La Sombra de Las Diez Luces: El camino de la Bestia_Capítulo 12 – Una historia de cristales – Editado

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Capítulo 12: Una historia de cristales.

 

 

Tras despedirse de Úrogan, y el susto por la destrucción del símbolo de su iglesia, bajaban las escaleras en silencio recuperando la respiración después de la exaltación. El silencio se vio turbado de a poco por un ligero rugido, uno claramente metálico. De nuevo, esta vez tan solo Jak, se adelantó esperando en la calle junto a las escaleras. El sonido de aquel vehículo resultó bastante desagradable por su potencia, pero no duró mucho; lo apagó una vez el piloto podía ver a Jak en la calle. Se vio como esta persona se movía con agitación y gritando algo.

-¿Qué ha pasado? ¿Todos bien? –Grita la mujer del vehículo a escasos diez metros de Jak-

-No ha pasado nada importante. Todos estamos bien. ¿Quién pregunta?

-Mi nombre es Anna. Iba rumbo a mi hogar después de comerciar con la ciudad vecina. Hoy es día de rebajas. –Ríe con malicia- Pero… ¿Qué han sido ese gran destello y esa tormenta de arena?

-¿El qué? Nosotros no hemos visto nada.

Su tono y gesto dan en su totalidad la impresión de decir la verdad, y al preguntar al grupo todos dicen la misma idea. “Aquí no ha pasado nada

-Mmmm… ¿Vale? –Dice sin estar del todo convencida-

-¿Necesitas algo? ¿Uno no se desvía del camino si no necesita nada? –Pregunta Yami con su típico tono antipático-

-Pues, en verdad, me gustaría pediros un poco de ayuda con un tema. Es sobre mi trabajo, últimamente un grupo de maleantes suele atacar todas las semanas. Si pudierais ayudar con eso… Estaría muy agradecida, incluso os recompensaría. Mi ciudad está siguiendo el sol de la mañana. Si tenéis dudas sobre cuál de todas es, porque es una zona con varios pueblos no muy separados, es la que tiene un cristal gigante en la plaza.

-De acuerdo. Iremos a ver si podemos hacer algo. –Dice Ryu con su simpática sonrisa-

-Muchísimas gracias. Estoy segura de que seres tan poderosos como vosotros podréis acabar con el problema en un santiamén.

Y sin dar momento para que intervinieran, ella se marcha con una sonrisa hacia su coche. Al encender el motor nada más se escuchaba, y así se marchó, sin oír ninguna de las dudas del grupo.

-¿A caso ha insinuado que somos taoks? –Pregunta Ryu algo asustado-

-Supongo que sí. Nadie dice “seres” para referirse a personas normales. De cualquier forma, si le ha pedido ayuda al Taok significa que no nos tiene miedo ni asco. Creo que podríamos ir y ver si conseguimos algo sobre las Diez Luces.

Tras poco tiempo discutiendo sobre si ir o no, discusión cuyos partícipes eran Yami y Ryu, se decidieron por ir. Ahora, el transporte, ¿cómo irían allí? Porque son seis personas para los cinco asientos que el coche poseía.

-Yo no pienso volver a hacer de carro para todos. –Protesta Yami-

-Nadie te lo iba a pedir. Además de que no podrías hacerlo. De día casi no puedes usar tus poderes a gran escala. –Dice Ryu, con un tono entre amigable y burlesco-

-¿Sí…? Pues antes pude mover a todos en pleno día para que no les pasara nada.

Y justo después tuviste que ir a vomitar. –Dice Ryu directamente a la mente de ella-

La joven se sorprendió, pero logró ocultarlo fácilmente.

-Yo me encargo del transporte. Solo una cosa, agarraos fuerte a algo.

Y tal como lo dice todos se aferran a los brazos o piernas de Jak, ante la sorpresa del mismo. Ryu se reía mientras se concentraba profundamente. Sus ojos quedaron en blanco, uno muy brillante, mientras murmuraba palabras incomprensibles debido a la velocidad a la que habla.

Con un fuerte suspiro, señal que ellos suponen de comienzo, la luz cegó el horizonte poniendo en su lugar un manto blanco. Envueltos en él, todos perciben un leve olor a vainilla.

Al instante en que sus ojos regresan a ese tranquilo azul el manto desaparece para dejar ver a los lejos aquel gran cristal del que habló la chica. Un enorme fragmento de un oscuro azul, terminado en punta, se alza entre los edificios a los que todos avanzan.

De nuevo, el sonido de aquel motor les sorprende, aunque esta vez no se detuvo.

Una vez entraron en el pueblo, uno bastante grande donde las carreteras ocupaban gran parte de las calles y de nuevo tuvieron que andar por las callejuelas, buscaron a Anna. Esa tarea no fue difícil debido a las habilidades combinadas de la máscara y Jak. Terminaron frente a un restaurante ubicado en la plaza, cerca de aquel cristal que parece ser de cuarzo.

-Ya hemos llegado. –Dice Jak con voz inexpresiva- ¿Qué es lo que querías que hiciéramos?

La chica queda hartamente sorprendida, pues terminaba de atarse el delantal que conjunta con sus ropas de camarera.

-Vaya… Sí que sois rápidos. –Con una gran sonrisa y ese color de pelo tan claro que casi parece blanco, pone sus manos en la cadera y se acerca a ellos. No hay nadie más en el lugar- Tenía pensado terminar mi turno y esperaros cerca del cristal. Pero ya que estáis aquí, supongo que podéis pedir algo de la lista. Tendréis que pagarlo, claro. –Vuelve a sonreírles-

La escena hizo gracia a todos, aunque no rieron, pero todos quedaron impactados. Nadie se esperaba algo así.

De cualquier forma, no tomaron gran cosa, y tampoco les costó más que unas monedas de cobre de las que tenían entre Ryu y Jak. Terminado el aperitivo, salieron y esperaron a la chica cerca del cristal. Ella salió al tiempo vistiendo de nuevo las ropas con las que la encontraron: un mono de trabajo desgastado y unas gafas de soldador colgando del cuello.

-¿Eres mecánica? –Pregunta Shizen-

-Es más un pasatiempo, pero me encanta. La verdad… No tengo ni idea de cuándo esos tipos atacarán, pero hace bastante de la última vez. Mucho no deben tardar. Mientras eso pasa… ¿Os apetece que os enseñe un poco el pueblo?

Este cristal… Me recuerda a algo.

Jak no podía parar de pensar en ese cristal mientras Anna los llevaba por todas partes del lugar, enseñándoles dónde podrían pasar la noche, dónde ir para entretenerse e incluso la dirección del riachuelo más cercano para que se bañaran si querían.

-¿Y qué pasa con ese enorme cristal de la plaza? –Dice Ryu-

-Nada especial. Los mayores dicen que hace como veinte años que apareció. De la noche a la mañana, sin ruido y sin motivo. Pero sabemos que es cuarzo y aun así no se puede romper. Lo hemos intentado todo, incluso cavar hacia abajo, pero dicen que no tiene final. Al final lo dejamos como símbolo del pueblo.

-Y dime, Anna. –Habla Jak- Conoces algunas minas cercanas. Tiene que ser aquí. Debe serlo. Puedo sentirlo, la familiaridad del aire. Esta arena… es tan similar.

-¿Minas? No, aquí no hay minas.

No… No puede ser. Es imposible. Debe ser aquí. Debo visitar su tumba, debo hablar con ella una vez más. Si no es aquí… ¿Cómo podría encontrarla?

-Pero creo que, si vas hacia el norte no más allá de dos horizontes, encontrarás otro pueblo bastante pequeño. Creo recordar que por allí había hace mucho tiempo. ¿Por?

Su mirada de duda no fue importante, o al menos para Jak, porque él se marchó sin decir nada hacia el norte. Su rostro era de expresión nula, decidido y sin importarle nada más. Sus compañeros intentaron detenerle, pero él los apartaba de su camino con un simple movimiento de mano, pero aquel que no podía apartar de ninguna manera logró detenerle.

Chico… ¿A caso estás dejando de lado a tu familia?

Y así, Shizen, logró parar a Jak, que comienza a disculparse.

-Lo lamento, chicos… Es solo que… En esas minas tengo algo muy importante que hacer, y quisiera hacerlo solo.

Jak baja la cabeza, arrepentido y asustado. Este comportamiento no se debía a la bestia, había sido él mismo.

-Claro, Jak. No te preocupes. –Dice Ryu con su ánimo imbatible- Nosotros podremos ocuparnos de esos tipos si no llegas.

-Más diversión para nosotros. –Añade Yami por la espalda-

-Gracias. Proteged el pueblo, y no os olvidéis de preguntar a esos maleantes por las Diez Luces. –Y con un gesto de adiós desaparece; solo queda el polvo en el viento-

En esa despedida, Anna, reaccionó, se aterró. ¿Sabe algo de las luces?

-Chico… ¿Quieres hablar sobre esto?

Shizen, en el hombro de Jak mientras este recorre la arena a una velocidad que nadie podría notar, intenta que abra su corazón. Jak no dijo nada, demasiado concentrado en sí mismo. Llegaron a esa montaña en medio de la nada y al pequeño pueblo que se extiende en uno de sus laterales.

-Necesito respuestas… -Su ansiedad no puede ser ocultada. Su respiración y gestos le delataban- Tengo que saber si este es el sitio. Debo saberlo. No puedo fallarles otra vez.

-Jak, ¿Qué pasa? ¿A qué se debe este nerviosismo?

El chico sigue sin responder, sin escucharle siquiera.

El chico intentaba reconocer algo de los edificios, cualquier cosa familiar, pero nada; nada volvía a su cabeza. Por fin, algo logró redirigir la atención del chico; un fuerte disparo.

-NO…

Su instinto se activó al instante, sin un ápice de vacilación, y despareció del pueblo guiado por el disparo. Ni él mismo sabía a dónde iba, pero la bestia le dejó al frente de un anciano. Ya estaba muerto.

-No… -Su voz y ferocidad desparecen al fijarse en el rostro del anciano- Gayu… no…

-Que… no… pasen… -Susurra algo en su oído-

Jak se arrodilló ignorando el ejército a su espalda y a sus máquinas de destrucción. Shizen se desprendió de su hombro, pues sabía lo que iba a pedirle.

Sin palabras de por medio, cada uno hizo lo que debía, y la bestia controló sin dudar el cuerpo de Jak.

-¡Desapareced… de mi VISTA!

Sus ojos, negros como la noche sin luna, indican la derrota de aquel basto ejército. Con cada paso de la bestia las columnas perforaban y volcaban las máquinas, con cada movimiento de sus brazos las arenas sesgaban diez vidas.

Aquellos enemigos que pensaron que las balas tendrían ventaja estaban equivocados, y no lo podían estar más. La bestia detenía sus disparos con los dedos y no para devolvérselas, era tan solo para fardar de su poder. Sus muertes fueron en las que la bestia más disfrutó. Sus propias armas se volvieron en su contra, atravesándoles el pecho o disparándoles, incluso las moldeaba como un collar y las ceñía hasta el punto de la asfixia.

Los gritos no paraban incluso aunque se esforzara en “jugar”, y tanta monotonía comenzaba a aburrirle.

-Su poder… es demasiado absurdo. –Piensa Shizen después de traer de vuelta al anciano- Jak me debe una muy gorda. Suerte que su espíritu no se había marchado. Ha ido justo.

-Me aburrís con tanto griterío. Desapareced.

Bajando la mirada la tierra obedeció. Todos los adversarios quedaron sepultados en un suspiro dejando el horizonte limpio.

Me encanta, Jak. Nunca pensé que me dejarías jugar tanto. Creo que ahora seguiré con los de atrás.

-Vuelve a tu jodida jaula, ser del infierno.

¡Já! Como si pudieras someterme ahora. He tomado el control absoluto de tu cuerpo. Es hora de divertirnos. -…- ¿Por qué no se mueve mi cuerpo?

-Porque he sido yo el que te ha dejado jugar. Nadie daña a mi familia, aunque ellos me dieran la espalda… Siguen siendo los que ayudaron a mi madre.

Con los ojos calmados y una sonrisa nueva regresa junto con toda la gente que había frente la entrada de la cueva, detrás del anciano que tiende la máscara a Jak.

-¿Eres tú, Jak? Cuanto has crecido, granuja.

El anciano se levanta y abraza con fuerza al joven, quien le devuelve el gesto.

-Me ha costado un tiempo, pero he vuelto a casa. Gayu. ¿Qué tal todos? –Las lágrimas salen de forma tímida-

-Me sorprende que el tímido y cobarde Jak se haya convertido en “Puño de Roca, el único Taok de tierra”. Pero me alegro que hayas venido en este momento.

-¿Qué está pasando? ¿Por qué han vuelto los SIZAN?

La seriedad de Jak se manifiesta.

-Un año después de tu marcha, y gracias a nuestro héroe, logramos echarles de las minas. Recuperamos nuestro hogar, Jak. Lo logramos. Pero, ahora… esos bastardos quieren recuperarlo. Dicen que necesitan el cuarzitium.

-Quieren usarlos para crear taoks artificiales. Crear un ejército.

-No me extraña, Jak. –Le golpea el hombro- Solo con ver lo que tú has hecho en un suspiro… No me extraña que quieran un poder así. Pero… creo que será mejor hablar con algo fresco entre las manos. Ven.

Por el camino hacia el pueblo Shizen habló con Jak sobre el anciano y su intervención. Jak dejó el tema zanjado con una nueva promesa: un favor, el que fuera.

 

***

 

Mientras Jak caminaba hacia el pueblo de su antigua familia, sus compañeros conversaban en torno al cristal de la plaza.

-¿Así que suelen atacar en la plaza? –Pregunta Kai, aunque no es respondida-

-¿Vosotros buscáis a las Diez Luces? -Dice Anna- ¿Por qué?

-Es muy fácil. –Dice amenazante Yami- Ellos destrozan el equilibrio del mundo, devastan la naturaleza para hacerse más ricos y poderosos. Destruyen familias, las envenenan con mentiras y estúpidas creencias. Con ellos en el trono el mundo solo puede acabar de una manera: muerto. Tenemos que acabar con ellos si queremos un mundo de paz.

Esa tensión y agresividad se diluye por completo al final, quedando como una extraña calma.

El silencio regresó, trayendo consigo una pesada atmósfera.

-Esperaremos a Jak. Será más fácil vencer a los malos si él está. –Grita sonriente el pequeño Shizen para romper la tensión, y parece funcionar-

 

***

 

Jak llegó hasta el pueblo en que estuvo antes, y ni él sabía que podía moverse tan rápido sin usar todo su poder. Las casas estaban tan lejos que casi ni sobresalían del horizonte. Usó parte de su habilidad para mover las arenas y que todos llegaran más rápido.

-Dijiste que hubo un héroe. ¿Quién?

-Él.

Y el anciano señaló a un montón de ruinas junto a un pedestal que se mantenía intacto.

-Esos malnacidos la destruyeron como un aviso para las minas. Con la preciosa estatua que era. Un símbolo de que el mundo puede ser mejor. ¿Podrías reconstruirla con tu poder, Jak?

-Claro, Gayu. Encantado de ayudar.

Sin esfuerzo levantó sus brazos y con ellos las piezas de aquel rompecabezas. Las piernas se formaron, y la estatua fue creciendo con rapidez. En su torso podía distinguirse una especie de uniforme, cosa que a Jak no le gustó. Conforme seguía con su ayuda, vio sobre el pecho derecho un broche que le recordó a algo, algo muy familiar que no puede visualizar. El rostro de la estatua quedaba oculto por una gorra, pero su sonrisa era clara y brillante.

-¿Por qué vuestro héroe tiene el uniforme de los SIZAN?

-Supongo que se infiltró. Gracias a él supimos que iban a acabar con nuestra raza. –Jak se sorprende de oírle hablar así- Así es, Jak. Ahora sabemos nuestra naturaleza, pero seguimos siendo las mismas buenas personas que recuerdas.

-¿Iban a mataros?

-Descubrieron una manera de extraer el mineral sin nuestra ayuda. Iban a matarnos con un gas venenoso, pero, gracias al aviso, pudimos cavar refugios lejos de cualquier ataque. Seguimos siendo listos. –Fanfarronea- Desde ese escondite subimos a la superficie. El sol nos quemaba los ojos, pero logramos acabar con todos ellos. Sin sus varas eléctricas no son nada. Sus balas casi no nos hacían daño. Vivíamos con miedo sin saber por qué.

-El cementerio… ¿Sigue ahí? –Dice con miedo, apenado- ¿Sigue donde siempre?

-Claro, Jak. Ve a hablar con ella. Seguro que sigue esperándote después de tanto tiempo. Ella era una gran madre.

-Lo sé. Gracias. Volveré algún día para hablar con todos, cuando haya acabado con las Diez Luces.

-Jak, espera. –Le retiene- ¿Sabes lo que has dicho? Ni un dios podría acabar con las Luces. Intenta vivir bien y mantente al margen, es lo mejor que cualquiera podría hacer.

-Tengo el poder para hacerlo, y lo haré. Ellos me arrebataron demasiado para que pueda perdonarles. –El dolor y la rabia colmaban el alma de Jak, y el anciano lo sabía-

Gayu le dejó marchar hacia las minas, y Jak desapareció de su vista.

¿Quieres hablar un poco de esto?

-Luego. Ahora tengo que pensar en unas cosas.

Llegó a la entrada en poco tiempo y, a su sorpresa, alguien le esperaba.

-Supongo que no tiene mucho sentido que esté aquí. –Dice Kai con una leve sonrisa – Pero… tampoco tengo mucho que hacer si Ryu y Yami están para enfrentarse a esos malos.

-¿Y Shizen? –Dice con tranquilidad mientras camina hacia ella, decidido a abrazarla-

-Dice que quiere aprender a pelear, y Ryu ya le decía que no se metiera. Es un buen hombre.

Jak estaba frente a ella, pero su cuerpo no obedece a su mente.

-¿Quieres acompañarme?

-¿Qué vas a hacer en esta mina?

-Me… me gustaría contarle a mi madre todo lo que he vivido desde que me fui de casa. Todavía recuerdo donde la enterraron.

-Creo… que mejor me quedo fuera.

-Vamos. Quiero que veas el lugar en que nací.

Así, ambos entraron en la cueva que perforaba la pequeña montaña. Jak sujetaba con delicadeza la mano de Kai mientras recorrían la leve pendiente que los hunde cada vez más en la tierra.

 

***

 

Parecieron haber pasado varias horas, pero tan solo llevaron media bajando por este monótono trayecto.

-¿Puedes contarme algo sobre tu hogar?

-Todo está esculpido en piedra. Todo es extremadamente duro y algo oscuro. Recuerdo que me encantaba ayudar a mi madre a levantar los escombros de los veteranos. Antes pensaba en lo divertido que sería ser un verdadero “minero”, pero siempre pensaba que no tenía el coraje para adentrarme en lo desconocido de las profundidades. Que gracioso, ¿verdad?

-Un poco sí. Antes eras un pequeño cobarde y ahora eres la persona más valiente que conozco. Eso me alegra.

Con la tenue luz que lograba llegar de la entrada, Kai se apega un poco más al lado de Jak, todavía sujetando su mano.

-Dime. –Sigue Kai- ¿Cómo puedo hacerme más valiente?

Los recuerdos de aquellos días, aquellos dolorosos y desgarradores días en La Arena, regresaron para arañar su alma. Su sonrisa no flaquea, no puede preocupar a su compañera por algo que pasó hace dos años.

-Cuando tienes algo que proteger, el coraje viene solo.

La caminata duró bastante más, pero el ambiente entre los dos no fue para nada molesto, así que decidieron acelerar un poco con una pequeña carrera.

Tras un periodo de tiempo, para el que ninguno de los dos debería estar agotado, Kai casi no podía respirar y Jak se detuvo para ayudarla.

-¿Estás bien, Kai? Respira hondo y despacio. –Haciendo eso unas pocas veces sus pulmones se normalizan de nuevo- Parece que ya estamos llegando a la cámara principal.

-Puedo seguir… Vamos. Jak está como si nada, pero casi no hay aire y hace un calor abrasador. Él nació aquí, es normal que no le afecte tanto.

Continuaron, aunque Kai se veía claramente al límite. Ella, apoyada por completo en Jak, llegó a ver la primera cámara del laberinto que era la aldea nativa de su compañero.

-Kai… vamos arriba. No creo que puedas aguantar mucho más aquí.

-Pero… Quiero ver tu hogar. Quiero conocer más de ti. –Su empeño es admirable, con esa decidida mirada y esa rígida y forzada postura que intenta mantener-

-Lo agradezco mucho, significa mucho; en serio. Pero no dejaré que te fuerces tanto. Cuando te hagas tan fuerte como para soportar esto… entonces te traeré de vuelta, y te enseñaré todos los recovecos que recuerdo. Pero ahora volvamos a cielo abierto.

La envuelve en sus brazos y ella se deja caer, su fuerza se desvanece por fin. El pecho de Jak crecía con el calor de las palabras de su amiga y el sentimiento que transmitían. La caverna se abrió sobre ellos y, levantando la tierra bajo ellos, ascendieron en un instante. En el momento que el cielo azul les cubría las cabezas Kai recuperó su vigor habitual.

-¿Qué pasa en tu hogar? Es casi imposible respirar. –Dice con una sonrisa, esa preciosa sonrisa que sustituye a una mueca-

-Vuelvo enseguida. Cuídate mientras tanto.

Con una expresión más calmada de lo habitual se despide, sumergiéndose en la arena.

Esa poco común expresión choca en Kai, dando a su cabeza más motivos para pensar.

-Claro… No me iré a ningún lado. Nunca. –Su sonrisa es tímida, pero persistente-

Jak regresó a la entrada de la cámara principal en cuestión de segundos, y se adentró en el pueblo. Respira tan hondo como puede, apreciando el poco oxígeno del aire y su alto contenido en polvo. Tantos recuerdos, buenos y malos.

Sabía que Kai no correría peligro después de haber destruido el ejército, uno nuevo tardaría mucho en llegar sin un aviso previo, y en el pueblo del cristal estarían Ryu y Yami. Puede tomarse un tiempo para caminar entre las casas, esculpidas en las propias paredes de la roca.

Miró al cielo y se deslumbró por la luz que emiten los cristales, esa cálida y agradable luz que atraviesa la arena y carga los cristales de cuarzo todo el día… Cuántos recuerdos asaltan su mente. Relajarse después de ayudar a su madre en “La colina muerta”, o divertiste jugando con cristales y piedras para reflejar esa luz. Por algún motivo, dentro de ese turbio corazón lleno de dolor y rabia, encontró un remanso de paz donde otros estallarían de rabia y frustración.

-Mi hogar… -Suspira con felicidad- Ahora no tengo tiempo para visitar las minas y coger algún cristal para Kai, pero ya lo haré cuando pueda traerla. Ahora debo visitar la tumba de mamá. 

La colina podía verse al frente de la entrada, al otro extremo de la cámara, alzarse por encima de las casas, esculpida también en la roca.

-Pese a todo… seguimos siendo humanos. –Piensa de camino a La colina muerta-

Los humanos dan sepultura a los suyos y lloran su duelo, y si los mineros lo hacen significa que, pese a todas las diferencias con los humanos normales, ellos seguían siendo humanos, y ese pensamiento alegra un poco a Jak.

Habiendo llegado a la colina, Jak se veía tranquilo por fuera mirando las tumbas que había por allí. Las lápidas eran simples pedazos de rocas grises y agrietadas donde tenían escritos los nombres. Entonces Jak pensó en recordar de verdad el nombre de su madre así, por la lápida.

Él se detuvo frente a una lápida, más grande y decorada, y él lloraba cabizbajo.

-Cuanto tiempo… “PADRE”.

Una sola mirada, llena de rabia y resentimiento, es suficiente para borrar esa gran piedra. Mirando más en detalle había un montículo al lado del de su padre, pero no sabía si era el de su mamá.

-Shizen, ¿puedes ayudarme? -…- ¿Shizen?

-Perdón. Me dormí. No quería molestar. Sí, esa es la tumba de tu madre. Pero… deberías saberlo. ¿No?

-¿Cómo? No soy ningún mago de huesos. Gracias… Muchas gracias. Vuelve a dormir.

Un gesto con su mano crea una nueva lápida para su madre, sin un nombre, solo una frase.

-“Corazón puro e ideales nobles. Eso hace a un hombre”. Siento no ser el hombre que te habría gustado, pero la vida no es fácil. Lo siento… mamá. –Se arrodilla frente la tumba- He tardado demasiado tiempo. No recordaba donde nací… 

El dolor en su voz despierta a Shizen, ¿o fue el dolor de su alma?

-Qué triste suena eso. Pero… todavía conservo tu collar. Lo he guardado con mi vida, nunca mejor dicho. Casi muero por él en varias ocasiones, pero siempre saqué fuerzas para protegerlo. Incluso creo que brilla más ahora. Mira. –Saca el colgante, liada su cuerda con el de escamas, de su bolsillo- Y este otro… fue una buena historia. Un escorpión intentó comernos, pero yo… salvé a mi compañera, una amiga a la que no quiero hacer daño. Estar cerca de ella me descontrola un poco, pero cada vez me es más fácil lidiar con la bestia de mi interior. Gracias a todos mis amigos, aprendo cosas que utilizo para controlar mis emociones. Sus diferentes formas de ver el mundo. Actos tan simples como la forma de sonreír, o el por qué sonríen, son grandes consejos para mí.

Deja ambos colgantes sobre la tumba, llorando sobre ellos.

-Solo… solo quería decirte una vez más… Te quiero, mamá. Te echo de menos, y no sabes cuánto. Ahora recuerdo cuando me decías que solo conocería el amor cuando tenga algo que proteger… y ahora lo entiendo. –Postra su rostro contra la tierra- Quiero proteger a toda mi familia, pero yo mismo soy una amenaza. Por mi culpa y por egoísmo los arrastro a una guerra, los pongo en peligro.

Un instante de silencio; un instante en el que Jak se tranquiliza.

-Tienes razón… Ellos también me quieren, ellos también me protegerán, por eso me ayudan en mi deseo. Sí… -Levanta su cabeza- Yo también les ayudaré en sus deseos. Tal como tú, mamá, quiero hacer feliz a todos los que pueda. Siempre me das los mejores consejos.

Se levanta recogiendo los colgantes, y se los pone. Las cinco escamas que forman el collar quedan, dos de ellas, a cada lado y la del centro cae sobre su pecho al igual que el cristal.

-Volveré algún día para presentarte a Kai, y a todos los demás si pueden llegar hasta aquí. Seguro que te caerían bien. Quisiera verte una vez más. Ya…

Se voltea decidido para bajar la colina y subir rápido.

-Ya no puedo ni recordar tu rostro. Eso me duele tanto… –Sus pasos empiezan a sonar por el lugar-

 

***

 

Cuando el chico estaba por entrar al túnel de salida, una leve vibración vuelve a desatar su instinto. Sin siquiera usar su control sobre la tierra corre por el pasadizo sin preocuparse de la fuerza de sus piernas, que provoca desprendimientos en el mismo túnel.

En la superficie, Kai intentaba esconderse en la boca de la caverna del ejército y maquinaria que se acercaban.

Los hombres al mando de las máquinas hablan entre ellos.

-Creo que deberíamos destruir el túnel principal y acabar con los que podrían quedar dentro. Después siempre podemos abrir de nuevo el camino.

-No. Lo más rentable es acabar con esos malditos mineros y conseguir la mina sin dañarla.

-Las dos opciones son válidas, pero que me decís de volver a esclavizarles. Podría abaratar más los costes incluso.

-Idiota. Ya destruyeron a nuestros hombres hace veinte años, y no les daremos nuevo armamento para lidiar con escoria inservible que podemos liquidar ahora. ¡Abrid fuego a la mina! –Lanza su orden por la megafonía-

-Creo que habría sido mejor otra opción.

Las máquinas movieron sus cañones en dirección a su objetivo y la explosión de la ignición, y despegue, hizo eco dentro de la cueva, pero no fue lo único que se escuchó.

Kai asomó su cabeza para ver cómo sucedía la escena, y al hacerlo su cuerpo perdió la esperanza. Viendo ese fuego en los cañones, observando, impotente, como los misiles se acercaban, su deseo se hizo realidad.

Un bestial rugido salió de las profundidades de la cueva, soplando un potente vendaval, y Jak saltó de entre ese viento.

Mamá… Ahora soy un héroe, y los protegeré a todos.

Al posar el pie sobre el primer grano de arena, su cuerpo se lanza contra el primer misil para recibirlo de lleno, y de ahí al siguiente y al siguiente. Cayó al suelo con serias magulladuras en su brazo derecho, agrietado y con garras que llegan al suelo.

Su mirada, asesina y calmada, se clava en los ojos del que ordenó el ataque a kilómetros, detrás de una ventana.

-¿A caso es eso siquiera posible? –Dice el líder-

-¿Nos está mirando? –Dice uno de los tres, observando todos ellos con prismáticos-

-¿Es un minero?

-Ni los mineros podrían aguantar un misil de lleno.

Jak lanza su máscara hacia Kai, quedando a medio camino en la arena, y va con una tranquila marcha hacia la batalla.

Shizen, con sus raíces, se mueve hasta acompañar a Kai.

-Yo tampoco sé qué diantres le ha pasado a Jak. Solo sé que estábamos subiendo por el túnel y de repente sale corriendo como un loco. Pero me alegro que lo hiciera.

-¿No estabas con él cuando hablaba con su madre?

-No quería interferir, así que me dormí. Pero observa a Jak, me parece que ha cambiado.

Jak seguía caminando, sin siquiera preocuparse de los fallidos disparos de las máquinas ni soldados.

-Ellos están lejos y yo soy un blanco pequeño. –Susurra mientras con sus garras desvía los disparos- “See… pero no olvides jugar con ellos cuando los tengas entre tus garras. Jugar con la comida siempre es divertido.” Lo sé, lo sé. No te preocupes. Un héroe siempre será el villano en alguna historia, y hoy seré el villano de la… VUESTRA.

Sin miramientos ni restricciones se precipita como proyectil contra la cabina donde estaban aquellos tres hombres, reventando la ventana y quedando agarrado al metal destrozado del marco y mirándoles frívolamente.

-No os molestéis en atacar contra la mina. Vuestras armas están destrozadas. –Su expresión es igual que su mirada: tranquila y asesina-

El mensaje de la artillería llega a la sala. “Las armas han sido inutilizadas”

-Ahora… veamos que podéis hacer vosotros solos.

Estos tres hombres sacan sus armas y las descargan contra Jak. Ninguna bala falla el objetivo, pero ninguna penetra en su piel. Las chapas en que quedan sus perdigones se desprenden de la piel seca y áspera de Jak, haciéndole sonreír de esa forma desquiciada y tétrica jugando con sus garras.

-Supongo… que es mi turno.

Su sonrisa muestra todos sus dientes, afilados y crecidos; su mirada se abre y cambia, ese rojo opaca la luz que pasa por la destruida ventana.

-¿Un antiguo? Creía que se habían extinguido.

Jak ya se precipitaba contra ellos dispuesto a sesgarles el cuello sin dudar, pero su bestia debió tomar el control. Su garra apresó bajo la palma la cabeza del líder, entre sus afiladas sables y el suelo.

-Intentasteis matar a toda mi raza… ¿Qué menos que yo acabar con vuestros hombres? –Exhala un denso vaho rojizo-

“¿A caso no eras un héroe? Tú jamás fallaste a la promesa. Por favor… <<Jak>>. No lo hagas ahora”

El gimoteo del líder solo enfada más a la bestia, que eleva sus armas.

Con tan solo un bramido la zarpa cae sobre el enemigo, sobre su pecho, arañando y destrozando su uniforme.

-Hoy… Será un aviso. Si osáis regresar… moriréis como las ratas que sois.

Dándose la vuelta todas las paredes saltan en pedazos, los cables hacen saltar las chispas que casi prenden sus trajes. Jak se detuvo en el agujero de la pared por donde entró, y les miró una última vez.

-Es la promesa de un dios. –Dice, mirándoles con su semblante derecho y su expresión muerta-

Con un salto regresó frente a Kai, con el rostro bajo y ojos cerrados. Las máquinas emprenden el camino de regreso al igual que los soldados que había a sus pies.

Jak… ¿Qué te pasa? Lo tenías justo entre tus garras. Podrías haberte bañado en su sangre, podrías haber devorado sus entrañas. Recuerdas esos días… los recuerdas muy bien, lo sé. Sé cuánto disfrutabas, y haré que vuelvas a disfrutar del caos de la batalla y ese calor… Juro que lo haré.

-Tú… -Su temple es abrumador, en contraste a la pasión y desenfreno que expresa la bestia- No tienes más poder sobre mí. Ya no soy ese niño cegado por el poder y solitario. Ahora tengo una familia que me apoya y entiende, y haré lo imposible por protegerles; y lo primero es deshacerme de ti.

-Tú jamás podrás deshacerte de mí. Podrás alejarme todo lo que quieras de tu ser, pero me alimentaré de cada gota de odio, rencor, miedos… y me haré tan fuerte que haré que te sometas. Juntos… juntos seremos el dios más fuerte que ha conocido este mundo, y someteremos a todos a nuestra voluntad. Desataremos nuestros deseos. Solo… piénsalo.

Jak levantó su mirada, ingenua y brillante como la de un niño, y esa sonrisa; esa tan simple y brillante que siempre atonta a Kai.

-He hablado con ellos. Ya se marchan.

-Jak… -Dice la máscara al crear su cuerpo de madera- ¿Qué te ha pasado? –Ante el gesto de duda de su compañero, él prosigue- Tu instinto… la bestia. Había tomado control de ti y… ahora estás libre.

-¿Qué bestia? ¿De qué está hablando Shizen? –Pregunta ella-

-Cuando me enfado mucho parezco un animal. A eso se refiere. No hay nada que temer.

-¿Así que no tiene nada que ver con el por qué saltaste por la ventana cuando me tocaste el pecho?

Ambos hombres quedan paralizados. ¿Cómo siquiera lo ha podido relacionar?

-¿Cómo…? –Pregunta Jak. Su sorpresa ya responde a su pregunta-

-Por la postura. Es similar a una postura de combate. No entendía por qué la tenías entonces, pero ahora creo que lo entiendo. –Su sonrisa impacta a sus dos compañeros- Pero no pasa nada. Tú nunca perderías ante una bestia, da igual lo que fuera.

-Me sorprende su confianza. Si ella supiera cuánto tuvimos que lidiar… Pero es cierto que ahora pareces controlarlo mejor.

-Claro, Kai. Yo jamás pierdo. –Un extraño silencio en que se percata de algo, algo que no cuadra en el rostro de Kai, pasa antes de retomar las palabras- Volvamos con el resto. Espero que se hayan encargado ya de esos maleantes. ¿Qué era esa expresión? Parecía… ¿intranquila?

 

***

 

La otra parte del grupo seguía en la plaza simplemente hablando entre ellos, divididos en grupos.

-¿Crees que ha sido bueno llevar a esa chica con Jak? –Pregunta Yami al mago de luz-

-¿Por qué no? Seguro que se han divertido. Aunque dijera que quería ir solo, un amigo nunca viene mal.

El muchacho sonreía con esos aires tan infantiles que la enferman, pero aun así aguanta por poder tener la oportunidad de acabar con aquellos que les han pedido.

Por otra parte, Shizen mira a Sona como si solo con ello pudieran hablar, y Shiro estaba sentada en el pequeño muro que rodea al cristal con el ave de fuego sobre su brazo, acariciándole el pico y plumaje de la cabeza con su dedo.

-Me pregunto si lo que dijo Ryu era verdad… -El fénix le mira con uno de sus ojos y gira la cabeza- ¿Puede que Hide siga de verdad vivo en algún lugar? Su alma. Quiero tanto que sea verdad…

La tristeza y la frustración la hacen quedar al borde del llanto, y de nuevo el calor tan especial que emite el ave la calma al momento.

Es tan similar a sus abrazos… Hide no puede haber muerto, no así. Su alma era de un guerrero. No puede haber muerto así… no.

Una tormenta de arena se arremolina frente a ellos, frente al cristal. Al despejarse se presentan Jak y Kai.

-¿Todavía no han llegado esos malos? –Pregunta Kai-

-Si hubiera sido no estaríamos aquí esperando. –Dice Yami, arisca como siempre, con los brazos cruzados y mirando por encima del hombro-

Un estallido atrapa toda la atención del lugar. Fue Jak chocando sus puños entre sí.

-¿Vosotros conocéis a la gente de las minas? –La chica niega- En ese caso id a verlos. Os podréis ayudar mutuamente sin dudas. Son muy buena gente.

Anna no terminó de entender el motivo de esas palabras, pero Jak continúo caminando hacia el cristal.

-¿Nadie sabe “qué” es este monolito?

-¿Monolito? Jak, ¿tienes alguna idea?

-Su presencia… me resulta muy familiar.

Ensimismado, él posó su mano izquierda sobre el cristal y, siendo el único en darse cuenta el espíritu de la máscara, el cristal que porta él al cuello brilla con su mismo color marino.

Al margen de la mente de Jak una extraña sucesión de imágenes aparecían. Primero una extraña iglesia derruida, una cueva, una montaña roja, y una enorme selva metálica. Tal vez podría haber visto alguna imagen más, pero la situación le requería. Los maleantes habían llegado haciendo ruido con sus motores.

La polvareda se veía sobre las casas, y los motores fueron reconocidos por Anna y por Jak como vehículos de dos ruedas.

-Ya sabéis lo que queremos, así que dádnoslo y no tendremos que volver a este asqueroso pueblo.

Jak preguntó por eso que hablan, y la respuesta de Anna le hace sacara una sonrisa. La batalla se acerca. Parece ser que eso que buscan es una leyenda, y que el pueblo lo perdió hace siglos.

-Pedazos de mierda. Venid aquí si es que creéis que podéis contra nosotros.

Era Jak quien quería haber dicho justamente eso, pero Yami se adelantó. Las motos se detuvieron a la entrada de la plaza y sus conductores no se alejaron mucho.

-Tened mucho cuidado. Utilizan una alta tecnología. Dijeron que son enviados de los altos países.

-Ninguna tecnología puede contra el Taok de la oscuridad. ¡Venid con todo, escoria!

Jak… esta chica me recuerda a alguien en sus días mozos. ¿No crees? -Dice Shizen-

Los supuestos mercenarios comenzaron a reír, acto que enfada aún más a Yami haciendo que sus sombras se mostraran.

-La jovencita lo cree de verdad. Ja. “Miradme… soy una Taok y soy súper, súper fuerte.” No me hagas reír tanto. –Posa su mano en el morro de la moto-

-Tú… -Las tinieblas de Yami se lanzan contra ellos, pero un fuerte destello las destruye como si fueran arena- ¿? ¿Cómo es posible?

-Se llama luz. –Ese comentario provoca una leve carcajada en Ryu, que es objetivo de una furtiva mirada de la chica- Y tu confianza no se ve tan fuerte ahora. –Su sonrisa amenaza todavía más al grupo, en especial a Yami- Déjame decirte. La tecnología… podrá contra esa asquerosa magia que vosotros adoráis. Si no me entregáis lo que busco… Destruiremos este pueblo, y el siguiente, hasta que uno de ellos nos la entregue. Los científicos lo quieren, y nos recompensarán. ¡Dádnoslo!

-Chico. –Interviene Jak, calmado y algo arrogante- Eso que buscas no está aquí. Nadie lo tiene. Se ha perdido entre la arena y el tiempo. –Se pone al frente, relevando a la molesta chica-

-En ese caso solo tenemos una opción.

Y al mismo tiempo ambos dicen: “DESTRUIROS”.

Un nuevo destello ciega a todos del grupo, y no parecía descender su potencia. Jak, con su poder, crea un velo de arena que le deja ver con dificultad qué ocurre.

-La moto… ¿Se ha convertido en una armadura?

-¡Desapareced!

Una luz que ni su velo podía reducir, y una atmósfera que hacía años que no sentía, pone en una alerta máxima a Jak, quien sin pensarlo clava sus pies en la tierra y levanta sus brazos en movimiento circular el cielo, los pega a su pecho y los extiende con un fuerte golpe. Al terminar el gesto, un muro de roca maciza y de una apariencia indestructible se levanta a su espalda para protegerlos.

-Este poder… me recuerda a algo. –Dice recibiendo el ataque sin ninguna defensa, dejando que esa luz quemase su piel y ropas- Una vieja lección.

La luz cesó de atacarles, y justo entonces el muro se ve convertido en una fina lámina de polvo que se va con el aire. Todos ven el patético estado en que se encuentra Jak, con su postura decaída, dolorida y su ropa casi deshecha. Llena de agujeros y quemada por innumerables lugares.

-Ni el Taok ni la tecnología… -Su pelo se levanta como si de una bestia erizada se tratase; su rojizo ojo se vio desde esa distancia- Deberían estar en manos como las vuestras.

Sin ser detectado por ninguno presente, Jak, se mueve al frente del atacante, frente a esa brillante armadura plateada que no para de brillar.

-Gente que la usa para herir a todos los que pueden. –Siendo apuntado con el mismo cañón de antes, él lo aprieta con la izquierda, lo aplasta sin problemas y su adversario grita de dolor- El poder solo se debe usar para una cosa. PROTECCIÓN.

El brazo del hombre estaba dentro de aquella arma, y Jak lo aplastó sin dudar. La armadura del enemigo se oxidaba por segundos, perdiendo el brillo y dejando al resto poder ver algo de esta “pela”.

Jak seguía retorciéndole el brazo, despojándole poco a poco de su armadura, amedrentándole con su mirada y su cercanía. El resto de los moteros no podían siquiera mirar hacia Jak, su miedo estaba más que justificado, era casi una obligación.

-Os marcharéis de este pueblo… ahora. –Por poco partiendo su hombro, lanza al enemigo contra los suyos, y les da la espalda para marchar hacia sus compañeros- Y como escuche un mínimo rumor de que habéis vuelto a hacer daño a otras gentes… -Su aura oscurecía el propio sol para dejar como única luz su sangriento ojo- Los dioses no serán piadosos.

Las auras de Ryu y Yami se sobreponían a esa extraña oscuridad, pues no extraña que la luz del mago se note, pero sí las tinieblas de la mujer.

Los hombres bajaron las miradas y las armas que portaban, y con un movimiento brusco y marcado de la mano de Jak la tierra bajo sus pies los movieron con rapidez hasta las arenas que no se distinguían del horizonte.

Con su cuerpo más relajado, y alegre por algún motivo, regresa con sus compañeros.

-HA-SIDO… FANTÁSTICO.

Grita el pequeño de Shizen, con las mangas de su jersey, que le queda grande, agitándolas como pompones. Jak, con una sonrisa que casi no cabe en su rostro, le revuelve el pelo; una caricia que hacía mucho que no hacía con esta energía dentro de él.

-Relájate. Tampoco ha sido tan “fantástico”.

-Claro que sí lo ha sido. ¿No lo has visto? Haciendo eso tan chulo con las manos. Shuuu… ¡Pam! ZASS… Y la pared. Y la luz… y, y… Ha sido genial.

El relato tan enérgico del joven alegra el corazón de todos, incluso hace reír con la imitación de los movimientos de Jak.

Jak… nunca te había visto usar así la tierra.

-El viejo decía que con los movimientos adecuados puedes hacer más fuertes tus acciones. Me alegra recordar eso.

Incluso vieron una pequeña sonrisa en Yami, pero no duró mucho. Anna tomó protagonismo al tomar la palabra con Jak.

-Ha sido fantástico que hayas podido espantarlos. Espero que sea para siempre. Pero… me gustaría pedir otro favor. Este tendrá una buena recompensa.

-Hablando de eso… -Interviene Yami- Por esto también deberías recompensarnos. Eso dijiste.

-Puedo invitaros a una comida.

-Acabamos de comer. Como quien dice.

-Mmmm… Puedo devolveros el dinero de vuestras comidas.

-No es necesario. –Toma Ryu, poniendo su mano en el hombro de su compañera- ¿De qué se trata este favor? Estamos encantados de ayudar.

-Pues… necesito que me llevéis con mi padre. Soy del cuarto país, así que… -Sacude su cabeza, aclarando sus ideas- Vine aquí para unas cosas para él, y ahora debo volver. Tardaría más de una semana por las carreteras seguras, pero… Viendo lo rápidos que sois… ¿Podríais llevarme con él?

-Claro. No hay problema. –Es Ryu quien da esas tranquilizantes palabras con su rostro tranquilo y de confianza- Pero me gustaría una recompensa algo más… tangible.

-Muchas gracias. Podréis pedírselo a mi padre. Vamos cuanto antes.

La chica se marchó al interior de la taberna donde trabajó y salió con una gran bolsa que no vieron por ningún lado cuando entraron. Cuando hablaron un poco de por dónde estaba exactamente esa casa, fueron lejos del lugar y allí, Ryu, los envolvió en aquella tibia luz con olor a vainilla.

 

***

 

Una gran montaña roja fue lo primero que vieron tras el fogonazo, impactando a Jak.

Kai, con esa sonrisa que reconforta el alma de Jak por completo, se pone frente a él mirándole fijamente con unos ojos que le inspeccionan.

-Sí. –Corta a Jak antes de que pudiera hablar- Ahora sí que pareces un hombre de verdad.

Un golpe en su pecho con ese delicado puño, a sus ojos; pues las manos de la chica eran algo ásperas y ciertamente duras, aunque parecerían de princesa comparadas con las de Jak.

Un verdadero hombre, ¿he?

-Sí, chico. He de reconocerlo. Tu comportamiento después de la visita a tu madre… ha cambiado a mejor. Ahora pareces un héroe, y no una bestia como antes. Supongo que es lo que ha querido decir Kai. Cada vez me cae mejor la chica. ¿Te importa si alguna vez hablo con ella por mi gusto?

-Claro. Solo quiero protegerla, y verla feliz.

-Jak… -En su tono se intuye lo que sucederá- ¿Sabes lo que significa que no seas una bestia? Me refiero… respecto a la chica.

-No podías evitarlo, ¿“sí”?

Todos avanzan, y Jak destaca por su gran sonrisa y espalda. Esa ropa destrozada no le importa, porque su corazón arde de felicidad y un sentimiento de bienestar que jamás había ni imaginado.

El sol alumbraba con fuerza antes del mediodía, que hacía casi brillar esa montaña y Jak no podía dejar de darle vueltas; aunque eso no le quitase la felicidad.

-Esas visiones… ¿Qué eran?

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