Pequeña Quin Capítulo 197

Modo noche

Con una piedra en su mano y emulando la sigilosa actitud de un ninja, Quin puso un pie dentro del lago.

Mientras el agua cubría su cuerpo, extendía la piedra hacia adelante.

Al igual que a Momoa, un bello paisaje bajo aguas cristalinas la recibió. Descendió suavemente a través del agua, saludando brevemente a los peces.

Con sus cabellos de medusa flotando, parecía una pequeña sirena. Más allá de su actitud expectante, para Quin era como estar en el vientre de una madre, un ambiente amigable y rico en esencia.

La mayoría de los cultivadores avanzados podrían persistir largos periodos bajo el agua sin respirar, pero para ella era una sensación casi similar a la propia superficie.

Finalmente, llegó a una zona revuelta. Una flor de luna se meneaba en las cercanías, y el tallo cortado de otra vagamente se discernía en el centro de un polvoriento desastre.

Avanzó y se inclinó para acariciar la flor. En medio de este denso y gélido ambiente, sus movimientos resultaron naturales y holgados.

– ¡……..!

Sintiendo un movimiento lejano, levantó la cabeza y apuntó su arma.

Desde las profundidades, la figura de una gran bestia plateada se dejó ver. Acercándose veloz, con ojos irritados, las largas escamas y su afilada arma le conferían una apariencia temerosa.

En cuestión de una respiración, estaban prácticamente enfrentados. Quin levantó su mano, y la bestia pasó por su lado, dando un rodeo. Frenando su marcha, giró el cuerpo y nado de vuelta hasta quedar lentamente frente a ella.

~Plap Plap

Quin palmeó su enorme cuerpo.

¡Pinchito! Qué bueno que estás bien.

Se puso frente a él e imitó dos garras con sus manos. Entonces hizo un rostro feo y señaló hacia las profundidades.

Pinchito. Debes tener cuidado, hay un monstruo suelto por allí. No te preocupes… – palmeó su pecho confiada – ¡Te protegeré!…

La bestia no comprendió a la niña, pero no sería la primera vez. La miró con una expresión amigable, y mostró una reacción extraña e instintiva frente a la roca en su mano.

Vamos… detrás de mí. Enfrentaremos al tipo malo…

Invitándolo con su brazo.

Imitando los sigilosos pasos de un espía, Quin avanzó hacia las profundidades seguida de la gran bestia.

Una mirada de curiosidad podía verse en los ojos de “pinchito”. La reciente visitante de rojizos cabellos se estaba comportando incluso más raro de lo habitual.

La vida allí se iba reduciendo paso a paso, enfrentando un ambiente sumamente hostil. En cierto punto, sólo el poderoso pez podría darse el lujo de navegar holgadamente, con su núcleo emitiendo una suave luz.

Algo similar sucedió con Quin, que voluntaria o instintivamente fue envuelta en una suave aura blanquecina, del tono actual de sus pupilas.

Hace tiempo que la oscuridad debería abundar, desvaneciéndose la luz como lo haría la vida en tan inhóspito lugar. Sin embargo, por el contrario, tanto más profundo más brillante resultaba.

Sobre la noche eterna de las profundidades del lago, una luna se convertía en la luminaria que adornaría el cielo estrellado.

Y había estrellas. Muchas de ellas. Un campo de decenas, cientos, miles de flores con blancos tallos que rodeaban el astro en un espectáculo embriagador.

Este amo de las profundidades era como un enorme arrecife coral compuesto de pétalos azulados, todos unidos a un gran centro blanco como la nieve. La energía era tan intensa que uno temería congelarse por toda la eternidad de sólo un vistazo lejano.

Los ojos de Quin se abrieron ampliamente, a pesar de que ya había visto este paisaje más de una vez.

Woooh…

Al igual que construyó su casa, un camino tuvo que crearse pacientemente. Muchos días cultivando sobre la espesa esencia, para llegar a la codiciada fuente.

Con su aura elevada al máximo, bajó por el campo de estrellas directo hasta la luna.

Ese monstruo malo no se ve por aquí…

Sin importar que, estaba decidida a obtener un premio antes de que el “tipo malo” la descubriera.

La bestia siguiéndole el rastro no parecía muy contenta con su presencia aquí, y mostraba expresiones mixtas al observar el avance.

El paso de la pequeña se detuvo a unos metros del primer pétalo, en el extremo más alejado del núcleo.

Wa… esto siempre está muy frío…

|| Queja incoherente. Normalmente, una fuente elemental de 2do grado provocaría daños irrecuperables en todos los tejidos, luego de una muerte instantánea sobre cualquier cultivador promedio en un perímetro de- ||

Wa wa wa wa… la crueldad… son los datos de la crueldad otra vez…

|| Expongo la realidad ||

Quin estiró una mano hacia el pétalo más cercano. Sus pequeños dedos obtuvieron una gran resistencia, como navegando sobre un espeso pantano helado.

Ouch…

Sus dedos comenzaron a palidecer. Había llegado hasta aquí tres veces, pero el último paso resultaba muy difícil y desistía cada vez.

La bestia detrás estaba en un gran conflicto interno. Le urgía cuidar su tesoro, pero a la vez sentía un instinto primitivo, susurrándole suavemente desde el primer día… sugiriéndole que esa niña debía ser apreciada.

Hoy, su paciencia sería expuesta a una severa prueba. Ella vino más decidida de lo normal.

Cuando tercamente atravesó la robusta resistencia, y sus dedos finalmente presionaron un pétalo, estrechó poco a poco los ojos. Estaban por robarle, en su propio territorio.

Tan pronto esas pequeñas manos presionaron el pétalo, comenzaron a congelarse en el acto. Tal y como se esperaba. Aun así, si se retiraba a tiempo, podría sobrevivir y llevárselo con ella.

– ¡………!

Sus ojos enrojecieron, y aquella suave indulgencia instintiva se disolvió finalmente sobre las llamas de la hostilidad.

Quin había llegado demasiado lejos, y aun no estaba dispuesto a compartir su tesoro.

¡Boom!

En un parpadeo, atravesó los pocos metros entre ellos y su arma impactó sin compasión sobre ese delicado cuerpo indefenso.

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