Pequeña Quin Capítulo 139

Modo noche

¡Qué cambio!… Como el día de la noche… tierras ricas, gente sana, abundancia y prosperidad.

En el viaje atravesaron amplias tierras y pueblos… donde todo se volvía mejor y mejor en cuanto la energía se hacía más densa y estable. ¿Quién creería la miseria en la que estaba sumido todo más allá de esos límites?

Anh’ea mismo estaba estupefacto ante la visión de aquello completamente desconocido hasta entonces.

La llamada zona central, era una enorme ciudad circular que rodeaba un área también masiva, pero, de acceso limitado por un nuevo muro. La escolta misma fue reemplazada al traspasar esos límites.

La densidad de la energía allí era por lejos la más intensa y rica en muchos miles de kilómetros a la redonda. Lo que llevaba a la pregunta… ¿Por qué dejarían a los enanos ingresar a la zona más especial y privada?

No era difícil entender la irritación de los guardias hacia esa raza, que aparentemente recibían un beneficio injusto a sus ojos.

Violet tenía muchas dudas en su mente.

– He oído que un joven erudito, al cuidado de una hermosa dama suprema, está de visita por mis tierras… – una voz sacó a Violet de sus pensamientos – … pero, tal parece que lo de “supremo” era un poco exagerado.

Habían llegado a un lujoso castillo y esperado frente a un trono vacío por bastante tiempo. Un grupo de subordinados descansaba impasible a sus costados.

Anh’ea había tomado gusto de los brazos de Violet, mientras Lehm iba a su ritmo, sentado en un amplio sillón aparte, leyendo e ignorando su entorno. Para Violet, su mensaje de “no es mi problema” era bastante claro.

En algún momento, un hombre había llegado frente a ellos, caminando altaneramente hasta sentarse en la cima.

Su apariencia estaba completamente a tono con el trono, lleno de lujos y fanfarria. Con una corona dorada y una vestimenta hecha de joyas, su porte no coincidía con el de los gobernantes que ella conocía y respetaba.

De apariencia rechoncha y autocomplaciente, con cabello mediano y un pequeño bigote… nada en su apariencia indicaba que fuera un cultivador, si no que podría confundirse con un simple ricachón ahogado en una ilusión de poderío.

Por supuesto, eso sería lo que Violet pensaría si no estuviese sintiendo la agobiante presión de su cultivo, una que no se molestaba en contener, en un claro signo de autoridad. ¡Tal poder!

¿Podría ser incluso más fuerte que Gregor? Violet estaba realmente conmocionada por todo lo que estaba conociendo. Razas desconocidas, tierras extrañas… y un gobernante tanto o más poderoso que los reyes que había conocido.

Por último… estaban sus ojos. Esa no era definitivamente la mirada de un torpe adinerado… era la de una mente astuta, una que a alguien experimentado como Violet le transmitía una inquietante sensación de peligro y prudencia.

– Eso ha sido una confusión, señor Leto. Esta humilde aún tiene un tramo para sumarse a tan selecto grupo… – aclaró, en tono formal.

– Jeje… modesta. Me gusta. Yo diría que más que un tramo es apenas un paso… – corrigió, para luego sacudir su mano – … pero, ¿A quién le importa realmente? No vino aquí a discutir sobre el cultivo… ¿No es así? – pausa, girándose hacia Lehm – … al menos, su acompañante no parece siquiera tener el mínimo interés en mi tiempo.

– Kuhum… en realidad, él sólo me compaña. Estamos  aquí por mi propia motivación… – se apresuró a aclarar.

Leto lo miró sólo por un instante, con una expresión que denotaba comprender a Violet al tener su cargo a un joven indefenso. No presentaba mayor interés, más allá de su destacada apariencia. Su título de erudito bien debería ser uno ganado por medios no meritorios.

Entonces, se concentró en ella.

– No me malentienda, pero, conozco muy bien estas tierras. He unido y gobernado a toda la población humana hasta donde mis brazos puedan alcanzar. ¿De dónde dice que vienen, señorita Virgil?

Su curiosidad y sospecha no podría ser más sincera, dado el cultivo de Violet y la apariencia de ambos.

– Hemos partido desde el Imperio del sur, unas tierras muy lejanas… – miró de reojo a Lehm, pero este no parecía querer dignarse a ningún tipo de asistencia – … realmente no sabría decirle incluso que tan lejos hemos viajado para llegar hasta aquí.

Y no era ninguna excusa. Ella misma estaba tan interesada como Leto por saber exactamente la respuesta a esa incógnita.

– Vaya… esa sí que es una interesante declaración… – estrechando los ojos. Podía ver que ella no estaba mintiendo, lo cual no lo hacía precisamente menos confuso. ¿Imperio sur? No parecía siquiera haber oído de ello – … mmm… supongámoslo así. Tengo entendido que ha tomado cariño por este pequeño y quiere reunirlo con su familia… ¿Es correcto?… – indagó, mientras comenzó a tomar vino en una copa de oro.

– Es correcto. No he podido evitar compadecerme del estado deplorable de su raza… ¿Podría su majestad conceder este pequeño favor?

Ante la pregunta, una mirada incomprensible cruzó fugaz por sus ojos. Realmente, no parecía importarle en lo más mínimo el tema, pero tampoco que fuera algo tan simple de conceder.

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