Pequeña Quin Capítulo 167

Modo noche

Silencio.

Luego de varias respiraciones sin respuesta, bajó sus brazos con decepción. Al voltearse, ambos la miraban con una expresión extraña.

– ¿Q-Que?… – resopló – … unos hombres desalmados… no entienden como me siento. Igual, si no funciona, de todos modos, no podría prometer devolverlo…

– ………

– Kuhum… se que parecerá extraño, pero hay una explicación. Sólo les pido que no divulguen cualquier cosa extraña que pueda suceder.

Bran no tuvo más remedio que forzar un poco las cosas, y acelerar sus planes.

– Hombre… aunque no entiendo del todo… mis labios están sellados.

Como todo guerrero nato, su honor no estaba para ser ignorarlo. Desde su primer encuentro, ya lo consideraba un compañero cultivador.

Ambos se voltearon hacia Anaya, que había vuelto a sentarse con rostro lamentable.

– ¿Eh?… ¿Yo?… bien. Magia, lluvia de piedras. Lo que sea. Mientras pueda salir de aquí, cualquier cosa está bien para mí.

Cruzó sus brazos sobre las piernas, y hundió su cabeza, comenzando a murmurar diversos lamentos sin prestarles más atención.

– Correcto pues.

Reunió las piedras frente a él, en una fila recta, y se sentó en posición de loto. Abriendo su palma, levantó un pequeño objeto a la altura de la nariz.

Era una gema rojiza con un punto negro en su centro.

– A todo esto… – pausa – … ¿Cómo demonios funciona esta cosa?…

 

 

Aquí se vislumbraba una pradera reluciente de vida. Un sol cálido desprendía sobre todas las cosas su luz del mediodía.

Aquí no había lluvia, ni ruinas. No había bestias violentas o frecuentes lamentos. Sólo tranquilidad, naturaleza, paz… y una acogedora cabaña cerca de un lago.

El armonioso cielo se reflejaba en sus aguas, de puro cristalino.

~Swish

En las afueras de la cabaña, sin ningún tipo de señal previa, tres presencias se hicieron visibles.

Uno era un hombre joven, de inmaculada vestimenta blanquecina. Lo acompañaba una hermosa dama, de cabello oscuro elegantemente recogido y gran figura.

En sus brazos, descansaba cómodamente un niño con particular apariencia. Su cabello era castaño, y sus ojos amarillentos.

Lo más destacado en él era la proporción de su cuerpo, más pequeño de lo habitual. Su nariz era un poco más prominente, y sus ojos curiosos resaltaban en ese pequeño rostro.

Su aspecto podría describirse como tierno y entrañable.

– Bheeeeee~…

Pronto se escuchó a la distancia el sonido de la bienvenida. Una extraña oveja de tonos dorados dio la alarma inicial, mientras se acercaba con alegre trote.

– Oh… vaya… finalmente han vuelto.

La puerta de la cabaña se abrió, y Grace cruzó por ella, con una amplia sonrisa. Su tez cambió de manera imperceptible al ver al niño, mostrando una sorpresa fugaz.

Pronto recuperó su expresión cálida y amable, que acompañada a su apariencia recordaba al sol de la primavera, y terminó reuniéndose con ellos.

– Señora.

Violet se inclinó respetuosamente.

– Chu… chu… – espantó suavemente con la mano – … ya deja eso de una vez… sabes que puedes llamarme Grace. ¿Qué hay de esta preciosura?… ¿Cómo te llamas cariño?…

Se acercó a Anh’ea. Acariciando amablemente su cabeza.

Al llegar aquí, su rostro estaba apagado y pensativo, pero desde entonces su cabeza erguida giraba hacia todas direcciones. Nunca había visto un lugar tan bonito y próspero en toda su vida.

– Bheeeee~…

La oveja lo miraba con interés, dando giros a su alrededor.

Estaba determinado a ser fuerte. Había decidido dejar atrás su tierra, en donde nada quedaba para él, confiando en su nueva y amable “tía”.

– Su nombre es Anh’ea. Aun no conoce nuestra lengua, ni nuestras tierras, pero espero que pronto eso cambie.

– Ya veo… – asintió comprensivamente – … desde que está contigo… ¿Planeas tomar cuidado de él?

– Bueno… esa es mi intención… pero…

Grace sonrió, con una mirada inteligente.

– Pero también tienes otras responsabilidades, y querías preguntar si podía quedarse aquí… conmigo a su cargo.

Violet bajó la cabeza, algo avergonzada.

– Se que puede ser un pedido irresponsable…

– Jaja… querida… ¿Qué estás diciendo?… – interrumpió – … puedo ver sin que lo digas que ha tenido una vida dura. Lo haría, aunque no lo pidieras. Puede quedarse con nosotros todo el tiempo que quiera… – abrió sus brazos generosamente – … ven pequeño Anh’ea, déjame darte un abrazo.

Aunque no entendía el idioma, no era difícil comprender los actos y expresiones. Ya acostumbrado a Violet, dudó un momento.

Para estar en un lugar desconocido, su decisión fue bastante expeditiva. Luego de dirigir sus ojos hacia el escote bien guarnecido de esta hermosa dama, sus dudas se disiparon y respondió al gesto tímidamente.

– Oh… pero mira nada más estos pequeños brazos, la tía Grace va hacerte ver fuerte y relleno en un suspirar.

– Mmm… – balbuceó.

Sin pronunciar palabra, se acomodó en esos cálidos brazos, mientras poco a poco inclinaba su cabeza para descansarla entre las secretas montañas.

– Ho ho ho…

Lejos de quitarlo, Grace puso una sonrisa astuta, tapando su boca delicadamente.

Dentro de la cabaña, sentado en una cómoda silla reclinable, Rohan levantó una ceja ante esa vista.

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