Pequeña Quin Capítulo 195 – Sobre el hada legendaria.

Modo noche

Había vida dentro del lago. Plantas y peces adaptados a un frío ambiente, pero rico en esencia elemental. Así era durante las primeras decenas de metros sobre la pendiente hacia las profundidades.

El sol brillaba en su armadura, a través del agua cristalina, y el paisaje era embriagador. Momoa descendió lentamente, metro a metro, hasta que al agua comenzó a sentirse particularmente densa y gélida.

La vegetación acuática y las formas de vida mermaban en cantidad sobre el horizonte, a la vez que aumentaban en rareza. A unos 30 metros de la superficie, cualquier hierba en este lago sería un buen material para los sabios boticarios.

Pero, no se dejó maravillar por ese pensamiento. Cada paso que descendía tensaba más su rostro, siendo agobiado por una helada esencia que amenazaba con atraparlo aquí para siempre.

Sus movimientos se volvían torpes y lentos bajo el efecto del frío.

Paso a paso, vigilante, finalmente vio a unos 10 metros el objeto de su deseo.

Meneándose seductoramente en soledad, dos flores de azulados pétalos y blanco tallo atraparon totalmente su atención.

¡Flor de luna!

Con la luz en pérdida, el tallo y su blanco centro resultaban particularmente brillantes a la vista, como una luna en la noche. Era un auténtico material exótico, por el cual pagarían piedras amarillas.

Diez pasos. ¡Puedo hacerlo!

~Tap

Adelantó un pie.

~Tap

Sus dientes se apretaron.

~Tap

El cuerpo comenzó a sentirse pesado.

~Tap

Sus manos temblaron.

~Tap

-¡………!

El físico que tanto había fortalecido todos estos años, luchaba cada vez más pálido por no ceder. Incluso su armadura se tornaba blanquecina.

Teniendo allí delante el premio, había llegado a su límite.

Es el momento.

Entonces, apretó sus puños, y esos ojos de miel mostraron un naciente brillo. Como sacudiendo la invasiva fuerza glacial, una corriente de energía desde su núcleo empujó el cuerpo más allá, y volvió a avanzar.

~Tap

~Tap

Sólo un poco más.

~Tap

Empezó a temblar nuevamente

~Tap

A un paso, estiró su mano. Todo su cuerpo sentía gélidas cuchillas atravesándolo, volviéndose pálido y pálido.

~Tap

Concentró su energía en el brazo, haciendo un último esfuerzo por llegar al botín. Debía asegurarse de tomarla y retirarse a toda prisa. Sus dedos rodearon el tallo y tiró con fuerza.

¡Eres mía!

– ¡………!

En ese instante, unos ojos en lo profundo se giraron hacia él.

¡Maldición!

El rostro de Momoa se hundió al ver que la flor seguía arraigada tercamente. Subestimó la resistencia del tallo, y la debilidad a la que era sometido en este ambiente.

Quiso acercar su otra mano, pero se percató de que apenas podía moverla. Por un instante cayó en el caos.

¿Debería irse y probar luego? Si Aqkila se alertaba… ¿Tendría otra oportunidad pronto? ¿Podría su cuerpo soportar el tiempo suficiente para quitarla?

La respuesta que no buscaba llegó mucho antes de lo esperado.

Con sus sentidos explotando en alarma, una figura tomó forma repentinamente desde las profundidades.

Un pez bestial, de por lo menos diez veces su tamaño, con una serie de largas y temibles escamas en su espalda. Su frente era decorada por un azulado núcleo, entre dos ojos irritados, y terminaba en una nariz semejante a una gran espada.

De color plateado, parecía una bestia capaz de atravesar cualquier enemigo.

¡Aqkila!

Por un instante, el miedo se apoderó de él. Estando en su hábitat, Aqkila era algo que sólo un supremo enfrentaría sin temor. Como temprana 3ra fundación, estaría muerto ante cualquier golpe directo.

El tiempo no lo esperó, y en un parpadeo la bestia atravesó doscientos metros, dejando un rastro sobre la superficie.

Momoa sostenía la flor, mientras su cuerpo se iba congelando lentamente. Armándose de valor, tomó una decisión desesperada. Todo lo reservado para su regreso fue liberado sin freno. Los ojos se encendieron y un estímulo final le recorrió el cuerpo, al tiempo que abrazaba la vista de una bestia sagrada frente a él.

¡Boom!

Sobre la orilla, la pequeña Quin observaba con atención.

~Splash

– ¡Woo…!

Abrió grande los ojos al ver una figura salir despedida violentamente del lago, para estrellarse estrepitosamente.

Con más de la mitad del cuerpo convertida en hielo, sus brazos estaban cruzados y unidos a un bloque particularmente macizo. Sus labios temblaban profusamente, y sólo el frío impedía que derramara grandes bocados de sangre.

– ¡Momoa!…

Quin corrió rápidamente, casi olvidando contener sus poderes, y se arrojó sobre él.

– Q-Quin… y…o…

Momoa apenas podía balbucear, y la miraba con una triste expresión.

– No está bien… no está bien…

|| Su armadura ha limitado la letalidad del impacto, pero no soportará los efectos de la esencia elemental ||

Sin un núcleo o cuerpo acorde, la esencia de hielo no era muy diferente a veneno para el cuerpo.

– ¿Ehhh…? No, no no… esencia elemental, puedo comerla, puedo comerla.

|| Su nivel aún está dentro de tus posibilidades ||

– Pero, vas a sacarme puntos…

|| Es tu decisión ||

– ¡No me importa!… Momoa es nuestro amigo, y un buen chico. Esta pequeña ha tomado su decisión…

|| ……… ||

Sin pensarlo más, presionó una palma sobre el bloque en sus manos.

Ante los ojos incrédulos del joven, el cabello comenzó a balancearse y sus ojos se volvieron blanquecinos.

– No te preocupes… la misteriosa niña errante está al rescate…

– ¡Hugh-…!

Así, Momoa presencio el primer milagro real, el momento más inolvidable de su corta vida.

Como respondiendo a una demanda voraz, varios fragmentos de esencia fueron arrancados de su cuerpo, y absorbidos sin descanso por esa pequeña de 10 años.

– Q-Quin… tú… – tomó aire con dificultad – … re…almente eres… un hada… legendaria.

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