Emperador de los Cielos - Emperador de los cielos - Capitulo 11 - No me toques
Emperador de los cielos – CAPITULO 11 – No me toques, si no quieres irte al infierno
Dylan sin la menor idea de los pensamientos del jefe de la tienda, estaba concentrado en el tratamiento, con los puntos de acupuntura del jefe sellados, Dylan uso un poco de fuerza para arreglar la columna vertebral del hombre, y junto con su Qi celestial arreglo la columna del hombre.
Después de veinte minutos de tratamiento Dylan, contrajo sus manos, indicando que el tratamiento ya estaba hecho, cuando el jefe de la tienda se dio cuenta de que aquel joven estaba ya retirado de su posición original, indicándole que ya había terminado el tratamiento, recuperando un poco de fuerzas el hombre se levantó de la posición en que estaba, y se sentó al borde la cama, mientras se arreglaba y se ponía la playera de nuevo.
Dylan luciendo un poco serio le dijo:
- prepara la receta que ti, toma un poco esta noche y mañana en la mañana, descansa por dos días, estarás bien después de descansar.
- Si, dijo el jefe respetuosamente, se dio cuenta desde que se levanto de la cama ya no tenía ningún dolor en su espalda, parecía que había vuelto a la juventud en donde podía hacer mucha más fuerza, reprimiendo su admiración por el joven le dijo:
- Muchas gracias doctor, muchas gracias. Y partiendo hacia su tienda
¡DOCTOR! Pensó Dylan, ¨no tengo ningún certificado de doctor jejeje¨. Después de ver al jefe de la tienda partir, Dylan organizo nuevamente la tienda, busco un lugar cómodo, cerro los ojos y empezando a practicar en su cultivo.
*-*-*-*-*
En una villa de lujo mediana, con grandes árboles a su al redor y un encanto europea en su estructura, se podrían ver hombres en las esquinas con trajes negros, parecían estatuas pues no se movían para nada, con expresiones dignas de admiración, dicha villa de lujo está ubicado en un distrito de la ciudad Harbin, un distrito exclusivo de clase media-alta en las mediaciones de la ciudad, no cualquiera se podría dar el lujo de una villa en estos distritos.
Un anciano con expresión amarga, sostenía una tase de té, meditando sobre que tenia que hacer a continuación.
- Abuelo, deja de preocuparte por ese joven dijo de repente una voz
- Jummp, ese chico cree que puede robar, como le plazca… Dijo el anciano furioso
- Abuelo, deberíamos darle una lección dijo otra voz melancólica, pues era la voz de otra mujer.
- Bien, dijo el anciano.
Si Dylan viera a estas dos figuras las podría identificar plenamente, pues eran el anciano y la mujer joven que entraron en su local temprano en la mañana.
- Vamos a ver que tiene que decir ese joven, si es un fraude le demostraremos que no se puede burlar de la familia Bleind dijo el anciano
- Dile al secretario que prepare 50.000 yenes, sonó otra voz de una anciana al lado del anciano .
- Esposa ¿vas venir con nosotros? Dijo el anciano sorprendido
- ¡Que no puedo ir! Dijo la anciana con un tono autoritario
- No, no, no, claro que, si puedes venir esposa, dijo rápido el anciano, su espalda tenia gotas de sudor frías, pues sabia que su esposa era la que mandaba en la familia Bleind
Media hora después se vieron salir cuatro vehículos Bmw 320i de color negro de una villa lujosa, pues se sabía que estos vehículos no cualquier familia puede permitirse el lujo de comprar estos vehículos, rumbo a las ajetreadas calles de la ciudad.
Como de costumbre Dylan tenía los ojos cerrados practicando en su cultivo, cuando de repente sintió la presencia de tres vehículos estacionados juste enfrente del local.
¡Bam! ¡Bam!¡Bam!¡Bam! se alcanzaban a escuchar un gran numero de personas caminando hacia el interior del consultorio
- Oye, tu, el jefe de la familia Bleind quiere verte: con tono arrogante dijo un hombre corpulento, con aura de valiente y traje de color negro
Sin embargo, aquel joven, no les preste atención, haciendo que todos en el pequeño local se sintieran disgustados con aquel joven sin modales.
- Oye mocoso, no escuchas al capitán, te esta hablando dijo otro hombre con traje de negro
Pero no tampoco hubo respuesta de aquel joven, sin querer perder mas tiempo con este joven, el hombre llamado capitán hizo una seña a unos de los hombres con trajes, para que cogieran al joven, sin embargo, en el momento en que aquel hombre se acerco a el joven, de un momento para otro el joven abrió los ojos y diciendo con tono autoritario:
- No me toques, si no quieres irte al infierno…
Cuando el joven abrió los ojos, una inmensa aura fría y sedienta de sangre salió de aquel joven común, con ropa desgastada, todos sintieron que llevaban granes montañas sobres sus hombros, en el momento que sintieron el aura de aquel joven.
Con caras pálidas y con expresiones llenas de miedo, todos en el pequeño salón dieron un paso hacia atrás, pues no podían seguir resistiendo el aura y la mirada de aquel joven común.
La anciana al ver lo que estaba pasando no pudo evitar fruncir el ceño, pues creía que estos hombres con trajes de negro eran muy impulsivos, sin querer que las cosas se salieran de control, la anciana se aclaro la voz y dijo:
- Ejem, ejem, lo siento pequeño amigo, esos hombres cometieron un error en ofenderte, espero que los perdone: junto con una sonrisa
Cuando la anciana termino sus palabras les dio una mirada furiosa a esos hombres con trajes, sintiendo un escalofrío que les recorría la columna los hombres simplemente bajaron la cabeza y retrocedieron un poco, pues sabían que iban a ser reprendidos al llegar a la villa.
Dylan viendo a la anciana actuar con cautela y respecto, no sintió ninguna hostilidad procedente de la anciana por lo que decidió disipar su aura. Expresiones de suspiro se podían ver en las caras de todos cuando el aura del joven se disipo.
- Gracias, gracias, joven dijo la anciana con una sonrisa.
- No seas tan cortes, dijo Dylan haciéndole un gesto a la anciana para que tomara asiento
- Que los trae por aquí dijo: Dylan
- Joven venimos haber si podías darle tratamiento a ese viejo terco dijo la anciana señalando a el anciano que estaba con la cabeza gacha.
- Puedo tratarlo, pero como ya le dije, es costoso. Dijo Dylan
- No hay problema con el dinero, dijo la anciana , lanzándole una mirada a el secretario de la familia que aun estaba sudando por el aura anterior.
- En el maletín están los cincuenta mil yenes, si gusta puedes contarlos.
- No hay necesidad, dijo Dylan: … no crean que se atrevan a engañarme: … dijo lanzándole una mira a las personas en el local.
Todos bajaron sus cabezas o desviaban las miradas hacia otro lado, pues no podían ver directamente a los ojos del joven, pues de inmediato sentirían un frio que les recorría todo el cuerpo.
Tomando el maletín, Dylan lo dejo en un cajón de su escritorio y le hizo una señal al anciano para que acostara en la cama.
Al ver el geste del joven, el anciano dudo un poco, pero de repente sintió que alguien lo estaba viendo, alzando su mirada vio que la persona que lo estaba viendo era su esposa, sin dudar más fue directamente en donde el joven le indicaba.