Pequeña Quin Capítulo 207

Modo noche

Pronto se encontró con otro problema vital en su camino. Y es que el cariño y apego de esa bestia estaba reducido exclusivamente a la joven hada. Desde miradas despectivas, hasta simulados empujones, el corcel se encargó de dejarle claro cuál era su opinión al respecto de ser montado por él.

Afortunadamente, concedió tal situación ante el pedido de ella, endulzado con abrazos y caras lindas.

En cuanto emprendieron su viaje hacia el este fueron seguidos por Draga, quién fácilmente se mantenía al día suponiéndole un mero paseo.

– Waaa… cabalgar es tan genial. Definitivamente tengo que aprender…

– Te enseñaré en el pueblo, lo prometo. Estamos acercándonos.

Los días pasaron sin más extrañezas, si bien evitaban los caminos principales y pueblos por la presencia llamativa de Draga.

Esta tranquilidad le permitió pensar en los rumores sobre su padre, aumentando la ansiedad por regresar. Por suerte, frente a ellos había una buena noticia en forma de paso de montaña. Lo conocía bien ya que era un cruce obligado que separaba dos áreas, y uno de los caminos detrás los llevaría directo hasta su ciudad.

Esperaba tal vez algún problema al transitar por el paso, ya que no podrían evitar las miradas, pero lo que no esperaba era escuchar su nombre al cruzar por una taberna.

– ¡Joven Momoa! ¡Joven Momoa! Gracias al cielo… gracias

Momoa abrió grande los ojos al ver el dueño de la voz. Un canoso hombre mayor, que para su edad mantenía una apariencia cuidada y digna.

– ¡Sirilo! ¿Qué estás haciendo aquí?

– El amo Caspar me ha enviado a vigilar el paso. No perdió la esperanza a pesar de su terrible accidente.

– ¿Eh? ¡¿Sabes lo que sucedió?!

Eso era realmente inesperado. ¿Cómo se habría enterado su hermano?

– Todo fue gracias al enviado santo. Mientras hacía su recorrido por los territorios, vio como cazadores atacaban su transporte. Aunque hizo justicia, dijo que cayeron sobre el campo del lago, y todos temimos lo peor. Así que… ¿Su tío también…?

El rostro de la moda se hundió, y aunque no pudo responder con palabras fue más explícito que cualquier explicación.

– Entonces padre sabía lo sucedido. – murmuró – Pero, es extraño. Él no desistiría sin enviar al menos alguien para comprobarlo.

– Oh… es terrible, ¡Terrible! Su padre ha sido acusado por el enviado de complotarse contra Achala y el pueblo santo.

– ¡No! Eso es imposible, padre no podría…

– Me temo que no es tan sencillo, joven Momoa. La situación es tensa. A prisa, debemos ir con el amo sin que lo vean. Por cierto… – cayendo en la cuenta luego de la emoción inicial – ¿Quién es la damita?

– Oh, ella es mi amiga Quin, le prometí llevarla hasta el pueblo. – declaró con particular firmeza – Hermano lo entenderá.

La pequeña Quin se mantenía inclinando la cabeza y haciendo gestos varios en silencio. Estaba interpretando una de las actuaciones más difíciles que había conocido. Se titulaba: “No debes hablar a menos que sea absoluta absoluta absolutamente necesario”.

– Será como usted diga… pero, esta bestia…

Miró más allá del caballo, el cual no le resulto particularmente extraño, y señaló a Draga. Era difícil ignorar una loba blanca tan alta como una persona promedio.

– Es… difícil de explicar. Pero es dócil y viene con nosotros… – aseguró con confianza.

– No, no… no ha de explicarme nada a mí… pero, es muy llamativa, tendremos que dejarla junto a las bestias del amo, al menos por ahora.

– Mmm…

Aun cumpliendo su voto de silencio, la pequeña Quin hizo un sonido de queja, mientras inflaba sus cachetes.

– Estará bien y será atendida por los cuidadores, incluso peinada… – argumentó Momoa.

Sabía que se resentiría de separarse de su amada “princesa”, aunque era necesario.

~ || Eso, eso ||

Pero la princesa tendría sus propias opiniones, y Quin casi siempre estaría dispuesta a complacerlas. Frunció los labios, haciendo una mueca reacia, y terminó por asentir con la cabeza.

Sin más preámbulos avanzaron por el paso cada cual en su bestia, hasta vislumbrar en la distancia una ciudad varias veces más grandes de las que habían visto en todo el trayecto. La ciudad de Fraga, en honor a su fundador, era una de las tres grandes ciudades del territorio Amatí, albergando millones de mortales y miles de cultivadores.

Cerca de la entrada Caspar tenía un albergue personal, donde cuidaban a varias de sus bestias. El sirviente Sirilo les encargo a Draga como una nueva adquisición de su amo y partieron sigilosamente hacia la mansión familiar.

Habiendo previamente recibido una paloma, la servidumbre había sido despejada e ingresaron fácilmente hasta un gran salón, donde los esperaba un hombre de refinada apariencia.

– ¡Hermano! Estás bien…

– Eso es lo que yo debería decir, ¿No lo crees?…

Momoa corrió hacia el hombre y lo abrazó. Aparentaba sus treintas, con la misma tez trigueña y ojos de miel, pero un cabello castaño semi corto peinado de lado. Vestía un traje entero de tonos verdes y finos detalles, con varios anillos adornando sus dedos.

– Hermano ¿Qué es lo que sucede? ¿Es verdad lo que ha dicho Sirilo?

– Es cierto… nuestro padre ha sido acusado por el santo enviado, y temporalmente obligado a la reclusión.

– ¡Imposible! ¿Por qué el santo decidiría eso? Debe haber algo que podamos hacer…

Caspar sacudió la cabeza en gesto determinante.

– No lo entiendes, Momoa. Él ha aceptado los cargos, y se someterá pronto a un juicio para determinar su condena.

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