Pequeña Quin Capítulo 203

Modo noche

Los siguientes minutos quedaron grabados a fuego en la conciencia de Momoa. Incluso más que cuando cayendo desde su ave se creyó certeramente muerto.

Era desesperante y una auténtica prueba de valor avanzar por este campo, tan bello y extenso como se vislumbraba a primera vista. No importaba la dirección en que sus nerviosos ojos giraran, sentía que miles de tigres hambrientos dirigían sus fauces hacia él, y en el próximo paso finalmente decidirían saltar a devorarlo hasta los huesos.

Incluso… si osaba distraerse poniendo alguna distancia entre él y esa hada cantora, creía ver sus lenguas relamiéndose anticipando un festín.

– ¿Qué intentas?

– Mmm… algo divertido.

Era de noche y descansaban bajo un gran árbol. Habían salido de la zona neutral e ingresado a los límites del territorio Amatí. Momoa no conocía demasiado esta ubicación, pero al menos tenía una idea de la dirección a seguir.

El hada misteriosa siguió haciendo cosas misteriosas al salir del campo carmesí, como acariciar una esfera azulada largo rato y hacer que exude un breve brillo. Había hecho eso ya tres veces en el trayecto, y en cada una un puchero triste se formaba en sus labios.

Ahora estaba sentada en loto, con la punta de sus dedos unidas en arco, formando un “vacío” en su centro. El joven de nulos cabellos podía sentir que estaba usando fuerza mental, además del dominio de hielo, corroborando que su cultivo tenía al menos una 2da fundación, pese a ser realmente confuso de percibir por medios normales.

– ¿Una técnica de tu maestro?

– Mmm… una difícil. Pero maestro me advirtió que sería un gran enemigo…

Momoa sonrió comprensivamente. Para su edad demostraba un sorprendente talento innato, pero era normal en los novatos perderse al conocer las técnicas de cultivo. Incluso para él, que fue entrenado desde muy pequeño. Esta era una oportunidad de guiarla en los primeros pasos, y mostrarle su lado genial.

– ¿Y qué hace esta técnica?…

– Es un método compuesto para entrelazar la mente y el proceso cuántico de la energía cósmica, rompiendo restricciones del plano físico…

Silencio.

– ¿Sí?

– Eso dijo maestro. – se encogió de hombros – También “anti intuitivo e intangible”. Dijo que hermano y pocos tendrían chances. Aunque mencionó que sería algo “tramposo”, muy adecuado para esta pequeña… mmm… espera… – frotó su mentón, como cayendo en la cuenta – … ¿Se estaba metiendo conmigo?

– Esto… – con rostro de desconcierto, sin entender una sola palabra de lo que acababa de salir de su boca – … si es tan difícil… ¿Por qué te lo enseñaría?

– Ejem. Cuando le expliqué mi super estilo de batalla… puso su sonrisa de “¡Oh!… eres realmente increíble Quin”, y me enseño una versión especial.

– ………

¿Qué tipo de sonrisa es esa?

Sus pupilas zafiro volvieron a tornarse blanquecinas y concentró su mente sin éxito aparente.

– Uffff… aunque ya soy un hada al 10%, esto no está nada bien…

– Je je…

Esa risa torpe se había convertido en mueca habitual de Momoa, cuando era incapaz de determinar si lo que decía era real, si parte de sus habituales locuras, o una mezcla entre ambos.

Se giró hacia Draga, que dormía del otro lado del gran tronco. Una loba de las nieves hacía la pareja perfecta con un hada de hielo, casi volviendo lógico un hecho de suma extrañeza.

– ¿Crees que Draga podría llevarnos? Tenemos muchos días por delante…

– Oh… a la princesa no le gusta llevar gente, y a mí me gusta viajar a su lado. Ya sabes, ella está esperando con ansias que crezca y poder volar juntas un día…

– Entiendo… – apenado, e ignorando ya de manera inconsciente la parte “anormal” de sus frases.

Presentía que sería el caso, y ya le parecía extraordinario que simplemente los siga voluntariamente. Como orgullosa bestia espiritual de 1er grado, normalmente se sometería a un 2do dominio o similar, sin necesitar ser una “princesa” para verse indigna de montura.

– En realidad, estoy preocupado por mi familia. Deberían haber venido a buscarme…

– Oh, eso no está bien. ¿Quieres correr muy rápido?… puedo hacerlo. O busquemos algunas bestias amigables que nos lleven.

– Es muy lejos para correr sin descanso. Y las bestias salvajes no suelen ser tan dóciles, a menos que sean domadas. Si tenemos suerte y encontramos un pueblo pronto, tal vez consigamos una.

Respondiendo convenientemente a esos deseos, mientras atravesaban las largas praderas y montes al día siguiente, una ciudad apareció en el horizonte.

Aunque todos llevaran la misma marca tribal, cada territorio era un conjunto de muchos pueblos independientes, repartidos por las extensas tierras y siguiendo sus propios intereses.

– Quin, no lo olvides, debes actuar como mi hermana menor. Actúa normal… – agregó en tono significativo.

– Hermana menor, actuar… ¡Lo tengo!…

Con una gran sonrisa en su rostro, parecía encontrar diversión e interés en ese pedido. Momoa frotó su frente, rezando porque su pequeña “hermana” no hubiera ignorado la parte de “normal” apropósito, e hiciera alguna de sus locuras en la ciudad

~Tac Tac Tac

Poco sabía que no tendría tal oportunidad. Mucho antes de llegar a las afueras del pueblo, cuatro jinetes se acercaron con aire amenazante e interrumpieron su paso.

Montaban fornidos purasangre de un brillante pelaje ocre, menos uno, de elegante tono negro y una alargada melena que movía orgullosamente.

Todos eran hombres de unos 30 años y tenían dos ramas entrelazadas como marca tribal, siguiendo a un líder de apariencia un poco más madura y cuidada barba, quien poseía a diferencia un halcón grabado y tomó la palabra al llegar a ellos.

– Bueno, bueno, bueno… es un hermoso día para pasear. ¿Hacia dónde se dirigen mis jóvenes amigos?…

Momoa ya había dado un paso al frente con expresión seria, poniendo a Quin detrás. Metió la mano en el pecho, y de entre los ropajes sacó un pequeño emblema metálico que presentó al grupo desconocido.

– Mi nombre es Momoa, hijo de Keitar, miembro del consejo de los doce…

El líder frunció el ceño fuertemente, mientras todos se miraban con extraña expresión. El que parecía ser más joven en este grupo hizo una mueca despectiva y adelantó su caballo.

– Keitar… ¿Te refieres al traidor?

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