The Loud House: New Lincoln - V1C50 - Flashback III
Capítulo 50 – Flashback III
Al siguiente día, ya casi siendo el mediodía, Lola empezaba a abrir los ojos y se sentaba en la cama que cuando la miraba ahora refregándose sus ojos, no sabía de quién era.
Por unos momentos pensó que anoche todo fue un sueño y terminó en la casa de un extraño de pelo blanco y bueno, el resultado de todo fue que ella terminara de esta forma. Pero esos pensamientos fueron borrados porque tenía su ropa intacta y no había ninguna marca en ella.
Cogió su teléfono y miraba la hora. Era casi mediodía y sólo contenía notificaciones acerca de sus fotos que había subido a Instagram pero luego, no tenía mensajes directos. Como siempre, era de gente que quería una oportunidad con ella. Todos rechazados.
Cuando dejó de responder a todas esas notificaciones, se levantó y mirando nuevamente el lugar, aparte del lujo que se decía a sí misma que era algo para ella, notó en un extremo de la cama había un desparramo de una valija. No sabía de quién era pero dentro de esta, había cosas que las reconoció en seguida.
La ropa la reconoció era de su hermano mayor. Había unas cuantas fotos en esa valija que estaba abierta. Una de esas fotos que tomó era un recuerdo que incluso ella mantenía guardado. Era él y ella juntos, sonriendo a la cámara. Su hermano mayor estaba todo maquillado por ella que ahora viendo el maquillaje que hacía hace años, se reía de ella misma. Pero que mantuviera esta foto, significaba que al final todo lo sucedido de ayer, fue cierto.
“No fue un sueño… ¡No fue un sueño!” Abrazaba la foto y las lágrimas salían un poco. Pensar que volvería a verlo luego de escuchar por sus hermanas mayores que este había muerto, aunque todavía sigue sin creerlo, fue lo mejor que le pasó en todo este tiempo. “¡Oh sí!” Miró su teléfono nuevamente y vio que estaba la foto de ellos dos sonriendo a la cámara. La fecha de esta fue a las 11 de la noche del 27 de Septiembre. Eso fue ayer. Realmente no era un sueño y esto lo confirmaba.
Tomó esa foto y la subió al grupo que tenía con sus amigas poniendo como descripción “Miren a mi nuevo y hermoso novio” Lo mandó con algo de risas y fue a la sala y cocina en donde, al llegar, no había nadie.
Buscando para ver dónde estaban, encontró una nota en la cocina, una nota que estaba doblada y tenía su nombre en ella.
[Tu hermana y yo hemos salido para comprar algo de comer. Si abres la nevera, notarás que no hay mucho para hacer. Puedes hacer lo que quieras mientras esperas y por favor, no pongas el canal 69 en el televisor, es un aviso. Te ama Lincoln]
Ella leyó la nota y una vez leída, fue a la nevera para ver si era cierto. Había poca comida, literal, luego había algunas cuantas latas de cerveza así como sodas. Coca Cola más que nada. Ella suspiraba viendo que su hermano tomaba alcohol pero no dijo nada con las latas de Coca Cola, tomando una y abriendo para tomar.
Se sentó en el sofá notando que todavía había una manta con almohadas por lo que se intentó acomodar lo mejor posible corriéndolas a un costado para encender la televisión. En eso, su teléfono empezó a vibrar como si estuviera bailando. Era de su grupo de amigas.
[¿Acaso tu novio salió de un cuento de hadas?]
[¿De verdad es tu novio o sólo te tomaste la foto con alguien que era guapo?]
[Que envidia me das a veces Lola]
Más comentarios había de este tipo a lo que ella le generaba bastante risa. En eso, sin darse cuenta o mejor dicho, ignorando lo que su hermano escribió en la nota, puso dicho canal para llevarse le sorpresa de que era un canal de pornografía, cambiando en seguida cuando escuchaba los fuertes gemidos de la chica. Su vista por unos momentos reposó en la pequeña mesa frente al sofá y frente al enorme televisor.
[Te dije que no pusieras el canal Lola]
Su hermano estaba ya adelantado y sabía que no le iba a hacer caso. Se reía de ella porque Lincoln todavía recordaba que casi siempre no le hacía caso cuando le decía que algo no lo hiciera. Tan sólo ahora eligió un canal al azar y tomó su teléfono para responderles a sus amigas.
[Aunque no lo crean, esa persona ¡es mi hermano!]
[¿¡Ese chico es tu hermano mayor del que siempre hablabas!? ¿¡Volvió de la muerte!?]
[¿De verdad lo es? Vaya Lola… Tal parece que estos días tengo que pasar por tu casa…]
[Siempre pensé en llamarte cuñada. Ahora veo porqué lo pensaba…]
[Vuelto a la vida o no, se ve incluso mejor que todos los chicos de nuestra clase. Míralo, parece una obra hecha por los Dioses]
Más y más comentarios habían en el grupo hablando sobre la foto que tenía con su hermano. Casi todas empezaron a llamarla “cuñada” diciendo y alegando que cuando lo vieran, no dudarían en querer seducirlo para que esté con ellas. Una pequeña parte, sabiendo que había dicho en su momento que él estaba muerto, reaccionaron demasiado sorprendidas y preguntando si de verdad era él a lo que contestó contando la verdad de esto.
“¿Mm? ¿Lana?” Su teléfono empezó a sonar ahora. No era un mensaje por parte de su hermana sino que era una llamada. “¿Qué pasa?”
“¿¡Lo que acabas de mandar al grupo es verdad!?” La voz de Lana casi hizo que explotara su oreja, aturdiéndola un poco. Le tomó unos segundos tratar de recomponerse para poder responderle. “¡Oye! ¡Contesta! ¿Es cierto o no?” Volvió a preguntar, casi de nuevo a los gritos.
“¡Sí Lana, sí! ¡Es cierto!” Le devolvió el grito mientras se sentaba nuevamente y bebía de su soda cómodamente. “¡Es Lincoln!” Hubo un silencio en el otro lado de la llamada. Espero unos segundos y todavía no había respuesta por parte de Lana. “¿Lana?”
“¿Dónde estás?” Preguntó bien firme. Ya dejó de gritar por suerte. Ahora, su tono era serio y firme.
“¿Recuerdas el nuevo edifico de apartamentos? Aquí vive al parecer. quinto piso, departamento 65. Aquí está viviendo”
“…Espero que no mientas” Y la llamada se terminó. Lola no pudo decir nada más porque ella simplemente cortó la llamada. Sabía que iba a venir de todas formas y para su buena suerte, Lincoln había dejado una llave de repuesto para que usara… o ya había una viendo las cosas que tenía.
Mientras miraba la televisión volviéndose a sentar en el sofá, esperaba a su hermana que había dicho que iba a venir.
———
Lincoln y Luan esa mañana se despertaron, juntos y abrazados. Aunque Lincoln mucho no le importaba esto, a ella sí. Su sorpresa al ver que estaba abrazando y se acurrucaba encima de su hermano hizo que se cayera del sofá, despertando al peliblanco que se reía de ella.
Luego de unas cuantas risas entre los dos, viendo que era poco más de las 10 de la mañana y Lola no despertaba para nada, ambos entonces se cambiaron y salieron en el auto de Lincoln un rato. Principalmente era para que Luan pasara a buscar algo de ropa en la característica casa que siempre habían vivido, solo que él no se atrevió a bajar o a decir algún comentario sobre esto y Luan, volviendo al auto con algo de ropa en un bolso, no quiso decir nada sobre esto.
Antes de irse claro, él dejó dos notas a Lola si llegaba a despertarse. Sabía que si le decía de no hacer algo, lo haría y por ende, la segunda nota era un recordatorio de esto.
“Los años pasan y sigues usando la misma ropa de siempre” Fue el breve comentario de Lincoln que miraba que Luan seguía usando la ropa de hace ya 5 años atrás. Claro, le tuvo que aclarar que le quedaba bien y que lucía hermosa. Con eso, Luan que iba a quejarse, se quedó callada sin decir nada más que un “gracias” con un tono leve.
Miró la hora y ya era poco más del mediodía por lo que, luego de estar paseando por un rato, quiso consentir nuevamente a sus hermanas y esta vez, en vez de pizza, compró hamburguesas en el auto servicio. También algo para beber. Sodas iban a estar bien.
Arribaron al estacionamiento del lugar, bajaron con sus cosas y estaban a punto de entrar hasta que Lincoln le dijo a Luan que guardara silencio un momento.
“¿Esta es la supuesta casa de Lincoln?” Una voz un tanto rara se escuchó del otro lado. Apoyó su oreja en la puerta un momento mientras Luan le miraba extrañada e hizo lo mismo que su hermano mayor. “¿De verdad te crees que esa persona es Lincoln? Nunca pensé que fueras así de estúpida Lola”
Luan abrió los ojos y Lincoln notó esta reacción por parte de ella, preguntando la razón. “Es Lana…” Dijo. Lincoln entonces abrió los ojos muy sorprendido también.
Lana. Lana era una de sus hermanas favoritas. La consentía incluso un poco más que Lola en lo que respecta al pasado. Ahora, bueno, ya era todo diferente por lo poco que quiso saber de las demás por parte de Luan. Espero un poco más para escuchar lo que decían, escuchando ahora un ruido de algo rompiéndose a lo que no escatimó nada y entró casi por la fuerza a su propia casa.
Cuando entró, las dos parecían estar peleando pero frenaron una vez que entró y notaron la mirada que llevaba que él incluso sabía que estaba dando. Estaba serio porque al parecer, rompieron un adorno que había en la pequeña mesa que había entre el sofá y el televisor.
Pero su vista reposó en la chica que dijo Luan que era Lana. El cabello muy despeinado pero teniendo un brillo extremadamente fuerte, más que el de Lola. Notó algunas marcas en su rostro pero no eran algo para estar preocupado. Su ropa era un conjunto deportivo blanco, tanto prenda superior como inferior con unas zapatillas del mismo color. Su memoria no le fallaba para nada. Ese conjunto era algo que usaba cuando tenía 13 años. Nostalgia le traía esa ropa. Pero lo que más le sorprendía era el aire que Lana le daba a él. Parecía Lynn a su edad.
Lana estaba en silencio. Se separó de Lola al ver que el peliblanco frente a ella, según su hermana Lincoln, le estaba mirando muy fijamente y sin parpadear o pestañear. Tal mirada le incomodó un poco por lo que dejó de mirarlo a los ojos y miró a su hermana mayor Luan que estaba detrás.
“¿Tú también crees que esta persona es Lincoln?” Señalaba a Lincoln que, miraba a Luan buscando una respuesta por lo que Lana dijo, solamente se parecía o tenía un leve aire a su hermano mayor pero, era alguien más actuando o fingiendo ser él. Su hermano mayor está muerto y era imposible revivir a no ser que sea un zombie. No creía en esas cosas y cuando vio que Lola mandó la foto al grupo de sus amigas, cosa que comparten amigos y amigas por estar en el mismo curso, casi que no le creía. “¿De verdad tú también Luan le crees a este tipo?” Agregó. Iba a decir algo Luan pero Lincoln le detuvo.
“Así que crees que no soy tu hermano. ¿Necesitas que diga algo que sólo tú y ese tal Lincoln recuerden para nadie más no?” Su tono era grave, serio, frío y sereno. Miraba a Lana que miraba con desprecio a su hermana gemela y a su hermana mayor. Por unos segundos, por lo mal que se estaba comportando, quería golpearla.
Lana notó el tono de él y simplemente asintió con su cabeza. Tenía las palabras en su garganta pero no había forma de que salieran.
Lincoln suspiró y miró a Luan con una sonrisa para volver a ver a Lana. “Cuando tú tenías 7 y yo 17, ambos rompimos el muñeco de Luan jugando a las luchas con él y otros muñecos más de nuestras demás hermanas y que, estuvimos todo el día reparándolos para evitar que toda la casa nos golpeara, ¿lo recuerdas?”
Tanto Luan como Lola estaban calladas y al escuchar eso, ambas entonces recordaron que sus cosas tenían algunos daños pero pensaban que era por el tiempo que tenía. Al final, resultó que fueron estos dos que hicieron esos daños y no el tiempo.
“¿¡Fueron ustedes!?” Luan y Lola gritaron. Por suerte la primera había dejado las cosas que tenía a mano cerca porque si tuviera algo en ellas, estaría seguro que lo usaría contra su hermano mayor y hermana menor.
“Hehe…” Pero no hicieron nada. Los tres miraron en dirección a Lana que soltó una leve risa mientras escalaba tal risa hasta reírse fuerte y claro. Minutos después de reírse, ella levantó su cabeza, mirando al peliblanco. Ese día tenía mucho miedo de que algo malo le pasara porque había roto gran parte de las cosas pero estuvo involucrado su hermano mayor que no dudo y consiguió una forma de repararlo lo suficiente como para verse normal. “Es verdad…” Sus ojos parecían un mar sin fin mientras lo veía. “¡Lincoln!”
Aunque la esperaba, manteniendo una expresión seria, el tacle que le dio por querer abrazarlo fue muy fuerte. La atajó. Aunque hizo eso, terminó cayendo en el suelo con ella encima mientras enterraba su cabeza en su estómago mientras lloraba y lloraba diciendo una y otra vez “hermano” sin querer separarse por más que le dijera que se levantara para que también se pudiera levantar.
Sólo luego de un pequeño rato, le pasó su mano por la cabeza. Sonrió. Dio una leve sonrisa mientras le miraba y luego miraba a las otras dos que también cambiaron su ira momentánea por saber eso por una sonrisa y riendo un poco por la situación en la que se encontraba su hermano mayor.
———
Como no esperaba que Lana hiciera aparición alguna en su departamento, sin mucho más que decir le dio su hamburguesa para que comiera.
Al principio ella parecía muy tentada por esto pero por una extraña razón, ella no aceptó por más cautivada que estuviera por la comida frente a sus ojos así como el olor que invadía su orificio nasal. Aun así, se lo ofreció una y otra vez hasta que con algo de culpa y con más lágrimas en sus ojos, degustaba la comida muy feliz.
Lola también comía como si fuese un animal al igual que su hermana gemela. Al menos esto era algo que no había cambiado con los años, poniendo una sonrisa en su rostro. Pero había una diferencia con esta sonrisa. Aunque estaba feliz de poder volver a ver a Lola y a Luan, el simple hecho de ver a Lana, su sonrisa y la calidez con la que sonreía era mayor. Luego de Lily, que en su mente nervios y ansias había por volver a verla, Lana era su favorita.
“Pensé que estabas muerto Lincoln” Dijo Lana tan casual mientras seguía tragando. Lo que dijo hizo que Lincoln dejara de sonreír y mostrara una cara de preocupación al escuchar eso. Miró a Luan que, la sonrisa que llevaba cambió a una cara triste y evitando su mirada.
“¿Dijiste muerto?” Preguntó con mucha duda. Estaba seguro que antes de irse, dejó claro que se iba y que dijeran a las demás que se había ido. ¿La razón? No importaba, simplemente se fue.
“Bueno, eso me dijo Lynn hace 5 años cuando no aparecías por ningún lado… Qué bueno que era mentira…” Las gemelas creyeron lo que dijo Lynn por aquel entonces. Como su hermano no aparecía por nada del mundo, pensaron lo peor. Al final, ella les dijo aquella noticia y estuvieron muy mal por un largo rato y aunque a día de hoy seguían adelante con sus vidas, pequeñas cosas que le recordaban a Lincoln las hacían sentir bastante mal.
Pero ahora, aunque fuera algo imposible, lo tenían frente a ellas y no podían estar mejor de la vida. La persona que ambos tenían en lo más alto de sus vidas estaba de nuevo.
“¿Lynn te dijo eso?” Extrañado con lo que ella dijo, Lincoln sentía que algo malo estaba pasando en el medio. “¿Recuerdas cómo te lo dijo?” Preguntó.
“Apareció un día, no recuerdo cual pero, entró a casa muy enojada y llorando, diciendo que te habías muerto y que la razón de tu desaparición era eso, tu muerte”
“Entiendo…” No dijo nada más Lincoln del tema ni tampoco Lana. Lola y Luan permanecieron calladas con este asunto. Sabían del tema pero él le preguntó específicamente a Lana. Lincoln se terminó la lata de cerveza que tenía a su alcance y estaba por prender nuevamente un cigarro hasta que decidió no hacerlo hasta más tarde. “En fin, ¿por qué llevas esa apariencia… atlética? ¿Empezaste a entrenar?”
Escuchando la pregunta de su hermano mayor, asintió con una enorme sonrisa haciendo músculos con sus brazos. “¡Así es! Y como notarás, también tengo mi ropa de la suerte que siempre está conmigo” Lincoln se echó a reír. Esa ropa era de él anteriormente y que lo relacione con la buena suerte, era para reírse. “¿De qué te ríes?” Preguntó.
“Nada, nada… Es sólo que con lo que acabas de decir puede que incluso puedas ser mejor comediante que la chica a mi costado… Eso sí, no le digas que luego se enoja ¿eh?” Se volvió a reír mientras Luan, obviamente refiriéndose a ella, golpeaba a su hermano mayor enojada por esto pero con una sonrisa. Lana y Lola también se rieron.
Al cabo de un rato, las dos terminaron de comer, llenas y casi que estaban por explotar. Lincoln en un pequeño destello de maldad quiso pincharles el estómago pero no pudo porque era de muy mala cortesía, aparte de querer hacer lo que quería hacer. Ya 23 años y era el mayor del lugar por lo que debía aguantarse.
“¿Y ahora qué vamos a hacer?” Preguntó Lola a lo que Lincoln se levantó de la mesa mientras se iba a su cuarto un momento no sin antes, frenarse en la puerta de su cuarto.
“Las voy a llevar a su casa” Fue a su cuarto ahora y pudo escuchar un sonido de queja por parte de las gemelas.
“¿En serio? ¿No nos vas a llevar a ningún lado luego de no estar con nosotras 5 años?” Replicó ella mientras estaba cruzada de brazos. Luan regañó a Lola por lo que dijo pero Lincoln desde su cuarto dijo que no le dijera nada, que para eso estaba él.
“¿A dónde diablos quieres ir entonces?” Lincoln salía de su cuarto mientras se acomodaba la ropa que se había puesto. Cambió la camisa y el pantalón. La camisa era negra ahora y el pantalón, también de vestir, era blanco al igual que los zapatos que llevaba. El estilo que llevaba ahora mismo sorprendía bastante a sus hermanas menores que no pudieron evitar tener un leve sonrojo en sus rostros.
“Em… ¿de compras?” Dijo con algo de miedo porque no esperaba un buen resultado. Se cruzó de brazos y luego asintió. “¿De verdad?” Volvió a asentir diciendo que cumpliría lo que quería. Para ella y Luan, felicidad. Para Lana, obviamente no le gustaba mucho la idea pero para ella tenía otra cosa planeada, no para hoy porque Lola habló primero. “¿¡Qué esperamos entonces!?” Como un rayo, ya estaba en la puerta, golpeándola para que se apresurasen haciéndolo suspirar pero yendo a su lado e invitando a sus dos hermanas para que le acompañen.
———
Todo el día del sábado lo pasó junta a ellas tres con una sonrisa.
No sentía que había sonreído tanto en estos años que pasaron. Es más, aseguraba para él mismo mientras veía a Lola y a Luan juntas comprando que no podía sentir felicidad al ver a sus hermanas menores con sonrisas en sus rostros.
No podía decir lo mismo de Lana que parecía algo disgustada por tener que hacer esto. Aunque era una chica, no estaba muy interesada en esto de salir a comprar. Lincoln revolvía su cabello ya revoltoso y desarreglado y prometiendo que más adelante, harían algo que a ella le gusta, aceptando con todo el gusto del mundo. Eso sí, con la condición que disfrutara del día de hoy con sus hermanas a lo que con resoplidos y molesta, le hizo caso. Todo sea por pasar un día nuevamente con Lincoln haciendo que a ella le gusta.
Fue arrastrada con sus dos hermanas que buscaban hacer cambiar su estilo y aunque no quiso, terminó probándose varias cantidades de ropas, siendo realmente alabada por ambas de sus hermanas e incluso por Lincoln que le levantaba el pulgar al verla vestida como una verdadera mujer, remarcando que incluso, era más bella que Lola, cosa que la alegró un poco pero a la otra no tanto, pisándole el pie en señal de desaprobación.
Así estuvieron toda la tarde hasta que las horas pasaron y se hizo de noche. Por lo tanto, en su auto, él las llevó hasta su hogar que se despedían con una hermosa sonrisa mientras saludaban. Espero a que entraran a la casa para luego irse. Un día de estos, sin importar qué, debería visitar a sus padres así como al resto de sus hermanas. Pero ahora, cada vez que veía la casa, los recuerdos de lo que pasó para que este se vaya, venían en su mente, no estando preparado mentalmente para esto.
“¿Estás bien?” La voz de Luan resonó en su cabeza y luego, miró al asiento del copiloto para verla allí todavía. “¿Qué pasa que me ves así?”
“¿No vas a ir a tu casa?” Preguntó con curiosidad. Digamos que estando los dos solos, recordando lo de ayer, bueno, un poco de incomodidad le generaba.
“¿Acaso quieres que me vaya?” La desilusión de ella al ver que su hermano le preguntaba del porqué de no bajar, tiró el fuerte ánimo que tenía al suelo.
“No, no, claro que no. Es sólo que no esperaba que te quedaras, nada más” Replicó. Todavía le costaba de vez en cuando expresarse con sus hermanas y este era uno de esos casos.
“Oh, en ese caso, está bien…” Estaba a punto de bajarse del auto de Lincoln pero este bajó los seguros. Como no podía abrir la puerta, intentó decírselo pero este se quedó en silencio mientras empezó a conducir. “Lincoln, ¿por qué…?”
“Necesitamos hablar” Fue todo lo que dijo.
Luan se quedó callada durante todo el viaje mientras miraba la ciudad. Siendo de noche, igual estaba muy viva y más siendo un sábado en donde muchas personas saldrían. Quería comentarle algo pero Lincoln no parecía responderle para nada. Entre más lo veía, su vista alternaba entre lo que tenía delante y el espejo retrovisor. Lo hacía cada 5 segundos y los contaba.
Al cabo de un rato, llegaron al estacionamiento y cuando estaba a punto de bajar, él le detuvo y le dijo que no.
“Espera aquí un momento” Se bajó del auto y se dio la media vuelta en el asiento para verlo. Vio que había al menos 4 personas más y con él eran 5. Un auto había aparcado cerca de ellos y por la apariencia que estos tenían, no era la mejor de todas. Allí pensó en seguida que les estaban siguiendo y por ende, estaba siempre mirando los espejos del auto. “¿Qué es lo que quieren?”
“¿Acaso no es obvio lo que queremos? Queremos tu maldito coche y de paso, a la mujer que llevas contigo” Los 4 no tenían una apariencia que generase confianza. Eran lo que podían ser llamados “punk” en todo sentido. Para variar las cosas, Lincoln pudo sentir que no eran mayores que él en lo absoluto sino que creía que eran menores.
“Vinieron siguiéndome en un auto. No creo que necesiten otro. Por favor, por su bien, retírense de aquí si no quieren sufrir” Su respuesta hizo que estos 4 se rieran. Una simple advertencia que no fue tomada en serio. Al menos lo intentó.
“¿Y qué si tenemos un auto? El tuyo se ve mucho mejor que el nuestro y esa chica, esa chica que llevas en el auto, va a ser nuestra. Evita que hagamos el esfuerzo de tener que darte una golpiza viejo y entrega a la chica o si no…”
“¿Vas a golpearme?”
“Oh, parece que realmente sabes lo que te va a pasar ¿eh? ¡Esplendido!” Hizo una pausa para aplaudirle y luego volvió a poner un rostro algo serio pero cambiando al cabo de unos segundos una expresión de burla hacía el peliblanco frente a él. “¿La vas a entregar?”
Lincoln levantó sus puños y se puso en postura para pelear. “Antes de que ustedes le pongan un dedo encima a mi chica, van a tener que pasar por encima de mí”
Los cuatro se miraron al verlo levantar sus brazos y al escuchar lo que dijo, empezaron a reírse creyendo lo que dijo fue una broma. La mejor broma del mundo de hecho ya que nadie antes les había dicho eso.
“Jajaja… Esa fue una buena broma…” Cuando se recompuso de la risa, el peliblanco que se encontraba a unos pasos de ellos ya estaba sosteniendo a uno de sus muchachos. Lo tenía rodeado con los brazos en la cabeza. Su hombre tenía una expresión de miedo ya que no podía moverse. “Oye, ¿qué diablos haces?”
Lincoln, que aprovechó la risa de ellos, se acercó a uno para tomarlo desde la espalda y rodear con sus brazos la cabeza de este. Este se movía para intentar escapar pero no podía, lo tenía bien asegurado. Cumpliendo lo que dijo, aplicó un poco de fuerza a un costado, girando su cabeza y partiendo todo su cuello en el acto, muriendo allí mismo. La cara de la persona que acababa de matar era de horror y miedo.
“Te dije que para tocar a mi chica debes pasar por encima de mí. ¡Prepárate basura!” Gritó y cargó contra otro de ellos que todavía sorprendido por como uno de sus amigos moría en tan solo unos segundos, no pudo notar que el peliblanco estaba en el aire apuntando contra él. Lo próximo que pudo ver, fue un puño contra su rostro, mandándolo a volar unos cuantos metros.
Lincoln al recomponer su postura, giró su cabeza y miró a los otros dos que estaban allí. Ahora estaban conscientes de la situación en la que estaban y ambos sacaron una navaja que llevaban encima. Estos la llevaban por si acaso y este caso, era uno de ellos.
Él notó las navajas. Caminó lentamente contra los dos. Obvio que la persona que había hablado antes le ordenaba al hombre restante que se encargara de él. Fue corriendo contra su persona con la navaja en mano, realizando varios cortes en el aire pero los esquivó todos. En uno de esos cortes, tomó la muñeca en donde llevaba dicha navaja, ejerciendo presión en su agarre para hacer que soltara voluntariamente el arma. Lo hizo al cabo de unos segundos. Se pudo escuchar los huesos crujir de su muñeca y sollozando de dolor. Tomó el arma blanca con su mano restante y para terminar con su dolor, la clavó en su estómago. Soltó su muñeca y este retrocedió varios pasos atrás con los ojos bien abiertos y escupiendo algo de sangre. Para antes que cayera al suelo rendido, dio un rodillazo en donde estaba clavada la navaja, enterrándose más y lo remató con un gancho a la cara, volando por los aires para caer.
El que vendría a ser el líder, viendo que dos ya habían muerto y otro quedó sin reaccionar, empezó a retroceder cayendo sentado al suelo y tratándose de arrastrar para evitar al peliblanco que parecía un demonio.
“¡A- Aléjate de mí!” Gritó desesperado.
“¿Oh? Hace unos momentos acababas de decir que querías robarme pero ahora quieres que me vaya ¿no?” Este asintió desesperado y con mucho miedo. “Lo haría pero, lamentablemente decidiste involucrar a mi chica por lo que, no puedo dejar que te vayas de aquí porque si lo hago, volverás nuevamente…” Con una sonrisa, se acercó al líder que seguía retrocediendo. Tomó la navaja que usó contra el anterior hombre para usarlo contra él. “En tu próxima vida, elije bien a tus víctimas” Sin dejar que se defendiera, clavó la navaja en su pecho. Se tuvo que agachar para hacer esta acción y al pararse, pisó en la navaja para que se incrustara más en su pecho, haciendo que tocara en su corazón. Murió en el acto. Con el hombre restante, que yacía en el suelo sin reaccionar, simplemente le pisó el cuello contando hasta 50 segundos, ya siendo esto un asesinato múltiple.
“Lincoln…” Escuchar que era llamado por su nombre, le hizo dar la vuelta. Allí estaba Luan, con los ojos bien abiertos y en estado de shock. Temblaba por lo que estaba viendo. Era una reacción natural para alguien que seguramente nunca había visto morir a una persona. “Tú… Los mataste a todos…” Miraba los cuerpos de los hombres. No pudo escuchar muy bien de lo que hablaban en el auto por lo que por curiosidad bajó. Se acercó unos cuantos pasos y ahí se dio cuenta que su hermano mayor estaba peleando contra aquellos hombres que, más que pelear fue un asesinato a sangre fría. Pero más importante, escuchó cuando se refería a ella como “su chica”. Tanto tiempo sin verlo y ahora, al tenerlo al frente, se daba cuenta de sus sentimientos.
Lincoln lo único que atinó a hacer fue abrazarla y llevársela de allí lo más rápido que pudo para que no siga viendo aquello. No había cámaras en la zona y tampoco nadie del lugar parecía interesado en los ruidos ocasionados recién por lo que bendijo su suerte.
———
Entraron en el departamento. Luan se sentó en el sofá con su ayuda que todavía seguía sin decir una palabra y no paraba de temblar. Se ve que habrá visto todo y por ende, se habrá traumatizado.
“Luan, necesito que te calmes por favor” Le tomaba de las manos. Ahora en vez de estar relajado de que haya terminado todo, estaba más preocupado por el estado emocional de su hermana menor. “Oye, vamos…” Pero no hubo reacción. Seguía con el mismo estado.
“…” Levantó su cabeza. Lo miró unos segundos y apretó las manos. “¿Qué te pasó realmente hermano?” Lo había visto pelear pero, jamás matar a alguien y menos ahora con tanta naturalidad con lo que hizo. Por eso mismo estaba preocupada por él. Sea donde sea que se haya ido, lo cambió bastante.
Lincoln soltó las manos de ella. Pensó en no decirle pero al final, debía decírselo. Al menos alguien debía saber la verdad. Sacó un cigarro por los nervios que tenía, lo encendió y empezó a fumar como si no hubiese un mañana. “Estos 5 años que estuve fuera, fui a Japón. Allí, aunque fui como estudiante universitario, al final, terminé convirtiéndome en un yakuza…”
“¿Un… yakuza?” Luan no comprendía el término que usó Lincoln por lo que se mostró extrañada.
“Yakuza… en simples palabras, me uní a la mafia japonesa. Una vez que te unes, no puedes salirte de ellos a menos que hagas algo para que te expulsen”
Su hermano mayor resultó ser un mafioso. Los pensamientos de lo que podría ser que con la apariencia actual que llevaba, era millonario. Al final, resultó ser un mafioso. Su cabeza estaba que explotaba por todo esto. “¿Te expulsaron entonces?” Dijo en un tono suave y con algo de cautela.
“No. Mi patriarca me dejó irme de la familia, para volver aquí luego de conseguir bastante dinero, lo suficiente como convertir a la familia en una de las más importantes del estado” Y ese día no se lo iba a olvidar más. Literalmente, consiguió de una milagrosa forma más de 2 millones de dólares que, en yenes, era una cifra astronómica. “Con eso, me gane el favor de poder volver con mi familia. Es un caso raro de los yakuzas pero, nadie dijo nada sobre el asunto” Continuó contando un poco más acerca de su vida en Japón como un yakuza. No le iba a ocultar la verdad a Luan. Era a la única al menos que se lo iba a contar. Las demás no podían saberlo.
“¿Ser un yakuza te cambió para que actuaras de esta manera?” Pero negó con la cabeza. Luego se señaló el ojo derecho que llevaba una cicatriz.
“Los primeros meses como uno, actuaba como alguien de mi edad, un joven de sangre caliente y con ganas de pelear. Conocí un tipo que llevaba un parche en el ojo y tenía a mano siempre un cuchillo. Discutimos, peleamos. Luego supe que era alguien de un clan importante. Tuve suerte de vivir aquél día. Con eso me di cuenta que no debía ser tan desenfrenado y debía ser alguien más calmado pero, años más tarde, conocí a alguien, una figura que me dijo una y otra vez que era una basura como hombre por hacer lo que hice, abandonarlas a todos ustedes” Hizo una pausa mientras recordaba las palabras que le decía siempre. “¿Cómo puedes llamarte a ti mismo un hombre si escapas de tus problemas y abandonas a tus seres queridos? Dios, esas palabras jamás se me olvidarán… Pensaba en no volver pero con esas palabras, me esforcé para conseguir una forma de que mi patriarca me dejara volver con ustedes y, bueno, aquí estoy”
A Luan le tomó un poco de tiempo en procesar las cosas que Lincoln le dijo. No iba a volver y de no ser por esa persona que tanto hablaba con un tono melancólico, el seguiría allá como un mafioso o según él llamaba: yakuza. Más allá de eso, no paraba de pensar que su hermano se convirtió en algo que había jurado que jamás seria: un asesino.
“Eres un asesino entonces Lincoln…” Ella se apartó un poco de él. Si lo que hizo aquí era algo normal allá, entonces su hermano era realmente un asesino a sangre fría.
“…” Perdió su seriedad y agachó la cabeza, triste. Esperaba esta reacción por parte de ella pero, aun así, le dolía. Dolía ver que una vez que le dijera la verdad, esta se alejaba de él. Suspiró y se levantó del sofá o eso intentó hacer. “¿Mm?”
“Pero, de no serlo, es posible que hoy no estaría aquí contigo… Viva tal vez… Gracias” Ella le estaba tomando de la camisa para que no se levantara y lo abrazó con bastante fuerza. De nuevo estaba encima de él como la noche anterior. Correspondió el abrazo y no se separó de ella por un largo rato.
Ninguno de los dos de hecho se quería separar del otro. Querían quedarse así por un largo rato y que el momento no terminara más. Ambos extrañaban el olor y el afecto del otro. Fue tanto el afecto que ambos necesitaban que Luan, más necesitada de la figura de su hermano que Lincoln de sus hermanas menores, sin previo aviso lo terminó besando, incapaz de ocultar ya su sentimiento de amor.
Tras un largo rato, ella se separó de su hermano que estaba todavía sorprendido. Tenía los ojos muy abiertos. Estaba sin habla por lo que Luan hizo consigo. Pero, cuando reaccionó ante la situación que se encontraba con su hermana menor, al final, sucumbió ante la tentación y terminó por besarla él a ella. El beso fue correspondido e iba escalando más y más.
Como escalaba el beso a un punto en donde debían separarse para respirar, continuaron besándose pero quitándose la ropa el uno a otro, ambos cayendo ante la lujuria y a la tentación del pecado carnal, haciéndolo toda la noche.