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La Sombra de Las Diez Luces_Capítulo 6 – Unos pasos más. -Editado

Modo noche

Capítulo 6: Unos pasos más.

 

Con una ajetreada noche de entrenamientos, y algo más que mera actividad física, todos se reunieron pocas horas antes del amanecer.

Al acercarse a la hoguera, apagada, Jak parecía el más agotado del trío. Su cabeza, cubierta por la máscara, estaba decaída al igual que sus hombros.

-¿Habéis entrenado bien? –Dice animoso Hide, sin mover mucho su espada puesto que no la controla del todo- Parecéis cansados.

Jak se sienta sin decir nada, como esperando a que el resto preparase la comida; pero solo recuperaba el aliento.

-Sí, un buen entrenamiento. ¿Verdad, Shizen? –El jovenzuelo asiente feliz y cansado- Cuando terminemos de comer algo os daré una cosa importante. Algo para que podamos separarnos en los encargos o viajes.

-¿Viajes? –Pregunta Shiro-

-Mi objetivo es liberar a todos los países del yugo de “Las Diez Luces”. Si os quedáis en este grupo entiendo que me ayudareis. Si no, puedo dejaros en cualquier ciudad que queráis. –Dice Jak al levantarse y dirigirse hacia su taller en busca de la despensa de carne-

Lo que para ellos sería algo así como la cena, pero tan cerca del amanecer, marca el comienzo de la preparación para la misión.

-¿En serio vamos ahora a otro sitio? Tengo sueño… -Dice Shizen, con el estómago lleno y el cuerpo cansado-

-Tranquilo, tú puedes dormir si quieres, pequeñín. –Dice con dulzura la amigable Kai-

-¡Ya los tengo!-Llegando desde la oscuridad del taller viene Jak con una bolsa a la espalda- Estos son los comunicadores. Tienen distintos botones para las frecuencias, canales, personas; como queráis llamarlo. Es para hablar cuando estemos lejos y no podamos vernos.

-Sí. Sé cómo funcionan estos cachivaches, aunque nunca había visto unos tan complejos.

-Bien, así podrás solucionar las dudas que surjan. –Retoma Jak- ¿Veis los números en lo alto del aparato? –El comunicador es rectangular, de una anchura considerable pero cómoda, y en lo alto se encuentran los números; de los cuales Jak ostenta el uno- Recordadlos. Son los que tendréis que pulsar cuando queráis hablar con alguien a solas. O podéis darle al del lateral para hablarles a todos. Si queréis hablar con dos o más, mantened el del lateral y dadle a los números que queráis. ¿Todo entendido? –Pregunta, puesto que las caras de sus compañeros eran para ello-

-Entendido. –Dice con fuerza, pero somnoliento, el joven Shizen- No es tan complicado. –Parecía como si a la mínima brisa se fuera a caer-

-¿Todo listo? –Vuelve a preguntar Jak, y la respuesta de todos es afirmativa- Entonces saldremos junto con el sol hacia el sur, informaré a mi contacto de que llegaremos temprano. Una vez allí me dará más información. Metamos todo al coche. –Sacando el vehículo en medio del claro él comienza a introducir pequeñas bolsas que al parecer contienen carne seca o ahumada-

Cada cual metió sus herramientas, o se metieron al interior con ellas, como podría ser la espada de Hide, quien no la suelta. Kai, por el contrario, se quitó el cinturón con las fundas y lo dejó entre sus pies. Así, con todo listo ya, el bosque quedó atrás antes de que ellos pudieran darse cuenta.

Curiosamente sus cuerpos no sentían demasiada presión por la velocidad, pero sus ojos sí apreciaban lo que el rápido avance hacía al paisaje. Las pequeñas y dispersas formaciones rocosas del desierto se difuminaban como si fueran un dibujo en el horizonte. El sol salía por su derecha, y eso no cambiaba salvo por su leve movimiento sobre el horizonte, que parecía desplazarse más lento que una tortuga hacia lo que para ellos quedaría atrás.

El viaje fue asediado por el silencio, uno que contemplaba al paisaje y la curiosidad de todo aquello que rodeaba a este misterioso ser al que llaman Jak; y con la detención del vehículo el conductor abre la puerta. Están ahora frente a una pequeña ciudad.

-Kai, ¿la recuerdas? –Dice mientras va a abrir la puerta donde estaba Shizen, dormido, y lo recoge en brazos- Veamos qué tal le va a esa chiquilla.

Con grandes ánimos, ella sale del coche e insta al resto a seguirla y, aunque no sepan que sucede, lo hacen.

Jak cargaba con Shizen a su espalda, casi como una mochila, usando sus brazos como asiento para el durmiente niño.

Caminando casi sin rumbo entre la poca multitud de las calles entraron en la zona comercial de aquel pueblo llano y de simple edificación, no muy diferente de los que ya han visto. En un momento en que un anciano se voltea a ver dónde había dejado su carro, sus ojos encuentran al rubio pelo de Jak.

-“Puño de Roca”, está aquí. Ha vuelto. –Todos a su alrededor siguieron su voz y su mirada, y los de alrededor de estos hasta que todo el lugar quedó centrado en él-

-¿Qué te trae de nuevo por aquí, “Puño de Roca”? –Pregunta la amigable y enérgica Naomi, con su gran melena rubia y esos ojazos verdes brillantes- ¿A que no me habías visto con tanta gente? –Dice con su sonrisa de oreja a oreja, contagiando esa felicidad a Jak, que también sonríe como un tonto-  ¿?   ¿Quién es el chico que está dormido? –Claramente intrigada, y curiosa cuando ve a las otras dos personas- ¿Y ellos?

-Hey, Shizen, despierta. –Zarandea su cuerpo, y por consiguiente al muchacho. Él se despierta con pereza, pero una vez se frota los ojos y aclara la vista, y ve a la chica, salta de la espada de Jak y se presenta-

-Hola, me llamo Shizen. –Sus alturas son algo parejas, aunque es el chico quien queda más alto por pocos dedos-

-Yo me llamo Naomi. ¿Quieres venir a jugar? –El joven mira a Jak, él asiente, y Shizen comienza a correr detrás de ella-

-Jak, ¿no la vamos a seguir? –Pregunta Kai, ya que pensaba que irían a la herrería-

-Es una niña, y el herrero dijo que la ciudad no era segura. Ahora mismo la estará buscando. Allí está. –En un pequeño puesto donde compraba unas pocas raíces y algunas piedras de sal, es abordado por Jak y Kai- Si buscas a tu pequeña ha vuelto a la herrería con un amigo mío.

-“Fantasma”, has vuelto. Pensé que solo era por hacerte el héroe. –Dice aquel hombre de fuerte aspecto y una barba de unas semanas, de un tono bastante negro- Así que ya has hablado con mi niña, ¿he? –Se vuelve a recoger su cesta de madera y comienza a caminar al lado de Jak y Kai hacia su casa- Me alegra tanto que hayas vuelto, y además con un amigo para Naomi. Gracias.

-Puedes llamarme Jak. Ya empieza a gustarme y todo. Pero, me sorprende que ella esté levantada tan temprano. ¿Los niños no suelen dormir hasta que el sol levanta del suelo?

-Ja. –Ríe de forma descontrolada unos momentos, hasta le cuesta volver a hablar- Perdón, perdón… Eso pregúntaselo a Naomi cuando estemos allí. Te reirás.

Hide y Shiro se sorprenden del cambio de actitud de Jak al estar con este hombre. Los tres no pararon de hablar en lo que duró la vuelta a la herrería, unos pocos minutos; y el jaleo ya se escuchaba desde dos casas de distancia.

-Esto es un mandoble, se llama así porque se coge con dos manos. Esto es una espada corta, esto otro es un escudo de Zarto*. Me gustan como quedan esos cuernos. –Explica a Shizen la pequeña y enérgica niña, recorriendo de arriba a abajo y de un lado a otro las estanterías y soportes donde están todas las armas-

-Son muy bonitas, pero ¿para qué sirven? –Dice Shizen en su ignorancia, pues solo conocía herramientas de piedra básicas y madera-

-Son para proteger a la gente. –El rostro orgulloso y su sonrisa reflejan la pasión de su oficio, y ese sentimiento enciende algo dentro del pequeño muchacho- O también para hacer daño a gente mala. Porque como hagas daño a gente buena, te parto las piernas. ¿Entendido? –Aun empleando un tono de broma, la respuesta de Shizen es seria, aunque intenta disimular con una risa- Pero eres amigo de “Fantasma”, no puedes ser mala persona. Además, eres muy mono. Ji ji. –Sonríe y entra a la zona de detrás del mostrador y, justo cuando él iba a seguirla, la puerta principal se abre y el chico se detiene-

-¿Dónde está mi joyita? –Dice con fuerza el herrero-

-Está trabajando… -Suena ella desde el cuarto de atrás-

-Le tengo dicho que no haga nada sin que yo la vigile. ´Dita sea. –Deja la comida sobre el mostrador y entra raudo por aquella puerta. Unos pequeños gritos de negación por parte de la joven no impidieron a su padre sacarla del cuarto por el brazo- ¿Cuántas veces te lo he dicho? No quiero que te hagas daño. –El rostro de Naomi demuestra el arrepentimiento, y parece al borde del llanto. Su padre no resulta muy agresivo, pero lo que más duele a la chica es el sentimiento de culpa-

-Déjala. –Dicen Jak y Shizen a la vez, a lo que solo continúa Jak porque la sorpresa le impide al niño- Son cosas de niños. Ella solo quería mostrarte de qué es capaz, y divertirse con su nuevo amigo. –Todo su grupo, incluida Kai, le miran sin creer del todo que sea él quién dice esas dulces palabras- Además, ya estás aquí. Puedes vigilarla. Suéltala y que jueguen un rato.

Naomi recupera la sonrisa, pero el saber que hizo mal le devuelve ese rostro decaído. Shizen se acerca con delicadeza y la abraza. Jak se fija en cómo tanto Shizen como Naomi abrazaban al otro, con suavidad y apretando con una agradable fuerza.

-¿Podemos jugar dentro? –Pregunta Shizen, con algo de miedo, al herrero y él responde, después de un suspiro y una sonrisa, que no hagan nada peligroso- Gracias, señor.

Los dos niños corrieron a jugar a aquel cuarto, y en cuento se cerró la puerta se escuchó con claridad una divertida frase de la incansable Naomi. “Vale, ya has oído. Así que nada de martillos”.

-Eres mucho más amable y considerado de lo que pensé. –Sigue el herrero caminando hasta ellos, invitándoles a subir las escaleras que llevan a su habitación- No me esperaba eso de un guerrero de tu reputación.

-Nadie se lo espera nunca. Pero… ¿qué puedes esperar cuando intentas matar a alguien? Tan solo me cuesta ser yo mismo con alguien al que no conozco.

-Pero tan solo nos hemos visto dos veces, y no hemos hablado nada.

-¿El mudo tiene amigos? –Dice esta frase hecha con una sonrisa, y el padre cae en la cuenta- En cualquier caso, quería hablar contigo sobre cosas serias.

Todos quedan atentos y casi estáticos. El brusco cambio de Jak se extiende a todos, e incluso asustó al fornido forjador.

-¿De qué quieres hablar, Jak? –Dice subiendo las escaleras-

-Yo tan solo conozco la batalla y la matanza. Últimamente empiezo a vivir una relativa calma, pero la sociedad del mundo aún me es muy desconocida. Me gustaría que me dijeras todos y cada uno de los problemas que tiene este mundo, al menos que tú sepas.

-Yo… Tomad asiento, por favor. –Dice con el ánimo decaído y señalando a algunas banquetas que hay en su habitación- Este pueblo es muy pacífico, pero tiene recursos de minería. Hay una a dos jornadas a pie. Así que, regularmente, vienen unos que se hacen llamar “SIZAN” a recoger una parte. Dice que les pertenece por unos tratados con el país, y eso es cierto, pero… -El dolor en su espíritu repercute con fuerza en su voz- Podrían cogerlo sin más, pero por cualquier cosa toman una excusa para golpearnos. Las revueltas son constantes cuando esos tipos están en la zona. Y no solo aquí, en todos los pueblos que conozco están igual. Además… se escuchan rumores de armas secretas y poderosas. Supongo que esos “SIZAN” están relacionados con las “Luces” que el pueblo te escuchó decir. De todas formas… lo único que quiero es poder tener paz, poder prosperar haciendo lo que me gusta, y criar a una buena chica. Solo quiero vivir, no sobrevivir. –No puede aguantar más, se derrumba en lágrimas-

-Sé que mi poder no es suficiente todavía como para vencer a esas luces, pero contra esos SIZAN… les daré una lección.

-¡NO! –Todos se asustan del grito del herrero, además de que fuera una negación- Si les provocas… tan solo conseguiremos más muertes y más palizas. No tengo ni idea de cómo podríamos hacer para salvarnos, pero la violencia no es la solución. Y ellos no renunciarán nunca a esos recursos. Por su culpa mi mercancía tiene que subir los precios para poder mantenernos, y por ese mismo motivo cada vez vendo menos… Les odio… quisiera matarlos a todos y poder vivir feliz, pero… sé que si hiciera eso… -Parece empezar a tranquilizarse, pero continúa de mal humor- Si hiciera eso sería una mala persona, y Naomi tendría que romperme las piernas. –Él y Jak ríen, ante la incredulidad de todos-

-La has criado muy bien. Me habría gustado tener a un padre como tú, aunque si hubiera pasado, jamás habría terminado aquí. Shizen, he recapacitado. El dolor del pasado me ha hecho el hombre que soy ahora, y me hará ser un dios para el pueblo. Buscaré una solución, pero si se meten conmigo los mataré. Al fin y al cabo, soy “Puño de Roca”- De nuevo solo ríen él y el herrero-

-Esto es todo lo que puedo deciros. Si queréis acompañarnos en el desayuno estaremos encantados. Volved cuando queráis. –Una pequeña pausa en la que agudiza un poco el oído- Naomi no se ha quejado ni una vez, ni ha venido a pedirme nada. Sin duda se está divirtiendo mucho. Volved cuando queráis, de verdad. Es un alivio saber que mi hija tiene al fin un buen amigo. –La duda se refleja en los ojos de Jak, por lo que el señor continúa hablando- En este pueblo todos tienen miedo, y quitando a los mercaderes ambulantes, ninguno es amigable por lo mismo. Si las palizas y los robos fueran poco, si se enteran de que hay alguna conspiración matarán a todos lo que puedan saber. Por eso nadie quiere intimar. –Se da cuenta de algo- Si la gente os ve salir con las manos vacías… pensarán que he hablado con forasteros. No todos conocen tu rostro, y pueden pensar mal al ver un grupo como el vuestro. Eso me matará a la larga. Llevaos algo, lo que queráis. Tómalo como un agradecimiento por salvar el pueblo y a mi pequeña. Siempre que pueda te ayudaré, lo sabes, “Roca”.

-En ese caso, muchas gracias. Bajaré y miraré un poco. Vosotros podéis quedaros y hablar de lo que queráis. –Baja las escaleras para andar de estante en estante mirando toda la variedad. Desde armas de dos manos y un tamaño casi absurdo hasta dagas que podría usar un enano- Me pregunto si por estos pueblos están bien vistas las demás razas. De vez en cuando me gustaría una pelea amistosa que me hiciera entrar en calor. –En una de sus múltiples vueltas mientras buscaba una buena arma, se da cuenta de los agujeros que tienen sus telas- Creo que debería cambiarme estos trapos. Tal vez aproveche este viaje. –Con una pequeña pausa, sus ojos se abren con una clara expresión de desagrado-

En el tiempo que Jak estaba allí abajo, en el piso de arriba no pasa mucho, tan solo Hide preguntaba al hombre acerca de los rumores de Jak. El herrero respondió que, según los vientos, tiene un alma inquebrantable, un peso que ni un hombre de verdad podría cargar y que aun con todo el chico continuaba sonriendo. Dijo que era una sonrisa triste y hermosa las veces que fue a ver sus combates. Todos se sorprendieron de oír aquello.

-La entrada es cara, pero valió la pena. Me valió encontrar a mi mujer… a mi preciosa y difunta mujer.

-¿Naomi conoció a su madre? –Pregunta Kai con tacto e imaginando la respuesta-

-No. Ella murió en el parto. Por eso, sin tener ella alguien en quien fijarse para ser una mujer fuerte, quiero que este mundo mejore y se limpie de la basura de la gente que solo nos ve como herramientas que explotar y apalear. Quiero ayudaros en todo lo que pueda.

-Tranquilo, señor. –Avanza con pecho alzado el joven espadachín- Haremos todo lo que los dioses nos permitan, y si no… Les obligaremos a dejarnos. –Saca a relucir una sonrisa pícara y bravucona, dando lugar a las risas de todos-

Con tanto ajetreo arriba, la pequeña muchacha sale del cuarto donde estaba con Shizen, preguntando por los ruidos, pero, al ver a Jak, corre a él y se lanza en un abrazo.

-¿Qué tal, chiquitina? –La agarra por debajo de las axilas y la pone a la altura de su rostro- ¿Te has divertido con Shizen? ¿Se porta bien? –Sonríe con naturalidad y aprecio-

-Zí. –Dice la niña de ojos verdes como el jade con alegría y sin vergüenza de sonar tonta, pues resulta adorable para Jak- Shizen es muy divertido. La cara que pone cuando cojo el martillo es divertida.

-¿Qué dijiste antes…? –La mira de manera apática, para que viera que lo que hacía era algo que estaba mal y ella entendió perdiendo el brillo en su mirada- Pero mientras él no lo sepa… -Le sonríe con energía otra vez, dándole más fuerzas a la pequeña- Pero no vuelvas a mentir a tu papá. La familia es lo más importante, ¿lo entiendes? Nada de mentiras, o los dioses no te protegerán. –La deja en el suelo, pero la chiquilla no quería dejarle ir ya fuera a forma de broma o gracia, pero esa sensación llena un poco más el alma del gladiador-

-Papá dice que los dioses han muerto. –Los ojos de Jak se mueven sin pensarlo al techo, pensando en qué es lo que sucede en realidad para que diga esas cosas a una niña-

Ya todos bajaban las escaleras cuando Shizen salió corriendo del cuarto de atrás, a lo que Jak le pregunta sobre ese acelerón, respondiendo Shizen que estaba recogiendo los martillos. A ambos se les escapó una minúscula carcajada.

-Me alegro de haberles tenido a todos conmigo. Es bueno hablar con alguien que piense igual. Por favor, no olvides coger algún arma. No quiero perder lo único que tengo.

-Tranquilo, ya lo he decidido. Me llevo esos con adorno de cuarzo.

-Una buena elección. –Dice la incansable Naomi imitando una voz grave- Son dagas muy buenas, ya verás. –Jak queda confuso, y por ello interviene su padre-

-Esos cuchillos, no dagas… -Dice mirando a Naomi, quien debería saber esa diferencia- Los ha hecho ella. –Kai queda impresionada no así como el resto, quienes piensan que tan solo las afiló- Ella fundió el metal, lo moldeó y trabajó esa preciosa empuñadura. ¿A que es bonita? Mi pequeña tiene beta de herrera, ¿he? –Su ánimo crece mientras frota el cabello de su hija, y viendo que ella ríe disfruta más- Además, de las muchas que ha hecho, es de los pocos cuchillos que le salió bien con esa curva en el filo, ideal para apuñalar desde abajo. Espero que os vaya bien.

-Por cierto… -Jak de nuevo- ¿Tenéis algunas fundas para ellas? –Con satisfacción, el herrero le entregó unas fundas de metal revestidas de cuero envejecido para adornar, además de que venían con un nuevo arnés para la cadera- Gracias, volveremos en otra ocasión. –Él guardó las dagas y cargó aquellas correas al hombro y salió por la puerta. Nada más cerrarla, su rostro quedó serio y de expresión fría- Por fin fuera de ese antro. –Todos fueron golpeados por la impresión de este vertiginoso cambio de actitud- No soportaba esa actitud de víctimas, casi me hace vomitar. –Da un chasquido con su lengua en el paladar, que se escucha por toda la calle, y empieza a caminar hacia las afueras-

Con una voz tan fuerte y potente como la suya, era seguro que lo habían escuchado dentro de la herrería. El resto del grupo le seguía, pero estaban profundamente molestos incluso iracundos; aunque al parecer Shizen y Kai se tranquilizaban conforme salían de la ciudad.

Una vez fuera de la vista de cualquiera que pudiera estar por allí, Hide, sin pensar, desenvaina su espada y la blande contra Jak. El viento y la arena revoloteaban entorno al arma, pero la agilidad de Jak evitó aquel poder, que levanta la tierra y el viento, y asesta un veloz y eficaz golpe al bajo costado del chico.

-Cabrón… -Hide, dolorido del estómago, y sin aliento, cae al suelo sin poder blandir su espada de nuevo- ¿Cómo puedes…? –Toma aire con dificultad- ¿Cómo les puedes sonreír en la cara y luego decir esas cosas? ¿A caso no tienes sentimientos? –Jak le da la espalda, su rostro continúa frío e inexpresivo-

-Me alegra que prestes tanta atención a las palabras como a las personas. –Da unos pasos pareciendo marchar sin el resto ante la ruptura de las ideas del atacante- Había más personas que nosotros en aquella calle. Y si recordases lo que el herrero nos dijo, tal vez entendieras que, tal vez, les haya salvado la vida. ¿A caso crees que alguien como yo puede fingir una sonrisa? –Se gira tan solo para desafiarle con la mirada, una mirada que aplasta su ímpetu inicial y le hiela la sangre. Parecía un verdadero animal a punto de lanzarse a por su cuello-

-Yo… -Su arrepentimiento no se equipara, ni de lejos, a la impotencia que siente al no haberse percatado de aquel detalle tan crucial, de tanta importancia- ¿Cómo? ¿Cómo puedo ser como ella? Mi hermana siempre tenía todo claro, siempre veía las cosas claras, siempre estaba atenta a todo. ¿Por qué siempre hay alguien como ella que me pisotea?

-Al menos me alegro de ver que manejas mejor la espada. –Aquellos ojos de animal se relajaron, y le tendió su mano izquierda para levantarle- Vamos, no te voy a hacer daño. –Se acerca con cierta rapidez para ayudarle-

Aunque con reserva, Hide se levantó con el apoyo de su compañero.

Jak sacó aquel aparato de su bolsillo, aquel con forma y tamaño de un botón, lo lanzó a la arena y el brillo aturdió a todos unos segundos tras los que el vehículo hacía presencia.

-¿Tardaremos mucho más? –Duda Shiro, a quien sus ojos delatan de sueño-

-Estamos a más de mitad de camino. Llegaremos antes de que el pueblo haya desayunado.

Todos montaron, e incluso los más cansados pudieron dormir unos minutos más. A pesar de la velocidad, el vehículo parecía flotar sobre lo más suave que uno se imaginara, sin apenas más del ruido del viento que ayudaba a conciliar el sueño; pero no duró demasiado aquella relajación.

-Según mi informante, iremos al bar más cercano a la plaza. Allí habrá alguien que me reconocerá y nos dará el encargo. ¿Queréis venir, u os quedáis en el coche?

Kai no dice nada y solo sale a ponerse a su lado, al igual que el somnoliento Shizen. La pareja decide quedarse en el coche, diciendo que de todas formas deberán volver a él después.

Así, ellos tres, fueron al bar. El ambiente allí era de una calma absoluta, excepto por los encargados que preparaban el lugar y limpiaban las jarras. Entre la poca gente que había, seis personas en aquella gran y espaciosa taberna donde colocaban las mesas y sillas, había una persona tapada con una gran túnica marrón apoyada sobre una de las columnas.

-Supongo que tú debes ser el fantasma de las Arenas. –Aunque los del local lo escuchan con claridad no hacen nada, tan solo oídos sordos- ¿Es cierto que me ayudarás?

-Eso es lo que hago ahora. Ayudo a quien lo merece. –En la cabeza de Kai resuena una pregunta: “¿No es a quién lo necesita?”- ¿Qué es lo que requieres?

-He perdido algo muy valioso para mí, y necesito que lo encontréis lo más pronto que podáis. –Se acerca a ellos, que no habían dado pie más adentro del lugar, y le extiende una fotografía a color- Es mi querida gata. Ayer la perdí de vista y no ha vuelto a casa. En este pueblo hay mucho ladrón y asesino de animales. Estoy muy preocupada por mi pequeñina… Por favor, pagaré bien si la encontráis a salvo. –Jak arrebata con rapidez la foto de las manos de la mujer oculta en esas telas-

-No creo que sea muy difícil. Debes quererla mucho para dar una recompensa, me alegro que haya gente como tú. –Su cara es inerte, sin brillo y sin movimiento, detalles que no pasan inadvertidos para el grupo- Volveremos con novedades.

-Es una gata pequeña, con las patas blancas igual que la punta de sus orejas y colas. Encontradla rápido, por favor… 

Salen sin prisas del establecimiento y, al cerrar la puerta y alejarse al siguiente giro, comenzó hablando Kai.

-Ya… seguro que has notado algo malo, ¿sí? –Jak asiente con una sonrisa maliciosa- ¿Qué es? ¿Ella oculta algo? –Jak se detiene para hablarles con tranquilidad, ahora que no hay nadie a los alrededores-

-Ella parecía más ansiosa que nerviosa. Es como si solo le importase traer de vuelta al gato, y no el gato en sí. No me fío. Además, esta foto… -Vuelve a mirar la fotografía que había guardado entre su pantalón y cintura, tras sus harapos- Esta combinación de blanco y negro, del final de las patas y cola blanco y resto negro, es muy común. Tan solo con esta foto no puede tenerse una gran idea del gato. –Rasca su cabeza con rabia y confusión al mirar la fotografía del felino- Y aun así hay algo que no me cuadra en la foto, pero no sé qué es. Maldición. Shizen, ¿tú te das cuenta?

-Joven… yo he visto todas las razas y especies de gatos que han pisado la misma arena que tú. No podría decir si tiene algo raro, simplemente no me daría cuenta.

-¿Puedo verla? Porfiiii… -Suplica el jovenzuelo con ilusión- Me encantan los gatos. Aunque tan solo he visto unos pocos. Porfiii… -Le entregan la imagen y en cuanto la tiene entre sus dedos sus ojos no pueden separarse de la belleza que observa en ella- Es tan mona… me gustaría jugar con ella un poco. ¿Podré? –Mira a Jak con súplica, pero ni este aguerrido batallador puede negarse a esos ojos titilantes e ilusionados- ¡Bien!

Caminan hasta el final de la calle por la que entraron, para llamar a los que quedaban en el coche. Jak quedó pensativo sobre que botón debía pulsar, apretando finalmente el número tres. El comunicador comenzó a dar señal, y la voz que sonó era entrecortada y parecía inquieta.

-Shiro, dile a Hide que debéis venir al pueblo. La misión es buscar un paquete. Os esperamos en la entrada más cercana. –Cierra la transmisión antes de que la chica pudiera responder-

-Es tan bonita… -Continúa murmurando Shizen mirando la foto del gato- Quiero abrazarla fuerte, seguro que es muy suave.

Al escuchar aquello el propio Jak se arrodilla para mirarle a los ojos, al mismo nivel.

-A los gatos no les gustan los abrazos. Tan solo… Haz esto. –Pone su gran mano sobre el oscuro pelo del joven y la zarandea, revolviendo su cabello- A los animales les gusta más que los abrazos. –Le sonríe con simplicidad-

El muchacho sonrió, asintió y quedó expectante al horizonte, viendo como esos diminutos puntos que eran sus compañeros se aproximaban. A los pocos metros que habían recorrido, Jak elevó su mano, siendo tomado como un gesto de impaciencia, resultando ser el acto de recoger su vehículo. Aquel coche se envolvió en esa fulgurante luz y esa pieza de metal fue volando hasta la mano de Jak y guardado en su bolsillo.

Una vez ya todos estaban en la entrada avanzaron al interior. Las calles comenzaban a estar algo más vivas, algunos ya salían con bolsas de piel a comprar el desayuno, siendo las tiendas los lugares con más bullicio.

-Y bien Jak. ¿Cuál es el trabajo? –Estas palabras atraen la atención del guerrero-

-Debemos encontrar algo. En este caso un gato. –Estas palabras son un duro golpe para Hide, quien esperaba por lo menos una pelea- Lo sé, tampoco me hace mucha ilusión, pero… mira a Shizen. –El chico iba por delante del grupo, mirando por todas las callejuelas, con la foto del animal en las manos- No quiero decirle que no vamos a buscar al gato, él es el más animado por esto, y no quiero quitarle esa sonrisa. Busquemos un poco, si no luego podemos ir a la playa. Es lo bueno de la costa.

Kai sonrió al ver este fraternal comportamiento en aquel anteriormente frío y distante compañero, aunque su sonrisa se acrecentó en el momento en que escuchó acerca de ir a la playa, ella al igual que Shiro. A Hide, por otro lado, no le entusiasmó demasiado, pese al detalle del posible entrenamiento que podía tener con su espada.

En la búsqueda, pese al ahínco del muchacho que no dejó ni un callejón ni caja sin mirar, no encontraron a este pequeño animal. Shizen estaba algo molesto, el sol levantaba unos pocos dedos del horizonte, pero eso no le quitaba el apetito; fueron todos camino a una taberna, la misma donde Jak había ido al encargo, a comer un poco. A la hora del trayecto no sucedió nada, ni siquiera hablaron de nada que no fuera comida, pero, al sentarse todos, se dieron cuenta que Jak no estaba.

-Esta comida es mucho mejor. –Dice él sobre una gran roca al borde de la playa- Un buen pez, cazado con las manos. –Se relame con delicia- Eso sabe mucho mejor. –Así, tan solo con su ropa interior, unos pantaloncillos anchos, se lanza de cabeza a las profundidades del agua saliendo de ellas con un pez azulado y de aspecto feroz. Esta presa tenía dientes que rivalizaban con los cánidos, y un cuerpo músculos bajo esas escamas, pero sin importar eso ni su tamaño como la envergadura de Jak, este nuevo pescador volvió a la playa con su comida- Debería cocinarlo al menos. –Viendo que no había nada de vegetación a su alrededor, y no quería robar ni romper nada de los pueblerinos, no le importó empezar a comérselo crudo una vez le quitó todas las escamas- Meh… Tampoco está tan bueno como dicen. Supongo que debería trabajarlo un poco más para que estuviera bueno.

Podrías al menos ponerme cerca de él para olerlo. Antes era una persona, pero sigo teniendo necesidades y gustos. Por favor, quisiera oler ese gran pescado.

-Shizen, no hay nadie. Puedes levantarte tú solo. Y eso de los gustos… me quedó muy claro cuando Kai estaba inconsciente. Si no era ya duro luchar contra mí mismo, tú no parabas de alentarme. Que por otro lado… -Da un mordisco a esa carne cruda, cediendo los músculos ante sus afilados dientes- Es muy entendible. –Dice con la boca llena, tragando al final- Ella, al principio, ya era bonita. Incluso me salvó de un golpe, es cierto que no me habría hecho ningún daño, pero lo hizo. Me llamó la atención, y tenerla en mi cama… -Deja la carne en el suelo para taparse los ojos con ambas manos. Al parecer de la máscara él está avergonzado de su debilidad- Te juro que quería quitarle la ropa para ver si estaba herida, o para refrescarle todo el cuerpo, pero no lo hice. Ese estúpido viejo… al menos he de reconocer que sabe cómo educar bien a una bestia como yo. –Sus ojos vuelven con más energía que antes, dispuestos a encontrar a ese escurridizo gato, pero no con el estómago vacío, por supuesto- Pero… siempre tendré esas ganas de verla desnuda. No sé… me pregunto si tendrá alguna cicatriz.

Ya, claro. Y si no tiene, “hacérsela” tú, ¿no? –Ríe aquel espíritu encerrado en la máscara-

-Tal vez. –Con timidez, pero le sigue la risa; y así cogió de nuevo al pescado, dispuesto a hincarle de nuevo los dientes cuando notó que algo se movía al otro lado del animal, algo negro- ¿? –Dos puntos blancos asomaron de aquella bola negra, y con curiosidad Jak la agarró resultando ser una de sus patas- ¿El gato?

El animal tenía los extremos de las patas blancos, igual que las puntas de las orejas y la cola. La gata se revolvía con un gran ímpetu; tanto, que Jak la soltó para que no se hiciese mal. El felino, al tocar la arena, le miró sin confianza a lo que Jak apartó la mirada, otra mirada de nula importancia, haciendo gesto hacia el pescado que también parecía darle igual, tirado en la playa.

La gata se acercó al pescado, a esa mole de carne que supera el doble de su altura y, antes de clavarle los colmillos, miró de nuevo a Jak, quien esta vez le sonríe, aunque aparta rápidamente. Esta sorpresa asombra al felino, que ignora la carne y salta al regazo del hombre.

-Esto es muy raro, nunca le caigo bien a los animales. –Piensa Jak debatiéndose si acariciarle el lomo o parecer indiferente- Espero que no se espante. –Rozó el cuello del gato con delicadeza, con sus dedos, y viendo que más que huir se recostaba sobre sus patas, esas caricias se prolongaron hasta el lomo y la cola- Sé que no me entiendes, es una tontería hablarle a un gato. –Un maullido, que parece molesto, hace recapacitar al hablador- Sí, “hablarle a una gata”. Pero ahora me gustaría hablar.

-Allá vamos… –Dice sarcásticamente el fantasma de la máscara, cuya burla es obviada por Jak-

-Tengo la sensación de que me estoy volviendo… más humano de lo que era, y eso me gusta. Pero por otro lado no tanto. Ser un “humano” implica mucha complejidad. Tener en cuenta muchos aspectos de la sociedad, de la personalidad. Pero… ver sus sonrisas llega a compensar cualquier cosa. Tengo un amigo, es un niño, al que le encantan los gatos y querría abrazarte. –Un nuevo maullido de molestia al que Jak debe contestar- Lo sé, lo sé. Le dije que no os gustan los abrazos, por eso le dije que te acariciase el pelo. –Pasa sus dedos, con gran suavidad, por las orejas de la tranquila gata- Aunque creo que se preguntarán dónde he ido a comer, así que tal vez deba volver con ellos. Teníamos que buscar a un gato que se ha escapado, así que no quiero perder el tiempo.

A lo que Jak termina la caricia y levanta la mano, la felina aprovecha para saltar de sus piernas y empezar a correr, pero no contaba con la velocidad y reflejos de esta persona, quien la agarra por el cuello, por esa piel que tiene los gatos jóvenes donde sus madres los cargan; y otro maullido de queja suena por el lugar, éste más lago y agudo que los anteriores.

-Tranquila, gatita. No fío de esa señora, y no es mi intención entregarte a ella. –La suelta y cae al suelo, yendo rápidamente detrás del pez, ocultándose a la vez que come un poco- Me he dado cuenta de lo que me resultaba raro en ti: esos ojos rojos. –La gata se ocultaba más tras el pez, pareciendo querer atacar- Son preciosos. Todos los animales fuertes que conozco tienen ojos rojos, o azules. Además, unos ojos rojos tan grandes en un cuerpecito negro tan adorable… ¿a quién no le gustaría? –Ríe recogiendo su comida- ¿Quieres un trozo? –Mira al tímido animal, intentando parecer más grande erizando su pelo y doblando su espalda, pero tan solo le resulta más linda- Toma. –Rasga un pedazo y lo deja en el suelo- Se nota que tienes hambre. ¿Tu dueña no te daba de comer? –La risa solo duró hasta que la gata asiente, y esa sonrisa se tornó en seriedad y algo de oscuridad- Cuando la vuelva a ver…

La tierra bajo las almohadillas de la linda felina tembló, asustándola en ese instante, pero se acercó y, acurrucándose entre las piernas de Jak, le calmó.

 

***

 

Por el otro lado, las caras del grupo no parecían muy contentas tras comprar aquella comida, que, aunque no fuera muy cara, solo contentó a Shizen.

-¿Dónde se habrá ido Jak? –Pregunta nuestro pequeño amigo-

-Puede que en la playa, pescando. Le gusta cazar su comida. Aún recuerdo cómo decapitó a esos ciervos… Fue algo raro al principio.

-Entonces ahora vamos a la playa, ¿no? –Propone Hide sin muchos ánimos, pero agarrando su espada. Está ansioso de probarse a sí mismo-

-¡Sí! –Pone Shizen sobre las voces de alrededor, entusiasmado por seguir buscando a la gata-

Con la comida pagada, los estómagos algo más llenos y un poco más de ánimos por visitar la playa, se encaminaron allí, al lugar donde la tierra emerge del mar.

Las calles eran bastante anchas, y aunque los edificios fueran pequeños, con el sol tan bajo todavía, la sombra resguardaba del calor del desierto. No había mucha gente de momento, muchos estarían ahora desayunando. Shizen fue el más lanzado, yendo el primero todo el trayecto, y una vez salieron del pueblo y se veía el mar, corrió sin siquiera saber que Jak estaría justo en frente.

-¿Has encontrado a la gatita? –Dice nada más ver la figura de su compañero sentado en la arena-

Al escuchar aquella enérgica voz, Jak se gira y mueve su brazo a saludo mientras que la gata se escondía detrás de él.

-No, no la he encontrado. –El animal, curioso ante la actitud del chico, tira mimosamente de los harapos de este- Pero… -Ahora, las uñas de la felina se aferran a esas telas para no dejarse ver, pues era Jak quien la había cogido de los costados para enseñarla. Al final, las telas ceden y aquella adorable bola de pelo queda expuesta a todos- He encontrado a una que se le parece bastante. ¿Quieres acariciarla?

Aquella gata era visiblemente contraria a la idea de que ese pequeño la acariciase, pero con la primera pasada de su mano quedó tranquila, incluso ronroneó de sosiego. El joven Shizen continuaba acariciándola en el regazo de Jak hasta que ella saltó y se acercó al niño.

Así, con tanto el niño como el animal entretenidos, Jak se levanta y acerca al resto de sus compañeros.

-¿En serio que esa no es la gata del encargo? –Pregunta Kai, sabiendo que esa mirada y expresión, que intentan contener una sonrisa, esconden algo-

-Seguro. La de la foto no tiene una mancha blanca en el vientre, esta sí. –Una mentira piadosa que parece convencer a todos- ¿Habéis venido a nadar? –Dice al ver desatados los cordones de las sandalias de Kai, al igual que algunos nudos del costado de sus ropas estaban sueltos-

La sonrisa de las chicas es una clara afirmación y Hide la secunda diciéndolo claramente.

-Además, he venido a entrenar un poco con la espada. –Se acerca al oído de Jak para hablarle, camuflándolo a modo de choque de hombros; acto que las chicas entienden como de una amistad más sólida que antes- Debo convertirme en el héroe de alguien. No dejaré que seas siempre tú quien nos salve.

-Lo espero con ansias. –Le contesta desafiante, pero animoso-

Con un ambiente mucho más relajado, con Shizen jugando con la amigable gata, con Kai y Shiro dejándose las prendas más pegadas al cuerpo para entrar al agua y Hide en ropa interior con el agua por las rodillas, todos parecían divertirse.

Hide, empuñando su espada con la derecha, la dirige al horizonte. Su mirada es serena, meditativa, relajada al igual que su cuerpo.

Debo visualizarlo. Cuando luché contra ese religioso, sentí… sentí ira, y el poder del Taok se concentró en el ataque. El cuarzitium de la espada puede albergar cualquier Taok, en teoría. De momento, tan solo he logrado mover el viento. Debo entrenar con diferentes elementos, debo aprender qué debo hacer para lograrlo.

Pese que los minutos pasaron, y su mentalidad no se turbó, no resultó en éxito alguno. La crispación empezó a llegar cuando las chicas comenzaron a salpicarse agua y reír.

-Debo… concentrarme, ignorar lo exterior. –Las risas era aquello en lo que la mente del muchacho se centraba, reduciendo su concentración y ánimos- ¿Podéis hacer menos ruido? –Agita la espada, cuya punta se hunde en el agua provocando una explosión que capta la atención de todos. El agua caía como si fuera lluvia sobre el pobre Hide- Oh… funciona con el contacto. Por eso el aire es lo único que movía.

-Buen golpe, Hide. –Dice Jak desde la orilla, sentado y protegido con sus harapos-

Las chicas, únicamente Kai, instan a Jak para que fuera a jugar con ellas. Él es reacio a la idea en un principio, pero al ver la mirada de Hide, pícara y deseosa, hacia especialmente Shiro, decide aceptar. Se quita sus ropas, quedando en aquel pantaloncillo al igual que Hide, dejando ver su figura atlética y su tonificado cuerpo. Esta escena, de Jak caminando hacia el agua, capta la atención de ambas chicas, cosa que descontenta a Hide por mucho.

Jak, al momento de que sus pies se hunden en el agua y la húmeda arena, salta para tirarse de cabeza a la zona profunda. Ese salto pasa por encima, y por mucho, de las cabezas de las chicas, sorprendiéndolas más.

-¿Venís a nadar? –La timidez de las chicas demuestra dos cosas al parecer del hombre. El asombro de ellas, y que tal vez no supieran nadar-

Maldito “Roca”. Siempre tiene que ser el mejor… Le demostraré que yo también puedo sorprenderlas. –Hunde con delicadeza el filo en el agua- Bien, si es despacio no hay reacción. Además… la espada brilla un poco con el color del agua. –Con esa tranquilidad de saber lo que tiene que hacer, mueve, con fuerza y algo de rabia, la espada en un corte ascendente y, al igual que en su última batalla, el agua se levanta formando una afilada columna que se desplaza hacia Jak a gran velocidad-

El fondo de la playa se veía con claridad por donde el filo de agua pasaba, directo a Jak quien está completamente tranquilo, no así como Shiro. Kai, por otro lado, solo esperaba ver de qué forma afrontaba este desafío lanzado por su compañero.

-¿En serio cree que no me he enfrentado a estas cosas? Dos años de brutales batallas para probar mis límites… Esto… -Toma aire y se deja hundir, cayendo como si fuera una piedra- Esto no es nada. –Al tocar el fondo rocoso de la costa, el agua que rozaba la piel de Jak empezó a burbujear y la roca se quebró bajo sus pies. La potencia de su salto le propulsa por encima de ese filo envuelto en una manguera de agua-

Con los brazos cubriendo su rostro, gira en el aire para posar su pie izquierdo sobre la cresta de esa afilada ola. Usando ese minúsculo instante de contacto para impulsarse nuevamente, llega frente Hide, asombrando otra vez a las chicas.

-Pero… ¿Cómo? –Estupefacto, el espadachín no comprende cómo siquiera ha podido saltar del agua y mucho menos usar su ataque para acercarse-

-He peleado mucho más que tú, he visto mucho más que tú. Si quieres vencerme tendrás que ser mucho más que tú. Primero controla este poder, y entonces hablaremos de combates. –Pone su mano en el hombro de Hide, dándose la vuelta para ir con las chicas- Pero progresas muy rápido, no creo que tardes mucho en poder retarme. –Ríe con energía mientras corre hacia sus compañeras- ¿Qué queréis hacer después de la playa?

Hide queda sin ánimos, pensando en sus palabras. Esas palabras de un dejado desprecio camufladas en un desafío de superación, pero ese desprecio se convirtió en la chispa de su mirada, dispuesto a hace cualquier esfuerzo por enseñarle que él puede ser mejor que este bárbaro guerrero de “La Arena”.

-Pues… -Habla Shiro- La verdad es que estamos bastante cansadas. Después de esto nos gustaría buscar una posada y descansar hasta la siguiente mañana.

-Aunque yo preferiría ir a dormir después de comer algo. Esperemos un poco y durmamos de tirón y a pierna suelta. –Dice Kai, con su ánimo y entusiasmo característicos-

Jak, aun con todas sus fuerzas, no puede evitar fijarse en los cuerpos de sus compañeras. El de Shiro quedaba algo más desnudo, con todas sus piernas al descubierto y algunos trozos de tela haciendo de maneras de sujetador, dando un escote casi revelador. Por el otro lado, y a más gusto de Jak donde sus ojos no podían casi separarse, era Kai con esa camisa corta dejando ver una pequeña franja de su cintura, y unos pantaloncillos de cuero algo holgados que no revelaban nada de su cuerpo, dejándolo a la imaginación del espectador.

Para Kai era imposible no darse cuenta de las miradas de su héroe, cosa que no le agrada. La chica pensó de él, con este acto, de que tal vez, en realidad, no sea tan diferente de otros chicos. Ella lo dejó pasar en apariencia, y no hizo nada por hacer que Jak apartase la mirada.

Maldición… Debo dejar de mirarla, pero… es demasiada tentación… No… no puedo controlarme… -Sus pies movían el agua en el avance hacia ella, que ponía una cara de cierto desagrado-

-¡Jak! –Grita Shizen desde la costa, centrando por fin la atención de Jak en algo que no fuera el cuerpo de Kai-

-Idiota aprovechado… -Piensa Kai al momento que su compañero quita la mirada de ella para clavarla sobre el niño-

Jak corre hacia él para ver a qué venía aquella llamada con tono tan urgente.

“Bigotes…”. “Bigotes” no está… Estábamos jugando y ha desaparecido. No lo entiendo… la he acariciado cómo me dijiste. –Toma aire por su nariz con fuerza, evitando que el llanto le ensuciara la cara-

-Seguro que volverá. Los gatos son animales libres que hacen lo que quieren. Seguro que vuelve después de haber dormido un rato en algún sitio. –Dice Shiro, logrando alegrar un poco al niño, pero que sigue algo molesto por no poder jugar más con la gata-

-Hey, ¿quieres que busquemos su casa? –Kai se agacha para sonreírle frente su rostro-

El muchacho consigue nuevos ánimos para sonreír, y acepta la petición de su amiga. Después de ponerse de nuevo la vestimenta de cuero, aquella especie de chaleco y esa falda dividida de cuero grueso, tanto la chica como Shizen se fueron en busca del animal.

Jak pensó rápidamente y decidió marcharse de allí, no siguió a sus compañeros, fue solo por no quedarse con Shiro y Hide, y dejarlos a solas.

-Un gato… -El joven Taok pensó en aquello de su vida que fue similar, y cierra los ojos al apoyar su espalda en una callejuela- Tal vez… una mascota sea agradable para el grupo.

Lo dices porque ha sido la única que no te ha querido matar nada más verte, ¿no? –El fantasma es malicioso, pero solo consigue hacerle sonreír- Ya no eres tan arisco como siempre. ¿Unos pocos días bastan para amansar al gran gladiador?

-Parece que sí… -Suspira con un gran alivio, pues siente que su promesa avanza por buen camino- Recuerdo mi primera mascota. Yo también pensé que desapareció, pero resulta que un depredador más grande se la comió. Cuando un animal se siente cómodo no se quiere mover. Sé que la gata no se marchó. Esa mujer debe haber contratado a más de uno. Debo encontrarla…

Su rabia…  -Habla al margen de la consciencia de Jak, piensa para sí mismo- Él… ¿qué clase de cambio está pasando en su cabeza?

Por otra parte, en la playa, Hide y Shiro practicaban cada uno con sus habilidades. El espadachín empezó a usar con mayor soltura el viento, ayudando con el ejemplo a su compañera. Al instante que Hide intentó cambiar al agua, Shiro solo quería mostrarle su potencial mejora con una pequeña pelea que ella empezó soplando viento y quitándole el agua. Las risas iban ligadas al progreso, y se divirtieron mucho.

 

***

 

En cambio, en lo que sería la zona urbana, Kai hacía lo que podía para animar al pobre chiquillo que se desanimaba por momentos al no conseguir información de los habitantes a los que preguntaban.

-“Bigotes” no quiere estar conmigo. –Cabizbajo y al borde del llanto, Kai sentía la impotencia de no encontrar algo que lograse sacarle una sonrisa-

Unos pasos fuertes se escuchaban de la calle de al lado y, algo que en un momento asustó a Shizen, le sacó una gran felicidad. Jak caminaba con una expresión que anuncia buenas noticias.

-Me ha parecido escuchar unos fuertes maullidos en una casa de por allí. –Señala hacia su derecha- Estoy seguro que esa gatita estará cerca. Pero no te pierdas tú también, ¿entendido? –Aquella felicidad y tranquilidad se extinguieron al momento de la pregunta, pero eso no importó al muchacho quien salió corriendo y esperó a Kai varios metros a lo lejos-

-Gracias, Jak. No sabía qué podía hacer, y no quería verle triste. Gracias.

-Es un niño. Todos necesitan esperanza. Y nadie se la quitará mientras esté a mi lado. Tranquila. –Remueve el pelo de Kai con gracia, con alegría y una sonrisa- Ahora evita que se pierda, y encuentra al animal.

Ya cada pareja iba por caminos separados, puesto que Jak y la máscara fueron en dirección contraria a la que mandó a Kai.

Jak… ¿Qué te sucede? Tú no eras así. Nunca te habías preocupado así por otros.

-Tal vez… nunca nadie me había importado tanto. Además, desde que el viejo me borró la memoria me siento más ligero, aunque nunca me habría dado cuenta sin tus preguntas. Pero… ¿Por qué me borraría los recuerdos de nuestros entrenamientos? ¿A caso intenta que olvide la tortura que me hizo pasar para que nos llevemos bien?

Jak. No te obsesiones. Te lo pido por favor… -La mente de su portador habla con la suya sin necesidad de que las palabras aparecieran siquiera en la mente de Jak- Si eso pasa todo terminará mal, para todos. Te lo pido, medita todo esto. Si no cumples mi promesa no me importa, pero no destruyas esta familia. –La duda de Jak fuerza a Shizen a hablar, a decir aquello que solo quería insinuar pero que se ve obligado a decir- Me encanta verte así, tal como un héroe de cuento. –La risa atacó a Jak sin avisar, haciéndole parar en una pared para no caerse-

-Vamos, Shizen. Me has visto masacrar a decenas de personas, no soy un héroe de cuentos.

Pero sí del mío. Del cuento que es mi vida, tú eres mi héroe.

-Tú… -La risa aumenta, incluso hace sentir mal al fantasma, pero Shizen no decae en su empeño- Ni que fueras una princesa en apuros. –La risa sube de nivel, pero le ha dado una idea a la máscara-

Pero podría serlo… -En aquella callejuela, sin nadie que pudiera verlos, la máscara se separa del hombro y crea un cuerpo ligeramente inferior al de Jak, y retuerce varias raíces a forma de parecer senos. Además de que aumenta el pigmento rojo en esos labios de madera-

Jak se quedó paralizado, la risa cesó de golpe, su sangre parecía haberse helado.

-Esa no me la esperaba, pero ha sido muy buena Shizen. Vamos a buscar a esa gata. –Con una buena expresión de tranquilidad y confianza, mezclada con una media sonrisa, arranca la máscara y la recoloca en su hombro derecho- Ya se me olvidaba cómo eras cuando me ponía así de tonto. Gracias… 

Esa tranquilidad, proveniente de la confianza en sí mismo, da paso a la ira que le transmiten sus recuerdos. La reprimida bestia olfatea el aire y se mueve sin dudar por las callejuelas.

Jak, ¿Qué te pasa para que te pongas así?

-Una cosa es atacar a una bestia que te intenta matar y otra MUY distinta es maltratar a un animal indefenso. Cuando los encuentre… jugaré yo con ellos… Ji ji ji…

Odio esa risa… -En parte consciente de lo que se avecina, pero la realidad es que no le gusta por lo aguda que le sale-

Así, teniendo el poder de encontrar a aquella gata y a sus captores, caminó con fuerza y saboreando los gritos que escuchará una vez abra aquella puerta que al final encontrará.

 

***

 

Kai y Shizen tenían más ímpetu que nunca en esta búsqueda, el joven ya no caía desanimado por las malas noticias de los viandantes. Shiro y Hide, en su entorno se apreciaba el poder que ambos tenían; la arena, el agua y el viento se movían con fuerza con cada ataque y bloqueo.

En la parte opuesta del espectro anímico, a esa felicidad y emoción, se contrapone Jak con esa ferocidad y sed de agonía ya frente a esa puerta. Una puerta tras la que se olía con gran fuerza sangre, una sangre diferente a la de los humanos.

Con una patada hace pedazos la puerta y observa el lugar, oscuro y silencioso. A penas puede ver sangre o cuerpos, lo que le da un agudo dolor de cabeza.

Mis sentidos… ¿ya no puedo confiar ni en mí mismo? Mi Taok, ¿y ahora mi cuerpo? –Un maullido le centra un poco, le aleja de esa profunda negatividad- ¿Así que te habías ido tú sola? Nos habías asustado a todos. Gata mala… -Dice con una sonrisa y tono bobalicón-

La gata salía de debajo de una mesa entre todo aquel desastre. Todo estaba tirado o roto, los muebles tirados o destrozados, fragmentos de jarrones, los ramos de especias e incluso algo del techo y paredes estaban esparcidos por doquier.

El felino se acercó temeroso, pero Jak se tumbó con la intención de parecer una amenaza mucho menor. A la pequeña gata le costó decidirse, pero finamente se subió a la cabeza de Jak. Con todo este susto solucionado se levantó, dejando que la gata se quedase en su cabeza pues parecía muy cómoda allí.

Así que… -Dice Shizen- Parece ser que tú estabas equivocado sobre eso de los animales. Un error nunca viene mal para aprender un poco, ¿no?

-Yo no me he equivocado, viejo. –Presume Jak deteniéndose en el marco de la puerta y volviendo a mirar dentro del único cuarto de la estancia- Y esa mancha en la pared, detrás de esa silla rota lo prueba. –Aquella mancha a la que se refiere es vista por la máscara, la que se enfría y molesta a Jak en su hombro-

-“Mon-t”… A penas se entiende. Eso no demuestra nada. –El que marca los pasos comienza a marchar, pero no se detiene su explicación-

-Lo que fuera que atacó a los captores jugó con ellos. Estoy seguro, de otra forma no olería tanto a sangre. Esa pintura era “Monstruo”, pero lo mató antes de que terminase, para que pareciera una mancha normal. Lo que no entiendo es, si ese monstruo protege al gato… o es otra persona que va tras él. De cualquier forma, ahora es mío.

Ya todos, fueran aquellos en la playa entre risas, los perdidos entre las calles, o aquellos con una sensación de alerta, todos tenían sueño; en mayor o menor medida, pero todos querían descansar. Por ello, los que se encontraban perdidos por esas laberínticas calles desconocidas vagaban con la incertidumbre y el miedo. Algunos ruidos se escuchaban al girar la siguiente esquina frente a Kai y Shizen, atemorizándolos.

Pero todo eso cambió con un maullido. Ese sonido que, por lo menos el muchacho, no olvidará fácilmente. Corrió a encontrarse con esa graciosa gata, pero se dio de cara contra el vientre de Jak, el que le recibe con una sonrisa. Kai gira después del pequeño, aunque ella no sonríe, ella ríe a carcajadas de ver como el felino estaba acurrucado sobre su cabeza pareciendo que se fuera a desbordar por su tamaño.

-¿Perdidos? –Dice con una apacible sonrisa que les tranquiliza- Volvamos con el resto y vayamos a dormir. Estaréis todos cansados, ¿no?

-¿Y tú? –Pregunta la alegre Kai con la seguridad de que él no responderá con palabras, y así Jak mostró una media sonrisa mientras se giraba y guiaba a todos hasta la playa-

 

***

 

Una vez todos juntos, después de recoger a los agotados Shiro y Hide, los que estaban tumbados en la arena, durmiendo ya, y a los que despertaron, se encaminaron a una posada. Entraron con una gran presencia, Jak por delante, el que parecía el más despierto de todos.

-¿Cuántas habitaciones tienes libres? –Pregunta a la mujer del mostrador-

-Tan solo quedan tres libres. Los precios son bastante asequibles, son cuatro “Kanlas” por habitación.

Creo… Que eso equivale a tres de cobre de las que llevas. –Jak expone nueve de cobre que saca de su bolsillo, y la mujer las mira intrigada-

La mirada de esos ojos castaños era casi desconfiada, pero era fácil de solucionar con la balanza a su espalda, la que Jak señala moviendo su cabeza. Con esa herramienta, la chica coge las cuatro monedas de las que ella habla y tres de las que le han entregado. Al momento en que la balanza se equilibra con precisión, entrega las llaves.

-Me pido con Jak. –Dice con fuerza Kai al quitarle las llaves a la gerente. Todos estaban dormidos y no pudieron oponerse cuando les repartió las llaves restantes a Hide y Shizen- Vamos a dormir un rato. –Sin apariencia de cansancio, Jak, subió las escaleras no sin antes intentar cogerles las llaves a alguno de sus compañeros, pero ellos estaban más despiertos de lo que parecían-

-¿En qué puede pensar esta chica?

Y así fue como cada uno terminó en su habitación, las tres del fondo, juntas, con una ventana en la pared adyacente a la cama y con un tamaño decente.

Kai estaba más despierta que todos los demás, los que ya estaban en la cama sin siquiera preocuparse de sus parejas. Shizen con la gata, la que también duerme con fuerza, y Hide durmiendo junto a Shiro sin vergüenza alguna.

Esta enérgica chica estaba sentada en la cama, con ojos que le decían de acompañarla, pero Jak tenía otros planes en su cabeza.

-¿Por qué conmigo? –No deja tiempo a respuesta- Recuerdas que yo casi… -Su cara se enrojeció y empezó a frotarse el cuello por atrás- ¿Por qué? ¿No tienes miedo de que te haga algo mientras duermo a tu lado?

-No. –Dice sin dudas, aunque ella ya había olvidado ese tema y ahora se encuentra en una situación de nervios y mucha vergüenza- Sé que eres una buena persona, y aunque quieras quitarme toda la ropa… Sé que no lo harás.

-Jak… Creo que eso lo ha dicho para provocarte. Tal vez… sea lo que llaman psicología inversa. Tal vez le gustes y… quiera. –Sus palabras son nerviosas, tal como serían las de alguien emocionado y deseoso de poder sentir de nuevo la juventud de ciertos momentos-

-Shizen… si vuelves con esos pensamientos te dejo en el baúl toda la noche.

-Vamos a descansar. Cuando despertemos volveremos a casa, ¿sí?

Entrada la noche todos seguían durmiendo profundamente, todos excepto Jak. Él seguía despierto como haría al medio día. Estaba nervioso por su cercanía con la chica, aquella a la que ahora, aunque fuera una broma, sí deseaba quitar la ropa.

Jak… puedo ver tu mente… Hazlo, noto cuanto lo quieres, y yo también. Eres mucho más fuerte, dominas varios de los sellos, ella no podría hacer nada contra ti. Vamos, sé que deseas hacerlo. La primera vez es la más deseada…

-Parece… que nunca has buscado en mi cabeza más de lo que querías saber, ¿he? –Jak se levanta de la cama, apoyándose en la ventana, mirando a los edificios de enfrente y al cielo- ¿Sabes por qué nunca podría hacerlo? ¿Sabes lo que me imagino siempre que eso me viene a la mente?

-A ella llorando… -Desanimado por fin, pero ahora triste de ver esa imagen en su cabeza- Todo eso es por Sora, ¿verdad? De vuestro primer encuentro.

-¿Ahora sí investigas?

-Lo tienes a flor de piel… (Idiota).

-Yo la salvé en su primer combate, rompí las reglas porque no quería ver como… -Sus músculos se tensan, su mirada se vuelve fiera como una bestia- Cómo alguien tan igual a mi padre hacía aquello por lo que lo maté. Así que volví a hacerlo. Nos hicimos amigos, inseparables. El resto ya debes saberlo. –Respira profundamente, cierra la ventana y mira con delicadeza a su compañera en la cama- Pero sí, en verdad me gustaría poder hacerlo.

-Entonces… hazlo. Si me pones sobre ella podría controlar su cuerpo, podría hacer lo que quisieras. Aunque sería una sensación muy rara, antes era un hombre.

-Entonces, ¿Qué importa lo que hago si no puedo ver su cara? –Shizen, ese pervertido espíritu, no entiende nada- Yo… ahora no quiero hacer nada que no provoque una sonrisa, y sé que violarla no lo hará. Y si aun con tu ayuda pudiera hacerlo sin que se diera cuanta, no podría verla, así que, ¿Qué importa? –Se quita la máscara de hombro, la mira con decepción y la deja sobre el alfeizar de la ventana. Seguido de eso, se pone frente la cama y se acuclilla para mirar detenidamente a Kai-

La joven está de frente a él, dejando ver un rostro tranquilo y radiante.

Vamos Jak… Sabes que quieres. Tú también puedes entrar en mi mente, y sabes que tengo razón.

-Sí, pero no quiero. No quiero usar a otros nunca más. Pero… Sí que es cierto que tengo muchas ganas. –Extiende la mano, una mano temblorosa guiada por unos ojos inquietos-

Su mano seguía el contorno del cuerpo de Kai a pocos centímetros. Dibujaba la silueta de su cadera, bajó hacia su muslo deseando poder deleitarse con ese blando y suave tacto que de seguro tendrían. Pero, aquello que el muchacho más deseaba tocar, y aquello a lo que con todas sus fuerzas se intentó contener, eran sus pechos.

Vamos, Jak… Los de Shiro son mucho más grandes. Esos no rellenarían ni el sujetador más pequeño.

-Tal vez… pero… no es el tamaño. Es la persona. –Dice con pasión, una tal que enmudece la mente de la misma máscara- Yo… Ella me ha hecho sonreír, aleja toda mi crueldad con un solo gesto, con unas palabras y yo… no puedo casi ni contenerme… En verdad… En verdad no merezco una familia así.

El pecho de Kai estaría expuesto si no fuera por su ropa. Su antebrazo caía sobre su vientre, acrecentando las ganas de Jak cuya mano se detiene, con un delicado equilibrio entre ir y abstenerse, a escasa distancia.

-Mientras no me hagas daño… -Los temblores del hombre pararon con la primera palabra que salía de la boca de su durmiente compañera, pues todo su cuerpo se paralizó-

Al momento en que sus miradas se encontraron, las piernas de Jak le dejaron caer de espaldas terminando sentado. Estaba asustado, su mandíbula temblaba con una sola idea: que ahora le odiase.

-¿Desde cuándo estás despierta? –Ella responde que desde que él hablaba en la ventana- Yo… Lo siento. Soy débil, sé que lo soy. Ya te dije por qué no quería dormir en el mismo cuarto que tú. –Aparta la mirada, no quiere siquiera imaginarse la cara que puede poner Kai-

-Y yo te digo que no pasa nada. Puedes tocarme, si es lo que quieres. Pero no me hagas daño, ¿sí? –Salía de la cama despacio, se puso frente a Jak arrodillada y puso su rostro entre esas pequeñas manos-

-Tú… ¿De verdad? ¿Por qué? ¿Me entregas tu cuerpo? -Su ceño se fruncía con duda y nerviosismo, lo que hace sonreír de ternura a Kai-

-Tú me has salvado muchas veces, y yo tan solo te daba las gracias. Creo… que eso no es suficiente, así que… Esta sería mi forma de agradecer. Supongo… -Vergonzosa, pues en realidad no quiere y a la vez sí. Su cabeza no puede decidir qué es lo que de verdad desea- Supongo que mientras no me hagas daño está bien. –Finalmente, con esa sonrisa animosa y despreocupada, las manos de Jak se mueven al frente con gran lentitud-

-Vamos, Jak. ¿Ahora que hay en tu cabeza que no te hace lanzarte? ¿Eres tonto? Ella ha dicho que está bien. Cállate y hazlo.

Cuando esas grandes manos se acercaban cada vez más, el corazón de Kai se aceleraba, no por la emoción sino por el miedo. Su cabeza entendió que no era esto lo que deseaba, pero ahora no quería desilusionar a su héroe privándole de algo que tanto ansía y que tan feliz le haría. “Eso”, eso era lo que más quería, hacerle feliz. Fuera lo que fuera lo que pasara, ella estaba segura de que quería ver a toda su nueva familia feliz, y que, si para eso tenía que sacrificar su pudor, así lo haría. Cerró los ojos, e intentó también cerrar el tacto de su cuerpo. Sintió como esos dedos acariciaban sus costillas bajas, eso dio duda a la chica, y rápidamente esas manos se situaron en la espalda y la empujaron contra él en un abrazo.

-Gracias, Kai. –Relajado, no así como su compañera- Y… Que sepas que con una sonrisa me basta y sobra como agradecimiento. –Con sus manos sobre los hombros de ella, la separa del abrazo- Aun tengo que mejorar mucho, todavía no he cumplido nuestra promesa, parece. –Es él quien sonríe angelicalmente y provoca un par de lágrimas en su amiga- ¿?

-Nada… Debe ser del sueño, que me lloran los ojos. Volvamos a dormir.

Con una aparente tranquilidad ambos se echan a la cama, cada uno con pensamientos propios que mueven emociones dispares.

-No me esperaba un abrazo… ¿Por qué un abrazo? ¿Él no quería tocarme los pechos? ¿Tal vez son muy pequeños para él? Pero… el abrazo. ¿Por qué lloré? Ese abrazo… me sacudió entera. Él… no lo entiendo. –Un leve movimiento de cabeza puso todo en su sitio, por lo menos hasta que se durmió- Él es “Sonrisa de acero”, así de simple. –Su mente se sumió con una placentera sonrisa-

-Esos ojos miedosos… Sin duda es preciosa. Esas lágrimas… -Miraba al oscuro techo de su habitación, tranquilo y sin tentación alguna más que abrazarla otra vez- Es raro, las lágrimas son de tristeza o dolor, pero esos ojos eran tranquilos y alegres. Parecía que sonreía. Eso es todo lo que quería. Mañana será un nuevo día.

 

Así la noche pasó y el sueño desapareció para todos, o casi todos, pero sin duda el resto de la noche fue agradable para todos.

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