Pequeña Quin Capítulo 169

Modo noche

– Querida, te ves esplendida… parece que esta nueva etapa te ha sentado muy bien.

– Agradezco sus palabras…

Finalmente, Grace y Violet habían quedado a solas. En algún punto, tras un gesto reticente, Anh’ea partió con Tiana y la oveja entrometida, para conocer los alrededores.

– Deja que te mire bien… – rodeándola con interés. No estaba siendo agradable, realmente se veía más bella y jovial. Al finalizar, se frenó y levantó la vista asombrada – … Violet… tú… ¿Has hecho un gran avance?…

– Tal como ha adivinado… – confirmó tímidamente – … aunque debería suceder mucho más adelante… recibí un poco de ayuda inesperada.

– Oh… ya veo… felicitaciones… suprema Virgil…

– Vamos… no bromee… – avergonzada.

– Realmente es una gran noticia. Por cierto… – volteó su perfil, para ocultar una sonrisa astuta – … ¿Cómo van las cosas con el señor Lehm?…

– ¿Eh?… – desprevenida – … ¿Qué cosas?…

– Ya sabes… el trabajo… la convivencia… – enumeró casualmente – … o, la intimidad.

– ¡Señora!…

– Grace…

– Señora Grace… yo… no es así. Usted… ha malentendido la situación… – aseguró con apremio.

La antes reina sacudió la cabeza, dando un largo suspiro.

– Niña tonta… – acarició su mejilla amablemente – … ni siquiera sabes dónde estás parada. ¿Cuánto tiempo sostendrás esa terca actitud? Oportunidades como estas no caen del cielo dos veces…

Ella levantó una ceja, encontrando cierta información en sus palabras, las cuales atacaban dudas propias.

– Usted… ¿Sabe algo sobre él?…

– Oh, no… no demasiado realmente. – negó con su mano – Pero, hay cosas que no escapan a la vista… sólo hay que saber mirar. Oye… ¿Qué sucede?

Mientras hablaban, Violet había tocado su costado y estómago distraídamente. Por su expresión involuntaria, no era por buenos motivos.

– Esto… no es nada. – intentó calmarla – Desde el avance, tengo pequeñas tensiones esporádicas. Seguramente sea algo pasajero.

– ¿Estás segura? – con clara preocupación – Deberías hablarlo con el señor Lehm, o mi esposo. No puedes dejar esas cosas al azar. – aconsejó. Entonces, un brillo fugaz pasó por sus ojos, y cambió su tono por uno más sugestivo – ¿No podría ser otra cosa, además del cultivo?

– Otra cosa… ¿A qué se refiere?

– Bueno… pues eso. Si son sensaciones nuevas, y recientes… podría ser… – señalando su panza.

– Yo… realmente no estaría entendiendo…

– Vamos… ya sabes. Lo que a toda mujer sana le puede suceder…

Violet se quedó con la mirada pensativa, intentando salir de su confusión. Entonces, como si un interruptor se hubiera encendido de golpe, su expresión cambió abruptamente.

– ¡N-No!… no no no… eso… no puede… quiero decir… – por un momento quedó en absoluta pérdida de palabras. Como si estuviese mirando un rincón oscuro, y de repente una luz la encandilara de frente- … de… ¡De ninguna manera!… yo…

Grace la tomó del hombro, intentando calmarla, pero una sonrisa imperceptible se formó en sus labios.

– Señora… yo… me despido… – se excusó, con la mirada perdida – … tengo… tengo algo que hacer.

– Por supuesto. Por supuesto querida. Podemos continuar luego.

Ella inclinó la cabeza de manera instintiva, mientras volteaba a toda prisa hacia una entrada al costado de la cabaña.

La astuta dama quedó sola, y su expresión se relajó, mostrando una sonrisa satisfecha.

– ¿Por qué juegas con ella?…

Rohan estaba dentro, preparando un juego de extrañas semillas, mientras sacudía la cabeza por las tramas de su esposa.

– Hago lo que creo necesario. Es una mujer fuerte, pero su origen la ha marcado para ser muy terca en algunas cosas. Necesita un empujón para considerar seriamente otros aspectos de la vida.

El juntó otras cosas, y se levantó.

– Pues realmente lo estás disfrutando. – replicó, con una carcajada – Mientras te diviertes, iré a alimentar a Rosalía.

El día aún era joven, y le quedaba mucho ver con sus figurativos ojos.

 

 

En la mansión subterránea, Marco había estado manipulando diferentes tipos de hierbas. Misteriosas hierbas. Poderosas hierbas. Esquivas hierbas.

Sus hábiles manos trabajaron sobre una pequeña piscina. Con dedicación. Con disfrute.

El tiempo pasaba lentamente, sin prisa, mientras las cálidas aguas se mezclaban con un complejo brebaje.

– Señor Lehm… ¿Qué tal la temperatura?…

En el otro extremo, el erudito errante había renunciado a sus prendas y reposaba sobre el borde. La espalda recostada, con el agua hasta su pecho.

– Es un buen trabajo… – elogió – … deberías…

Pausa.

Inclinó su cabeza, en dirección a la entrada. Algo había llamado su atención. Marco hizo lo propio al verlo.

Luego de unos pocos segundos.

~!Clank!

La puerta se abrió de golpe, y una mujer entró con compleja expresión.

– Oh… bienvenida… señorita Vir-…

– ¡Tú!…

Ignorando completamente a Marco, bordeó la piscina hasta frenar unos pocos metros antes de Lehm. Con efusivos movimientos, levantó su dedo para apuntarlo directamente hacia él.

– ¿Sí?… – sereno y curioso.

Cómo saliendo de un trance, luego de la agitación, ella se percató de su estado desnudo. Su índice apuntaba hacia ese cuerpo, el cual dejaba poco a la imaginación a través de las aguas semi cristalinas.

Giró su cabeza de golpe a un costado, mostrando su perfil para evitar mirarlo de frente.

– ¡T-Tú!… – aun sosteniendo su mano alzada.

– Mmm… ya escuché esa parte…

– Tú… ¿Sabes…?

Sin completar la frase, se quedó en blanco. ¿Qué es lo que debería decir? Y ¿Cómo la haría? Todo su ímpetu se desinfló en el momento crucial.

– Hey… ánimo… – levantó un pulgar, como quién apoya a un niño indeciso – … tu puedes hacerlo…

– ¡Ahhhhhhh!… – tomó su cabeza, molesta por su actitud. Ella estaba sufriendo una gran confusión, y el culpable era ese hombre que siempre parecía decidido a enloquecerla – … ¡Al diablo!… ¡Quiero decir que…! tal vez… ¿Qué pasa sí?… y lo has hecho… nunca pensé… sobre eso… pero… es tu culpa… sin contenerte… – pausa – … ¡Y varias veces!…

Silencio.

El rostro de Marco era el desconcierto mismo. No podía más que admitir que la mente de las mujeres eran aun un misterio para él.

Lehm, por su parte, miraba a la exaltada mujer con una expresión entre entretenida y curiosa. Luego de frotar lentamente su mentón, extendió sus brazos con las palmas abiertas.

– Mmm. Si es un acertijo… me doy por vencido.

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