Pequeña Quin Capítulo 202

Modo noche

– ~ Espera… espera… un día te hare nueva. Mi linda casita, un castillo será… ~

Con gran voluntad, pero escaso resultado, la pequeña Quin intentaba abrazar la totalidad de su cabaña. Su reducida figura se apretó largamente sobre una de las esquinas, reacia a dejar tan entrañable edificación.

En la superficie frontal podía apreciarse un reciente grabado.

“Residencia del hada misteriosa”

Tras su emotiva despedida cruzó los terrenos en dirección al campo carmesí. A mitad de camino se frenó frente al lago y, con las manos en su cintura, sacó su lengua en gesto molesto.

|| ¿Desistes de ingresar? ||

– Hmpf… s-sólo lo dejo para otro día. No es que esta pequeña no se atreva…

Intentando actuar valiente, no pudo evitar bajar su mirada hacia las marcas de quemaduras, que curaban lentamente.

– ¡Bien! Princesa, Momoa… ¿Listos para la aventura?…

Momoa se había liberado del acoso y entrenaba cerca del lago.

– ¿Eh?… ¿Aun insistes con eso? Quin, olvídalo, no debes acercarte al campo, son plantas muy peligrosas.

– ¡Oye! Son buenas flores, las saludo todas las mañanas…

– No es algo con lo que jugar… – sacudió la cabeza con seriedad – ¡No sabes lo terrible que es!

Era imposible para él ser comprensivo en esto, ya que el horror vivido aún estaba fresco en sus recuerdos.

– Buuu… no me crees. Aunque soy tu amiga… y mis palabras valen más que la luna. ¡Mira esto!

Sin previo aviso, soltó a correr directamente hacia el mar de ukireas, haciendo que los ojos de Momoa se abrieran de par en par.

– ¡Vuelve!

Se levantó de un salto y fue tras de ella.

Había una distancia razonable entre el lago y el campo, por lo que debería alcanzar fácilmente a esa niña de blancos vestidos correteando desordenadamente. Pero, para su sorpresa, las cosas no estaban resultando tan holgadas como supondría.

¡Es muy rápida!

Esa no era la velocidad de una niña sin cultivo y exclusivos poderes de hielo, si no la de un cultivador promedio. Sus ojos se encendieron al percatarse y no retuvo ninguna fuerza para recortar distancia.

Efectivamente, la persecución progresó de forma favorable para él, y aun así, grises tonos invadieron su rostro al advertir que no podría llegar a cortarle el camino.

Cuando Quin pisó alegremente el terreno de altas flores, él jadeaba pocos metros detrás, viendo como múltiples ojos figurativos se balancearon para recibirlos.

– ¡Noooooooo…!

Aunque sus piernas deseaban clavarse en tierra ante esa imagen aterradora, en un acto desesperado de valentía saltó con todas sus fuerzas hacia ella. Algunos pasos dentro del campo habían sido dados por la pequeña, cuando sintió el grito y un posterior abrazó que cayó sobre ella, cubriéndola del alcance de aquellas miradas.

– Wa…

Momoa cerró sus ojos y la protegió con su espalda, en expresión pálida y un involuntario temblor. Todo se había acabado, a pesar de que días atrás su tío había sacrificado la vida para sacarlo de allí.

¿Sería suficiente para salvar a Quin? ¿Cuánto tiempo atacarían? ¿Por qué había sido tan imprudente? Muchas preguntas e imágenes transitaron por su mente, ante la total incertidumbre.

Silencio.

– ¿Hola?…

Frente a la tensión y los nervios, no estaba seguro de cuánto tiempo había pasado realmente, pero escuchar la voz de Quin lo trajo de golpe ante la realidad.

– Esto…

El dolor esperado nunca llegó.

Como temiendo interrumpir una ilusión y caer dentro de la pesadilla, abrió sus ojos lenta y cuidadosamente. Allí le esperaba una imagen un tanto particular.

Quin seguía presa de su abrazo y había girado su cabeza hacia él, con ojos estrechados en gesto de sospecha.

– Mmmmmm… ¿Pervertido?

– ¿Eh?… N-No… esto es… yo… – tartamudeó torpemente, mientras liberaba su agarre.

No sabiendo como explicarse miró hacia el entorno, y fue acogido por miles de vigilantes flores balanceándose hacia él. Resultó imposible en este punto no quedar petrificado de manera involuntaria, hasta poco a poco darse cuenta de la increíble realidad.

– ¿Q-Que… demonios sucede?

Había escuchado historias de gente enfrentando ukireas y otras variantes peligrosas con diferentes métodos, pero jamás de una situación semejante a la que vivía por sí mismo. El beso de la muerte reducido a una amena caricia.

– Hmpf… ves. Flores bonitas, flores buenas. ¿Dónde está el peligro? Vamos, tenemos que comprar el mejor peine, y… mmm… – un objeto plano y grisáceo en forma de gota apareció en su mano. Era un poco más grande que una palma, y tenía el grosor de un dedo. Podría describirse como una hoja bastante grande y rugosa – … ¿Venderán de esto también?

Sumido en un estado de estupefacción, Momoa miró el objeto con expresión confusa.

– ¿Qué es eso?

– Chi… – chasqueo la lengua – … lo sabía. Bueno, lo importante es disfrutar la aventura.

– Auwf…

La bestia nívea estuvo tras Momoa hasta que ingresó al campo, corriendo también detrás de Quin al notar su intención de cruzar los límites.

– Oh… princesa… – retrocedió los metros hasta el borde, con Momoa pegado a su espalda – … ¿Me extrañabas?

Difícil era describir la sensación de alivio que el joven “monje” sintió al pisar fuera de esos terrenos mortales. No era mucho más grande que Quin, pero parecía haber perdido varios kilos extra en esa breve travesía.

Tras abrazar a una loba de apática expresión, ella se giró nuevamente hacia el campo.

– Ya estamos todos… – extendió su dedo – … ¡Hacia la próxima comida!

Sin más preámbulo avanzó tranquilamente a la vista del floreado paisaje.

– ¡¿Ehhhhh?!… ¿Vas a entrar otra vez? Ahh-….

~ || Ruidoso ||

Con su corazón en un puño, sintió un empujón detrás y pronto estuvo colgando en la boca de una gran bestia. En lo que dura un suspiro, había retornado forzosamente al origen de sus pesadillas y seguía muy de cerca una pequeña niña, que con saltos cantaba y sonreía en total ignorancia de los extraordinarios sucesos que le rodeaban.

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