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Generación Z: El despertar - Capitulo 4

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Prólogos: El camino incorrecto para el objetivo correcto

 

– Mira, Daniel… Tú puedes creerme o no, pero la verdad seguirá siendo la misma. – Dijo Ariel.

 

Luego de escuchar esta pequeña historia Daniel, seguía un poco incrédulo, pero al mismo tiempo recordaba el desempeño físico de estas dos personas.

 

– ¿Y qué pinto yo en todo esto? – Pregunto Daniel.

– Mira, Daniel lamento todo lo que ocurrió pero ya no hay vuelta atrás. Te conté a grandes rasgos lo que pasa y el tema es que ellos también ahora saben de tu existencia. – Ágata miraba los ojos de Daniel, algo desorientados.

 

Continúo hablando mientras venían unas bebidas recién sacadas de una máquina de algún servicio de gasolina cercano.

 

– Ahora que estas metido en esto, es tu elección si decides seguirnos, pero si no lo haces morirás, o ellos te harán algo peor. –

 

Algo aturdido por la afirmación Daniel movió su cabeza de lado a lado…

 

– Tú me dices que pasara algo en caso de que me capturen. –

– Si… es posible que aun puedan marcarte, ya que tu poder es débil. –

– ¿Y qué es esa marca? – Pregunto Daniel.

 

Antes de continuar su conversación Ariel los interrumpió;

 

– ¡Suficiente Ágata! – Dijo exaltado.

 

Y con una cara agotada miro a Daniel y dijo.

 

– Mira chico, ya te metiste en esto, pero tienes que darnos una respuesta si es que quieres seguir con nosotros o quieres volver a tu vida, la cual dudo puedas volver a tener. No te queda otra opción o estas con nosotros o caes con ellos, pero te advierto que ninguna de las opciones es la correcta. –

 

Y antes de que Daniel pudiera decir algo Ariel continuo.

 

– Nosotros podemos ayudarte a desarrollar tu poder, pero tienes que decidirte ahora para poder movernos, nosotros no podemos permitirnos estar aquí mucho más tiempo. –

 

Ambos miraban a Daniel ansiosos por su respuesta.

Mientras Daniel se tomaba un tiempo para pensar, se puso a recordar cómo había sido su vida, tanto sufrimiento, frio y hambre. No lograba entender como había podido tener tanta mala suerte, pensaba en cómo se desmorono su vida desde la muerte de su madre, él no tenía nada que perder, pero al mismo tiempo, no tenía nada por que vivir.

 

– “Tal vez el destino me puso en este camino” – Pensaba Daniel.

– Los acompañare. – Dijo.- Pero quiero que me cuenten todo, y sobre todo quiero saber qué es lo que buscan de mí. –

– Muy bien, ahora vamos. – Dijo Ariel mientras cruzaba la puerta de ese derrumbado lugar.

 

֎֎֎

 

 

– Ah! –

– Uh! –

– ¡AAAAAHHHH! –

 

Se escuchaban gritos y golpes en un galpón abandonado en una de las regiones más alejadas de ese estrecho país.

Pasos y golpes se escuchaban día a día, pero era muy difícil de oír por lo alejado que estaba de la ciudad.

 

– Te advertí que no sería fácil –

 

Se escuchaba a una sombra hablar, imperceptible para cualquier ojo humano.

 

– Vete a la mier-. –

 

Antes de alcanzar a terminar la frase le llego otro golpe a la boca del estómago que lo dejo sin aliento.

Mientras tanto una chica pálida de pelo negro, con rastros de tinte jugaba con unas cartas en sus manos, haciendo trucos como cualquier mago, pareciera que con sus labios silbaba pero no salía ningún ruido de estos.

 

– Lo primero que debes saber acerca de tu evolución, es que tú eres capaz de controlarla, pero antes debes sentir que está ahí. – Hablaba la sombra. – Es parecido al hecho de que puedas mover tus brazos al verlos y sentir que estos se mueven, tú debes sentir tu alma. –

– Y como una puta golpiza me ayudara a sentirla. –Exclamo el hombre colgado de un tecle del galpón, amarrado con cuerdas desde las manos, rozando el piso solo con sus dedos de los pies.

– ¡AH! – Otro golpe sonó.

– ¿Acaso te dije que hablaras? – Pregunto la sombra.

 

El hombre colgado en el galpón lo miro de reojo, ya no era capaz de controlar su  vista, cansado de tantos golpes recibidos.

 

– Mira chico, aunque tú no lo creas, debes pensar e imaginar que tienes otra extremidad, una que brota de tu pecho. –

 

Continuo hablando la sombra.

 

– Creo que es el momento, descansa una hora y te espero en la mesa junto con Ágata. – Dijo la sombra, convirtiéndose gradualmente en un hombre.

 

Ágata que estaba en la mesa cerca de ellos, preparo las cosas que tenía para seguir con el entrenamiento.

Un reloj y una cinta negra para vendar los ojos.

Una hora paso, luego de haber estado colgado por tanto tiempo, Daniel estaba aliviado de poder sentir sus brazos nuevamente, y poder tocar tierra con toda la planta de sus pies.

 

– Ven, acércate y siéntate. – Dijo Ágata.

 

Daniel tomo asiento en la mesa metálica del viejo galpón. Había muchas cosas dentro del galpón, aparte de sus raciones de alimento y alguna que otra cosa considerada por ellos como “lujo” repartida por ahí.

 

– ¿Cuántos segundos tiene un minuto? – Pregunto Ágata.

 

Daniel la miro con cara de obviedad, pero antes de que pudiese responder a esa pregunta capciosa Ágata dijo.

 

– Cuéntalos conmigo. –

 

Dijo mientras colocaba su reloj en la mesa, y cuando este llego a 0, miro a Daniel para que empezará a contar.

Pasado el minuto, volvió a preguntar a Daniel.

 

– ¿Cuántos segundos fueron? –

– 60 segundos. – Dijo Daniel.

– Bien, ahora ponte esto. – Dijo Ágata.

 

Tomo la cinta negra que estaba en la mesa y se la paso a Daniel.

 

– Cubre tus ojos completamente. – Le dijo.

 

Y luego de que Daniel termino de colocarse su cinta ella dijo.

 

– Cuando yo te diga, comenzaras a contar los segundos y hasta que yo te diga para, tú me dirás cuentos segundos fueron. –

– Entendido. – Dijo Daniel.

 

Mientras tanto Ágata seguía jugando con sus cartas, mientras miraba el reloj de reojo esperando que pasara exactamente un minuto.

 

– Detente. – Le dijo Ágata. – Ahora te preguntare de nuevo,

– ¿Cuántos segundos fueron? –

– 73 segundos – Dijo Daniel.

Ante la respuesta de Daniel, Ágata miro a Ariel

– Trece segundos… – Dijo Ariel enfocándose en Daniel

 

֎֎֎

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