Pequeña Quin Capítulo 180 – Sobre una pequeña aventurera.

Modo noche

En el centro del coliseo, cerca de la fosa, una figura se vislumbró espontáneamente donde nada existía.

Momentos después, se repitió el extraño suceso. Otra silueta apareció frente a la primera, con su cuerpo inclinado respetuosamente.

– Mayor Lehm…

Apenas notó su presencia, retiró su cubierta. Aunque fue por respeto, sabía que para ese hombre no había diferencia.

– Aprendes rápido… – elogió sinceramente.

Su dominio era igual de suave, pero su técnica había dado un paso al frente. No era muy difícil adivinar el origen de su inspiración, aplicando nuevos conceptos que de otra forma no podría percibir.

– Aun incapaz de ver el mínimo indicio de su técnica…

– Para robarle a mi discípulo… suficientemente bueno…

– No es que quisiera hacerlo… – se excusó rápidamente.

– Pues deberías …

– Esto… – balbuceó, tomada por sorpresa. No esperaba recibir un incentivo del propio maestro para robarle a su discípulo.

– Nacer con una gran boca, pero un pequeño alimento. ¿Por qué rechazarías el bocado frente a tus ojos?

– Un bocado… – murmuró, intentando comprender la expresión – … en cualquier caso, he estado haciéndolo bastante bien por mi cuenta… creo…

Lehm sacudió la cabeza. Tenía cierta simpatía por esta niña, como quien ve un pez fuera del agua.

– El orgullo es una nube que obnubila el progreso. Quítalo y verás nuevos caminos a tus pies.

– Yo… agradezco el consejo, e intentaré recordarlo. Por cierto… – desvió su vista hacia la fosa, bastante curiosa de por qué todo seguía en el mismo lugar – … ¿No va a intervenir?…

– Mmm…. ¿Debería?… – pensativo, tomó su mentón – … tal vez… podría reforzar un poco las barras…

– ………

Definitivamente no era el tipo de interferencia que tenía en mente. La situación ya era suficientemente difícil para todos.

Al verlo levantar su mano, se apresuró a detenerlo.

Observando la expresión decepcionada de Lehm, como lamentando no ponerle las cosas difíciles a su alumno, pensó que tal vez no habían sido tan estrictos con ella después de todo.

– Bien… tantos días aburridos. Tendré que encontrar otra fuente de entretenimiento…

Viendo el florecer de una sonrisa maliciosa, Vetana sintió pena por quien fuese a caer en sus manos más adelante.

Al notarlo girarse listo para partir, estiró su mano tímidamente. Lo suficiente para que él se frene un instante.

– Sobre tus dudas. Si hay caminos a una respuesta… puede que hayas pisado uno.

– ¿Eh?… – desprevenida – … yo… quería preguntar por Quin.

– Oh… – sonríe, comprensivo – … tu pequeña amiga pronto comenzará su propia aventura. Si te preocupas por ella, continuarás la tuya. Deja que el destino las reúna a su tiempo.

Desvaneciéndose en el aire, sólo la joven de vestido oscuro quedó a la vista. No mucho después, también había desaparecido.

A pocos kilómetros, en el centro de la ciudad, tres figuras bestiales descansaban sobre las ruinas. Dos de ellas ya habían sido vistas por el grupo de Bran.

La figura central abrió sus rojizos ojos, vibrantes de inteligencia, y miró hacia la zona del coliseo. Aunque le habían traído nuevas mascotas, desde entonces su poderoso instinto natural le advertía peligro mortal en esa dirección.

Finalmente, tras varios días, esa incómoda sensación de opresión había desaparecido. Estar a la defensiva en su propio territorio le había puesto de un pésimo humor.

Pronto sería tiempo de disfrutar un poco de diversión.

 

 

– Ge ge ge…

En este ambiente vacío, Ushal había estado riendo durante los últimos días. Podía sentir como sus poderes se recuperaban de forma lenta pero constante. Parecía que, además de hacer un avance, su contraparte había obtenido inesperados “nutrientes”.

– Demente, pero ingenuo. Mientras tu niño crezca, lo hará conmigo.

Desde su cuerpo, más claro que antes, se extendía sin descanso un aura siniestra hacia un punto en particular de la nada.

– Ge ge ge… ¿Quieres manipular el alma frente a mí? Veamos cuanto aguanta tu precaria barrera. Espero con ansias tomar el regalo que has entregado.

Su aura se concentraba en una zona, y se veía interrumpida de golpe por alguna especie de límite infranqueable. Sin embargo, si uno pudiera acercarse lo suficiente, vería un hilo muy muy fino, que había comenzado a filtrarse pacientemente fuera de su prisión.

Una debilidad. No había dudas en su mente… en conocimiento del alma, no podría ser superado por un erudito de pacotilla.

Tarde o temprano.

Esperaría todo el tiempo que hiciera falta.

Observando ávidamente el pozo de oscuridad más allá de los límites, una sonrisa satisfecha se formó en su rostro

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