Pequeña Quin Capítulo 173

Modo noche

– ¡Tú!… detent-…

Volviendo a presionar con sus dedos, otro espasmo sacudió su cuerpo y su mente.

¿Era este algún tipo de venganza?

Quería levantarse, pero sus extremidades no le responderían.

Estaba sucediendo de nuevo.

Este cuerpo suyo, caprichoso, vil y traicionero. Otra vez se rendiría a esas manos, como abrazando las cadenas en vez de intentar romperlas.

Sus sentidos se volvieron incontrolables, en tanto más jugaba él libremente con ella.

– Ahh…

Perdiendo la noción del tiempo y el lugar, levantó la cabeza, con su boca entreabierta liberando agitadas exclamaciones.

Allí estaba ese rostro, ese hombre irrazonable, mirándola con una sonrisa maliciosa.

Acercó sus labios para robar los suyos, mientras esos dedos atacaban con precisión sus puntos más sensibles.

Con estremecimientos múltiples, alcanzó un éxtasis que emblanqueció sus pensamientos, haciendo tambalear su razonamiento.

¿Cómo podría lograr semejante efecto con sólo tocarla?

Entonces, sintió su cuerpo siendo elevado gentilmente, y algo más que simples dedos rozando su sensible privacidad.

– ¡………!

Incapaz de formar palabras claras, levantó la vista mostrando una expresión lastimera, y negando suplicante con su cabeza.

Su cuerpo se encontraba extremadamente sensible. Su mente apenas podía lidiar con todas esas intensas agitaciones.

De sólo pensar en un nuevo estímulo, sentía que realmente iba a perder la razón.

– Shhh… pronto te acostumbrarás… – susurró sugestivamente en su oído.

Ella no tenía dudas. Ese hombre definitivamente estaba vengándose de ella.

Él la soltó lentamente, y permitió que fuera recibiéndolo poco a poco.

– ¡Mmmmmmmm…!

Mordió sus labios para no dejar salir el sonoro gemido, que aun pudo escucharse intensamente a través de ellos.

Para cuando todo su cuerpo fue liberado, no existía más resistencia, o labios sellados.

¿Cómo sería ese hombre un dios de las leyendas?

Claramente era un demonio de la perversión, que había llegado para devorarla.

Incapaz de congeniar más con los caprichos de su razón, cedió a la demanda de sus instintos.

Luego de eso, no pudo recordar más que vagos momentos.

O, tal vez, eso era lo que le gustaba creer.

 

 

En las afueras de la cabaña, un largo tronco perduraba como asiento natural. Esta hermosa dama venía aquí inconscientemente, cada vez que su mente tenía algún conflicto.

Con un rostro molesto, miraba distraídamente hacia una gran roca, de varios metros, que se encontraba frente a ella.

– Bheeeee~…

Un pequeño grupo se acercaba, a la distancia. Un simpático animal, un joven alto y regordete, y un niño enano sentado sobre sus hombros.

– Baba… Violet…

El pequeño señaló hacia ella, apremiando a Marco para acercarse. No hacía un día que estaba aquí, pero todos habían sido muy buenos con él, haciendo que se sienta a gusto y florezca una pequeña confianza.

Aun así, era imposible no buscar a la pareja con la que más tiempo y experiencias había compartido.

– Esto…

Más claro sobre los hechos y el carácter de esta mujer, Marco hizo una mueca incómoda. Podía imaginar mentalmente un área limítrofe alrededor de ella, con un cartel de “peligro, ingrese bajo su propio riesgo”.

– T-Tia Violet… – insistió el pequeño, intentando hacer uso del lenguaje local.

– Yo… creo que sería mejor no-…

Al ver la sonrisa feliz de Anh’ea, no pudo terminar su frase.

Suspiró, resignado, bajándolo al suelo. Tal vez el pequeño tuviera una chance.

– Shipy… ve con Anh’ea a saludar a la señorita Virgil…

– ¿Bhee~…?

Inclinó su cabeza, expresando su falta de voluntad.

Anh’ea no esperó, y comenzó a avanzar.

– Bheee~…

Sin más opción, se puso a la par con su trote. Ese chiquillo había llegado con Lehm. No podía permitirse ignorarlo.

Entre unos pequeños pies y el trote del animal, recorrieron la distancia hasta unos pocos metros de Violet. Sin embargo, no obtuvieron respuesta ante su acercamiento.

Silencio.

Ambos se frenaron a unos pasos. Anh’ea miró curioso a esa mujer que le había dado una segunda oportunidad de vida. Aunque no tan sagaz como sus compañeros, era capaz de sentir cierta tensión en el ambiente.

Miró alrededor, no acostumbrado a verla sola, y decidió tomar la iniciativa.

– ¿Tio Lehm?

Preguntó en tono inocente.

~Crack

Como si hubiera lanzado una flecha explosiva, el rostro de Violet se tensó, y destruyó una roca de un pisotón.

– ¡Ahhhhhhh!… ¡Siempre es lo mismo!… no lo soporto… no puedo soportarlo más…

– Giiii…

De un salto, Anh’ea se escondió detrás de la oveja, sacando su cabeza tímidamente. Esa amable y confortable dama, de repente daba mucho miedo.

– Bhee~…

Shipy retrocedió lentamente, mientras, más allá, Marco sacudía la cabeza.

Ella se levantó de golpe, y enfrentó la enorme roca.

¡Pum!

– ¡Tú!… demonio… embustero… pervertido… toma esto… esto…. y esto…

La indefensa roca tuvo que recibir su ira, siendo quebrada en varias partes.

¿Qué había sido eso?

No hacía mucho tiempo atrás aún estaban juntos en las aguas. Intentando ignorar la realidad, buscó algo en lo que ocupar sus pensamientos.

Entonces recordó sus anteojos, y un mensaje en particular estimuló su mente, devolviéndole algo de claridad a sus facultades.

– Oye…

– Mmm…

Se giró para mirar a Lehm.

– ¿Quién es… Vivian?

– ………

Silencio.

Tras una fugaz mueca incomoda, una abrupta seriedad dominó su semblante.

Antes de notarlo, él ya flotaba a pocos metros sobre las aguas, con un brillo en sus ojos. Murmurando algo sobre un discípulo imprudente, desapareció al instante siguiente.

– Oye… no huyas… – reprochó, en vano.

¿Discípulo?

Cierto.

Se sentía un poco torpe por percatarse hasta ahora, pero, ese hombre tenía al menos dos discípulos.

Ese hombre, que había jugado con un rey supremo, que ocupaba poderes y recursos más allá de su entendimiento, quien no ponía un imperio en su mirada… hoy, había mostrado una expresión urgente por ellos, dos niños poco destacados.

¿Por qué serían tan especiales a sus ojos?

Cuanto más lo conocía, más debía reconsiderar el pasado. Actos antaño irrelevantes, cambiaban completamente en su contexto. Sobre Tiana, sobre esos niños, o incluso… ella.

¡Pum!

– ¡Ahhhhhh!… ya no me importa… no puedes engañarme. Sólo eres un dios pervertido… toma esto, y esto…

Mientras avanzaba la tarde, la piedra “Lehm” no pudo escapar de la ira de esa hermosa dama.

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