La Sombra de Las Diez Luces: El camino de la Bestia_Capítulo 7 – El terror de las Arenas – Editado

Modo noche

Capítulo 7: El terror de las arenas

 

Una vez abajo, ya en las calles de aquella ciudad pequeña, el grupo estaba dividido en tres. Shiro y Hide, donde la chica no paraba de reírse de su compañero de cuarto.

-Todos nos levantamos muy temprano. Estaba completamente dormido, ¿crees que quería hacer eso? -Dice hice, muy agitado-

-No lo sé, pero fue divertido. -Responde su compañera de cuarto-

Por otro lado, y más adelante, Shizen jugaba con la nueva integrante del grupo con una piedra que había por la calle, y la pareja restante avanzaban a la par con pasos cercanos, sin hablar.

-Jak… ¿Eres tonto? Habla de algo, del entrenamiento. Además, tú deberías practicar un poco más con el Taok. Después de esa pelea con el viejo estás oxidado. –La máscara se ríe de su propia mala broma, dada la naturaleza del poder de su portador-

-Jak… tengo curiosidad. –Los nervios del usuario de tierra eran demasiado obvios para Kai, pero no para el resto- ¿Con quién hablabas ayer? Sé que no era con el de los encargos, no estabas formal. -Ambos miran al frente, no parecen tener ganas de recordar lo de anoche-

Es impresionante la facilidad con la que te ha calado, chico. No la dejes escapar. –Ríe con una malvada amistad-

-Eso lo hablaremos en otro momento. –Sereno en la voz, calmado en los gestos. Parece una persona diferente, y eso molesta un poco a Kai-

-Tienes más cosas en las que trabajar… (Crío…)

Una vez fuera del pueblo, Jak sacó aquel minúsculo aparato del que emerge esa cegadora luz para dejar tras ella el coche. Tardarían algún tiempo en regresar al bosque central, sobre el que recaía la curiosidad de los nuevos miembros, todos excepto Kai.

Con el estómago vacío, la mayoría retomaron su sueño para evitar el dolor y descansar un poco más en los asientos. El silencio se hizo incómodo entre Kai y Jak, los únicos despiertos. Incluso la gata descansaba sobre el regazo de Shizen.

-Sobre la máscara… Perdona por esa contestación antes. No quería que nadie se enterase. –Con su cabeza baja, aun sin quitar la vista del frente, Kai comprende que solo era tímido y no grosero. Aunque a la chica le sigue molestando un poco esa parte de él- Es un espíritu encerrado. No solo tiene poderes, como podría tener cualquier otro “artefacto antiguo”, sino que tiene alma, mente… Es un gran amigo mío. Cuando vayamos a entrenar, después de desayunar; claro. –Ríen ambos, mucho más relajados y cercanos- Entonces os presentaré.

-Gracias… Jak. –Su voz, suave y puesta sobre un susurro, estremece la piel del muchacho pegándola más a sus fibras. Kai solo podía ver sus manos en el volante y de su cuello para arriba- No me gusta tu ropa. Está hecha trizas. La verdad… no me había fijado en eso todavía, aunque ahora es bastante obvio.

-Lo sé. Desde la pelea con ese anciano… Debería fabricarme otra. Supongo que dependo de ti otra vez, ¿no, Shizen?

-Búscate a otro, chico. No soy tu sirviente. Además, puedes ir a una ciudad, a una tienda, y pasar un tiempo con Kai. Yo me quedaré y vigilaré el bosque, que nadie se haga daño.

Una vez llegaron al claro, y sin sentir a penas las maniobras para esquivar los árboles, despertaron a todos, que no tardarían en ir al taller y volver a acostar sus cabezas en las almohadas.

Jak, Kai y la gata quedaron solos en el claro, estando el felino tan cansado para ni caminar.

-¿La gente siempre es tan perezosa? –Pregunta Jak con algo que podría decirse de “Tick” en su ojo derecho, provocado por la molestia que ese comportamiento le provoca-

-Yo… creo que no. –Intenta rebajar el ambiente con una risa, pero no funciona-

-De todas formas, es mejor así. Cogeremos algo de carne y la ahumaremos. Supongo que no les gustará la salazón. Podemos ir al bosque a entrenar un poco, y luego a ocuparnos de mis ropas. ¿Te gusta el plan? –La mira de forma fría, nada de su rostro expresaba emoción, nada excepto un mínimo movimiento de sus cejas-

-Sí. Me gusta. Aunque me gustaría saltarme el entrenamiento. ¿Sí? –La molestia de Jak se quedó para sus adentros, pues la idea de entrenar era principalmente para su poder, pero de todas formas lo más importante para ambos es pasar algo de tiempo juntos-

Jak puso a la gata sobre su hombro izquierdo, todavía dormida o eso parece, y caminan hacia el taller. No tardaron en hacer una pequeña fogata y poner la carne de la despensa al humo. Después de ese poco tiempo fueron al claro menor, el de entrenamiento, bastante cercano al lago.

-Pero… No íbamos a entrenar. ¿Por qué estamos en este claro?

-Tengo que presentarte a Shizen. Con el que hablé anoche. Por eso. –Su sonrisa es algo que no había visto hasta ahora. No solo mostraba felicidad, también esperanza de avanzar en su promesa- Shizen, compórtate.

-Tranqui, chico. Esto te hará ganar puntos, cuenta conmigo.

Jak deja a la gata sobre la mullida hierba verde y se quitó la máscara clavándola en el suelo.

Era divertido ver la cara de Kai, la que no entendía nada y se esforzaba por no reírse y hacer pensar a Jak que le tomaba por un loco. Y, con las primeras palabras provenientes del espectro, el esfuerzo de la chica se vio recompensado.

-Bien, de verdad crees en nuestro héroe. Me alegro. –De la máscara crecieron ramas que se doblaban y entrelazaban para formar una apariencia humana y sentada con las piernas cruzadas- La mayoría a los que intentó hacer esto se rieron a los pocos segundos. Me gustas, chica, por eso te voy a contar un secreto que ni Jak conoce de mí. ¿Te parece bien? –Aunque la máscara no podía cambiar su expresión “facial”, se intuía por su tono una mirada graciosa hacia su compañero de viaje- No me gusta la música de esta era, es demasiado escandalosa.

Es Jak el que contiene la risa en este momento.

-Ríete si quieres, joven, pero tú no has escuchado esa bazofia de ruido infernal. Parece ruido sin sentido que cuanto más fuerte mejor. –Suspira con tristeza- ¿Dónde quedaron los días de las melodías danzantes y emocionantes…?  ¿Sabéis? Creo que os voy a tocar algo de lo que recuerdo de cuando estaba vivo. –Extiende sus brazos enraizados, de los que se forma una guitarra de madera; con su interior hueco y un hueco bajo sus seis cuerdas- Decidme si os complace… -Su mano derecha acariciaba las cuerdas en el centro y su izquierda las prensaba en el mango. Las notas resultantes entrelazaban una armonía que ninguno había escuchado jamás. Los pájaros parecían acompañar en esta sinfonía del bosque. La paz y la tranquilidad se hicieron hueco en los corazones de todos-

-Es… precioso. ¿Dónde aprendiste a tocar? –Pregunta la agradable Kai-

-Mi mejor amiga sabía tocar, y nos peleábamos para ver cuál de los dos tenía mejor ritmo. Me pregunto si Birsa seguirá viva de alguna forma. Sé que algún día lo averiguaré, porque yo no puedo morir. –Ríe de esta extraña broma y, al ver que nadie le sigue, deshace la guitarra y se adentra en el bosque tras despedirse- Disfrutad de las compras.

-Él… ¿Siempre está escuchando?

-Sí. Llega a ser un poco molesto, pero es divertido. ¿Vamos? –Mucho más tranquilo que antes, pero todavía se nota una cierta distancia-

Kai no comprendía esta extraña distancia. Sabía el motivo, de seguro fue lo que sucedió anoche. Durante los minutos que tardaron en llegar a un claro para desplegar el coche ella no dejó de darle vueltas a la idea de que, tal vez, esta distancia de debiera a lo que ella dijo, que ella le permitía tocarla. Puede que este gesto, en cierto modo, disgustase a Jak, o eso cree.

-Kai, yo… Mmmmm… -Esta timidez parece acontecer una disculpa o algo similar, y Kai ansía conocer el motivo de esta situación- Yo nunca he ido de compras. Dependo de ti, ¿vale? –Pues parece que no es una disculpa, pero ese gesto con la mano y esa sonrisa demuestran que esta situación estaba solo en la cabeza de Kai-

-Claro. Estarás más guapo con las nuevas ropas. Ya verás. –Dice alegre, más que de costumbre, y esa frase incomoda a ambos. Una escena curiosa que hace reír a sus corazones-

Aprovechando el gran sueño que los cuerpos de sus compañeros todavía tenían, Jak y Kai, junto con la adormilada gata, se marcharon rumbo al sur, con la intención de no perder la noción del tiempo por culpa del sol. Terminaron en un pueblo no muy alejado del de Naomi, a pocos días a pie, y allí empezaron a buscar una tienda de ropa, pues era una ciudad como tal: grande y con las calles embaldosadas con losas de piedra.

-Esta ciudad no se parece a las que hemos visto antes. -Dice Kai mirando a todas esas edificaciones, mucho más grandes que las de dos pisos que acostumbra a ver. Los techos y arquitecturas son más elaborados, y casi todo está hecho con piedra o lo que parece metal-

-Esta ciudad parece estar dentro del control de alguna casa. “Bastante alejada de la capital, en los márgenes del país”, no tendría sentido nada más. Seguro que aquí hay muchas tiendas, espero que por lo menos no sean telas ridículas… -Con la gata todavía dormida en su hombro, continúa caminando, y la pregunta de Kai no tardó en precipitarse-

-¿“Bajo el control de una casa”?

-Las casas son organizaciones que realizan las peticiones de la gente, y cobran por ello. La gente les da colores para organizarlas, como… Una casa roja es aquella que acepta asesinatos, las marrones son las que hacen robos… y así mucho más. –Observa todo a su alrededor- La casa de aquí debe ser muy poderosa, la mayoría no logran a penas sustentar a sus miembros, esta debe aceptar encargos de todo el país, incluso extranjeras. –La emoción volvía por momentos a su cuerpo, Kai podía notar con facilidad el ímpetu y sus ganas de batallar-

Ya sabía lo que es una casa. Yo pertenecía a una. –Ríe Kai al ver cómo ese dato, que para ella marcaría un trato distintivo en otras personas, para su amigo no tiene importancia-  Jak… ¿A ti te gusta pelear? –Pregunta con timidez, aun sabiendo la respuesta, lo que quiere saber es el motivo-

-La verdad… al final… -Su emoción se desvanece mientras continúa avanzando, seguido por Kai, buscando una tienda de ropa- Al final las batallas pierden el significado. Pero… en cierto modo es una forma de vida. –Mira al frente con ojos abiertos y una buena sonrisa- Peleas para probarte a ti mismo, para probar al rival, para divertirte, para fardar… para sentirte vivo. Eso es lo que siento cuando me divierto en una pelea. Claro que… solo me he divertido en dos peleas en toda mi vida.

Kai no comprende cómo puede gustarle pelear. El acto de repartir dolor y ver el sufrimiento en los ojos de sus víctimas, y recordó esa pelea en el bosque contra los esclavistas. Recordó la sangre y el rostro de Jak.

-¿Qué es lo que te hace enfadar? –Detuvo a Jak con su pregunta, y así ella frenó sus pies-

-Lo que me enfada… es ver que las personas cedan. Cedan a la brutalidad, a una brutalidad que ni siquiera se ve en los animales. El regocijo en la violencia. Es algo que jamás dejaré sin castigo.

Siguieron por la ciudad y al final encontraron la tienda en una de las calles transitadas. Muchas miradas se fijaban en ellos por sus ropas tan poco acordes, “tan pueblerinas” escucharon en varias ocasiones. La chica solo podía pensar en la contradicción que su compañero había dicho, y decidió alejar ese pensamiento por el momento y así comprar algo en paz.

Era divertida la cara de Jak con cada prenda que Kai le presentaba, pues por algún casual no le gustan las camisetas de ningún tipo, pero tampoco le gusta la idea de ir sin prenda superior, diciendo que se siente desnudo de esa forma.

La mascota estuvo a punto de caerse del hombro en repetidas ocasiones, y Kai decidió coger una bufanda de color tierra para poder arroparla y atarla a su torso en una especie de hamaca. Finalmente, y curiosamente, Jak decidió comprar un chaleco de color negro que dejaba gran parte de su pecho y vientre al descubierto, cosa que a Kai no le disgusta. La prenda no fue cara, además de esa bufanda que también cogieron, porque la felina no se había despertado todavía y no querían que se cayera.

-Entonces… -Kai retoma sus pensamientos mientras caminan de regreso a las afueras de la ciudad, y mece al animal como si fuera un bebé- ¿Qué es una familia para ti? –Dice con tono triste-

-Una familia… -Piensa unos instantes, con sus ojos cerrados y cogiendo aire- Son las personas que nunca quiero perder, el lugar al que llamar hogar. Gente a quien cuidar, proteger, de la que aprender. Una familia es lo único que tenemos los humanos en verdad.

-Entonces… ¿Tú qué harías si tu hijo dijera que no quiere pelar? –Jak se da cuanta rápidamente de que esto es una experiencia de la chica, pero de igual forma no va a cambiar la respuesta que tenía en mente-

-Entonces le enseñaría el por qué pelear es bueno. Claro que… no por el ejemplo… Depende de la edad que tuviera mi hijo.

-Tú… -La mano frente a Kai señalaba que se callara-

-Ya he respondido suficientes preguntas, ahora responde tú una. ¿Por qué no quieres pelear? –Ambos se detienen y se miran a los ojos, una mirada penetrante e intimidante se clava en Kai-

-Porque nunca aprendí nada, nunca sentí nada que no fuera asco y fracaso… Pelear es para hombres descerebrados. Para monstruos. –Su odio y rencor nublaron sus palabras, y para cuando recapacitó y quiso disculparse, la mano de Jak estaba sobre su cabeza-

-Es verdad… Soy un monstruo descerebrado.

La joven creyó que su vista le engañaba. Jak estaba sonriendo de corazón, y su mano se movía con suavidad acariciando su cabeza. Las piernas de Kai temblaban por el extraño miedo que sentía, pues sabía que él debía estar molesto, pero no era así, y esta distorsionada situación le inducía un profundo miedo.

-Tranquila, Kai. Comparto tu opinión, tan solo me has visto matar a gente, es normal que pienses eso. Además… cuando me enfado es cierto que parezco un verdadero diablo. –Una nueva sonrisa desconcierta otra vez a la chica-

La conversación fue bastante más amena desde ese momento hasta que montaron al vehículo, llena de sonrisas de Jak, de zarandeos a Kai y de tímidas sonrisas que lograban sacarse el uno al otro. La luz dejó esta vez la moto de dos plazas, la que supuestamente Jak transformó en el coche.

-Pero… no- 

-Tengo varios vehículos guardados en el taller. Y la moto es algo más rápida.

Entraron allí, Kai puso a la gata en su espalda y pusieron rumbo al bosque ya con sus nuevas ropas. El viaje pareció más lento de lo que fue con el coche, aun diciendo que este era más rápido.

Así que… sí le gusta mi compañía. Esto es muy raro. Su… “cariño” no es constante. Es extraño, pero agradable.

-Espero que estas ropas no se rompan demasiado pronto, o que al menos Shizen quiera arreglármelas si pasa. Ir de compras es demasiado vergonzoso, muy raro.

Kai estaba abrazada al torso de Jak, sintiendo la calma recorrer su ser hasta que el cuerpo de Jak se tensó inesperadamente.

-¿Qué sucede? –Sin poder terminar la pregunta, Jak se volteaba y la abrazaba con fuerza-

-Salta. No hay tiempo. –Sin abrir el cristal sobre ellos, salta quebrándolo y quedando varios segundos en el aire- Observa.

La moto continuaba a toda velocidad, y al casi llegar al horizonte, una explosión de arena la borra de la vista de ambos. El temor se apodera de Kai, y el cuerpo de Jak se calienta con la adrenalina en su sangre. Cayeron al suelo con fuerza, pero con las potentes piernas de Jak, y con Kai en sus brazos, nadie notó demasiado el golpe.

-Ponte a cubierto. Pronto vendrá a por nosotros.  -Dejándola en el suelo le da un suave abrazo y la separa poniéndola tras él-

-¿Qué es lo que viene? –Aterrada, cubre al animal con sus brazos, estando la gata todavía dormida-

-Un escorpión del arenero. Ten cuidado, y haz cualquier cosa para ponerte a salvo; incluso si eso es abandonarme. Debes salir con vida. Puede que en mi estado no pueda protegerla. Espero que sea un adulto, las crías son erráticas.

La arena se movía como una ola hacia ellos desde el lugar en que la moto desapareció, y las pulsaciones de los dos humanos se aceleraban por diferentes motivos.

-Kai… Corre. Alguien como tú no puede morir todavía. –Un golpe de viento la lanza por los aires y cae de espaldas, viendo como un gigantesco escorpión, que podría con facilidad destrozar todo el taller con una de sus pinzas, sale de la arena y cocha contra las manos de Jak, forcejeando- Mierda… es una cría. Esto no suena bueno.

Kai intentaba correr, pero el miedo no la dejaba moverse. Jak le gritaba con todas sus fuerzas para que lo hiciera, y para cuando pudo dar un paso la joven tuvo que evadir una estaca que salía de las arenas.

-¿Jak? –Dice sin comprender-

Este animal… ¿también es un Taok? Ahora no puedo contenerme.

Los pies de Jak se hundían en la arena bajo la presión que el escorpión ponía sobre él. El aguijón del arácnido se alzaba metros sobre su cuerpo, ganando fuerza y preparándose para caer sobre la cabeza de su contrincante.

-Cuidado, ¡JAK! –La mente de Kai no concebía la idea de correr ahora, cuando su amigo estaba en peligro-

Parece que de nuevo debo dejarte en libertad, ¿he? Espero no arrepentirme de esto.

El aguijón se precipitó directo al cráneo, a empalarle sin miramientos. La arena se levantó con la fuerza de aquel golpe. El viento alejó la cortina y dejó ver como las pinzas del animal estaban clavadas, al igual que la punta de la cola, en el suelo. Jak estaba estático frente aquel enorme animal, con sus brazos caídos y ojos cerrados.

El miedo en Kai la hizo caer de rodillas, temerosa por su héroe.

-He dicho… ¡QUE CORRAS! –Un puñetazo bajo aquellas abiertas fauces levantan a todo el depredador del suelo- Corre por tu vida, he dicho. Déjame aquí. –Lanza desde su bolsillo el CDL del coche para que pudiera escapar, pero el miedo deja el artilugio frente a ella-

Kai pudo apreciar como el rojo teñía parte de su rostro, y como su ojo derecho estaba inyectado en sangre, o eso le pareció a esa distancia.

El animal se hundía en las arenas tan pronto como las tocaba, y emergió de nuevo frente a Jak.

-Tú… Serás mi almuerzo. –Su mirada helaría la sangre de cualquier persona. Seria e intimidante, con la sangre cubriendo la mitad derecha de su rostro por el corte que casi le arrebata su ojo, un ojo de iris rojo que brilla con luz propia, y adornado con una fina pupila –

Su chaleco ondeaba al viento, las miradas entre estos dos rivales hacían al aire más denso y pesado, ambos esperaban al ataque del otro, y el primero fue Jak.

Su puñetazo fue bloqueado por una de las pinzas del escorpión, pinza que se quebró en mil pedazos. Con su otra pinza, el animal, golpeó y alejó a Jak por los aires. Con su adversario lejos, se acerca con velocidad hacia la chica, una presa más fácil. Sus pinzas se extendían más allá de lo imaginado y apresaron a Kai; pero cayó no muy después, rodeada de la arena en que se convertían esas pinzas. La sangre brotó levemente de las amputadas articulaciones del escorpión ante la fría mirada de Jak a lo lejos, señalándole con el semblante serio.

-No le toques… ni un pelo… no a ella, porque… -La tensión se apreciaba en su voz, aunque nadie pudiera escucharle-

Despareció de la vista junto con la brisa, e hizo presencia con un estallido que hunde la cabeza del escorpión en la vasta tierra y aleja a Kai con el viento que genera.

-¡YO SOY TU PRESA! –Sus dedos se clavaron en la coraza del animal y amenazan con arrancársela de cuajo. El animal chillaba de dolor mientras se mueve con fuerza para intentar quitárselo de encima, y así ese molesto aguijón le obliga a soltarlo y moverse- Porque yo la quiero… -Agarra, intentando rodear con sus brazos, la cola del animal y gira, impulsado con sus piernas, para levantarlo de nuevo del suelo y estamparlo contra la tierra- Porque ella me ha salvado… ¡LA PROTEGERÉ A COMO DE LUGAR! –Queda en el aire tras prácticamente enterrar a su adversario con el mar de arena con ese bárbaro impacto-

La chica tan solo escuchó lo que Jak gritó con toda su fuerza, al igual que su siguiente ataque.

-Chikyuu-no… -Su puño derecho se carga mirando al cielo, donde brilla con una extraña luz azulada- HARETSU.  –Dirige aquella mano hacia el suelo, donde el escorpión ya había desaparecido. Un torrente de luz se dispara desde ese cañón que era su mano e impacta levantando toda la arena y dejando al descubierto al depredador-

Sigue cayendo, directo de cabeza, con su brazo doblado y pegado al cuerpo, preparado para golpear con todo. Los ojos negros del arácnido se clavaron en él, en ese ojo rojo que le mira con ira, y le sacude con su cola.

-Jak… ¿Qué es este animal? Alarga su cuerpo como si fuera de goma… ¿Estarás bien?

Jak aterriza de pie, pero el escorpión esta vez no le dejará descansar. Se presenta frente a él saliendo bajo las arenas, y no en solitario. La arena se moldeaba en gruesas estacas que intentan atravesarle, pero con su brazo derecho las quiebra con rapidez sin quitarle la vista de encima al animal.

-Yo… también soy un Taok. –La arena, esta vez de su parte, se pone a su espalda y le impulsa hacia el animal con una brutal fuerza y, deslizándose sobre una sólida tabla de piedra bocarriba, golpea el vientre del depredador con toda su fuerza, lanzándole hacia el cielo dirección al horizonte- Creo… que ya puedes volver a la jaula… -Su ojo regresa a la normalidad, y se intenta quitar la sangre de la cara, pero se había secado y tenía la boca seca-

Con este susto y batalla terminados, ambos vuelven a reunirse con un abrazo por parte de Kai, que está completamente temblorosa y casi llorando.

-¿Estás bien? He pasado mucho miedo… ¿Qué era eso?

-Tranquila, Kai. Estoy bien. Solo un poco cansado. Creo que me he roto el hombro derecho… me he forzado demasiado con esos dos ataques seguidos. Eso era una cría de escorpión, y además un Taok. Había oído hablar de animales Taok, pero creía que eran leyendas. ¿Tú estás bien? –La aparta para poder mirarla con detenimiento a los ojos- Me alegro de que hayas cuidado de Sona también. –Sonríe con alegría-

-¿Sona? ¿Así has llamado a la gata?

-Sí. Me parece un nombre bonito. ¿A ti te gusta, Sona? –Acaricia el vientre del gato, que Kai sostiene en sus brazos. La gata maúlla con lo que parece ser alegría- Volvamos con todos. Seguramente no se hayan despertado todavía. –Ríe él, y ella lo intenta, pero no consigue sonar convincente- Chica… -Así comienza el abrazo que vuelve a saltar las lágrimas de Kai, con su brazo izquierdo apretando su espalda y apoyando la cabeza sobre su pelo- Estoy bien, no te asustes. No dejaré que nada haga daño a mi familia. ¿“Sí”? –Pregunta con gracia, y ahora sí hace reír a su protegida-

Volvieron con una gran sonrisa, y un poco de pena en Jak por haber perdido la moto, pero eso no afectó al hecho de que ninguno de sus compañeros se había despertado.

-¿Vamos a ver a Shizen, la máscara? –Pregunta Kai con ilusión. La afirmación de Jak era clara antes de preguntar, y así fueron para escuchar como las cuerdas de la guitarra sonaban por todo el bosque-

-Pero, muchacho… ¿Qué te ha pasado? ¿Te has tropezado por la calle? –Bromea Shizen, sentado en una roca-

-Algo así. –Ríe con su amigo, sin idea de contarle lo sucedido-

-Ven aquí, que te curo un poco. –Su amigo sigue los consejos, y las raíces acarician su rostro- El veneno te ha quemado la piel, parece que te quedará una cicatriz en toda la cara. “Chico malo”. –Ambos ríen de nuevo, esta vez acompañados por sus amigas-

Curiosamente, con la risa de Kai el muchacho se calla. El motivo fue disfrutar de aquel lindo rostro y esa preciosa sonrisa y la timidez con la que ríe.

-Supongo que nadie se habrá levantado ya, ¿no?

-En la casa… hace bastante tiempo que Hide y Shiro están despiertos, pero no han salido del cuarto. Supongo que ya se deben de “conocer a fondo”.

La inocencia de Kai es adorable con la pregunta sobre el significado de ello, y al creer la respuesta que dio Shizen: “Hablar sobre sus vidas”.

-En ese caso deberíamos levantar al chiquillo y comer un poco. –Y así lo hicieron. Con la máscara de nuevo en su hombro, Jak fue a levantar a todos dando toques en la puerta de Hide y zarandeando a Shizen- A comer, pequeño. Tienes que crecer fuerte. –Su sonrisa le anima a levantarse con energías renovadas, y mucha hambre-

La carne no duró mucho, todos estaban hambrientos, y cierta pareja no se separó ni un instante. Jak y Kai tomaban una extraña distancia, puesta por el joven y que intrigaba a la chica.

-Hey, Jak. –Dice Hide con fuerza- ¿Entrenamos un poco?

El que porta la máscara niega apartando la mirada. Jak tenía miedo, miedo de perder de nuevo el control sobre él mismo y hacerle daño, pero el espadachín entendió una burla y tuvo que ser aplacado con las palabras de Shiro.

-El dolor del brazo me despertó de esa bestia, pero… ¿Qué pasa si la alimento demasiado? ¿Podría él controlarme a mí? –Mete la mano en su bolsillo, donde aprieta con fuerza el recuerdo de esta última pelea, un fragmento de la coraza del escorpión que se desprendió con su último golpe- No estoy de humor, lo lamento.

La máscara intenta hondar en su mente, pero está bloqueada. El joven Shizen le aborda por el costado, con esa graciosa e infantil sonrisa que, por lo menos, reconforta un poco a Jak.

-¿Puedo jugar con “Bigotes”?

-Se llama Sora, y eso debes preguntárselo tú mismo. –Desvía su mirada hacia la gata, que come su porción de carne sobre una hoja en el suelo. Frente aquellos ojos de súplica implícita, la gata deja su comida y corre por entre las piernas del muchacho y este la persigue con diversión- Me pregunto… si conseguiré disfrutar sin preocupaciones algún día, tal como él. –Su mirada volvió a clavarse en el fuego, recreándose en lo más hondo y encerrado de su mente-

Un fuerte pitido retumba por todo el lugar cuya fuente son todos los comunicadores que llevan encima los miembros.

//Parece que has conectado el resto de terminales a mi fuente. En cualquier caso, supongo que no tardarás en cumplir mi promesa, ¿no, Jak? //

Todos miran a Jak, el que no parece importarle mucho el tema, teniendo que ser la máscara quien reconduzca la atención del chico a sus compañeros.

//He estado recibiendo algunas informaciones algo inconexas. Me gustaría que fueras a las coordenadas e investigases. Esta vez no habrá recompensa, pero seguro que es divertido pasar tiempo con tus nuevos amigos. “Feliz cacería” //

Tras unos momentos, en los que Jak no hacía nada más que mirar el fuego, los que no estaban ocupados rodearon al líder.

-Sé que lo que vais a decir. Es un viejo amigo, que me ayuda a cumplir una misión. Así que, ¿qué? ¿Venís al sexto país a ver qué pasa por allí? –Dice ya con ánimos, aunque es terror lo que se refleja en Hide-

-¿El sexto? ¿Estás seguro? ¿Al país “de la destrucción”? ¿No te habrás equivocado?

-Tienes la mejor espada del mundo, ¿tienes miedo de unos cuantos asesinos?

-De lo que tengo miedo es de los gremios de sombras. Dicen que controlan tu corazón y someten su conciencia, te convierten en sus esclavos hasta que te matan. –Las palabras de Hide aterra a las chicas, no así al niño que está muy ocupado jugando con su amiguita felina-

-No vamos a adentrarnos en el territorio, ni siquiera estaremos en una ciudad grande. Vamos a una zona turística, allí no habrá mucho peligro más que vigilar los bolsillos. Además, yo ya me he enfrentado a algunos de esos taoks de oscuridad. Sé cómo vencerles, no os preocupéis. –Esas palabras que tan solo eran para calmarles, pues en verdad nunca había luchado contra esos raros usuarios de oscuridad, funcionaron-

Tomó varios minutos recoger y poner todo a punto para la salida en el coche: apagar la hoguera, tirar a lo lejos los huesos para no atraer visita indeseada y, lo más importante, hacer sus necesidades en diversos rincones del borde del claro, ocultos todos de la vista.

Jak entró un momento al taller, y Kai creyó escucharle subir las escaleras. Al parecer, lo que Hide dijo en algún momento a Shiro, se hizo realidad: “El que más tarde llega es al primero que le importa”. Shiro se rio cuando su compañero se lo recordó, y acertó al ser Jak el último en montar en el vehículo.

Todos tenían una sensación entre miedo y sed de aventura, excepto el pequeño Shizen que no escuchó nada sobre su destino. El viaje empezó con un frenazo al dejar los árboles a la espalda provocado por aquel escorpión. Todos entraron en pánico, temerosos de aquel gigantesco animal de apariencia tan intimidante. Jak abrió la puerta y caminó con lentitud hasta ponerse frente sus mandíbulas.

-Acepto tu rendición. –Con tono de superioridad todos le tomaron por un brabucón, y pensaron que una nueva batalla tendría lugar, y así todos se equivocaron. El animal bajó sus patas, pinzas y cola al suelo, una postura de sumisión donde Jak le acaricia la piel acorazada del animal- Buena chica… No eres tonta como los demás animales que me he encontrado. Me alegra. –Esta criatura emite lo que parecen chasquidos y chirridos, bastante desagradables para todos, parece querer hablar- Claro. Cuando te necesite te llamaré, sin dudar. Sabrás cuando venir.

-Impresionante… nunca creí que estos animales pudieran hacer algo que no fuera devorar. Supongo que es normal que una bestia respete a otra, ¿no? –Las risas sonaron en la cabeza de ambos-

El viaje fue sin problemas, ningún desvío ni contratiempo, tan solo las conversaciones entre Hide, Shiro y Kai, las que hablaban de temas sin importancia sobre sus vidas, o eso resultó para Jak quien no prestó la menor atención. Shizen seguía acariciando a Sona, la que duerme ronroneando sobre sus piernas.

-Kai. –Interrumpe Jak la conversación de ella con la muchacha- ¿Dónde está la bufanda? –Pregunta al saber que ya no será necesario, por el momento, lo de la otra vez-

Kai rebusca por debajo del asiento y le entrega la bufanda de tono tierra. Jak se da dos vueltas al cuello con ella y deja ambos extremos a su espalda. La figura seria de su compañero, con esa leve sonrisa, enloquece la mente de Kai, bloqueando sus acciones.

La chiquilla de cabello pardo no pudo conversar durante los primeros segundos después de quedar mirando a ese vasto perfil, a esa gruesa nariz, a esa fuerte mandíbula…

-Ahora entiendo lo del bañador… un poco. –Hide y Shiro se rieron por lo bajo antes de llamarle la atención y lograr que retomase la conversación, la que Jak obvió por completo-

 

***

 

Se apreció con facilidad el momento en que llegaban a su encargo. El ambiente se notaba hostil, el cielo era levemente más grisáceo, aunque el sol tuviera la misma fuerza, la arena se sentía más áspera bajo las ruedas; el traqueteo del coche no hacía más que incordiar a la apacible Sona.

La ciudad a la que llegaron se sentía enorme. Incluso ellos, llegando desde el desierto, podían ver las carreteras negras que salían de entre los edificios, colmadas de vehículos ruidosos.

-Espero que tengas razón. –Dice Hide aferrándose a su vaina con la mano izquierda- Espero que no nos topemos con ningún usuario de oscuridad, o con ninguna casa… -Los únicos que parecían disfrutar eran Jak, Shizen y la gata, que parece estar bastante confortable en la capucha del jersey del niño-

La información del amigo de Jak no era nada precisa, “información inconexa” pensaban todos los miembros. Finalmente, y con algo de hambre, decidieron ir a merendar algo por los alrededores. Shiro decía que debía haber algún lugar que vendiera comida sin tener que comerla en su establecimiento. Con esa idea todos fueron en grupo por esas grandes calles principales a rebosar de vehículos, mientras hablaban sobre lo que podrían hacer en la ciudad para encontrar ese “encargo”.

Shiro intentaba ocultarlo, pero Hide está siempre pendiente de la chica. Ella contenía la tos constantemente.

-Creo que es por el aire del lugar. Me cuesta respirar… -Su tos no tiene buena pinta, y Hide empezaba a perder un poco la compostura-

-Venid, todos. –Dice sin dudar Jak, y dirige a todos por las callejuelas de esta ciudad- Es una Taok de aire, normal que los humos de combustión de la ciudad le dañen los pulmones más que a la mayoría… Espero encontrar algo de “Las Diez Luces” y poder aplastar este lugar.

El estado de Shiro pareció mejorar de inmediato, y así continuaron en busca de un lugar para comer.

El tiempo pasó entre estas calles y sus estómagos rugían con gran furia.

Jak… Chico. Pregunta a cualquiera que veas por algún sitio. Mientras no sean usuarios de Taok no intentarán matarte, ¿recuerdas? –Su amigo hizo caso del consejo, pero no se veía a nadie por entre los edificios que hacían estas callejuelas-

¿! Una niña. Espero que no se asuste. –Jak se adelantó del grupo, y todos entendieron que iba a preguntar sobre el tema de la comida- Disculpa, pequeña. ¿Sabes de algún lugar donde se coma bien?

La niña, de pelo negro, se giró para mirar a Jak antes de hablarle y así se quedó sin palabras, mirándole con ese gran ojo de color miel, oculto su derecho por un perche.

-Eres… ¿Jak? ¿Jak, “Puño de Roca”? –Todos en el grupo quedaron impresionado, y más todavía Kai a quien el propio luchador le dijo ser demasiado joven para conocerle- Eres tú, lo sabía. Sííííí… -Da saltos de alegría y mueve sus brazos con una adorable energía- ¿Me firmas un autógrafo?

Ninguno pudo articular palabra, pues, si ya que le conociera era extraño, que fuera una seguidora lo era más todavía.

Jak le cogió el papel y el palo del tintero que la chica le ofreció y le hizo su firma; las letras de su nombre deformadas de forma que no parecían siquiera letras, y ella parecía encantada.

-Supongo que, si queréis comer bien, podéis venir con mi familia. Seguro que no les importa.

Con esas palabras se ganó la desconfianza de todos del grupo, salvo de Shizen cuya inocencia le salva de la crudeza de la situación. Todos sabían de los rumores hostiles del sexto país, donde la hospitalidad es el preámbulo para la traición, pero su hambre no les permitió rechazarlo, aunque su idea era el rechazarla si veían de camino algún lugar, pero no fue el caso. Parecía que toda la ciudad estuviera sin un lugar al que ir a comer, lo cual hacía sospechar mucho más a Hide.

La familia de la chica parecía en verdad amigable. Trataron al niño y a la gata con tanta hospitalidad como se esperaría de una buena madre, y la comida que prepararon fue generosa y deliciosa. Incluso la gata disfrutó del banquete.

En verdad parecían familia, todos ellos: pelo negro, rasgos algo similares, y los ojos algo oscuros, pero donde se aprecia el color del de la joven.

-Jak. –Dice la jovenzuela- Tengo que decirte una cosa. ¿Podemos salir? –Aquí volvió la desconfianza del grupo, pero al Taok de tierra no pareció importarle y la acompañó fuera de la casa- En verdad me gustas mucho, Jak. Lo siento.

Jak no comprendía sus palabras hasta que, desde su espalda, la electricidad comenzó a tensarle todos los músculos y dejarle en el suelo como un palo.

-La electricidad… recuerdo que el viejo decía que podía evitar su daño. Supongo que sigo siendo débil.

-Buen trabajo, niña. Toma, lo acordado. –Del otro extremo de la calle, un hombre sostenía una extraña pistola y le lanza a la chica una bolsa que resuena con el tintineo de las monedas- Ahora, nos lo llevamos. –Junto con su compañero, que también sostiene un arma, distinta a la otra, se disponen a cargarlo-

-¿Dónde os lo lleváis? –Dice preocupada, aun sin intención de detenerlos. La respuesta brabucona del hombre la enfada, y eso desencadena una nueva burla- HE dicho… ¿DÓNDE?

La oscuridad emanó del pelo de la niña hasta envolverles a todos. Antes de perderse de vista, el hombre que disparó a Jak le hace una señal a su compañero y este disparó a la joven, quien estaba sumida en las tinieblas y se abalanzaba contra ellos.

La bala se perdió en la oscuridad, el impacto sonó a piedra, sus cabezas fueron apresadas por dos enormes manos y lanzadas, sin que pudieran hacer nada, contra las duras piedras de la calzada. La oscuridad se disipó cuando los enemigos quedaron inconscientes.

La muchacha estaba frente a la erguida figura de Jak, que le mira con una forzada sonrisa.

-Una usuaria de oscuridad, ¿he?

-¿! –Se oculta su ojo derecho con sus manos. Su parche estaba hecho jirones en el suelo- No… yo no…

-Supongo que ibas a hacer lo mismo que yo. Me alegro que al final fueras a ayudarme.

-En realidad… yo quería información. Ellos no querían dármela, así que…  -Su espalda se puso recta, no parece temer las represalias de Jak, pues él no da señales para ello-

-Yo también busco información. Ven con nosotros, tal vez podamos ayudarnos. Pero… -Se acerca a la chica, que parece confusa, y la levanta por las axilas y la sienta en su brazo derecho- ¿Me enseñas ese ojo? –Una mirada graciosa, y rostro risueño, curioso como el de un niño, pero la chica se niega- Me lo enseñas o te quito el autógrafo.

-NO. –Con la sorpresa y el enfado, la jovencita agarró la bufanda de Jak y le mira con súplica, mirándole con sus dos ojos, el izquierdo de ese lindo tono amarillento y el derecho de un oscuro y extraño negro- Eres malo… -Dice al darse cuenta de que ha caído en la trampa-

-Tienes unos ojos preciosos. Aunque es raro que un Taok no tenga ambos ojos negros. –Él sonrió, y ella le siguió viendo que no emanaba ningún tipo de agresividad hacia ella-

Entraron de nuevo en la casa, ambos con una sonrisa aplacando la desconfianza e inseguridad que el resto tenían en sus corazones y, tras terminar de comer, Jak habló.

-Esta pequeña me ha pedido ayuda, así que, mientras nosotros intentamos buscar lo nuestro, la ayudaremos en lo que podamos. ¿De acuerdo?

Todos aceptaron, pues creían que era una niña en apuros y no una usuaria como en realidad es. Salieron de la casa y siguieron por las callejuelas para que Shiro no volviera a sentirse mal por el aire.

La pequeña caminaba de la mano con Jak, aunque la chiquilla tenía que levantar mucho su mano para llegar hasta la de su compañero. En un momento, no mucho después de salir de la casa, la niña se separa y dice a todos que la sigan, y se esconde en una esquina. Cuando todos se acercaron, la oscuridad les envolvió y se pusieron en guardia; todos excepto Jak.

-¿Tu verdadera forma? –Pregunta el guerrero, arruinando el espíritu con el que se veía la nueva chica-

Una mujer, de un lago cabello ondulado y negro, con ropas cortas y todas negras, dejando ver su cuerpo de forma sugerente, especialmente sus caderas y amplio escote.

-Supongo que no tengo que ocultarlo si me vais a ayudar. Soy una Taok de oscuridad, puedo crear ilusiones, como que no veáis los lugares de comida… -Ríe con malicia- O que parezca una adorable niña. –Vuelve a reír- La información que busco por aquí es sobre una casa. –Todos se tensan, pues conocen el poder que algunas casas pueden tener- La sexta casa, la casa de “la destrucción”. Tengo temas pendientes con alguien de allí. –Molesta, desvía y baja su mirada-

-Así que tú eres nuestra “información inconexa”, ¿verdad, Dax?

// Sabía que no haría falta decírtelo. Sabía que el responsable era una Taok, y los taoks se atraen. Sabía que lo encontrarías. Ahora, no tengo nada más para ti. Haz lo que veas mejor//

Ese “se atraen” resuena en la cabeza de Kai mientras todos se sorprenden de que los comunicadores sonasen solos. La chica de oscuridad, por otro lado, está algo asustada, pero la sonrisa de Jak la tranquiliza.

-¿Te unes a nosotros? –La sorpresa de todos, unida a la molestia de Kai, no echan para atrás a la joven que responde con grandes ánimos-

-Claro que sí, Jak. Me podéis llamar Yami. Un gusto el conoceros. Así que… ¿ahora volvemos al bosque central? –

-Cómo… -Dice Hide sin poder terminar por la interrupción de la emocionada Yami-

-Dicen que un gran monstruo destruye a cualquiera que se adentre, incluso dicen que destruye ejércitos. Solo podía ser un dios antiguo, o Jak.

-Supongo… que es verdad. –Dice Jak. El silencio se hizo pesado los segundos en que todos quedaron mirando a Yami. Uno de los hombres la miraba demasiado atento, y Shiro se molestó- ¿Alguien sabe conducir? –Levantan Hide y Yami la mano, siendo elegido el hombre por su confianza- En el coche no caben más, así que yo iré a pie. Vamos al desierto.

Así, sin ningún contratiempo, llegaron al margen de la ciudad donde Jak desplegó el coche. Todos montaron, Hide frente al volante, pero antes de ponerlo en marcha Jak le dio a un botón bajo el salpicadero. El coche arrancó y avanzó con velocidad, pero Jak les alcanzó rápidamente llevando puesta la máscara. Yami quedó, al igual que todos, sorprendida al ver las habilidades de su ídolo. En el camino de Jak se interponía una gran formación rocosa, pero eso no importó al veloz compañero que, sin inmutarse, quebró y pasó de lago.

-¿Qué pasa que me miráis así? –Dice por el comunicador- Da igual. Me adelantaré y cocinaré algo. –Sin darse cuenta, su compañero había desaparecido en una nube de polvo que queda atrás-

El vehículo tardó su tiempo en llegar al lugar, tiempo para el cual a Jak le había dado tiempo como para cocinar suficiente hasta para que sobrase, seguramente por el leve almuerzo que les resultó la comida de la ciudad.

Todos habían terminado de llenar sus estómagos para cuando Jak empezó a hablar.

-Ahora que hemos terminado este encargo… -Observa la comodidad con la que se siente Yami, rodeada de gente que desconfía de ella- Supongo que podréis descansar todo lo que queráis por hoy. La verdad, suele haber muy pocos encargos últimamente.

Pese a la molestia por ello, Hide y Shiro, visiblemente cansados, se marcharon al taller. Shizen se adentró en las cercanías del bosque junto con la animada Sona. Por otro lado, Kai no sabía bien que hacer y Yami tenía le clara intención de no alejarse de Jak.

Maldición. Quería darle a Naomi el collar que he hecho con las escamas que recogí del escorpión, y si no me libro de estas dos no podré.

-Pero, chico. Lo de la nueva lo entiendo, pero… ¿por qué Kai?

-No quiero… no quiero que me vea tan… humano. –El espíritu en su máscara nota lo egoísta que está siendo, y piensa para sí el estúpido comportamiento que está adoptando-

-(La chica ya sabe perfectamente cómo eres, incluso mejor que yo. En cierto modo me molesta).

Yami camina hacia Jak, bamboleando sus caderas y hombros en lo que la mayoría pensaría sugerente.

-¿Puedo ayudarte con algo, Jak? –Dice al apresar el brazo derecho de su objetivo entre sus brazos y entre sus carnes-

-No. –Una frialdad que ni Kai ha recibido en algún instante, eso aclara la mente de la más veterana compañera- Ahora tan solo quiero estar solo. Agradecería que no me molestasen. –Con un tirón de su extremidad se zafa del agarre, y se pone ente ambas chicas- Supongo que no tenéis nada que hacer, y no estáis cansadas. Os mostraré algo. Venid. –Claramente más severo y sin mostrar emociones, encamina a las mujeres al taller; allí, en la pared derecha al entrar, retira una estantería de metal, a rebosar de herramientas y piezas arbitrarias-

Detrás de toda aquella mole de metal se encontraba una endeble puerta de madera a la que se le nota la edad.

-Una… ¿Puerta? –Pregunta Yami- ¿Justo en un muro donde sabemos que no hay nada detrás?

Sin más palabras, Jak abrió la puerta y lanzó a Yami al interior de lo que fuera que hubiera. Kai, temerosa de que fuera una sólida pared, miró con rapidez y vio un blanco tapiz; pero la pared es marrón.

-¿Qué es esto? –Dice Kai, curiosa y algo nerviosa por el susto-

-¡Eso no se le hace a una dama! –Sale la cabeza de Yami de entre esa luz-

-Es mi biblioteca. Mi maestro me la legó una vez creyó que estaba listo. Aquí podréis pasar el tiempo. Usa una extraña magia, así que no se debe usar el Taok dentro, eso es lo que me dijo. Y como destrocéis algún libro… -Aprieta su puño derecho, mostrándolo a todos, con tanta fuerza que su metal se quiebra y chirría- ¿Entendido? –Una forzada sonrisa muestra la amenaza implícita-

Con la afirmación de ambas, Kai entró y Yami la dejó pasar. Sabiendo que lo más seguro es que la usuaria de oscuridad le siguiera, él cerró la puerta y recolocó la estantería.

-¿Ha sido buena idea? Creo que esas chicas no se llevarán nada bien. –Habla Shizen-

-El tiempo corre diferente en la biblioteca. No pasará mucho hasta que vuelva, y para ese tiempo habrán hablado hasta que, por lo menos, se entiendan lo suficiente como para no odiarse.

-Espero que esto no estropee tu promesa con ella.

-¿Tú nunca duermes? –Parece molesto por su comentario, pero también algo vergonzoso-

 

***

 

Al tiempo que Yami y Kai empezaron a hablar, una extraña figura estaba frente a la herrería de la joven Naomi. Alguien cubierto por telas raídas de la cabeza hasta los pies.

De entre esas ropas saca dos grandes cuchillos y observa por la ventana, tan solo estaba la joven sentada en el mostrador.

-Supongo que así será más fácil. -Dice el hombre, relamiéndose-

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