Pequeña Quin Capítulo 179

Modo noche

Resopló tras su discurso, con un leve jadeo. Descargar su ira sobre Lehm realmente se sentía liberador y relajante. Casi que estaba listo para otra ronda con el espectro.

Lehm escuchó serenamente el monólogo de su desafortunado discípulo. Sonrió por momentos, como quién ve a su pequeño entrando en una fase de rebeldía.

– ¿Cuántos?…

– ¿Eh?… ¿Cuántos qué?…

No había pensado en cómo reaccionaría a su espontaneo acto, pero aun fue tomado por sorpresa.

– ¿Cuántos ojos?…

– Oh… – comprendiendo, calmó sus ánimos, esperando obtener información relevante – … en mi mente era una figura oscura y difusa, con seis ojos claramente visibles. ¿Qué clase de existencia es eso?… intentó devorarme cada vez.

– Mmm… por supuesto que lo haría… – murmuró, pensativo. Parecía realmente interesado en el relato – … seis… eh. ¿Qué más has visto?…

– ¿Qué más?… pues… para empezar…

En los próximos minutos, procedió a relatar los acontecimientos extraños de los últimos meses. Para su pesar, tenía que ser claro y paciente con ese hombre, quién rara vez devolvería el gesto. No había nadie más en quien confiar al respecto.

– Como has adivinado, no le agradas.

– Oh… vaya… realmente he llegado a plantearme esa posibilidad… – replicó con ironía.

– O, más bien… no puedes agradarle. Como un eco, o un deseo persistente… considéralo un obstáculo más en tu camino.

– ¿Eso es todo?… ¿Qué hay de esto?… – tocando su pecho – … esto tampoco es una simple raíz. Claramente tiene una conciencia propia.

– ¿Conciencia?… tal vez. Llámale instinto. Si no te agradan sus modos, deberás aprender a controlarlo. Considéralo…

– Un obstáculo más en el camino… – completó, en tono resignado.

Silencio.

Lehm sostuvo la mirada de su discípulo. Sabía perfectamente que no estaba a gusto sin información clara, y no acostumbraba a confiar en las decisiones de otro. Obedecía por necesidad, concedía por inteligencia, soportaba por experiencia.

Esa era la clase de relación que habían forjado.

Sin embargo, sin saberlo, este “joven” hoy había dado un paso importante a sus ojos. Un paso más cerca hacia la comprensión del mundo y la realidad sobre su pasado.

Por supuesto, un paso es aun una distancia escasa para llegar a cualquier sitio. Si su propio discípulo tambaleaba en estas instancias, su futuro no tenía futuro.

– ¿Crees que estás en la historia típica, donde viajas a otro mundo y recibes un conveniente poder? – rostro serio.

– No es así… – rechazó de plano.

– ¿Has olvidado mis palabras sobre tus retos?

– No…

– ¿Te arrepientes?…

– No…

– ¿Tienes miedo?…

– ¡No!…

– ¿Falto de motivación?…

– No…

– ¿Dudas de ti mismo?

– ¡No!…

– ¿Dudas de mí?…

– ………

Silencio.

– No…

Pese a un momento de análisis, su respuesta fue finalmente tan clara como el resto.

Lehm lo observó impasible durante unas respiraciones, hasta que se volteó y extendió su mano.

– Tienes los escritos, tus objetivos, y mis palabras… que no cambiarán. Nada más que saber, nada más que decir. La incertidumbre es parte de tu camino. Plántate ante mí, con algo de tu antiguo poder, y más preguntas llegarán a mis oídos.

En el proceso, las barreras comenzaron a desvanecerse, dejando ver a dos figuras sentadas pasivamente en las cercanías. Una de ellas se levantó de golpe, arreglando cuidadosamente su cabello y ropas.

Antes de que pudieran interrumpirlos, unas últimas palabras llegaron a los oídos de Bran, desde la espalda de su maestro.

– Hoy… lo has hecho bien.

– ………

Un reconocimiento inesperado. Un extraño acontecimiento. Despertando imprevistamente viejas emociones, fue invitado a reflexionar un momento sobre el pasado.

– Kuhum… H-Hola…

Una radiante Anaya se acercó hasta Lehm, portando una gran sonrisa. Los últimos días le habían dado tiempo para recuperar su apariencia, o buena parte al menos. Con su cabello rubio recogido, y sus ojos verde claro renovados de esperanza, ofreció su mano elegantemente para ser besada.

– Mi nombre es Anaya Ekart. ¿Puedo saber el nombre de nuestro grandioso salvador?

Cuanto más cerca estaba, más fuerte latía su corazón. Era incapaz de retirar la mirada de este hombre caído del cielo.

Definitivamente existe… ¡Amor a primera vista!

Ajeno al florecer de esa primavera, Lehm se tomó un momento para observar al dúo, mientras frotaba lentamente su mentón.

– Mmm…

Máximo ya se había incorporado. Tomando una postura más sensata y prudente, le ofreció un respetuoso saludo formal.

– Saludos, mayor.

– Esto…

La delicada mano se mantenía suspendida frente al indiferente erudito, como un arma incapaz de dar en el blanco.

Sin desanimarse por ello, retiró su mano y adoptó una pose refinada.

– Me preguntaba si… cuando salgamos de aquí… podría aceptar mi compañía.

Pero, no parecía ser una buena temporada para los sueños de esta dama.

Tras un breve vistazo, les dedico una sonrisa aprobatoria, y saludo con su mano.

– Diviértanse.

No pudieron responder antes de percatarse que quedaban sólo tres personas dentro de la jaula.

Los ojos de Máximo se abrieron de par en par. Esta vez no había sombra de duda. Ese hombre simplemente había desaparecido frente a sus ojos. Hasta ese momento, sólo consideraría tal acto como una fantasía irreal.

Sin embargo, cierta mujer no parecía compartir sus mismas preocupaciones.

– Él… acaba de ignorarme completamente…

Bran, en su rincón, sacudió la cabeza. Tanto él como Máximo tuvieron el mismo pensamiento.

Aquí vamos de nuevo.

– Es… es… – hizo una pausa, poniendo sus manos sobre el pecho – … ¡Es tan genial!…

– ………

– ………

¡Si es lo que hemos hecho todo este tiempo!

Podrían predecir el próximo ataque, o el desarrollo de una guerra. Pero definitivamente aun no podrían comprender los misterios de una mujer.

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