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The Loud House: New Lincoln - V1C51 - Flashback IV

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Capítulo 51 – Flashback IV

Lincoln abrió los ojos a la mañana siguiente con un fuerte dolor de cabeza. Apenas podía moverse debido a dicho dolor.

Trató de estirar un poco en la cama mientras miraba el techo muy perdidamente, tratando de hacer memoria de lo que había sucedido el día de ayer. Aunque no era la gran cosa, pasó el día con sus hermanas menores y luego, tuvo un pequeño encuentro con unas personas que eran ladrones al parecer, no le importaba ya. Eran gente de poca monta al fin y al cabo. Luego de eso, recordaba que habló con Luan sobre lo que hacía realmente y tras eso, bueno, allí ya no quería recordar nada más.

Miró en su cama si de verdad había hecho lo que creía. Allí vio a Luan que descansaba muy plácidamente sobre su pecho mientras lo abrazaba. Ahora sí recordaba lo que hizo.

Apretó con fuerza sus ojos y se pasaba la mano por la cara mientras negaba una y otra vez. Le puso una mano encima a su hermana menor. No sería la primera vez de hecho.

La primera vez fue de hecho con amor, es decir, habiendo amor entre ambas partes pero, en este caso, sabiendo que ella (Luan) lo ama, el sentimiento del todo no es compartido. Sabía que dejó que sus instintos le guiaran esta vez y terminó por hacerlo con ella. También se odiaba por no haber tocado a una mujer en todo este tiempo que estuvo fuera del país ya que, en gran medida, eso afectó a su juicio anoche.

Pero no había forma de volver al tiempo. Lo que hizo, hecho está. Ya no podía cambiar nada. Sí podía arrepentirse un poco, bastante si quería pero dentro de todo, no podía  hacer nada más en su alcance.

“Mm…” Luan empezó a moverse encima de él, un poco. Estaba buscando una posición mejor para reposar encima de su pecho. “Mm… Basta Lincoln, no toques allí…” Hablaba dormida. Mejor dicho, murmuraba dormida. Sería algo lindo escucharla hablar dormida pensó un momento hasta que borró ese pensamiento. Lo que hablaba dormida luego de eso, no quiso escuchar más y le apretó la nariz para que no pudiera respirar, despertando muy desesperada. “Ha… Fuiste tú…” Sonaba enojada pero su cara no lo estaba, había una sonrisa en ella. Se volvió a recostar en su pecho mientras apoyaba sus manos encima de él.

“¿Podemos…?” Pero ella lo miró y apoyó su dedo en sus labios, haciendo que haga silencio.

“Sé lo que vas a decir así que, no te preocupes. Reconozco que esto se nos fue de las manos por la noche. Aun así, sólo te pido que me dejes quedarme un rato más en esta posición…” Incluso ella sabía que lo que hicieron era un acto más de la lujuria misma y del deseo carnal. Sin importar si hubiera amor o no, lo que hicieron estaba muy mal. “¿Te molesta acaso eso?”

“Sólo por esta vez…” Los ojos de perro triste pudieron con él en esta ocasión. No dijo nada más mientras se quedaba callado y cerrando los ojos, pensando un poco en otras cosas mientras que Luan sólo pensaba en disfrutar en brazos de su hermano mayor así como aprovechar el calor que este emanaba. También, miraba las variadas marcas que tenía en el cuerpo así como unos tatuajes que tenía en su cuerpo. Había uno en cuestión que vio en su espalda. Era enorme y le trajo mucha curiosidad sobre este pero no quiso preguntar nada. Aprovechar este momento era lo mejor que podía hacer. “Luan”

“¿Qué pasa?” El silencio fue interrumpido por la voz de Lincoln que, sonaba bastante seria.

“Necesito hablar con mamá y papá” No hubo respuesta del otro lado. Es más, pudo escuchar un pequeño ruido. “Oye, ¿me escuchaste? Necesito hablar con ellos” Realmente lo debía hacer. Necesitaba verlos a ellos ahora.

“No creo que puedas hacerlo…” Dijo evitando la mirada de su hermano mayor que le apartó de su pecho y le tomó de ambos hombros con los ojos serios y una expresión desesperada. Pensó en algo y si era cierto, entonces, su conjetura sería cierta.

“¿Por qué?”

———

Lo que había pensado terminó siendo cierto.

Tenía en frente a sus padres pero, no en persona. Lamentablemente, lo único que pudo ver de ellos fue sus tumbas, uno al lado del otro. Habían muerto según le dijo Luan en un accidente.

Aunque la causa de dicho accidente aún no se tenía muy en claro, era sabido por la gente de la comunidad que los padres Loud murieron en un accidente y que, ellos al igual que otras 30 personas también perecieron.

Esto ocurrió hace un año. Se cumpliría un año dentro de unos pocos días.

Se arrodilló frente a la tumba de sus padres y golpeó la cabeza contra el suelo mientras se disculpaba con ellos por haber hecho lo que hizo en todo este tiempo. Aunque no estaban allí, podía sentir que incondicionalmente le estarían viendo. Lloraba mientras pedía disculpas por no estar con ellos y por haber escapado como lo hizo. Si hubiese sido más fuerte y enfrentado sus problemas, esto no hubiese pasado.

Pero las malas noticias no parecían terminar para él. Cuando estaba por irse de allí luego de un largo rato, notó otras tumbas con nombres que les eran muy familiares.

Clyde, Zach, Rusty, incluso Liam, estaban allí. Su corazón no pudo estar más devastado. No había ya más lágrimas para llorar o no había nada más que romperse dentro de sí mismo. También sus amigos estuvieron en aquel accidente que terminó con sus vidas. Parecía que el mundo por hacer lo que hizo estaba en su contra.

Quedó sentado frente a sus lápidas mientras miraba el cementerio que le rodeaba. El cielo gris, casi negro por lo que parecía que iba a seguir lloviendo por un largo rato. No le importaba mojarse para nada. Era mejor. Las lágrimas que pocas salían ya de sus hinchados ojos se mezclarían con la lluvia.

Se pudo calmar al rato. Ya no podía literalmente llorar más. Miraba las lápidas de sus mejores amigos. Todavía no podía creerlo y ya había pasado más de una hora.

Tomó la decisión correcta de venir sólo al final. No quería ver a nadie tampoco. Si venía con Luan, seguro que intentaría animarle. Por eso, la dejó en su casa antes de venir casi a más de 150 kilómetros por hora.

“Mis padres y mis mejores amigos… Soy un completo idiota…” Se tomaba la cara y se la estiraba con fuerza. Su actitud seria en todo momento se corrompió, se quebró mejor dicho. Gritó con bastante fuerza por toda la frustración de golpe que sentía por esto. Se repetía una y otra vez que era un idiota y de los mejores que uno podía encontrar.

“Oye, ten un poco más de respeto con el cementerio. Las almas de los cuerpos intentan descansar y no pueden hacerlo si gritas de esa manera” Una voz llamó su atención. Miró a su costado con una muy mala expresión, una expresión algo muerta y sin vida. Era una chica que le había hablado pero no le dio importancia ahora mismo. “Entiendo que hayas perdido a personas cercanas a ti pero, si gritas de esa manera perturbaras su eterno descanso y harás que se molesten contigo”

“Mientras vuelvan…” Negó con la cabeza y se levantó de allí. La lluvia de a poco se intensificaba y él no tenía un paraguas para evitar no mojarse más de lo que ya estaba. “De todas formas, lo siento. Gritaré más bajo la próxima vez”

“¿Por qué estás así?” Preguntó la chica.

“Mis amigos, mis padres murieron… y no estuve allí cuando pasó. No estuve allí para evitar que ellos murieran…” Miró sus manos y apretó con bastante fuerza. Impotencia era la palabra que tenía que usar ahora mismo. La chica vio la apariencia que tenía y no era muy buena. Su cara, sus ojos claros que tenía, no había brillo en ellos. Parecía un muerto andante.

“Mis padres también murieron. Fue en un accidente que involucró a muchas personas…” La chica mantenía un tono neutral de voz mientras hablaba y recordaba el hecho en cuestión. “¿Cómo se llamaban tus padres? Si quieres, te acompañaré para que les des un despido a sus almas y cuerpos”

Lincoln sintió por una extraña razón una familiaridad con esa voz y un presentimiento con lo que dijo acerca de sus padres. Negó con la cabeza y suspiró. “Mis padres se llamaban Lynn y Rita Loud”

La chica que en todo momento se mostraba sin mostrar alguna emoción abrió los ojos cuando escuchó que los padres del hombre frente a ella eran justamente los mismos de ella. Lo miró mejor, se acercó a él para ponerse tan cerca que estaría invadiendo su espacio personal. Su vista no le fallaba. Empezó a balbucear un poco mientras lo seguía mirando.

Lincoln notó que la persona de la voz neutra estaba a su lado. Se giró en su dirección. La vio por primera vez. Toda la ropa que usaba era negra al igual que su cabello. Reconoció todo sobre esa chica que tenía en frente. La diferencia era que en este caso, podía ver unos ojos celestes como el mar que le miraban de la misma forma que él a ella: asombro.

“¿Lincoln?”

“¿Lucy?”

Ambos se dijeron sus nombres al mismo tiempo. Lucy llevaba un paraguas para no arruinar su ropa. Ambos notaron los enormes cambios que el otro tenía. Sobre todo Lucy notó a su hermano mayor todo el cambio que sufrió alguien que su hermana mayor dijo que estaba muerto. Podía ser un muerto vivo pero no tendría ese color de piel o tendría toda su piel. No, estaba vivo. Por primera vez, ella soltó una lágrima y sin importar que se mojase con la lluvia, abrazó a la persona que creía muerta, su hermano mayor.

Él estaba asombrado al ver que a Lucy se le veían los ojos. Era simplemente perfecto. Al sentir su abrazo, la abrazó más fuerte incluso que ella. Se volvió a reunir con otra de sus hermanas menores y aunque el contexto es extremadamente malo, esto fue al menos fue lo suficientemente bueno como para hacerle olvidar todo el dolor que llevaba encima de él ahora mismo.

———

Aunque la tarde del domingo la pasó un rato con Lucy, quién estaba muy feliz de ver a otra de sus hermanas menores, al final, tuvo que pedirle disculpas por no poder pasar más tiempo con ella porque quería ahora mismo estar sólo.

Ella no dijo nada. Mantuvo el silencio un rato hasta que le dijo que no había problema alguno, que si realmente necesitaba a alguien que escuchara todos sus problemas en silencio, ella era la más indicada de la familia.

Aparte de charlar en ese rato con ella sobre la vida de ambos, Lucy le contó cosas que necesitaba saber de los demás.

Cuando sus padres perecieron, ocurrió cuando sus hermanas mayores Lori y Leni no se encontraban en casa y volvieron para su funeral y luego de días se volvieron a ir. Esa era la primera vez que escuchaba de ellas dos. Lori estaba en la universidad al igual que Leni. Bueno, no precisamente ella estaba en la universidad. Esa conclusión la sacó él mismo cuando dijo lo de Lori que, a día de hoy, solamente rezaba para que estuviera bien. La cuestión era que Leni si se encontraba estudiando pero no en la universidad sino fuera del país y moda.

Por ende, tanto Luna como Luan quedaron a cargo de los demás miembros de la familia.

Ahora estaba tirado en su cama por la noche, mirando al techo.

Recordar lo que Lucy dijo nuevamente sobre Luna que tuvo un hijo y al día de hoy, estaría cumpliendo 5 años, lo dejó demasiado perplejo.

Enterarse que su hermana menor tuvo un hijo y si se ponía a pensar un poco sobre la edad con la que quedó embarazada, le dolía bastante saber que parte de su futuro había sido arruinado por ello pero por otro lado, tal vez no pensaba que se había arruinado del todo. Él pensaba de esa manera pero, como se dijo a sí mismo, “tal vez yo pienso las cosas demasiado” y simplemente se durmió.

Pasó ya casi dos semanas desde ese entonces.

Él no mantuvo contacto alguno con nadie de sus hermanas con las que se había reencontrado. No quería pasar tiempo con ellas tampoco y esto no era que por un día al otro no quería verlas más, al contrario, quería mucho tiempo con ellas y volver a ser una familia nuevamente. Aun así, se mantuvo sólo todo este tiempo por cuestiones propias, cuestiones de no querer verlas por el simple hecho de ahora haber fallado más que antes.

Se llamaba idiota nuevamente. Repetía lo mismo que se decía en el cementerio mientras miraba la tumba de sus padres. No sólo falló como hermano mayor en irse al diablo cuando todo se fue al mismo lugar sino que, tampoco estuvo para cuidar a su familia en el momento que más necesitaba a alguien que sea lo más cercano a una figura paterna que en este caso era él.

“Sí tan sólo estuvieras en ese momento para cuidarnos, seguro que ahora la situación fuera distinta” Esas palabras de Lucy seguían en su mente al igual que las demás. En estos años que pasaron, la franqueza de ella se hizo más notoria y no le preocupaba decir las verdades que otros casualmente callarían. Aunque dolía, de hecho, felicitó a Lucy por eso. Pero verla a los ojos era algo que todavía no acostumbraba. Era cara indiferente era normal en ella porque su flequillo le tapaba los ojos. Ahora, esa cara tenía otro valor con sus ojos a la vista. Era muy diferente pero se podía ver que transmitía más emociones que todo su rostro completo.

Durante casi dos semanas, lo único que hacía era estar recostado o salir a pasear para despejarse.

Llamadas de sus hermanas menores invadían su teléfono pero no atendió ninguna. Incluso Lucy intentó averiguar algo sobre él ya que, obviamente quería pasar un poco de tiempo con su hermano mayor pero, tampoco le respondió. A ella solamente le dio un mensaje agradeciendo bastante por todo lo que le contó.

Mientras paseaba el día de hoy, pasó por un lugar que al instante tuvo que estacionar el coche para poder apreciarlo bastante.

Un edificio con un negocio debajo de él. El cartel que había que decía “Casagrande” le hizo sentir bastante familiarizado además de sentir como si fuese su otra casa.

La relación que tenía con los Casagrande antes de irse era realmente buena, por no decir que era excelente a tal punto de tratarlo como un hijo más. Tenía una sólida relación con Ronnie Anne, una chica bastante fuerte y a veces, la persona que le molestaba todo el tiempo. Pero eso fue antes de irse. El pensamiento que ella tuviera ahora de él, si estuviese en sus pies,  se golpearía a sí mismo.

“Bueno, que sea lo que Dios quiera…” Puso alarma a su coche y entró a la despensa.

No había cambiado para nada, seguía siendo el mismo lugar de siempre. La diferencia que había encontrado era los productos que estaban en los estantes y para venderse. No podía comparar esto con las tiendas que había en Japón. Los productos por sobre todas las cosas, eran ya de por sí diferentes.  Pero algunas cosas de aquí, por más que en Japón podría encontrar tiendas que tuvieran estas cosas, que no se encontraban allá para nada. Un ejemplo eran los cómics cerca del mostrador y echando un ojo, eran cosas que había dejado de leer hace ya tantos años. Lo tomó como algo nostálgico y lo leería en su rato libre. Tomó otras cosas más, comida chatarra sobre todo y lo llevó al mostrador.

La persona que atendía, lo miró una vez y simplemente echó a reírse dentro de él. Era el primo de Ronnie Anne que siempre buscaba robarle la novia a su primo que en este caso, era su hermana Lori. Creció y nada más. Llevaba la misma apariencia de siempre pero podía notar algo de rebeldía en sus ojos.

Él lo miró un momento y luego miró las cosas que iba a llevarse con algo de indiferencia mientras pasaba por un sensor sus cosas que en la pantalla de la computadora que había a un costado salía los precios.

“Es un total de 100 dólares” Con tal precio, alzó las cejas un momento. No llevaba muchas cosas pero, con tal precio, bueno, parecía para él un poco de robo. De todas formas, sacó un billete de 100 dólares y pagó por sus cosas. “Gracias, vuelva pronto” El tono era bastante indiferente. Es más, la cara desganada que tenía demostraba lo poco que quería estar allí.

“Tu cara dice que no quieres estar aquí ¿verdad?” Preguntó Lincoln con la bolsa en manos mientras se quedaba allí viendo a Carlino que al escuchar su pregunta, suspiró y apoyó mitad de su cuerpo en el mostrador.

“Y que lo digas. Prefiero estar con mis amigos a trabajar pero, mi abuelo dijo que debía hacerlo ya que me obligaron” Se quejó. Quería salir con sus amigos a jugar por la ciudad, a patinar de hecho que lo invitaron pero tuvo que rechazar dicha oferta porque su abuelo le pidió que atendiera la tienda familiar.

“Por cierto, ¿cómo se encuentra Hector?”Carlino lo miró extrañado por la nueva pregunta que le hizo.

“¿Conoces a mi abuelo?” Se levantó del mostrador y lo miró fijamente unos segundos, entrecerrando sus ojos mientras se acercaba a su rostro. Lo que miraba era un rostro con una leve sonrisa y con una marca enorme en uno de sus ojos. La vestimenta que llevaba seguro era alguien de una persona rica por lo que, estaba seguro de nunca haberlo visto antes.

“Lo conozco y muy bien de hecho. ¿Podrías llamarlo? Necesito hablar con él” Carlino no estaba seguro de esto pero, luego agregó. “Te aseguro que podrás salir de aquí lo haces” A lo que con una sonrisa y corriendo fue a buscar a su abuelo que, preguntaba bastante la identidad de esta persona que escuchó describirle.

Tanto él como su abuelo bajaron y lo vieron a Lincoln, ellos desconociendo su identidad, con los brazos cruzados mientras tenía un cigarro en mano y fumaba de él. Los dos se miraron unos segundos pero Carlino, muy oportuno y pensando bien, se fue corriendo de allí para irse a buscar sus cosas para patinar con sus amigos.

“Querido cliente, no se permite fumar aquí” Le dijo Hector mientras se acercaba a él. Su apariencia era la misma de siempre. Los años nada más cambiaban. Pero todavía se podía notar que era bastante joven o actuaba como uno. Apagó el cigarro en seguido y lo mantuvo en manos unos momentos. “Mi nieto me dijo que me estabas buscando, ¿qué necesitas?”

“Bueno, ¿acaso soy irreconocible abuelo?” Le dijo con una sonrisa mientras se paraba  a unos cuantos pasos. Llevaba gafas por lo que se las quitó para mostrarle sus ojos.

Hector miró nuevamente la apariencia que este llevaba. Un traje blanco completo abierto y una camisa negra. A simple vista, parecía ser alguien con dinero y que diga que le conoce o que le preguntara que si era irreconocible, lo dejó con muchas dudas. Pero al momento de ver los ojos que tenía, esos ojos claros y la sonrisa grande que mostró, la emoción brotaba de todo su cuerpo.

Fue tanta la emoción de Hector que no hubo palabras. Abrazó fuerte a Lincoln a lo que él también abrazó con mucho cariño y afecto al anciano frente a él. Luego de tanto, se encontraría con su segunda familia.

———

“¡Mamá! ¡Papá! ¡Saldré con mis amigos!” Grito con mucha fuerza Carlino mientras tenía puesto todo su equipo de patineta. Ya que seguro su abuelo se haría cargo de la tienda, entonces no se preocuparía para nada.

“¿Salir con tus amigos? ¿Acaso tu abuelo no te pidió que estés en la tienda?” La madre, mirando a su hijo que estaba por irse, lo regañó por completo por no obedecer el favor de su abuelo.

“No te preocupes, alguien pidió verlo en la tienda porque dijo que lo conoce así que, él se quedará en la tienda” Lo que dijo él hizo que sus padres se miraran unos segundos. Incluso sus hermanos y su abuela intercambiaron miradas. El mero hecho de que alguien conociera a Hector era normal.

“¿Sabes la apariencia de esta persona que dijo que conoce al abuelo?” Le preguntó su padre cerrando el libro que llevaba en mano. También se había interesado ahora en ese alguien que su hijo mencionó.

“Llevaba un traje blanco completo y un reloj de plata. Seguro era alguien con mucho dinero o el hijo de una vieja amistad del abuelo, no sé” Carlino dijo esto ya con ganas de irse y se estaba yendo pero la aparición repentina de su abuelo le hizo retroceder varios pasos hasta llegar de nuevo a la sala donde su familia estaba sentada mirando la televisión.

Hector apareció con una enorme sonrisa en su rostro, apagando el televisor y recibiendo comentarios malos sobre lo que acababa de hacer.

“Querida, empieza a cocinar” Le dijo a su esposa que se levantó del sofá para acercarse a él.

“¿Cocinar? ¿Acaso tenemos un invitado?” Él no dijo nada y sólo miró a un costado asintiendo con la cabeza para que entrara aquella persona que estaría esperando parado en el pasillo

Un peliblanco apareció con un traje en un brazo, estando sólo con la camisa negra y sin las gafas que llevaba puesta, con una enorme sonrisa viendo a toda la familia Casagrande que lo observaron de arriba abajo tratando de averiguar quién era esa persona muy bien vestida. Él sólo negaba con la cabeza con una sonrisa, apoyando su traje en el respaldo de una de las sillas que estaba a su alcance y los volvió a mirar a todos nuevamente. Se acercó hasta la esposa de Hector que se lo quedó mirando asombrada por unos instantes por lo hermoso que era.

“Abuela Rosa, me da gusto volver a verte otra vez”

Verte otra vez. Abuela Rosa. Repitió levemente esas palabras hasta que mirando mejor al peliblanco, el asombro era casi parecido a Hector cuando lo vio mejor. “¡Hijo mío, volviste!” Gritó y lo abrazó tan fuerte que Lincoln sintió que un hueso se le estaba rompiendo. Seguía siendo igual que siempre pensaba. Sentía más energía en ella que en Hector.

Ver la emoción de su abuela por reaccionar así con alguien empezaron a mirarse nuevamente confundidos hasta que su abuelo miró con una sonrisa y muy alegre diciendo: “Es Lincoln” y con eso, todos se levantaron y apachurraron con un fuerte abrazo a lo que tuvo que corresponder.

Todos se separaron y la abuela Rosa lo soltó y lo hizo sentar en la mesa. “Ponte cómodo que haré la comida que tanto te gusta hijo” Fue volando a la cocina mientras los demás miembros se acercaban y se sentaban cerca de él.

Miró a los dos adultos frente a él. Carlos y Frida. Seguían igual que siempre. Parecía que en la familia sólo creían y cambiaban su físico o la edad. Luego, usaban la misma ropa. Eso sí, facialmente notaba cambios en ellos. Arrugas o un rostro más maduro por parte de sus hijos que estaba feliz de ver a los que consideraba de alguna manera hermanos.

“Has crecido bastante Lincoln. Casi que parece que eres otra persona” Dijo Carlos dejando ya de lado el libro que siempre cargaba. La mirada en él al igual que su mujer sobre Lincoln era muy cálida.

“Bueno, los años pasan y pesan para todos y no soy la excepción” Se rascaba la cabeza nerviosamente por ser el centro de atención de la familia.

Carlino, que estaba a punto de irse, viendo que la persona que había comprado cosas y entrado a la casa era Lincoln, se quedó en silencio por no haberlo reconocido antes. Ellos dos siempre peleaban y más porque él siempre hacía lo que fuera para que su hermana dejara a su primo y así estar con él. Claro que cuando lo hacía frente a Lincoln, este le regañaba bastante pero dejando aquello de lado, también estaba contento de verlo.

“Y debo decir que todos ustedes crecieron, sobre todo tú Carlitos” Miró al que por aquel entonces, era sólo un bebé que hacía burla en todo lo que los demás hacían. Ahora era un niño de 5 años y crecía sanamente. No sabía si le reconocería pero, el intento estaba. Inesperadamente, le reconoció lo que le dio una grata sorpresa.

¿Qué decir de CJ y de Carlota? No mucho. CJ seguía igual. Aunque su enfermedad era algo del cual se podía hablar bastante, eso no le detuvo su crecimiento. Incluso la fuerza que llevaba consigo era enorme para la edad que tenía. Aunque no sabía si tenía 16 o 17 años, de todas formas, podía decir a simple vista que él es más fuerte que cuando tenía él 17 años. Por parte de Carlota, seguía teniendo la misma figura de siempre, una buena de hecho. Seguía igual de bella y con el paso de los años, con casi 25 años, su belleza era más notoria y más evidente la cual, sería el deseo y anhelo de muchos hombres.

“Aquí tienes hijo, el plato que tanto te gustaba cuando siempre venías a comer con nosotros” Un plato lleno de tacos y burritos fue puesto frente a Lincoln que estaba por decir algunas cosas más con respecto a verlos pero, el plato se llevó toda su atención, inhalando todo ese aroma embriagador.

“Mm… Dios, cómo extrañé tu comida abuela…” Esos tacos y burritos que hacía ella eran los mejores y por lejos, mejores que los de su padre. El aroma entraba en sus fosas nasales y realmente, estaba tan excitado por el olor que estaba por liberar todo lo que llevaba dentro de él.

Le dio unos cuantas mordidas mientras los demás le miraban. Degustaba el burrito que, a decir verdad, quería evitar llorar por extrañar una comida de este estilo.

“Me encanta…” Dijo mientras pasaba su brazo para secarse los ojos. Literalmente, el sabor no podía quitárselo de la boca ni olvidárselo. Era un agasajo y el sabor, bailaba dentro de su boca.

“Y, ¿cómo se encuentra tu familia Lincoln?” Preguntó Frida mientras también algo de la comida, una de las tantas, que Rosa había hecho. Él tragó lo que tenía dentro de su boca y su rostro se puso serio de la nada.

“Vi… Visite no hace mucho a mis padres y a mis amigos…” Frida notó la expresión triste que puso ahora. Miró a su esposo un momento, dándose cuenta de lo que había pasado hace casi ya un año con respecto a ellos. Ahora se sentía mal por preguntar. “Pero… al menos mis hermanas se encuentras bien… Con eso me conformo”

“¿Hace cuánto que volviste?” Carlota escuchó que su prima le dijo que se había ido del país. No sabía muy bien los detalles del porqué su novio se iría sin decir mucho pero, ahora que estaba frente a ella, quería saberlo y claro, no perdió tiempo tampoco y le mandó un mensaje a su prima mientras lo miraba.

“Cerca de un mes creo, la verdad que he perdido un poco la noción del tiempo” Respondió pensando un poco sobre esto. Realmente ya no sabía cuánto tiempo llevaba aquí pero, de todas formas, no importaba. Como venían las cosas, estaba pensando en quedarse y más porque se lo había prometido a Luan, cosa que pensar en aquella promesa, le hacía recordar lo que ambos hicieron esa noche.

“¿Qué estuviste haciendo todo este tiempo?” Volvió a preguntar Carlota que seguía inspeccionándolo de cerca. “¿Has estado con alguna otra mujer todo este tiempo que has estado fuera?”

Lincoln ante la pregunta, nervioso por dentro, por fuera se mostraba sereno y con una sonrisa y levanto la mano mostrándole los 5 dedos. “5 años sin tocar a nadie” Dijo con orgullo aun sabiendo que había estado con su hermana menor. Ella pensó que estaba queriendo decir que estuvo con 5 chicas más pero no, tuvo que aclararlo y de por medio hubo algunas risas en toda la familia.

Pero la reunión tuvo que terminar de pronto porque sintieron el ruido de una puerta pateándose con mucha fuerza.

“¿¡Dónde está!?” Una chica de tez morena apareció en la sala de la familia mientras comían con Lincoln. Su cabello oscuro estaba atado con una cola de caballo e iba vestida con un sostén deportivo morado así como un pantalón deportivo de color negro y zapatillas del mismo color. Se la notaba sudada siendo el sudor recorriendo cada parte del cuerpo que la chica tenía muy bien trabajado. Ella miró a todos y notó a un peliblanco muy bien vestido. Miró la foto que su prima le había mandado sobre la persona que decía y afirmaba ser Lincoln y lo comparó. Comparó una que tenía ella antes de él, los dos juntos. El antes y después eran muy grandes y el peliblanco que su prima afirmaba que era Lincoln, tenía una cara de sorpresa.

Entre más se miraban ambos, el silencio en la sala y de la familia Casagrande era enorme. De pronto, por parte de Rosa y Frida e incluso Carlota, hizo que todos se fueran de allí para dejarlos solos a los dos para que hablaran, notando y sabiendo que se debían decir muchas cosas.

Lincoln se levantó y se acercó a la chica que obvio reconoció de inmediato con seriedad. La chica frente a él era justamente su ex, si así se le podía llamar, Ronnie Anne que ella seguía muy sorprendida de verlo. Sonrió ya estando a un solo paso de ella.

Ella pensando que miraba un fantasma, puso su mano encima del pecho creyendo que lo atravesaría pero, lo que tocó era sólido. Muy sólido de hecho. Con ambas manos, empezó a tocar todo el cuerpo de Lincoln ahora realmente segura de que era de verdad. Su vista de nuevo se volvió a encontrar con la del peliblanco. No hubo falta alguna palabra, tan sólo con la mirada entendieron que no había necesidad de palabras y se terminaron abrazando con mucha fuerza.

Los espectadores de la escena estaban contemplando todo. Especulaban lo que iba a pasar creyendo que se iban a besar pero sólo se abrazaron fuertemente por un largo rato hasta que se separaron. No podían escuchar muy bien lo que decían porque hablaban en voz baja pero podían ver todo lo que Lincoln hacía, pasando levemente su mano por la mejilla de ella mientras esta no quería separarse de la cercanía de él. Entre más charlaban, Lincoln cambió su expresión de una sonrisa a un rostro serio. Querían saber lo que estos estaban hablando para poder comprender más los cambios faciales que estaba sufriendo. De pronto, apartó un poco a Ronnie y tomando su saco, salió de allí casi a las prisas.

“Ya pueden salir de donde están escondidos” Miró para el otro extremo viendo a toda su familia que estaban mirando sin que ellos se dieran cuenta pero, lamentablemente, sí que se dieron cuenta y la razón por la que en un momento ambos rieron era por las miradas de ellos. Cada uno empezó a acercarse a ella preguntándose de lo que posiblemente hablaron. “Y si llegan a preguntar de lo que hablamos, sólo puedo decirles que Lincoln volverá pronto” Con una sonrisa en su rostro, le comunicó algo de lo que habló con él a lo que su familia, se miraron entre ellos y algunos tenían miradas de lamento y otros de alegría. Todo esto se dio a que entre ellos apostaron a que se iban a besar y otros que nada iba a pasar. Esto hizo que Ronnie mirara a su familia y les gritara por apostar de nuevo sobre él y ella como en los viejos tiempos.

———

Lincoln arribó al lugar donde ella y Lynn frecuentaban en la ciudad.

Miró desde su auto el lugar. Era un gimnasio y por lo que parecía, era bastante concurrido por lo que pudo ver a través de las ventanas, viendo toda la maquinaria para hacer ejercicios y mucha gente arriba de ellas.

Bajó del auto, claro que poniendo la alarma y no sin antes dejar su saco allí, caminó dentro y ya al entrar pudo sentir la ola de calor así como la música que se reproducía funcionando como ambientación del lugar. Suerte que había dejado su saco dentro porque el calor que estaba sintiendo era bastante.

Las miradas que recibía mientras iba a la recepción del lugar eran varias. Algunos estaban entrenando mientras miraban a un peliblanco con ropa elegante mirando todo a su paso mientras que otros que estaban charlando, dejaron de lado la charla para verlo y  murmuraban cosas sobre él.

Llegó a la recepción que trabajaba lo que parecía una mujer joven, algo parecida a la edad que estaba llevando. Era bastante hermosa cuando la veía. Ella vio que alguien se acercaba y como estaba perdiendo el tiempo un momento con su teléfono, lo dejó a un lado y se concentró ahora en su trabajo.

“Buenas tardes señor, ¿de casualidad es nuevo?” Hizo una pregunta típica. La gran mayoría era gente conocida y la otra, era nueva que a veces pasaban por la recepción. Simplemente vienen y entrenan y listo.

“Sólo quiero saber si en este gimnasio hay una muchacha llamada Lynn Loud Jn” Preguntó mientras seguía mirando a todos lados, buscándola por lo que le contó Ronnie.

“¿Lynn? Está en el ring que hay en el gimnasio, pasando la puerta que se encuentra detrás de la recepción, ¿por qué la busca?” Preguntó ella. Alguien con su apariencia estaba buscando a una de sus personas más frecuentes del lugar. No le dio alguna respuesta sino que sacó su billetera y le dio lo que era alrededor de 500 dólares por la información. Sorprendida, agarró el dicho dinero y lo vio irse en seguida para donde dijo que Lynn se encontraba.

Ya con la información recibida, pasó al lugar donde la recepcionista le dijo dónde su hermana menor estaba. El lugar seguía siendo un gimnasio. No era que era una puerta, era el marco de esta y sin una para entrar y salir sin problema alguno. Del otro lado, como pensaba, había gente que entrenaba con la maquinaria pero además, había equipo para hacer boxeo y otras artes marciales.

“Vaya…” Miraba el lugar de arriba abajo. Había realmente mucha gente que estaba entrenando. La imagen que estaba viendo le hacía recordar cuando estaba en Japón todavía con los yakuza, entrenando en un lugar exclusivo de la familia a la que estaba dentro, todos con mucha energía y felicidad.

“¿¡Quién es el siguiente!?” Un grito atrajo su atención. Miró y empezó a dirigirse a la zona en donde se escuchó dicho grito. Pudo ver a una muchacha que levantaba los brazos con una sonrisa enorme. Cabello largo, atado con una cola de caballo. Llevaba unos shorts rojos y una prenda superior que cubría sus pechos, algo parecido a lo que Ronnie llevaba cuando apareció en la casa, de color oscuro. Tenía un poco la cara con sangre pero no parecía que fuese algo que le importase. Volvió a mirar a todos los que estaban debajo del ring, notando la cara de asombro que tenían. En otro lado del ring, había alguien que apenas pudo aguantar dos minutos con la chica a la que todo el mundo llamaba “La Campeona”. “¿¡Y!? ¿¡Realmente nadie quiere pelear contra mí!?”

Todos los presentes, hombres y mujeres, miraron al ring y la vieron a Lynn que estaba exclamando con muchas ganas buscando un nuevo oponente. El hombre que acababa de vencer estaba bajando del ring como podía por todo el dolor que estaba sintiendo.

“¡Bah! ¡Son todos unos cobardes!” Gritó de nuevo con bastante asco a los demás. El tema no era que sean cobardes, el tema era que ella era muy violenta y por ende, por más experimentados que algunos puedan ser en las peleas, ella se las arreglaba ante toda la situación para prevalecer.

“¿Ya te vas a retirar?” Una voz hizo que todos, incluso ella, vieran al otro extremo del ring. Un peliblanco había subido sin que los demás notaran, quitándose la camisa que llevaba puesta y los zapatos dejándolo en un costado del ring y pidiendo a alguien cercano a él que le cuidara las cosas. Los tatuajes que este llevaba encima se pudieron ver lo que más atrajo la atención de todos, notando el enorme tatuaje de un enorme y feroz tigre blanco que llevaba en su espalda. Era increíblemente feroz la apariencia de dicho animal. “¿Qué pasa? ¿No aceptas mi desafío?”

Lynn se quedó mirando al peliblanco por un largo rato, callada y analizando a su posible oponente que, con simplemente mirar a sus ojos, ya estaba sintiendo una sensación incómoda así como una familiaridad. Era una sensación que estaba buscando en un oponente que no pudo encontrar en una larga tarde. “¿Quieres una pelea sin protección?” Advirtió ella viendo que este ya estaba que quería pelear a lo que de respuesta, vio una sonrisa.

“Tú misma lo has dicho Lynn, esto es una pelea, no una práctica” Al escuchar esas palabras, sintió una enorme familiaridad. Pero negó con la cabeza ante esa declaración y con una sonrisa enorme, se quitó el casco protector así como los guantes y de paso, las botas de boxeo.

Ahora estando en igualdad en condiciones, se tronó todos los huesos posibles por sonarse al igual que el peliblanco que hizo lo mismo. Cuando le preguntó si estaba listo, este le dijo “Nací siempre listo” a lo que luego de eso, ambos se dirigieron el uno a otro  cargando preparados para empezar una pelea a la que la gente, miraría y recordaría.

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