Pequeña Quin Capítulo 199

Modo noche

– Mmm… – palmeando su panza – … eso fue algo extraño, pero delicioso.

|| Fragmento asimilado. Reconstitución al 10%. Se ha cruzado un punto de control. Desarrollo: Básico B ||

– Wooooh… las fuentes sí que son lo mejor. Pero, emm… – estrechando los ojos – siento que falta algo. ¿No tienes algunos puntos por allí? Soy super más fuerte ahora…

|| La fuerza no es un parámetro determinante. Los juicios hasta este evento se han cancelado mutuamente. Sin variantes ||

– Estoy escuchando palabras tacañas de nuevo…

|| Negativo ||

– Maestro dijo que lo tendría fácil, pero esta pequeña ha enfrentado grandes dificultades por una sola comida. Ufff… – frotando su frente – … esto de cultivar es tan difícil…

|| ……… ||

– ¿Q-Quin?…

Un pequeño “monje”, con el tatuaje de dos ramas en su frente, interrumpió la charla.

Había salido hace poco de su reposo, y encontró a Quin sentada en pose meditativa. Una capa de hielo cubría el césped a su alrededor.

Pasó un buen tiempo hasta que ella abrió los ojos y comenzó a hablar sola. Él estaba acostumbrándose a su misteriosa forma de ser, y más ahora sabiendo que era un hada legendaria.

– ¡Momoa! Estás bien… – volteando hacia él.

– Bastante mejor. – pausa dudosa – ¿Qué… estabas haciendo?

– Mmm… – frotó su mentón, pensativa – … ¿La digestión?

– ¿Sí?

– Encontré algo rico en el lago…

– ¡Has entrado al lago! ¿No fuiste atacada por Aqkila?

– El tipo malo no apareció…

– ¿Cómo es posible?

– Emm… ¿Tal vez soy demasiado adorable?

– Esto…

Como siempre, era difícil comprenderla, pero había cosas mucho más importantes en su mente que necesitaba considerar.

Este descubrimiento podía cambiar totalmente la situación de su pueblo, pero, al mismo tiempo, no deseaba involucrar a Quin en ello.

– Quin… ¿Conoces otras hadas como tú?…

– Ejem… soy un hada al 10% con una hermosa princesa… no hay otra igual.

Momoa sonrio torpemente, incapaz de argumentar sobre eso.

– Ahora comprendo que tu maestro te deje aquí para entrenar. Tal vez, él pueda saber algo…

– Mmm… maestro sabe mucho, aunque es un tacaño…

– ¿Crees que volverá pronto?…

– Negativo. ¿Necesitas otra hada? – ojos brillantes – Podríamos ir a buscarla juntos. ¿Dónde viven?

– ¿Donde… viven? Nadie cree que existan…

– ¿Ehh?…

– Hay leyendas de los primeros ancestros, hace miles de años. “Tal vez dominamos una esencia, pero ellas son concebidas por la misma naturaleza”. Amatí, Atutu, Qiza, Gabar… nuestros símbolos ancestrales. Muchos creen que los crearon para nosotros con sus grandes poderes.

– Woooh… eso suena genial. Pero, a mí me hicieron madre y padre… ¿Soy un hada rara?

– No, no… sólo son leyendas, nadie sabe la verdad. Siempre existieron cuentos sobre… kuhum… hermosas mujeres… que dominan un elemento desde el nacimiento. Tú deberías ser algo así, como un hada de hielo.

– Oh, sí… hábil con el hielo, adorable apariencia… esa soy yo…

– ………

Aunque no podría estar más de acuerdo, escucharlo de su propia boca era un tanto particular.

– Sabes… con esa habilidad, uno de nuestros patriarcas podría enseñarte personalmente. O incluso llevarte a Gabar, donde vive nuestro último ancestral. Ellos no te dejarían sola y te ofrecerían muchos recursos.

La última frase sonó como música angelical en los oídos de Quin.

– Mmm… ¿Dices que podrán darme una princesa dragón?

– ¿Eh? Drag… Kuhum. Yo, no creo que sea posible…

Eso es más absurdo que encontrar un hada…

– ¿Y una super arma invencible?

– ¿……?

Momoa hizo una mueca torcida. Sus demandas estaban completamente fuera del sentido común.

– Emm… ¿Comida?

– ¡Sí!… Sí, por supuesto, no te faltaría ningún alimento… – se apresuró a contestar, aliviado de hablar por un instante el mismo idioma.

– Hmpf… bueno, no son del todo inútiles. Peeero, no podrán tentar a esta pequeña, no señor. Discípula ejemplar, así me llama maestro.

Palmeó su pecho, en pose orgullosa.

Momoa puso una sonrisa triste. Al menos lo había intentado.

Admiraba su integridad y devoción por un maestro siendo tan joven, aunque sea así de estricto.

Silencio.

Quin hacía círculos sobre la tierra distraídamente, hasta que de repente habló por lo bajo.

– Kuhum… ¿De cuanta comida estaríamos hablando?…

– ………

|| ……… ||

¿Realmente cambiaría a su maestro por comida?

Momoa mantuvo silencio, decidiendo que no estaba listo para esa respuesta. Gracias a eso, finalmente pudo recordar algo que debió decir desde el principio.

– Por cierto… Quin.

– Mmm…

– ¿Crees que… podría liberarme de nuevo?

En todo el tiempo que duró la conversación, y antes de eso, una pata de blanco pelaje lo mantenía recostado sobre el suelo, a pocos metros de Quin. En este punto, prácticamente se había acostumbrado a ello.

Parecía que Draga, además de lamer su pelaje y dormir, había encontrado un nuevo pasatiempo.

– Auwf…

La bestia resopló al notarse aludida.

– Oh… ya veo…

– ¿Eh?… ¿Q-Que dijo?

– La princesa quiere que la peines…

– ¿Peinar? Esto… ¿Parezco alguien que lleva un peine?

– Auwf…

– Dice que eres un lacayo inútil…

– ………

– No te preocupes princesa, con Momoa vamos a conseguir el mejor para ti…

– Je je… – rio torpemente, ya adormecido de sus locuras y resignado a seguirlas – … aunque supiera donde hay un hada o un peine, no podemos salir de aquí…

– Wee… ¿Cómo es eso?

La conversación continuó, pero ninguno de los dos se percató del espectador oculto bajo las aguas. Dos ojos vagaban cerca de la orilla, vigilando expresamente a una pequeña y adorable niña de ojos zafiro.

Este gran pez nunca había estado más confundido. No era el más brillante, pero seguía siendo una bestia sagrada. En su extensa vida, algunos poderosos visitantes llegaron a su tesoro, y en cada ocasión discernía si podía enfrentarlos o corría peligro.

Cuando Quin apareció la primera vez, no tuvo la menor duda. Era un ser débil e inofensivo, que apenas calificaba para acercarse a la fuente. Nunca había sido tan tolerante en tales circunstancias.

Finalmente, al tomar el control su naturaleza territorial, dejó de contenerse. Atacó al invasor con absoluta seguridad de victoria, y golpeó de lleno en un ataque letal. En su mente no cabía otro resultado posible.

Sin embargo, lo siguiente que recordó fue estrellarse a cientos de metros de la fuente, con la robusta piel de su rostro marcada y sangrante. Le tomó bastante tiempo salir del estupor.

Aun ahora era incapaz de comprender un ápice de lo sucedido.

Ya alejada de su territorio, y hablando inocentemente con otro invasor, la pequeña Quin volvía a resultarle un ser indefenso, que despertaba un extraño instinto de benevolencia.

Sin embargo, en el fondo de sus ojos, también había nacido un poco de temor. Tal vez, la próxima vez decidiría compartir su tesoro con ella.

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