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La Sombra de Las Diez Luces_Capítulo 3- Dificultad añadida -Editado

Modo noche

Capítulo 3: Dificultad añadida.

 

Tras salvar a el pueblo de aquel mercenario de “Las Diez Luces”, donde conoció a una pequeña hija de un herrero, junto con Kai, quedó por las calles mientras el sol decaía en el horizonte. La joven Kai tomó una actitud algo distante y vergonzosa, al contrario que la joven Naomi que correteaba a su alrededor, animándole a que le siguiera a todos los lugares que ella conocía: las tiendas de verduras dulces, a las de cecina ahumada, incluso a unos baños públicos; a estos últimos tan solo dijo que iba con su padre antes del amanecer porque no hay nadie. El padre de la muchacha los seguía con el permiso de Jak, pero con cuidado de no molestar a su risueña hija.

-La verdad es que no suelo salir mucho de casa. Mi casa es un buen lugar. Se está calentito, es agradable, y el ruido del martillo es muy bonito. –Se acerca a las piernas de Jak y se aleja con rapidez, no para de moverse por emoción y alegría-

-Eres una muchachita muy fuerte, ¿a que sí? –La coge por debajo de los brazos y la hace sentarse en sus hombros- ¿Tú quieres ser como tu padre? ¿Un gran herrero? –La pequeña se divertía allí arriba, viendo todo desde un punto nuevo para ella, tanto que le costó responder a su pregunta-

-Sí. –Una respuesta fuerte y llena de espíritu- Quiero hacerme fuerte como papá, y ayudar a le gente con mi fuerza. Cuanto sea grande podré hacer graaaaaandes armas. –Extiende sus brazos, casi se cae para atrás si no fuera por las manos de Jak- Así la gente podrá defenderse-

-Pero… Las armas también pueden hacer daño a personas buenas. Pueden ser usadas por gente mala. –Él intentó hacerle ver a Naomi una cruda realidad del mundo, pero ella sigue siendo una niña; una con una mente simple, pero con ideas claras-

-Yo no venderé a gente mala; y si veo a gente mala, les parto las piernas. –Jak se paró por la brutalidad en la expresión de la pequeña, la chiquita le miró con risa y contestó a la pregunta de su mente- Siempre dice eso papá. Y papá es alguien bueno, así que eso debe ser bueno, ¿no? –Se miran a los ojos, ella y Jak; ambos ojos verdes. Ella miraba hacia abajo y el hacia arriba, cada uno ve la clara sonrisa del otro-

-Me caes bien, herrero. Seguro que eres un gran hombre. –Él parece tan cambiado al que Kai conoció…-

La mujer de las dagas solo podía rememorar todos y cada uno de los recuerdos donde apareciese el enmascarado y pensar en que nunca, jamás, le habría imaginado sonreír durante tanto tiempo, y ni siquiera aguantar la actitud de los niños. El peso autoimpuesto de las muertes que causó aquel enemigo, armado con fusiles, debido a la demora que supuso la espera de Jak para llevarla, la consumen por dentro. El dolor permanecía, pero las sonrisas de aquellos dos, que ambos parecían niños, mitigaban bastante el pesar.

-Chiquitina, yo debería ir volviendo para mi casa. Tengo gente que me espera, ¿vale? Volveré de vez en cuando para haceros una visita, o si necesito algo. ¿Os gusta la idea? –Mira al herrero. Naomi, apoyada su cabeza sobre el pelo de Jak, le mira con ojos de súplica, abiertos y titilantes-

-Claro que está bien, “Puño de Roca”. Ven aquí cuando quieras, siempre serás bienvenido. –Su hija vuelve a tocar el suelo y tanto ella como la pareja comenzaban a caminar cuando Jak vio su cartel de búsqueda. Ambos pares se detienen-

-Esto… -Arranca el panfleto y lo enseña con orgullo- Será la muestra de que cambiaré el mundo. Esperad y ved. –Se marcha con una nueva sonrisa, por fin a solas con Kai por el desierto donde ella rompe el silencio-

-Nunca te imaginé así, le verdad. Tú… -Aquella mirada era extraña. Mostraba desconfianza, pero a su vez no quería apartarse de su lado- Puedes ser tan cruel… pero a la vez tan amable con una niña… Salvaste la vida de ese hombre, ¿cómo?

-Primero, no soy bueno y malo a la vez. –La mira de forma seria, parece que aquella felicidad se hubiera esfumado, pero residía todavía en su pecho- Soy cada uno de los dos cuando debo serlo. No sé ser de otra forma. Y sobre cómo le salvé… La máscara. –La brisa del desierto hondea los harapos del chico, que lleva a la espalda agarrados por su mano izquierda- Esta madera está imbuida con el poder del bosque, y puedo usarla en pequeña medida. Usé parte de mi energía para sanar todas sus heridas. Fue doloroso, pero… -Kai nota la dificultad con la que logra hablar- No podía dejar que una niña sintiera lo que sentí yo. No sería… justo. Este mundo es muy cruel de por sí, no pienso dejar que lo sea más.

-En verdad… en verdad pareces un dios, igualito al de los cuentos. –Es vergonzosa, y en cierta medida se pregunta cuando montarán en el vehículo, sus pies comienzan a quemar-

-Así que sí te contaban cuentos. ¿Puedes contarme algo de esos dioses? La verdad es que yo solo sé que los dioses son humanos que controlaron el Taok y fueron los más fuertes en su elemento. ¿Es solo eso o hay más?

-Yo… Yo creo que hay más, bastante más. Además de los dioses también están los diablos. Los dioses son los Taoks que ayudan o protegen a la gente, los que son venerados. Y los diablos son a los que todo el mundo teme. Por eso… sé que serías un gran dios. Eres una persona maravillosa, algo siniestra, pero amable en el fondo.

Demasiado en el fondo. –Él no puede quitarse de la cabeza todo el dolor y sufrimiento que ha provocado a gente que, al igual que él, solo quería sobrevivir un día más- Por eso… debo volverme más fuerte, hasta que ni los dioses puedan hacerme frente. Pero… ¿conoces algún cuento, así, de algún dios en concreto? – La chica niega, dice saber solo sobre las leyendas más generales- ¿Crees que en este mundo quede todavía algún dios, o “Las Diez Luces” los han matado a todos?

-Estoy segura de que no a todos. –Ambos ser miran, pero cada uno por motivación distinta- Porque tú todavía estas vivo. –El chico no se ruboriza, pero si es cierto que nota un amplio calor en el rostro y pecho; y se oculta bajo aquella máscara de madera-

-Gracias, Kai. Pero no me refiero a eso. Si queda algún dios, debo encontrarlo y asegurarme de que me ayude en esta guerra. Debo disponer de tanta fuerza como me sea posible, y los dioses son los seres más poderosos. Yo… no llegaría ni a la uña del pie a alguien como ellos.

-Pero… eres el único Taok de tierra, ¿no? Eso te convierte en el más fuerte. –El enmascarado niega, y se detiene bajo el incesante y abrasador sol-

-Yo soy el único Taok de tierra, cierto. Pero sé que el primero, el original, aún está vivo. Lo sé, puedo notar su fuerza llamando al desafío. –La chica no comprende nada de lo último mencionado- Es algo cómo que… Los Taoks… nuestro poder nos atrae y nos hace pelear. Es un instinto de ver quién es más fuerte. Pero siempre que sigo su rastro, desaparece. Él ha superado ese instinto, y yo también debería, pero… es demasiado. Yo ya no sé hacer otra cosa que no sea pelear. En verdad sé que no merezco el ser llamado dios. No alguien como yo.

-Pero has salvado a mucha gente hoy, y seguro en el resto del viaje rescatas a muchas más. Pero… no harás amigos si te quedas en el bosque a esperar que te avise ese amigo. Creo que deberíamos ir a algunas ciudades y pasarlo bien, ¿no lo crees? –Su sonrisa choca con la inexpresiva máscara, pero detrás de ella se alzaron las comisuras de sus labios-

-Debo aprender a ser como ella, ambiciosa y algo despreocupada. Ella es maravillosa, tal vez… demasiado. Shizen, dame sus recuerdos. Quiero saber sobre esas malditas “Luces”.

-En ello estoy, prepárate para el choque.

Jak se detiene sin motivo aparente para Kai, sus músculos se tensan y su cuerpo se enrojece. Ella entra en preocupación, pero el enmascarado, con gesto calmado y pacífico niega los gestos de la chica.

-¿Estás bien, Jak? Estás demasiado rojo. ¿Te encuentras bien? –La piel del chico regresa de a poco a su tono levemente bronceado, y así regresan ambos a la calma-

No había nada que no supiera ya. El herrero ya me dijo lo de los guardias y los abusos de poder. Si en la ciudad a la que vayamos encuentro a algunos… sin duda mi recompensa subirá. Sí, Kai estoy bien. Pero… no me llames por mi nombre. –La joven no está conforme con esta petición, pero se imagina el motivo- Me pone nervioso porque… mi nombre nunca significó algo bueno para mí. Por favor, sigue llamándome “fantasma”, o “enmascarado”

-NO. –Sus ojos quedan abiertos y fijos en él- Tú eres Jak, “mi héroe”. Solo te llamaré así. Y… ¿cuándo no esté Hide podré llamarte por tu nombre?

Supongo que al final me acostumbraré, así que sí. –Se detiene nuevamente, se retira la máscara para ponerse de nuevo aquellas telas rasgadas y se recoloca la madera- Y… ¿A qué país querrías ir? ¿Dónde crees que podemos hacer nuevos amigos?

-Pues… Me gustaría ir a las costas del oeste. He escuchado que son bastante bonitas. ¿Estaría bien?

-Mi amigo tiene entendido que ese lugar es extremadamente peligroso, así que, si quieres alguna playa, tal vez la pequeña del Séptimo país esté bien. Hay muchos pueblos cerca de la costa que viven de la pesca y los visitantes del décimo y tercer país. Además, está cerca de una ruta de esclavos, también podríamos hacerles daño y salvar a algunas personas, ¿no? –Su voz está más relajada, y la mirada que siente Kai es agradable y reconfortante- ¿Te sucede algo? ¿No parece que te encuentres bien? ¿Sigues con fiebre?

-No, estoy bien, pero… no le dejo de dar vueltas al todas esas personas que murieron en esa ciudad. En parte fue culpa mía, porque tú me esperaste en vez de ir de inmediato; y además no pude hacer nada contra ese tipo, casi muero. ¿Quién es Sora? ¿Pudo ser su primera novia? Así que… me gustaría entrenar contigo, quiero ser mejor.

-¿No dijiste que eras la mejor del gremio? –Una risa grave, que conforta a la joven, sale de la garganta del héroe-

Una agradable charla vino acompañada del suave viento del desierto hasta que la joven mencionó a Hide, que debería sentirse solo con ellos fuera tanto tiempo, y así Jak sacó el vehículo y volvieron con rapidez; pero su intención era tan solo entrenar con la ella.

El sol estaba aún por encima de los árboles del claro cuando regresaron, viendo al chico nuevo recostado sobre uno de los troncos y tapado con un puñado de hojas; parecía dormido.

-¿Quieres que le despertemos? –Dice el muchacho, estando ambos en el margen del claro-

-Creo que deberíamos hacerlo, pero hazlo tú. No seas muy brusco; Jak. –La mirada de la chica le hace sentir bien al enmascarado, pese a que ese nombre tan solo le trae dolor-

Así el muchacho le despierta zarandeándole un poco y se disculpa levemente con un gesto de agachar su cabeza, por su actitud en la comida.

-¿Querrías venir a entrenar un poco?

-¿Por qué debería hacer caso de tus peticiones? No pienso ir allí para que tengas una excusa de atizarme enfrente de la chica. –El joven pescador tenía aún el resentimiento hacia Jak por su carácter agresivo e indiferente al sufrimiento, forma en que Kai ya no podía verle-

-Vivir en esta zona, y acompañarme, no es tarea que puedas realizar sin ser fuerte. –Se yergue, con Hide todavía recostado en parte en aquel tronco- Asumo entonces que quieres marcharte de aquí. Si es así, si en verdad lo deseas, te dejaré hacerlo con el siguiente amanecer; pero hasta entonces permanecerás en este grupo.

-¿Grupo? Jak, no pensé que pondrías mi consejo tan rápido. –Shizen, la máscara, habla a la mente del fantasma de las arenas-

-Debo hacerlo si quiero hacerlo bien, al menos esta vez. Ahora debo ser tal como fue Dax, o Rass para mí. Debo intentar ser una buena persona, aunque no sepa bien cómo. Si tú no deseas entrenar, la joven Kai sí que lo desea. Y nuestra idea es llegar a la costa del oeste, la del séptimo país, cuando aquí el sol se oculte en lo árboles.

-¿Cree que recorrer medio mundo es tan fácil? Él… ¿acaso está loco, o es tan fuerte que puede terminar con los controles de los caminos? –El joven de pelo oscuro se levanta y se encamina a los árboles, pensando en todo lo que podría haber tras esas palabras- No comprendo. Quiere atravesar medio mundo, y además en una zona bajo el décimo país. No sé si quiere matarnos a todos o matar a algunos soldados. Tan solo le acompañaré para proteger a Kai, si ella no estuviese me habría largado hace mucho. Está bien, entrenaré.

Bajo aquella madera que cubre su rostro, el muchacho esbozó una sonrisa y se volteó para caminar hacia el claro. Mueve su mano derecha, recubierta de roca, con gesto de que le siguiera. Kai, cuando su héroe pasó frente ella, le siguió sin siquiera pedirle.

-Bien hecho, Jak. –Susurra, pero eso solo pone más nervioso al chico- Gracias por intentar llevarte bien con él. Pero… ¿Vamos a entrenar y luego a la playa? ¿No crees que el viaje será muy largo? Además de que esa moto solo tiene para dos.

-No te preocupes. Ese no es mi único modo de movimiento. –El muchacho nuevo les alcanzó con rapidez, cortando así las posibles conversaciones entre la pareja-

Llagaron al claro, donde Jak extendió su derecha a modo de liberarles para comenzar. La muchacha cogió la mano de Hide y lo llevó al centro del abierto y fresco ambiente.

Sus manos son tan suaves… y aprietan fuerte. Tal vez… -Mira, como si de alguna forma le hubiera superado, a Jak; y este chico se molesta ante esta expresión, logrando ser calmado por Shizen-

-Recuerda que tú también hiciste lo mismo. Además, si esto fuera una competición, tú le sacarías dos pistas. Tranquilo, su pulso cardíaco es “amoroso” cuando está a tu lado.

-Eso, su corazón, no me importa. He hecho demasiado daño a gente que no se lo merecía; y ahora no quiero que ella sufra por mí. No puedo corresponderla, pero la protegeré.

La joven no empuña sus dagas, se prepara en usar sus puños, y el hombre parece confiado.

-Empezamos entrenando nosotros. El que gane entrenará contigo, ¿vale? –Dice la energética fémina con ganas de ganar y luchar mano a mano contra su héroe-

El comienzo de la batalla se vio marcado por la iniciativa de la joven, donde el chico tan solo se movía con el fin de esquivar y desviar sus ataques con las palmas y brazos. Con una cierta sensación de repetitividad, el chico decidió emprender el camino que la chica no: usar todo el cuerpo como las piernas y hombros.

Una primera patada del chico se disponía a levantarse del suelo, sus brazos se movían para mantener el equilibrio, y en esa posición, con la ignorancia de esa intención por Kai, ella fue a realizar un agarre al cuello de la prenda del hombre.

Con una notoria expresión de victoria, su mente no comprende como terminó en el suelo por el derribo de la chica, que le hizo caer usando su pierna y el agarre para tirarle. Jak levantó su máscara para mostrar aquella burlona sonrisa a Hide, quien ahora si comprende lo sucedido.

-Malditos Taoks, siempre chuleándose de su poder y queriendo llevarse a la chica. Será cabrón, seguro que aprovechará para tocarla con alguna llave o técnica. –Se levanta y retira ante las altas palabras de su compañera, que insisten para que Jak se moviera y luchase-

-¿Estás listo para caer? Soy la mejor de mi casa… -Sus ojos son brillantes y risueños, llenos de ilusión y felicidad-

-Si eso es lo mejor… no quiero imaginarme que tan malo será su entrenamiento. Debe aprender qué es mejor en una pelea real. Tienes varias carencias en tu estilo, y será mi deber suprimirlas. Empieza. –Desenfunda de bajo su tela su brazo derecho, extendiendo solo su dedo índice con su respectiva garra de roca- Usa tus hojas, verás el poder de la experiencia.

La muchacha vuelve a arrancar el enfrentamiento, en el que todos sus cortes son o bien detenidos por su dedo, o movidos por su codo. Todos sus giros, cambios de dirección, amagos, fintas, avances y retrocesos repentinos eran inútiles contra los ojos de Jak.

-Por lo menos con las dagas es alguien a quien tener en cuenta, pero debe aprender más. –Al momento en que ella intentó una estocada de derecha, posterior a un corte giratorio de izquierda a derecha, su filo fue movido con facilidad por la palma de su entrenador, quien también rotaba para darle la espalda a la par que avanzaba; quedando con su espalda frente el hombro de la chica- El suelo… mi viejo amigo. –Con todo el peso de Kai sobre el pie izquierdo, también adelantado para dar rango al golpe, el enmascarado lo empuja con su talón para hacerla caer. El golpe es de espalda, cae con los brazos abiertos para no hacerse daño con los metales, y la mano de Jak es lo primero que ve al abrir los ojos- Las caídas nos obligan a levantarnos. Así debe ser una pelea, levantarse más veces que el enemigo te tumbe. ¿Entendido, Hide? –Tanto el chico como su compañera se sorprenden de lo dicho, y ante esto él se marcha, pero no sin antes decirle algo a la chica- Cuídate de todo su cuerpo, al igual que el tuyo también es un arma. Úsalo bien, debes entrenar. –Le susurra y marcha al bosque para los preparativos del viaje- Lo primero sería asegurar algo de comida, lo mejor sería algo de cecina o carne ahumada. De eso tengo en el taller, lo malo… Agh*… No quiero hacerlo, odio ese hormigueo. Me recuerda al viejo, y a los experimentos de Dax con esas prótesis.

-Me alegro de que hayas encontrado a estos dos humanos, la verdad sea dicha. –El chico se quita la máscara y la lanza al suelo con la intención de que salga su cuerpo, y así lo hace Shizen- Llevo contigo mucho tiempo, pero jamás me has contado nada de tus días, nada de tu pasado y, siendo sincero, quisiera saber sobre ti. Ya de por si tu presencia es rara, cuando intento ver tu cuerpo hay algo que me intriga. No soy capaz. Es como si fueras más fuerte que la propia naturaleza.

-No digas idioteces… Es solo que tengo un brazo y pierna de metal, implantes biónicos. Y como soy un Taok de tierra, puedo hacerlo más grande conforme crezco. Lo único… es hacer que las conexiones funcionen bien. Puedo alargar y ensanchar los mecanismos, pero la electrónica es algo más complicada. Los cables están llenos de electricidad, y debo desconectarlos de mí para poder manipularlos. Pero si lo que no puedes leer es “todo”… tal vez se deba a mi raza. Mi raza, por lo que tengo entendido, no es común. –La máscara queda paralizada por la impresión y la intriga- Nos llaman “Mineros”. Somos tan fuertes como los ogros, más duros incluso. Somos una de las razas más brillantes en la batalla: resistentes, infatigables, potentes y feroces…

-Yo… nunca he escuchado de esa raza. ¿De verdad que no sois un humano formidable?

-Mi raza existe. Aún recuerdo las burlas de los guardias mientras pateaban a los niños frente sus padres. –Su mirada recae al suelo, ensombreciéndose- Toda una raza… creada y sometida para la esclavitud y la excavación. –La arena y tierra danza a su alrededor en forma de una translúcida cortina- Es irónico, verdad… Toda una vida bajo tierra, bajo la tiranía de “Las Luces”… Y ahora seré yo el que los entierre a todos… -Sus ojos se afilan con la ira y su rostro se distorsiona con una gran sonrisa impregnada de odio y sed de sangre-

-Jak, tranquilízate. Creo que todo esto… al menos, deberías decírselo a la chica. Aunque creo que hablarlo con los dos hará que ambos te aprecien más. Pero creo que el chico solo lo verá como una técnica para ganarte el corazón de Kai. Es una verdadera pena que no tengas confianza en ti, pero sí en tu poder.

-En este maldito arenero… lo único en lo que puedes confiar es en el poder que tus manos ostentan.

El tiempo pasó para ambos, pero no de igual forma. A la mente de Jak no se le despegaba la idea de controlar todo lo que pudiera, con la idea de medir hasta donde llega su poder; a Kai le pareció ameno el tiempo de entrenamiento, ahora que comenzó a practicar las técnicas conjuntas de piernas y mano ganaba terreno con facilidad; y para Hide… bueno, para el chico era un privilegio pasar tiempo con ella sin el enmascarado, e incluso pensó en aprovechar este combate para lograr un roce “apropiado”, aunque las habilidades de Kai le derribaron con facilidad y estilo.

-Ja… -A punto de gritar el nombre de su héroe, se retracta convirtiéndolo en un sonido de cansancio- ¡Fantasma! El sol ya está bastante bajo. ¿Nos vamos ya? –Detiene el entrenamiento poco después de aquel intento del joven, y Jak no tarda ni un minuto en aparecer de los árboles-

-En ese caso, vayamos ya a la costa. Tengo ganas de destrozar a algunos esclavistas. –La arena les envuelve poco a poco, aumentando la velocidad. Se escucha con fuerza el sacudir del viento en las hojas, y el roce entre la arena que crean pequeñas y grandes chispas-

-Oh… es precioso. –Sin poder quitar la mirada de la máscara de madera, la muchacha quiso con toda su fuerza acercarse y abrazarle, pero, para cuando sus piernas se dispusieron a avanzar, la arena ya se abría para dejarlos frente al mar- ¿!!  ¿Ya estamos en la costa? –La brisa marina, con ese inconfundible aroma a agua salada, mece el pelo y las ropas de todos-

Esto… es imposible. Ni siquiera la magia podría hacer esto, ¿Quién es él? -Hide, tan sorprendido como aterrado por el poder del fantasma, queda sin poder hacer movimiento alguno-

-Vayamos para el pueblo más cercano, no deberíamos tardar mucho. –El sol estaba justo sobre sus cabezas, completamente al medio día- Siempre me muevo lejos de las personas porque a todos les da miedo mi poder. Y con razón… -Susurra aquella mezcla de amenaza con recreación propia-

La arena de la costa estaba seca, pero no así la de a pocos metros de ellos que poseía ese color apagado y barruzco. Los pies de los caminantes de hundían entre aquellas rocas pulverizadas y calientes, dirección a los pequeños edificios del horizonte.

El pueblo se edificó mediante el barro y el compost de vegetación. Sus techos eran planos y sus estructuras se mantenían por grandes pilares de piedra. Algunos de estos pilares sobresalían de las fachadas, donde muchos oficios colgaban sus productos ya fueran carnes pequeñas, legumbres aun en sus plantas o sus elaboraciones: básicamente ropas de cuero o fibras.

-Woaa… -La joven miraba a todos los lados, observando todos y cada uno de los puestos. Su infancia, recluida prácticamente en su casa, no le dejó satisfacer la curiosidad de los niños- Jak… -Se adelanta a Hide y se apega al brazo izquierdo de su héroe, susurrándole al oído bajo esa capucha- Podemos luego, si puedes, investigar por esta zona. Quisiera ver todo… ¿Sí?

-Ella… es una niña. Parece que le pasó lo qué a mí, pero ella sigue sonriendo. ¿Cómo? Claro que podré, solo tendremos que librarnos de Hide unas horas, y podremos ver todos los puestos. –Un pequeño choque, de la cabeza de la joven a su hombro, llega al corazón del fantasma- Es…Demasiado… Es igual que cuando me hice amigo del escorpión… esos golpes de cabeza… -Bajo la máscara surgían lágrimas de felicidad mientras ella abrazaba su brazo, ella estaba feliz por el viaje y poder estar cerca de él; nada feliz estaba Hide, quien se acerca a ellos para no permitirle al fantasma seguir tan cerca de Kai-

-Hey, no me dejéis atrás. –Colándose entre ellos dos, la magia de la joven se rompe-

La caminata seguía entre las calles, abarrotadas de gente por la zona comercial, pero casi desiertas al salir del núcleo activo. Las calles se estrecharon un poco, hasta que apenas podían ir uno al lado de los demás. Estas calles estaban repletas de salidas a callejuelas, todas ellas repletas de cajas y diversa basura.

-¡? –Su máscara se giró a la derecha, mirando a las profanidades de un callejón, oscuro y lleno de trastos inútiles- Me pregunto de que arcilla está hecho este chico. Ahora lo veré. –Habiéndose detenido tan solo unos pocos segundos, eso bastó para intrigar a Hide, que se queda más tiempo, distanciando sus pies de los que aún avanzan- Me pregunto siquiera si podrá verlo.

-Escucho algo… -El muchacho de pelo negro no pudo contenerse una vez lo vio y oyó; se lanzó a las profundidades de aquella oscuridad, donde a los pocos pasos obtuvo en sus manos una vara de madera que había clavada entre montones de basura- Te partiré en dos, desperdicio humano. La ira y el rencor le lanzan a la acción, nublando un poco su juicio-

-¿? –La joven tira de las telas de Jak, dubitativa- ¿Dónde está Hide?

Parece que sí se puede confiar en él. Debe de haber encontrado algo por aquel callejón. Vamos.

Así, retrocediendo sobre sus pasos y mirando dentro de aquellas tinieblas entre aquellos edificios, encuentran al chico saliendo de esas sombras empuñando un astillado palo, bastante ensangrentado, y abrazado por una joven, llorando y muy aferrada a él, de un largo y precioso cabello blanco.

-Gracias… *Snif* Por favor… no me hagas nada… -Abre sus ojos con una mirada suplicante y las lágrimas empañándolos, unos ojos claros y grisáceos-

-Tranquila. –La máscara se abalanza sobre ella, pero no se percibe pizca de agresividad- Yo me encargaré de ello. –Se voltea hacia la calle y continúan caminando, él y Kai, aunque a ella le cuesta no mirar atrás y observar a la conmocionada chica que intenta recomponerse-

-Jak… ¿Qué se supone que le ha pasado? ¿Tú sabes algo? –La forma en que el enmascarado se detiene y torna a mirarla es claramente de molestia por decir su verdadero nombre-

-Esa chica… por poco la violan. Me habría gustado partirle las costillas una a una con mis manos mientras me regocijaba en sus gritos y lágrimas de dolor, aunque creo que lo que ha hecho Hide también está conforme. Yo no habría sido tan clemente, pero partirle el palo en el cráneo y apuñalar su vientre cuando está inconsciente tampoco está del todo mal… -Continúa sus pasos como si nada mientras la chica queda petrificada por la impresión-

-Él… ¿Hide también mata gente? Entiendo que lo haya hecho, pero… ¿Se puede matar a una persona con tanta facilidad? –Los pasos con los que intenta alcanzar al fantasma son cortos y lentos, por lo que Jak ralentiza su caminar-

El muchacho intenta, sin un pronto resultado, calmarla mediante pequeñas palabras y acariciando su largo y suave pelo con delicadeza.

-Tranquila, chica… Yo no quiero hacerte daño. Además, ya escuchaste a “Puño de Roca”… -Dice sin grandes ganas de nombrar su apodo, pero parece que es alguien de ya un marcado renombre-

-Él es… ¿“Roca”? –Su gimoteo cesa por la sorpresa, aunque su respiración no se normaliza- ¿De verdad? –Comienzan a moverse hacia el resto del grupo. Ella se quita las lágrimas y agradece apropiadamente a su rescatador- ¿Cuál es tu nombre? El mío es Shiro. Me lo pusieron por mi pelo, aunque todas las mujeres de mi familia lo tenían así, dicen que el mío brilla más. –Una suave sonrisa que capta la atención del chico, quien obvia el detalle de un prominente busto-

-Mi nombre es Hide, un placer conocerte, aunque no me haya gustado la manera. –Entrega su mano para un apretón al que la joven no se niega- Pero nunca me arrepentiré de haber matado a ese hombre. No a uno más, y menos si era una basura como esa. –La sonrisa de sus labios no se borró ni con tales pensamientos-

-Muchas gracias… mi novio me dijo que era un amigo suyo, pero supongo que tan solo le amenazó para que lo dijera… Maldito cobarde… -Observa las puntas de sus pies, con resentimiento y enfado, a lo que su joven compañero le responde con unas suaves palmadas en la espalda que se convierten en caricias-

-Yo… sé algo de defensa personal. No me habría coaccionado tan fácilmente. –Es él quien ahora enseña sus dientes para mostrar su confianza, aunque no tiene todo el efecto que él habría esperado-

-Eso lo he visto bien, gracias. Le partió una barra de madera maciza en la cabeza y luego se la cavó… es demasiado bruto, aunque no puedo negar que me ha salvado; y es amigo de “Roca”, si es su amigo no puede ser malo. ¿Eres amigo de “Roca”?

-¿Del enmascarado ese? –La joven de pelo blanco asiente, con ese rostro suave y redondeado- Más o menos. Él también me salvó, y le estoy agradecido de que me ayudase a recuperarme de mis heridas. Aunque me reconstruyó las piernas por completo. Y discrepamos en varios temas, pero sí. Me consideraría su amigo. ¿Por qué todas las chicas conocen a este tipo? Yo solo sé que era un sanguinario gladiador de “La Arena ambulante”, pero parece que su reputación se extiende mucho más. Tal vez sea más famoso por los pueblos que por las ciudades.

-Hide… -Sin que esta pareja de recién conocidos, y ahora amigos, se diera cuenta, Jak y Kai les habían esperado al final de la calle- ¿Te importaría cuidar de la chica nueva? Kai me ha pedido una cosa. ¿Puedes hacerlo? –El antiguo pescador asiente, pese a que la idea no le agrada-

-¿“Puño de roca”?  -Jak detiene sus pasos y se gira a la muchacha- Gracias por haber salvado a Hide, él me ha salvado hoy. –Hace una clara y sentida reverencia-

-¿Tan famoso soy? La verdad es que si no le hubiera salvado y estuviéramos aquí yo mismo le habría partido el cráneo a ese malnacido, pero… *Rrgh* Sí, Shizen, lo haré. No hay de qué, Shiro. Hay veces en que el destino da la mano a los necesitados. –Se gira y continúa con Kai por las callejuelas que se bifurcan desde la plaza en la que se encontraban, a rebosar de puestos de productos artesanales, hierbas e insectos comestibles- ¿Contento, fantasma de las narices?

-Progresas… aunque lo hagas a regañadientes. Ja ja… -Ríe la macabra máscara-

-Bah… -A Jak no le gusta la forma en que el sabio espíritu de esa madera le dice de comportarse e interactuar, pero los criterios de opinión son fáciles de cambiar-

-Wow… has estado genial, Jak. –Al dar los primeros pasos por las calles de la izquierda, ya fuera de la vista de la alejada pareja, ella se enfrenta a su héroe y enfatiza con un fuerte golpe de brazos- Yo no había oído el nombre de la chica, tienes un buen oído. ¿Cómo se llamaba? –El hombre le repite aquel simbólico nombre- Es muy bonito. La chica también es muy bonita… -La joven toma la delantera en el camino, tapando los leves bultos de su pecho con sus manos cuando da la espalda a Jak- Muy bonita…

-¿Por qué las chicas dan tanta importancia a eso?

-Jak, maldita sea. No deberías leer los huesos a todas las personas. La confianza y la privacidad son muy importantes para los humanos. Debes aprender al menos eso, no debes manejarlo todo, ellos deben ayudarte, idiota.

Y dime. ¿Qué es lo que querías mirar, Kai? –Ella se voltea con velocidad y unos ojos abiertos y resplandecientes, eso levanta una sonrisa bajo la máscara-

La pareja de aquellos con el mayor contraste de cabellos, permanecieron por la plaza, mirando de forma casual todos los puestos y viendo todos los tipos de personas que había; ya fueran simples mercaderes ambulantes, quienes algunos anunciaban su producto y otros tan solo la mostraban, y ambos tenían un éxito similar.

-¿Tú vives por aquí? –Pregunta el muchacho, lo que aparentemente no agrada a la chica, pero ella contesta por pura simpatía-

-Sí. Espero que no intente nada raro. Ya mamá me lo decía, pero… es tan difícil leer a hombres como ellos… ¿Tú? ¿Puedes contarme algo de ti? –Con esta información, ella desea poder hacerse una historia, porque tal vez no sea buena leyendo a la gente, pero tiene confianza en saber si la gente dice la verdad-

-Yo… Es algo vergonzoso, pero supongo que no tengo nada más interesante que decir. –Ríe, dando pie a una caminata por una calle opuesta a la que tomaron Jak y Kai- Yo antes, cuando era niño, era un llorica. Mi hermana pequeña siempre me ayudaba; aunque no era la pequeña, éramos mellizos. Ella… un día enfermó y nadie sabía qué hacer para curarla, y para… -La tristeza se vertía en sus ojos, pero él intenta seguir con una sonrisa, y también estorba al andar- Para poder hacerme cargo de ella comencé a cambiar. Siempre pensaba “¿Qué haría Hania?”. Así fue que conseguía los trabajos, aunque no era más que un crío, y el dinero para unas pocas medicinas. Pero… supongo que no fue suficiente. Un buen día, no mejor que otro, no estaba en la cama, y todos me dijeron que era tarde, que el Taok la reclamó muy pronto. –Se detiene en la pared de una de las casas-

-Yo soy hija única, aunque eso no les importa mucho. Quiero decir… mi madre murió hace pocas lunas, y mi padre no me presta atención. Creo que no se daría cuenta si desapareciera. Echo de menos el cariño de mi madre…

-¿Cuántos años tienes? –La mirada de la joven decía claramente que no la viera como a una niña tan solo por eso- Yo también echo de menos a mis padres, y mucho más a mi hermana. Yo tengo dieciocho años. –Se reincorpora, quitándose las pocas lágrimas que tenía en los ojos-

-Yo tengo diecisiete. Y… Creo que eres una buena persona. –Es tímida al decirlo porque piensa que suena rara al decir eso tan de repente, y así resulta para el joven, pero a este le agrada oírlo-

Un gesto para que le diera un abrazo queda tan solo en el apretón de manos que la chica prolongó no dejándole escapar. Hide se sorprendió, pero no le desagradó mientras paseaban por las calles con las manos juntas.

Ambas parejas caminaron por entre las casas y los puestos sin ningún problema, más que las miradas que muchos hombres lanzaban a Shiro que irritaban al muchacho. El sol no se había movido mucho en el cielo, pero aun así Jak decidió que era hora de ir al bosque a encontrarse con los esclavistas; el joven luchador no quería dejar escapar una buena oportunidad.

-Ya hemos pasado suficiente tiempo dando vueltas. Vayamos ya al bosque. –La arena comenzó a cubrirles con rapidez, volviendo a hacer aquellas chispas y vibraciones, pero que esta vez no afectaron a Kai-

-Yo quería comprar algunas cosas. –Dice enfadada- ¿Volveremos alguna otra vez? –Lo que parece una súplica en forma de pregunta es respondida por un, casi inapreciable, asentimiento de cabeza- Gracias. –Abrazaba las telas raídas del enmascarado. Los cuatro aparecen frente los árboles que marginan el desierto con las mullidas hierbas del suelo arbóreo-

Los recién conocidos quedan confundidos y asustados. El pescador fue rápido a hablar con Jak, el que no le da una respuesta válida para él y se adentra en el bosque, seguido de todos.

-¿Por qué nos has traído aquí, “Roca”? –La muchacha se acerca a él, acto que no contenta a Hide, quien piensa el porqué de su fama-

-Sé que por aquí pasan los esclavistas. En este bosque habitan muchas subespecies de humanos: elfos, vampiros, caníbales, se rumorea que súcubos y se sabe de algunos asentamientos de ogros. El décimo país los recolecta en estas zonas y los exporta a las diversas capitales para diferentes trabajos, o como “mascotas”. He venido aquí para masacrar a los esclavistas que les guste su trabajo, o se jacten de ello. Viejo… pues es verdad que he cambiado. Antes los habría masacrado a todos sin pensar. ¿Qué es lo que el viejo borró de mi cabeza?

La ágil chica de las dagas se percata de esa expresión que les excluye a ellos de la acción; a ella eso no le molesta, pero sí el hecho de no tener una razón por la que asesine a personas sin contemplaciones y por ello le preguntó directamente.

-¿Puedes decirme cómo puedes matar a gente tan fácilmente? –Su mirada, voz y cuerpo muestran su postura inamovible en este tema, y Jak se resigna-

-¿Está bien si te lo cuento en otro momento? –Comienza a caminar de nuevo, pero antes de ello, con el primer paso, se agacha para susurrarle- Es algo que no quiero que sepan. –Este secretismo inquieta a Kai. Se pregunta el qué será, si es de su pasado más lejano o algún acontecimiento reciente en su vida, y la intensidad de este-

Los pies de todos siguieron las pisadas de Jak, marcadas en la suave hierba del bosque. Las hojas se rozaban con las vecinas con las caricias del viento, pocos animales se escuchaban entre la densa maleza hasta que dieron a parar a un camino claramente de una carreta de madera. Los surcos tan separados enfurecen al enmascarado, quien sabe que significa un mayor tamaño para meter presos.

-Vale, hemos encontrado el camino por el que, supuestamente, pasan esos maleantes. ¿Y ahora qué? –El muchacho parece inquieto, como si tuviese miedo de que el malo fuera el fantasma de las arenas-

-Tan solo… esperar. Pasarán pronto, siento como vibran las piedras con las ruedas de madera. No tardarán mucho. Escondeos y yo me encargo de todo. –Es el primero en esconderse en la maleza, seguido de Kai, la que se oculta a su lado-

Los otros dos, pese a la desconfianza del chico, Shiro logra hacerle ver que “Puño de Roca” siempre les ayudaría si se pierden y así se esconden juntos.

-Tú… -Dice Jak todavía con la máscara- Has aprovechado esto para que te cuente la historia, ¿verdad? –Kai asiente, y con sus gestos dice a su amigo que se quite la máscara; él accede a hacer ambas cosas- Está bien… -Aquellos ojos verdes, sin más expresión que una fría y distante, parecen transmitir la mayor de las confianzas a la chica- Si quieres entenderme, debes recordar el tema de mi padre. –Tras una mirada a ella, Kai asiente y él prosigue- Después de eso, en que no me quedaba nada, todos en la aldea me abandonaron, nadie me quería, me tenían miedo. Me escapé. Tras pocos días “La Arena ambulante” me secuestró y me encontré encerrado en una prisión para el entretenimiento de la gente que venía a verme.

-Pero… yo recuerdo que peleabas, y eras el mejor.

-Entonces me verías cuando tenía once o trece años, allí fue cuando más gente venía a ver mis combates, pero esa no es la historia. Tenía cuatro años cuando eso pasó, pero mis ojos estaban vacíos de emociones, y era un niño que ya había matado a alguien, a alguien horrible. Ellos me maltrataban para que usase espadas y escudos de hierro. Tan solo era un crío, no podía con ellos, pero ellos me pegaban. Durante dos años, esas armas estaban en mi celda, así que entrené con ellas todos los días, era lo único que tenía. Así, con seis años, fue mi primer combate. Tenía miedo, pero me dijeron que si lo mataba no me pegarían ese día. Tú no sabes lo que ese alivio, poder recuperarme un día, suponía para mí.

Créeme, sí que lo sé.

-Salí con mi escudo por delante. Pensé que si terminaba rápido podría descansar más, le embestí, y cuando me di cuenta le había partido el cuello con el golpe. Mi primera muerte, después de aquello comencé a matar por obligación. “Eres tú o ellos”, me decían todos los días. No sé si para animarme o consolarme, pero me sentía escoria por hacer eso. Mi madre siempre decía “Corazón puro e ideales nobles, eso hace a un hombre”, pero… yo quería vivir. Por eso puedo matar a gente tan fácilmente, porque esa mala gente no son hombres, solo son animales. –Ahora, esa fría mirada ardía con la furia de un odio irracional, y Kai se alegró por algo que él no supo que decía-

-Así que los humanos sí somos especiales. Aunque no lo digas, sé que lo crees.

-Pero no por matar a muchos sigue siento fácil hacer lo que está mal. Al menos, ahora creo eso, porque sé que antes no era así. Hubo un tiempo en que no me importaba si eran buenos o no, si me molestaban los mataba. Sé que eso pasó, lo recuero bien… -Dolorido de la cabeza, tapa sus ojos y cubre sus sienes con las manos. A los ojos de su compañera parece un niño asustado, alguien que ha sufrido demasiado y ahora comprende ese dolor que pasó desapercibido-

-Ahora está bien. –La mano de Kai, misericordiosa al criterio de Jak, se posa en las desgastadas telas de sus hombros y le mira con dulzura- Aunque siga sin poder acabar con la vida de alguien, sé que a los que has matado por otros eran malos y… te agradezco por salvarme tantas veces. Te lo agradezco.

-No es nada, Kai. Las gracias te las debería dar yo. Me haces creer que puedo ser mejor. Ufh… por poco lo digo en voz alta. No puedo hacerlo, aunque cambie, debo seguir siendo yo.

La joven no entiende esta gratitud, pero sí el anciano espíritu que reside en la máscara, que vuelve a ocultar su rostro, y reprende al chico con palabrería que no hace más que molestarle.

Mientras todos esperaban a que la carreta pasara, Hide y Shiro aguardaban en silencio, uno bastante incómodo si sumamos la tensión entre ellos.

Él no tiene pinta de ser malo, se ve muy nervioso por solo estar cerca de mí. Eso… quiere decir que le gusto, ¿no? Al menos me ve atractiva y no como a una marioneta, supongo. –El traqueteo de las piedras y también las voces de ofensas alertan a todos, quienes se mantienen en el más absoluto silencio-

La carreta era tirada por un ogro, una gran altura conjunta con una potente musculatura y una piel rojiza pero palidecida por las heridas y la mala nutrición. Los cuernos que esta subespecie humana porta en su cabeza estaban quebradizos y desgastados, astillados en las puntas; la mirada de esta persona estaba perdida en la idea de complacer a sus supervisores para que no le azotasen más con aquel látigo de cuero con un filo en el extremo.

Maldita escoria… quiero despedazarles, a cada uno de ellos, pero debo saber quiénes lo merecen… ¿Por qué hacer las cosas bien debe ser más difícil? –Los nervios de Jak comenzaban a desquiciarse, pero en ese momento la duda le asaltó cuando uno de los que supervisaban la gran jaula, donde los cuatro tipos de subespecie estaban luchando por respirar, da la orden de detener el vehículo.

-¿Qué pasa? –Dice aquel que ostenta el látigo-

-Esta basura parece haber olido algo. ¡Vosotros dos! Inspeccionar los alrededores. ¡Rápido!

Los dos que quedaban detrás de la jaula, y que se desplazaban a pie, fueron enviados a buscar y se dirigieron a donde Hide y Shiro, pero ellos no podían moverse demasiado si no quería que les descubriesen más rápido.

Uno de los hombres descubrió a Shiro, ella quedó paralizada por el miedo, pero Hide no. Su de nuevo salvador, saltó sobre el agresor cayendo ambos al camino, forcejeando y, así, en la carreta tan solo quedó el que se aseguraba de no perder a aquel ogro.

-Joder… Sabía que no podía salir bien. –Tres personas fueron contra Hide, pero Jak no se preocupó, no iban armados. Aquel que sí tenía arma la usó contra el enmascarado cuando este pasó frente a él, pero, esa hoja que tanto había dañado al ogro se quebró en cuanto rozó su piel- Me parece… que tú no. –Esos mismos fragmentos, que volaban por el impacto, se encaminan contra los ojos y cuello del conductor, perforando su cráneo y haciendo que ni siquiera gritase- Kai, ayúdale. Espero que así puedas entender este mundo.

La muchacha no corrió a socorrer a su compañero sino a los que habrían sido esclavos, abriendo la jaula. Muchos de ellos corrieron a la profundidad del bosque, y pocos de ellos se quedaron a ayudar. Estos luchadores fueron uno de cada una de las razas que habían encerrado: un elfo al que le faltaba la oreja derecha, un ogro tuerto y con los cuernos sanos y rectos contra el frente, un caníbal que no se distingue de los humanos y un vampiro, son su piel grisácea y unos ojos rojizos, que parece quedarse solo para mirar.

Este elfo corrió frente los ojos de Jak y echó para atrás a los dos hombres que eran mandados por el que queda pegando a Hide, pero no por mucho tiempo ya que el ogro emprendió la carrera y pateó sus costillas con una fuerza digna de una bestia.

-Gracias, buenos hombres, vuestro trabajo es caduco ya. Gracias por hacer esta travesía tan pesimista un poco amigable. –El elfo, locutor de tales bellas palabras, abraza a los hombres que observan con tranquilidad como este enorme ogro de enormes espaldas camina relamiéndose hacia su víctima-

El rugido que salió entre aquellos largos y gruesos colmillos inferiores, que salían sobre sus labios, heló la sangre de todos los presentes fueran amigos o enemigo, excepto a Jak. El fantasma, impasible ante aquella escena, caminó hasta el escuálido ogro para deshacer sus cadenas y dejar que participase en la celebración de su libertad.

La amplia mano del cornudo apresa la cabeza del dolorido esclavista y le levanta, tras reír e intimidar con sus dientes, para lanzarlo contra el árbol de su izquierda. El sonido de sus huesos quebrarse fue satisfactorio para todos, especialmente para el caníbal que caminaba con tranquilidad frente a todos y que pide con modales a los ogros que le dejaran un pedazo.

-Creo que me comeré su pierna. –Su sonrisa se extendió al doble de lo que sería normal en una persona, su mandíbula se desdobló y adquirió un arco que llegaría hasta la anchura de su hombros. Abrió aquella boca, de dientes como sierras, y se acercó con el negro tono bucal e introdujo con una lentitud sádica la pierna del hombre, con zapato y ropa, en su amplia boca llegando a la garganta- Lo más delicioso… serán sus gritos. –Cierra sus dientes, que encajan como una cremallera, sobre su rodilla. Comenzó a mover su cabeza de lado a lado, cerrando con una leve presión que causa una herida de poca profundidad, y comenzaron así los gritos- Conforme más crecían los gritos más rápido y fuerte movía su cabeza; en el momento en que sus dientes llegaron a los tendones de la rodilla, cosa que no taró casi nada, se detuvo solo para salir con todo y cercenar su extremidad con un horrible corte que no deja de escupir sangre- Gracias por la comida. –Saca la pierna de su boca, y le quita el zapato y la tela para volverá introducirlo ahora para digerirlo- Podéis hacerle lo que queráis ahora. Ya he tomado mi venganza. –Entra en el bosque, después de plegar su mandíbula, y se pierde de la vista de todos-

Los ogros se lo llevaron entre gritos y lloros, y súplicas, nadie se opuso a que los ogros tuvieran su diversión; y el vampiro les seguía con sigilo y distancia.

-¡Vosotros! –Jak se acerca a estos hombres que siguen protegidos por el elfo- ¿Por qué estáis con esclavistas, si vuestra visión del mundo no concuerda?

-Tú… ¿acaso no quieres que, aunque no sirva de nada, hacer que la gente pase un buen rato, que piensen que tienen a alguien para el que son importante? Aunque no sirva de nada, nosotros estamos aquí para cuidar de… “la carga”, de estas personas. Nosotros creemos que todas las razas pueden vivir en paz, por eso estamos aquí. Así podemos aprender de ellas, pero…

-Somos miserables… -Ambos se derrumban por la conciencia que les arrastra a la oscuridad de sus mentes- Nunca hicimos algo para ayudarles, tan solo complacimos nuestra curiosidad y les dejamos caer en una vida de maltratos y desprecio… no somos nadie que merezca seguir viendo a gente a la cara. Mátanos… por favor… -Los dos hombres se inclinan, arrodillados, y postran sus frentes contra el suelo-

-Vosotros… -El enmascarado eleva sus manos, las chicas y el joven temen por la vida de estos que parecen buenas personas, e incluso el elfo, si sus piernas no estuviesen paralizadas por el miedo que le produce la figura, habría intentado detenerle; pero pese a esos pensamientos de sangre, Jak se arrodilla frente a ellos y deja sus manos sobre las nucas de los chicos- Brindáis esperanza. –Ellos yerguen sus cuellos y le miran, aún con las manos del fantasma sobre ellos- Una persona en estas situaciones… necesita eso. Saber que, aunque todo se torne negro, si el destino les presenta una oportunidad sigue habiendo personas de verdad, gente que los querrá y ayudará. Levantad vuestros pechos, pues lo que hacéis es digno de respeto. Podréis vivir un día más, el resto dependerá de vosotros. –Los tres se levantan y aquellos dos vuelven a verse entre los brazos del elfo-

-Gracias, fantasma de las arenas. –Dice aquel sin una oreja- Ellos residirán unos días en mi aldea, ¿os agrada? –Sus nuevos vecinos asienten, agradecen a Jak y se marchan entre la arboleda-

Todos sus compañeros quedaron inquietos, incluso algo asustados, por la actuación del que podría decirse líder.

-Has estado genial… sin duda eres mi héroe. –La inquieta y risueña joven intenta abrazar a Jak, pero este, tan solo por el aura que emite, detiene los pies de la chica- ¿?

-Quiero estar solo por un momento. Seguiré la ruta que debían llevar, podéis ir detrás de mí. Por favor… -Bajo sus telas se abrazaba el vientre, y la capucha ocultaba un poco las lágrimas que llegaban hasta su barbilla- Aisha… Dax… Rass… Viejo… Sora… todos ustedes siempre estuvieron allí, tenían palabras para mí, me gustasen o no, pero eran lo que necesitaba oír. El viejo nunca me trató bien, jamás me puso nada fácil, siempre me apalizaba y jamás me dio aliento… pero me hizo fuerte. Aunque le odie, fue alguien demasiado importante para mí. De cualquier forma…  pienso matarle, y demostrarle que soy más fuerte que él.

Los compañeros le seguían a punto de perderle entre las plantas que abordan el camino, todavía algo asustados por el comportamiento de su camarada.

-¿Cómo te llamas? Parece que no le tienes miedo a “Roca”. –La joven de pelo blanco hace el primer acercamiento-

-Me llamo Kai. –Oculta el anillo de su índice derecho cerrado el puño, continuando con una mirada fija en ella- Y claro que no le temo. Él me ha salvado ya tres veces, y una vez fue completamente por mi culpa y aun así no me reprochó nada. Aunque sea tan brusco y algo malo con las palabras, es sin duda la mejor persona que he conocido.

-A mí me salvó también, pero sigo pensando que es algo inmaduro por tomar la justicia como algo que solo le incumbe a él. Lo sé… estoy siendo un hipócrita, pero yo no tenía opción. Tal vez… haya sufrido también, pero yo ya no soy así, he madurado, al fin.

-Bueno… -La chica nueva parece ir a dar su opinión sobre este sujeto tan inquietante, pero no- Me gusta tener a alguien que se preocupe por mí, a amigos que sé que me van a cuidar… Al menos os siento así. Toda mi vida he creído que todas las personas tenían ese aura de mentira y secretismo a sus espaldas, pero veo que no todos. –Observa a la chica, ella sonríe con felicidad de tener una nueva amiga, y después a Hide, con el que se deleita en esos ojos serios que recuerdan el miedo que sintió cuando ese esclavista la agarró por el brazo- Gracias por salvarme, otra vez.

-Yo también me alegro de poder sonreír otra vez. –Dice el muchacho. Todos ellos tomaron una postura sin dolor, solo la felicidad y la tranquilidad tenían cabida en ellos, no así como en el que avanza unos pasos por delante de ellos-

-¿Por qué? –Pregunta para sí mismo en susurros- ¿Por qué tuvo que morir? Sora… eras más fuerte que yo… ¿Por qué no usaste el truco? ¿Por qué me dejaste solo? Sora… te echo mucho de menos… Mamá… -Las lágrimas fueron absorbidas por Shizen, el que comienza a hablarle-

-Las cosas pasan, y por ello pasan otras cosas. Sin ese dolor hoy no estarías aquí, habrías tomado cualquier otra ruta, y ahora Kai sería una esclava sexual o algo peor, Hide habría sido presa de los predadores y Shiro habría sido violada. Por favor, Jak, eres el que el viejo dijo que sería el nuevo dios. Hazlo entonces. –La mente del joven se abrió, un recuerdo súbito surgió de su mente y fue dicho por la máscara sin pensar-

-El viejo… creía en mí. Creía que podía superarle… él… parece que en el fondo sí me apreciaba. Pero eso no quita los dos años y medio de tortura psicológica y el dolor, si peleo contra él le mataré y le demostraré mi fuerza.

-No me importa, pero debes hacer las paces con todos los de tu pasado, al menos con los que siguen vivos. Prométeme que lo harás; oh, sí… también tengo una petición para ti, es algo muy importante para mí. Hace millares que no puedo sentirlo, por favor… -Sus pasos siguieron, y ninguno de los rezagados quiso acercarse-

-Es algo extraño, pero lo intentaré. –Shizen le agradece el aceptar su petición, y parece entrar en un sueño-

Unas voces se escuchaban a lo lejos, demasiado distantes para los rezagados, pero Jak aceleró para averiguar quiénes eran.

-¿Sois los esclavistas? –Uno de los que atendía el fuego le mira, asiente con una sonrisa y muestra su mano, donde ostenta un mando al que aprieta el único botón que tiene- ¡!??????? –Sus oídos reventaban con un insoportable pitido que inutilizaba las órdenes que daba a sus músculos. Sus piernas flaquearon, dejándole caer, y sus manos solo tapaban sus oídos sin atenuar ese sufrimiento-

-¿Qué tenemos aquí? –Agarra uno de los tantos collares que hay al lado de una de muchas cajas a su alrededor, se acerca con él a Jak y se lo pone. Un collar metálico con una gran piedra azulada al frente- Supongo, por tu estúpida seguridad, que eras algún tipo de mago o Taok. Es una pena que todo el lugar esté preparado para escoria como tú, gente que moldea la perfecta obra de Dios, y que asesina sin sentido. ¡JA! –Junto con la extensión de sus brazos, para que viera todo aquel complejo, una patada le dobla el cuello, le quita la máscara y le deja en el suelo, dolorido-

-Jak… contrólate… no los mates… no quieres matar a tus amigos… relájate… no los mates… no los mates… contrólate… no quieres hacerlo… -Su corazón latía tan rápido que no podría percibirse, sus colmillos crecían hasta casi perforar los labios, y sus garras también parecían afilarse- Relájate… cuando te lleven lejos puedes matarlos a todos… a todos… y cada uno… como en los viejos tiempos… -El dolor en sus ojos se va a la par que vienen pensamientos de masacre y sangre, y eso molesta al esclavista-

Habría unas dos docenas de personas con armas de fuego y de corta distancia, todas ellas cerca de algún aparato metálico que parecían ser lo que hacía estremecer la cabeza de Jak, y miraban como su compañero se metía más con el que piensan será más mercancía.

-¿Y tú qué eres? Tú cabeza es muy dura… me he hecho daño al patearte, ¿eres un mestizo de ogro? Nah… pelo rubio, ojos claros, pero algo apagados… muy duro en huesos y músculos… ¡Chicos! –Se voltea para elevar sus brazos y mirar a todos sus compañeros- ¡SOMOS RICOS! Tenemos a un “minero”. –Todos enloquecen de lo que podría decirse como emoción, emoción por el dinero-

-Nadie… Me pondrá… un jodido collar… -Levantado, y sacándole una cabeza de altura, se yergue tras él y apresa su cuello con ambas manos, aplastándole entre ellas- Nunca más… -Un rugido, más agudo, pero igual de potente que el del ogro, tal como el de un león, le da las fuerzas para destrozarle tanto huesos como carnes y arrancar aquel cráneo- Yo… soy un jodido dios.

Aunque todos estén, por así decirlo, “acojonados” de ver que aun con aquella tortura es capaz de descuartizar a una persona con sus propias manos, uno de ellos sube la intensidad de aquel pitido que solo escucha Jak, y finalmente logra reducirlo pese a que esa mirada llena de sangre y esa sonrisa psicópata, con aquellos intimidantes colmillos, no se aminora.

-Jak… ¿Qué sucede?   […] Entendido, tú eres el líder. –La máscara había despertado, pero la mente de su amigo le impide hacer cualquier gesto-

Los compañeros del fantasma de las arenas aparecieron del bosque y todas las armas se encañonaron contra ellos. El miedo se apoderó de todos, incluido de Jak; sobre todo de Jak.

-¡CORRED! –Se voltea, mirándolos con ojos abiertos de pupilas contraídas. Kai cayó prendida una vez más por la belleza salvaje de ese rostro, pero sabía que debía hacer caso a su héroe y así comenzó la carrera-

Hide agarró la mano de Shiro y siguió a Kai, pero Shiro no podía dejar de mirar a Jak, y ella se quedó inmóvil; no por la hermosura que pudiera apreciar en él, sino más bien por el dolor y piedad que siente.

Padre… no volveré a huir. “No volveré a dejarle, no otra vez” –Las balas de los rifles se precipitaban contra todos ellos, la velocidad de sus piernas no era nada comparada contra esas minúsculas cabezas de metal. El ojo derecho de Jak quedó inyectado por la sangre y el sufrimiento de presenciar tal escena- NO. –En el viento se escucha el nombre del qué más sufría en esta escena-

“Jak”…

Los vientos convergieron sobre la persona de Shiro y Jak, haciendo que todos los proyectiles salieran hacia el cielo, o rotasen entorno a ella para que impactasen contra algún torso de los esclavistas.  Las miradas de los muchos que restaban en pie quedaron carentes de emoción, sin ganas de continuar, y menos todavía cuando Jak empezó a levantarse. “Puño de Roca”, vistiendo el collar y esos harapos, se posa sobre ambos pies con las piernas bastante flexionadas y su mirada perdida, con ojos abiertos e inyectados en sangre; su ojo derecho completamente rojo.

Yo… Soy… -Su espalda, piernas, brazos, torso, cuello… toda su musculatura comenzó a crecer de forma constante. Su cuello quedó oprimido por aquel metal, pero no aguanta mucho ante la presión que los mismos músculos ejercen y lo parten en varios fragmentos- “La Arena”.

La misma sensación que estar frente un depredador masivo, eso sienten los que quedan frente a él. La bestia, ahora más enorme e intimidante, posa sus garras delanteras en el suelo; al mínimo contacto de sus palmas con la arena, desaparece. Solo la sangre y los golpes se veían. Los torsos de los hombres se hundían ante lo que parecían zarpas, sus miembros se separaban con tajos limpios y precisos, justo en las articulaciones.

La figura de Jak solo se pudo apreciar en dos ocasiones. Una cuando su enorme figura golpeo con un derechazo el cráneo de un rival, que salió disparado para incrustarse en las costillas del de enfrente; la sonrisa de Jak era resplandeciente y perturbadora al igual que sus ojos, rojo y verde. El otro instante fue, tras partirle la pierna a otro, da una voltereta sobre él, secciona su cuello con su afilada garra derecha y, con la fuerza del giro, lanza aquel cráneo como una piedra que perfora dos máquinas y a un hombre, para terminar aplastada contra un árbol.

Aquella masacre fue rápida, pero los corazones de los espectadores solo se ralentizaban por el miedo. Los disparos contra un enemigo invisible, y sus gritos al ver las muertes de sus compatriotas llenaba el lugar, y aumentaban el combustible que movía a Jak. En el momento que solo quedaba uno, ya mutilado sin piernas y con un solo brazo; todavía de pie, el fantasma desenmascarado queda frente a este hombre.

-Déjame aquí, márchate y déjame morir en paz… -Llora y llora por el dolor y el temor. Con su brazo podría empuñar el arma, pero la usa como bastón para no caer al suelo. La sangre que sale de sus heridas abiertas tiñe la tierra que la absorbe y drena- Por favor… no puedo hacer nada… -No le quedan fuerzas ni para mirar al frente, solo puede llorar al suelo ya manchado con su sangre y la de sus compañeros-

-[…] –La mirada de la bestia parecía clemente, no había rastro de su sonrisa ni de su mirada depravada- No… -Con un rostro tan serio que asusta más incluso que la bestia sanguinaria de unos segundos atrás, patea su rostro, decapitándole al instante y, con el último borboteo de sangre, su sonrisa regresa, sus manos se tensan con los dedos aun extendidos y con sus largas garras tentando a seguir jugando con sus presas-

Unos pasos en la arena movieron esos ojos abiertos, de iris dilatados, contra Kai, que se movía con Shizen en su mano izquierda. Sus amigos le gritaban para que corriera, que no se acercase, pero ella solo quería ser fiel a su palabra.

-Yo… te salvaré. –Susurra- Jak… -La bestia la miraba con delicia, unos ojos deseosos de probar la fuerza que recién demostró- Tranquilo… estoy aquí, a tu lado. –Frente a él, Jak no hace movimiento alguno, ella coloca la máscara sobre el salvaje rostro de su héroe y abraza su torso. Los pequeños brazos de Kai no dan para que sus dedos se encuentren-

-Tú… -Su musculatura se reducía al tiempo que su respiración se calmaba- ¿Por qué? ¿No me tienes miedo, ni siquiera ahora? –Ella también lloraba, pero por un motivo muy distinto que él. La fuerte impresión de su tenue llanto normaliza el diafragma de luchador con un solo golpe, y las lágrimas recorrieron sus mejillas en silencio- ¿Tanto miedo tienes? –Ella asiente, aun pegada a él, abrazándole con fuerza, como si se fuera a marchar y ella no quisiera-

-Tú no eres malo… -Por fin sus ojos encontraron la fuerza para mirar a los de él, aunque estuvieran tras la madera- Por eso no te tengo miedo… nada de miedo…

-Su mirada… es la misma que Sora cuando pasó esto la primera vez… Sin duda, a su lado, podré convertirme en dios y salvar a todos de “Las Diez Luces”. –Sus lágrimas caían hasta su mentón que, con el acto de abrazar a Kai posando su mano en la espalda, precipitaron en el hombro de la chica-

-¡! –Impresionada por el abrazo, tranquilizada por el calor y el cosquilleo de esa tenue y persistente caricia de la mano izquierda de su héroe, ella pudo dejar de presionar por un momento a Jak con sus brazos. Ambos sintieron entonces la felicidad de la confianza, el tórrido anhelo de proteger y la esperanza de alcanzar un sueño antes perdido- Jak… ¿Estás llorando?

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