Pequeña Quin Capítulo 168

Modo noche

Luego, sacudió la cabeza.

Más allá del momento, tenía varias preguntas en mente.

Sabía que su esposa nunca había visto a otra raza, y tendría las suyas propias, pero no las haría hasta que lo considerara oportuno. Ella era esa clase de mujer.

Desde el lago, Marco y Tiana estaban de regreso, por lo que pronto se sumarían para conocer al nuevo integrante. Se levantó y rodeó al grupo en dirección a Lehm.

Él estaba aislado, mirando a la distancia con sus manos detrás. Por sus breves y poco frecuentes cambios de expresión, deducía que algo había sucedido.

Se incorporó a su lado casualmente.

– No dejas de sorprenderme. Nunca creí que vería a un pequeño enano. Decir que el huevo cae lejos del nido sería un escaso eufemismo.

El puso una media sonrisa. Tal reacción no era inesperada.

– Ya ves… cierta dama desconoce el concepto de distancia. Mmm… – frota su mentón – ¿Debería quejarme por acoso laboral?

Rohan puso una mueca incómoda. Quién fuese esa dama, realmente no se contenía en lo más mínimo. Sus pedidos eran casi tan surrealistas como que él pueda cumplir esas demandas.

¿Por qué alguien tan talentoso tendría que someterse a tal trato?

Presentía que era mejor no indagar más en ese territorio.

El silenció se mantuvo, junto a la expresión pensativa de Lehm.

Rohan abrió la boca, pero las palabras se quedaron a medio camino. No era propio de él indagar en los pensamientos de otros por mera curiosidad.

Tal vez, sólo este hombre lograba tal efecto. Incluso hoy, aun había un velo espeso sobre él, que era incapaz de quitar y apenas ver un poco a través.

Lo único que sabía con certeza era la deuda impagable que tenía.

– Es sólo el pedido de una niña…

Quién rompió el silencio, como leyendo su mente, fue el mismo Lehm.

– Oh…

No era la respuesta que hubiera imaginado.

– Dice que la tierra está sufriendo… – se giró hacia él – … ¿Qué opinas sobre eso?…

– La tierra sufriendo… – murmuró, desprevenido. Entonces, sus ojos se entrecerraron y su rostro se volvió solemne – … ¿Está hablando del daño en el pulso?…

Lehm puso una sonrisa aprobatoria.

– La recuperación avanza suavemente…

– No puedo quejarme. A decir verdad, sólo en el último aislamiento me atreví a extenderme tanto, y pude notar la anomalía.

– ¿Algún resultado?…

– Difícil… cada vez que intento encontrar el origen exacto, una densa niebla aparece frente a mí. Sea lo que sea, su método para esconderse no puede ser despreciado.

– Mmm… – asintió, aprobando sus palabras – … quiere evitar contratiempos a toda costa…

– Tiene agallas, para actuar bajo la vista de ese viejo. Tal vez… si no estuviera herido… podría encontrarlo… – rostro decepcionado.

Lehm sacudió la cabeza.

– No se esconde por temor. Al menos, no le teme a él ni a nadie en estas tierras.

– ¿Sabes algo sobre eso?… – exclamó, con sumo interés – … ¿Crees que hay algo que podamos hacer?…

Con un efecto de tal magnitud, podría contar los seres capaces de intervenir con tan sólo sus manos.

– Esta vez… no puedo atender su reclamo… – rechazó, serenamente.

La tez de Rohan se apagó un poco, pero sabía que él no era una persona que gastara sus palabras. Insistir era inútil.

– Rosalía está inquieta últimamente. Tarde o temprano me recuperaré lo suficiente… – apretando su puño – … y alguien tendrá que vérselas conmigo.

– Es tu derecho… – aprobó, cerrando el tema.

Tras un breve momento de silencio y meditación, Rohan decidió presentar un último tema. O sería mejor decir, su principal interés de diálogo.

– Si tiene un momento, Marco ha estado preparando un regalo para su regreso. Ese chico… – sacude la cabeza, con emociones encontradas – … tiene el talento… pero…

– Mejor un corazón fuerte que un fuerte talento…

– Yo… lo sé… – asintió. Relajó su expresión, con una sonrisa resignada – … cuesta desprenderse, cuando son los deseos egoístas de un viejo. Si él pudiera tener más experiencias, tal vez comprendería mis palabras.

Silencio.

A pesar del rostro apocado de Rohan, Lehm sabía cuáles eran sus verdaderas intenciones. Había jugado este juego unas pocas veces en los últimos meses.

– Bien… – cedió finalmente – … el niño necesita templarse. En el futuro, lo llevaré en un viaje. Lo que obtenga, dependerá de sí mismo.

– ¡Eso está bien! – rostro iluminado – Excelente. Más que suficiente. Hablaré con Grace al respecto. Se lo encargo.

Se inclinó brevemente, y partió de regreso, sin más preámbulos.

Era un hombre antiguo y perspicaz. Lo suficiente para entender que no le interesaban los agradecimientos o las alabanzas. Él sólo haría lo que decidía hacer.

Nuevamente reinó la tranquilidad a su lado. Volvió su vista hacia la distancia, ya con su habitual expresión serena. Cada tanto, su tez mostraba signos de diversión.

Sólo él sabría que es lo que estaba observando.

En la cabaña, un círculo se había formado alrededor de Anh’ea, quién se resistía a dejar los brazos de Grace. Eso, pese a que Tiana había intentado atraerlo varias veces.

¿Cuál sería su reacción si supiera la razón?

Difícil era para ella adivinar que, a los ojos de ese pequeño, allí no había suficiente “comodidad”.

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