Pequeña Quin Capítulo 124

Modo noche

NOTA: Para los lectores antiguos, se recomienda fuertemente releer el capítulo 1 antes (nueva edición)… de modo que se entienda mejor cierta referencia.

 

Cuando rey, supe superar a todos los demás. Yo era la sombra que se proyectaba sobre la superficie… a excepción de ese territorio particular.

Era difícil determinar que tan lejos me encontraba de ese tiempo glorioso, pero, cada día mi incertidumbre se disolvía ante nuevas expectativas.

– Dilo cuando al menos puedas golpearme, pequeño…

En los últimos meses, Pino no había cambiado su actitud. Tampoco pude tocar ese botón nuevamente. Sin embargo, aún cumplió su tarea de supervisarme, de mala gana, ofreciéndome un entrenamiento intensivo y recursos esporádicos.

Tomé el metro en mis manos.

– Dos grados y medio. Más que suficiente.

Mi cultivo estaba firmemente asentado para avanzar a la 2da fundación pico, y mi cuerpo, en este nivel, se sentía sumamente fortalecido, incluso para mis estándares pasados.

– La próxima vez, te haré comer esas palabras… – levantándome y cambiando mis prendas. Siempre mantenía debajo el traje de entrenamiento de ese bastardo. Me sentía reacio a cambiarlo, dado que soportaba fácilmente los largos periodos de batalla.

– Oh… parece que el niño ya se cree capaz de enfrentar el peligro… – sarcástico.

– Uffff… a este paso terminaré estancándome… – suspiré – … y, no eres particularmente generoso con tus recompensas… – Una de las razones principales para salir, era buscar fuentes más fiables de recursos.

– Ka ka… apenas si has mejorado… diría que cualquier recompensa ya es demasiada… – se burló, como siempre, aunque su mirada estaba dirigida hacia la barrera.

Eso me recordó a Quin. ¿Cómo le estaría yendo?

– ¿Qué ves?… – indagué – … ¿Hay algún problema?…

– ¿Problema?… – rechazó – … el único problema que veo está frente a mis ojos… tu pequeña hermana al menos sería digna de estar bajo mi gran tutela.

– ¡Oh vaya!… ¡Hablas mucho para ser un cobarde servil frente a tu maestro!… ¿Por qué no vas a ayudarla?… ya no eres útil por aquí… – repliqué, molesto.

– Sobre eso… – sus ojos se atenuaron. Inesperadamente, parecía haber tocado un punto de interés – … No soy el tipo de ayuda que necesita en estos momentos. Además, no he recibido ninguna orden de ese idiota, tengo mis propios planes para el futuro… – jactándose de su independencia.

– Si, si… has lo que quieras… no es mi problema. Sólo espero que, si debo volver, estés donde debes estar.

– Tsk… maldición… – se quejó – … será mejor que no vuelvas pronto, o te consideraré aún más que un fracaso.

– Imposible saberlo, desde que tu amo es tan claro como un río turbio… -reproché – … en cualquier caso, mi intención está lejos de estas paredes seguras.

Plap plap.

– Adios, pedazo de chatarra embustera… – golpeé mis ropas, y me dirigí hacia la salida, pero, antes de traspasar la barrera de entrada, fui interrumpido.

– ¡Espera!…

– ¿Sí?… – volteándome, con gesto desprevenido. Ese charlatán definitivamente no tendría planes de retenerme.

– Antes de irte… ¿Podrías… presionarlo?… – señalando el dichoso botón mágico.

– ¿En serio?… – sorprendido – … A todo esto… ¿No puedes simplemente presionarlo tú?…

– No es así como funciona… – rechazó – … debido a ese idiota molesto., sólo responde a terceros.

– Oh… vaya… eso si es nuevo… – curioso – … ¿No estabas feliz de estar libre y todo eso?…

– ¡Tengo mis motivos!… ¿Vas a presionar el maldito botón o no?… – impaciente.

Estaba por ceder, deseando partir cuanto antes, pero entonces la imagen de una pequeña estafadora pasó por mi mente.

– Kuhum… bueno… entiendo que tengas tus motivos… pero… ¿Qué saco yo ayudándote?… No es como si estuviera obligado… ¿Sabes?… – repliqué.

– ¡Te atreves!…

– Si… – sonreí confiado – … bueno, no es que me importe demasiado… si no hay nada más, nos vemos. – saludé con la mano.

Boom.

Pino pateó el sueño, dejando una profunda marca en la roca.

– Ka ka ka… no está mal… no está mal… – entre un elogio y una queja – … toma, hazlo antes de que me arrepienta… – lanzando diez piedras amarillas.

– Mmm… así está mejor… – asentí satisfecho. Para mis necesidades actuales, no era una suma abrumadora, pero tampoco despreciable. Las tomé y me acerqué, presionando el botón.

Esperé un momento, hasta que sus ojos parpadearon y volvieron a lucir un tenue amarillento.

– Pequeño maestro. Volvemos a vernos. Se lo ve sano y fuerte. Pino está feliz.

– Si, si… yo también estoy contento de verte… – respondí en tono ameno – … no sé cómo funciona eso, pero espero que mantengas este perfil un buen tiempo… – animé. No deseaba tratar con su lado irritante en breve.

– Pino le desea. Un viaje fructífero.

– Gracias. Diviértete… – golpeé su hombro, y esta vez si avancé hasta la salida, sin imprevistos.

Sólo entonces descubrí que era el mediodía. El clima en esta zona no parecía variar, con pleno sol y cielo abierto.

Puse mi mano hacia la luz, observando cómo se filtraba a través de su contorno. Esa mano, que aún no se parecía a la de un rey… pero, con ya casi 15 años, poco a poco permitía olvidar su infantil aspecto, para dar lugar a la madurez de un pequeño hombre… uno que ya podía comenzar a tomar su destino con ellas.

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