EN OTRO MUNDO - Capítulo 72 - Amiga
— Diago has estado demasiado callado en estos días, más de lo normal ¿te sucede algo? —preguntaba curiosa.
— No es nada…, pero al parecer tú tienes más de que preocuparte que yo ahora mismo.
— Señorita ponga atención —me hablaba Barton seriamente mientras me ayudaba a colocar en la mira el objetivo colocado en un árbol.
Mi entrenamiento ahora era un poco más de ejercicio para mantener una buena condición física porque digamos que manejar una espada o combate cuerpo a cuerpo ahora no era una opción ya que Barton me entrenaría primero con el arco, se supone que eso me ayudaría a relajarme y concentrarme que era lo que necesitaba primordialmente para entrenar mi mente.
— Swoohs
La flecha ni siquiera había viajado lejos solo había caído al suelo antes de siquiera tocar el objeto, sinceramente esto no me relajaba en absoluto.
Mi puntería, tan mala como mi magia, pensé.
— Tomaremos un descanso —suspiraba Barton un poco agotado.
En serio Barton te comprendo, lo miraba con condescendencia…
— Estoy tan cansada —hablaba mientras me acostaba despreocupadamente en el pasto.
— No pareces progresar demasiado —me decía un poco serio Diago sentándose a un lado mío.
Y me lo dice el niño genio que sorprendentemente también es bueno con la espada…
— Bueno no es como que no quisiera avanzar, simplemente es más lento para mí.
— ¿No estas cansada de todo esto?
— En realidad, no es como si tuviera otra elección.
El guardo silencio.
— ¿Aun tienes el relicario que te di?
— Si, ¿lo necesitas? —cuestionaba con interés.
Silencio.
— No, solo consérvalo, prométeme que siempre lo mantendrás contigo —me miraba fervientemente.
—… Está bien, lo prometo.
— Gracias.
— ¿Qué pasa? a qué viene esto tan de repente —lo observaba sospechosamente.
— Solo…, atesóralo.
Silencio.
— Se acabó el descanso mi joven señorita —me llamaba a lo lejos Barton.
— Espera —le pedía un poco más de tiempo a Barton.
— Andando señorita —no tuve otra opción más que ir.
— Espero que cuando regrese te expliques mejor —volteaba a mirar a Diago con una sonrisa.
Cuando termino el descanso Diago ya no hablo más, nunca decía más de lo que no quería hablar y solo hablaba lo necesario, pensé que por fin me contaría más sobre él, bueno ya habrá otra ocasión, aunque espero que no tenga que esperar otros “dos” años más para conocer lo que esconde.
…. ⊰❖⊱ ….
Hace unos días pude escuchar desde donde me escondía la señal secreta que solo mis escoltas utilizaban así que me acerque sigilosamente para averiguar pues no podía llamar la atención de los guardias que vigilaban el territorio de la mansión.
Ahí estaba uno de ellos, uno de mis escoltas, vestido como un guardia de la familia Armendia podía reconocerlo por su cara aunque no podía recordar su nombre.
— ¡Mi joven amo si es usted! —decía exaltado el joven muchacho de cabello verdoso.
— ¿Cómo es que llegaste hasta aquí? ¿quién te ha enviado?
Le apuntaba con mi magia conteniendo sobre la palma de mi mano una pequeña bola de fuego.
— Mi joven amo, sé que mi compañero lo traicionó, pero yo le soy fiel, he estado buscándolo todo este tiempo, por favor créame he venido por usted —hablaba suplicante.
— ¿Cómo sé que no es una trampa para asesinarme?
— Por favor joven amo tiene que venir conmigo es momento de irnos de este lugar, sé que fuimos muy tontos al permitir tal traición de ese idiota pero tiene que confiar se lo suplico.
— Aun no has respondido mi pregunta —le hablaba irritado preparado para rostizarlo.
— Por favor joven amo tiene que venir conmigo…
Mi paciencia se estaba agotando.
— Me creerías si se lo digo yo —se acercaba lentamente desde las sombras un joven adulto.
— Jefe por qué no salía, explique, explíquele al joven amo.
Jefe del escuadrón oscuro… pensaba mientras observaba a esta persona que aparecía inesperadamente.
— Al parecer tú pista si fue correcta joven Milo —se giraba hacia el joven y este asentía en aceptación alegremente.
— Mi joven amo, me disculpo profundamente al no haberme percatado de la traición de mi soldado, nunca imagine que al ponerlo a su cuidado mientras despejábamos el camino para huir él lo botaría a su suerte para morir —hablaba mientras se arrodillaba frente a mí.
— Levántate.
Él no tendría por qué mentir, él fue escogido directamente a mi cuidado por mi maestro.
— Gracias mi joven amo, ahora si me lo permite debemos escoltarlo fuera de Austend, debemos partir inmediatamente a un lugar seguro para poder darle el antídoto al veneno que corre por sus venas.
— Ya no es necesario el antídoto.
— Acaso… ya veo se ve bastante saludable… —respondía sorprendido.
— Sí, alguien ya me ha curado, fue quien me salvó de morir y me ha estado cuidado todo este tiempo.
— ¿oh? ¿un amigo?
Amigo… era verdad, quién si no un amigo o mejor dicho amiga me ayudaría a tal medida sin pedir en todo este tiempo algo a cambio, ya había visto lo valioso que podría ser el relicario tan solo con su aspecto, ella ya podría haber sospechado que tal vez tenía más pero no dijo nada, lo había notado, ella era una chica extraña pero si fuera el caso, a ella podía considerarla con certeza como eso que llaman amigo…
— Es…es un verdadero milagro, conocía el riesgo y la probabilidad de morir al consumir la bixbita y aun así haber sobrevivido fue sorprendente, al igual que un verdadero golpe de suerte que su salvador haya tenido en su poder una gema.
— Es por eso que aún no es el momento, necesito despedirme.
— Está bien joven amo lo entiendo, pero solo puedo darle hasta mañana al anochecer, no tenemos demasiado tiempo antes que se den cuenta de que he escapado.
— ¿Escapado?
— Si joven amo, vera para conseguir la bixbita me deje capturar para que me enviaran al calabozo real, es cuestión de tiempo para que sospechen que no estoy en mi celda puesto que la vigilan cada tercer día. Usted sabe que somos fuertes pero si vigilan mejor la frontera estaremos atrapados.
— Comprendo, nos iremos mañana al anochecer.
— Entiendo, estaremos cerca mi joven amo.
…. ⊰❖⊱ ….
— Estoy tan cansada —hablaba la pequeña niña acostándose tranquilamente en el pasto.
Ella en verdad era extraña, siempre eran tan confiada hacia mí.
— No pareces progresar demasiado.
Le comentaba naturalmente sentándome al lado suyo, para mí ya era costumbre también ser un poco confiado a su alrededor pero eso no era lo que quería decir.
— Bueno no es como que no quisiera avanzar, simplemente es más lento para mí.
— ¿No estas cansada de todo esto?
— En realidad, no es como si tuviera otra elección.
Entonces huyamos juntos, ese pensamiento surgió inesperadamente en mi cabeza, yo mismo me sorprendí y por unos momentos permanecí callado por la sorpresa de la idea.
— ¿Aun tienes el relicario que te di?
— Si, ¿lo necesitas? —me miraba curiosamente con sus bellos ojos color ámbar.
Pensamientos de quedarme a proteger a esta persona que me brindo ayuda sin esperar nada a cambio no desaparecían.
— No, solo consérvalo, prométeme que siempre lo mantendrás contigo —mi mirada se tornó un poco amable.
— Está bien, lo prometo…
— Gracias.
Mis sentimientos más que de despedida eran de agradecimiento.
— ¿Qué pasa? a qué viene esto tan de repente —me observaba sospechosamente.
Nunca pude demostrarte que te considere como un amigo.
— Solo…, atesóralo.
Y no pude despedirme como se debía, lo siento.
— Se acabó el descanso mi joven señorita —la llamaba a lo lejos Barton.
Pero todos tenemos batallas con las que lidiar y en este momento no puedo ser cercano a ti, no soy lo suficientemente fuerte como para tener tu amistad sin ponerte en riesgo.
— Espera Barton.
— Andando señorita —le insistía él.
— Espero que cuando regrese te expliques mejor —volteaba a mirarme con una cálida sonrisa.
Lo siento pero ya no hay tiempo, mientras tengas contigo el relicario siempre sabré donde te encuentras y prometo liberarte de esta prisión, solo espérame porque regresare por ti, mi amiga.