Pequeña Quin Capítulo 220 – Sobre fortunas desafortunadas.

Modo noche

– ¡Claus! ¿Qué te sucede? – se acercó Katrina, sorprendida de su reacción – … no me digas que… realmente…

– Esto es absurdo… ¿Cómo puedes tener algo así? – recomponiéndose un poco.

– Emm… maestro me lo dio…

Barerov frunció fuertemente el ceño. No era muy difícil saber lo que estaba sucediendo, y esa pequeña con su maestro volvían a subvertir fácilmente sus expectativas de lo razonable.

– ¿Quién es tu maestro? ¿También vino contigo?… ¿Es del mismo lugar que tú?

– Mhm… – asintió – … ha estado conmigo mucho tiempo, aunque nunca me invitó a su casa…

– Naturalmente… un extranjero. Pero, ¿Cómo podría? ¿Sabes por qué te ha abandonado aquí?… necesito conocerlo cuanto antes.

La pequeña Quin puso sus manos en la cintura y frunció los labios con expresión molesta.

– ¡Maestro no me ha abandonado!… y si necesitas conocerlo, es muy super fácil.

– ¿Qué significa eso?

– Si me dan la otra hoja rara maestro vendrá solito. – levantando su pulgar – Es una oferta de felicidad dos por uno…

– ¿Tan simple como eso?… no tiene mucho sentido, aunque no es el momento para decirlo. Más importante… ¿Sabes para qué necesita otro de esos objetos?

– Mmm… no creo que maestro lo necesite. ¡Pero yo sí! Abuelito, me lo vas a dar… di que sí… – parpadeando lindo, con su ataque de ojos bonitos.

– Imposible… – rechazo en tono contundente – … incluso si tuviera tal intención, no hay forma de que eso suceda.

– Oh… ¿Qué significa eso, viejo amigo? – indagó el sabio, notando el tono significativo en su voz.

Clau se mantuvo en silencio un momento, observando a la pequeña Quin. Todo era demasiado sorpresivo y las implicaciones realmente impredecibles. Le tomó largo tiempo volver a expresarse, dudando sobre una decisión muy complicada de tomar.

– Eso es porque… esa pieza ya no está en nuestra posesión. O, mejor dicho, nunca lo estuvo.

– Me pregunto porque es la primera vez que oigo sobre esto… – indagó Katrina.

– Lo siento, Katrina… esto es algo que se me ordenó no compartir a nadie a menos que lo crea justificado. Pero, está bien… creo que es un buen momento para que lo sepas.

– Vaya… y yo pensando que la destitución de un regente sería lo más interesante que vería en mucho tiempo.

– Este anciano se pregunta si debería quedarse…

– Está bien, Barerov, confío en ti y además no me sorprendería que sospecharas algo…

– Emm… – frunciendo los labios – … esta pequeña ve su gran regalo alejarse cada vez más.

– Jovencita, no sé qué tanto puedo ayudarte esta historia, pero honraré mi palabra. La mayoría de lo que se cuenta es cierto, mi maestro era uno de los cultivadores más antiguos y poderosos del mundo, pero terminó siendo derrotado de manera contundente. Luego de la batalla, su armadura dañada y el objeto en cuestión fueron entregados como un símbolo de advertencia. Pero, lo que Achala no les dijo a los santos y nadie sabe… es que a mi maestro se le permitió vivir.

– ¡El ancestral vive!… esa es una noticia abrumadora…

– Ho ho… realmente te lo has guardado bien todo este tiempo…

Hasta ese momento, el único ancestral sobreviviente fuera de tierra santa se encontraba en las planicies de Gabar. Si Amatí también conservaba a su ancestral, eso cambiaba completamente el mapa de poder en las tierras menores

– El día que trajeron sus restos se apareció frente a mí con una gran herida en su pecho, y me dio tres mandatos: Plasmar en una pintura el resultado de su batalla, evitar que cualquiera enfrentara a Achala o los santos hasta su regreso, y entregarle la pieza que volvió junto a su armadura. De hecho, puedo decir que su interés principal al volver no era otro que tomar eso consigo.

– Eso sí que es extraño… ¿No te dijo para que la necesitaba o qué era?

– No parecía creer que nunca fuera necesitar esa información. – volteando hacia Quin, quién lo escuchaba pacientemente con rostro de mal presentimiento.

– Si el ancestral ha estado recluido por tanto tiempo, significa que aún está preparándose para volver a intentarlo.

– Mi maestro nunca quiso enfrentar a Achala, o ser considerado un traidor por nuestra gente. Incluso al volver su intención no parecía ser distinta, pero, aun así…

– Lo que sea que vio, está claro que no considera que haya otro camino.

Claus sacudió su cabeza, en expresión resignada.

– Lamentablemente, es el único que posee o sabe algo sobre ese objeto.

– ¿No puedes llamarlo?… – preguntó Quin, algo impaciente.

– Ya han sido 300 años sin noticias, y no tengo forma de comunicarme. Aunque me resulta impensable que algo además de Achala pueda lastimarlo…

– Viejo amigo, eres su discípulo directo… me niego a creer que no tienes una pista de su paradero…

– Aún si así fuera… ¿Para qué quieres saberlo? – estrechando sus ojos con extrañeza.

– Obviamente… este anciano hará lo que esté en su mano para cumplir los deseos de mí protegida.

– Barerov, viejo irresponsable. Esto no es nada normal en ti… realmente irías tan lejos por esta niña… – indagó Katrina. visiblemente sorprendida.

– Ho ho… sé que no lo entenderías, pero rara vez he hablado más en serio.

– Bueno… parece que has sido completamente hechizado. – mirando a Quin con una expresión muy curiosa.

Definitivamente el sabio tenía que estar viendo algo mucho más especial de lo que sus ojos podían apreciar. Pero, conociéndolo, sabía qué no iba a hacerlo cambiar de opinión.

– Aunque personalmente estoy a favor de que eso suceda, no sería una tarea fácil para cualquiera de nosotros.

– ¿Mmm? ¿Ha ido a tierra salvaje? ¿O viajado más allá del océano?

El sabio levanto una ceja ante esa contundente declaración. Incluso siendo el más débil de los tres, pocos lugares en el mundo podrían suponerle una amenaza.

Claus sacudió la cabeza, rechazando sus opciones y poniendo una expresión complicada.

– Aún peor…

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