Dueños del Arcoíris - El poder del bosque.
Capítulo 4: El poder del bosque.
Apenas decorado en la tapa por una espada, el libro rojo era, sin dudas, el más imponente de todos. Y posiblemente el más genérico también. Por lo que Flor le había anticipado esa tarde, casi el cincuenta y tres por ciento de los iniciados eligen este tomo, aunque posteriormente, un porcentaje significativo de estos, renuncia a sus conocimientos para indagar en otros volúmenes:
– Quizás al principio es el menos llamativo de todos. Los primeros tomos están llenos de entrenamiento físico y mental. Se tocan las artes mágicas, pero muy por encima si lo comparamos con el «Manual de magos» -dijo Flor refiriéndose al libro azul- pero también es mucho más fácil de entender que el manual de magia. Y ni hablar de «Los secretos del brujo», -mirando el libro negro- son textos considerablemente complejos, nada recomendables para un recién iniciado.
– Entonces, ¿»La fe del guerrero» es más simple que el resto? -preguntó Emi.
– Sí y no. No hay textos más simples que otros, verdaderamente son todos muy complicados de comprender. Pero estos libros poseen algunas propiedades únicas que aún no te comenté. Creo que es buen momento para hacerlo
La joven tomó un poco de aire, se sentó al lado del chico, y abrió el volumen rojo en la segunda página.
– Esto de aquí, es un juramento. Todos los libros vírgenes, como éste, tienen uno. Si el juramento es pronunciado en voz alta, genera un lazo entre el emisor y el volumen al que se le haya rendido lealtad. El lazo es lo que permite al lector comenzar a leerlo, de otra forma, puede leerse, pero no recordarías nada -alzó el tomo grisáceo y sonriendo le preguntó a su amigo- Por ejemplo, ¿Qué habilidad leíste en «La sombra del asesino»?
Curiosamente, Emi no recordaba en absoluto haber leído nada de ese libro. En sus recuerdos, todas las hojas están en blanco. Soltó una risita suave y bajó la mirada.
– Interesante. Por no decir aterrador. No recuerdo haber visto ni una sola letra ahí.
– Leíste «la marca de la muerte». De ahora en más podrás recordar eso ya que lo sabes por una fuente externa al escrito en sí. Los recuerdos se quitan una vez que dejes de leer la página -le comentó al pasar la guerrera- quizás algún día esa información te sea de utilidad.
– Pero entonces -objetó su compañero- hay algo que no me está quedando claro ¿No podría un asesino explicarme lo que dice su clase? Al fin y al cabo, lo estaría aprendiendo por una fuente externa.
– Podría, pero hasta cierto punto, hasta un muy vago punto de hecho. Una vez que el aprendizaje involucre utilizar una técnica tanto mental, mágica, o simplemente para entrenar propia de ese libro, se te olvidaría de manera casi instantánea. Apenas recordarías para que sirve dicha habilidad, pero nada más que eso -contestó Flor levantando sus hombros- lo sé, es frustrante.
– Tampoco esta tan mal, puede llegar incluso a ser más divertido así.
– ¿Divertido? No le veo la gracia a que un ninja asesino se oculte tras una cortina de humo dispuesto a degollarte y tú no tengas idea qué esta haciendo -dijo mirando con cierta indignación a Emi.
– Pero supongo que todas las clases tienen herramientas para atacar y defenderse. Te vi atrayendo flechas con tus manos toda la tarde.
– Sí, bueno, cada clase tiene sus trucos. Pero hay algunas algo más poderosas que otras, aunque también, más difíciles de comprender, y a eso quería llegar.
Una vez hecho el juramento, solo será visible para ti la primera hoja de todo el texto, el resto de páginas estarán en blanco. Solo podrás ver la segunda cuando hayas entendido la primera, y así sucesivamente. El escrito mismo juzgará que porcentaje de entendimiento lograste en cada una y dejará ver la siguiente cuando este satisfecho -y rascándose la cabeza entonó tímidamente- espero que me hayas entendido.
Emi rió y agarró el libro verde.
– Claro que te entendí ¿Pero ¿cuáles son los porcentajes de cada uno?
– Bueno, pueden ir variando -prosiguió Flor pensativa- algunos tomos exigen más entendimiento que otros, incluso en la misma clase. A esos tomos se les suele llamar «volúmenes filtro». Muchas veces son el umbral de entrada a una serie de habilidades un escalón por encima de las que venías aprendiendo. Por ejemplo, el tomo tres del guerrero requiere una comprensión del 60%, cuando los dos anteriores «apenas» necesitaban un 30%. Y, de hecho, el tomo cuatro necesita un 40%, por lo que suelen variar, pero dichas de menor a mayor las clases de dificultad serían: Guerrero, asesino, druida, mago y brujo.
– ¿Podrías darme una breve reseña de cada una?
– Claro, aunque recomiendo que esta noche leas todos los libros, no recordarás que dicen, pero si recordarás la sensación que te dejó cada uno, por lo que en tu lugar me tomaría el trabajo de leer algunas páginas.
La fe del guerrero comprende todos los libros de clases y subclases para un, valga la redundancia, guerrero especializado en los ataques y entrenamiento físicos. Los tomos necesitan menos comprensión que el resto y sus subclases son muy variadas. Comprende desde un paladín protector, hasta un arquero de fuego. Pero, aunque sean muy variadas, son bastante monótonas. También, es la clase que más se «atasca» por decirlo de alguna manera, a medida que avanza cada módulo, vas aprendiendo menos que en el anterior.
La sombra del asesino se centra mucho más en el sigilo, agilidad y manipulación psicológica. Los tomos necesitan un 5% más de comprensión, y algunas habilidades son realmente difíciles de dominar por completo, pero proporcionalmente poderosas. Tiene dos subclases muy marcadas, y ambas son igual de emocionantes. La parte negativa es que la mayoría de técnicas avanzadas de estos libros están prohibidas en torneos por atentar directamente con la vida, o integridad psicológica del adversario. Por eso se ven muchos asesinos en torneos clandestinos, donde detalles como la vida de la otra persona importa más bien poco.
El rugir del druida es el libro que todos evalúan como una posibilidad, pero al final casi nadie lo elige. Es el más sencillo de todos en sus primeros diez tomos, apenas necesita una comprensión del 10% en cada página. Sin embargo, es también el más complejo en sus tomos finales. El escrito «dragones» necesita una comprensión del 80% por ciento como mínimo, siendo una de las más altas en todos los libros. Lo cual lo vuelve una opción poco viable. Lo bueno es que, al ser la clase menos conocida, vuelve tus movimientos impredecibles. Y claro también porque todos fantaseamos con convertirnos en un águila y volar.
El manual del mago. Acá la complejidad escala bastante más que en el de los tres anteriores. Se necesita, si no me equivoco, un 50% mínimo en todos los tomos exceptuando los volúmenes filtro, que requieren hasta un 80%. Ahora bien, aunque sea muy ardua su lectura, es probablemente la más divertida y funcional de todas las clases. El abanico de posibilidades e imaginación en estos libros es realmente apasionante. En los torneos, miro embobada cada pequeño hechizo que lanzan los magos. De hecho, diría que es la clase más fuerte de todas. Pero todavía falta la última -dijo mirando con respeto al libro negro.
Los secretos del brujo son sin duda los escritos más complejos y peligrosos. Cada libro necesita una comprensión del 60% a excepción de los volúmenes filtro, pero estos no solo requieren una mayor concentración, sino que también se debe hacer un nuevo juramento a dioses oscuros. Lo sé, da miedo solo pensarlo. Conozco varios brujos, pero ninguno que haya hecho un juramento, todos los que puedo nombrar prefirieron quedarse con lo que tenían en vez de seguir incursionando. No obstante, dicen que el poder que ostentan aquellos que lo hacen, es inalcanzable.
Pero, en fin, eso sería una muy breve sinopsis de cada uno. Ahora te toca hacer tu parte y decidir cuál de estos será tu elegido. No tengas miedo de equivocarte, yo pasé por todas las clases antes de terminar decidiéndome por esta -concluyó Flor, sonriente.
– Me parece genial, realmente muy sorprendido de todo. Pero te faltó este -dijo Emi tomando el libro blanco- ¿Qué se supone que es?
– El «único», y realmente no se tiene casi información al respecto. No puedo decirte mucho más que lo que te mencioné hace una hora en el campo de entrenamiento. En las ruinas sagradas aparece descrito como uno de los papiros sagrados al igual que el resto. Lo poco que sé, es que quienes lleguen a dominar completamente más de una clase, pueden utilizarlo para «inventar» sus propias habilidades. Pero solamente dominar al máximo una clase ya es prácticamente imposible, imagínate dos.
– ¿Una misma persona puede utilizar dos clases? -preguntó ya sin entender nada el novato- ¿No era que si cambiabas olvidabas todo lo que aprendiste en la anterior?
– Sí, es así en el 99% de casos. Pero existen pocos, realmente muy pocos, prodigios que pueden dominar dos. El rey de Wintergarden, por ejemplo, es de esas rarísimas excepciones.
En este punto, Emi sentía que el pecho le iba a explotar de la emoción. No podía esperar por encerrarse en la primera habitación que encuentre y salir de ahí siendo el guerrero más poderoso que Wintergarden haya visto. Aunque bien, sabía que eso era fácil decirlo, e imposible de lograr. Pero no concebía el hecho de quedarse ahí quieto habiendo tanto que explorar.
Porque en realidad, los libros eran apenas la punta del iceberg, estaban hablando en medio de una isla mágica, con razas que hace un día pensaba que eran tan solo un mito. Estaba rodeado de leyendas, y quería conocerlas todas ¿Quién sabe lo que le deparaba el futuro? Nadie. Y tener una respuesta concreta a una pregunta que nadie podía contestar, era irónicamente perfecto.
La puerta de la cabaña se abrió bruscamente y, entre conversaciones y risas, una multitud de humanos, enanos, duendes y elfos entraron. Ordenadamente, la mayoría se acomodaron en las mesas del comedor.
– Guerrera Flor ¿Necesita ayuda con algo? -pronunció una voz angelical detrás de ambos jóvenes.
Alta. De tez muy blanca, pero no pálida. El pelo rubio casi llegando a su cintura, adornado por margaritas de muchos colores, que formaban una bella corona encima de su frente. Los ojos verdes como las hojas de los árboles torcidos, y una sonrisa tan luminosa como el sol que salía de su armario. Era cierto que aquellos seres son portadores de una belleza embriagadora. Incluso cada movimiento con el que acompañaba sus palabras parecía estar medido a la perfección.
– ¡Uy! Creí haber reconocido su rostro. Que malos modales los míos. Tú debes ser el nuevo integrante de la facción. Me han hablado de ti -dijo la elfa estirando su mano hacia el chico- ¿Era así? Aún no acostumbro a su forma de saludar.
– Yanah, ¿Puedes llevarlo y presentarlo en alguna mesa? Estoy un poco ocupada -le pido Florencia refiriéndose al chico.
– Claro, ven, te llevaré con un grupo muy carismático -y tomándolo de la mano, llevo a Emi hasta una mesa compuesta por un enano de barba prominente, una pequeña hada que, por su tamaño, tenía su propia silla y mesita encima de la mesa principal, otro pequeño hombrecito considerablemente inferior al primero, sin barba y con orejas puntiagudas. «Un gnomo» pensó Emi.
– ¡Soy un duende! -replicó ofuscada la criatura.
– ¿Qué? ¿Cómo supiste que…? -Emi no podía creer que el pequeño había leído su pensamiento a la perfección.
– Timoteo -dijo el hada refiriéndose al duende- es un poderoso mago de Wintergarden, capaz de leer las mentes de cualquiera de forma exacta.
El recién llegado no pudo contener un «Oh» de sorpresa, y todos quedaron en silencio unos segundos. Acababa de conocer el primer mago poderoso del lugar, el cual ostentaba un poder extremadamente útil, de hecho, en su dimensión, más de uno colocaba el «leer las mentes» como el superpoder que les gustaría tener.
Luego de esos segundos toda la mesa estalló en carcajadas.
– ¡Deberías haber visto tu cara! -dijo entre risas Timoteo- ¿En serio parezco un mago poderoso? -y haciendo una reverencia continuó- Merlín para servirles.
– Ya, ya, dejen de burlarse -regañó Yanah, quien recién regresaba con una gran olla de comida- ninguno de ustedes se toma bien un chiste cuando va dirigido hacia su persona -y mirando compasivamente al joven- siéntate, tu amiga ha hecho una receta de tu dimensión. Tenían un nombre, pero la mayoría aquí le dice «gusanos de trigo».
El resto de la noche transcurrió tranquila, hasta que volvemos a situar a nuestro protagonista en el mismo lugar donde se encontraba al principio del capítulo; con el libro rojo en sus manos y determinado a saber para la mañana siguiente, que camino escogería…
Salvando algunos rincones y recovecos, la luz matutina colmaba por completo el cuarto. Incluyendo el rostro del joven, quien, ahora inmerso en un profundo sueño, se había desvelado hasta casi las cinco de la madrugada leyendo todos los volúmenes que su compañera le regaló ayer.
«¡Vamos Kina, concéntrate en el muñeco»! Recién comenzando a desperezarse, el chico podía escuchar desde su habitación gritos y estruendos provenientes desde fuera de la cabaña. También en los pasillos, un cúmulo de gente hablaba y ordenaba cosas. Algunos reían, otros regañaban. «¿Te sobró algún talismán de poder?», «Necesito un shuriken sombra nuevo, el mío se perdió la noche de los jabalíes», «Hace dos semanas estoy trabada en la misma página, creo entender todo lo que dice, no sé qué sucede». Luego de otros comentarios indescifrables, una voz gruesa comentó por lo bajo «Aquí duerme el recién llegado, no sabe la que le espera cuando empiece su entrenamiento».
– No, pero yo sí sé que te espera a ti si sigues hablando a las espaldas del resto -dijo muy seria una voz que le resultaba familiar, pero por los ruidos de fondo no podía descifrar bien- bajen al campo de entrenamiento, están tardando mucho.
– ¿Desde cuándo son novios? -preguntó algo burlona la primera voz.
– ¿Desde cuándo te gusta ser el malo de la película? ¿Por qué no entrenas con alguien de tu rango? -contestó desafiante- Ah, ya recordé, la última vez que lo hiciste Kagor te dejo en reposo dos días.
Luego de este último comentario, se escucharon pasos en las escaleras, seguidos por un portazo en la puerta principal. Parece que se habían ido.
*TOC TOC* sonó la puerta del cuarto.
– ¿Emi? ¿Estás despierto? ¿Puedo pasar? -preguntó la voz, que ahora cerca, era inconfundible.
– Claro, pasa.
Flor abrió bruscamente la pesada puerta de madera y la cerró detrás suya. Algo sudada, con el carcaj que siempre la acompaña, el pelo atado y un pequeño corte en la pantorrilla derecha. Inspeccionó un poco la sala y finalmente dijo.
– Solía haber arañas por aquí, ten cuidado. Y bien, ¿Qué te parecieron los libros?
– Una maravilla, todos, no sabría con cual quedarme. Literalmente no sé con cual quedarme porque no recuerdo nada, pero entiendes a que me refiero.
Flor sonrió.
– Claro que entiendo a qué te refieres. Pero como te dije ayer…
– Sí, sí -dijo el chico cortando la oración- tengo sensaciones de cada uno, como si los hubiese leído hace años. Como te dije, no sabría con cual quedarme. Pero supongo que debo tomar una elección.
– No, realmente no deberías. Pero no creas que será tu decisión final. Porque muy probablemente no lo sea. Tenemos la suerte de poder cambiar de clase cuando queramos, por lo que yo te aconsejarías que: Elijas un libro. El que sea, leas todo el tomo uno, y hagas anotaciones de que te pareció, acompañadas de un puntaje. Luego cambies a otro y así hasta haber acabado los cinco.
– Supongo que es una buena idea -dijo Emi no muy convencido. La idea de renunciar a lo que había leído le molestaba un poco, pero supongo que era lo más acertado- Esta bien, haré eso.
– Genial -festejó Flor- como tu nueva líder, me gustaría estar ahí cuando hagas el juramento. Es un momento importante en cada iniciado.
– ¿Y cómo se hace eso? ¿Simplemente lo leo y ya?
– En realidad, necesitamos una flor verde. Pero tranquilo, en el bosque hay muchas. Acompáñame, iremos a buscar algunas.
El bosque podía verse con claridad desde cualquier parte del pueblo. Un poco porque el pueblo era chico, y otro poco porque el bosque era grande. Los últimos metros antes del gran arbolado, eran una bella pradera casi inmaculada, pintada por la naturaleza de un verde suave, contrastada por completo con una oscuridad tímida dentro del nuevo bioma.
– Las flores crecen en una planta específica a pocos minutos de donde estamos -explicó Flor- Pero ten cuidado, aunque muy rara vez hay un animal o insecto hostil, aún no puedes defenderte de ninguno.
Dentro, los sauces dejaban entrar algunas cortinas de luz, iluminando dócilmente el interior. Las cortezas poco a poco iban tomando formas, como las que vio cerca del portal. Algunas dibujaban caras; la mayoría, agradables. Otras formaban soles, lunas, hadas.
Muchas raíces sobresalían, causando más de una trastabillada. El pasto daba la sensación de abrazar los pies, tratando de que queden en el lugar. Las ramas parecían moverse, intentando cercar el camino. De no ser por la notoria diferencia entre cada árbol, Emi estaría perdido hace tiempo.
El bosque creaba naturalmente hermosos pasillos para transitar, puesto que, a los costados, las hojas rozaban el suelo. Haciendo posible la caminata solo por donde el monte lo deseara. A veces, escisiones en el camino sugerían la idea de cambiar el rumbo. Quién sabe a dónde lleva cada una.
En intervalos de varios minutos, aparecían algunos claros, donde no había sauces y la luz podía pasar sin inconvenientes. Generando una postal hermosa, e invitando a una pequeña pausa para cualquier aventurero agotado.
– Y hemos llegado. Es aquí -exclamó por fin, parada en frente de un bello roble de hojas azules y flores verdes– Tómala tú mismo.
Emi se acercó a la rama más allegada a él. Tomó suavemente el tulipán por el tallo, y lo cortó.
– Perfecto, estas flores no tienen la misma vida útil que las amarillas, mueren rápido. Por lo que hay que apurarnos -y aprovechando el pequeño espacio vacío que rodeaba el árbol, continuó- Es más, puedes hacer el juramento aquí.
Sacó los seis libros de la mochila y se los ofreció.
– ¿Qué dices? ¿Estás listo?
– Claro, en cualquier caso, puedo cambiar de opinión ¿Cierto? –el nerviosismo le estaba ganando, las manos le empezaron a temblar, y ya no estaba tan seguro de querer tomar esto a la ligera.
– En cualquier caso, puedes cambiar de opinión. Vamos, solo lee la primera carilla y listo.
Emi agarró el libro azul. Recuerda que los hechizos algo avanzados en este libro eran peculiares y entretenidos. Aparte el hecho de ser uno de los más difíciles, otorgaba un pequeño bonus de interés. Estaba decidido.
– Y ¿Qué hago con la flor? -preguntó el joven.
– Ah sí, casi lo olvidaba. Ponla en tu boca, al igual que cuando entraste por el portal. Sentirás que flotas, el efecto dura un minuto aproximadamente, debes leer el texto antes de que acabe.
Estiró la lengua y depositó el bello tulipán. Este, a diferencia del anterior, le dejó un sabor salado, y en efecto, sentía que su cuerpo se elevaba completamente, aunque en realidad seguía firme en el suelo.
Recitó completo y sin trabarse todo el juramento, algo apurado por miedo a que el efecto acabe. No sabía que sucede si el efecto terminaba, pero tampoco quería experimentarlo. Casi al mismo tiempo que finalizó el texto, la flor ya se había disuelto en su totalidad.
– Felicidades -celebró la guerrera- ya eres oficialmente un mago hecho y derecho. Y me enorgullezco de decir que, de ahora en más, soy tu líder. Bienvenido a la facción tulipán.
– ¿Gra-Gracias?
– De nada. En fin, hemos de volver, -anunció mientras guardaba todos los libros en su mochila de cuero- el primer entrenamiento ya estará finalizando. Aparte, yo debería estar ayudando a los paladines.
La vuelta se hizo mucho más rápida para el joven, quien ahora, en vez de prestar la debida atención a su entorno, simplemente seguía los pasos de su compañera, con la mirada clavada en el reluciente libro azul.
«Volumen 1; Capítulo 1: Cómo detectar y canalizar energía.»
El capítulo comenzó sencillo. Hablaba del aire, del agua, y por sobre todo, de la luz. Explicaba paso por paso como utilizarla para vislumbrar pequeñas partículas en el entorno que te rodea. Luego, enseñaba como atraerlas hacia ti, sin asustarlas, puesto que estas pizcas de magia dispersas en el ambiente huyen fácilmente de aquellos seres que desean destruirlas. A estas moléculas no les importa como uses la magia, siempre y cuando tus acciones respondan a un objetivo claro de interés personal. Se niegan terminantemente a causar un mal innecesario.
Desarrolló en plenitud donde encontrarlas, cada una de sus características y que las caracteriza, entre otros muchos detalles. Más adelante, muchas páginas estaban únicamente dedicadas a la canalización total de todo este poder:
Una vez que puedas verlas, busca una razón para que vayan hacia ti. Sensibilízate. Siente precisamente por donde entra cada una, dale la bienvenida a tu cuerpo. Creerás que esto te está tomando minutos, pero en realidad, todo pasará en una fracción de segundo. Genera un lazo con todas las partículas que lograste reunir, y dirígelas hasta el punto que desees.
– ¿Cómo va la lectura? -comentó Flor apenas salieron del bosque- ¿Ya lograste pasar la primera página?
Emiliano iba por la novena.
– Estoy en eso… es realmente complicado lo que dice -mintió- ¿Pero poco a poco lo iré comprendiendo, cierto?
– Sí -exclamó alegre- debes estar tranquilo, elegiste el tomo más complicado de todos. Pero en unos días habrás entendido como detectar y canalizar la magia a la perfección.
– Claro. Y quién sabe, quizás antes -agregó.
– Me gusta el optimismo.
-¡Flor! ¿Dónde estabas? –gritaron un grupo de guerreros armados en el campo de entrenamiento- Necesitamos ayuda.
– Bueno, ya los oíste, debo irme. Mañana Kagor y Yanah te enseñarán a detectar la magia. Por ahora, puedes sumarte al equipo de entrenamiento físico si lo deseas.
El aprendiz de mago volteó y vio varios guerreros levantando piedras del tamaño de un enano.
– Creo que por el momento es una pérdida de tiempo…
Nuevamente, la rejuvenecedora luz solar inundaba la habitación, anunciando el comienzo del tercer día. Emi, quien se desveló por segunda vez consecutiva, no estaba nada interesado en ir hacia el campo de entrenamiento. Aún le quedaban largas horas de sueño para reponerse.
Giró 180° e intentó seguir durmiendo. Entrecerró los ojos, y lo único que podía ver eran batallas épicas entre guerreros, magos, dragones, y un sinfín de criaturas místicas luchando entre sí. Le asombraba el simple hecho de pensar que todo eso ya no era un delirio. Ahora esas ideas tomaban forma. Parecía como si un libro medieval se hubiese agigantado tanto que, ahora necesitaba una dimensión para él solo.
También pensó en los escritores ¿Ellos habían pasado por aquí? ¿Alguien les contó sobre este lugar? Que privilegio visual y artístico ¿No? El poder sentarte en una roca musgosa, cruzar las piernas, y, acompañado de un poco tinta, capturar para siempre en una hoja, millones de películas. Porque cada vez que alguien la lea, verá algo distinto. Y que mejor película para contar, que un mundo mágico lleno de seres de ensueño.
Casi había conciliado el sueño, cuando de repente, tres golpes secos lo despabilan otra vez. «Ya voy», avisó. Ayer, antes de encerrarse a leer por dieciséis horas consecutivas, Flor le había propuesto empezar con su entrenamiento hoy a primera hora. Lastimosamente, cuando las primeras prácticas comenzaban, Emi apenas estaba yéndose a dormir.
– Estamos por comer, apúrate -gritó su amiga desde fuera.
El joven guardó el libro bajo la almohada, cambió por primera vez su remera, y se dirigió junto con todos los demás a degustar unos pescados frescos, que hace tiempo Jair publicita dondequiera que vaya.
– ¿Cómo va el libro? -preguntó Florencia mientras le pasaba la fuente de mariscos- Escuche tu yesquero hasta altas horas de la madrugada anoche.
– Sí -contestó Emi entre risas- Las antorchas son muy bonitas, pero creo que sigo prefiriendo la luz eléctrica.
Esta vez la mesa estaba compuesta por Kina, Timoteo, Kagor y los dos jóvenes. Yanah, estaba sentada sola cerca de la puerta, abanicándose. Al verla, levantó tímidamente la mano, como saludándola. Ella devolvió el saludo, acompañado de una sonrisa.
– ¿Qué le sucede a Yanah? -preguntó el chico- ¿Se encuentra bien?
– Sí, físicamente sí. Solamente siente un dolor de cabeza normal -respondió Flor mirando con cierta sutileza hacia la elfa- El problema es que no sabemos a qué viene.
Hizo una pequeña pausa para comer otro bocado. No parecía que la pregunta haya incomodado, pero el semblante de la guerrera seguía siendo serio. Sin dejar espacio como para que el joven pregunte, prosiguió.
– Gracias a un pequeño «don» que tiene, puede sentir la presencia de criaturas inusualmente poderosas, pero no lo suficientemente poderosas como para esconderlo.
El enano, que hasta recién había tragado como animal, continuó.
– Hay muchas criaturas peligrosas ahí fuera chico, debes ir siempre con cuidado. Los bosques son traicioneros.
Mientras daba su consejo, rellenó su plato, y volvió a su labor de comensal.
– Es verdad -dijo Flor. Ahora, su rostro mutaba de seriedad, a una especie de respeto que fácilmente podía confundirse con miedo- Luego de buscar los tulipanes verdes, al volver, Yanah me avisó que tenga cuidado, puesto que había notado un magno poder proveniente de algún punto en el bosque… Hay que estar preparados.
– Quien debe estar preparado es este niño insolente -aprovechó a decir Kagor al mismo tiempo que terminaba su cuarto plato- Acompáñame, no hay tiempo que perder.
El pequeño y barbudo hombre, llevó al aprendiz hasta el campo de entrenamiento. Una vez allí, el primero le explicó durante horas sobre magia, puesto que, a diferencia de lo que cree la mayoría, Kagor no es un guerrero, sino un respetable mago.
– El martillo es un pasatiempo. Mi vida está dedicada al conocimiento y práctica de las artes hechiceras.
Las horas de descanso terminaron, y, poco a poco, todos retomaron sus prácticas. En cuestión de minutos, la zona de ejercicios estaba casi colmada.
Yanah, que había estado presenciando la charla del enano, seguía muy débil, sin embargo, al notar cierto aburrimiento de Emi en la conversación con su mentor, decidió ponerle algo de gracia a la clase.
– ¡Oigan! -gritó para que sus palabras no se pierdan en el ruido general- ¿Por qué no intentan un hechizo simple? Parece que el jovencito se aburre.
Kagor miró a Emi como preguntándole con la mirada que opinaba al respecto.
– No veo por qué no -contestó.
La elfa, que ahora se sentía un poco mejor, reía sola. Tamboa, una de sus compañeras, se sentó a su lado.
– ¿Realmente crees que el joven podrá hacer una esfera de energía? -murmulló sorprendida.
– Por supuesto que no, pero la práctica hace al maestro. Debe aprender cómo se siente la magia en la práctica. Aparte, por como escuchaba la explicación del capítulo uno, estoy segura que leyó gran parte del dos.
El capítulo uno «Detección y canalización de magia», estaba continuado por «Esfera de energía», que, aún siendo el primer hechizo, era uno de los más complicados de comprender. Con este truco, el mago puede canalizar las partículas en una pequeña esfera de poder, que por lo general es apenas más pequeña que una pelota de tenis. No obstante, puede llegar a ser devastadora si impacta al objetivo.
Flor y Timoteo prepararon un muñeco de madera y tela en el campo de entrenamiento. Kagor, mientras el resto hacía los preparativos, meditaba a pocos metros. Cuando todo estuvo listo, se paró impetuosamente. Chocó sus palmas y, acompañado de un pequeño grito de guerra, generó una bola azul en su mano, lanzándola a gran velocidad contra el muñeco.
La explosión, resonó gravemente en todo el campo, y el maniquí quedó envuelto en llamas que Flor se apresuró a apagar.
– ¡Así se hace! -exclamó Timoteo.
Casi todos los presentes felicitaron al enano por el buen desempeño, demostrando una vez más que era el mago más poderoso de la isla Gooh.
Sonriente y realizado, Kagor miró a Emi.
– ¿Y bien? ¿Aprendiste cómo se hace? -preguntó irónico, y señalando el objetivo, dijo solemne- Tu turno.
El joven, nervioso, se alejó varios pasos del muñeco, e, intentado no escuchar el griterío que despertó su «mentor», respiró hondo varios segundos.
En la otra punta de la zona de práctica, Tamboa también felicitaba a los alaridos.
– ¡Bien hecho maestro, demostró de vuelta quien manda! ¿Lo ves Yanah? Ese era el poder que sentiste todo este tiempo. Kagor aumentó su magia considerablemente desde la última vez… ¿Yanah?
Ésta, queriendo comprender la explicación de su compañera, seguía mirando al frente, confusa. Es verdad, el poder de su amigo era considerablemente superior que antes. La esfera de energía que acababa de lanzar dañó significativamente a un sujeto de pruebas hecho con madera encantada. Pero incluso con todo esto, algo no terminaba de cuadrarle, y apenas lo supo, lo comentó.
– Esa… esa no es la fuerza que siento…
– ¿Cómo? -dijo Tamboa sin entender.
En ese preciso momento, Emi abrió la palma de su mano derecha. Una esfera roja del tamaño de una cabeza humana apareció de repente y salió disparada a gran velocidad contra el maniquí, desintegrándolo casi por completo. Metros después, explotó contra una pared de piedra, la cual se derrumbó al instante.
Todos quedaron en silencio, mirando boquiabiertos lo que acababa de pasar. Emi no le había dicho a nadie, que ya casi terminaba el capítulo cinco.
Quien rompió el hielo en esa situación fue el mismo Kagor, pero, aunque a muchos les causó gracia, él estaba profundamente indignado.
– ¡Malditos humanos! ¡Siempre quieren ser superiores al resto! –gruñó.
FIN CAPÍTULO 4.