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Generación Z: El despertar - Capitulo 24

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El cáliz de la última cena (parte 3)

 

– Hola… Me llamo Ágata.-

– Hola.-

– ¿Cómo te llamas tú?-

– Feipe.-

– Felipe… ¿Quieres dulces?-

– ¡Si!-

 

Vi como Ágata sacaba unos dulces de su chaqueta y se los entregaba al niño, pero justo cuando se los iba a pasar, apareció Gabriel y le dio una palmada en la mano a Ágata.

 

– ¿Cómo se te ocurre darle eso?, no ves que es un bebe.-

– Y eso que tiene imbécil, acaso se va a morir por comer un dulce.-

– Mejor hazte a un lado mala madre, yo veré a nuestro invitado.-

 

De un portal Gabriel saco una taza con yogurt y plátano molido y una cuchara, se sentó en el piso y comenzó a darle de comer a Felipe.

 

Su madre aun no despertaba, al parecer su energía fue ocupada en exceso ayer este es el efecto rebote de acabar toda tu energía, para una persona que acaba de despertar, el trauma es tremendo y el esfuerzo físico lo es más.

 

Mientras yo entrenaba con Ariel mi habilidad, Gabriel y Ágata se entretenían cuidado a Felipe, estábamos esperando que su madre despertara.

 

Yo por mi parte quería sobre pasar el nivel de mi habilidad, mi energía era limitada a la misma cantidad diaria, pero el nivel de precisión sobre está era lo que me hacía aumentar el nivel de mi habilidad.

 

Por el momento solo soy capaz de usarlo dos veces al día, pero si aumento el nivel de precisión, puede que sea capaz de usarlo cuantas veces quiera, para mí acelerar unas 18 veces era más que suficiente y quería probarlo.

 

Se lo comenté a Ariel y esté se río de mí.

 

– Ósea ¿Quiere probar que tu nivel está a la par de los demonios?-

– Solo quiero probar, mi aceleración ha mejorado últimamente, solo quiero saber si soy capaz de darte un golpe.-

– Bien, vamos a ver, no te matare por supuesto, pero un golpe será más que suficiente para terminar contigo.-

– Vamos, puedo sorprenderte.-

 

Así nos alistamos para pelear, despejamos un espacio y nos pusimos de frente y nos miramos.

 

Él estaba esperando que yo atacara, supongo que me está subestimando.

 

– ¡Te recomiendo que no lo hagas Daniel!- Me grito Ágata de lejos con tono de burla.

 

Fortalecí mi cuerpo al máximo y me lance de frente hacia Ariel, antes de quedar a dos paso de distancia, acelere con precisión quince veces y luego hice una finta para atacarlo por un costado, acelere nuevamente a los máximo que daba mi habilidad dieciocho veces, o comparando a velocidad, serían unos cuatrocientos kilómetros por hora.

 

Apunte directo a su cabeza, con las manoplas que me había regalado Gabriel.

 

El vio todos mis movimientos, no pude verlo porque moviera su cuerpo, si no que sus ojos me siguieron durante todo el trayecto.

 

Retrocedió solo los centímetros suficientes para que mi ataque fallara y me asestó un golpe con sus garras en mi hombro.

 

Salí volando y me estrelle contra una estantería de cosas de Gabriel.

 

– Te lo dije Daniel.- Me decía Ágata.

– Que conveniente es ver el futuro…-

– Tiene sus ventajas.-  Me decía con un todo de burla.

– Suficiente.- Dijo Ariel, –  Ahora ven para que pueda curarte, y por favor entrena un par de años antes de desafiarme de nuevo, aunque claro no hay muchos demonios que sean superior a mí en combate.-

– Me aguantare por el momento…-

 

Gabriel llego donde estábamos con Felipe en brazos, parece que el niño le tomo cariño.

 

– Parece que mamá despertó.-

– ¡Vamos!, Ágata háblale tú, no creo que quiera hablar con un hombre.-

– Ok vamos.-

 

Llegamos a su refugio improvisado.

 

Estaba desesperada, al parecer recordaba lo de ayer.

 

– ¿¡Donde esta!?-

– Tranquila, primero cálmate.- Dijo Ágata

– ¿¡Donde está!? ¡Entréguenmelo ahora!-

– Mira está aquí.-

 

Se acercó Gabriel para mostrarle que su hijo estaba en buen estado y fuera de peligro, pero ella estaba desesperada, se acercó de un salto a tomar a su hijo.

 

Ágata se interpuso entre los dos.

 

– Basta, le puedes hacer daño.-

– ¡Es mi hijo, como le haría daño!-

– Ya no eres un ser humano normal, tu propia existencia es peligrosa para los que te rodean.-

– De que estas hablando…-

– ¿Recuerdas lo de ayer?-

– Ayer… Ah AAAAAHH.- Estaba desesperada. – Yo… Como paso… Él… Él, donde está él.-

– Muerto.- Intervine yo.- Pero no te preocupes, tú no lo mataste, fui yo.-

 

Ella cayó al piso, sus piernas temblaban, se derrumbó en lágrimas y cayó al piso, en eso Felipe forcejeo con Gabriel y éste lo bajo.

 

El niño corrió a abrazar a su madre.

 

Ambos comenzaron a llorar.

 

– Gracias… Gracias, yo, yo, no sé cómo agradecerte…-

– Podrías escucharnos al menos.-

– Si.-

– ¿Cuál es tu nombre?-

– Me llamo Jazmín.-

– Bien, yo soy Daniel, ella es Ágata, el que tenía a tu hijo es Gabriel y el hombre de haya atrás es Ariel.-

– ¿Quiénes son ustedes?-

– Somos despertados, humanos que evolucionaron, como tu.-

– ¿Evolucionaron, a qué te refieres?-

– Gabriel por favor muéstrale.-

– OK.-

 

De todos nosotros Gabriel era el único que tenía una habilidad demostrable, por lo que para dar el ejemplo era el indicado.

 

Abrió un portal y apareció detrás de Jazmín y le toco la espalda.

 

Ella grito asustada y le dio un codazo en la nariz.

 

– AAAAG.-

– Jajaja eso te pasa por imbécil, como se te ocurre aparecer detrás de ella.-

– Discúlpame no fue mi intención.- Dijo Jazmín asustada.

– No te preocupes, el aguanta muchos más golpes.-

– Mi pobre nariz, ahora tendré que operarme, no estaba fortaleciendo mi cuerpo, siento un oyó en el hueso de la nariz.-

– Bueno, como ves Jazmín, esto es lo que somos, humanos despertados con habilidades especiales.-

– Yo no quiero esto… solo quiero volver a casa.-

 

Se veía con una cara triste mientras abrazaba a su hijo, Ágata interfirió cuando la escucho hablar.

 

– Eso es imposible, necesitamos que te sientes con nosotros para hablar de lo que se viene para ti de ahora en adelante.-

 

֎֎֎

 

 

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