La Sombra de Las Diez Luces: El camino de la Bestia_Capítulo 11 – El desafío de los dioses -Editado
Capítulo 11: El desafío de los dioses.
Tras haber escapado del bosque, que estaba siendo asaltado por grandes máquinas, y haber dejado a Jak para que se hiciera cargo, el resto del grupo estaba cerca de la zona donde se asienta el herrero; allí Yami se marchó nada más aparecieron sobre la arena del desierto.
No tardó mucho en regresar, y ya entonces pusieron rumbo para entre los edificios. Con la ayuda de Kai, la que había acompañado más atentamente a Jak, llegaron a la herrería.
-Hola. –Dice Kai, alegrando a la pequeña Naomi que estaba sentada en el mostrador hablando con su padre- Hemos vuelto.
La pequeña fue directa a saludar a Shizen y, pidiendo permiso a su padre, se marcharon al cuarto de atrás para jugar. Así quedaron hablando los mayores.
-Personas nuevas. ¿La familia va creciendo? –Dice con tono guasón el señor- ¿Dónde está Jak?
-Verás… -Se adelanta Ryu a los demás- Han atacado el bosque. Nos enfrentamos a un anciano que parecía estar con los SIZAN, y ahora Jak está luchando contra ellos. Supongo que después de esto no podremos volver a casa por un tiempo.
-Seguro que Jak los ha eliminado sin esfuerzo, no sé por qué dices eso de que no volveremos. –Dice Yami, casi como si él hubiera insultado a Jak-
-Creo que tu compañero se refiere a que, ahora que ya saben dónde estáis, es inseguro quedarse allí. –Ryu asiente, aplacando los aires de Yami- ¿Así que Jak vendrá pronto?
Todos decidieron esperar a Jak en el piso de arriba, sentados y hablando. Kai agradeció por las dagas que obtuvo, pues dijo que eran muy cómodas y fuertes; el hombre tan solo pudo dirigir esos halagos a su hija, quien las hizo. También hablaron un poco de la pelea del volcán, situación que incomodó y dolió a Shiro, a la que el fénix intentaba confortar con leves roces de cabeza.
Los martillos se escuchaban chocar contra el metal, pero al hombre no pareció importarle ahora tanto como antes. Las dudas asaltaron a todos, y él dijo tratarse de su hija. Ante la sorpresa de sus invitados fue a hablar, pero el sonido de la puerta le detuvo. Todos bajaron pues sabían que lo más seguro es que fuera Jak, y resultó ser así.
Jak entró al lugar con una mirada perdida y decaída que asustó a todos.
-¿Te encuentras bien? ¿Qué ha sucedido? –Salta Ryu en un intento de ayudarle, que Jak ignora-
-Sí… estoy bien, pero… el bosque… muchos animales han muerto, pero ellos lo han lamentado. Sus tanques no les sirvieron de mucho… JI JI JI…
La mirada de Jak parecía ir de a poco volviéndose más macabra y aterradora, desquiciada, hasta que Kai se adelantó a todos y abrazó el cuello de su héroe con sus manos.
-Tú estás bien, todos estamos bien. Eso es lo que importa. ¿Sí? –Su delicada sonrisa es lo primero que ve Jak al elevar la vista, fijándose después en cada uno del grupo que estaban frente a él-
Todos le sonrieron y mostraron su buen estado. Jak preguntó por el pequeño Shizen, y sabiendo que estaba con Naomi su tranquilidad se hizo plena.
-Perdonad por esto, es que… Ese bosque es muy importante para mí, es muy especial. Que esos idiotas lo destrozasen solo para intentar un ataque tan estúpido… me enfada. Pero tenéis razón, que vosotros estéis bien es lo más importante ahora.
-Pero… -Dice Ryu, pensativo- ¿Ahora dónde viviremos o entrenaremos? ¿Crees que podemos ser algo así como… “Héroes errantes”?
-Eres más infantil de lo que pensé. –Dice Yami burlándose de él-
-Bueno… -Vuelve Jak- Creo que es una buena idea. Seguro que así logramos más repercusión. Bien pensado Ryu. –Y seguido de este alago, el mago de luz se rió de la de oscuridad-
Consiguieron algo de información sobre lo pasado en el bosque, aunque Jak recondujo el tema rápidamente a la comida que todavía no han ingerido. Una vez dicho esto, la mayoría, marcharon fuera en busca de algún sitio para comer siendo Jak y Kai, junto con Shizen en la parte de atrás, los que quedan dentro todavía.
-Por el pequeño no os preocupéis, puede comer con nosotros sin problemas. –Les dice el herrero-
-Eso está bien. Seguro que se divierte con… -Jak iba a decir el mote con el que su padre la llama, pero sabe que eso le molestaría- Naomi. Son muy buenos amigos.
-Por cierto… -Interviene Kai- ¿Qué era eso que ibas a decir antes de que viniera Jak?
-Oh, sí. Es sobre Naomi, es un tema algo difícil de decir. A decir verdad…
-Ella es una mestiza, ¿verdad? –La sorpresa del herrero indica que es verdad- Es una niña de seis años, pero puede hacer dagas de esta calidad. –Señala a las situadas en la parte posterior de la cadera de Kai- Un humano no podría hacerlo, ni podría con un martillo. Ella es medio ogra, ¿no?
-¿Cómo…? ¿Cómo puedes saberlo? Ella no tiene nada más que la fuerza de su madre. –Su asombro no se detiene-
-También tiene sus ojos. –La impresión azota a los dos que están con él- Los ojos verdes son algo raro por estos países del sur para los humanos, mientras que en los ogros el color verde, rojo y violeta es algo más habitual. Aunque lo más revelador es la fuerza que tiene, sin duda. –Dice con risas; no quiere quedar demasiado serio tras soltar toda esta información-
-Tú… -Empieza a preguntar Kai- ¿Cómo son las ogras?
La pequeña tiene curiosidad, pues solo ha visto a aquellos dos ogros machos, y solo conoce a esta raza por las historias.
-Es cierto que tienen un gran tamaño, su madre me sacaba más de una cabeza. –Ríe con alegría pese que el sentimiento es triste- Tienen un cuerpo musculoso, pero no tan absurdo como los hombres, ellas conservan la figura femenina; o por lo menos mi mujer era así. –Ahora sí, su expresión es acorde al corazón- También es cierto que tienen cuernos. Ella me explicó lo distintos que pueden ser los cuernos de los ogros, y los suyos eran algo pequeños, lo que parece ser un poco vergonzoso para la raza. También recibía burlas, pero a mí me encantaban.
-Sé a lo que te refieres… -Dice Jak, pero a la negación del hombre se sorprende-
-Creo que no piensas en lo que yo. No es nada de la cama, chico. No todo se reduce a la alcoba. Ella adoraba que los rascase con un cepillo, le hacía cosquillas, aunque eso no quita que lo aprovechase.
Kai tenía intención de marcharse ya, la conversación la estaba poniendo muy incómoda sobre todo después de esta pasada noche.
-Perdón, perdón. –Dice Jak evitando la huida de Kai-
-Eso es lo que iba a deciros de Naomi. Su madre murió en el parto, y antes de morir dijo: “Mis cuernos tienen la culpa de que no pueda ver a mi hija”. Eso me hizo llorar más que mi hija durante toda la noche. Pero ahora todo está bien. Es duro criar a una hija, pero ahora que puede relacionarse con un buen amigo como ese pequeñajo… no me cabe duda de que será tal como Hina quería. En fin, chicos. Marchaos ya u os dejarán atrás.
Tras agradecer su hospitalidad, se despidieron de Shizen, a quien le encanta la idea de quedarse a comer, y se marchan a buscar al resto de grupo. Esa tarea no resultó difícil, pues el ajetreo de la taberna más cercana es revelador.
Al entrar fue claro quiénes eran los responsables, Ryu y Yami. Estaban discutiendo, o más bien Yami le reprochaba por la bebida que había tomado; eso fue lo único que quedó claro.
Jak sacó a los dos con solo dar la orden, dejando al resto que disfrutasen de una merecida comida.
-¿Se puede saber qué pasa? ¿Por qué no podéis tener una comida en paz? –Su mirada parece querer empalarles-
-Es que… -Dice Ryu- No puedo dar una razón tan tonta como que Yami se metió conmigo por pedir un licor suave… En parte la entiendo. Es solo que los dos estábamos muy nerviosos por no haber peleado, y saltamos a la mínima. Lo sentimos.
Los ojos de Jak se calmaron, aunque sabe que eso no es toda la verdad. Él tan solo dijo de volver a comer con todos, y eso hicieron.
Para la sorpresa de todos, la comida salió extremadamente barata, tanto como aquella noche en la posada. La razón dicha por el regente fue de agradecimiento por salvar el lugar. A ninguno le disgustó el gesto, y se marcharon con el estómago lleno y fuerzas renovadas.
-Y, ¿ahora qué hacemos? –Pregunta Ryu. Él parece el más entusiasmado con esto-
-¿Podéis esperarme un poco aquí? Tengo que hablar con alguien. –Todos asintieron y se adelantó, entrando en una calle estrecha y oscura- Dax, ¿has conseguido algo? Parece que la gente tiene bastantes ganas de dar leña.
//Pues… Sobre los SIZAN o Las Luces no, pero parece que sucede algo muy extraño con un pueblo cerca de la capital de este país, al noreste. Parece que un extraño culto está sacrificando gente. Supongo que eso pondrá a prueba la convicción del grupo en ti, ¿no? //
-No sé a qué te refieres, pero gracias. Y muchas más gracias por repararme.
Con una risa de Dax la conversación se termina y Jak regresa con el resto. Las miradas de todos se fijan en él, y su sonrisa es el carburante para la emoción, y por poco se olvidan de Shizen si Jak y Sona no hubieran cambiado su dirección frente al grupo.
Con toda la familia reunida pusieron pies en el camino cuyo final es ese siniestro lugar, y cuando ya salieron de entre los edificios comenzaron a hablar Jak y Ryu.
-¿Llegasteis bien al pueblo? –El muchacho no pierde la sonrisa y asiente- Me sorprende que Yami pudiera seguirte. –Su compañero se intriga- Las sombras no pueden moverse de día, o al menos no todas. Que pudiera hacerlo… me da algo de miedo.
Todos los demás no sabían de qué charlaban esos dos adelantados, pero a la que más le costaba no unirse era a Yami, por supuesto.
-En verdad… Justo después de movernos ella desapareció, se veía muy tocada. –Una sonrisa se apodera del lado del rostro de Jak que él no podía ver- Y tampoco se sintió frío cuando nos movíamos. Ella no es mala, pero cree que sí. Espero lograr ser de ayuda.
-Lo serás, pero tienes que hacerme caso; y tener mucha paciencia. Vamos, chico. Sonríe. Con esa cara nunca podrás dar una buena impresión. –Su brazo apresa el cuello del muchacho en un fuerte abrazo que le obliga a agacharse-
-Ahora que pienso… ¿Cuántos tienes? Yo tengo poco más de veinte.
-Yo… ¿Soy más pequeño que tú? –Sus pasos se detienen y se separan para mirarse a los ojos, una expresión que nubla cualquier pensamiento-
Los dos comenzaron a reír de manera exagerada. Ryu comenzó a decirle mentiroso y demás palabras, pero las risas no paraban por ninguna de las partes; al menos no hasta que llegó Yami para aplastar al pobre chico bajo una enorme zarpa de oscuridad.
-No llames eso a Jak. Él no es ningún mentiroso. –Dice ella mientras se acerca a su presa-
-Así nunca tendrás verdaderos amigos. –Le dice Jak, frío y apartando la mirada mientras retoma el camino; pero algo le llama la atención, y es Ryu saliendo de debajo de esa montaña de oscuridad con una deslumbrante sonrisa y una luz en los ojos- ¿?
En verdad no hablaron mucho más, pues al poco tiempo Jak rodeó a todos con la arena y aparecieron frente a los edificios de su destino. Entraron sin mucha preocupación. El que más miedo tenía era Shizen, pero estando al lado de Jak y Sona nada podría quitarle la sonrisa con facilidad.
***
No había nadie por las calles, absolutamente nadie. El lugar era espeluznante, el viento silbaba por las callejuelas y unos extraños cánticos resonaban por todo el lugar; el eco no dejaba adivinar su posición.
-Allí ‘riba. En ese edificio grande con el círculo en lo alto. –Señala Shiro-
Esa edificación parecía tratarse de una iglesia. Estaba apartada del pueblo, pero era completamente visible desde casi cualquier lugar, y su impresión es de un lugar importante.
Yendo allí tardaron más de lo esperado. Conforme se acercaban, los cantos se hacían más fuertes y más claros; era una sola persona. Cuando estaban frente al comienzo de aquella colina de roca posaron su mirada sobre el final del camino, pero allí algo ocultaba las puertas.
Jak fue el primero en emprender la recta hacia las puertas, pero ninguno le acompañó en los primeros segundos.
Todos se miraban entre sí, compartiendo esos sentimientos de miedo y temor que este ambiente silencioso y expectante les transmite, pero Ryu y Yami, una vez se cruzaron sus ojos, siguieron a su líder sin vaciamientos.
–Si él es mi dios… no puedo quedarme atrás si necesita mi apoyo. –Piensa Ryu-
–No importa si tiene el poder de un dios, todos necesitamos ayuda en alguna ocasión; y no pienso quedarme fuera cuando eso suceda. –Dice Yami en su cabeza-
El resto tardó algún tiempo en convencer a Shizen de que no había nada de qué preocuparse, que para cuando dieron el primer paso el resto ya estaba casi frente las puertas.
-¿Por qué alguien…? ¿Quién podría haber hecho algo así? –Dice Ryu con la garganta cerrada para evitar vomitar-
Aquel obstáculo que evitaba ver los portones de la entrada era un gran campo de cuerpos, cadáveres ensartados en grandes estacas de madera que perforaban sus costados y pechos. Había tanto hombres como mujeres y, lo que más caldea la sangre de los presentes, niños.
-Por esto es que odio las religiones… -Murmura Yami, contemplando el temor en todos esos rostros fríos-
-Yami. Oculta a todos… -Le custra pronunciar, su cuello está muy tenso- Oculta todo esto de los demás. Tenemos que detener al que sea que haya hecho esta barbarie. AHORA.
Con una mirada desquiciada y enloquecida revienta las puertas con solo acercarse a ellas mientras Yami recubría todo el lugar con sus sombras, supuestamente habiendo cumplido su deber.
El estruendo acelera los pasos de los rezagados, los que en efecto no ven nada más que las puertas destrozadas. Todos quedaban a las puertas siguiendo con cautela a Jak con la mirada.
El aura que desprendía su compañero era la de una bestia, caminando entre aquellos alargados bancos que dejaban el pasillo hasta lo que sería un altar; donde algún encapuchado realizaba esos lúgubres cánticos, arrodillado frente a él.
-¿Has sido tú? –Esta figura se levanta y asiente- Tú… -La ira de la bestia crece hasta hacer romper el suelo con la presión de sus dedos- PAGARÁS. La muerte infundada, sin juicio, sin sentido… No puedo tolerarla. MUERE.
Se lanza con toda su fuerza preparado para acabar con un puñetazo, pero la mano de este adversario le detiene sin resentirse.
-Serás tú el que muera por interponerse en el camino de mi dios. –Dice una voz joven bajo esa capucha- Un hereje como tú nunca podrá vencer a alguien bendecido por Él, el dios que quedará sobre cualquier otro.
Un fuerte viento les separa, pero no fue Shiro quien lo hizo.
La espalda de Jak se estaba volviendo más ancha y amenazante que antes, sus músculos se hinchaban y su mirada ardía en ira.
-¿Por qué? –La rabia hace que parezcan meros gruñidos, pero él está llorando-
-Son sacrificios necesarios para salvar la ciudad. Mi dios nos salvará a todos de esos fantasmas, los destruirá a todos con su incomparable poder. -Algo como la pena hace temblar su voz- Y tú… sucio Taok de tierra… No podrás hacer nada por impedirlo. Inténtalo. –Retira su capucha y el pelo negro casi cubría sus ojos, pero esa sonrisa, esa que no mostraba siquiera lástima por esas muertes, es lo que despierta por completo la bestia dentro de Jak-
Sin un ápice de control se lanza a batallar y todos sus golpes impactan de lleno, aunque estos pareciesen soplidos para el enemigo. A la bestia le daba igual, él solo seguía golpeando más y más fuerte.
-¿Aún no tienes suficiente demostración? Bien. –Los impactos no repercuten ni en su respiración, y el terror más absoluto se apodera de los que ven impotentes la escena-
Extiende su brazo derecho, ignorando por completo los desgarros de su tela y las patadas que hacen temblar el suelo, y esta parte se recubre de músculos hasta que pareciera más bien una columna roja. El enemigo, con esta enorme extremidad, de un golpe lanza a Jak contra la pared.
Todos sus compañeros corren para intentar hacer algo, pero la mirada de su enemigo los inmoviliza, incluso a Ryu y Yami; los que se decían a sí mismos protectores de Jak.
-Si a eso le llamas poder… te quedarás muy deprimido. –Dice el dolorido Jak, cubierto de polvo y grava todavía incrustado en el muro. Saliendo de allí con lentitud, su enemigo no piensa en él como una amenaza, y esa mirada era tan clara como humillante- Te demostraré el verdadero poder de un dios.
La tierra crujía bajo el adoquinado suelo de la iglesia, y esos mismos adoquines se lanzaban como balas contra este enemigo, pero, de nuevo, recibió todo el ataque sin inmutarse.
-¿Osas blasfemar despreciando el poder de un dios? Oh, gran dios… préstame a mí, tu gran siervo, un ápice de tu poder para que esta alimaña comprenda tu supremacía… -Ora al cielo, ignorando de nuevo a su rival, con los brazos extendidos- ¿Lo notas? ¿Lo hueles? Eso, muchacho…
-Es tu miedo. –Se adelanta Jak, propinando el primer puñetazo directo al rostro; por fin un golpe con repercusión-
La cabeza de este sujeto quedó del revés, su cuello se habría partido hasta llegar donde debería estar su frente, pero de igual forma este tipo se levanta y recoloca su deformado cuerpo.
-Impresionante, sí. Pero nada comparado a un dios. Tal vez… ni siquiera al nivel de un héroe de cuentos. –Un instantáneo golpe al pecho de Jak le vuelve a lanzar contra la pared, terminando tirado en el suelo-
De nuevo esa sonrisa de superioridad que da en sus compañeros el escalofrío del miedo, y en los corazones de Ryu y Kai surgió la ofensa contra sus esperanzas.
-¡TÚ! –Salta Ryu con la más fulgurante luz en su mirada entre el grupo, pero queda opacado por el brutal bramido de Jak, tirado en el suelo y luchando por levantarse-
-Nadie… Me insulta… con esa… palabra. –La mirada en su rostro, pese al rojo e intimidante ojo de su derecha, queda oscurecido por las sombras y su izquierdo, más negro que la noche- Yo… Seré un héroe de leyenda.
Y con un nuevo grito el suelo intenta apuñalar a su enemigo, las estalagmitas nacen y crecen por toda la zona del altar para golpearle de seguro, pero de nuevo se ríe sin preocupación.
-Iluso. –Dice mirando como la tierra se lanza contra él, sin quitar su sonrisa, y es que el miedo siquiera roza sus venas-
Su túnica se alzó dejando extender dos grandiosas alas blancas que, con un solo batir, le dejó sobre todas esas lanzas de piedra; y en ese momento el terror sobrecogió a la bestia dentro de Jak.
-¿Cómo? ¿Por qué no puedo golpearlo?
–Tu poder… No se compara a un dios. –Preparando su descomunal brazo derecho se precipita en picado con un nuevo golpe de sus alas. Con aquella mole de músculos pulveriza la dura roca y sacude el suelo con tanto poder que se ondula como si fuera líquido, quebrando las piedras que recubren la tierra-
-Si esto llega hasta el grupo… el propio peso de sus cuerpos les partirá las piernas. ¡JAMÁS!
Jak, con tanta ira como voluntad, se levanta con golpe de sus manos en el suelo a la vez que se levanta una pantalla de un grueso cristal, bloqueando ese rastrero golpe.
-Vaya… Parece que te das cuenta rápido de este tipo de cosas. Supongo que tendré que acabar contigo antes que con el resto de esos herejes. Espero que ya te hayas dado cuanta que no tienes nada que hacer contra el elegido del dios de la naturaleza. -Su voz vuelve a titubear-
–Yo no he elegido a nadie, y menos a un idiota como tú. Jak, dale una lección. –Shizen, con este enfado casi infantil, alienta a su compañero para que libere su rabia-
-Yo… seré un dios mejor que la escoria a la que adoras. Te lo aseguro. –Dice Jak con una graciosa y dolorida sonrisa, con unos ojos relajados y entreabiertos, haciendo chirriar los dientes de su enemigo-
-Te iba a dar una muerte más o menos digna, pero ahora pienso hacer que te arrepientas de esas blasfemas palabras. –Sus alas se ocultaron bajo las telas, pero dejó expuesto su brazo izquierdo. Su antebrazo se fue estrechando y alargando, la piel se iba cayendo mientras el hueso hacía presencia hasta tocar el suelo- Te torturaré igual que al resto de escoria.
–¿Escoria? ¿“Al resto”? –Sus ojos se abrieron hasta el extremo mientras procesaba la información, y su reacción asustó incluso a Yami, más que cuando casi la asfixia– Tú… JÍ JÍ JÍ… -Esa estridente risa hiela la sangre a Kai por completo, incluso sus ojos perdieron el brillo-
Todos en el grupo sintieron el temor al ver el rostro de Jak, ahora sin cubrir por la madera. Su sonrisa deformaba su expresión, casi rasgaba sus labios; sus ojos estaban brillantes de rabia, pero negros en el fondo, e incluso perdían el enfoque; miraban para todas direcciones sin coordinación. Esos afilados dientes, esos agresivos colmillos, mordían esa alargada y revoltosa lengua que sobresalía hasta casi su garganta; la sangre goteaba por ella y, por si el temor no podía ser más, esa siniestra risa se mezclaba perfectamente con sus propios llantos.
La voz de Jak, si “eso” seguía siendo Jak, sonaba rasgada y alocada.
-Tú… Ji ji ji… Eres mi juguete favorito… Ji ji jí…
–No… -Shizen, dentro de esa fuerte madera, y siendo inmortal, tiene un temor tal que no le deja ni pensar-
Su enemigo no pudo ver nada más que el suelo romperse antes de que esta bestia quedase sobre él, preparado para golpearle con su pierna izquierda.
–Imposible. –Bloquea con su mole de músculos de su brazo derecho, pero ese ataque se hunde en sus duras y firmes fibras- ¿No es suficiente poder? –Empujó al exterior a su adversario, pero este animal giró de nuevo para golpear con la derecha- Oh, mi benevolente dios, dame más fuerza para lidiar con esta adversidad.
La patada impactó limpiamente, de manera que todo el lugar se sacudió, pero no tanto como con el golpe enemigo, con su brazo derecho, contra Jak, directo al cráneo y contra el suelo; aunque, para la sorpresa de este siervo, Jak estaba a cuatro patas sobre esa columna que tenía por brazo, mirándole con esa indefinida mirada.
-¿Es divertido… jugar con esta “escoria”? –Se relame por la diversión que siente, si es que se le puede llamar así-
La lanza de hueso de la mano izquierda se arroja contra él, pero los dientes de Jak la detienen con un firme mordisco.
–Bestia idiota. –Fue a alargar su arma, pero solo logró clavarla en su propio brazo, partiéndose al intentar sacarla; su enemigo estaba ya contra la pared de enfrente- ¿Cómo…? ¿Así que este es el poder de un “Taok”? Entonces le mostraré el poder que mi dios me ha otorgado.
-Este… -Su aguda voz duele de escuchar- ¿Este es el poder de un dios? Jí, jí, jí… -Sus piernas saltan tal como tocan el suelo alternativamente,como si fuera un baile, como si fuese una burla-
Ambos se lanzaron en un ataque de frente, pero fue ahora el enemigo quien desapareció de la vista.
–¿Por detrás? –Piensa el espíritu de la máscara- Demasiado rápido, la espalda de Jak no soportaría un giro tan brusco.
-Muere, hereje. –Su izquierda, esa de nuevo punzante lanza de hueso, se precipita contra el corazón de su contrincante, pero algo demasiado sólido como para perforarlo se interpone- ¿? ¡Qué! Su… Su…
La sangre brotaba del costado de Jak, sí, pero por su propia voluntad. Era una de sus costillas intermedias la que perfora su piel para cubrirle el corazón del arma ajena, convirtiéndose esta en otra arma que parte la regenerada punta.
De nuevo esa risa hiela a todos, pero no todos se paralizan. Ryu corre a aquella pared de cristal, golpeándola con sus puños cargados de poder, pero no puede ni atravesarlo la luz.
-Jak… ¡Jak! ¡No caigas en esa oscuridad! ¡No te pierdas!
El contrincante retrocedía por el miedo a lo que Jak se volteaba para mirar con esos oscuros ojos a su compañero y, sin emoción alguna en su mirada, asiente.
No solo una, sino cuatro costillas perforaban su piel, sujetas aún a su columna; dos a cada lado. Su grito de batalla fue un extraño y doloroso chirrido convirtiendo su derecha en una pinza, tal como la de un escorpión.
-Te clavaré… Igual que a la “escoria”.
Aquella amenaza pone en alerta al adversario, quien se envuelve con su tela sin importarle el amenazante avance de Jak ni el tétrico sonido que hacen sus costillas al chocar las puntas entre sí; como probando su fuerza.
Con el cristal a su espalda, la bestia camina hacia ese montículo de ropa mientras sus compañeros se acercan para apoyarle con gritos y ruegos precaución.
-Reconozco tu fuerza, “Jak”. –La pinza de la fiera se clavó sin miramientos en el suelo, atravesando las telas como si fuera nada-
-¡ARRIBA! –Grita Ryu tras el cristal, pero el aviso llegó tarde para Jak- ¿Cuándo es que se movió? No lo vi.
Aferrado al alto techo de la iglesia con sus pies, usa su, aún más grande, brazo derecho como un péndulo que impacta sobre el pecho del compañero.
Los ojos de Jak regresaron a la normalidad, al igual que sus huesos, para percatarse del ataque e intentar bloquearlo con toda su fuerza y huesos; pero de igual forma es lanzado como un muñeco contra el muro que él mismo había levantado.
El propio impacto de su cuerpo movió a Ryu, tirándole al suelo con la mirada llena de miedo y desesperación.
-Reconozco tu fuerza, pero no eres más que una bestia. –Con un profundo y asqueroso gorgoteo de su garganta, escupe una espesa sustancia que adhiere a Jak contra el cristal, incapaz de liberarse por mucha fuerza que hiciera- Y, tal como los dragones, debes ser eliminado.
Los brazos de Jak estaban hinchados de sangre, pero ni con sus músculos estirando su piel podía moverse; era presa demasiado fácil. Su enemigo caminaba hacia él con lentitud, ahora en el suelo, arrastrando su descomunal brazo y colgando su brazo izquierdo.
-Jak… ¿ha perdido? –Incrédula, Yami cae de rodillas mirando al suelo, a sus débiles y temblorosas manos-
–Hermanito… Tú puedes ganar. Eres más fuerte que los malos… lo sé. –Mira a través de la pantalla sin poder hacer nada, tan solo contemplar como el enemigo regenera lentamente su arma y refuerza con una dura coraza su derecha-
–Si tan solo pudiera… ser más útil… -Piensa Kai, dolida en lo más hondo de su corazón viendo como su héroe, su salvador, recibe golpe tras golpe sin que ella pueda evitarlo-
-No eres… más que un hereje. –Su columna de músculos golpea directa contra él, sacudiendo el cristal y arrebatando las esperanzas a sus compañeros-
Sentir la derrota antes de que termine la pelea, eso era lo que todos sentían pues están viendo cómo, el que consideran el más poderoso, recibe impacto tras impacto sin poder hacer nada, sin que ninguno pueda hacer nada. Todos cayeron de rodillas, todos contemplaban como esa bárbara extremidad golpeaba todo el cuerpo de Jak sin parar, sacudiendo tanto a la pared como al aire, como a sus corazones.
-Alguien que se interpone en el camino de un dios… merece morir. –Y otro golpe sacude el ambiente, aunque algo más que antes se mueve- Solo eres escoria, basura, ante el poder de un verdadero dios. –Otro golpe que aplasta su cabeza contra el cristal, la sangre que manchaba ese pilar de carne mancha también el cristal- Eres una vergüenza… no podría llamarte ni aventurero. –Un nuevo golpe que retumba por el lugar, y no es el eco lo que le sigue- Tú… No eres más que un mentiroso inútil. -La carrerilla que dieron sus piernas, arrasando las piedras a su paso, agrietó por mil fisuras la pared, rompiendo la imagen tras la pantalla- Un dios… un dios es el que tiene el poder de hacer “esto”. Acabar con quien se le interponga. YO soy un DIOS.
No fue ese grito lo que resonó por todo el templo, no era él quien resonaba con cada golpe, eran los corazones de Ryu y Yami latiendo con cada palabra, con cada agravio; y el golpe de gracia se vio frenado por su potente grito que llama a su líder.
Estos dos compañeros, estos dos poderosos rivales, se levantaron con su poder desmedido brotando de sus cuerpos; con sus miradas nubladas por la bruma de su elemento y, sin poder ser advertidos por ninguno ser vivo de aquella escena, atravesaron las infinitas grietas del muro, dándole un instante de luces y sombras, y perforando de forma etérea el cuerpo del barbárico adversario.
-Jak… ¡Es nuestro dios! –Dicen al unísono dando la espalda a su enemigo, quien da un mudo grito de agonía retorciéndose de dolor cuando sus ojos y boca brillaron con un brillo incompleto-
Sus auras, intimidantes y opresivas, se mantuvieron hasta que Jak quedó libre tras, ambos, usar su gran poder con delicadeza para despedazar aquel adhesivo que le apresaba.
-Gracias… Chicos. –Cae de rodillas. Su rostro era recorrido por la sangre que brotaba de cortes y de su destrozada nariz-
-No es nada, Jak. No podía dejar que ese idiota dijera todo eso, porque tú eres un verdadero dios.
-Es cierto, Ryu tiene razón. Eres el mejor dios que podría imaginar y, por eso… Tenemos que acabar con este tipo. –Su oscuridad toma el control, esparciéndose a su alrededor de manera aterradora; y es una tenue luz la que se interpone en su camino- Ryu, idiota. Él intentaba matar a Jak. ¿Cómo puedes cubrirle en esta situación?
Entre sus sombras, una mano se posa sobre su hombro, y la voz que escucha la hace estremecer.
-Es verdad. ¿Por qué lo haces, Jak? ¿Por qué proteges al que casi te mata? –Su tranquilidad resulta escalofriante-
La luz que Yami vio frente a ella no era otra cosa que la fiera mirada de su líder, desafiando a este pavoroso poder sin siquiera poder pararse derecho.
-¡Ryu! –Arrodillado frente a su caído enemigo, extiende sus brazos en gesto de protegerle, y su fiera expresión hace imposible pensar que fuera a moverse- Tú tenías confianza en tu poder, tenías la confianza para enfrentarte a mí y conseguir información como recompensa, pero perdiste y entendiste que debías cambiar. ¡Yami!… –El dolor de sus heridas le hacía imposible no apoyar sus manos en algún momento- Tú… Te ayudé porque te sentía perdida, confundida. Solo quiero ayudar a las personas, tal como nunca hice antes. Soy yo el que quiere cambiar… ¡Y! No pienso dejar de ayudar a la gente solo porque me quieran matar. ¡¿ENTENDIDO?!
El muro de cristal, agrietado hasta que apenas podía verse a través, se despedaza en nada más que polvo cuando Jak cae de bruces contra la dura piedra del suelo. Ryu y Yami, pese al criterio que ambos comparten, desechan sus ideas y se acercan para levantar a Jak.
Las heridas de su cuerpo sanaban con lentitud, pero se apreciaba a simple vista. La sangre sobre su piel permanecía ahí, aunque las heridas se cerraban sin dejar marcas. Con la ayuda de Ryu, por la derecha, y Yami, por la izquierda, sosteniéndole por los hombros y cadera, Jak logra ponerse de pie y caminar de forma torpe.
–¿Por qué? No tiene sentido que ayude a alguien así. ¿Ayudar a quien te intenta matar? No me imagino en qué puede estar pensando Jak, pero no puedo dejarle solo. Debo conseguir la fuerza para mi objetivo.
-¿Pero qué demonios? Debería matarle ahora y olvidarnos de que intente matarnos en un futuro cuando se haga más fuerte. Los locos como ellos, esos asquerosos religiosos… Deberían morir todos… todos…
-Chicos, esperad. Quisiera hablar un poco con él, ¿podéis llevarme con él?
El rostro de sus compañeros demostraba sus pensamientos, pero no podían negarse.
Su abatido adversario estaba en llanto, uno tan débil que no podía escucharse, pero sí se veían sus lágrimas.
-¿Qué quieres? ¿Matarme? Hazlo ahora… no quiero vivir más en esta mentira. Esta asquerosa mentira…
-¿Para ti un dios es solo alguien con mucho poder? –La mirada que recibe de su contrincante es agresiva, se intuía sus ganas de silencio, de uno eterno, pero solo con unos segundos de la mirada de Jak esa expresión regresó al llanto-
-¿Por qué…? ¿Por qué sonríes? No tiene sentido. Máteme ya, te lo suplico. –Con sus escuálidas manos golpea el suelo, dándose cortes y heridas que manchan las piedras- No quiero vivir esta mentira ni un segundo más…
-Pues no la vivas. –Su sonrisa, ensangrentada y sucia por la tierra, le anima a contener su lloro- No tienes por qué pensar en ti como un siervo de un dios. O no tienes por qué servir a este dios.
-Pero… mi dios es el más fuerte… sus fieles no pueden perder… No pueden… -Oculta su cara entre sus manos, tirado en el suelo-
-Yo creo que un dios es más que eso. –Esas simples palabras, tan sencillas y calmadas, sorprenden y enternecen a Kai- Yo creo que un dios es aquel que puede hacer sonreír a todos, que puedan sentirse protegidos sabiendo que hay alguien que les ayudará. Un dios que solo busca la fuerza no puede llamarse “dios”. –Acaricia la capucha del que llora en silencio, una pequeña sacudida que levanta su rostro- Tú puedes ser un dios, y me gustaría ver quien se hace más fuerte; en manera de dios, claro. Tú eres mucho más fuerte que yo, eso ha quedado claro.
-Yo…
Las palabras, simplemente, no podía decir lo que pasa por su mente, no existen palabras tales para ello, y tan solo le dio un fiel apretón de manos con lágrimas en los ojos, una mirada que se sostiene pese a esos ojos rojos y doloridos. Tan solo una afirmación salió de él, nada más.
Después de crear una nueva sonrisa, y con la ayuda de sus amigos, Jak se levanta y camina hacia el resto de su familia dejando a este hombre en el suelo.
-¡Úrogan! –Llama a todos la atención- Mi nombre es Úrogan, y… haré un mundo mejor con mi poder. –Proclama con un rostro feliz, pero inundado en las lágrimas-
La sonrisa que recibió en respuesta le permite aflojar la fuerza de su vientre, dejándole caer y llorar con tranquilidad.
Con la lentitud del dolorido Jak y la pareja que le ayuda, llega para animar un poco a los que todavía están en el suelo, impresionados y aliviados. El pequeño Shizen fue el primero, antes incluso que la gata, en levantarse y correr para abrazarle. Jak se soltó de la ayuda y abrazó con ambos brazos al muchacho, levantándole y presionando contra el pecho.
-Jak… No te vayas nunca… tengo miedo. –Sus tímidas lágrimas persisten junto con las caricias sobre su cabeza y espalda, que, aunque no le calme del susto, sí que le tranquiliza-
-No pienso dejaros nunca. Siempre podréis contar con mi ayuda y apoyo.
El guerrero caminó, con Shizen en sus brazos, hacia las chicas que todavía quedaban en el suelo, y les tiende su mano izquierda. Shiro fue la primera en levantarse y con ella se marchó Shizen, ahora un poco más relajado.
-¿Estás bien? –Pregunta Kai sin poder respirar bien todavía- No tienes buena pinta.
-Tú tampoco te ves bien con esa expresión de susto. Sonríe un poco. –Dice mientras, con sus dos manos juntas, la levanta con facilidad- ¿Todos bien? Mis heridas ya parecen dejar moverme. Ahora solo necesito comer algo por el lugar. Parece que había algún problema que no podían solucionar… ni con todo ese poder… Tal vez entre todos podamos hacer algo. –Con una afirmación decidida por los rivales de luz y oscuridad, la respuesta del resto tardó un poco más- Parece que tendremos que ayudar a esta ciudad también.
Del fondo de la iglesia se escuchaban las piedras moverse. Úrogan se levantaba de forma torpe, pero su mirada era de una sorpresa tan grande que no le cabía en los ojos.
-¿De verdad? ¿Intentaréis salvar un problema que ni un dios ha podido?
-¿Sabes? Conozco a un tipo que dice que los dioses han muerto, y yo cada vez le creo más. Tienes que creer más en ti que en dioses que nunca se han visto. Por eso quiero convertirme en dios, para que la gente sepa que alguien sí les ayudará. ¿Tú nos ayudarás?
-Yo… ya lo intenté y fracasé. Mi poder no puede hacer frente a esos fantasmas. No soy rival. Pero… -Su mirada se ilumina con la esperanza- Esos dos… estoy muy seguro de que podrán hacer algo contra ellos. Si me pudieron derrotar de un golpe, esos fantasmas no les serán un problema. –Esa esperanza empezó a corroer su alma, a dañarle por dentro de una manera que solo puede imaginarse viendo su rostro. El más retorcido dolor en sus entrañas y la garganta rasgándose, con un nudo que apenas le deja respirar- Esas personas… Nada. No sirvió de nada… sus vidas…
-¡Es cierto! –Grita Yami con autoridad en su tono- Deberíamos matarte y hacer justicia.
-Yami tiene razón. Entiéndalo, Jak. Hacer cosas tan horribles no puede salir limpio.
-Úrogan es un humano, y todos nos equivocamos. Yo mismo maté a más gente que él, y no dudáis en salvarme la vida. Yo cambié, y él tiene el corazón para hacerlo. Él, desde el principio, solo quiso ayudar, pero no sabía cómo y tomó una mala decisión. ¿Por eso ha de morir? Yo creo que no. Aunque… un error como este una vez más y seré yo quien te mate con un poder que te sobrepase. Juro que conseguiré esa fuerza. –La bondad del inicio se convirtió en un aura que infundía un miedo tal que nadie podía moverse- Ven si lo deseas, u observa desde aquí. Haz lo que quieras. Si no como pronto caeré de inanición.
Nadie se interpuso en la marcha hacia los edificios, todos parecían abandonados y solo se escuchaba al viento. Ni ratas y lagartos se escuchaban corretear o hurgar en la basura de las calles, eso fue lo que más asustó a los mayores.
-¿Fantasmas dijo? –Pregunta Ryu ciertamente asustado-
-¿Y un taok de luz les tiene miedo? Cada vez eres más patético. ¡! ¿Por qué estoy sonriendo?
Esa sonrisa torcida, mirando a Ryu de medio lado, toma por sorpresa al chico, que no hace nada; tan solo contempla.
-Tenemos que encontrar un sitio para comer. –Dice Jak, jadeando levemente; intentando esconder su nefasto estado- Pero si todo está así de silencioso es imposible que haya nada abierto. Tal vez la gente se refugie allí y puedan preparar algo. Normalmente los locales se hacen en las casas, tengo que intentarlo-
Se movieron con Jak a la cabeza, directo a lo que su nariz le guía, un lugar para comer en efecto.
-¿Después de ese susto tienes cuerpo para comer? –Kai, con una expresión que refleja la nula gracia que esto le hace y le golpea en el costado, golpe del que Jak se resiente levemente ocultando la verdadera magnitud- ¡! Vale… tal vez sí necesite comer.
Entraron siendo Jak el único con ganas en ello, pero allí dentro no había nadie. El olor a comida delata la posición de la misma, y él se lanza a devorarla tras la puerta. Todos quedaron impactados por la forma frenética de sus movimientos. Salió a los pocos minutos, sacudiendo su chaleco y pantalones de los restos de la carne que había desgarrado; carne cruda.
-Ahora sí que estoy listo para enfrentarme a esos fantasmas. –Su expresión cambió por completo y a mejor; pasando de ese rostro decaído y pesado a esa radiante y emocionante sonrisa que inspira nuevamente determinación en sus cuerpos-
-Creo que yo cogeré un poco para luego. Tal vez no podamos cenar bien si nos quedamos en esta ciudad. –Dice Ryu pasando junto a Jak, chocando su hombro con diversión y entrando por aquella puerta-
El chico salió con tres bolsas de carne, algo pequeñas ellas, atadas a su cinturón bajo la tela. Hablaron sobre lo que podrían encontrarse, pero tratándose de “fantasmas” poco es el consenso al que llegaron.
Salieron, tres de ellos dispuestos a enfrentarse a todo y los otros tres observaban cada rincón con preocupación.
Nadie por las calles que incluso las zonas de comercio estaban sin recoger, mercancías expuestas para cualquiera que quisiera llevárselas. Las carnes estaban colgadas, las verduras descubiertas, las especias se esparcían por el constante viento dando lugar a un extraño olor en que prevalecía la canela y el limón.
-¿Viento? ¿En esta calle? –Duda Shiro, y con ello Jak entra en una tensión repentina-
En el tiempo de silencio nada sucedió, pero la sensación de frío sacudió a todos.
-Creía que aparecería un fantasma. –Dice Kai, soplando para aliviarse-
-Lo siento, es que no es normal que haga viento si la presión está igualada. ¿? Vaya… así que lo que siento es el aire de alrededor. He hablado sin darme cuenta, pero es como si algo empujase el aire desde arriba muy a lo lejos.
-No importa. –Dice Jak, algo más relajado- Lo que tenemos que hacer es investigar un poco, y si encontramos a algún fantasma… Bueno, supongo que Ryu y Yami podrán hacer algo con ellos. –Estos dos sonríen a su líder, una expresión llena de seguridad y orgullo-
-Sí, vamos a ver. –Dice Ryu-
No se separaron, aunque Yami quería ir por su cuenta diciendo que así sería más rápido; el grupo se negó. Es peligroso cuando no se conoce al adversario, o al menos eso le dice el chico de ojos azules; los que casi la intimidan.
El tiempo pasaba y al final aceptaron el separarse en dos grupos cuyos respectivos líderes eran Ryu y Yami, en los que todos tenían más confianza de que pudieran enfrentarse a estos espectros. Ryu fue acompañado por Jak, solamente, dejando al resto ir con Yami.
Aunque la gata se escabulló para seguir a Jak mientras que el pequeño Shizen la buscaba después de separarse.
-¿Por qué conmigo solo vienes tú? –Pregunta con una risa y las manos en los bolsillos-
-Además de que somos los más fuertes, eso quiero pensar, quisiera hablar un poco sobre Yami. Me sorprende la forma en que os miráis desde esta pelea. Parecéis amigos.
-Yo no diría tanto. –Desvía la mirada pese que su rostro refleja una clara felicidad- Ella no me tiene siquiera confianza para hablar, pero… Supongo que es como decía mi viejo: cuando la luz está encima de ti no la ves. –El rostro de Jak demuestra que se dispone a corregirle, pero todavía no termina de hablar- Ves las consecuencias, pero no lo ves directamente. Nunca puedes mirar a la luz directamente.
-Eso es verdad, muy cierto. Pero ¿cómo es que puedes sonreír cada vez que Yami te atiza con esa garra de oscuridad? Todavía no comprendo, a no ser que seas “masoca”. –Dice con una pícara expresión para molestarle un poco más-
-No, no me gusta el dolor. Pero cuando ella me golpea de esa forma… Noto una tenue luz en su interior. Ella se divierte, pero no es porque le guste herirme. Tal vez sí que se siente algo así como una compañera. Aunque… tengo una promesa que hacer y no pienso fallar. –La cara de Jak era clara, deseaba saber esa promesa- <<Aniquila la oscuridad y salva todos los corazones que puedas>>. Me costó mucho tiempo darme cuenta de que no eran palabras literales. No puedes aniquilar la oscuridad, porque eso sería destruir también la luz, la esperanza, la naturaleza humana. Tan solo debo ser alguien que logre despertar la verdad que duerme en los corazones de la gente, liberar su verdadero ser. O eso es lo que entiendo.
Los dos rieron, pues ninguno comprendió las palabras. Demasiado filosófico para dos hombres que solo saben dar golpes.
***
Por el otro lado, todos estaban en silencio porque la propia presencia de la chica infundía un respeto tan pesado que no permitía respirar con tranquilidad.
-¡Yami! –Sorprendió el pequeño- Gracias por salvar a Jak. Tenía mucho miedo.
Todo el grupo se detuvo porque ella lo hizo, y se volvió para mirar a Shizen.
-No podía dejarle solo, necesito cumplir mi deber. Además, Ryu también hizo algo.
Y con ninguna expresión se mostró, completamente indiferente se volvió y retomaron el camino.
No encontraron a nadie por las calles ni se intuían en el interior de las casas, solo encontraron un puñado de pozos secos, sin ser señalizarlos, sin ser rodeados de piedra o lo que se hiciera por aquí. No encontraron nada más que eso y un desorden por las calles que parecía que había sucedido una catástrofe.
-¿En verdad crees que Yami podría convertirse en una buena compañera? –Dice Jak-
-Has confiado en ese Úrogan para que cambie, ¿pero no en ella? –Ríe- Yo lo creo con toda la luz de mi corazón. Pero… debo volverme mucho más fuerte si quiero que confíe en mí. ¿No? No creo que diga que tú eres el único que puede ayudarla solo por decir. ¿Podríamos tener un pequeño duelo aquí? ¿A las afueras?
Con un golpe en su espalda, Jak, le anima a seguirle la carrera. Y con una sonrisa fueron ellos a combatir sobre aquel arenero al que llaman mundo.
-¿De verdad no crees que ella pueda cambiar? –Pregunta Ryu mientras se quita las destrozadas telas que casi siempre le cubren- ¿Crees que la oscuridad de su corazón es demasiado?
-Solo digo… que tal vez yo no vea esa transformación. No creo que sea rápida, tampoco muy apreciable. Pero tal como pasó conmigo, un buen día, algo le pasará por la cabeza, se hará preguntas y tú tendrás que ayudarla con las respuestas.
Ambos quedaron en silencio, preparándose para la batalla mientras pensaban en qué más decir. Ninguno dijo nada más con palabras porque con sus miradas ya demostraban todo lo que necesitan.
La tierra temblaba por el poder de Jak, pero algo en eso desconcierta al usuario.
-¿Has hecho algo? –Jak parece asustado, y todavía más con la negación del su amigo-
El viento se reveló contra ellos sacudiendo la arena y abrasando sus cuerpos hasta que se defendieron.
-Marchaaa… os. –El viento no da tregua, pero esa voz podía escucharse sin problemas- Devolvednos… nuestras vidas… MONSTRUOS.
Una silueta se dibuja entre la arena que se cierne sobre todo a la vez que mitiga sus envites.
-¿Qué le ha pasado al pueblo? –Dice Ryu tomando la delantera, pero esta figura de mujer flotante, y de avanzada edad, le impide seguir caminando con un vendaban súbito-
La polvareda podía verse desde más allá del horizonte, y claramente que sus compañeros la vieron y pusieron rumbo para ellos.
–Parece que tendremos que pelear. –Piensa Jak concentrándose para saltar sobre ella a la mínima apertura-
-No será necesario. –El chico, envuelto en una luz celestial que resaltaba el azul de sus ojos, caminaba enfrentando aquel viento tal como si fuera una brisa- Los fantasmas son almas en pena, ¿no? Entonces mi luz les darla la paz que necesitan.
Y con una impasible sonrisa se acercó hasta posar su mano frente al rostro de este espectro. Las palabras hicieron vibrar el aire, pero no se entendieron, llegando incluso a retumbar en el interior de sus oídos sin ser comprendidas. La aparición se deshizo junto con la tormenta regresando la tranquilidad.
-Ryu… ¿A caso tú también…? –El muchacho asintió-
Antes de que pudieran continuar con la plática las sombras sobrecogieron el lugar. Sin duda era Yami que venía, lo que ellos supusieron, a ayudar.
-¿Dónde están? Destruiré a esos fantasmas. –Su apariencia era siniestra sin llegar a aterrar a ninguno del grupo, ni siquiera a Shizen-
-Tranquila, Ryu se ha encargado de todos ellos. –Dice Jak con una sonrisa y acercándose a él para alagarle con un empujón en el hombro-
El muchacho no sabía, en primera instancia, el porqué de aquella mentira pues solo hubo uno. Sin tardar se percató, dado que más rivales equivale a más poder y eso mismo derivaría en más confianza por parte de Yami.
-Tampoco parece como si esos fantasmas pudieran hacer algo contra nuestros poderes. –Ryu intentó acercase a Yami para darle una muestra de afecto tal como Jak lo hizo con él, pero antes de que se acercase demasiado ella le lanzó por los aires con un solo golpe de aquella zarpa negra- ¿Por qué?
Dolorido y con el ánimo un poco apagado, pregunta. La respuesta de la mujer es inexistente, siendo su gesto el de alejarse sin decir nada. Solo se escuchó una tos mal disimulada por parte de Jak.
-Tu ropa… Póntela. –Dice su líder, y es ahora cuando el muchacho se da cuenta de su torso denudo y solo un pensamiento se le pasa por la cabeza-
-Así que es algo vergonzosa… O solo es que no me traga… Me gusta pensar la primera. –Sonríe al ponerse la tela que le da la frescura de las sombras y repone algo de su energía- Nunca entenderé a esos que dicen que la oscuridad es mala… Yo jamás querría deshacerme de la noche. Ese ambiente tan mágico… Si no hubiera oscuridad… ¿De qué forma veríamos las estrellas?
Con esta renovada paz todos empezaron a discutir un poco todo lo que han visto sin más punto en común que esos extraños pozos repartidos por casi todo el lugar, llegando a encontrar ocho.
-Según parece… -Interrumpe Ryu a Jak, que hablaba sobre la mujer y lo que él escuchó de ella- Es como si todo el lugar se hubiera convertido en fantasmas, parece algún tipo de arma.
-¿Sí? –Dice Yami con duda y una clara intención de ofenderle- ¿Y acaso existe un arma que convierta a los humanos en fantasmas? No seas idiota. Deben ser las almas del pirado de la iglesia. La religión tan solo le ha dado dolor a este mundo.
-Todo depende de la religión, Yami. –Dice Jak completamente calmado y ensimismado en su cabeza- Mi religión… yo no creo que sea mala, no creo que dé ningún dolor a las personas que quiero, sean cuales sean las circunstancias… No digas esas cosas. La gente solo quiere ayudar… -Comienza a susurrar- Aunque solo sea a ellas mismas. –Su rostro demostraba la molestia materializada, pero se desvanece al poco para dejar una chocante sonrisa- En cualquier caso, creo que deberíamos marcharnos de esta zona. –Esa sonrisa se convierte en el rostro serio que acostumbra-
-Sí. No parece que haya nada más por hacer. –Comenta Kai- Sin nadie por el pueblo, tampoco es como si pudiéramos ayudar a alguien. –Una dolida sonrisa de derrota, que es aliviada por Shizen, se mostraba en ella-
-Si de camino nos encontramos a otros fantasmas… Dejádmelos a mí. –Dice Ryu con una sentida sonrisa, y cierta soberbia en él-
Yami chistó, tanto por la molestia de esa actitud como por la leve tontería que ha dicho.
-¿De camino a dónde? Podríamos marcharnos ahora mismo. ¿No? –Dice Shiro, al lado de Shizen y casi cuidando de él- Tal como la última vez.
-No pienso volver a ser vuestra carroza. –Protesta al instante Yami- Esa vez fue porque Jak me lo pidió y no había tiempo. No pienso hacerlo.
-Bueno… Yo lo decía por volver a visitar a Úrogan. –La sugerencia del chico sorprende a todos, pero a Jak el que más-
-De acuerdo. Le diremos lo que sabemos y nos marcharemos. –Cierra Jak la conversación y da comienzo con los primeros pasos- Con lo poco que le agradaba y ahora quiere despedirse… curioso. Tal vez ya entiende lo que decía.
El camino no se vio impedido por ningún obstáculo, es más, las pocas cajas y carros con los que las chicas se habían topado por su camino estaban recogidos en las calles secundarias, dejando las principales completamente despejadas. Tras comunicar a los chicos de este detalle, ambos se intrigaron y pusieron el mismo rostro: ojos abiertos y con algo de temor, aunque con una sonrisa que deseaba otro encuentro. Las tres chicas no pudieron pensar otra cosa: “Son hombres”.
Podían ver de nuevo las escaleras que llevaban a las puertas de la iglesia, pero el viento arreció con una extraña fuerza.
-¿Qué es esta sensación? Mi cuerpo… -Shiro temblaba y ni ella sabía bien el por qué-
-Nuevas… Vidas… -Suena en el viento una voz que no dejaba de repetir, y no hace otra cosa que acercarse-
-De este me encargo yo, no hace falta que hagáis nada. –Dice Yami, ahora ella con la soberbia y la confianza que demostró su compañero-
Al instante de encarar al fuerte viento, que movía los cabellos de todos hacia atrás casi en horizontal, aquella aparición fantasmal se dejó ver. Un hombre, con un rostro sediento de poder, alocado y desquiciado, se acercaba hacia la chica sin dejar de repetir aquella siniestra frase.
Sin dudar, Yami arremetió con una gran lanza de oscuridad, nacida de su oscuro cabello, que atravesó a este fantasma. Ella esperó unos segundos para que este espectro desapareciera en el viento que lo trajo, pero no. Ese hombre pálido y algo translúcido comenzó a interiorizar aquella oscuridad que le atravesaba sin dejar que Yami pudiera hacer algo por evitarlo. Las miradas de todos reflejaban temor en mayor o en menor medida, tal como Jak, o incluso una reflejaba diversión: era Ryu.
Así, con esos ojos que deseaban ver lo que sucedía, Ryu dejó que el fantasma llegase a acorralar a Yami contra una pared mientras todos los demás se apartaban y la chica gastaba sus fuerzas en golpes inútiles que, si bien le atravesaban, algunos eran absorbidos; y cuanta más oscuridad conseguía este fantasma más intimidante se volvía, más nítido y oscuro, más grande, más agresivo hasta el punto en que atrapó por el cuello a Yami y acercó sus fauces a ella. La pobre chica no podía hacer nada, ella aceptó la derrota, pero ansiaba su rescate.
Ella nunca sintió la calidez de un grupo, nunca supo ni imaginó su función, pero fue ahora cuando, tal vez, vislumbró la necesidad de una “familia”, ahora entendió el enfado de Jak por lo del volcán, ahora entendió sus palabras.
La arena vibró por todo el alrededor, el interior de Yami reverberaba por alguna razón. Ella pensaba que era aquel espíritu terminando con su vida, pero una cegadora luz atravesó sus ojos cerrados y, cayendo al suelo, vio a Ryu frente a ella tendiéndole la mano.
La joven, con una mirada que nadie esperaba de ella, ciertamente cálida y agradecida, aceptó su ayuda, y al levantarse regresó esa fría y distante expresión.
-Vamos arriba. Aquí no ha pasado nada. –Dice ella, airada por su derrota y humillación, deseando comprender al significado de la verdadera fuerza- Algún día… seré yo quien te tienda la mano cuando estés destrozado… y sabrás la humillación que he sentido hoy. Lo prometo.
Jak y Ryu emprendieron una pequeña carrera tan solo para distanciarse un poco del grupo mientras el resto se preguntaban el motivo. Jak se dio cuenta de algunas cosas que quería comentar con su compañero.
-Esa mirada de antes… ¿Qué se te pasó por la cabeza cuando la cogió del cuello? –Pregunta Jak-
-¿Qué mirada? Yo tan solo quería ayudarla. Estaba claro que necesitaba ayuda.
El muchacho sonríe, pero no puede ocultar a su amigo la verdad: que la ira y el odio corrieron por sus venas durante ese instante. Aquella mirada ardiente y fulminante, tal como un rayo devastador, no eran de una ayuda desinteresada, sino que se asemejaba más al de una protección a toda costa, sin importar quien fuera el que la hiriera.
Ryu no dio pie a ningún diálogo más, se cerró en banda y ninguno sabía bien qué podían hacer mientras esperaban esos eternos segundos hasta que sus compañeros llegasen a las puertas.
-Así que sabes lenguaje de alma. ¿Dónde lo aprendiste?
-No quiero hablar de ello. –Apartó la mirada, desvió esos azules ojos ahora fríos como el hielo-
La curiosidad y la intriga se apoderaron de la mente de Jak a cerca de su misterioso compañero. ¿De dónde venía? ¿Por qué tenía dos Taoks? ¿Cuál podía ser su verdadero objetivo?
Jak, pese a todo su desconocimiento sobre gran parte del mundo, sabía que la gente nunca conoce el verdadero motivo que le mueve a hacer algo, porque él mismo se lo pregunta todas las noches sin obtener una respuesta clara.
Sus compañeros llegaron, Yami la primera y con una mirada clavada en Jak, una mirada tierna que desaparece al hacer contacto con Ryu. Entraron en la iglesia, ahora todo estaba mucho más en ruinas. Todos los frescos y esculturas que adornaban los muros, ya algo desgastados todos ellos, estaban destrozados por esas grandes zarpas que se balanceaban en los brazos de Úrogan. Lo primero en hacerse fue decirle acerca de lo que habían conjeturado, y Úrogan parece reaccionar, ya de nuevo con el cuerpo más normalizado.
-Esos pozos… ¿De qué tamaño eran? –Al decirle de su reducido tamaño, el odio se le apoderó- Esos malnacidos de los SIZAN… -El grito que destrozó la tranquilidad vino acompañado de un golpe al suelo que retumba en el lugar- Iban en serio con lo de las minas… MALDITOS… -El llanto le obligó a dejar de hablar, intentando tranquilizarse- Hace media luna… vinieron algunos que decían ser del gobierno, exigiendo el control de las minas de las cercanías. El pueblo se negó, pues nos querían quitar aquello que nos daba de vivir. Nos amenazaron con quitarnos algo más que la vida… y eso han hecho. MALDITOS…
-Entonces… -Habla Ryu con un temple que calma a Úrogan- ¿Quieres ayudar a todo tu pueblo para que encuentre el descanso?
Las lágrimas de sus ojos dieron una respuesta más clara que las mismas. El muchacho de ojos azules le pidió que le acompañase fuera y así lo hizo, bajo la atenta mirada de su grupo y bajo la más atenta curiosidad de Yami.
Una vez fuera, le pidió que se pusiera al frente. Él lo hizo a la vez que, a su espalda, Ryu se envolvía en una tímida luz. Los fantasmas, todo el pueblo, se reunió de apoco frente las puertas y a lo largo de las escaleras. Y algo que llenó de cierta alegría a Jak, aquellos empalados aparecieron sobreponiéndose a las sombras de Yami. Ellos tenían una tímida sonrisa que demostraba un extraño perdón, pues todos saben que su intención era liberar al resto del pueblo de este ataque desconocido.
-Y… ¿ahora qué? –Pregunta el asesino de los supervivientes del ataque-
-Es simple. Diles lo que sientes. –Continuando con aquella luz a su alrededor, se puso a la espalda de Úrogan con sus manos sobre los hombros- Habla con el corazón.
Las palabras de Úrogan se las llevó el viento. Nadie las pudo escuchar, no hubo ninguna repercusión más que las lágrimas de Ryu y Jak. Ambos compañeros sonreían mientras esas tímidas lágrimas caían por ellos, y los fantasmas desaparecían uno por uno con una azulada luz. La paz llegó a todos ellos y al lugar también.
Pero el único incapaz de sonreír fue el mismo que trajo la calma: Úrogan. Sus piernas no pudieron aguantar la frustración, sus puños no aguantaban la rabia de su alma, sus ojos no soportaron la presión, y sus pulmones no logran tomar el aire que no merecen.
-¿Por qué? –Con el llanto, de rodillas y golpeando el suelo con sus ensangrentados puños, pregunta a quien quiera escuchar- ¿Por qué sigo vivo? Acaso… ¿No existe justicia en este mundo? ¿No hay nadie que dicte? ¿Nadie en quién confiar?
El interior de su cuerpo vibró tan fuerte que pensó que explotaría, pero no. Sus ojos se aclararon al momento, su garganta se apaciguó y las heridas desaparecieron. Úrogan se levantó, con una sonrisa tan tierna como la de un niño feliz, y agradeció a Ryu con sus palabras y gesto, un apretón de manos.
-Ahora quisiera estar solo, por favor. Necesito pensar. –Dice Úrogan pidiendo que se marcharan-
Jak y sus compañeros hicieron caso a su petición, dejándole solo. Ellos bajaron las escaleras mientras la rabia se acumulaba en el alma del más dolido. Nadie podía escuchar ya las palabras que Úrogan pronunciaba embriagado por la ira, pero lo que sí escucharon fue como el gran pilar que ostentaba aquella insignia circular de la religión se desplomaba tras una ensordecedora explosión.
Todos se exaltaron. Shizen se apegó con sus pequeñas manos a la pierna de Kai, Sona saltó tanto que se agarró al chaleco de Jak, y el fénix sobre el hombro de Shiro se envolvió en tibias llamas que tan solo asustan a la chica.
Un breve silencio, para tranquilizar sus agitados corazones, supuso el nexo para su siguiente destino: un futuro incierto, pero con un solo objetivo para Jak.
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