Pequeña Quin Capítulo 223

Modo noche

– Píu…

– Ho ho… claro que no lo he olvidado, Mara, todavía no estoy tan viejo. Realmente te preocupas por la niña.

– Píu…

Surcando las alturas en las afueras de Fraga, Barerov, Quin y Draga reposaban sobre el lomo del coloso aéreo. El sabio miró al dúo a su lado y sacudió la cabeza.

“Negativo. Esta pequeña no irá de viaje sin la princesa.” Había declarado tajantemente, con sus manos en la cintura.

Por suerte pudo convencerla de que cuidarían muy bien de “Marroncín” bajo su nombre, ya que Mara era grande pero apenas suficiente para una bestia mediana como Draga.

Presta a aumentar la velocidad, el águila se encargó de recordarle que debía estabilizar a las dos bellas durmientes.

~Swish

Extendió su mano con los ojos encendidos, y una apacible corriente las cubrió, manteniéndolas firmemente sobre la espalda. La luna y las estrellas eran testigos de su sueño, mientras diferentes paisajes se sucedían sobre la superficie animando silenciosamente la noche.

Una vez en paz, sus ojos se detuvieron sobre la “princesa dragón”… una loba de las nieves que muchos podrían reconocer, pero pocos advertirían la pureza de su linaje. Parecía la pareja adecuada para una pequeña bruja, aunque su condición de dragón encubierto era algo que ya superaba el límite de la credulidad.

Los dragones verdaderos estaban extintos desde tiempos inmemoriales, e incluso si existieran no acompañarían a una niña… e incluso si lo hicieran un lobo era un lobo, y un dragón un dragón.

Se sorprendió al estar repitiéndose lo obvio, para tranquilizarse de que el mundo seguía girando normalmente.

– Mmm… sabe bien… – sonó un murmullo en sueños.

Barerov sonrió amablemente mirando al mayor misterio que había conocido, y alguien capaz de poner a prueba su concepción del mundo. Sean su extraña habilidad con las bestias, o las absurdas decisiones de su maestro, cada pieza del rompecabezas a su alrededor se sentía más pesada que la anterior, y no podía quitarse la sensación de estar inmerso en una trama de misteriosas proporciones.

Dejar una niña contra el mundo, en busca de un objeto inaccesible y en ignorancia de sus poderes de hechizo. Era la seña del maestro más irresponsable que jamás hubiera existido.

Pero ¿Sería así de simple?

No era tan ignorante como para creerlo, y sin importar el caso estaba decidido a cuidar de Quin y verla crecer.

– ¿Mmm?…

De repente levantó una ceja y miró a su costado. Acunados por el suave movimiento de las grandes alas, los tres pasajeros estaban separados por apenas un metro.

– Qué extraño…

Extendió su mano con los ojos encendidos, y luego volvió a la normalidad, mientras miraba la imagen tan armoniosa que se formaba involuntariamente alrededor de esa extraña pareja.

La loba en ningún momento se había mostrado a la orden de algún hechizo, e incluso podía decir que se mostraba reacia a subir al águila. Pero en cuanto levantaron vuelo, cómo siguiendo los pasos de un frecuente ritual, ambas se recostaron juntas y cayeron rendidas en pocas respiraciones.

Su relación parecía ser otro pequeño misterio para sumar a la lista, pero confiaba en que en este punto ya nada más le tomaría por sorpresa.

– ¿Mmm…?

De pronto frunció el ceño con bastante extrañeza. Algo definitivamente no estaba bien.

Extendió su mano hacia las dos y reforzó la corriente que las cobijada, pero esta vez se mantuvo particularmente atento a cualquier cambio. Ya era la segunda vez que su técnica se debilitaba de forma sutil.

Expandiendo la poderosa fuerza mental de un supremo, pudo apreciar cualquier variación sobre la energía a su alrededor, logrando segundos más tarde percibir un suceso que le hizo adoptar una rígida expresión.

De manera tenue pero sostenida, su energía elemental de viento era atraída como polilla a la llama hacia el pequeño cuerpo de Quin, desapareciendo sin dejar rastro poco después.

Silencio.

El anciano sacudió la cabeza, y se restregó los ojos lentamente.

– Tal vez… sí me estoy poniendo viejo después de todo…

Respiró hondo y entonces volvió a observar cuidadosamente el fenómeno que acontecía frente a sus ojos. Con cada nuevo segundo que se repetía el proceso su rostro se tornaba más y más deformado, viajando hacia una expresión que ni el mismo sabía que podía hacer.

– ¡No!… no no no… ¡Suficiente de esto! Definitivamente no llevarás a este anciano hacia la locura.

Enfrentándose de imprevisto a otra ardua batalla contra el sentido común, decidió destruir de una vez cualquier posibilidad de duda y sus ojos brillaron intensamente.

Varios hilos de energía elemental convergieron en su dedo para formar un punto casi imperceptible, donde el aire se arremolinaba, enfocando toda su concentración en mantenerlo al mínimo.

– Uffff…

Listo para la prueba, cerró los ojos un momento calmando su mente antes de actuar.

~Chomp

En ese interín una sensación cálida vino desde su mano.

– ¿……?

Rápidamente descubrió a la responsable, siendo una niña de rojizos cabellos que mordisqueaba su dedo totalmente inconsciente, y poco después volvía a recostarse como si nada tras su aperitivo, mientras fruncía los labios cual quién come algo poco gustoso.

Los ojos del sabio estaban abiertos como platos, viajando de su dedo vacío a la pequeña Quin, y de vuelta a su dedo, intentando conciliarse con la realidad.

No sólo se había comido literalmente su energía… ¡Sino que incluso la había despreciado!

Esto era más de lo que su mente podía soportar.

– ¡¿Q-Qué sucede con el mundo?!

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