Alma rota - Capitulo 11: La biblioteca magica.
Mientras caminaban por la biblioteca, llegaron a una parte profunda de esta, en ese lugar, había unas escaleras de piedra que al parecer llevaban hacia abajo.
Margo no dudo al bajar por las escaleras, mientras que Chris lo pensó un poco antes de hacerlo también.
Luego de bajar al sótano, ya no había libros a su alrededor, solo estantes llenos de botellas de vidrio con diferentes cosas, Chris no quería saber lo que había dentro.
Margo siguió caminando más profundo todavía. Pronto, los estantes con botellas de vidrio dejaron de aparecer, y en su lugar, aparecieron estantes llenos de armas.
Había arcos, ballestas, cuchillos, espadas, lanzas. Prácticamente toda clase de armas se podían encontrar en este lugar. Mirando alrededor, Chris encontró una daga, con una serie de grabados en ella, parecía ser muy mística.
–Esto es para ti– Alejando la atención de Chris sobre la daga, Margo había puesto una caja de madera en sus manos, antes de volver a caminar como si estuviera buscando algo.
Mirando la caja en sus manos, Chris tuvo mucha curiosidad sobre lo que había dentro.
Luego de abrirla, Chris se sorprendió al encontrar un gran revolver adentro, mirándolo más de cerca, parecía ser una Magnum algo antigua. Junto a la Magnum había unas quince balas, con símbolos gravados alrededor.
–¿Que…para qué es esto?–Pregunto Chris algo confundido.
–Es un arma mágica–Le respondió Margot mientras seguía buscando algo por ahí.
¡Arma mágica! escucharla hizo que Chris pensara que le estaban tomando el pelo. Había escuchado acerca de magos y armas encantadas, como espadas y arcos. Pero algo así como una pistola, nunca había escuchado algo de eso.
–Estas cosas deben de ser muy comunes para ti, verdad? Digo, claro, así es como debe ser. Eres una bruja después de todo–Dijo Chris, tratando de darle sentido a todo.
–En primer lugar, no soy una bruja, soy una maga–Margot le dirigió una mirada de disgusto a Chris mientras hablaba –En segundo lugar, estás armas no son muy comunes como tú piensas, la verdad es que solo hay dos armas de fuego mágicas en el mundo–
Mirando la Magnum en su mano, Chris sintió lo increíble que era, pero aún más sorprendido estaba de que Margo se la había dado.
–Si es tan importante, por qué se la estás dando a alguien como yo?– Chris le pregunto, estando algo consternado.
–Chris, pensé que eso ya había quedado claro, es por qué confío en ti, lo entiendes?– Margot dijo cada palabra con seriedad en su rostro.
Chris no pudo evitar sentirse conmovido nuevamente por su voto de confianza. Dió una respiración profunda antes de decir. –Te prometo que no te voy a decepcionar, desde ahora te ayudaré en todo lo que me pidas–
Margot asintió con una sonrisa, él era un buen chico, solo necesitaba que alguien confiara en él para demostrarlo.
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–¡Excelente! ¡Ella es un genio, simplemente un genio! A pasado mucho tiempo desde la última vez que vimos a una joven tan talentosa–Los maestros de la academia no dejaban de alabar a Margo por su increíble aptitud.
Luego de hacer la prueba, se descubrió el hecho de que Margo era una maga, la más increíble de todas las profesiones.
En la magia, existían tres profesiones principales. Estaban las brujas, quienes generalmente hacían conjuros y maldiciones. Los hechiceros, quienes eran expertos en hechizos y encantamientos.
Por último, estaban los magos, la diferencia entre ellos y los demás era innata. Los magos nacieron con la capacidad de controlar la magia como una extensión de su cuerpo.
En lo que tarda un hechicero o una bruja en lanzar un hechizo, un mago ya habría lanzado decenas de ellos. El motivo era simple, los magos no necesitaban preparar un hechizo antes de lanzarlo, solo necesitaban imaginarlo.
Esa era la razón por la que los magos eran venerados…
Pero esa no era la única razón por la que los profesores estaban tan entusiasmados con ella, La verdadera razón, era que había demostrado tener talento para las formaciones mágicas.
Había que saber que solo habían tres maestros capaces de hacer formaciones mágicas y solo algunas simples, mientras que las más complicadas tardaban horas en hacerse. Lo más importante es que dos eran ancianos, mientras que uno era un hombre de mediana edad.
Aprendiendo con él, el conocimiento de Margo sobre las formaciones mágicas alcanzó rápidamente el nivel del profesor. En pocos meses, el ya no tenía nada que enseñarle.
Los dos ancianos escucharon sobre esto, y decidieron tomarla como su alumna.
Al ser la estudiante preferida de todos los maestros, Margo atrajo envidia de los demás. En particular de una bruja adolescente dos años mayor que ella.
El nombre de esa bruja era Aurora…
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Axel estaba maravillado por lo que sucedía. Nunca en su vida había montado a caballo, De pequeño les pedía a sus padres un caballo para sus cumpleaños, aunque siempre se quedaba con las ganas.
Pero ahora, sorprendentemente, estaba montando a un ciervo mientras cruzaban el pueblo.
El aire pasando por sus mejillas, la sensación de vértigo al desplazarse a tan alta velocidad. Todo esto era simplemente increíble, por un momento solo quiso disfrutar del paseo.
–Ya puedes soltarme–La voz de Yenna lo despertó de su ensoñación.
–¿Ya llegamos?–Solo ahora Axel notó que había estado abrazando a Yenna todo este tiempo.
–Sí, ya llegamos, ahora bájate–Habiendo dicho eso, el ciervo se agachó para que ambos pudieran bajarse.
Al mirar a su alrededor, Axel notó que estaban frente a la biblioteca. El ciervo, luego de levantarse, comenzó a alejarse del lugar, sin mirar atrás.
Axel se quedó mirándolo hasta que desapareció en la distancia, solo entonces notó que Yenna había caminado hacia la biblioteca. Corriendo para alcanzarla, dijo.
–¿Y ahora, que vamos a hacer?–
–Vamos a conocer a una vieja amiga–Dijo la pequeña, la forma en que hablaba parecía ser muy extraña.
Cuando los niños entraron por el pórtico de la biblioteca, se toparon con un par de personas que los esperaban poco más adentro.
–Vaya, mira que tenemos aquí, pero si es mi maga preferida– La pequeña Yenna, al ver a Margo, no pudo evitar decir llena de sarcasmo.
Había una mirada sería en el rostro de Margo al mirar a la niña, cayó por unos momentos antes de decir.
–Aurora–