Pequeña Quin Capítulo 99

Modo noche

¿Dónde quedó lo de vil maestro? ¿Y el loco demente?… ¡Y un demonio! ¡Prácticamente es peor que la otra versión!…

Tome mi rostro, incrédulo.

Lehm lo ignoró completamente, dirigiendo su mirada hacia mí. Parecía estar al tanto de todo.

– Bien…

Fue cuanto dijo.

¿Me estaba elogiando? Era imposible saberlo… ¿No podría ser un poco más específico?

Se dirigió hacia la casa, mientras Pino se adelantaba y limpiaba su camino…

Después de darse tantos aires… ¿Tenía siquiera un poco de orgullo?

– Aquí maestro… Le he preparado un asiento a la medida – palmeando el sitio donde antes reposaba.

Se sentó, cruzando las piernas.

– Continúen – ordenó, serenamente, pero algo apagado ¿Sucedería algo?

Al menos, estaba claro que supervisaría mi entrenamiento.

– Bien, bien… vamos… no pierdas el tiempo del amo… – prácticamente arrastrándome hacia un área vacía – … iremos con lo planeado. No te contengas.

Ya que, básicamente, era lo que quería, decidí ignorar los modos.

Sin dilaciones, comenzó la batalla. Reñida, en un choque de puro físico.

Con el cultivo estable, el verdadero salto cualitativo aparecía ante el uso de energía… pasando de un combate cerrado, a una imposición por poder puro… incluso sin recurrir a mi arma.

Lehm miraba seriamente, con su mano apoyando su mentón.

– Jeje… si no subes un poco de nivel… ya no eres rival para mí, pequeño Pino – incité.

Con energía y mente renovadas, apenas sufría adaptación… ya acostumbrado a controlar un poder muy superior en el pasado.

– Eso es correcto – confirmó, ignorando mi provocación – Mire amo, el pequeño retoño está creciendo fuerte y sano… – dijo, complaciente.

Lehm solo frunció levemente el ceño, levantándose. Parecía estar de mal humor… algo que jamás había sucedido en todos estos años.

– Suficiente – interrumpió, sacudiendo el brazo – estoy al tanto de tu destreza marcial. Muéstrame el verdadero fruto de tus esfuerzos.

Llegó frente a mí, con sus manos detrás y una mirada inquisitiva.

– Eso suena bien… – coincidí, sacando mi daga. Inyecté una gran cantidad de energía, creando la deflexión del espacio. Como deducía, ya tenía suficiente impulso y práctica para acercarme a una segunda capa.

– Es lo mejor que puedo lograr de manera estable – expliqué seriamente.

Él lo comprobó, apático. No parecía ni sorprendido ni decepcionado.

– Como base técnica ineludible, no debes descuidarla… – aconsejo, mientras se enfocaba en mi pecho, y entrecerraba sus ojos, sospechoso – … sin embargo… ¿Has experimentado con el colapso?…

– Vaya… – exclamé, asintiendo.

Debería sorprenderme más su agudeza, pero ya estaba acostumbrado.

El colapso era algo de lo cual me enamoré a primera vista, y, aunque recibía una gran resistencia cada vez, había intentado dominarlo de tanto en tanto.

Partiendo de una base distinta a la deflexión… más compleja y demandante… suponía uno de los recursos ofensivos más notables del manual.

Manipular la gravedad, colapsando el espacio en un choque masivo de puro peso.

Al pensar en sus posibilidades, mi corazón palpitaba como en los viejos tiempos.

Ya tenía planes para fabricar una gran maza de guerra… aunque estaba lejos de los materiales ideales.

La imagen de destrucción masiva que aparecía en mi mente… era una de las cosas con las que me permitía soñar.

– Apenas con algún éxito… ¿Hay algún problema? – indagué, curioso.

Sin contestar, me lanzó una piedra amarilla. La tomé de inmediato ¿Quién rechazaría dinero gratis?

– Muéstrame lo mejor que puedas… – ordenó, frotando su mentón.

– Bien… – asentí. Había consumido un poco de reservas… me hubiese gustado recuperarme normalmente y guardar la piedra, pero estaba claro que no era una opción.

Una vez a tope, lo enfrenté nuevamente.

– ¿Donde debería probarlo?

– Donde gustes… – subestimó.

– Jeje… entonces…tomaré tu palabra… – sonreí astutamente.

Seguí los pasos de la técnica, abriendo y cerrando el puño lentamente, mientras lograba algo que no debería ser posible en cualquier otra condición… un aumento masivo en su peso. Entendía el concepto, como también lo extraordinario de llevarlo a cabo… irreal para cualquier otro físico.

Mis venas comenzaron a marcarse, por el sobreesfuerzo. Incluso ahora, todavía encontraba una enorme resistencia entre cada cierre y apertura… por no mencionar que devoraba mis reservas como Quin devoraría un pastel.

– Aquí voy… – sosteniendo fuertemente el puño cerrado.

Golpeé el piso y de un salto me elevé, dirigiendo mi caída directamente hacia ese bastardo.

– Ten cuidado, maestro… – con una advertencia que no era una advertencia.

El siguió frotando su mentón, indiferente, observando mi desempeño.

Cada instante contaba… caí en picado y apunté a su cara… Oh… si… vaya que lo hice. Entregaría mi daga y mis recursos con tal de darle un solo golpe.

Excitación y esfuerzo me consumieron por igual… volviéndome incapaz de mantener la técnica.

¡Bum!

¡Bum¡

Fuertes latidos precedieron ese anormal sobreesfuerzo.

Recordándome a ese huevo infernal, unas líneas negras parecidas a raíces crecieron por mi brazo… un dolor insoportable lo recorrió, a la vez que sentía desde mi pecho una fuerza de succión violenta, despojándome de cada gramo de energía disponible.

Antes de llegar a su rostro, mi cabeza explotó de dolor, mientras escupía una bocanada de sangre, cayendo frente a él.

Una mano sostuvo mi puño antes de golpear la superficie, y su poder restante fue suficiente para dejar una pequeña onda expansiva.

– Mmm… no está mal – murmuró, mirando mi brazo inerte, semejante a quién mira un objeto de experimentación – al menos tu cuerpo no ha acabado en piezas… – dijo, como comentando un hecho irrelevante.

– ¡Vaya!… Al menos sigo vivo, eh… ¡Pequeño detalle!… – exclamé, indignado.

– No te preocupes… incluso en pedazos, te obligaría a sobrevivir… – aclaró, sin expresión.

– ¡@#€¬!… ¿Se supone que eso es un consuelo?

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