Pequeña Quin Capítulo 210 – Sobre un hada haciendo negocios.

Modo noche

– Amo, ¿Es esto realmente necesario?…

El fiel sirviente mostraba un rostro afectado. Aunque su lealtad siempre había estado con Caspar, no dejaba de poseer gran estima por el resto de la familia.

– Deberías saber que éste no es tu lugar para hablar. Espero no oír otra palabra al respecto.

El hombre asintió brevemente, bajando la cabeza en resignación.

– Mis disculpas. ¿Alguna orden sobre las bestias?

– Déjalas ser, mientras no generen problemas carece de importancia en este momento. Haz que esos dos brutos se reporten y espera por instrucciones.

– Cómo usted diga.

El anciano dejó inmediatamente la sala, quedando solo un hombre con mucho que pensar.

– Vaya, vaya… ¿Qué clase de artimaña del destino es ésta?

La existencia de un ser tan mítico y fantástico sacudió su mente más de lo que podía aparentar su ya significativa expresión. La reducida edad del individuo en cuestión era otra sorpresa con grandes posibilidades.

Sin su pequeño hermano para interferir, Caspar estaba convencido que una inocente niña de 10 años sería muy simple de tratar para alguien como él.

Meditaba mientras se dirigía directamente hacia su habitación. Allí se encontró con el hada, quién rodaba de un lado al otro sobre las cómodas sábanas de su cama, mientras hablaba extrañamente consigo misma.

– Kuhum. Parece estás a gusto, eso es bueno.

– Oh… sí. Esto es super cómodo…

Quin se sentó sobre la cama a su llegada y miraba detrás de Caspar a la espera de otra aparición.

– Bien. Puedes quedarte aquí si lo deseas.

– No lo creo… esta pequeña sólo sigue a su detector de comida. ¿Y Momoa?

¿……?

– Sobre eso. Ha tenido que ir a hacer algo por su padre, y no regresará en un tiempo.

– ¿Eh?… extraño. Prometió que volvería pronto…

– Por supuesto. – sentándose amigablemente en el borde de la cama – Pero, debes entender que uno no siempre puede cumplir lo que promete. Seguramente volverá en cuanto termine.

– Mmmmmm… – frunció los labios, poco satisfecha con su respuesta – Bueno… mientras vuelve, me gustaría pasear con la princesa por la ciudad y buscar comida.

– Je je… seguro que quieres hacer muchas cosas y divertirte. Puedo ayudarte con eso… – sonrisa amable –  ¿Qué tal si hacemos un trato?

– ¿Trato?…

Por primera vez, la expresión de Quin se tornó un poco más dócil frente a este extraño, y escuchó con atención.

– Sí. Momoa me contó de dónde vienes. Es muy arriesgado y peligroso para una niña como tú andar entre la gente sin cuidado, pero tu hermano mayor aquí está dispuesto a usar sus recursos por ti. Podrás pasar desapercibida y disfrutar a gusto incluso sin tener que tapar tu frente.

– ¿Sin mi gorrito?… a mí me gusta.

– Puedes llevarlo si prefieres. Lo que quiero decir es que no será fácil, pero puedo hacerlo posible. Lo único que debes hacer en unos días es mostrar tus habilidades a un buen amigo mío. ¿Qué dices?

Caspar amplió su sonrisa amable, sintiéndose muy confiado por dentro. Por su parte, Quin inclino su cabeza y comenzó a frotar su mentón en actitud pensativa.

– Mmm… negativo.

– ¿N-Negativo?… – mueca incómoda – ¿No deseas pasear sin correr peligro?… ¿Qué es lo que no te agrada?… puedes ser sincera conmigo… – tono sugestivo.

– Momoa lo dijo, no debo mostrarle a nadie en quién no confíe. Además, si pierdo más puntos mi corazoncito no podrá soportar tanta crueldad…

– ………

¿Qué demonios son los puntos?

Tragó saliva e intentó calmarse. Las cosas no estaban saliendo como él pensaba, ni estaba entendiendo completamente los diálogos de esta pequeña.

– Sabes, Quin, yo soy su único hermano mayor, y una persona en la que puedes confiar. Me aseguraré de que estés a salvo, así como Momoa lo haría, y sólo necesito ese pequeño favor. ¿No te parece justo?

La pequeña de Quin alzó su mentón y se cruzó de brazos.

– Negativo es negativo… esta pequeña es una que toma decisiones…

– Bien… bien. Eres muy encomiable. – con una falsa expresión, apretando sus dientes. Entonces sacudió la cabeza, aparentemente decepcionado. En su mano había aparecido uno de los adornos más llamativos de su sala principal – Es una pena… yo pensaba regalarte esta grandiosa espada brillante que tanto te gustó, sólo por una simple ayuda. Pero bueno, siempre puedes pensarlo… hablaremos luego… – levantándose en dirección a la puerta.

Ante esas últimas palabras, la pequeña oreja de Quin se movió distraídamente como una antena que acaba de recibir una interesante transmisión.

– Kuhum… – levantando un dedo – … casi olvido las sabias palabra de maestro. Siempre dijo que hay que ser razonable. ¡Aunque soy su mejor discípula! No está bien, no está bien…

– Oh… ese maestro aparentemente es alguien muy inteligente. – sonrisa astuta – Toma, es una gran réplica decorativa, puedes jugar sin peligro con ella.

– Bueno… aunque esa espada es bonita… – frotando su mentón como quien tasa un tesoro – … no creo que valga tanto como mis puntos. Pero… según mis cálculos, podría haber algo…

– Sí, sí… dile a tu hermano mayor que es lo que deseas.

La confianza se elevó de manera explosiva en Caspar. No esperaba que realmente se interesará por una espada, sino que era una prueba para ver sus verdaderas preferencias.

Finalmente había llegado al punto crucial, en donde conseguiría su objetivo y al simple coste de algún tonto capricho infantil.

No era el hombre más rico de Fraga, pero sin duda estaba bastante alto en la lista. ¿Algún juguete? ¿Un dulce? ¿Una mascota? ¿Un vestido? ¿Todos ellos? Era insignificante.

– Creo que con una o dos valdría la pena…

– Bien… bien. ¿Una o dos…?

Insistió expectante, con una sonrisa complaciente.

– Una o dos fuentes de esencia elemental, cómo de segundo grado… – asintió, satisfecha con su gran oferta.

– ¡Hugh-…!

Caspar tomó su estómago y apretó los dientes, a punto de toser sangre.

¡¿No quieres también la mitad de mi fortuna?!

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