Pequeña Quin Capítulo 170 – Sobre el erudito y la secretaria reticente. Parte 2.

Modo noche

– ¡¡No es un acertijo!!… – dando un pisotón.

– Entonces… para dirigir un dedo acusador hacia un pobre hombre indefenso… deberías ser un poco más específica… – rostro inocente.

– ¡¿P-Pobre hombre indefenso?!… ¿Tú?… – exclamó incrédula – … ¿Siquiera sabes lo que has hecho?…

– Bueno… he hecho muchas cosas… ¿Sobre cual estamos hablando?…

– Estoy hablando sobre… sobre… – perdiendo impulso – … todas esas veces… que tú… aunque no debería dejarte… siempre es lo mismo… eres tan molesto… – balbuceó, perdiendo el hilo nuevamente.

– ¿Otro acertijo?…

– ¡Que no!… no no no… siempre te sales con la tuya… – sacudiendo su mano en rechazo – ¿No has pensado que sucedería…? ¿Qué sucedería sí…?

Silencio.

– Eso es… un último empujón… ya casi estás allí… – animó con sus manos.

– ¡Ahhhhhhhhhhh!… – estiró sus puños hacia abajo, para gritar a viva voz – ¡¡¿Qué sucedería si he quedado embarazada?!!

~Clang

Marco tropezó, dejando caer un cuenco de sus manos.

– Cof… cof… cof… – tosió abruptamente – … ¡Oh!… ¿Q-Qué es eso que oigo?… parece que madre me llama… debería ir pronto. S-Señor Lehm, si me disculpa… – el regordete joven se excusó torpemente, escapándose como si le fuera la vida en ello.

Mientras Violet intentaba calmar su agitación, Lehm tomó su mentón, a la vez que en su rostro nacía una sonrisa especial.

Esa que aparecería en raros momentos, como aquellos donde encontraba algo de su interés. Cual un gato aburrido que tropieza con un ratón indefenso, y se pregunta cómo debería jugar con él.

– Ohh… esa es una interesante declaración. – conociéndola, deducía que alguien había manejado los hilos detrás de escena, para ofrecerle este espectáculo – ¿Me veo como un hombre irresponsable?…

– ¡Totalmente!… ¡Absolutamente!… ¡De-fi-ni-ti-va-men-te!… – exclamó, rodando sus ojos. Su expresión decía a viva voz “¿Siquiera necesitas preguntar?” – … ¡Irresponsable bien podría ser tu segundo nombre!…

– Ouch… eso es cruel. Estoy siendo acusado injustamente… – con gesto dolido.

– ¡Deja de jugar conmigo!… ¡Responde!… – resopló, dando otro pisotón.

Él sacudió la cabeza. Esa dama sí que tenía su temperamento.

Dio un pequeño suspiro, y su tez se relajó, adoptando una pose un tanto más seria.

– Tranquila… eso no sucederá…

– ………

¿Qué era esta sensación?

Desde que lo dijo, era una declaración explícita.

Dijo que no sucederá, por lo que era altamente probable que no sucediera. Pero, una vez quitada la incertidumbre ¿Por qué no se sintió tan liberada como esperaba?

– ¿Tienes ese tipo de deseo?… – tono sereno.

– ¿Eh?… ¿Qué?… No… por supuesto que no… – respondió, con más confusión que convicción – … creo que, debería irme. Disfruta tu baño.

Se volteó para partir, con una mirada llena de pensamientos nuevos y encontrados.

– Ven…

– ¿Sí?…

– Entra… – ordenó en tono amable, señalando las aguas.

– ¿Quieres que entre allí?… – miró de perfil el baño, dudosa. Luego sacudió la cabeza, con expresión terca – … yo… voy a hacer mi trabajo seriamente. Pero, no tengo por qué obedecerte en estas cosas. Puedes bañarte sólo y sin ayuda… ¡Hmpf!…

Volvió a girarse, con una sonrisa satisfecha y triunfante.

– El dolor perdurará…

– ………

Se frenó tan pronto como había avanzado un paso.

– ¿Qué quieres decir?…

– Piensas sobre tu cuerpo, porque sufres punzadas de forma aleatoria…

– ¿Cómo lo…?

Silencio.

No. No caería otra vez en la trampa.

¿Cómo lo sabía? Por supuesto, el diría algo del estilo “no puedes esconderlo de mis ojos”, acompañado de una expresión natural, como si fuese lo más simple y obvio.

Ese hombre era realmente irritante.

– ¿Y qué si es así…?

Lanzó sus últimos esfuerzos. Tenía la sensación de que otra vez sería atrapada dentro de su ritmo, incapaz de tomar el control de la situación.

– Tu problema no es complejo… pero si de delicado trato. Si no quieres tropezar en el cultivo, hay ciertos pasos que debes seguir…

Manteniendo su porte sereno, su mano abierta aun señalaba las tranquilas aguas.

Ella apretó sus dientes.

– Maldición… – murmuró.

Estaba sucediendo de nuevo.

Lo que más le molestaba, era que probablemente estuviera diciendo la verdad. Incluso si él aprovechara para divertirse a su costa, al final del día aun tendría una excusa razonable, contra la cual no podría luchar.

A veces creía que el mundo se complotaba contra ella, para permitirle a este hombre jugar a gusto y placer.

Luego de una batalla mental, una idea inesperada surgió en su mente. Se puso firme y volteó hacia él, comenzando a liberar su elegante traje.

– ¡Está bien!… voy a entrar… pero… ¡Tienes que responder seriamente a mis preguntas!… – demandó con gran ímpetu.

– Oye… cualquiera diría que no soy quién ayudará gratuitamente. Muchos ofrecerían toda su fortuna en vano… ¿Sabes?…

– ¡Hablo en serio!…

Lehm sonrió con ironía. ¿No era él a quién siempre acusaba de ser irrazonable?

– Si tanto interés tienes… démosle un intento. – concedió, entretenido. Luego, levantó una ceja – Espera… ¿Vas a preguntar cómo puedes tener un niño conmigo?…

– ¡¿Quién demonios quiere tener un niño contigo?!

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