Generación Z: El despertar - Capitulo 2
Prólogos: Huida
– ¿Qué hacemos aquí Ágata? – Pregunto una sombra fugaz, capaz de moverse entre los ojos de las personas desapercibidamente, como el viento.
– ¿No te dije que tuve un sueño? – respondió una mujer de manera tajante, segura de sus palabras.
Dos personas que han recorrido el mundo entero, ahora se encuentra cerca de una capital, avanzando entre la noche para llegar a un sector predeterminado.
– ¿Segura que sabes dónde es? – con tono dudoso pregunto el hombre sombrío.
– Es cerca, solo sigue caminando que por estar conversado de seguro lo perderemos. –
– Si claro, tú nunca te equivocas. – Dijo el hombre con tono de burla.
Ellos han pasado por mucho, recorriendo cuidad en cuidad, huyendo de aquellos que los persiguen sin fin.
– Tal vez ya se fue a otro lugar – Seguía desanimando el hombre.
– La gente no se cambia de lugar tan rápido – Seguía refutando ella, – Y menos si no son como nosotros. –
– Muy bien pero ya hemos hecho esto mucha veces y sabes cómo termina. –
– Me sacas de quicio – Termino la conversación la mujer mientras se concretó en una sola dirección. – Allí esta, y está en problemas. –
El hombre que caminaba por las sombras junto a ella, se movió a una velocidad inhumana, vio a un chico siendo golpeado casi hasta la muerte, patadas llovían en su cuerpo, y uno de ellos tenía un cuchillo en mano, que al parecer está dispuesto a usar.
No había tiempo para hablar, el hombre se movió aún más rápido.
Una elegante sombra pasó con una ráfaga de viento sobre la cabeza del hombre más cercano al chico.
Sus compañeros al ver horrorizados caer la cabeza de uno de sus compañeros entraron de estado de shock, algunos cayeron al piso, otros solo corrieron, finalmente al ver que no pasó nada más terminaron por huir todos.
– Oye, levántate – Dijo la mujer. – ¿Puedes oírme? –
– Que esperabas si esta medio muerto – Dijo el hombre a su lado.
Mientras tanto el chico que trataba de mantener su cabeza en alto, azoto contra el suelo mientras caía inconsciente.
֎֎֎
Un fuerte dolor le calaba por todo su cuerpo, pocas veces había sido atrapado, y muchas menos había sido golpeado con tanta brutalidad.
Le recordó a su padre.
No sabía dónde se encontraba pero era una habitación pequeña, probablemente cerca de donde ocurrió todo, se notaban paredes casi a punto de derrumbarse, solamente entraban rayos de luz lunar sobre los agujeros de lo que se podían llamar antiguamente techo.
– ¿Tienes hambre? – Pregunto la chica.
Se sentía observado, no tanto por la hermosa chica que acaba de entrar a su habitación, sino que podía sentir a través de las sombras una presencia peligrosa, esperando asesinarlo en el segundo que intentara algo que pusiera en riesgo la integridad física de la chica.
– Eres muy hermosa. – Dijo el chico recostado sobre un colchón dejado ahí por algún mal vividor.
– Vamos, al menos dame las gracias antes de decir estupideces. – Dijo la chica con un rostro inexpresivamente frio.
– ¿Por qué me salvaron? – Pregunto Daniel.
Era una pregunta simple, ella lo capto inmediatamente, no había información más importante que esa, ya que para una persona de vida tan lamentable como la de Daniel, era poco común meterse en los problemas de otros.
Entonces, tras pensarlo un minuto la chica, respondió…
– Te vi en mis sueños. – Respondió algo nerviosa esperando la respuesta del chico.
– ¿Qué? – Dudo el chico.
Su estado era lamentable, pero le agradaba estar teniendo esta conversación.
– Te vi matando a uno de ellos. – Me dijo ella mientras dudaba si continuar con la conversación.
Mientras tanto, la sombra se agito un poco en la oscuridad, no sabía lo que había soñado la chica, y tampoco pregunto ya que el después de tantos años, no dudaba de su habilidad, por eso perdió la costumbre de preguntar sobre el contenido de los sueños de la chica.
– ¿Ellos? – Pensé mientras me rascaba la cabeza. – ¿Ellos quién? –
– Te vi matando un ángel, con tus propias manos. – Ella sabía que si daba información de esa clase, instintivamente la tomarían por mentirosa, pero ya había pasado por mucho como para retrasar más esto, sabía que era cosa de tiempo para que los encontraran.
El chico que pensaba como continuar la conversación se sintió un poco intrigado por donde estaba siendo llevada la conversación. Antes de contestar., pensó que lo que está por decir está mal, por lo cual respondió con determinación, él quería información, no lo gustaba no saber algo con lo que estuviera relaciona, por lo tanto, iba a escuchar hasta el final aunque sonara a mentiras.
– Me podrías explicar un poco mejor – Dije, luego, sobre la misma pregunta, me anticipe a la respuesta de ella y le dije.
– Primero, ¿Me podrías decir tu nombre? – Pregunte ansioso.
– Ágata, un placer. – Dijo ella.
– ¿Y nombre de él? – Audazmente pregunte.
Tanto Ágata como el hombre oculto en las sombras se sorprendieron y cruzaron miradas por un breve momento.
Ágata dudo un momento pero antes de que un poco de aire pudiese salir de su boca, la sombra de transformo en un hombre.
El hombre parado junto a su cama tenía un aspecto sombrío, rasgos varoniles muy definidos, casi como un animal.
– Mi nombre es Ariel. – Respondiendo el hombre.
– Un gusto conocerlos a ambos. – Dijo Daniel. – Ahora, ¿Me podrían explicar un poco más eso de que me vieron en los sueños? –
Ágata dudo un momento, pero justo cuando esta por abrir la boca, fue interrumpida por Ariel.
– ¿Los sentiste? – Pregunto Ariel.
– Si. –
– Debemos movernos. – Continúo Ariel, luego miro al chico y pregunto. – ¿Puedes moverte?
֎֎֎
Por el momento era lo único que podían hacer, ambos sabían que les falta poder.
– ¿Por qué estamos huyendo? – Pregunto Daniel.
– Luego te explicare. – Dijo Ariel.
Después de haber sido expuestos, Ariel cargo en su espalda al mal herido Daniel, tuvieron que huir rápidamente del lugar, y el hecho de que el pudiera caminar con dificultad, retrasaba todo.
– Lo siento te hemos expuesto. – Dijo Ágata mientras corría a su lado.
Tanto Ágata como Ariel, era notoriamente superiores a cualquier humano en aspectos físicos, por lo cual avanzaban una velocidad descomunal, tanto que después de un par de horas se encontraron cerca del mar.
Daniel pensaba como podían estos demonios tener tanta resistencia, que a pesar de haber corrido por horas a una velocidad comparada con un auto, seguían como si nada hubiese pasada, si es no hubiese estado en la espalda de Ariel todo ese tiempo, no hubiese creído posible esa hazaña.
– Bueno ya que estamos un poco de lejos, podrías partir por explicarme que sucedió. – Dijo Daniel.
Antes de que siguieran su conversación, Ariel dijo.
– Saldré un minuto. –
Mientras Ágata se veía en un espejo que encontró en el suelo del lugar donde llegaron.
Daniel arreglando un poco su ropa dijo.
– Dime entonces, ¿Por qué me rescataron? –
֎֎֎