Pequeña Quin Capítulo 100 – Sobre el erudito y la pequeña oveja entrometida.

Modo noche

– Recuerda el resultado, antes de intentarlo sin un núcleo… – continuó, ignorándome – … Desde ahora, para bien o para mal… quedas a tu suerte… – lanzándome una pequeña gema roja, similar a la que había entregado a Violet – … solo para el avance… – aclaró – … puede que no esté cerca, pero, no debes forzarlo sin mi presencia – remarcó seriamente.

– Lo entiendo… – asentí, de acuerdo. No podía confiar en nadie más, de todos modos – ¿Continuarás tus viajes? – indagué, interesado.

– No te compete… – indiferente – … solo… recuerda quién eres y cual es tu tarea… – pausa – no me decepciones – terminó, fríamente.

Luego se dio media vuelta, tomó a Pino del hombro y desapareció… dejándome agotado e inmóvil.

– Definitivamente… un día… ufff… – respirando con dificultad – ¡un día le daré un buen puñetazo en el rostro!

Gritando mis sueños a la nada, respiré hondo y, recostándome boca arriba, comencé a recuperarme.

 

 

Desde que, dentro de la base, la luz provenía de rocas luminiscentes, era fácil perder la noción del tiempo.

Fuera, el amanecer estaba llegando.

A dos kilómetros de la montaña, en la orilla del lago interno, aquel acunado entre la cadena y la isla, una bella imagen tenía lugar.

Con sus cabellos plateados al viento, Lehm miraba distraídamente hacia el nacimiento de la luz. Sus manos en su espalda, y sus ojos desenfocados… ¿En que estaría pensando?…

Transmitía una sensación etérea… como si estuviese en contacto con todo, pero nada pudiese realmente tocarlo. Así ha sido desde el primer día… así ha continuado siendo hasta hoy… solo que esta vez, en vez de Quin, había un extraño ser metálico, parado silenciosamente a varios metros detrás, con dos ojos encendidos muy tenuemente.

Suspiró largamente, y cerró sus ojos, mientras el sol venía a ser una realidad en el horizonte… bañándolo con su luz y calidez.

Pasaron varios minutos sin que ninguno mostrara signos de actividad. Finalmente, Lehm abrió su boca.

– Habla.

La mirada de Pino volvió a la vida, a la vez que comenzaba a jugar con sus dedos nerviosamente.

– Amo… felicidades por sus nuevos discípulos. Puede irse tranquilo y confiarme al niño… – con confianza – … Es solo que… después de tanto tiempo, me preguntaba… Cuando el retoño se ausente… – pausa prudente – … ¿Podríamos dar un pequeño paseo?

Lehm escuchó, sin darse la vuelta, pero sus ojos se entrecerraron levemente ante la pregunta. Pino cambió su mirada de marrón claro a anaranjado, a la vez que retrocedía un paso. Parecía querer agregar algo, pero decidió mantenerse a la espera.

– Conoces las reglas… – dijo, finalmente.

– Oh… si si… las reglas… por supuesto… ¡son una muestra de su sabiduría!… nunca las olvidaría… – efusivo, a la vez que Lehm se giraba y lo miraba fríamente – … de nuevo… – completó, más tímidamente.

Evidentemente, tenía un mal precedente al respecto.

– Tienen otra oportunidad – cedió –  Pero… si algo vuelve a suceder… – entrecerró sus ojos, acompañados de un tenue brillo mortal.

– ¡Absolutamente! ¡Que tenga buen viaje amo!… – exclamó Pino, a todo volumen.

Cualquiera pensaría que era el cierre de una conversación normal… si no fuese porque la respuesta llegó desde un Pino a cientos de metros, corriendo a toda velocidad, con sus ojos encendidos en rojo intenso, ya rodeando la montaña para llegar a la entrada de la base.

La expresión de Lehm se calmó y lo siguió con la mirada, sacudiendo la cabeza. Luego, volvió a girarse hacia el sol recién nacido, ignorándolo. Parecía tener otras cosas en mente.

– Bueno… Veamos si tienes algo de utilidad… – comentó al aire, más sereno, mientras daba un paso hacia el lago y desaparecía.

 

 

Tras varios minutos de reposo, logré sentarme. Tanto mi brazo como mi cuerpo habían vuelto a la normalidad, pero mis reservas estaban completamente secas.

Me incorporé en posición de loto y circulé pacientemente la depuración. Pese a no usar piedras, la misma energía natural era suficiente para crear un pequeño vórtice… Con el tiempo suficiente, me recuperaría por completo.

No pasó mucho hasta que sentí actividad en dirección a la entrada. Algo la atravesó a altas velocidades e ingresó directo hasta la edificación de piedra pulida.

Apenas obtuve un vistazo fugaz, pero fue suficiente para reconocer esa inolvidable srse silueta.

– Vaya… esa cosa descarada ha vuelto… – murmuré.

Me quedé observando curioso, para ver cómo se asomaba una cabeza, con prudencia… Sus ojos pasaban de rojo a anaranjado, mientras miraba fijamente hacia la entrada. Tal como un prófugo huyendo del enemigo… pero ¿De que posiblemente huiría ese sujeto desvergonzado?

Pude escucharlo balbucear frases sobre alguien de mal humor y correr peligro.

Tras unas respiraciones, sus ojos fueron recuperando la normalidad, mientras salía del edificio ya con una actitud más airosa.

– Ka ka… Al fin se fue esa molestia… ¿Acaso cree que puedo perder mi tiempo con él?… tsk… más le vale no volver pronto… – declaró en posición altanera – … o tendré que mostrarle mi peor lado… – advirtió, estrechando sus ojos.

Si hubiese visto ese acto tan solo un día antes, posiblemente podría creer algo de ello… e incluso admirarlo.

Sin embargo, solo pude abrir la boca, incrédulo, mientras lo mirada con gesto de indignación.

– ¡Eres absolutamente muy poco confiable!… ¿Sabes?…

Ensimismado en su actuación, volteó para verme, abriendo sus brazos en señal de confusión. Parecía preguntar “¿A qué te refieres?”.

Sacudí la cabeza. Tenía sin duda unos meses ajetreados por delante.

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