Pequeña Quin Capítulo 176

Modo noche

 

Arremolinándose a sus espaldas, aquella misteriosa figura tomó forma. Todos sus ojos se enfocaron al unísono sobre Bran y el reflejo que lo ocupaba.

Como dos brazos de oscura niebla, sendos hilos salieron de su cuerpo y lo rodearon. Muchos fallaron en su intento, traspasándolo limpiamente, pero otros tantos lograron materializarse y conectar con su objetivo.

Inmediatamente, se acercó a su espalda abriendo sus fauces.

“Odia”

Sin tiempo a reaccionar a esos repentinos brazos, quedó preso por ellos. En tanto intentaba librarse del agarre, esa voz llegó directamente a su alma, resonando como una campanada y sacudiendo su mente.

“Mata”

Las meras palabras eran acompañadas por una extraña influencia, Impregnada de un deseo instintivo, un odio violento que forzaba sus emociones hacia aquellas siluetas que acababa de reconocer en el agua.

Presionado sobre su conciencia, se vio por momentos cediendo ante esas demandas, imaginándose sobre sus cuerpos heridos, acabando con ellos, desgarrándolos sin piedad.

– ¡¡¡FUERA!!!

Una sonora exclamación sacudió los hilos, la viciosa figura y el mundo a su alrededor. Recuperando por pura fuerza de voluntad destellos de cordura, rápidamente intuyó que no estaba completamente indefenso.

Se giró para enfrentar esa presencia, a la cual reconoció inmediatamente. Ese ente salido de un mal sueño, cuya mirada producía una incómoda sensación. Sin embargo, las cosas no eran igual que en ese entonces.

Aunque se mantenía confuso sobre muchas cosas, había un punto importante en esta situación que acababa de comprender.

– Seas lo que seas… ¡Piérdete!… – le gritó con violencia, enfocando su mente en cada palabra.

Respondiendo a la contundente intención de su voluntad, el entorno vibró y el espectro fue sacudido. Aquellos brazos de oscuridad perdieron su forma temporalmente y fueron incapaces de seguir reteniéndolo.

Tal como creía, no importaba que tan extraño, que tan desconocido o misterioso sea todo a su alrededor. Aun si era un delirio, memorias ajenas o algo más… él no era un simple invitado aquí.

Obligado a retroceder por su resistencia, los ojos del ente se abrieron por completo. Si con uno bastaba para determinar el grado de su molestia, seis de ellos impedían que exista sombra de duda. Lo más escalofriante era que ni siquiera lucían completamente iguales entre sí.

Donde debería estar su torso se abrió nuevamente esa enorme boca, mientras de su cuerpo se extendían más hilos, en mucho mayor cantidad que antes.

Bran apretó los dientes, preparándose para otra acometida, pero, para su sorpresa, ninguno de ellos se dirigió hacia él.

“!In…digno!”

Como el choque de una cascada, una gutural mezcla de voces retumbó sobre su conciencia y su entorno. Probablemente, lo único que no se veía afectado por esta lucha de voluntades era el misterioso huevo, que descansaba indiferente como un mero espectador.

Sacudió la cabeza, batallando por mantenerse lúcido. Al recuperar su visión, finalmente vio lo que estaba sucediendo. Todas esas extensiones habían golpeado de lleno el agua, y, a diferencia da antes, se mezclaron sin falta ni rechazo.

“!Indigno!”

Aun más clara y contundente, su voz dejó sentir su efecto sobre Bran. Con su psique tambaleante, tomó su cabeza fuertemente, e intentó retroceder.

– ¡……….!

Sólo entonces se dio cuenta de que sus piernas no responderían, como atrapadas por un repentino pantano, y que el nivel del agua había comenzado a subir. Actualmente sus rodillas se perdían por debajo.

– Maldición…

No era simplemente un impedimento. Apenas podía sentir sus piernas y era imposible verlas a través del agua, como si poco a poco estuvieran siendo asimiladas.

Intentó librarse, pero se había percatado demasiado tarde. El agua continuaba cubriéndolo sin parar.

Sus piernas, su cintura, su abdomen. Incapaz de soltarse, en el caos de su mente pudo notar como imágenes completamente desconocidas se reflejaban ahora en la superficie, pero no tenía tiempo para prestarles atención.

Mientras su torso era invadido por el líquido, la figura se acercó lentamente, notándose mucho más confidente con este desarrollo.

Con sus brazos hundiéndose inertes, y su rostro a punto de ser ahogado, una última visión llegó a sus ojos. Un mundo desconocido, un ente siniestro a punto de devorarlo y un huevo que se balanceaba lentamente, como disfrutando inocentemente el espectáculo y esperando su desenlace.

En tal instancia desesperada, sólo una pregunta flotaba en su mente.

– Bastardo… ¿Qué es lo que me has dado?…

Fue lo último que pudo decir, antes de que el agua cubriera todo su cuerpo.

El huevo se inclinó hacia un lado, dudoso del resultado, mientras el rostro del ente estaba a centímetros del agua, donde el cuerpo debería estar.

En ese mismo momento, otro espectador existía, más allá de este caos. Con una mirada solemne y su mano extendida, Lehm estaba parado frente al cuerpo inerte de su discípulo.

La vida se escapaba de sus ojos, completamente oscurecidos, y ya no existían señales o movimientos en él. Estaba allí, sentado mirando el cielo con una expresión vacía.

Aunque era consciente del peligro que atravesaba, su mano aun se mantenía estática, a centímetros del contacto. Varias respiraciones pasaron, hasta que cerró sus ojos y retiró su mano lentamente, apretándola fuertemente en un puño.

Silencio.

Suspiro.

Silencio.

Cuando recuperó su mirada, sus ojos de plata se habían tornado en una helada expresión. No existían dudas, conflictos o emociones en ellos. Con el porte propio de un sabio, vigiló imperturbable el transcurso de los eventos.

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