Pequeña Quin Capítulo 206

Modo noche

Incontables fueron las veces que Lesto giro su vista en el trayecto de vuelta. Mientras vislumbraba el cada vez más distante par de hermanos, lanzaba miradas hacia Halan pidiendo silenciosamente una explicación.

El otro jinete en solitario, que parecía el siguiente en jerarquía, se acercó finalmente hacia el líder para hablar en tono privado.

– Halan… puedes decirme que sucedió ahí detrás.

– No creo que no lo hayas visto…

El hombre asintió en gesto pensativo, teniendo sus propias ideas sobre esos acontecimientos.

– Todas las bestias definitivamente reaccionaron ante esa niña. ¿Crees que poseen algún artefacto desconocido capaz de logra eso?

–  Tonterías… esto no fue nada artificial o planeado. Fue un acto totalmente natural e instintivo, del cual ellos mismos no estaban conscientes.

– ¿Quieres decir que las bestias estaban simplemente hechizadas por ella? ¿Cómo es eso posible? Ese tipo de magia no existe, y si lo hiciera no vendría de un niño ignorante.

– No pierdes razón, y sin embargo acabamos de verlo con nuestros propios ojos.

– ¿Estás realmente tan seguro?

– No seas ingenuo. ¿No te has preguntado que hace una bestia de primer grado caminando con dos jóvenes? ¿Y a cientos de kilómetros de su hábitat más cercano?

– Por supuesto que lo he hecho. Me cuesta creer que pertenezca a esos hermanos. Es una pena que debamos dejarla ir…

– ¡Al diablo con los hermanos! Apuesto mi caballo a que ni siquiera son parientes. Incluso dudo que tenga ninguna marca tribal.

– ¡¿Cómo?! Pero eso significa que…

Hizo un silencio, con los ojos abiertos en incredulidad.

– No es tan alocado… si hay algo de cierto en los rumores recientes.

– ¡Un extranjero! Pero… ¿Fuera de tierra salvaje? ¿Por qué se atreverían a adentrarse en Achala? ¿Y por qué viajaría una niña sola con uno de los nuestros?

– No soy un maldito adivino… pero de algo estoy seguro. Luego de tres décadas a mi lado… – miró su montura – … estaba dispuesto a desobedecerme para ayudar a esa niña. Viniendo del extranjero y con un hechizo tan misterioso, hay una posibilidad que no podemos descartar.

El hombre mantuvo silencio por largo tiempo intentando procesar toda esta información. Analizando la implicación de sus palabras, sólo una respuesta le vino a la mente, y no fue la que hubiera esperado en un principio.

– ¡¿Te refieres a esa antigua leyenda?! Creo que estás exagerando esto, debe haber otra explicación que no conocemos. Aunque tengo que reconocer algo de tus palabras… todo encaja perfectamente si lo pones junto.

– Aunque una supoción, es lo mejor que tenemos por ahora. Pero, hay algo certero que no podemos ignorar. Si intentábamos cazar su bestia, nada asegura que las nuestras no nos ataquen en el proceso. Eso no sería muy peligroso, si no completamente estúpido. Lo mejor que podemos hacer es informar al sabio y dejar que tome su propia decisión.

El compañero sonrío, tal vez riéndose de sí mismo. Aunque ya no era ningún novato, debía reconocer que el hombre frente a él tenía la capacidad y derecho de tomar las decisiones.

– Por algo eres el jefe, jefe. ¿Enviarás a seguirlos?

– ¡Ja!… no se esa pequeña, pero el mocoso realmente decía la verdad sobre su origen. Déjalos ir… se exactamente a donde se dirigen y en que viajan.

Era difícil negar la astucia y sabiduría de este hombre. Tan difícil como determinar si aquello era algo bueno o malo para los pequeños viajeros.

Mientras ingresaban al pueblo, Halan miró meditativo hacia la distancia.

Existía estos seres extranjeros, un ente legendario del cual se decía podía encantar bestias sin excepción, y lograr que respondieran a su llamado. Tal cosa sería el sueño de cualquier domador, pero también una ilusión ficticia que no debería ser posible

A esta particular raza dueña de dotes mágicos se le dio un nombre, y sobrevivieron sólo en las leyendas, cuentos y fantasías que se expresaban de boca en boca o en los libros generación tras generación

Debía informar a quien supo ser su maestro. De estar en lo cierto, podría tener implicaciones y efectos impredecibles a lo largo y ancho de estas vastas tierras.

Tan fuerte era el llamado de su instinto, que, pese a sus aparentes dudas, dentro de sí creía cada vez más que esta niña pertenecía a esa raza, incluso sin saberlo.

Tras casi un siglo de escepticismo, por primera vez en su vida decidió creer en la fantasía, y anunciar su encuentro con una pequeña bruja legendaria.

 

 

Momoa estaba lejos de ser tan atrevido o sagaz cómo Halan, pero tenía un punto a su favor. El ya creía sin ningún tipo de duda que su adorable acompañante poseía el poder de las hadas, por lo que no le fue tan difícil de asociar esta extraña e inesperada capacidad de afectar a las bestias circundantes.

Por supuesto, poder aferrarse a alguna explicación plausible no le hacía estar menos sorprendido y atónito. Sumado a esto, el aterrador recuerdo de su viaje por el campo carmesí elevó la confusión respecto su origen. ¿Por qué un hada de hielo podría pasear entre una letal vegetación, pero luego congraciarse con desconocidas bestias?

Tener más información no le hacía más entendido o confiado que Halan, si no completamente el opuesto.

– … y sabes, él está preocupado y preocupado.

– Hin… hin…

Cómo era habitual, Quin había ignorado su estado de estupefacción, y comenzado a charlar alegremente con su nuevo compañero. Este incluso le respondía con suaves resoplidos, aunque era probable que no entendiese mucho de lo que le estaba diciendo.

Pensando en el futuro, temía por su pobre corazón. Sí acompañándola unas semanas sentía que había envejecido varios años, e incluso su pelo crecido y vuelto a caer… ¿Podrían realmente sus nervios sobrevivir a esa pequeña?

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