Pequeña Quin Capítulo 204

Modo noche

– ¿Traidor? ¡Mi padre no es un traidor!

– Eso no es lo que hablan los rumores…

– ¿Qué significa eso? ¿Qué dicen de mi padre?

Esa declaración lo tomó completamente desprevenido. ¿Qué había sucedido en su pueblo? ¿Tenía esto que ver con su situación? Necesitaba volver con más urgencia que nunca.

– No mucho más. Si quieres detalles, no los obtendrás aquí. – rechazó el líder, que había estado observando a Momoa y el emblema en silencio – Pero… esto es bastante interesante… ¿Por qué está tan lejos de casa jovencito?

– Nuestro vatu fue herido en un viaje, e intentamos regresar.

– Ohh… papi les dejó un vatu. Estos niños mimados…

Nuevamente intervino el jinete más joven en tono burlón, mientras palmeaba con orgullo su musculoso corcel. Salvo el del líder, esos caballos eran bestias espirituales de 3er grado, las más débiles, pero aun muy superiores a los animales comunes.

– Lesto… – le llamó el líder, haciéndole un gesto de calma.

Entonces frotó su barba y desvió su mirada hacia el verdadero foco de rareza. Una gran loba de las nieves se había recostado metros atrás, mostrándose indiferente tanto a compañeros como invitados.

No importaba como lo viera, esa exquisita bestia estaba completamente fuera de lugar en esta situación. Normalmente estaría luchando contra el clima y arriesgando a su grupo en pos de capturar un ejemplar semejante.

– Esa bestia… ¿Es tuya?…

El rostro de Momoa se tensó y tragó saliva.

– Lo es… – intentando sonar convincente.

– Extraño… un vatu no podría llevar tanta carga. – estrechó los ojos con expresión astuta – Sabes, tampoco me parece que esté siguiendo tus órdenes. Desde que hoy me siento generoso… ¿Qué dices de dejarla con nosotros y le enseñaremos algunos trucos?

¡Lo sabía! Un domador de bestias.

Ahora estaba completamente claro para él lo que sucedía, estas personas estaban aquí atraídos por algo que les resultaba más brillante que el oro.

¿A quién quieres engañar con tu “generosidad”? Soy joven, no idiota… nadie sería tan ingenuo…

– Wooh… entonces, son tipos buenos que le enseñan a las bestias a portarse bien…

Una dulce e inocente voz inesperada interrumpió el cavilar de ambos bandos. Como recién tomando nota de su existencia, el líder mostró una sonrisa embaucadora. El hermano mayor era un pequeño incordio, pero la niña no suponía un problema.

– Por supuesto niña, nuestro oficio es uno de los más antiguos y honorables. Cada bestia puede ser cuidadosamente entrenada…

¿Honorables? Parecen ladrones comunes…

– Eso suena genial. ¿Me puede enseñar? Necesitamos domar una para que nos lleve…

– Ja ja ja…

– Ja ja…

Sin contenerse demasiado, el grupo estalló en involuntarias risas ante su ocurrencia infantil. Incluso el jefe mostró una leve sonrisa burlona, pero ninguno rio más que Lesto, quién directamente se expresó en tono despectivo.

– Sí que tiene coraje, tu hermana. Domar y entrenar una bestia requiere complejas técnicas, y mucha experiencia. Yo mismo pasé un año con Augusto. – acariciando jactancioso su montura – Vuelve cuando hayas crecido, y tengas un cultivo decente, entonces tal vez el jefe se haga un hueco.

– Tiene razón, Quin, no es algo tan fácil… olvídalo. – se giró hacia ella, con una intensa mirada significativa.

Lo último que quería era que ese caos ambulante tomara las riendas de la conversación.

– Lo tengo, hermano… eso suena difícil. Entonces… ¿Podrían prestarnos un caballito?

– Oh, sí… sí. Claro mocosa…. – sintiéndose burlado, Lesto abrió sus brazos en gesto generoso y lleno de ironía – … tomen el que quieran, siempre que alguno les obedezca… jajaja…

El grupo sabía que su compañero era un tanto brusco y orgulloso, por lo que no intervino pese a verlo molestar a una niña. Esto era una mera distracción, enfocados en la gran bestia nívea que reposaba a poca distancia, y en cuando deberían entrar en acción.

– Oh… ¿De veras de verdad? ¡Yey! Hermano, realmente son tipos buenos. – con una amplia sonrisa, se acercó sin miedo al flamante “Augusto” y acarició su trompa – Emm… Marroncín… ¿Puedes llevarnos de viaje? Di que sí… – parpadeando lindo.

– Quin, vuelve aquí ahora…

Momoa la llamó por lo bajo, muy preocupado, e incluso el líder levantó una ceja. Aunque un acto obviamente infantil, e incluso adorable, su tranquilidad y valor frente a la bestia era digna de elogio. Aun entrenadas no solían responder bien ante extraños, y con su fuerza podría terminar lastimándola.

Lesto se sorprendió un instante, pero no pudo contener más la risa al ver esa absurda manera de tentar a su leal caballo.

– Jajaja… ¡Un gran, gran intento, niña! Muchachos, tenemos una futura domad-… ¡Ghaaa-…!

– ¡Hiiin!

El fuerte relincho de un corcel resonó en el ambiente, mientras se lo veía parado en sus dos patas traseras. Se había empujado violentamente hacia arriba a fin de deshacerse de su jinete, el cual totalmente desprevenido fue lanzado de lleno contra la tierra.

– Hin…

Resopló suavemente al caer, y cabeceó la mano de la pequeña Quin, para luego darle un rodeo y frenar orgullosamente a su lado en posición de montura.

Sacudiéndose furioso la tierra del cuerpo, Lesto se levantó y expresó con total precisión lo que decía el rostro de todos los presentes.

– ¡¿Qué demonios?!

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