Pequeña Quin Capítulo 141

Modo noche

– Espera. Eso quiere decir que es cierto. Y ¿Qué es eso de desechable?… – repitió, sintiendo un muy mal presentimiento sobre la dirección que estaba tomando esto.

– Algo que es prescindible… por supuesto. El argono es un material de primea clase, sólo presente en ambientes tóxicos, y extraerlo es letal a largo plazo.

– Joven. No puedo dejar de maravillarme por tu conocimiento… pero, no sé si eres muy inteligente o muy idiota. Acabas de ponerle la tapa a sus ataúdes… – hizo señas nuevamente a su subordinado – … Piero, encárgate de la mujer y el niño… mantén al erudito, quiero saber todo sobre sus orígenes y relaciones.

El hombre, de aspecto delgado y común, sonrió con malicia.

– A la orden.

Ignorando a Lehm, su mirada se enfocó en Violet, mientras liberaba su base de cultivo.

– ¡Hugh-¡…

Un grito ahogado salió de ella, usando todos sus esfuerzos por cubrir a Anh’ea. ¡Ese mero subordinado, era incluso más fuerte que Calius! La situación se había volcado en cuestión de segundos, y no había más tiempo para pensar.

Apretó sus dientes y, ante la sensación de peligro inminente, decidió apostar por una idea algo alocada, que venía formándose en su mente en los últimos días.

– ¡EON!… – gritó, lo más fuerte que pudo, luchando contra la presión.

Piero puso un rostro extraño, pero no cedió en su camino y avanzó firmemente hacia ella.

Sin embargo, Leto alzó una mano, en señal de alto. Su ceño estaba fuertemente fruncido, y su mirada tenía un tinte de confusión.

– ¿Qué has dicho?… – indagó, en tono neutral.

– E… ON…  – jadeó, recuperando el aire – …  somos enviados de EON.

Silencio.

Tras la confirmación, todo quedó en mudez. Piero cesó su presión, mientras esperaba los dictados de su amo.

Leto, a medio camino entre Lehm y ella, se desvió con pasos lentos hasta enfrentarla. La monotonía del silencio contrastaba con la intensidad hiriente de su mirada, que estaba intentando atravesar cada parte de su ser.

– Demuéstralo…

Violet sintió alivio ante esa reacción. Había jugado una carta de la cual ella misma no conocía el efecto. Por lo pronto, parece que tenía algún significado en estas tierras.

¿Demostrarlo? No había mucho que pensar.

Abrió su mano y extrajo de su anillo un colgante esférico. No podría llamarse una esfera completa, debido a que un tercio de la misma estaba faltante, como si hubiera sido “mordida”. Su parte entera era azulada y con relieves oscuros, mientras que el faltante era rojizo y áspero.

Lo más llamativo del colgante, era su inmunidad a todo tipo de energía o fuerza… haciéndolo virtualmente indestructible.

Con solo verlo, los ojos de Leto se estrecharon en shock. Extendió su mano, para recibirlo.

Por mucho tiempo, tomó el colgante frente a él, mientras sus ojos brillaban de forma constante.

Violet estaba entre tensa y confusa. ¿Qué era EON?… Ese gobernante definitivamente sabía más que ella al respecto. Aunque Lehm le dijo que guarde ese emblema, con una vaga explicación de su significado, nunca lo había visto antes ni conocido su importancia.

Finalmente, los ojos de Leto se atenuaron. Su rostro se tornó melancólico, mientras tomaba de un trago todo el vino restante.

Comenzó a hablar, sin quitar su vista del colgante.

– ¡Ja ja!… es… realmente… realmente… – murmuró, con una mezcla de indignación e ira. Sus venas se marcaron, intentando contener sus emociones – … bien… bien… ¡Bueno! Crees que es así de fácil… ¿No? … vienes con tus caprichos, y crees que lanzando un emblema puedes amenazarme… ¡En mi territorio!… – irritado – … ni siquiera recuerdo la última vez que mis ojos lo han visto… ¡¿Y aún pretenden llegar a mi casa para hacer y deshacer a su antojo?!

Cada frase dicha con mayor intensidad, su tez se iba volviendo más y más negra.

– Yo… tan sólo quiero que Anh’ea se reúna con su familia…  – balbuceó involuntariamente.

¿Qué estaba sucediendo?

No pudo evitar recordar las palabras de Lehm, sobre su ignorancia e incapacidad para llevar sus actos hasta el final. Él definitivamente sabía que estaría metiéndose en problemas mucho más grandes de los que podía entender.

Si es así… ¿Por qué la dejó hacerlo?… ¿Era esta su forma de aleccionarla?…

Al verlo sentado impasiblemente, comenzó a pensar en lo poco que entendía a ese hombre, que había puesto su mundo al revés con cada intervención.

¡Boom!

Leto golpeó el piso con su pie, haciendo que toda el área tiemble. Su aspecto ya no era el de un ricachón, si no el de un lobo que tenía su presa en frente y no podía devorarla.

– Piero, escoltarás al grupo hasta su destino.

– Pero…

¡Boom!

Se giró y golpeó a Piero, desprevenido, aplastándolo contra el piso en un lamentable estado. Evidentemente, estaba al límite de su paciencia.

Señaló a una mujer, que había estado detrás de Piero todo el tiempo.

– Alina… escoltarás al grupo hasta su destino.

– De inmediato, mi señor… – se apresuró a responder, con temor de ser la próxima.

– Sin embargo, si van a ingresar a la zona subterránea, deberán ponérselos.

Revisó su anillo y quitó una caja de madera muy elegante. Dentro había dos brazaletes abiertos, de color bronce y extraños grabados. Envió uno a cada uno.

Era claramente una orden, no un pedido.

– Esto es…

Violet tomó el brazalete y se giró hacia Lehm, en busca de apoyo.

~Click

Pero, él ya se había puesto el suyo… y lo miraba curioso, como quién intenta determinar que tan bien le luce un adorno.

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