Vois Fachnir – Capítulo V – EXTRAÑAS EPOPEYAS

Modo noche

EXTRAÑAS EPOPEYAS…

 

El grifo de los Matadragones surcó el aire muy cerca de entre los oscuros árboles, yendo poco a poco hacia un claro donde Royko estaba a punto de hacerlo aterrizar.

El pequeño claro no se extendía más allá de los diez metros, donde la tenue luz de la luna iluminaba el suelo, dejando ver algunas pequeñas rocas salientes así como también pequeños charcos de agua cristalina. Royko asió las riendas del grifo, provocando que este se detuviese de una manera bastante brusca por encima del claro mientras emitía algunos fuertes graznidos. El ave batió las alas en la dirección contraria, deteniéndose al tiempo que descendía hacia el iluminado claro.

Cuando las zarpas de la enorme ave aterrizaron en el suelo de césped, uno a uno los Matadragones fueron bajando de su emplumado lomo. El último en bajar fue Royko, quien no soltaba las riendas del grifo por miedo a que se escapase.

Para suerte de Royko, el grifo no parecía zarandearse de un lado a otro con el propósito de escaparse; más bien comenzó a caminar por el claro lentamente, guiando al Matadragones hacia un lugar oscuro entre los árboles, donde allí se recostó y se cubrió con sus enormes alas. El Matadragones supuso que lo único que quería era un lugar para dormir. Por lo que, con cierto nerviosismo, soltó las riendas de la enorme ave, para luego volverse sobre sus pasos hacia el claro donde se encontraban sus compañeros. Royko llegó a oír algunos murmullos a sus espaldas, y no pudo evitar volverse sólo para encontrarse a la sombra del grifo recostado y cubierto con su enorme ala.

En el claro, Royko divisó a sus compañeros rodeando un pequeño montículo de madera que al parecer habían reunido Mildran y Milidrag. Su capitana, Viria, se acuclilló más o menos cerca del montículo. Su capitana tomó una de las varillas del montículo de madera, haciendo chocar una de sus puntas contra el montículo de madera. Con ayuda de su aura rodeando sus brazos, Viria comenzó a girar la varilla con mucha velocidad, causando una fuerte fricción entre la varilla y el montículo de madera. Para cuando Royko había llegado, las primeras chispas brotaron de la rápida fricción que hacía Viria. Y unas pocas de aquellas chispas comenzaron a quemar el resto del montículo de madera, y así, , empezó a resurgir las primeras llamas de fuego.

Royko se sentó con lentitud a dos metros de la improvisada fogata. Se llevó el zurrón hacia un lado, donde lo colocó con cuidado en el suelo. Al girar su cabeza, vio que sus compañeros miraban con cierto desgano el centro incandescente de las llamas.

Viria soltó la varilla e inclinó su cuerpo hacia atrás, llevándose los brazos hacia atrás y apoyando ambas manos contra el suelo.

—Esto es sinceramente increíble… —espetó Mildran, con su torso inclinado hacia adelante y mirando las llamas de la fogata— Increíble que una misión nos haya puesto en esta situación —A medida que hablaba, Viria podía notar una cierta ira y desgano en su tono de voz—. Oye, capitana, ¿sabes a dónde iremos ahora?

En ese momento, Viria se llevó las manos hacia la cabeza, tomando su yelmo y sacándolo con cuidado de su cabeza, para luego colocarlo con cuidado en el suelo, al lado suyo.

—Mildran, ¿me creerías si te respondiera que no sé a dónde irnos? —dijo Viria, volviendo su cabeza hacia su compañero.

La frase de Viria causo que el silencio se volviese a tornar en el ambiente.

Royko también se había quitado su yelmo, y estuvo a punto de sacar los rollos que tenía en su zurrón. Pero su instinto le impidió hacerlo, y su pensamiento le obligó a que esperase un poco más.

—¿Entonces a dónde vamos? —preguntó Mildran. Esta vez, su tono de desgano se hizo notar todavía más ante el grupo.

—Nadie lo sabe, Mildran —respondió Viria con cierta manera brusca—. A pesar de que los soldados de Lorigan se han marchado, mañana en la mañana comenzaran a cazarnos. Y si Lorigan le notifica a las demás ciudades-estados que conforman Vois Fachnir sobre el atentado, entonces estaremos en grave peligro.

—¡Pero ellos no saben cuál es nuestra apariencia! —exclamó Mildran— Lo único que saben es que usamos aura, y nada más. Además, no creo que los Paladines de Lorick y los Caballeros de Lorigan se atrevan a decirles que en realidad fuimos nosotros.

—Hay posibilidades, Mildran, de que ellos comiencen a sospechar de sus soldados —explicó Viria—. Y si eso pasa, ellos les obligaran a hablar. Y sus guardianes son muy leales a ellos, y creería que ni siquiera ellos confiaban en nosotros con respecto a esta misión. Por lo que en cualquier momento sabrán que somos Matadragones, y no dudaran en buscarnos por toda la Legión.

Luego de terminar de hablar, Mildran no volvió a abrir la boca para quejarse. Tenía razón, y eso no podía reprochárselo. Al igual que ella, Mildran se quitó su yelmo, colocándolo al lado suyo, encima del saliente de roca donde se encontraba sentado.

—Y si la Legión sabe que nosotros estamos siendo buscados por un reino entero, ¿entonces no nos querrán de nuevo? —preguntó Milidrag de súbito.

Ante aquella pregunta, Viria puso una mueca de lamento que ocultó agachando la cabeza.

—De eso no hay duda, Milidrag —respondió Viria con voz queda—. Si algún otro grupo nos ve, no dudará en alejarse de nosotros por miedo a involucrarse en nuestra injusticia. O, peor aún; podrían atacarnos y matarnos por algún tipo de recompensa que ofrecería el Rey.

—¿Entonces habrá que salir de Vois Fachnir? —preguntó Bythiana, con su arco a un lado al igual que su carcaj.

—Intentaré pensar en algo, compañeros míos —dijo Viria con tono alto para que todos la escuchasen—. Por ahora, tendremos que descansar.

Royko observó como sus compañeros se iban recostando en el suelo, siendo bañados por la tenue luz de la luna. El Matadragones estuvo a punto de hacer lo mismo, hasta que la voz de su capitana la detuvo.

—Por cierto, Royko, ¿Qué llevas en ese zurrón?

En ese momento, sus sentimientos se habían divido y la cuestión de si decirle o no sobre qué había robado en la Biblioteca privada de Lorick. Se quedó en silencio por unos momentos, aumentando más la tensión para sí mismo y el terror por el advenimiento de la misma pregunta y con un tono más brusco.

—¿E-en este zurrón? —respondió el Matadragones llevando una mano hacia el bolso de cuero.

—Yo ni siquiera recordaba que llevabas un zurrón, Royko —había dicho Mildran de súbito, sorprendiendo a Royko—. ¿De dónde lo sacaste?

La presión dentro de Royko cada vez se incrementada dentro suyo. ¿Qué pensarían de él si les decía que le robo a Lorick, y que quizás ahora este esté más enojado que nunca? Las preguntas provocaron que Royko agarrase el zurrón con mucha fuerza, arrugándolo y causando cierta impresión en sus compañeros. Si no respondo, si no les muestro estos rollos, sospecharan de mí de malas maneras… Pensó.

Entonces, Royko llevó su otra mano dentro del zurrón.

—Este zurrón lo he sacado de la biblioteca privada de Lorick —respondió, mientras sacaba uno a uno los cinco rollos de papiro al igual que el libro con el que había comenzado a escribir—. Y estos son rollos que los he sacado de la misma biblioteca privada.

Ahora la punzante expectación estaba sobre Royko, quien miraba las muecas de impresión de sus compañeros al ver los rollos que él había robado.

—¡Royko! —exclamó su capitana— ¡¿Por qué le robaste estos papiros al Príncipe Lorick?!

—Si le soy sincero, capitana —comenzó a decir Royko con sutileza, pero a la vez con terror—, lo he hecho por mera curiosidad.

—¡¿Por mera curiosidad?! —exclamó Mildran— ¡¿Sabes lo que has causado con este vil robo, Royko?!

Las pulsaciones de su corazón hacían temer cada vez más a Royko, al igual que la manera con la que se dirigían sus compañeros.

—Sé que lo que he hecho fue todavía terrible para nosotros —explicó Royko, todavía con su tono de tranquilidad—. Pero les podría asegurar que lo que hay dentro de estos papiros puede sernos de utilidad.

—¿Cómo qué? —preguntó Mildran— ¿Saber mitológicamente la creación de los Cuatro Panteones? ¿Saber sobre la Antinomaquia? ¿La Edad Antigua-Arcosauria? ¿O las leyendas y mitos que conciernen a los Reinos Antiguos? ¡NO ME JODAS, ROYKO!

Viria se había quedado en silencio con respecto a lo que había dicho Royko. Este notó la curiosidad en el rostro de su capitana al volver su mirada hacia ella.

—Si estás tan seguro de lo que dices, Royko —comenzó a decir, sorprendiendo de sobremanera a Mildran—, entonces habla antes de que me arrepienta.

Con aquel permiso de su capitana, Royko se sintió un poco aliviado y libre de la presión. Era cierto que no sabía si la información que había dentro de los papiros les fuera a ser útiles de verdad o no, pero el Matadragones, y quizás también sus compañeros, tenían sus esperanzas en aquellos rollos de papiros.

Royko rebuscó entre los papiros, queriendo encontrar el que había abierto primero en la biblioteca antes de escapar. Mildran se acercó hacia ellos, arrodillándose para ver con desdén los cinco papiros que Royko había robado.

Cuando Royko desenrolló el papiro donde se encontraba la figura por encima de los párrafos, la colocó desenrollada en el suelo. Su capitana, quien estaba más próxima a Royko, apoyó una de sus manos encima de la parte superior del papiro, evitando que este volviese a enrollarse. Ella, junto con los demás Matadragones (Bythiana y Milidrag incluidas), observaron con mucha curiosidad la figura que se encontraba por encima de los tres grandes párrafos que conformaba el papiro.

Viria tuvo que levantarse y colocarse frente al papiro desenrollado para ver con claridad la figura, sin alejar su mano de la parte superior donde la sostenía. La Matadragones vio lo mismo que había visto Royko en la biblioteca, sólo que esta vez, ella tenía tiempo para poder escudriñarla.

Todos los Matadragones, aposentados frente al papiro desenrollado, comenzaron a leer los tres enormes párrafos luego de inspeccionar la figura. Había un título por encima del primer párrafo, el mismo que había leído Royko en la casilla donde había sacado los rollos:

 

  Dios Lodrico desconocido

 

 

Más abajo del título, los Matadragones comenzaron a leer el primer párrafo:

 

Los hijos de Masshiaj, al igual que el propio Masshiaj, vivían regidos por un propósito
que los definía, y hacía que nosotros, los mortales, los amasemos.
O sino miren a Lyribaea, hija de la humana Berocea y nuestra Diosa Lodrica,
quien cumplió el propósito de apaciguar nuestro trauma de la gran guerra
que tanto ha asolado nuestra madre Theran, y que aún hoy en día es adorada por muchos.
Miren a Taccociran, hijo de la humana Taccoran, quien fue un semidios antiguo
adorado por muchos guerreros por su gran valía en la guerra y por las grandes hazañas
que hizo en su aventura luego de la Revolución del pueblo de los Jaza Manuinu contra
el penúltimo tirano de Shindamo;
una rebelión que hizo caer el equilibrio de poder en el mundo en Oriente Lejano.
Puede que me esté olvidando de otros hijos de Masshiaj igual de importantes, pero
mi tiempo es valioso, y no quiero deshonrar a mi dios y a todos los que le fuimos leal.
Si alguien llega a encontrar este rollo, y está leyendo ahora mismo estás líneas, déjeme
decirle que a mi padre, Jezren, lo han callado los mismos mensajeros de Thalzius por no
hablar de este tema. Por eso lo sigo considerando un cobarde, pues un fiel sirviente siempre
tiene que morir honrando a su amo. Y en las próximas palabras le demostrare a Masshiaj, a los Dioses
Lodricos, al resto de los Panteones y al universo entero mi más fuerte lealtad.

 

  Ahí había terminado el primer párrafo.

Los Matadragones intercambiaron miradas de confusión y curiosidad.

—Dime, Royko, ¿acaso esto nos ayuda en algo para guiarnos hacia un lugar seguro? —dijo Mildran con brusquedad— Porque para serte sincero yo no encuentro ninguna guía…

—Mildran, te ordeno que sigas leyendo el papiro —espetó Viria con tal tono que atemorizo de cierta manera a su compañero, obligándole a volverse de nuevo a leer el segundo párrafo.

 

 

Voy a romper una lanza en contra de mi antepasado Saitras, y de todo el linaje en el que
hago parte… Aunque no lo crean, luego de la Guerra Draco-Divina culminase, Masshiaj tuvo
un hijo primerizo con una reina Paeristina, la cual fue antecesora de la esposa del último
emperador Shinebico. Por alguna razón, el hijo primerizo de Masshiaj no podía ser concebido
por una mortal; por lo que la mujer murió. Eso puede explicar el por qué Lodrich concibió a
Masshiaj con parte de su ser. Ahora mismo la adrenalina me recorre por las venas con cada palabra  que escribo, pero no importa, pues sé que quien vaya a leer esto, caerá en tentación. Volviendo a lo
del hijo primerizo, aquel desconocido hijo del que estoy hablando había sido leal a su padre,
y este le recompenso con la lanza-espada que usted, lector, está viendo con la representación
gráfica que he hecho. El hijo primerizo le fue dado también el poder de gran parte del mundo,
así como también el objetivo de cazar a toda la descendencia de los Dioses Dragones.
Y, antes de su exilió, aún se le recuerda por su más grande creación: La Orden de la Legión de Matadragones.

 

La última frase había detenido la lectura a los Matadragones.

—Espera, ¿qué? —había dicho Milidrag con tono sorprendido— ¿Qué ese supuesto hijo primerizo de Masshiaj fue quien creo a la Legión?

—¿No se supone que fueron los guerreros avúrina Remilius y Aválin? —preguntó Bythiana, tan desorientada como Milidrag.

—De hecho… Puede tener cierto sentido —había dicho Royko, llamando la atención de ambas Matadragones—. Pero, un momento, ¿no han notado que la descripción que nos da este descendiente de Saitras sobre el hijo primerizo de Masshiaj coincide con las descripciones de los escasos manuscritos en el Templo del Matadragón?

—Royko tiene razón, compañeras —corroboró Viria—. Tiene demasiadas coincidencias… A no ser que…

—¿Que ese supuesto hijo primerizo de Masshiaj sea nuestro Dios Lodrico al que tanto la Legión alaba? —terminó Mildran con la pregunta.
Con aquella pregunta, otra sensación se había unido en el ambiente de los Matadragones; la tensión. La cual les hacía leer el siguiente párrafo con cierta dificultad.

 

Si notan la prisa con la que escribo, es porque todos los que fuimos leales al hijo de Masshiaj
estamos siendo perseguidos por la orden divina del mismo Masshiaj por la traición del mismo.
Nuestro dios nos ha abandonado en la miseria, y ahora los Cuatro Panteones nos están buscando
sin descanso. Pero, ¿a qué se debe aquella traición de su hijo al padre? Aún no lo sabemos a ciencia
cierta. Sólo podemos especular su extraña actitud desde que había visto aquella profecía sobre los
Dragones y una supuesta guerra divina. Ahora mismo, han pasado casi dos años desde que el hijo
de Masshiaj se exilió por cuenta propia. Y con él, uno de sus caballerizos más leales, Espardan, se
ha ido en su búsqueda por las tierras más aisladas de Theran. Desde aquel entonces, el caballerizo nos
ha estado dando supuestas indicaciones sobre donde pudo haberse asentado su maestro: esta
será la última vez que hable sobre este tema, antes de que desaparecer de la vista de los dioses.
Si encuentran mis otros rollos, allí encontraran toda la información que Espardan me dio sobre
la ubicación de nuestro dios.
Y si es algún Matadragón de la Legión, que se ha interesado en lo que he hablado, espero
que siga los mismos pasos que Espardan dio para encontrar a su maestro.

-Nigor. Año 956 D.D

 

  Allí había terminado el primer rollo.

 

Los cinco Matadragones se habían quedado perplejos ante el último párrafo. Todos ellos volvieron sus vistas hacia los rollos restantes.

—Esto ya no debe de ser mera coincidencia… —había dicho Viria, quien miraba hacia el rollo que tenía en sus manos, y luego a los que faltaban— ¡Milidrag, Bythiana, traigan los tres rollos restantes!

Atendiendo a las órdenes de su capitana, las Matadragones se abalanzaron hacia los tres rollos de papiros, como si de esclavos nerviosos se tratasen. Ambas tomaron los cuatro rollos y lo trajeron hacia la posición donde se encontraba Viria, depositándolos con cuidado en el suelo, a tres metros del que Royko y Viria tenían desenrollado. Milidrag tomó uno de los rollos de papiro y lo desenrolló, colocándolo verticalmente en el suelo y desde la perspectiva de Viria y Royko. A primera vista Viria y Royko vieron un mapeado que no supieron identificar. Y después de escudriñarlo, Royko descubrió que estaba mal posicionado.

—Milidrag, colócalo horizontalmente —dijo.

La Matadragones hizo caso al consejo de su compañero, volviendo sus manos en media vuelta sobre el suelo, colocando así el desenrollado papiro en forma horizontal. Y dejando a todos los Matadragones que, aquel mapeado, era el alargado e inclinado supercontinente de Novapolis.

—¿Novapolis? —preguntó Mildran antes de comenzar a analizar el mapa.

El mapa tenía marcado los puntos cardinales, así como también marcaba las fronteras y los nombres de los países que los habitaban: Nois Esternesse, Vois Fachnir, Vainr Dal, Nossebur al sur de Vainr Dal, Valhurst al noreste de Vainr y Shindamo en el Oriente Lejano, separado de los demás estados por una extensísima región llana o montañosa que marcaban sus diferentes nombres. Estas regiones estaban dominadas por tribus bárbaras. El mapa también marcaba las diferentes ciudades que conformaban cada país. Entre los diferentes países, los Matadragones divisaron una línea que partían desde Vois Fachnir, desplazándose poco a poco hacia el noreste, pasando por Vainr Dal y llegando hasta una ciudad fronteriza de Valhurst, donde la línea cambiaba de dirección hacia arriba. Allí, la línea terminaba en una serie de puntos que los Matadragones supusieron que era una serie de islas.

—¿Eh? ¿Y esta línea? —volvió a preguntar Mildran— ¿Será esto la información de ese tal Espardan de donde se puede encontrar el hijo primerizo de Masshiaj?

Mientras tanto, Bythiana se volvía para tomar otro de los rollos. Lo desenrolló, y antes de colocarlo en el suelo, lo inspeccionó. Su vista descubrió que era otro mapeado, por lo que, sin dudarlo dos veces, lo colocó sobre el suelo horizontalmente y por encima del que tenía Milidrag.

Cuando los Matadragones volvieron sus vistas hacia el rollo que Bythiana colocó en el suelo, supieron casi al instante que el mapa que se encontraba allí era el mismo que tenía Milidrag. Sólo que este hacía un acercamiento hacia Novapolis, más concretamente hacia la línea que partía del mismo punto de Vois Fachnir hasta el noreste de Valhurst. En aquel mapa, los Matadragones pudieron distinguir con más claridad por los lugares donde la línea llegaba a atravesar; pasando por ciudades hasta por la selva amazónica, e incluso hasta por enormes lagos, mares y ríos que tenía Novapolis.

Viria se había quedado boquiabierta por los rollos que Royko había robado. Y cada vez que estaba a punto de pensar algo con respecto a ellos, sus pensamientos siempre se quedaban a medias.

—¡Mildran! —exclamó— Tú ve a por el último rollo.

El Matadragones, sorprendido por la orden, se dirigió hacia el último rollo. Lo tomó sin ningún problema y lo desenrolló, encontrándose con una serie de párrafos. Mildran ni se molestó en leerlo, pues con las impresiones que se estaba llevando en aquel momento eran incluso ya de parecer una broma. Se volvió sobre sus pasos, y se dirigió hacia su grupo. Allí colocó el desenrollado rollo en el suelo, al otro lado donde las Matadragones habían colocado los suyos. Viria y Royko volvieron sus vistas hacia el papiro, encontrándose con los párrafos que conformaban su superficie.

En la parte superior del primer párrafo, se podía ver otro título que rezaba la siguiente frase:

 

  El camino del exilio

 

 

El título había dejado algo confusos a los Matadragones. Pero aun así, los Asesinos de Dracos comenzaron a leer el primer corto párrafo:

 

Aquellos que son leales a nuestro dios, hijo primerizo de Masshiaj y exiliado por traición, les
mando este rollo como una guía del camino que he recorrido para encontrar a nuestro maestro.
Y si bien vaya a perecer, pues espero que alguno de nosotros siga los mismos pasos que he
recorrido, pues he sentido la cercanía en la que he estado a punto de encontrarlo.
Si ven que el camino que he recorrido comienza desde el estado de Vilidran, mi ciudad natal de
Vois Fachnir, es porque he escapado de las zarpas de la divinidad de Masshiaj. Ahora mismo sé
como están operando los Representantes Airegumi y las Cazadoras Titebicas para atraparme, por
lo que la ruta que iré marcando será la ruta más segura por la cual, si algún osado se atreve a hacer
lo mismo que yo, podrán ir.

 

—Un momento —había dicho Mildran de súbito, sorprendiendo a Bythiana y a Milidrag—. Si se supone que esta información fue dada por el mismo… —el Matadragones ojeó primer rollo que habían leído, asegurándose el nombre de la persona quien lo había escrito— Nigor, en el año 956 después de los dragones, ¿eso no quiere decir que la ruta ya no sigue vigente?         Porque ya ha pasado bastante tiempo desde que aquel hijo primerizo (que se supone es nuestra misma deidad) ha traicionado a su padre y perseguido este último a todos sus leales.

Los ojos de Viria se ensancharon un poco de la impresión por la rapidez que Mildran había atrapado aquel dato escondido.

—Tienes razón, Mildran —dijo—. Puede que esta ruta ya no nos sirva. Pero lo que de verdad es importante es el punto de llegada. El recorrido podemos hacerlo como sea, pero ahora mismo, lo que más importancia debe de darnos ahora es salir de Meneliada, y por ende, de Vois Fachnir.

—¿Pero podremos salir tan rápido? —preguntó Royko. Viria y Mildran volvieron sus miradas hacia él— Quiero decir, nos tomaría días salir de Vois Fachnir, pues Meneliada se encuentra casi en el centro del país —en ese momento, Royko se llevó una mano al rollo donde se encontraba el mapa minimizado. Extendió su dedo índice, precipitándolo hacia las costeras del norte del país—. Incluso si nos decantásemos por ir hacia el gran puerto que tiene Cartagoras, tendríamos que pasar por otras ciudades como Acria y Miysall. Hasta este punto, no creo que sepamos a ciencia cierta si el rey ya haya notificado a las otras ciudades-estado sobre el atentado. ¡Por nuestro Dios, ni siquiera sabemos si los paladines le dijeron al rey que fuimos nosotros los Matadragones!

Otra vez, Viria noto la razón en las palabras de su compañero. El problema ahora venía de que sus pensamientos estaban siendo desorbitados por el sueño que comenzaba a asaltarla lentamente dentro suya, así como la fatiga de haber peleado contra las Gárgolas y escapado del castillo. La capitana suspiro, recostándose en el suelo.

—¿Capitana? —preguntó Milidrag con voz queda.

—Royko tiene razón también —dijo, llevándose las manos hacia la nuca—. Al parecer con su explicación tendremos que desertar de la de Mildran; la ruta de ese Espardan es la más segura. Por lo que mañana en la mañana partiremos más allá del este.

—¿Hacia Atrina? —preguntó Milidrag, inspeccionado de nuevo el rollo mapeado.

—Sí. Ahora descansen, que estamos demasiado cansados.

Mildran y Bythiana se fueron a recostar en el suelo a descansar. Mientras que Milidrag ayudaba a Royko a enrollar, recoger y meter todos los rollos de papiros de vuelta en su zurrón. Luego, Milidrag se recostó en el suelo también, dejando a Royko como el último Matadragón en quedarse despierto.

 

 

Tres minutos han pasado, y Royko observaba a todos sus compañeros sumidos en el sueño, recostados en el suelo. En ese momento, la tentación de tomar el libro que había comenzado a escribir le volvió a nacer dentro suyo. Pero, antes de poder sacarlo del zurrón, el Matadragones le había llegado un repentino pensamiento.

¡El grifo! Exclamó su mente de la sorpresa, provocando que volviese su cuerpo bruscamente. Ubicó los ojos en la oscuridad más remota, y entre ella, su vista pudo divisar la figura del enorme ave recostada en el suelo, y cubriéndose con su ala. Royko suspiró del alivio, sacando entonces el libro y tomando la varilla en el aire.

En aquel momento, el Matadragones había escrito toda la página entera de la primera hoja antes de que los grifos los atacasen. En él, Royko había descrito a sus compañeros y a él mismo. Pero, hasta ese punto, todavía se seguía preguntando el por qué hacía esto. ¿Será porque lo hace para dejar el estrés de los malos recuerdos de su pasado? Era lo más probable. Pero eso era un problema a parte del que Royko no se preocupaba en aquel momento.

El Matadragones entonces tomó la delicada hoja, y la paso, dejando al descubierto otra hoja en blanco. De pronto, Royko había oído un bajo sonido viniendo del libro. Al bajar sus ojos, el Matadragones descubrió que la hoja que había pasado se había desprendido un poco del libro. En ese momento, el Matadragones sintió un miedo punzante. Y no fue hasta que el viento (que en aquel momento había comenzado a surcar los aires a grandes velocidades y que le daba un aliviador frio al grupo) silbó en el aire, desprendiendo todavía más la hoja hasta el punto de soltarla del libro. La hoja empezó a volar en el aire, alejándose poco a poco de Royko y provocando que este se levantase de la sorpresa. El Matadragones estuvo a punto de perseguir la hoja con su aura (sin importarle que despertase a sus compañeros), pero la hoja ya había desaparecido en la oscuridad.

No… Pensó, decepcionado, con su brazo extendido hacia adelante y su mano abierta. El Matadragones volvió a sentarse de nuevo, esta vez cabizbajo. Volvió a tomar su libro, y ahora agarró la vara. Acercó la punta de la vara hacia la superficie de la hoja en blanco, y comenzó a escribir:

 

Día 1
Ahora mismo mis compañeros y yo nos encontramos lejos del castillo, y de la ciudad. Nosotros, como Matadragones, estábamos en el castillo del rey Lorigan con una misión que se nos había solicitado por los paladines: la cual era matar a unas Gárgolas que asechaban noche tras noche la Biblioteca de Lorick, el hijo del rey.
No fue fácil enfrentarse a esas bestias. Más por el hecho de que estas Gárgolas eran de piedra, y se reconstruían cada vez que las destruíamos. En nuestra batalla, al parecer mis compañeros habían divisado un punto en el cielo. Y mi compañero Mildran ordenó a Bythiana que le disparase a aquel punto. En aquel momento nosotros nos encontrábamos en el segundo piso, y en ese momento me había dado cuenta de que había dejado este libro en el lugar donde la Gárgola de piedra comenzaba a adentrarse. La sorpresa, así como el miedo, me atraparon, causando que mi cuerpo se abalanzara hacia la Gárgola para que evitase la destrucción del libro. De repente, oí como Bythiana disparaba su poderoso arco. Y de pronto, las Gárgolas habían caído desprevenidas al suelo en mil pedazos. Aún no sabemos la explicación de aquella situación. Pero después de eso, los Paladines de Lorick habían llegado a la biblioteca.
En ese momento, no sólo yo, sino mis compañeros también estaban completamente atemorizados por ver no sólo a los paladines, sino al mismísimo Príncipe Lorick con el consejero de su padre. En aquel momento, nuestra capitana había descubierto un pasadizo que nos había llevado hacia una especie de biblioteca privada. Mis compañeros comenzaron a buscar algún lugar por donde escapar. Y yo también lo hice, pero entonces me había dado cuenta que no podía tener el libro en mis manos todo el tiempo. Por lo que comencé a buscar un zurrón entre las casillas.
Había encontrado uno, y me sentí muy feliz por eso. Pero al mismo tiempo sentí miedo al escuchar como los Paladines de Lorick intentaban empujar las dobles puertas que habíamos bloqueado. Cuando había sacado el zurrón, un rollo que se encontraba allí se abrió. Y lo que había visto allí me había llamado por completo mi atención.
La tentación pudo conmigo, y entonces me había llevado conmigo los cinco rollos que se encontraban en la casilla.
Al inspeccionarlos, mis compañeros y yo nos dimos cuenta que era unos rollos escritos por un tal Nigor, que al parecer fue descendiente de Saitras. En esos rollo, Nigor nos contaba sobre un hijo primerizo de Masshiaj, lo que había hecho este y de cómo traiciona a su padre. Pronto nos dimos cuenta que la descripción que Nigor nos da con respecto a ese hijo primerizo, coincidía demasiado con las que teníamos con respecto a nuestro Dios que alabamos en toda la Legión. En los otros rollos habían mapeados, los cuales una línea guiaba nuestras miradas por Novapolis, desde Vois Fachnir hasta Valhurst.
Ahora mismo debemos de estar siendo perseguidos por todo el ejército de Lorigan, por lo que mañana comenzaremos ese viaje yendo hasta Atrina.

 

Mientras escribía, el sueño comenzaba a sumir al Matadragones a cerrar los ojos. Y cuando había parado de escribir (dejando un tercio de la página en blanco), un fuerte bostezo de cinco segundos le obligo a estirarse. Sentía todo su cuerpo fatigado, y cada vez estaba más cerca de cerrar sus ojos para dormir. Por lo que tomó el libro, y lo metió de nuevo en el zurrón, acercando al mismo tiempo a este hacia su lado. El Matadragones rodeó el zurrón con su brazo, quedando bocarriba, donde su vista miraba de nuevo el titánico cielo estrellado.

Como en casi todas las noches, Royko, siempre antes de dormir, siente una extraña nostalgia, seguido de visiones del pasado que vendrían cuando este ya se encontrase dormido. El Matadragones cerró los ojos, y poco a poco, sentía como iba perdiendo la conciencia. Pronto llegarían las visiones.

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