por posibilidad. Los tenemos retenidos en el cuarto país, sobre el volcán activo más elevado. Sus amigos estarán bien hasta el momento en que se presente, a no ser que llegue pasado el atardecer. Si no aparece para entonces serán sacrificados al volcán. No intentes interceptarnos, con el poder del Taok de la luz ya estaremos allí.
Esperamos su colaboración.”
-Yami… como alguno del grupo pierda la vida… -Su bestial mirada la doblega, dejándola impedida de realizar otra acción que no fuera mirarle- Tú desearás perderla…
–Jak… es peor que mi padre… ¿De verdad es él de quien me enamoré?
-Jak… -Dice Shizen entre lágrimas- La… la familia… -Su miedo le reprime las palabras, pero su coraje le impulsa- También comete fallos. La buena familia se perdona. Ryu dijo eso.
Jak quedó congelado en su mente y cuerpo por unos instantes, tras los cuales cerró los ojos y elevó la cabeza. En su cuello se podían ver con facilidad venas, tendones y músculos por su tensión.
El espíritu del bosque quedó impresionado del gran oído que tenía el pequeño, pues incluso a él le resultaba difícil comprender las palabras del dolorido hombre entre la maleza.
-Tienes razón, chico. Perdóname. –Se retracta con una sonrisa y una palmada sobre la cabeza de Shizen- Me disculpo por hacerte llorar, pero me he enfadado mucho, mucho.
-Yami lo ha hecho mal, pero está arrepentida. –Ambos la miran, el chiquillo con preocupación mientras que Jak parecía minucioso-
-Yami tendrá que trabajar más para mi confianza, pero puede quedarse. Espero que no vuelvas a hacer otra estupidez como no ayudar a tu nueva familia. ¿Entendido? –Su sonrisa no se compara a los sentimientos que Yami había recibido hace unos segundos-
Aquella sonrisa, tan simple y sincera, borró por completo el dolor en su cuerpo, aunque fuera por un segundo, y las preguntas que se hizo quedaron respondidas.
-Yo… -Sacude su cabeza para cambiar de expresión entre su pelo, que quedó recogido con un movimiento de su mano- No volverá a repetirse. Protegeré a la familia, ante todo.
-Pero no te olvides de comer. –Dice con un aire difícil de describir pero que no parece agresivo. Hechas las paces, y con las lágrimas de Shizen secadas y selladas, todos pusieron marcha a salvar a sus compañeros-
Con el coche no tardaron demasiado, pues la zona de los volcanes estaba cerca del bosque central, pasando una pequeña cordillera escarpada al noroeste que no les costó bordear con su velocidad.
***
En la parte más alta del volcán, allí donde los secuestradores tenían a todos inconscientes, les pusieron a todos grilletes de cuarzitium para evitar que, si alguno tuviese el poder, usaran el Taok además de tenerles atados de pies y manos.
Allí había tan solo seis figuras de túnicas negruzcas enrojecidas por las zonas finales. El hombre que parecía ser el más anciano, y que portaba el único báculo en cuyo extremo superior ostentaba un gran fragmento del mencionado mineral, miraba con interés a todos y cada uno de sus futuros sacrificios.
-Me pregunto si con alguna de estas almas el “gran ave” despertará. –Las voces de sus inferiores le alentaban sobre los frutos de su esfuerzo- Espero que sí, pues necesito cumplir con lo acordado. Necesito ese poder, necesito que esos malditos SIZAN colaboren, o todo esto será en vano. Todo mi esfuerzo por ellos quedaría en nada si no consigo entregarles el Taok legendario de uno de los dioses del fuego. Detesto a esos taoks artificiales, pero tampoco puedo hablar demasiado…
Ryu ya se había despertado y aporreaba los barrotes de la jaula en la que todos se encuentran.
-Hay gente que no tuvo elección sobre ello, ¿sabes? Déjame salir para destrozarte. –El anciano se le acerca-
-Eres bastante arisco para ser un usuario de luz, aunque por lo que dices… Parece que no eres solo de luz. Eso explicaría esa afilada mirada. –Tal como habla sobe los ojos de Ryu él enseña los suyos, cuyo izquierdo está completamente blanco a excepción de un leve gris en lugar de la pupila- Esa viva mirada… Que envidia.
-¿Para qué nos tienes aquí?
-Si tú también eres un artificial… supongo que no servirás para mi objetivo. Tan solo me sirven aquellas almas más puras. Por eso dejé la nota, para que Jak me encontrase.
-¿Crees que tienes alguna posibilidad? Él pudo golpear la propia luz, tú no tienes posibilidad contra él. Él es un verdadero dios.
-Por eso mismo. Un dios absorbiendo el poder de otro dios… imagina el poder que extraeremos de semejante criatura. Me pregunto si podríamos obtener algún Taok más si os tiramos a todos al volcán.
Uno de los subordinados se acerca a este y le entrega una espada, le susurra algo y este anciano parece alegrarse bastante.
-El poder de un dios se acerca… -Dice con un tono filosófico y bromista- Parece que Jak está muy enfadado, pero con esta maravilla tendré menos problemas todavía. –Desenvaina con decisión la celeste espada de Hide, mientras que el espadachín y el resto del grupo continuaban inconscientes-
Aquellos encapuchados crearon un pasillo hacia el anciano, iniciado donde creyeron, y con acierto, que llegaría el héroe debido a la nube de polvo que levanta su velocidad.
-Tarda incluso más de lo que pensaba. Tal vez deberíamos empezar con los sacrificios, seguro que así aparece. –Al finalizar esta frase la jaula en que todos están prisioneros se desvanece- Tal como pensaba.
El viento dejó de soplar a lo que las vibrantes pisadas se acercaban a la cima, por la ladera. Aquellos en el pasillo se arrodillaron y cayeron al suelo cuando Jak pasó frente a ellos, su rostro está bajo y su aura infunde respeto al anciano, que no deja de sonreír.
-Hola, “Sonrisa de acero”. –Dice con risa frente a Jak, quien estaba inmóvil frente a él-
-Me quieres a mí… Déjales. –Su mirada, pese a lo que se pudiera haber pensado, fue serena, pero llena de dudas y miedo-
-Es cierto que tú eres el mejor candidato, pero no me voy a conformar solo con el Taok que TÚ nos proporcionarás. Queremos el de todos. Así que… gracias por venir. –Dice el anciano con una cálida sonrisa a la que Jak se ve obligado a doblegarse, poniendo su frente contra el suelo, arrodillado-
-¿Qué está sucediendo, chico? –El poder del anciano era algo a lo que nunca se habían enfrentado, su esencia no se percibía. Ninguno de todos los taoks allí presentes pudo notar la vibración característica de un usuario-
Ryu comenzó a hacer más alboroto con el único objetivo de despertar a los demás, pero lo que consiguió fue molestar a los que estaban despiertos. El aire a su alrededor pareció difuminarse y acto seguido su vientre se hundió, dejándole retorciendo de dolor.
-Ya estabas empezando a molestar… ¿Sabes? Creo que deberíamos empezar con los sacrificios. Tal vez debería empezar contigo, Jak… -La cabeza de aquel humano, que poco a poco se convertía en esa temible bestia debido a la rabia, no podía levantarse del suelo- Pero ya sabes lo que dicen… Lo mejor para el final. –Se mueve para mirar al resto del grupo de Jak, completamente atrapados por las cuerdas- Tampoco empezaré por ti, taok de “luz”. Tal vez deba empezar por alguna chica, ellas suelen tener almas más limpias. Lo primero es comprobar la mercancía. Tendré que hacerlo yo mismo, tu poder noqueó a mis subalternos. –Dice el anciano con rencor y gran molestia mientras murmura para sí-
Ya que estaban dormidas, ninguna de las dos chicas pudo oponerse a cómo este decrépito hombre las tocaba. Les retiraba el pelo del rostro, les acaricia con extraña expresión las mejillas y labios… Ryu no podía soportar la mirada de ese único ojo colorido y, aún sin poder moverse correctamente, logra arrastrarse por el suelo para patearle las piernas.
El anciano levanta con gran enfado la espada de Hide, pues quería castigar a Ryu por este acto. El de cabello rubio sintió el temor de la muerte, ya que aquella espada era del mineral más duro y resistente del mundo, aquello que hace con el papel hace con los huesos, y el filo apuntaba a su cabeza.
Para cuando el anciano sonrió, mirando el miedo de su víctima, los grilletes de Hide se interponían. El mismo material chocó, desconcertando al atacante y dejándole tiempo para desarmarle con un firme apretón del mango del arma y un buen golpe de hombro que hace caer a ambos hombres.
-Maldito muchacho… Te arrepentirás de esto el poco tiempo que dure tu vida. –Sus dolidos huesos crujieron al volver a sostener su peso-
Hide, con su espada de nuevo entre las manos, corta las cuerdas de sus pies, al igual que las de Ryu. El espadachín se pone de pie y listo para atacar. El golpe de su espada podría haber partido el volcán en dos, pero apenas logra crear una brisa cuando el anciano levanta un dedo.
Ryu y Jak quedaron perplejos por ese mínimo poder tras sentir la agitación del aire en la espada, y esta sorpresa condujo a la risa del enemigo.
-Ni Jak podía darme desafío, y creer que tú puedes solo por tener esa espada… Es muy gracioso.
Hide entró en cólera, no solo por esas palabras que le infravaloraban sino también por cómo tocó a Shiro. El chico corrió para cortarle alguna parte del cuerpo, su rival parecía una estatua. Hide cerró sus ojos para sentir mejor como el filo pasaba por carne y huesos, pero lo que siente es cómo algo se parte en pedazos. Abrió los ojos, asustado, para ver lo sucedido y resultó que su arma se había quebrado; pero no su cristalina y afilada espada sino un podrido palo que sostenía entre sus apresadas manos.
El anciano rió frente al confundido rostro de Hide mientras él mismo sostenía la espada. Sopló sobre el rostro incrédulo del espadachín y le golpeó el pecho con la mano abierta, diciendo cierto insulto que hace sacar los colmillos al, a veces, sosegado Hide.
Ryu tuvo la intención de ayudar, y para cuando Hide recibió aquella especie de caricia, él estaba a su espalda. El tiempo pareció detenerse; aunque sus cabezas podían moverse, no así sus cuerpos. Las chicas despertaron en cuanto Yami y Shizen subieron a la cima, jadeando y sofocados.
-Tú serás el primero. –Empuja suavemente el pecho del muchacho y, tal como si no hubiera nada de resistencia, se deslizó por el aire en dirección a la boca del volcán-
Ryu esperó interceptar a Hide con su cuerpo, pero le atravesó como si fuera etéreo. El temor se reflejaba nítidamente en los rostros de todos, incluido el de Yami, la que tampoco logra moverse, aunque su cuerpo fueran tinieblas. El pobre muchacho, todavía portando el palo y los grilletes en sus manos, siguió su camino hasta que el anciano chasqueó los dedos, dejándole caer una vez estuvo sin tierra bajo los pies.
Hide empezó a caer y todos pudieron moverse. Ryu corrió al borde, acompañado de Yami quien intentó atraparlo con una gigantesca mano de oscuridad, pero llegó tarde; sus sombras se desvanecían ante la fuerte luz que emitía la lava, la misma lava que devoró el cuerpo del chico junto a sus lágrimas, cuyo leve vapor fue visto por Jak.
El volcán tembló nada más Hide desapareció bajo el cálido manto rojizo, tal vez fuera el poder del Taok que guardaba el chico en su cuerpo o tal vez la ira de Jak. El anciano pareció muy feliz con este temblor, pues sabía que no era causa del mago de tierra.
-Impresionante… -Dice emocionado, casi excitado- ¿Cuánto poder obtendré de ese muchacho? La verdad… con estas vibraciones… Tal vez nazca un nuevo fénix… Y su poder será mío… -El anciano se movía sin temor entre todos; Yami, Ryu, Jak, Shizen… todos ellos estaban inmóviles mientras su enemigo rebuscaba entre los cuerpos sin conocimiento de sus inferiores-
-Hide… -Susurran todos, pues todos por lo menos conocían su nombre, aunque no todos compartían sentimientos por él- Él es un buen tipo… él… -Dice Jak mientras su ira aumentaba-
Su voz comenzó a temblar, su cuello a tensarse, y su mirada a nublarse… El suelo se hundió y partió, cayendo la roca a la lava, cuando el arranque de Jak le llevó hacia el anciano. Su puño derecho estaba hambriento de sangre.
-Yo creo que no. –Dice observando el puño de Jak, ya casi sobre él, y tal como lo dice, su cuerpo, se cambió por el Kai-
El puño de Jak no podía detenerse, ni rompiéndose los huesos podía frenar tanta potencia, así que pulverizó su brazo conforme se acercaba a ese precioso y atemorizado rostro. El muñón de Jak quedó al descubierto, a mitad del brazo, dejando su cuerpo mirando a su enemigo al terminar de girar con el golpe fallido.
-Hide me enseñó… -Su agitación le impide pensar, le impide bajar la voz, le impide contener sus emociones- Me enseñó que no todos los hombres son unos cabrones. Me enseñó lo que es la amistad, me enseñó cómo debe ser un humano. Él… ERA MI AMIGO. –Su ojo por supuesto estaba rojo, y el izquierdo parecía estar a punto de llorar-
-Chico… Debes calmarte un poco. Tu bestia ganará si sigues así. Te ayudaré con drogas si es necesario.
-Shizen… -Habla al espíritu, pero el pequeño cree que es a él- ¿Alguna vez…? –Logra calmar su respiración con facilidad, cierra los ojos, y habla con tranquilidad; una inquietante tranquilidad- ¿… Has visto las lágrimas de una bestia? –Su voz vuelve a temblar, más quejicosa y angustiada, tal como un llanto de tristeza-
-No… ¿Por? –Pregunta el pequeño ante tan extraña cuestión, lleno de pena ante la muerte de aquel que salvó a todos una vez-
-Porque si las ves… Corre. –Abrió sus ojos, perdidos en la tristeza y en la rabia, llenos de arrepentimiento, rebosantes de lágrimas que cayeron con el primer parpadeo-
El viento no tenía ninguna presencia, aun con la altura, pues toda la atención reposó sobre Jak, cuyo brazo derecho creció de la tierra moldeado como una brutal zarpa. Con aquella dolida mirada bajó la cabeza y de su garganta salieron palabras manchas de sangre.
“Te destruiré”, costó entender entre aquel agónico bramido y el gorgoteo de la sangre en su cuello.
La tierra se hundía cuando posaba sus pies o mano, pero despegaba cuando se impulsaba más y más. No tuvo opción de acelerar tanto como quería para golpearle tal como hubiera gustado, con la piedra de su mano al rojo vivo por la fricción del aire.
Sus gritos cesaron, al igual que su imponente presencia, con un roce de la mano del anciano. El viento se puso en el lugar de Jak, ocupándolo por completo, sin rastro de su amigo ni de la bestia. Las miradas de todos quedaron en blanco, sin saber dónde mirar, sin saber que pensar, sin tener nada que decir.
La nada ocupó sus corazones, fáciles de llenar con lágrimas o rabia; u oscuridad.
Yami sorprendió con aquella flamígera silueta negra, rodeada de estas tinieblas solo se ven dos brillantes ojos amarillos; ojos que, rodeados de esas ardientes sombras, se lanzaron contra el viejo, pero quedaron prisioneras en lo que pareciera una esfera invisible. Sus gritos y chillidos exigiendo sangre y justicia podían moverse por el aire, no como ella.
Shiro estaba inmóvil, no podía siquiera mirar al frente, y Kai, mediante torpes movimientos, fue a consolarla todo lo que pudiera.
Shizen había quedado solo, sin nadie a su lado, y sin fuerzas para sacar siquiera su arma de debajo de su abrigo.
Ryu, por otro lado, miraba la lava, pensativo, deseoso, rezando a los dioses de que las leyendas fueran verdad.
Todos estaban muertos o incapacitados para pelear mientras el anciano sostenía su cetro, arrebatado a uno de los cuerpos de sus pupilos, en cuya cima ostentaba un gran cristal de cuarzitium de un color casi transparente, riendo con gran fuerza; intensidad que se ve reforzada por los siguientes temblores del volcán.
-Mi juventud… mi poder… Ya llegan, al fin… -Grita con pasión al cielo, llorando de alegría-
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