Pequeña Quin Capítulo 194

Modo noche

Por varios días, una rutina se estableció para el grupo.

Más tranquila sobre la estadía de su lacayo, Draga había retirado vigilancia y dormía pacíficamente cerca del lago. Quin dormiría con ella desde entonces.

Momoa se recuperaba rápidamente. Por fortuna, Quin había encontrado su bolso cerca del campo, y recuperó algunas píldoras, entre otras cosas.

Ella llegaba de tanto en tanto como una luz radiante permitiéndole olvidar sus penas. Siempre comía a su lado, aunque ya no lo necesitara.

Intentó conocerla más, pero siempre obtenía respuestas similares. Algunas comprensibles, otras bastante alocadas. Se acostumbró a dejarla ser… era más fácil que intentar seguirle el paso.

Al menos, estaba feliz de que entablaron una pequeña amistad.

Cuanto más tiempo pasaban juntos, más molesto se sentía con ese maestro suyo. Dejar sola a una niña indefensa, que necesitaba alimentarse a diario, en un lugar tan peligroso y del cual no podía escapar.

Indignante. ¿Debería pedirle a padre que la tome a su cuidado?

Pronto pudo levantarse y moverse bastante. Ya había decidido que entrenaría arduamente hasta volver a su mejor condición. Entonces, finalmente cumpliría su prueba.

– Mi prueba…

Después de todo, aunque quería evitarlo, su semblante no pudo evitar volverse húmedo.

– Wa… Momoa… ¿Qué sucede? ¿Dónde duele?

Quin estaba frente a él, tomando un pescado con sus dos pequeñas maños.

– No… no. Lo siento. Estoy bien.

– Estás triste… – insistió, pensativa – … ¿Es sobre tu pelo?…

– ¿Eh?… Mi…

Llevó su mano hacia su calva instintivamente. En realidad, no le había dicho a Quin lo sucedido, resultando normal esa incomprensión.

– Esto… no. – una diferente expresión preocupada surgió, y señaló su cabeza – A ti… ¿N-No te gusta?

– Emm. Es lindo… y brillante. Me gusta… – asintió con una sonrisa inocente.

– Y-Ya veo… – visiblemente aliviado – … en realidad, fue una apuesta con mis amigos. Mi padre me enseñó a honrar las promesas, y me he acostumbrado.

– Oh… sí, sí. Siempre tienes que honrar las promesas, sobre todo si ofreces un gran regalo. – haciendo énfasis – Entonces… ¿Por qué estás triste?

Viendo su sincera preocupación, Momoa se ablandó un poco.

– En verdad… quise hacer algo por mi cuenta, y gracias a ello otros tuvieron que pasar cosas malas. Al final, en vez de ser útil, arruiné todo… todo. Yo, soy tan tonto… sniff…

Una lagrima se liberó, mientras abrazaba sus rodillas y escondía la cabeza.

– Puede ser…

– ¿Sí?… – levantando su cabeza de golpe.

No esperaba recibir consuelo, pero tampoco una respuesta tan directa.

Quin limpió su boca y acomodó sus ropas. Entonces se paró dándole la espalda, mirando a la distancia con sus manos detrás.

– Kuhum… escucha la voz de la experiencia. Aunque algo salga mal y hoy duela mucho mucho… después, te lo puedes comer.

Silencio.

– ¿Sí?…

Quin asintió satisfecha, sorprendida de su propia sabiduría.

– Recuerda… cómelo bien, y mañana será otro día.

Salió lentamente de la cabaña, manteniendo el porte. Entonces se relajó, levantando el pulgar en aprobación.

– Bien…

Momoa quedó otra vez víctima del desconcierto, pero pronto una amplia sonrisa dibujó su rostro. Este extraño intento de “consuelo”, le había hecho recobrar el ánimo, a su propio modo.

Poco después, finalmente salió a enfrentar este paraíso mortal.

– Guau…

Era en realidad la primera vez que veía el paisaje adecuadamente.

Un amplio lago espejado, rodeado de fino césped, abrazando el horizonte de un rojo seductor. Era todo cuanto vería, en cualquier dirección, pero bastaba para maravillar.

Por supuesto, había excepciones, como esa pequeña cabaña que lo había cobijado, y la “princesa”, quien por fortuna abandonó su acoso, y dormía indiferente.

– Bien…

El hombrecillo se plantó decidido frente al lago. Debía aprovechar el tiempo.

Practicaba sus técnicas durante el día, cultivaba por la noche.

– Pronto deberían darse cuenta… – tranquilo.

Un día pasó. Luego dos… y así, una semana.

– En cualquier momento… alguien vendrá… – tono nervioso.

Pero pasaron tres días más de rutinaria monotonía.

– ¿Por qué?…

Su cultivo estaba firme y las heridas habían desaparecido. Aun así, su expresión se volvía día a día más sombría.

– ¿Por qué no vienen?… Padre, madre… hermano.

La situación nunca fue desesperada. Si no volvían, era cuestión de tiempo que investigaran. Pocos días en vatu separaban su pueblo del lago. Sin embargo ¿Qué estaba sucediendo?

– Debo ser fuerte… debo ser valiente.

Cerró sus ojos y tomó una decisión. No podía hacer nada sobre eso, pero sí enfrentar aquello por lo que vino.

Tomó su bolso y sacó cuatro piezas metálicas de color verde. Se sentó y comenzó a colocárselas ordenadamente. Era una armadura superior, que cubría sus brazos y torso.

Con expresión resuelta, golpeó sus puños y se dirigió directamente hacia el lago.

– Woo… Momoa, te ves tan genial.

Quin acostumbraba a observarlo al entrenar. Al principio la vio imitando de forma adorable sus movimientos, y se ofreció a enseñarle. Pero, contra toda expectativa, ella lo rechazó alegando que sus métodos eran defectuosos. Incluso se ofreció a mostrarle los fundamentos correctos para la circulación de energía.

Por supuesto, no lo tomó en serio. ¿Qué podría entender sobre sus técnicas una niña en el reino carnal?

– Gracias. Es una armadura ceremonial, fabricada por el pueblo de la llama, Atutu, el gran volcán. Como sabes, vengo del pueblo de la hoja, Amatí, el árbol ancestral. Por eso su color.

– ¿Y vas a una pelea?

– Debo ingresar al lago. Es la prueba de un hombre arrebatar una flor de luna de las manos de Aqkila.

– Emm… ¿Aqkila? – inclinando la cabeza.

– Aqkila habita en las profundidades, cuidando su tesoro. Una poderosa bestia sagrada de hielo. Además, el propio lago es una trampa mortal, capaz de congelarte a cada paso. Obtener una flor y sobrevivir a la furia de la bestia probará tu valía frente al pueblo.

– Vaya… – mirando al lago preocupada – … hay un tipo malo que cuida el tesoro…

– Por supuesto, pero no debes preocuparte. Si se despierta, esta armadura puede soportar uno de sus golpes, y servir como prueba del enfrentamiento. Algo más débil no podría dañarla. He entrenado mucho para esto. Confía en mí.

– Mmm… lo sé, eres muy fuerte Momoa. – levantando el pulgar – Aunque no tanto como hermano.

– He he… – rascando su calva.

Cada tanto ella le hablaba de su “super fuerte hermano” o su “increíble maestro”. No podía quejarse, pero por dentro sentía la necesidad de mostrarle que él era fuerte, que pronto sería un gran hombre, y alguien en quien podría confiar.

~Clank

Golpeó los protectores de sus brazos, y puso un pie en el agua.

– Quin. Espera por mí…

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