Pequeña Quin Capítulo 222

Modo noche

¿Qué es lo que estaba haciendo aquí?

¿Cómo había caído tan bajo?

¿Cuánto duraría esta tediosa situación?

¿Cuándo había dormido por última vez?

Esos humanos inferiores que pululaban por este campo deberían dedicarse a cumplir sus deseos, ofrecerle manjares, acicalar sus finos cabellos… ¿Cómo se atreverían a hacer algo menos que presentarse frente a ella cómo juguetes personales?

Y allí estaban ellos… cumpliendo sus deseos, sirviéndole comida, peinando su cuerpo a diario. Tal y como las cosas deberían ser.

¿No era así? ¿Tal y como las cosas deberían ser?

Girando hacia un lado, girando hacia el otro… resoplando mientras apoyaba la cabeza y cerraba sus ojos.

¿Cuántas veces iban ya?

¿Dónde estaba el sitio indicado?

¿Porque no podía hacer algo tan simple?

No era un lugar particularmente bueno, no era un lugar particularmente malo. En este punto ya no esperaba gran cosa de estas remotas e inhóspitas latitudes. Era pacífico, amplio y relativamente cómodo… nadie la molestaría si no lo deseaba, nadie haría ruidos extraños a todo momento.

En resumidas cuentas, era un lugar perfectamente válido, y esta premisa era la que se repetía una y otra vez día tras día desde que fue dejada aquí.

La soledad no significaba mucho para ella, acostumbrada desde pequeña a largos periodos de tranquilidad, no tenía motivos para encontrar extrañeza en su situación.

Esta premisa era una que se repetía día tras día, una y otra vez desde que fue dejada aquí.

¿No era así? ¿Tal y como las cosas deberían ser?

Abriendo sus ojos y volviendo a resoplar, girando hacia un lado, girando hacia el otro lado, cambiando de lugar en busca de una respuesta que según sus propias conclusiones no debería necesitar ser respondida.

Repetiría el ciclo muchas veces cada día, hasta el momento en que comenzaba a cavilar sobre los sucesos que le habían traído hasta este punto.

¿Qué es lo que estaba haciendo aquí?

¿Cómo había caído tan bajo?

¿Cuánto duraría esta tediosa situación?

¿Cuándo había dormido por última vez?

Miraría a algunos humanos distantes cuidando de otras bestias… prestos a atender cualquiera de sus necesidades. ¿No era ese su consuelo al aceptar este viaje? ¿Atrapar algunos de esos tontos humanos? ¿Hacer que cumplan sus caprichos y cuiden de ella?

Aunque sus deseos habían sido parcialmente saciados, nada de esto era como lo había imaginado. Nada de esto le producía mayor divertimento, mayor interés, mayor satisfacción.

¿Cuál era la causa de su desdicha?

¿Cuál el motivo de su tedio?

¿Estaba aburrida?

¿Estaba preocupada?

Imposible.

Resopló por milésima vez… apoyó su cabeza, y cerró sus ojos por milésima vez. Tal vez esta vez sería la vez.

– ¡Prinnnnn…

Como el azote de una tormenta, una voz inconfundible sacudió todos sus sentidos.

– … ceeeeeeeee…

Su amplia experiencia con esta fuerza de la naturaleza le permitía saber perfectamente lo que sucedería a continuación.

– … saaaaaaaaaaaaaa!

Un abrazo molesto, con palabras molestas e historias interminables. Luego de varios días de paz y comodidad, todo volvería a ser nuevamente tan ruidoso y tan molesto.

Todo volvería otra vez al mismo lugar.

– Auwf…

Lo que no sabía aun era que ella resoplaría por mil y una vez… que recostada junto a esa fuente de molestia sobre una gran bestia alada, apoyaría su cabeza y cerraría sus ojos por mil y una vez.

Y aunque no se preguntaría por qué… inconscientemente ya lo sabría.

Sabría que esta vez… sería la vez.

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