Pequeña Quin Capítulo 172

Modo noche

Ya unidos, él le tomó su brazo derecho suavemente, y lo extendió recto. Luego, colocó dos dedos sobre su hombro, y comenzó a deslizarlo lentamente a través de su brazo.

– Veamos…

Ella cerró sus ojos, haciendo lo posible para ignorar las eléctricas reacciones de su cuerpo, que sucedían cada vez que era tocada por esas manos.

Más difícil era obviar esa voz calmada y relajante justo detrás de su oído.

– Desde las fundaciones al dominio. Del dominio a lo supremo. Con el cuerpo como un medio, para circular poder a la par creciente… cosas deben suceder. La mente en alza. Caminos liberados. – recitó, en el lento transitar de sus dedos. Al llegar a la mitad del brazo, presionó la piel, y un fino hilo de energía emergió de ellos- Nodos fortalecidos.

– ¡……! – una fría punzada alarmó sus nervios, y sintió como si algo se hubiera abierto de golpe – ¿Qué has hecho?…

– Un cultivo retenido. Un salto imprevisto. Nodos carentes. Es normal que hayan estado enviando advertencias. Un ajuste general está a la orden.

– Oh… – asintió, vagamente comprensiva. No era ninguna experta en medicina o los misterios del cuerpo.

Terminada la tarea, avanzó hacia su mano, como siguiendo un camino invisible delineado en su interior.

Mientras llegaba y tomaba su muñeca, ella miró su mano, y luego giró hacia él. Escasos centímetros separaban sus rostros.

Recibiendo la imagen de su perfil, lo que encontró fue una expresión tranquila y enfocada, muy distinta a esa sonrisa que ponía a prueba su paciencia. Volvió a presionar un punto, con gran precisión, antes de permitirle relajar su brazo.

– Inesperadamente… también puedes parecer un auténtico erudito si te lo propones.

– Mmm… tal vez sólo sea una cuestión de perspectiva.

Giró su perfil, para mirarla cara a cara. Sus rostros casi se rozaban.

Recién percatada de cuanto se habían acercado, volteó su cabeza rápidamente.

¿Qué perspectiva? Él se esmeraba con creces para parecer un niño incorregible la mayor parte del tiempo.

Con una sonrisa serena, prosiguió su paciente labor.

Primero se ocupó de sus hombros, y varios puntos en su espalda. Una extraña mezcla de sensaciones la invadía. Una incisiva y estimulante, por el toque de sus dedos… otra apacible y balsámica, de relajante liberación.

Avanzó hacia su otro brazo, repitiendo el proceso.

En algún punto, la relajación pudo con su estado de alerta. Sin percatarse, había apoyado su cuerpo sobre él, reposando la cabeza en su hombro.

En su distraída mente, jugaba con una idea… una que rondaba por su allí hace tiempo, pero se negaba a darle forma.

– Cuando peleabas con el rey Leto. ¿Realmente estabas dándolo todo, como dijiste?…

– Por supuesto… fue realmente agotador… – quejándose, como recordando una ardua tarea.

– No lo entiendo. – sacude la cabeza, en confusión – El poder que usaste para ayudarme… sentí que era aun más abrumador que el suyo. Y, luego, lograste someterlo mientras hacía mi avance. También están las técnicas que usas a veces… tú…

– Lo has malentendido…

– ¿Cómo dices?…

– Ya ves… lograr ser herido a veces también requiere cierto sacrificio…

Silencio.

– Ser… herido. – balbuceó. Pronto, comprendió el significado real de sus palabras en ese tiempo. Su tez se hundió, y un sentimiento incomprensible nació en ella, como si estuviera a punto de perder algo – Entonces… es cierto. Tú, realmente… ¿Has alcanzado el reino de los dioses?

Un silencio sostenido le fue devuelto como respuesta. E incluso esas manos perversas habían cesado su movimiento.

Esperó pacientemente por la devolución a una cuestión de trascendental peso. Una que nunca llegó.

Inclinó su rostro, para exigirle un accionar, pero se frenó a medio camino. Él estaba mirando hacia el cielo, preso de una atípica expresión enajenada. Incluso le daba la sensación de ver… ¿Un dejo de tristeza?

– Dioses… eh… – murmuró.

Por algún motivo, presintió que no debía dar un paso más allá en esa dirección. Una dirección, llena de espesa niebla y misterio.

Aunque la curiosidad la carcomía, decidió no insistir en ello. Al menos, ya había recibido algún tipo de respuesta.

Pasado un tiempo, retomó sus actos, sin que más palabras sean intercambiadas.

El ambiente se tornó nuevamente en uno sumamente pacífico y relajante.

Terminado el proceso con sus extremidades, viajó por su torso hacia su estómago. Sus dedos presionando delicadamente diferentes puntos, podían verse a través de sus generosos dotes, que el agua era incapaz de esconder.

Todo se tornaba más claro y fluido dentro de ella. No podía evitar pensar que estaba volviendo a un estado natural. Como si respirara bien por primera vez, y su energía circulara sin limitaciones por su cuerpo.

Aunque evitaba pensar en ello, estaba reposando sobre él, completamente a su merced.

No quería considerarlo, porque todo era simplemente demasiado relajante.

– ¡Mmmm…!

De repente, se escuchó un gemido ahogado.

En completo relajamiento, una intoxicante descarga eléctrica se extendió rápidamente de entre sus piernas a todo su cuerpo, estimulando cada uno de sus sentidos.

– ¡¿Q-Qué haces?!

Inclinó su cabeza hacia arriba para mirarlo. Unos ojos plata y una falsa sonrisa inocente la recibieron.

– Encontré otra zona que necesita ser estimulada…

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