Pequeña Quin Capítulo 208

Modo noche

– ¡¿Culpable?! ¿Qué tipo de confesión?

– El enviado fue informado de quejas por las crecientes exigencias sobre las tierras menores. El enfrentarlo, padre no sólo lo admitió, si no que reclamó una audiencia con el mismo Achala, en demanda de explicaciones.

– Eso es…

Momoa tragó saliva al comprender las implicaciones del hecho. Pero no sólo eso, sino que su rostro demostraba diferentes emociones encontradas, entre las cuales no predominaban el rechazo.

– ¿Eso es qué?…

Caspar estrechó sus ojos, conociendo bien los pensamientos de su hermano.

– Bueno… sabes que últimamente…

– ¡Silencio! ¿Comprendes lo que estás diciendo? Aún eres un niño ingenuo que no entiende el costo que está paz acarrea. Cada vez que esos sucios extranjeros han codiciado nuestros símbolos ancestrales, nuestras prosperas tierras y todo lo que nos corresponde desde principio de los tiempos, la inagotable mano de Achala aplastó sus sueños y los devolvió a donde pertenecen.

– Por supuesto hermano, lo sé… padre mismo me lo ha inculcado. Pero… los santos…

– ¡Los santos son los primordiales!, el pueblo elegido y voz reconocida de Achala. ¡No eres tú quien deba poner en duda sus mandatos!

Momoa agachó la cabeza en señal de rendición. Probablemente era demasiado joven e inexperto para comprender la complejidad de lo que consideraba una gran injusticia.

– Yo… lo siento…

Caspar lo miro fríamente un tiempo hasta que retiró su presión y el ambiente recuperó la calma.

– Está bien… mientras lo entiendas.

Un momento de silencio se generó, dejándole a ambos algo de tiempo para analizar un poco más la situación.

– Madre y Ariadna debería estar bien, pero… ¿Qué sucede contigo?

– Podré superarlo. Para bien o mal, padre siempre ha sido reacio a permitirme intervenir en la política. Además, los negocios y conexiones que poseo se han ganado con estas manos. Si sucede lo peor, mis pies estarán aún firmes sobre la tierra.

– Eres tan increíble, hermano. Ojalá pudiera ser tan capaz y seguro como tú. Tal vez podría pensar en algo más que fantasías.

– ¿Fantasías? – levantó una ceja, confundido – Por cierto. ¿Quién es… “eso”…?

Ante la intensidad del encuentro y la falta de presentación, había empujado a un rincón de su mente el misterio de la otra presencia que llegó junto a su pequeño hermano. Hizo un excelente trabajo para evitar mencionar hasta ahora a tan extraño individuo.

Mientras conversaban, la vio recorrer prácticamente cada palmo del amplio salón lleno de cuadros y adornos costosos, mientras señalaba, daba pequeños saltos y hacía multitud de gestos acompañados de un extravagante silencio absoluto.

– Oh, sí. Ella es… esto…

Una expresión de gran conflicto dominó su semblante, logrando que el interés de Caspar se eleve exponencialmente. Luego de algunos respiros, pareció haber tomado una importante decisión.

– ¡Hermano!… ella es Quin. Se que sonará absurdo, pero es la razón por la que estoy vivo. Quin es… – pausa dudosa – … ¡Ella es un hada de hielo!

Silencio.

– P-P… Pfffff… jajaja…

El hombre de elegante porte de repente se tomó el estómago incapaz de contener su risa. Podría haber imaginado mil respuestas o posibilidades, pero nunca que su hermano iba a decirle semejante tontería.

Momoa hizo una mueca apenada, sabiendo perfectamente lo que estaba pensando su hermano, pero aun así no se desanimó. Él conocía muy bien sus limitaciones y sabía que debía decirle esto a alguien con más conocimiento y criterio. Además, si quería ayudar a Quin, tendría que hacerlo tarde o temprano.

– Quin… ven. Déjame presentarte… este es mi hermano mayor, Caspar.

La pequeña escuchó el llamado y se acercó correteando, para luego tomar su vestido e inclinarse en saludo formal.

– En ausencia de mi padre, es quien se encargará de nosotros.

– Hola pequeña. Además de cultivar, parece que tienes buen ojo a futuro… ¿Eh?… – se burló, logrando que Momoa se ruborice inocentemente – Sin embargo, Quin, mi joven hermano dice que eres un hada…

~Plop Plop

La pequeña Quin alzó su pecho con orgullo, y se dio dos palmadas. Luego puso las manos en la cintura y alzó el mentón en pose jactanciosa.

– ……….

Silencio.

– ¿Es muda?

– ¡Noo!… esto… – se rascó la cabeza torpemente – ¡Quin!… este es mi hogar… ya puedes hablar libremente.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh… ufffffffffffffffffff… – exclamó con un largo suspiro, como liberándose de una gran presión – ¡Ejem! Por supuesto… ¡Soy Quin, el hada errante misteriosa! El paquete es adorable, pero el contenido impredecible… ¡Quin, la actriz infalible! ¿Buena con el hielo? Esa soy yo… ¿Discípula ejemplar? Esa soy yo otra vez. Por cierto, ¿Esos cuadros los pintaste tú? Aquella arma es muy bonita, aunque no es lo que estoy buscando. ¿Cuándo sería la hora de comer? Oh, espera… tienes pelo. Al principio creí q-…

– ¡Quin!… Quin… Quin. Espera, espera un momento por favor…

Momoa extendió desesperadamente sus manos abiertas en señal de calma. Incluso él que la conocía mejor estaba a punto de volverse loco, por lo que no hacía falta mencionar la extraña expresión de su recién estrenado hermano.

¿Tal vez pedirle que haga silencio no había sido la mejor idea?

– Emm… bien.

– Se que te dije que no hicieras muchas cosas, pero por ahora puedes olvidarlo. Necesito que le muestres a mi hermano lo que puedes hacer.

– Mostrar… ¿Te refieres a mis grandes e increíbles habilidades?

– Esto… sí, la cosa del hada… ¿Puedes hacerlo por mí?

– Mmm…

Por un momento se mantuvo haciendo pequeños gestos y frotando su mentón, en alguna especie de debate mental. Momoa no era ignorante al respecto de sus modos, y la dejó ser.

– ¡Bien!… los puntos deberían resistir. Porque eres mi amigo, esta pequeña mostrará sus legendarios poderes…

Caspar frunció el ceño con extrañeza.

Las cosas estaban avanzando con incierto destino, en el cual su hermano tal vez se había vuelto loco en el viaje, o bien vio algo que confundió sus sentidos. En cualquier caso, se dispuso a observar con curiosidad.

Respiraciones más tarde se lo podía encontrar tumbado en el pulcro piso, mostrando una expresión desencajada y señalando hacia adelante con un tembloroso dedo.

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