Pequeña Quin Capítulo 190 – Sobre un niño frente a la tormenta.

Modo noche

Desde la espalda de un gran tigre, dos ojos cafés seguían fijamente la trayectoria descendente de sus víctimas. Cuando finalmente pudo comprobar el desplome sobre la rojiza extensión, una sonrisa satisfecha decoró su rostro.

Un rostro que portaba el tatuaje de una serpiente alada en su frente.

– Está hecho… vuelve.

– Groar…

La bestia respondió al comando, y volteó para alejarse de esas tierras. No tenía ningún deseo de acercarse a aquella zona sin motivo.

Pero otros no tenían esta elección.

Expulsado violentamente por el aire, el cuerpo de Momoa cayó muchos metros después. La espalda golpeó varias flores antes de rodar por el suelo y finalmente atravesar el último resto del camino hasta la libertad.

Las flores se balancearon al tiempo, abriéndose en su dirección, reacias a dejar pasar indemne a esa pequeña presa.

Su cuerpo siguió rodando por la pendiente, para quedar tendido boca arriba poco después.

– ¡Hugh-…!

Todo su ser dolía profusamente, pero lo peor era la escalofriante sensación que comenzaba a crecer en su espalda. Su cabeza era un caos.

Intentando mantener la conciencia, pero entendiendo su desesperada situación, algunas lágrimas atravesaron su mejilla.

– Sniff… tío. Padre… mad-… cof… cof.

Muchos recuerdos pasaron rápidamente por su mente. Tenía un objetivo que cumplir, y había insistido tercamente en ello.

¿Por qué todo resultó de esta manera?

¿Por qué lo atacarían sin advertencia en una zona neutral?

No pudo hacer nada frente al peligro.

Su tío se había sacrificado para protegerlo.

Tenía que sobrevivir.

No quería morir.

No debía morir.

– Cof… cof…

Silencio.

~Tap tap tap

Entonces, escuchó el sonido de un corretear aproximándose. Tal vez su mente jugándole una mala pasada.

~Toc toc

Algo presionó su mejilla de manera incisiva. Entreabrió los ojos con dificultad.

¿Eh?

Giró su rostro en dirección al lago, y pudo discernir el origen del contacto.

La punta de una rama era dirigida hacia él, y lo tocaba pausadamente. Pero, nada lo preparó para lo que había en el otro extremo de la rama.

– Emmm… hola. ¿Eres un tipo malo?…

¿……?

Allí, donde pocos podían o querrían llegar, estaba parada una niña. Portaba un elegante vestido blanco, con bordados de oro. Su cabello era como un fuego vivaz, y sus ojos de un azul profundo como el océano.

Era una clase de belleza que lo golpeó totalmente desprevenido.

¿Un… hada?

– Heyyy… ¿Sabes hablar?…

– Y… cof… yo…

Abrió su boca, pero las palabras apenas podrían formarse.

– Waa… ¿Estás bien? ¿Weeee…? ¿Cómo que se está muriendo?… eso no suena nada bien, ni siquiera pude usar mi super función.

Momoa vio extrañado como la niña comenzaba a hablar sola, y hacia gestos con sus manos. Tal vez ya estuviera alucinando. Su cabeza se sentía terrible.

De pronto, esa hada señalo hacia él.

– ¡No! Espera… princesa, no puedes comerlo…

¿Mmm?

Sorprendido, forzó su cabeza hacia arriba.

Allí, sobre su frente, una serie de afilados y grandes dientes llenaron toda su visión.

– ¡¡………!!

Abrumado por esta imagen aterradora, los restos de su conciencia se desvanecieron, y todo se volvió oscuro.

 

 

Pesadez.

Dolor.

Agotamiento.

¿Estaba ya en el valle de los muertos?

Su vida había sido tan corta.

Cada vez más claros, algunos sonidos comenzaron a resonar sobre esta oscuridad.

– … la, la laa~

– ¿……?

~ Que lisa y brillante, una extraña cabeza. Tal vez algún día, una trenza tendrá ~

– ………

– ~ Princesa, no comas… es nuestro invitado. La super función, tengo que pro-… Oh. Calvin ha despertado.

¿Quién es Calvin?

Momoa parpadeó lentamente, intentando enfocarse.

– Ahg… cof…

Quiso incorporarse, pero se sentía muy pesado. Cómo si una enorme bestia durmiera sobre él.

¿Eh?

Cesó sus intentos y levantó la cabeza. Entonces descubrió algo del panorama.

Era de noche, y estaban en una especie de cabaña triangular. Un olor enriquecido inundaba el cuarto y una pequeña fogata brillaba en su centro.

Yacía sobre un bulto de paja, y, aparentemente, su cuerpo no había sucumbido ante el vicioso polvo de ukirea carmesí.

Pero, lo realmente sorprendente era esa gran loba blanca, que dormía a su lado. Reposaba indiferente apoyándole una pata directamente sobre el pecho.

– ¡………!

Un pescado algo quemado ocupó de repente su visión.

– Toma… debes comer. Perdiste mucha vitalidad… o algo así.

La niña se lo ofrecía, ante su cara de absoluta perplejidad y confusión.

Por inercia, tomó el alimento.

– T-Tú… ¿Quién…?

Tenía la apariencia de un hada, y parecía vivir sola en este peligroso sitio. También estaba esa hermosa loba de las nieves. Su mente era incapaz de procesar una respuesta coherente a tantos misterios.

– ¡Ejem! – levantó la nariz, y puso sus manos en la cintura – Yo soy…. ¡Quin! La misteriosa niña errante. Esta incomparable belleza es mi princesa dragón… puedes llamarla Draga.

– ………

Si no comprendía nada de lo que sucedía, cada interacción con esa extraña niña lo volvía aún más confuso.

– Más importante Calvin. Tengo una pregunta para ti… ¿Quién eres? ¿Por qué estás herido? ¿De donde viniste? ¿Eres un tipo malo? ¿Por qué no tienes pelo? ¿Traes algo de comida? ¿Por qué hay un dibujo en tu cara? ¿Sabes algo sob-…

Momoa levantó una mano, pidiendo efusivamente que se detuviera. Tratar con esa pequeña era similar a ser arrastrado por una tormenta.

Por fortuna, logró frenar esa vorágine de palabras.

Respiró hondo.

Como su padre le enseño, tenía que aprender a calmarse ante lo desconocido, e intentar mantener el control.

– Yo… soy M-…

– ¡Ja!… alto ahí. ¿Creíste que podías mentirme? Chi chi chi… – chasqueó la lengua, sacudiendo su cabeza – Que mal por ti… no comprendes a quien te enfrentas.

¿Mentir? Si aún no he dicho una sola cosa…

Quin ignoró su rostro de desconcierto, y puso las manos en la espalda.

– Recuerda mis palabras. La verdad siempre se revelará frente a esta pequeña. Yo te invoco… ¡Super análisis!

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