Pequeña Quin Capítulo 175 – Sobre la semilla del desastre.

Modo noche

Con el espectro fuera de escena, se tomó un momento para apreciar el entorno por primera vez.

Su discípulo estaba en una jaula dentro de una fosa. Dos cultivadores desconocidos lo acompañaban, mientras cierta talentosa joven miraba atenta desde la superficie, escondida a simple vista.

Su mirada atravesó el territorio y la ciudadela en ruinas. Un centenar de bestias había tomado ocupación de la misma.

– Un reto interesante… – sonrió satisfecho, como disfrutando de la nueva desgracia del joven con antigua gloria.

Se giró hacia las piedras oscurecidas. Aunque podía observar que su energía cumplía con la meta propuesta, y su cultivo estaba al borde de un avance… no había forma de que lo completara con esos recursos.

Una gema rojiza descansaba sobre su mano, pero no había sido utilizada.

– ……

No necesitaba ser un genio para entender lo que sucedía. Ese rey necesitaba crecer en varios aspectos, y experimentar la vida fuera de la batalla… pero, no era de ningún modo un niño ingenuo.

Sabía perfectamente que, como su maestro, no podría permitir que su cultivo se arruine. En una coyuntura tal, lo estaba obligando a tomar una decisión.

Era una apuesta arriesgada y sagaz, a la altura de lo que se esperaría. Pero, no dejaba de ser una estafa descarada. Una que solo funcionaría una vez, y que no dudó en aprovechar.

Enfrentó a Bran y tomo asiento en similar posición. Mientras cerraba sus ojos, en su mano apareció una piedra elemental rojiza. Esbozando una media sonrisa, la colocó junto a las otras.

– Alguien ha sido influenciado por una pequeña estafadora…

 

 

¿Quién soy?

¿Dónde estoy?

¿Qué hago aquí?

Caminando sin destino a través de un mundo estéril, muchas preguntas pasaban por su mente. En un mundo de tonos opacos, pintado de azules y grises, un yermo desolado se extendía hasta donde la vista podía alcanzar.

Colgando en la nada sobre el cielo nocturno, tres grandes lunas hacían las veces de faros ineludibles, iluminando toda la superficie.

Tenía la sensación de que no era la primera vez que las veía. Pero, no podía poner su dedo más allá de esa idea.

¿Cuánto tiempo había caminado?

¿Cuándo tiempo habría de caminar?

Estaba viajando sin rumbo, en busca de una respuesta. Pero, de todos modos… ¿Cuál era la pregunta?

No había vida aquí. No había peligro u oportunidades. Sin viento, sin sonidos, sólo una inmensidad irreal y vacía.

En este interminable divagar, finalmente hubo una leve interrupción a tal estéril monotonía.

Un distante reflejo fugaz capturó de inmediato su atención. Cuando la rutina se vuelve desesperante, y no hay un aliciente en el horizonte del futuro, el menor de los cambios puede desencadenar la más intensa de las reacciones.

Se acercó con presteza hacia esa zona, deseando alguna novedad más allá de cualquier espejismo. En tanto más se acercaba, más veía sus esperanzas cumplimentadas.

~Plap Plap

Como despertando al mundo de un largo sueño, el sonido de un chapoteo surgió sobre la calma. Al llegar a la zona, sus pies pisaron sobre una fina capa de agua. Un agua espesa, un agua densa, que vagamente reflejaba en su superficie la belleza plasmada en las alturas.

Si prestara suficiente atención, podría ver que varias imágenes aleatorias se mezclaban allí, ajenas a lo que debería ser un simple cielo nocturno.

Demostrando ser más que un fenómeno aislado, su presencia se derramaba por el llano, varios cientos de metros más allá. Desde lo alto, una figura circular podría delinearse con toda su líquida extensión.

Siendo insuficiente descubrimiento para quebrar la desesperanza, un objeto podía verse flotando en el centro mismo del fenómeno. En un sentido literal, realmente estaba suspendido de forma inamovible a un metro sobre la superficie.

– ¿Qué demonios?…

~ Plap Plap

Atravesando el agua, rompió sin saberlo con todos esos vagos reflejos. Sin demora o prudencia, se acercó hasta aquella anomalía.

Pronto, tuvo una imagen clara de su apariencia. Era una especie de huevo, rodeado de una bruma oscura que deformaba su aspecto aleatoriamente.

Tomo su cabeza. La sensación de haberlo visto antes era mucho más intensa en esta ocasión. No sólo eso, sentía una sumamente confusa mezcla de familiaridad y extrañeza al verlo.

Si había alguna respuesta, en esta interminable soledad, creía que podría encontrarla allí. Extendió su mano hacia el huevo, y la colocó lentamente sobre su superficie, o cuando menos hizo el intento.

Esa difusa y oscura bruma frenó su avance cercano, impidiéndole llegar a un contacto directo.  Aun así, a través ella pudo sentir firmes y rítmicos pulsos emanar desde su interior.

– ¿Eh?…

Sólo entonces se percató de que, allí frente a sus pies, unas figuras desconocidas se reflejaban.

Enfocando su mirada, fuertes tensiones aquejaron su mente. Definitivamente reconocía esas siluetas, e irónicamente, cayó en la cuenta de que su propia silueta nunca se había reflejado sobre las tranquilas aguas.

– Esto es…

Se inclinó para observar una de las dos figuras. Cabello de claros rojizos, ojos zafiro, ropas blancas y doradas. Una indomable sensación de realización sacudió sus pensamientos, y un brillo de claridad nació dentro de sus apagados ojos.

– Q-Quin… – balbuceó.

Como una poderosa ancla, su simple mención retuvo férreamente gran parte de esa lucidez. Mirando el reflejo a su costado, pudo ver la figura de un hombre, de apariencia elegante e inolvidable.

Su rostro puso una mueca molesta de forma instintiva, mientras sus ojos parecían despertar a la fuerza de un largo sueño.

– Ma-… – se interrumpió, cerrando sus ojos, con la puerta de su conciencia abriéndose de golpe – … ese bastardo sonriente… – corrigió, con una sonrisa satisfecha.

En su afortunado reencuentro con la realidad, no pudo notar el movimiento de la oscura bruma, desde donde lentamente se abrieron uno por uno seis ojos de aspecto vicioso.

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