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La Sombra de Las Diez Luces_Capítulo 4- Una nueva vida -Editado

Modo noche

Capítulo 4: Una nueva vida

 

En un momento de paz, una con una tensión palpable, después de aquella masacre donde, además de la fuerza de Jak, se pudo ver un nuevo poder proveniente de la chica llamada Shiro; una ráfaga de viento que salvó las vidas de todos dando pie al instinto animal de Jak. El fantasma aumentó enormemente su musculatura y algo de su tamaño y, en este estado, despedazó a todos aquellos que trataban a las demás razas como meros objetos.

El grupo, ahora de cuatro integrantes, descansaba de las emociones con un pesado silencio en uno de los claros cercanos. El fuego calentaba un poco en las húmedas sombras de este bosque.

-Supongo… -La voz de Jak era ahora más ronca y apagada de lo normal, se notaba el desagrado y la negatividad de forma clara- Que ahora me teméis. Si es así, puedo enviaros a la ciudad que deseéis. No puedo forzaros a permanecer a mi lado…

-NO. –Grita la joven de pelo castaño, con unos ojos vidriosos y enrojecidos, en los que se ven las ansias de querer abrazarle- No te tenemos miedo, no seas tonto. –Los otros dos que restan en el suelo, en silencio e inmóviles, temen por este insulto- Nos has salvado, ¿cómo íbamos a temerte? –El miedo se ve demasiado claro en todos-

-Marchaos. Si queréis una vida pacífica, entonces volved a casa. –El miedo dio lugar a la pena y la amargura-

-Nosotros… -Dice el muchacho- No tenemos hogar, ni lugar al que volver. –Habla por él y Shiro, pero la joven Kai asiente a su frase-

-¿Os quedaréis tan solo por no estar solos? Eso sí que es triste… -Agacha la máscara, aunque todos hayan ya visto su rostro él continúa ocultándolo- ¿Qué es lo que os molesta de mí?

-Esa estúpida máscara. –Vuelve a decir la joven de las dagas. En verdad no teme en absoluto a Jak, al menos no cuando le nota tranquilo como es el caso actual- Me gustaría poder ver tu verdadera cara. –Shiro también lo reafirma, cosa que molesta un poco más a Hide-

-¿Algo más? ¿Mi comportamiento? ¿Mi forma de hablar? ¿Mis secretos?  … Lo que menos quiero ahora… es volver a estar solo. Ella, Kai… hace años que no conozco a alguien como ella.

-No, el resto no me molesta. Incluso me gusta un poco… -Con un suspiro el fantasma se mueve la máscara sobre su hombro derecho, y los ojos de ellos tres se abren con sorpresa-

-Sí, lo sé… Soy alguien joven. Supongo que os sorprende que alguien como yo tenga ya una reputación casi mundial.

-Yo… -Hide habla por fin- Solo sé que “Puño de Roca” era un asesino de “La Arena”, pero ellas dos piensan de ti como un héroe. ¿Por qué? No lo comprendo. –Teme por su vida después de ver cómo, con tanta facilidad y gracia, masacró a aquellos veinticuatro hombres armados-

-Eso es porque él es un héroe. –La muchacha sale a la carga de nuevo- Él no mataba si no era necesario, cuando luchaba contra bestias casi nunca las mataba, y contra personas solo las lesionaba. Él era piadoso, un verdadero guerrero. Un hombre impasible que siempre hace lo que debe por el bien de su amada… Él es un guerrero, uno de verdad.

-Yo no soy un guerrero. Soy como Hide dice. –La mirada con la que observa a todos es triste, al borde de las lágrimas pese a que su rostro no lo demuestra, unos ojos compasivos y decaídos- Solo soy un asesino del que la gente tiene una idea equivocada. Solo mataba para salvar mi vida. Nunca tuve la fuerza para intentar escapar, nunca supe que tenía este poder… -Eleva y moldea el polvo sobre su palma derecha, mostrándolo a todos- Hasta que fue demasiado tarde. Me alegro de que Shiro no cometiera el mismo error que yo. –Todas las miradas se centraron ahora en la chica de pelo blanco- Parece que eres una taoken de viento, una aprendiz.

-¿Yo? Pero… yo no sé ni cómo pude hacerlo. Debió ser alguna otra cosa.

-Sí, fue otra cosa. Pero ahora eres tú la que tiene este poder. El viejo nunca mentía, joder. ¿Por qué debía ser el viento? En el caso de que os quedéis conmigo, deberéis entrenar y contribuir al grupo. Tú, -Señala a la joven con su brazo rocoso- Entrenarás conmigo el control sobre tu nuevo poder. Debes ser capaz de hacer trucos y buenos ataques. Cuando encontremos un buen claro haremos un campamento y nos quedaremos un poco más. –Mira a su alrededor pareciendo recuperar la energía en sus ojos, ahora calmados y claros- Puede que haya más esclavistas, y ahora ya sabemos qué trucos pueden hacer ellos.

Llevando la máscara en su hombro, el chico se levanta y se adentra en la arboleda sin mediar más palabra. Es Kai la que, por supuesto, le sigue primero, tras la que va Hide. Shiro es convencida por las claras y honestas palabras de su compañero.

-Tampoco es como si me fiase mucho de él, pero… quieras o no, él nos ha salvado, a mí ya dos veces. Sé que no da confianza, pero es la forma más fácil de seguir con vida. Además… no sé qué es eso de un taoken, pero suena a que alguien fuerte. Así… podrás castigar a aquellos que sean malos contigo. Por eso creo que deberías entrenar con él, solo por eso. Así estarás más segura. –Tiende una hospitalaria mano que la chica acepta de buen grado, con una tímida y oculta sonrisa- También… -El tímido es él cuando una curiosa idea le ronda la cabeza- Me gustaría ver qué cosas aprendes a hacer. ¿Vale?

-Va- vale. –Su respuesta está llena de confusión, sorpresa y algo de agrado- Lo que dice es muy bonito… pero por eso me da miedo. Si consigo ese poder que dicen, aunque sea malo no tendré problemas, así que será lo mejor. Gracias por animarme, Hide. –Ese apretón de manos se torna en un abrazo que deja inmóvil al chico, que se percata al fin del tamaño y forma del busto de su amiga-

Yo… maldición. –Ella corre por la vegetación y encuentra rápidamente a Kai, y juntas siguen a Jak- No me había fijado en sus pechos… ahora no podré dejar de mirarlos… mierda. –No tarda él en encontrar al resto, y ya todos reunidos no tardaron en encontrar un claro grande–

Una fina y mullida hierba cubría todo el suelo, pocas piedras eran las que asomaban por allí pero sí multitud de flores. Ellos no hicieron su fogata en el centro si no cerca, pero no demasiado, del borde del denso bosque. Jak y Shiro fueron a la zona opuesta del claro, donde más flores había.

-Haz que los pétalos de estas flores se zarandeen. –Piensa un instante, y se da cuenta de la dificultad de su petición- Más fácil. –Sus ojos la miran con rareza, sin saber cómo tratar, pero con una vaga idea. Es tan extraño como desagradable para la chica- Intenta lanzarme por los aires. Al principio no se sabe medir el poder, y solo podemos dar explosiones de energía. Empezaremos por eso, más tarde entrenaremos la concentración. Ahora tenemos que encontrar TU detonante. –La duda de la chica nubla el desagrado, pero turba levemente a su mentor- Aquello que despierta tu poder. -La tristeza se coló, en lo que debería ser una cara inexpresiva, en forma de titileo del reflejo de sus ojos, algo muy claro para los que no fueran Jak-

-Yo… no tengo ni idea de lo que puedo hacer…

La joven estaba asustada, y el agresivo acercamiento del fantasma no ayudó. Él no gritaba, pero su tono era exasperado y eso, frente las miradas de aquellos dos que observaban, no era para nada agradable.

-Me sigue sin gustar la idea, pero si Shiro consigue ser más fuerte así, me gusta para que no deba depender de nadie. –Suspira Hide, dejando su peso caer sobre los brazos, apoyados estos en sus rodillas-

-¿? ¿No quieres poder protegerla tú? Eso sí que es raro en un chico. -Comenta Kai-

-¿Y tú? ¿Quieres ser siempre protegida por él? –La mira con desgana, tal como si ella no supiera apreciar una clara realidad, pero las palabras del chico hicieron mella en Kai-

Yo… también entrenaré. –Se levanta con ganas, pero ve como Jak se acerca más a la chica de pelo blanco y se resigna a mirar-

El Taok de tierra se separa con rostro culpable y cubriéndose media cara con su mano izquierda.

-Perdona, no sé hablar con la gente, me cuesta mucho el que la gente no me entienda. Empecemos de cero… -Se aleja unos cuantos pasos- Quiero que visualices de nuevo la escena. Las armas apuntándote, Hide y Kai corriendo, a mí tirado en el suelo sin casi poder hacer nada, y siente todo ese temor y rabia. –La joven lo intenta, pero no consigue concentrarse; ese hecho es fácil de ver para el fantasma de las arenas- Me lo imaginaba, por eso también pensé esto. –Levanta su derecha y con ella varias piedras del suelo. Con un golpe seco hacia abajo, estas piedras se lanzan contra Hide y Kai, y cuanto más recorrían más afiladas quedaban-

Kai empuñó con rapidez sus dagas y se preparó para desviar todas las piedras que pudiera, pero no tuvo esa suerte. Todos los proyectiles explotaron antes de que casi pudieran reaccionar. Shiro quedó agotada y Jak no le dio respiro, volviendo a lanzar una andanada de alfileres. Esta vez el viento no podría fijarse a la munición, pero Shiro no sabía eso y aun así lo intentó. Con la primera gota de sangre proveniente del hombro de Hide, su poder explotó. El vendaval pulveriza las agujas aun en el aire y obliga a Jak a cubrirse los ojos.

Este poder… es mayor de lo que imaginaba. –Su mero instinto de batalla le motivó a mirar a su pupila en entrenamiento, y algo palpitó en su pecho: emoción. Los ojos de la chica quedaron blancos y envueltos en ira, sus cabellos se levantaron en los que era un escudo de viento sólido sobre la nueva Taok- Ella… es compatible… Al fin, las leyendas son ciertas. –El viento le empujó con tanta fuerza que sus pies no pudieron permanecer sobre la tierra; cayó de espaldas y se vio forzado a rodar- Este poder… hacía semanas que no podía sentir esto. Un rival apropiado. –Clavó, en la dura tierra bajo las plantas, su garra derecha y su pie izquierdo- Maravilloso… ahora que sabes qué te hace explotar, piensa en la manera de poder controlarlo. –Sus piernas y brazos crecieron en volumen, haciendo que su piel se viera presionada por sus músculos, y así pudo levantarse; ahora sin parecer sentir el viento- Si entrenas durante esta tarde, en la cena probaré hasta dónde has llegado.

El portador de la máscara caminó con tranquilidad hasta la chica y, posando su mano sobre su pelo blanco, ella se tranquiliza en pocos segundos.

-¡Fantasma! –Dice la chica sin guardar sus dagas, y lanzándole la que lleva en su izquierda- Quiero entrenar. –Tan decidida y seria… pero se le dibuja una sonrisa cuando Jak atrapa su daga con un mordisco-

-Claro. –Se quita el filo de entre sus dientes y lo limpia con sus telas- Vayamos a otro lugar y dejamos a la Taok de viento entrenar.

Ambas parejas quedaron separadas por las plantas que apartaban las luces que podían ver.

-Shiro, ¿estás bien? –Resintiéndose del hombro derecho llega al frente de ella-

-Sí… -Su cabeza le da vueltas- ¿Cómo está tu brazo? –El chico muestra su herida abriendo el corte en su ropa-

-Es tan solo un arañazo, nada serio. Pero me asustó que pudiera hacerme más daño. Maldito idiota, menos mal que estaba Shiro para salvarme.

-Él… me engañó. No le clavó la piedra, le hirió con otra cosa. No quería hacer daño, solo quería que explotase.

Kai seguía de cerca a Jak, con una sonrisa y ganas de moverse. Su héroe, por otro lado, está deseoso de poder enseñarle a esta chica todo lo que, en su creer, debía.

-Jak… ¿Tú le temes a la muerte? Si hubieras fallado al morder mi daga… habrías muerto.

-Mi piel no puede ser dañada por filos tan romos. –Ella se da por aludida, e incluso por ofendida ya que es ella misma quién las mantiene en buen estado- Pero no te molestes por eso, muchos lo intentaron antes que tú. Gente mucho más preparada. –Su grave risa se contagia a la chica, que sabe que es más una broma que una burla-

-Gracias. –Jak no entiende esa gratitud, y se detiene a mirarla para que le explique- Eso quiere decir que tengo mucho que aprender hasta poder herirte. Ten por seguro que lo haré. –Le señala con su daga derecha y sonríe, ambos sonríen con una carcajada entre sus dientes. Es la primera carcajada que escucha de él, y también esas arrugas en los bordes de sus ojos, un rostro calmado y pacífico que contrasta con la brutalidad de hacía menos de una hora- Seré tan fuerte como tú, sea Taok o no, te igualaré. –Da un tajo cruzado seguido de una nueva estocada izquierda con la que se queda mirándole. Un silencio que no dura demasiado es seguido de una nueva carcajada, esta vez con las mandíbulas levemente abiertas- Ya lo verás.

-Eso espero, Kai. –Susurra con la sonrisa y se voltea para continuar con el camino-

Supongo… que un ataque por la espalda sería muy obvio para él; y por eso puede que no se lo espere. –Con esa extraña deducción se lanza en una zancada para atravesar sus telas y chocar con su acorazada piel-

Jak sonríe mientras baja su centro de gravedad y esquiva el ataque. Su mente se relajaba con el aire que se mueve entre su cabello y confluye en su cuello. El viento guía sus músculos en los movimientos que derriban a Kai con un golpe de su pie derecho contra el apoyo. Girando sobre sí mismo también logra recoger en brazos a su compañera para que no sintiera, esta vez, el suelo.

-Muy poco preparada, chica. Para eso será esta lección de supervivencia. –La deja andar por si sola y continúan, esta vez al lado el uno del otro- Espero que aprendas tanto como en la pasada. Es un gozo poder estar contigo.

-¡? –Intentando con todo su empeño que no se notase su impresión y felicidad, y lográndolo, siguió el camino junto a Jak- ¿Le gusta mi compañía? ¿Tanto? Él… ¿Quiere estar conmigo? Esto… es muy raro. –Varios sentimientos se agolparon, en especial el miedo y la felicidad- Ahora que recuerdo… estuve inconsciente unos días. Tal vez él… es imposible, ¿no? Esto… ¿Jak? –Él solo voltea la cabeza, continuando su camino- ¿Tú me hiciste algo mientas estaba inconsciente en la cama? Esto es una estupidez, seguro que lo ignora o lo evade.

-Si la pregunta no es con doble sentido, sí; te di agua del río tres veces al día y te humedecía la frente y el cuello. Pero no, no te toqué ni manipulé; si es que esa era la verdadera pregunta. –Una inapreciable sonrisa aparece en donde Kai podría verla-

-Y… ¿Te costó no hacerlo? –Tímida y recatada, detiene sus pasos poco antes de que los de él se hincaran en la tierra con potentes golpes-

-¿Qué quieres decir? –Airoso por una supuesta acusación e insulto, pronto cae en la cuenta de su error- Perdón… es solo que… siquiera la idea… -Su cuerpo se relaja después de la tensión- Solo pensarlo me repugna. Y me repugno a mí mismo. –Saca los pies del subsuelo y continúa su camino- Sí, me resultó un esfuerzo.

-Eso quiere decir… ¿que le gustaría acostarse conmigo? Este entrenamiento será bastante incómodo. No sé ni por qué lo he preguntado. Chica tonta…

No fue tardío el encuentro de una buena zona de entrenamiento, ya que no fueron a otro claro sino a una zona con los árboles un poco más espaciados entre ellos. Kai sacó sus dos dagas de las fundas en su cadera mientras que Jak tan solo sacaba su brazo derecho.

-Espero que hayas aprendido a usar tu cuerpo como arma. Tengo esperanzas en esa “mejor de la casa”. –Poniendo su mano al frente y su izquierda a la espalda, sonríe y la mira con ojos entreabiertos- ¿Cuál es el tipo de lucha que usáis?

-Lo averiguarás. –Comienza la carrera con rapidez, sin previo aviso. Su velocidad es buena, en menos de lo que cualquiera podría reaccionar ya estaba apuñalando en dirección a su cuello-

Muy bien. –Bloquea la punzada con su palma y, para cuando se dispone a dar su primer movimiento, frente a él no había nadie- No quisiera hacer trampas, si no perdería la gracia. ¡Arriba! –Por simple descarte y experiencia, lo deduce y vuelve a bloquear la segunda punzada que rozaba ya su cabello- Soy más rápido que tú, no puedes contra mí en estas condiciones. Pero eres buena. –Con las rodillas en el suelo y su mano alzada para detener la hoja de Kai, la acróbata aterriza a la espalda de Jak- Así que eres una acróbata… Interesante. Me gustaría saber cómo fue tu entrenamiento. –Reincorporándose dice la frase y se voltea hacia ella con la mano preparada para desviar cualquier golpe-

-Te lo cuento si podemos luego volver a jugar “pregunta y respuesta”. ¿Sí? –Empuña su daga izquierda con el filo hacia atrás, y adopta una pose más defensiva que ofensiva-

-Claro. Yo hablaré si consigues tirarme, al menos, una vez. –Con claro tono de superioridad, pero ha demostrado que esa distancia entre ellos es real; aun con todo no deja de ser molesto-

El desafío llenó la mirada de Kai con un brillo que cegó a Jak del primer golpe, que esquiva por poca distancia. A la vista de Kai, él lo hizo para mostrarle lo bueno que es.

Todos los golpes o combinaciones con giros y cortes resultaban esquivados. Incluso las patadas y empujones eran inútiles, así que intentó algo grácil y eficaz.  Se quedó parada a una distancia media, no lo suficiente para que llegara con extender el brazo, y respiró hondo. Su primer paso fue lento, luego la velocidad fue vertiginosa. Cambió la orientación de su arma derecha con rapidez, pero atacó con su izquierda. Giró para golpear con mayor fuerza, pensó Jak bloqueando, pero era en realidad para mover su defensa; y sin separar el filo de la roca del brazo, vuelve a girar para intentar apuñalar el cráneo.

Si dice que mis dagas no le hacen daño, veamos si es verdad. -Piensa dándole la espalda al girar con el golpe-

-Ella… Es muy buena, y puede ser mucho mejor. –El sonido metálico se detuvo al instante-

Kai quedó algo preocupada de que en realidad le hubiera hecho daño, y eso se notó con facilidad tanto en su mirada como en la tensión de su cuerpo. Ella aflojó la fuerza en todos sus músculos, ya no quería pelear si le había hecho daño. Aunque en realidad, al girarse, pudo ver una sonrisa entre la que estaba su daga.

-¿Preocupada? –Dice sin mover mucho la lengua por miedo a cortarse, pero eso no impide una nueva carcajada-

Kai, sin intentar sacar la daga de entre sus dientes, queda frente a él sin siquiera posición ni espíritu de pelea. Había guardado ya su otra daga y ambos quedaban mirándose a los ojos, algo bastante incómodo pese la tranquilidad que ambos notaban.

Él… puede sonreír más a menudo de lo que podía imaginar.

Jak queda contra el suelo en menos de lo que puede reaccionar. La joven acróbata barrió sus pies de una patada y le empujó con su otro brazo mientras el entrenador estaba contemplando ese apacible rostro.

-Como me duelen los dientes… no sabía que el metal hiciera eso… -Resintiéndose de ellos antes de levantarse, mantiene su dureza ante la chica- ¡Eso no me lo esperaba!

Con un tono de voz que parecería de enfado, su rostro dice la verdad, le resulta divertido y emocionante. Ambos ríen con una paz que hacía mucho, casi una vida, que ninguno podía imaginar, hasta que Jak es recorrido por un escalofrío y queda en alerta. Ante la mirada de Kai, que no comprende esos ojos abiertos y esa expresión seria, su héroe solo le exhorta que le siga, y acto seguido se pone la máscara y desaparece con un estallido; el suelo había saltado, pero ese ruido no era de tierra.

-¿Qué sucede aquí, Shiro? –Al momento ya estaba en el claro, en donde Shiro tenía entre sus brazos a un niño de pelo corto, negro tizón y que vestía un holgado jersey hecho minuciosamente con fibras vegetales- ¿Qué ha pasado?

-Las hojas… -Habla el niño con una voz casi diluida en la brisa y sin fuerza- Bailaban… Parecían felices… yo también quiero… -Su cabeza se vence ante el peso y termina entre los pechos de Shiro, y también entre la envidia de los ojos de Hide-

-¿Estás bien, chico? –Le intentan poner de pie, pero su cabeza se cae para atrás y sus piernas no le sostienen. El enmascarado se acerca con rapidez y toma el control sobre el pequeño-

-Decidme, ¿Qué ha pasado? –El antiguo pescador le dice lo sucedido; que durante el entrenamiento el muchacho apareció desorientado y dando tumbos y se desplomó poco después de entrar al claro- Cayó al perder el apoyo en los árboles y tallos duros de las plantas… -Susurra- Entonces… -Desviste el torso del chiquillo, poco músculo y sin atisbo de grasa, algo muy normal en el mundo en que les ha tocado vivir a la inmensa mayoría. La máscara brilló entre sus vetas con un suave verde, y Jak quedó intimidado- Este joven… ha sido envenenado. –Lo carga en brazos y camina entre las flores hacia el margen opuesto mientras, allí, se erguía una habitación sencilla- ¿Cómo? Ese arbusto es muy raro.

-Sí, es verdad su rareza. Pero no creas que “el espino blanco” no puede sobrevivir separado de las raíces. Puede que sí o puede que no, no lo sabremos. Pero debemos salvarle, puedo idear algo que le calme el dolor, pero es casi imposible que sobreviva. Aunque eso para ti no debe suponer mucho… ¿No?

-¿Qué te pasa, Shizen? ¿Eres imbécil, o algo? ¿No escuchaste lo que dijo? –El espíritu quedó impresionado por esta ira ante la muerte, esta negación ante el asesinato- Él dijo que quería ser feliz… él es un crío. ¡No puedo dejar que muera! ¿Qué tengo que hacer?

Para el emocionado Jak fue una suerte llevar la máscara, su insano rostro habría espantado sin duda a Hide y Shiro; su nariz arrugada y sus labios mostrando todas sus armas afiladas y largas, unos ojos enrojecidos y fijos en su objetivo.

Una vez dejó al chico en la habitación, sobre una pequeña esterilla de arcilla blanda, sale por la puerta, cabizbajo y aún con la máscara, y desaparece con un soplido del bosque. En ese instante regresó Kai, jadeando por la carrera intentando alcanzar a Jak.

-Gracias por el caminito… -Dice burlesca e intentando molestarle por tan solo dejarle un sendero libre de plantas en el suelo para que encontrase la dirección correcta- ¿? ¿Dónde está?

La pareja le cuenta a Kai lo sucedido y, sin intentar siquiera decir algo más, la joven de pelo castaño afila su mirada y se lanza a una nueva carrera al interior del bosque.

La velocidad de la chica no era nada comparada con la del fantasma, recolectando multitud de hierbas que la máscara le dictaba y mostraba. La chica también encontró algunas que ella conocía y ya había usado en su infancia, sabía que Jak habría ido a buscar algo por el estilo, y también sabía que él no tardaría nada en volver, así que puso rumbo de vuelta. Al abrir la puerta, su héroe ya estaba allí moliendo las hojas y tallos de multitud de hierbas, sin la máscara. Parecía preocupado y asustado más que decidido; eso conmueve e intriga a Kai.

-¿Y me dices que estas plantas funcionarán?

-Te digo que esto calmará su dolor y ayudarán a combatirlo, pero no creo que sea posible que el chico salga de esta. Jak, lo siento. –Las lágrimas del duro e inamovible gladiador se vertieron en el cuenco junto con el agua de río que ya tenía el recipiente-

-Jak… he traído unas pocas más. Estas son buenas para curar heridas… -Da pocos pasos y con delicadeza, mezclada con curiosidad, las pone frente a él-

Solo un tosco y seco “Gracias” es lo que dice después de arrebatarle las hierbas y comenzar a mezclarlas en el puré que tenía entre sus manos. Una vez terminado, dejando de triturarlo por su poca esperanza más que por la seguridad de su funcionamiento, se arrodilla frente al niño y le humedece los labios con el ungüento en que ha bañado su dedo izquierdo. El niño no reaccionó al momento, ni a los minutos que ambos estuvieron en silencio esperando por algún tipo de respuesta. Tan solo cuando Kai se acercó a Jak para decirle de salir con los demás y dejar descansar al pequeño, él fantasma se movió.

-No… -El chico no quería dejarle, no así- No puedo dejarle ir. –Estaba al borde de las lágrimas. Su culpabilidad era impropia de él, o eso piensa la chica-

-La vida es cruel, y muchas veces tenemos que sobrellevar la muerte de personas que hubiéramos deseado que no se fueran. Lo siento. –Posa su mano derecha en el hombro de Jak, ella de pie a su espalda- Pero creo que deberíamos ir afuera y decirles que no funcionará.

-“El cuerpo humano puede aguantarlo todo”, solo tenemos que esperar y despertará. ¿Verdad? –Cae de frente, sostenido por sus codos y rodillas, humedeciendo el suelo con sus lágrimas y saliva- Shizen… Haz algo… Por favor…

-No entiendo qué te ha hecho cambiar tantísimo, pero no podría hace nada. Yo no puedo curar nada en este estado, ya lo sabes.

-Entonces… Joder… Conéctame con él y haz que sane con mi regeneración.

-Eso… Jak, es algo muy noble. Pero tú no podrás resistir un veneno tan fuerte, puedes regenerar tejido y músculos, pero no puedes regenerar nervios. Si te conecto te envenenarás y morirás también, y no permitiré eso. Sal fuera, relájate, y en la noche le enterraremos.

-Vale… salgamos–Con pura resignación en el cuerpo, se levanta, pero no sin antes dejar a Shizen al lado del niño, y abandonan la habitación juntos- ¿Puedes decírselo tú? Yo no tengo ganas. –Su rostro parecía ignorar todo lo sucedido, serio y formal, casi apático-

-Está bien. ¿Quieres hablarlo luego? –Ladea su cabeza con una sonrisa, únicamente para intentar animarle, pero no surte efecto- No imaginaba que, después de todas esas muertes, la de un niño desconocido le afectase tanto…

-A ti… ¿no te da lástima que una vida inocente se pierda en las memorias del tiempo? –La sorpresa azota las mejillas de la joven, sonrojándolas y atendiendo a las palabras de Jak- Los dioses permanecen en las leyendas y los cuentos, siguen vivos en los recuerdos e historias; pero los que mueren como él, como todos, será algo insignificante para la misma naturaleza que nos da la vida… -Esos ojos verdes miran a la hierba, que comienza a oscurecerse con las sombras crecientes de los árboles-

-Yo… Voy a decírselo a ellos. Esto…No me lo esperaba. Lo hablamos luego, ¿sí? –Una nueva sonrisa que recibe la misma respuesta, nada-

El fantasma de las arenas miraba al cielo, preguntándose el porqué de la propia existencia y el por qué los humanos luchan contra la muerte sabiendo ya que es su destino. Sus ojos anhelaban una respuesta, pero nada ni nadie podía responder a eso, al menos todavía.

Kai les dijo a sus compañeros que el niño no sobrevivirá, o que sería un milagro que lo hiciera. Los jóvenes no mostraron una respuesta de dolor o molestia, simplemente lo aceptaron como tantas otras cosas de sus pobres vidas.

-Parece… -Hide miró a Jak, el que observaba al cielo- Que a ese le pasa algo, ¿no? –Su actitud es casi indiferente, más bien agresiva encubierta-

-No seas tan malo con él. Él es un verdadero guerrero, no importa cuánto te empeñes en negarlo, él no dejará de ser como es. Él es un héroe. –Kai está realmente enfadada con Hide por la forma en que trata a Jak desde que le conoce, pese a ser cierto que Jak tampoco ha sido perfecto en su comportamiento también es verdad que el enmascarado no ha faltado al respeto al pescador-

-Kai tiene razón, Hide. No deberías ser tan cruel con él. Nos salvó de esos tipos.

-¿Y qué? Tú también habrías podido, con ese poder. –Esas palabras sí que hacen reaccionar a Jak, y todos se sorprenden porque a ellos mismos les costó escucharle estando tan cerca-

-¿De verdad… lo crees? –Su mirada es condescendiente, con los hombros hacia atrás y la barbilla alta- ¿Crees que controlar este poder es fácil? –Muestra su derecha, donde en cada dedo se crean muñecas que comienzan a girar y bailar- Crees eso, ¿no? Permíteme discrepar. –Se quita los harapos, mostrando por segunda vez su tonificado, pero poco musculoso, cuerpo- Te demostraré lo que pasa si te confías demasiado. –Sopla a su mano, donde las muñecas se pulverizan y su piel también-

De su brazo comienza a caerse la piel como si fuera arcilla seca y agrietada, bajo ella había barias chapas que encajaban entre sí para no molestarse al mover la extremidad. El sonido de los engranajes y mecanismos aterran a todos y molestan a Jak.

-Eso… -Shiro queda paralizada y deformada por el temor, su expresión no puede reflejar otra cosa que no fuera ese miedo- ¿Podría pasarme? ¿Podría morir? –Su ceño se fruncía, haciendo a su rostro mostrar más inseguridad y miedo-

-Tranquila, “Puño de Roca” está aquí para ayudarte a controlarlo y que no pase nada, ¿verdad que sí? –Otra sonrisa que esta vez recibe por lo menos un asentimiento-

-Claro… -El chico de pelo negro parece querer provocar de nuevo al que es su salvador- Seguro que nuestras vidas le importan tanto como para que se esfuerce en ayudarnos.

Esas palabras ya sobrepasaron el límite de la ágil muchacha, tanto que incluso intentó amenazarle con las dagas, pero sus manos no se movieron.

-Tal vez, muchacho… -Comienza el camino hacia él, con pasos fuertes y rápidos no tarda en llegar hasta Hide, aunque le dé tiempo para decir más palabras- Vuestras vidas no me importen una mierda, pero… ¿sabes? –Le encara con esa leve altura que le gana- Siempre hay gente a quién sí le importas, pero, claro… Tal vez a ti nadie te quiera. –El dolor se apoderó del muchacho, que intenta empujar a Jak y solo consigue dejar sus manos rodeando su cuello-

-A ti sí que nadie te quiere, maldito monstruo. –El desdén con que dice esas palabras le llevaron, al fantasma de las arenas, a su más sangriento pasado. Los ojos verdes no se inmutaron, pero el chico terminó con la cara besando la fresca y oscurecida hierba-

-Dejadme solo, cazad algo e iros a dormir. Nos veremos a la mañana. –Desaparece con un choque del aire que mece todas las hojas-

Kai no pensó nada, de nuevo, y corrió hacia los árboles sin una idea de dónde pudiera estar, solo el grito de Shiro logró detenerla y, el sentimiento que vio en ella, la asustó y conmovió.

-Él está por allí. –Señala a su derecha, pasando por la zona de las flores- ¿Cómo es que lo sé? Tal vez sea este poder. Puedo usarlo sin problemas, pero puede que solo las cosas fáciles. Me pregunto qué fue lo que él intentó para perder el brazo.

Con un agradecimiento, Kai se fue rauda por la dirección de su amiga. Tardó en encontrar a Jak, había oscurecido ya bastante, y solo las estrellas y la luna iluminaban tenuemente el bosque, pero dándole un aura de fantasía y magia.

-Jak… ¿Por qué… -?

-No has cenado. –Una mirada furtiva, agresiva y desagradable, llega a la mujer que tan solo quería ayudar, interrumpiéndola- Os dije que cazarais algo. –Ahora que todos conocían de su extremidad superior no teme en hacer aquello que muchas veces quiso. Presionaba con tanta fuerza su puño que los mecanismos de su brazo lanzaban chispas- ¿Por qué no me hacéis caso? Si no lo hacéis moriréis… -Comienza a bajar su voz, un susurro dolorido que la chica no escucha- Igual que el niño…

-Pues… -Sonríe torpemente. No aplaca la ira de Jak, pero logra relajarle- No cacé, aunque los demás… Huele como si lo hubieran hecho… -Ambos olfatean el ambiente, y los ojos del enfurecido muchacho claman por comida- No cacé porque quería hacerlo contigo.

-¡! –Su mirada se abrió y su puño se aflojó- Tú… ¿Por qué no me temes? –Parecía un niño sorprendido, no podía evitar dejar que su sonrisa subiera sus labios y dejase ver un poco sus dientes. Una curiosidad y aprecio que no podrían entenderse con palabras-

-Pues… Porque sé que no eres malo. Tal vez hayas matado a muchas personas y animales, pero sabes que estuvo mal; ahora salvas gente. Te vi tan dolido por el pequeño… sé que es triste, pero así es la vida. Un accidente puede costarte la vida, y nosotros seguimos vivos. Eso es así. –No sabe qué cara poner, pero una cierta tristeza parece mostrarse-

-Tú, ¿a cuánta gente has visto morir? –Compasión, algo que debería mostrar ella y no él, es incoherente para Kai- Las cosas cambian mucho cuando ves ese sufrimiento. Tal vez no fuera nada si todos a los que maté hubieran sido asesinos o criminales, pero maté a gente que era igual que yo. Esclavos que vendieron para que entretuvieran al público… y yo era el mejor. –Su triste sonrisa no desapareció ni por un momento, ni cuando ella empezó a hablar-

-¿Qué…? –Respira para intentar calmarse- ¿Qué es lo que te pasó exactamente? Tengo miedo… ¿Qué podría hacer si se enfada o se entristece demasiado? Es cierto que se veía disfrutar de matar a los esclavistas, pero eran malos. Él no me haría nada…

-El tema te aterra, ¿cierto? –Sonríe con placidez, es como si nunca hubiera tenido dolor en el pecho- ¿Prefieres cazar algo y hablamos en la cena? –Se acerca a ella y posa su mano en aquel suave, y algo grasiento, cabello- Será divertido.

-Espero que no vaya con segundas. –Con un exagerado gesto y tono cercano, golpea el hombro de Jak con algo de fuerza-

-Claro que no, pequeña. –Se ríe sin siquiera resentirse del golpe, es más; es Kai la que se duele del impacto- No te preocupes, no te haré nada.

Bajo la luz de la noche, entre las sombras de las hojas y las ramas, los dos caminaban en silencio, uno mágico. Los dos disfrutaban de la compañía del otro, sentían seguridad tan solo por estar cerca, aunque la joven seguía teniendo un poco de negación hacia él.

Jak fue el verdugo de la presa esta vez, la anterior vez fue ella, un ciervo de gran cornamenta. Su piel quedó crujiente sobre el fuego que consumía las ramas, entre aquel círculo de piedras.

-Jak, cocinas genial. –Sus dientes cortaban la carne y su lengua relamía cada jugo que aún quedaba dentro de la carne, su rostro traducía la delicia en algo visual-

-Me alegro que te guste. Siempre como estas cosas, así que nunca supe si estaba bueno o no. Me alegro poder hablar con alguien otra vez. Espero que el siguiente encargo tarde lo suyo. Quiero disfrutar esto tanto como pueda.

-Oh… -Traga su porción de carne y se la aleja para hablar- Sí. Íbamos a jugar a “pregunta y respuesta”, ¿sí? –Ella sin duda tenía ganas de conocerle más- ¿Empiezas tú?

-Yo… No se me ocurre nada. –El gesto de Kai demuestra que no le importa esperar, y eso solo ponía más nervioso a Jak- Algo… ¡! No me creo que tenga que recurrir a ese tema, pero es lo único que se me ocurre… (Maldito viejo…) –Carraspea su garganta, demostrando que se le ha ocurrido algo- Tú… más o menos… Tengo una pequeña idea hecha, y querría que me la aclarases. ¿Has reprimido algún deseo sexual alguna vez? –Él es completamente serio en esta íntima pregunta, y si ella hubiera estado comiendo sin duda se habría atragantado- Sé que conmigo nunca ha pasado eso… tranquila, habla sin miramientos, no me puedo dar por aludido. Por desgracia. Sé que todavía me temes, tal vez algo de mi te repugne. Pero… por lo menos una vez, quiero hacer bien las cosas.

-Vale, pero esto es muy vergonzoso, así que tendrás que responder varias preguntas mías, ¿sí? –El rubio asiente con una sonrisa, por saber que su pregunta tiene respuesta afirmativa- Sí, alguna vez… -Evita las miradas con su compañero, por vergüenza, timidez o molestia, tal vez pudor- Alguna vez se me han pasado esas ideas, ¡Y no pienso contarte más! –Su mirada, clavada y quemando la de Jak, incluso intimida al hombre de su lado-

-Tampoco quiero saber quiénes fueron los protagonistas de tus fantasías. –Una carcajada relaja a la muchacha. Su tensión, causada por la incomodidad, se esfuman con ese sonido tan liviano a sus oídos- Además, ahora estamos en paz, ¿no? –Él respira con profundidad mientras mira al cielo, causando más intriga en la joven- Tú ya sabes que tuve que resistir la tentación de… bueno, mejor no entrar en detalles. Lo siento, pero sigo siendo un hombre. –Su rostro, sereno y sin nada que ocultar, se dirige a ella, y culmina con una sonrisa que le cierra los ojos y sacude su pelo con el viento-

Menos mal que no tengo que decir nada… esto sí que sería vergonzoso… Dioses, quiero irme de aquí, pero ahora puedo saber más de Jak. No puedo perder esta oportunidad. Mmmmm… ¿Cuántos años tienes?

-¿? ¿No te respondí a eso? –Él realmente cree haber respondido, y es así, pero no dio ningún número, solo una respuesta ambigua- En fin, yo… tengo diecisiete. Lo sé, soy joven. ¿Más preguntas?

-¿Cómo fue tu infancia? Sé que fue dura, pero… ¿Cómo llegaste a ser así?

El silencio se asentó, y parecía que no fuera a moverse. Kai fue a retirar la cuestión, pero entonces la voz ronca de Jak, sin ganas, comenzó a sonar.

-Perdí todo lo que una vez quise. A mi madre, a mi única amiga en la arena, a todos los que tuvieron fe en mí. Me convertí en la tormenta que todo lo engulle y destruye, todo lo que tengo entre mis manos termina por desaparecer. –Su rostro se enrojecía, claramente reteniendo el lloro-

-Tú… no me has hecho nunca daño. –Va a acariciarle para intentar que él sienta la misma tranquilidad que ella con su sonrisa, pero tan solo le aparta la mano con golpe de brazo- ¿Jak? –Esos ojos miedosos, verdes pero rodeados de rojo, hacen que algo queme dentro de ella- ¿Quién es Sora?

-¡! –Todos los músculos del hombre se tensaron por miedo y rabia, pero su palabra podía más que su temor- Ella… era igual que tú. –En ningún momento pudo mirar a Kai por sí mismo, solo quería sentir que estaba lo más lejos posible de ella- Ella fue… la única persona que pudo hacerme sonreír en ese infierno, la única persona que quise ver por la mañana. Ese dichoso teatro de sangre… “Los destruiré” … ¿¡!?

-Yo… -El abrazo, que rodea a la masa de músculos y metal, enfría el infierno revivido en su interior- También estaré en la mañana. Tranquilo… -Sus brazos se aprietan sobre su cuello, una presión que enternece y fructífera las lágrimas del joven-

-¿Por qué? Nunca, jamás, he encontrado a alguien que no me temiera. Es imposible no tenerme miedo, soy un monstruo, soy un diablo.

-Tú… eres mi dios, Jak. ¿Cuántas veces me has salvado ya? –Sonriendo frente los vidriosos ojos del chico, al fin su infierno se convierte en un océano de profundos sentimientos- Yo creo en ti. Luchas por algo, ¿sí? ¿Qué es? –El sueño hace mella poco a poco en ella, ya se nota en la pesadez de sus parpados-

-Yo solo lucho por mí. No te engañes. –El cansancio se apoderó por completo de la chica, y calló sobre su pecho-

-No te engañes… a ti mismo… tonto Jak. –Una pequeña carcajada se mezcló con el suspiro del sueño-

Con ella, que no podría ni decir si estaba de pie o no, Jak la abraza con ternura y algo de fuerza. Disfruta de tenerla tan cerca, y más aún de que haya sido por voluntad. La levanta en sus brazos y emprende el regreso al claro, después de apagar la fogata con una tormentilla de arena.

-No puedo perderla, no puedo dejar que vea mi naturaleza. No puedo ser de nuevo ese monstruo, no puedo perder otra vez esta sensación. Una familia, tranquilidad… apoyo… -Su respiración se coordinó con el llanto, su mirada fue llamada por el cielo y así elevó su rostro y dobló su cuello- Ahora… las estrellas no son lo único que me acompaña en las noches.

Recorrido por las lágrimas, brillantes a la luz de los astros y la luna, su ser encontró un motivo más para luchar y seguir esta dolorosa vida de sangre y batallas.

 

***

 

De vuelta ya sobre las flores del claro, podía ver el dulce y apacible rostro, como si fuera una muñeca, y también observó cómo Hide y Shiro estaban durmiendo; separados y dándose la espalda.

-Supongo que habrán discutido sobre lo que me dijo antes de cenar. Debemos cargar con nuestros actos. –Deja a Kai sobre un montón de hierba, mullida y frescas para asegurar su confort, que movió al desplazar la tierra hacia un mismo centro- Me pregunto si el chico habrá muerto ya…

Se acercó a la habitación de roca, abrió la puerta y lo primero que vio fue el enraizado cuerpo de Shizen de pie, frente al niño, mirándole con esa máscara tan siniestra.

-Su respiración es débil, y su corazón no se escucha. Su cerebro a penas funciona, mañana estará muerto. Será mejor que prepares hoy la tumba y lo entierres después del desayuno. Así nadie podrá verle aquí. –Sus raíces crujieron cuando giró para hablarle directamente- Sé que has cambiado mucho en estos días, tienes nueva gente a tu lado; gente a la que no quieres perder y gente a la que aun así quieres proteger. Pero el mundo no ha cambiado, y no cambiará. Eso es una cruel verdad.

-Te equivocas, anciano. –Cabizbajo y sacudiendo sus hombros- Yo… ¡YO! Cambiaré el mundo, lograré erradicar el sufrimiento innecesario porque… no quiero que nadie más sienta lo que yo. Yo libraré al mundo de “Las Diez Luces”.

-Es la primera vez que me llama anciano. Pues sí que es verdad que ha cambiado, ahora puede revelarse a sus mayores. Se nota que ahora sí puede ser el héroe que soñó.

Se marchó, dejando a Shizen solo con el moribundo muchacho, entre los árboles, intentando aplacar las voces en su cabeza.

-Sora… Kai… Rass… Aisha… Mis únicos amigos, no puedo perderles una vez más. –Sus pies le piden velocidad, y así sus piernas se la conceden- No puedo ser débil, debo convertirme en un dios. Debo ser el más fuerte, debo matar al viejo, debo demostrarle que tenía razón. –Su ansia de guerra se presentó en su cuerpo, su ceño fruncido, su nariz arrugada, sus dientes afilados y colmillos gruesos, sus músculos voluminosos, todo lo que podía ser símil de una bárbara bestia se precipitaba en una vertiginosa carrera entre los árboles hasta frenar sobre la arena del desierto-

Jadeaba, no por el cansancio sino por las ganas de probar su fuerza, su límite. Extendió así su brazo, con la palma abierta y mirando al horizonte; su respiración se calmó, no su rostro.

-Chikyuu-no… Mochiague. –Las arenas se reunificaron, formando una gigantesca montaña y sus manos quedaron recogidas contra sus axilas, flexionando sus codos- Jiton… ¡Shenkoo! –Lanzando, como en un placaje, sus manos. Toda aquella montaña regresó a ser polvo con un impacto que se vio cómo despedazaba las rocas, fragmentando todo aquel montículo- No… sigo siendo débil. No he avanzado mucho desde que dejé al viejo. Así nunca conseguiré mi sueño. ¡Joder! –Un grito, con tanto sentimiento y poder, que levanta una tormenta de arena, pero no tarda en caer- No puedo controlar tanta arena, no puedo ni desnudar la roca bajo mis pies. Soy lamentable… Sora, perdóname, sé que fui lento y débil, pero nunca más. –Regresa su mirada al cielo, estrellado y completamente iluminado por puntos de luz y constelaciones que parecen desteñir suaves colores; una mirada de paz y pura serenidad, sin arrepentimiento-

Jak no fue a dormir aquella noche. Él solo podía pensar en ser más fuerte, el más fuerte, y entrenó todas las horas hasta que el sol asomó por el borde del arenero. Su desagradecida mirada se traducía en un infructífero entrenamiento.

-Será mejor que haga algo y prepare el desayuno, y la tumba para el chico. –Y así hizo todo lo que dijo. La tumba la cavó con sus manos, quería volver a sentir esa sensación en sus dedos-

La pareja, aquellos con pelo dispar, ya se habían despertado, dejando descansar a la joven acróbata. Esos dos parecían poco cercanos, completamente contrario a cómo se encontraron. Jak supuso que se debió a las hirientes palabras que le valieron ser tirado al suelo. La chica preparaba la leña, recogiendo de los alrededores sin alejarse del claro, mientras el muchacho removía las hierbas en busca de piedras para hacer un anillo que contuviese el fuego.

Esto es demasiado tenso… -Piensa el Taok de tierra- Mejor entro en la habitación. Quiero ver si mi esperanza es vana.

Entró por la puerta, Shizen estaba sentado frente al chico, mirando a la puerta.

-El niño ha muerto. Ya no alberga vida, el Taok de naturaleza ha abandonado su cuerpo. ¿Has preparado ya la tumba? –Jak asiente- Bien, tras la comida te ausentarás y le enterrarás. El bosque estará agradecido.

-Veo que mi promesa tardará más tiempo de lo que pensé. –Ríe, de forma dejada y sin ganas-

-Tú no puedes hacer nada por esa promesa. Es el Taok quien decide esas cosas, tú no puedes hacer nada más que llevarme por el mundo hasta lograrlo. Por favor… -Posa su rostro, la máscara, en el suelo, inclinándose en una reverencia- Te lo pido, es mi único deseo.

-Tranquilo, lo haré. No te preocupes. Pero ahora, -Señala a su hombro, y la máscara deshace su cuerpo de raíces para anclarse a la unión de su brazo con el torso- Hay que comer algo, ¿no crees? –Ambas partes ríen y salen para ayudar a preparar la comida-

El anillo de roca no tardó mucho gracias al trabajo del muchacho; la madera ya estaba casi toda amontonada cerca del anillo cuando Jak vino con un pequeño jabalí sobre sus hombros. La pieza fue preparada por Hide, junto con la ayuda de un pequeño cuchillo que sacó de una funda bajo su camiseta.

-Se creerá más chulo que cualquiera con esa actitud de no hablarle a nadie y hacer las cosas sin esfuerzo… Bah! –La cabeza de Hide hervía con la molestia y la rabia hacia su compañero y sangriento rescatador-

Espero no molestarla si la levanto ahora. Se ve tan tranquila cuando duerme… -Así, con suaves zarandeos, el guerrero despierta a Kai, y ella comienza a desperezarse, aunque se detiene nada más darse cuenta de su presencia-

-Buenos días, ¿habéis dormido bien? Qué vergüenza… -Se levanta, se coloca el cinturón con sus dagas y se va a ayudar con la hoguera; claro que antes contenta a Jak con una sonrisa-

-¿Tan importante puede ser un gesto tan ambiguo? –La máscara habla a su portador, pero su contestación es física; un golpe con el índice sobre lo que sería su frente-

La comida comenzó al tenerlo todo listo y la carne en su punto. Nadie decía nada, todos estaban en sus mentes, con un silencio que molesta por igual a los dos más antiguos del grupo.

-¿Qué tal habéis dormido? –Dice Kai para romper la tensión y aliviar los claros humos de la otra pareja-

-Yo… -Comenta Shiro- Pues bien, creo. Ahora no paro de pensar en cómo entrenar mi poder, hacer cosas sencillas, y mi cabeza no para de trabajar, aunque no sé qué diantres entra en ella. –Ríe pesadamente, en verdad quería decir que el Taok aturde sus sentidos, abrumándolos con demasiada información, aunque solo Jak parece comprenderla-

-Al comienzo es normal. –El maestro de Taok habla- Tu mente no está acostumbrada a sentir el Taok del elemento. Trabaja unos días ese control, medita, y desaparecerá rápidamente. –Hide gruñó con intención de interrumpir, y Jak no le dio la satisfacción de una respuesta-

-Tú. –Esa satisfacción que pensó su compañero no era lo que quería, él solo quería poder hablar- Seguro que solo quieres que todos confíen para luego aprovecharte, ¿me equivoco? –Todo él quería mostrar, y lo logra, su sentimiento de desaprobación y desconfianza que tiene hacia su salvador, ya en varias ocasiones-

-Ay… dioses. Que Jak no le haga nada. –Pide Kai a las deidades-

-¡Hide! No digas esas tonterías sobre él. “Roca” no es así, lo sé. –Protesta Shiro, pero el muchacho se levanta para alzarle todavía más la voz-

-¿Y cómo puedes saber que no es así? ¡¿HE?! –Un golpe, amortiguado por las hierbas del suelo, llama la atención de Kai, viendo que es la porción de Jak-

Él… ¿ha tirado su carne? Con lo enfadado que parecía porque no cené ayer… ¿?

La joven y todos se vieron sorprendidos por ver a Jak sostener al chico contra un recién moldeado muro de roca. Hide casi no podía respirar ante la atadura de la garra derecha del Taok sobre su cuello, y que acercaba su rostro para hablarle, literalmente, a la cara.

-Quizá… ¡Porque he matado a cientos de esa jodida escoria! Nunca… jamás, vuelvas a compararme con “eso”. ¡NUNCA! –Casi parecía que sus mandíbulas fueran a partirle el cuello-

-¡Los amigos no deberían pelear!

La pelea, y la comida, se detuvieron a raíz de esas palabras. Jak le soltó y el chico cayó resentido de la cabeza y pecho.

¿Shizen? Espera… ¿el canijo está vivo?

-Inconcebible, el Taok había abandonado su cuerpo. Estaba muerto, nada podría haberle traído de vuelta. ¿Qué sucede aquí? –Al igual que su amigo, Shizen quedó estupefacto ante esa escena-

El niño se aclaraba la vista frotándose los ojos, y cuando miró al frente el miedo se apoderó de él. Aquel hombre, enorme y amenazante, se acercaba a él con una extraña mirada.

-Fantasma, ¡espera! Le estás asustando. –Frenó el avance de Jak, pero no con sus palabras sino poniéndose en su camino- Ya hablo yo con él. Y siempre tuve fe en ti y en ese ungüento. –Una nueva sonrisa impresiona al muchacho- ¿Qué tal te encuentras? ¿Te duele algo? –El chiquillo se acerca un poco, con timidez, pero con el miedo mitigado- ¿Cómo te llamas? –La mirada de la chica era preciosa, tanto que hace confiar al niño sin muchos problemas-

-Yo… me encuentro bien, pero… no recuerdo mi nombre. ¿Dónde estamos?

Parece que el veneno le borró la memoria. Tendrás que ocuparte de esto tú, Jak. Je je…

-Vale, Shizen. Ya verás. –Volvió a la hoguera, recogió su pedazo de carne, la limpió un poco y regresó con el niño- ¿Tienes hambre?

El muchacho aceptó con una sonrisa de oreja a oreja, y con una total confianza. Mientras, Hide se resentía en el suelo ante la juzgante mirada de Shiro, la misma que se levanta y va a saludar al nuevo invitado.

-Ya verán… verán cuando él saque su verdadera forma. Todos me pedirán ayuda. -Refunfuña el dolorido compañero-

El antiguo pescador quedó marginado del grupo, que se centraba en el niño que acababa de despertar y no recordaba nada.

-Un jovenzuelo como tú no podría haber llegado a este bosque solo, ¿Quieres dar una caminata y ver si encontramos a tu familia? –La proposición vino del hombre que antes le había asustado, y el pequeñín aceptó tan alegre como con la carne-

-Claro. A caminar. –Con energías renovadas, nadie podría siquiera pensar que estuvo al borde de la muerte, se encomendó al sendero del bosque acompañado tan solo por Jak-

-Eres un chico muy animado. Me sorprende que no te estén buscando.

-¿Cómo lo sabes? ¿Tienes poderes? –Ilusionado, parece con esa cara fascinada por la posibilidad-

-Si te buscaran se escucharían sus gritos, gritarían tu nombre. ¿De verdad no te acuerdas? –El niño niega con tristeza y frustración- ¿Te gusta el nombre de “Shizen”?

-¿Qué? No te atrevas, Jak. ¿A qué viene esto? ¿Es algún tipo de broma o venganza?

-Te equivocaste con este chico y, además, lo que dijo me recordó a ti.

-Sí. Es muy bonito. Ese nombre significaba… -Pone sus manos en las sienes de su cabeza, esforzándose en pensar- Algo con… árboles, ¿verdad? –Algo parecía encenderse en él, algo que le entristeció-

-Sí, chico listo. Significa “naturaleza”. ¿Qué te sucede?

El muchacho estaba abrazándose a sí mismo con cara seria y asustada, se encontraba pálido.

-Creo… que todos me odian. Nadie me comprende… por eso acabé aquí. –Mira a Jak con expectación, pero sigue con un gran temor- ¿Vosotros me odiáis? –Sus ojos quedaron tapados por la mano del casi adulto-

-Apenas te conocemos, chaval. Pero de momento nos caes genial. Además… Lo primero que escuché de ti, aunque no lo entendí bien, me gustó. Tú me caes bien, y créeme, no todos me caen bien. –Con un zarandeo de su mano, que casi tira al joven, él le sonríe con gusto, aunque Shizen no lo entienda- Yo no odio a gente por estupideces, ¿entendido? ¿Por qué dices que la gente te odia? –Se agacha a su altura, y el muchacho parece ponerse tímido antes de hablar-

-Porque… me gusta el bosque. Es más suave que la arena, los pies no duelen y hay comida más rica. Pero todos dicen que soy débil por eso, y me desperté aquí después de irme a dormir ayer.

Eso solo significa una cosa: “Fanáticos de los ancestros”. ¿Recuerdas algo de aquella noche?

-¿Por qué estás nervioso? –Sigue con miedo, y no es para menos con el rostro de Jak, tenso e intentando no parecer enfadado-

El joven dijo algo confuso, “su vida será su muerte”, y el luchador comenzó a volverse bestia. Sus piernas y brazos comenzaron a hincharse, y sus colmillos a crecer.

-Ven conmigo, Shizen.

-Das miedo… -Se echa para atrás, pero aquella descontrolada mole de instintos le agarra por el cuello de su jersey y lo pone bajo su hombro, llevándole como si fuera un tronco-

-Agárrate. –La arena se apega a sus pies y a su espalda. Los ojos del niño se cerraron ante el susto de aquel poderoso estallido, y cuando los abrió estaba frente al desierto- ¿Estás bien? No suelo hacer esto con cosas vivas.

-Sí, estoy bien. –Le baja, y de su ropa se precipita arena sobre el desierto-

Una gran columna de humo se levantaba no muy lejos de donde estaban, justo en el margen de los árboles.

-Shizen, ¿Cuántos años tienes? –Dice mientras camina hacia aquella columna de humo grisáceo con un rostro entre serio y enloquecido, intentando controlarse-

-Tengo ocho, pero das mucho miedo, me quiero ir… -Su temor le hacía taparse los ojos, pero en ningún momento hizo tan solo intención de separarse-

-YO… Seré tu mejor amigo. No me temas. Tú… eres una buena persona que ha sufrido, igual que yo. Jamás dejaré que la gente te haga daño otra vez. Yo… LOS DESTRUIRÉ, a todos los que amenacen a mi familia, yo, los destruiré. –Sus piernas se encuentran con el obstáculo del niño. Shizen se había interpuesto en su camino, pero el chiquillo resistió la fuerza de las piernas-

-NO. El daño es bueno. –Grita con fuerza y convicción, rasgos que asombran al Taok- Cuando se rompe una rama, luego crece más fuerte donde se ha roto. Las personas son iguales, ¿no? Yo creo eso. –Ahora toda esa confianza en sus palabras se desmenuza ante la enorme figura de Jak, y Shizen comienza a mirar al suelo y sacudirse con el gimoteo del temor- Cuando me hago heridas… mi piel se hace más dura. Por eso… yo creo… que… -Las lágrimas cayeron, pero solo una por ojo, cuando la palma del hombre zarandeó con suavidad su cabeza-

-Tienes razón, chaval. El dolor nos hace fuertes, pero hay veces, muchas veces, que soportamos más dolor del necesario y, eso, es lo que nunca, jamás, permitiré que os pase a ninguno. –Se agacha, hincando una de sus rodillas y mirándole a esos ojos tristones- Ni a Hide, ni Shiro, ni Kai y mucho menos a ti, Shizen. Ahora sois mi familia, ese es el secreto de mi verdadera fuerza, mi familia. Pero… -Se levanta con fuerza y un ánimo completamente renovado- Ahora tenemos que salvar el bosque.

No tardaron mucho en llegar a la enorme muralla de fuego que creaba la humareda ya que fueron corriendo.

Jak se creó un báculo con la arena de su alrededor, y golpeó con él el suelo del desierto para levantar una tormenta que extinguió el fuego. Toda la multitud que se deleitaba con aquel fuego quedó enojada y buscando al responsable.

-¿Has sido tú? –Dice el anciano que estaba a la cabeza del grupo, distinguido con dos collares de calaveras de pequeños roedores y reptiles, además de una vara de piedra maciza- ¿Por qué osas interponerte en los deseos de nuestro dios?

-¿Puedo saber a qué órdenes respondéis? ¿A caso me diréis que obedecéis los anhelos de la tierra? –Protesta claramente el Taok de la tierra-

-Así es. ¡Nosotros! –Extiende sus brazos y levanta la mirada. Sus atuendos se elevan con la fuerza de su envejecido cuerpo- Somos los enviados para probar la supremacía de la tierra como el verdadero elemento. El más fuerte de todos.

-Vosotros no sabéis nada, ¿verdad? No sabéis que es ser “el más fuerte”.

-¿Quién eres tú para cuestionar a nuestro dios?

-Vuestro verdadero “dios”. –Con una sola sacudida de mano toda la arena le envolvió y creó una armadura ligera y sin muchas piezas. Todos los nómadas se arrodillaron mostrando sus respetos- Pero la tierra no pretende demostrar su resistencia, sino su utilidad. Es la base de toda la vida. Hace crecer fuertes a los bosques, hace refugio de los animales, sustenta los edificios en los que vivimos. La tierra no debe demostrar nada, solo debe ayudar a todos. Viejo… parece que al final sí me enseñaste cosas buenas.

-Lo lamentamos, señor… -El anciano se levanta- Parece que le hemos confundido con un verdadero dios. –Saca de su bolsillo derecho un grueso cristal de cuarzo, pulido y brillante, de un color celeste-

-¡! Un cuarzitiumizado*. ¿Incluso estos locos cuentan con los apoyos de las “Luces”?

-Jak… él es malo. ¿Podrás contra él? –Tira de su pantalón. El joven ahora sí que tiene verdadero miedo-

-Claro, Shizen. Los malos no pueden ganar, no contra gente como nosotros.

El pueblo, ahora, se percata de la presencia del niño y las reacciones van desde el asco hasta una grata sorpresa.

-Parece que Duts en verdad era un niño fuerte, pero un hereje jamás estará entre nuestros brazos. –Sigue siendo el anciano el único de la gente que habla- Además de él, parece que tendremos que ofrecer a otro hereje al desierto. –Ese mismo cristal que ha mostrado se lo estampa contra el pecho, pulverizándolo y absorbiendo los fragmentos y el polvo- El poder de estas reliquias es el legado de nuestro dios, y demostraremos que la tierra es todopoderosa.

Este viejo se deshace de su bastón y eleva su mano. La arena se moldea sobre él en una considerable estaca del mismo material que el cristal y, como si no fuera un esfuerzo, la lanza con la potencia de un misil contra Jak. El gladiador confiaba en su poder, y por eso hizo el gesto de apartar el proyectil, pero este no obedeció y atravesó, para incrustarse en su hombro izquierdo, partiendo su clavícula.

-Shizen… -Jak parecía miedoso, pero al mismo tiempo emocionado y excitado- CORRE Y AVISA A LOS DEMÁS. –Con mera fuerza arranca esa estaca de su hombro y la esgrime como una espada contra el anciano- Yo… te mataré. NADIE INSULTA A MI MADRE.

El niño hizo lo que pidió su amigo, correr lo más rápido que pudo entre las hierbas hacia el campamento. El camino de tierra era esclarecedor, pero parecía desdibujarse con el tiempo; las plantas ganaban terreno.

 

 

¿Podrá la ayuda llegar a tiempo, o podrá el gran “Puño de Roca” contra este aparente rival de Taok?

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