Pequeña Quin Capítulo 145 – Sobre el fin de la vulgaridad.

Modo noche

No importaba cuanto lo intentara, no era capaz de reunir una pizca de energía.

Miró al brazalete, con ojos perdidos. ¿Cómo podría algo así siquiera existir? Todo lo logrado durante siglos de trabajo era absolutamente irrelevante frente a él.

Un sentimiento extremadamente repulsivo nació al observarlo. “Algo que odiarás con toda tu alma”… nadie no podría haberlo descrito mejor.

Si la realidad de esta ciudad la había afectado, esto terminó por derrumbar su psique… destruyendo su confianza y su mente. Sus ojos se vaciaron de vida y su resistencia fue olvidada.

La mujer de blanco se acercó y la incorporó. Quitó dos asientos de su anillo, recostándola en uno.

– Notable verdad. – asintió satisfecho – Bueno, no es como si pudiera comprender en carne propia lo que están sufriendo, pero, ya he tenido un buen tiempo viendo sus efectos. Mi precaución es su honor. He traído dos generales, e Incluso desperdiciado un bien escaso en un niño débil… – mirando a Lehm, quién seguía sentado en el precipicio, sin verse afectado. Frunció el ceño, pero, asumió su cultivo muy bajo – … no dejaría nada al azar en una cuestión tan relevante.

Se acercó a Violet y tomó el cetro caído.

– Vaya… un arma suprema de tierra… – visiblemente sorprendido – … y de excelente nivel. Es más de lo que puede tomar, señorita Virgil. ¿Por qué tendría tal cosa?… mmm…

Siguió murmurando por lo bajo, con una expresión pensativa. Entonces, se giró hacia Lehm en gesto de sospecha.

– Para darle algo tan peligroso a tu protector… alguien debe considérate demasiado. No dejas de despertar mi curiosidad. Dime pequeño… ¿Cuál es tu posición dentro de EON?

Aunque parecía sólo un joven sabio, tal vez no le estaba dando la importancia debida. Bien podría tener en sus manos una carta mucho más interesante de lo anticipado.

Lehm se encogió de hombros, y continuó mirando impasible hacia esa imagen de muerte.

– No tengo tal cosa.

¡Pum!

Uno de los generales estampó su pie, irritado por esa actitud.

Era un supremo sagrado con grandes responsabilidades, pero, aquí estaba… perdiendo el tiempo frente a un par de niños. No suficiente con ello, uno los ignoraba completamente.

– Pequeño insolente… – apareció tras Lehm, con un solo paso – … te levantas y respondes como un buen niño.

Bajó su mano, tomando su hombro y levantándolo a la fuerza. O, esa era su intención…

– ¿Eh?…

No pudo moverlo… ni un solo milímetro. Siendo prácticamente un mortal, no aplicó ninguna fuerza… pero, aun así…

– ¡Ven aquí!…

Apretó su hombro con más intensidad y ejerció una fracción de su fuerza, luego otra, y otra más… pero, Lehm seguía imperturbable, contemplando el vacío.

– ¡Ga!… ¡Me niego a creer esto!…

Estrechó sus ojos, incrédulo e irritado.

Leto, que observaba con gesto indiferente, levantó una ceja y su rostro se tornó serio repentinamente.

– ¡Gaa!… – Aunque ya estaba utilizado un tercio de su fuerza física, capaz de destrozar armas de dominio, sólo aumentó lo humillante la situación.

Sus ojos se encendieron, mientras lo tomaba con ambas manos.

Finalmente, Lehm volteó a ver su hombro, con rostro apático.

– Puedes quitar tus manos, o perder tus manos. Tú eliges.

Sintiendo un escalofrío, el general levantó sus manos de golpe.

Al darse cuenta, miró sus palmas, con desconcierto. Su reacción había sido completamente inconsciente. Un efecto propio de su enorme experiencia, reaccionando frente al peligro, y comprendiendo instintivamente que ese “niño” no estaba bromeando.

– ¿Qué… demonios?…

– Bueno bueno… qué tenemos aquí. No hay edad suficiente para verlo todo en la vida… – Leto intervino, finalmente, con un rostro solemne – … nunca creí presenciar semejante talento para el cultivo. Sabía que esa niña ignorante no podía ser ninguna enviada… ¡Ella solo está a tu servicio!

– Mmm… eso está en debate… – corrigió, serenamente.

– ¿Cómo?… – confundido.

Lehm lo ignoró, y se incorporó, para caminar lentamente hacia Violet. Ambos generales lo observaban con duda, a la espera de un comando.

La mujer de blanco, que había comenzado a prepararla para el proceso, se quedó rígida ante el acercamiento.

Pronto, estuvieron frente a frente.

– Te quitas…

Fue una voz tranquila, pero, a ella le sonó como un llamado del inframundo. Aun teniendo enormes potencias como respaldo, su cuerpo tropezó torpemente hacia atrás.

Lehm enfrentó a Violet, quien alzó la cabeza, con sus ojos semi vacíos.

– ¿Has tenido suficiente de tu capricho?…

– ………

En su confusión, abrió la boca, pero no pudo articular palabras… y terminó agachando levemente su cabeza.

Un dedo tocó su mentón, volviendo a subirla y enfrentándola con dos helados ojos grises, que la sacudieron violentamente de su enajenación.

– ¿Creías que pararse a mi lado era alguna clase de juego?

– Yo… – intentó ordenar su mente, incapaz de escapar de esa vista – … realmente… no lo sé.

El intercambio de miradas perduró brevemente, hasta que fue liberada.

Lehm tomó su brazo y puso su dedo en el brazalete.

– Jeje… puedes tener un físico supremo, pero, no tienes posibilidad de resistir el artefacto una vez colocado. Realmente me has sorprendido… sin embargo, hasta aquí lle-…

~Click

Sin dejarlo terminar, el brazalete se abrió por si mismo y fue retirado.

– ¡I-Imposible!… No… ¡De ninguna manera!… – miró un objeto en su mano, completamente aturdido – … ¡Nadie puede quitarlos sin su control único!…

Ignorándolo, Lehm volvió a penetrar los ojos de Violet, con una fría expresión.

– No habrá más lecciones. De ahora en más, tomarás tu trabajo con la seriedad que el puesto merece… o, te apartarás de él… – declaró, cerrando sus ojos y dándole la espalda – … haz tu elección.

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